lunes, 5 de noviembre de 2012

Chicas epicúreas

Juro por todos mis leotardos de lana merino que jamás de los jamases se me pasó por la cabeza integrarme en una sociedad gastronómica. Siempre las consideré cosa de hombres, que siempre van buscando excusas para reunirse con sus amigachos a hartarse de comer, beber y fumar para acabar hablando de mujeres justo antes de iniciar una sesión de chistes más o menos verdes.

Nosotras somos más de café, té y en todo caso alguna que otra pastita. Si sale a la conversación algún tema verde, lo tratamos siempre con el cuidado propio de quien cree que en cuanto se descuide mete la pata y queda tan mal que quiere que en ese mismo momento se abra una grieta en el suelo y la engulla. Hay que reconocer que en ese terreno ellos siempre están más tranquilos, son capaces de hablar de Emanuelle con la misma comodidad con la que nosotras hablamos del precio de los libros del colegio; y por las mismas pueden hacer auténticos ensayos, con réplicas y contrarréplicas, sobre los atributos de Nacho Vidal, mientras que a nosotras nos da un no sé qué siquiera mentarlo.

Además lo de comer bien, eso que ellos llaman darse un homenaje, es algo que a nosotras rara vez se nos pasa por la cabeza. Si nos lo dan, lo aceptamos, pero no somos muy de ir al Mercado Central rebuscar las mejores gambas para comértelas tu sola en casa. Y la comida de los domingos, ¿qué me decís de la comida de los domingos?, si estás sola te preparas un sándwich y va que chuta. Ellos entienden que la vida carece de sentido si no se zampan un paella, un chuletón o un caldereta acompañada de buen vino y algún dulce traído de un convento de las Chimbambas.

Pero hete aquí que el otro día alguien me habló de la Academia de Gastronomía de la Comunidad Valenciana, presidida por Cuchita Lluch, e integrada, entre otras, por Alicia de Miguel, Ana Portacelli, Lourdes Reyna, Rosa Lladró y Mar Casanova. ¡Ahí va, qué cosas!, me pido un hueco. Resulta que estas chicas, aunque son minoría en la Academia, se juntan una vez al mes para comer, visitar bodegas y hacer lobby para que la guía Repsol incluya restaurantes valencianos y los ponga en valor.

La Academia nació hace ocho años. Previamente Rafael Ansón, hermano de Luis María, la había montado en Madrid con lo más granado de la sociedad madrileña: Carlos Falcó, Alfonso y Alberto Cortina, Íñigo Méndez de Vigo, Marcelino Oreja, Sesé Sanmartín, María Jesús Gil de Antuñano e Imelda Moreno cuyo padre, que era marqués, fue el creador de la Cofradía de la Buena Mesa.

Indagando en estas cosas, me enteré de que en Valencia hay una sociedad gastronómica con más abolengo y en la que apenas hay mujeres. Se trata de La Asociación Magistral de Gastronomía, fundada en 1976, para “recuperar los grandes valores gastronómicos, la cocina regional y la calidad de los vinos y alimentos propios de cada territorio”, dice José Luis Palencia, el actual presidente.

Se comprometen a luchar contra la degradación de las cocinas, alimentos y vinos y denunciar sin reparos las prácticas insanas y viciadas. Para ello, se reúnen una vez al mes en un restaurante y después de comer uno de ellos hace una valoración de la comida y le pone nota al restaurante.

La última cita de la asociación fue en el restaurante de la Embajada (en la plaza Alfonso el Magnánimo, ese edificio cantonero que el Corte Inglés nunca pudo comprar). Antes de la cena, se celebró el capítulo de entronización de un nuevo socio, un acto casi medieval con el gran magister y un chambelán. Entre los socios, está el notario Joaquín Serrano, el empresario Mariano García, Vicente Castillo, Javier Monedero, el pintor Enrique Senís, el abogado Alberto Aliaga, Alfredo Esteve, Juan Cañizares, Vicente Aguilar y así hasta 50 prohombres valencianos. En la cena también estuvo el empresario Juan Carlos Gómez Pantoja.

No sé qué pensaréis vosotras, chicas, pero a mí esto de reunirme a comer y beber bien me está gustando. Propongo que tomemos con la fuerza de nuestros tacones La Magistral o que montemos otra más femenina que podríamos llamar algo así: Asociación gastronómica de chicas epicúreas.