lunes, 20 de marzo de 2017

Innovar o conservar

¿Innovar o conservar?, hete aquí una de las eternas preguntas. Te plantas delante del espejo con la media melena que llevas desde que tuviste a tu primer hijo y te diste cuenta de que ya no eras unas jovencita. Llevas quince años igual, tu máxima innovación ha sido subir medio tono el color de las mechas, de un 6 a un 6,5. Nadie te pide que cambies, pero algo dentro de ti te dice que te quedaría mejor cortándolo a “lo chico”, como aquellas protagonistas del cine de la nouvelle vague. Todo viene porque has visto a una amiga que se ha atrevido a hacer la revolución capilar, ha declarado la guerra a los tintes y luce una melena blanca que le queda fenomenal y que le da una envidiable imagen de mujer con personalidad. Claro que hay otras a las que el cambio les ha sentado peor que la misa de la 2 a Pablo Iglesias.
Y ahí estás tú, pensando qué ha sido de aquella adolescente que una noche de Fallas, con el cuerpo un poco alegre y habiendo ido descaradamente a por el chico que le interesaba, juró que ella era así: una mujer rebelde, que nunca se dejaría llevar por los convencionalismos sociales. Tú ibas a ser una mujer atrevida, arriesgada; quien no suma no se equivoca, pero tampoco triunfa nunca, pensaste mientras ibas sola a tu casa imaginando qué diría de ti tu madre si te hubiese visto actuar aquella noche frente a aquel chico.
Conservadoras o rebeldes, esa es la vida. Por un lado piensas, para qué cambiar lo que funciona, así es que deja tu pelo como está, bonita, no la vayas a pifiar. Por otro, dices: ¡Jo pe, si todos hiciesen lo mismo todavía estaríamos subidas a los árboles!, así es que: dadme las tijeras, que voy a hacer una locura.
Las fallas son uno de esos reductos en los que cualquier innovación es cuestionada. Pero Joan Ribó y su gente están empeñados en cambiar alguna cosa, aunque sólo sea para que nadie diga que todo sigue igual. La fallas municipales no han gustado a casi nadie. ¿Por qué cambiar lo que funciona?, braman algunos. Hay que experimentar nuevos caminos, gritan otros. Toda una metáfora de la vida.
Por lo demás, pocos cambios. Las pasarelas que se han instalado en la calle San Vicente para la ofrenda y alguna que otra modificación en la indumentaria fallera; por ejemplo, los moños de valenciana, que antes eran tres, ahora es uno y se prescinde de los rodetes laterales en el traje del siglo XVIII. ¡Buah!, eso más que innovación es un arreglito, una modificación, una ligera reforma que hasta los más conspicuos conservadores estarían dispuestos a admitir.
Dos de los protagonistas de la serie Walking Dead, Norman Reedus y Jeffrey Dean Morganestuvieron con sus chupas de cuero en el balcón del Ayuntamiento y Pere Fuset dejó a uno de ellos su blusón de fallero, claro que Rita también invitó en su día a Bono el de U2, que lucía un look igual de anti pepero. También estuvo Zapatero, pero eso no cuenta como innovación. Innovar hubiese sido que Ribó invitase a Aznar y que éste hubiese aceptado. Entonces sí que habríamos dicho: ¡toma castaña, cómo ha cambiado el cuento!
Hoy es el día del padre. Ahí os quiero ver, queridas innovadoras mías. A ver cómo innovas ahí. Qué le regalas a tu Pepe o a tu padre, que no sean los típicos calcetines, la botella de vino o la corbata, sin que ellos te miren con cara de póker y se pregunten, pero qué le ha pasado este año a esta loca, cómo siga así cualquier día nos aparece con el pelo cortado a lo militar.
Foto: Biel Aliño para El Mundo.

lunes, 13 de marzo de 2017

Nostalgia fallera

Los meteorólogos dicen que estos días el tiempo se pondrá más feo que unos guantes de fregar, pero que el miércoles a mediodía las cosas volverán a su sitio y tendremos ese tiempo loco de fallas en el que por la mañana sales con chaqueta, a mediodía te sobra todo y por la noche te pones una camiseta thermolactyl.
Las fallas tienen siempre un toque melancólico; hay una tendencia a recordar los años de la juventud perdida. De las primeras salidas con amigas, sin padres. De las primeras mascletaes cruzando miraditas con algún chico. De los castillos en la plaza del Ayuntamiento, con los pies helados, tu suéter de Privata y los Levi’s etiqueta roja que alguien te había traído de Irlanda. Cuando los chicos, para hacerse los guays, hacían guerras de borrachos en la plaza de Cánovas y les salía ese machito protector de cogerte del hombro para ayudarte a cruzarla.
La que quiera recrearse en esa nostalgia, este año tiene una exposición que le vendrá como anillo al dedo. Francis Montesinos ha rescatado de sus archivos sus estampados más representativos y los ha expuesto en laGalería Cuatro.
A muchas os resultarán familiares: la tela de banderitas de finales de los ochenta, que utilizaba combinada en suéteres de ochos; el estampado de la Virgen de los Desamparados con el que hacía camisas y faldas que alguna se ponía para los exámenes, a ver si así la Virgen le ayudaba; las faldas con el estampado de etiquetas de viaje y los dibujos mantón de Manila, el de la nit del foc, el del rockodromo… Si por algo se reconoce al diseñador es por sus dibujos en tela, que a más de una le traerá recuerdos de su más tierna adolescencia.
A la inauguración fueron muchos de sus incondicionales, como Jose Vicente Plaza, el doctor Murgui, la mujer de Ximo Puig, Amparo Panadero, Javier García Alberni, Lucia Paola y Olfo Dominguín, Susi Torres, los fotógrafos Eduardo Peris y José Luís Abad, la actriz Ada Ferrer, la modelo Sara de Antonio, el comisario de la muestra Jose Lapasió y Miguel Castillo, de la Galería Cuatro.
Otra exposición muy valenciana es la de Josita Boluda. La pintora inauguró esta semana en el Mercado de Colón sus pinturas con falleras, pasodobles, flores y toda la tradición valenciana en colores fuertes sobre pan de oro. Allí estuvo su hermano Vicente Boluda, su marido Juanjo Barral y sus hijas, sus cuñadas, Amparo y Delia Barral y amigos como Lucía Gómez-Trénor, Melli Alonso, Silvia Pardo, Rosana Vento, Carolina Gil, Sofía Carpi, María García de la Riva, Maribel Vañó, el Doctor Mira, Maca Alegre, Pepa Guinot, Eva Marcellán, Manuel Bueno, Sonia Valero de Palma, Pablo Jordán, Carmen Martínez, Mayoya Gómez Lechón o Lucía de Miguel. También estuvo el presidente de Casa Caridad, Luis Miralles, ya que los beneficios de la venta de los cuadros se donarán a esta asociación.
El restaurante La Moma también reunió esta semana a un buen grupo de amigos del diseñador gráfico Manuel Benlloch, para celebrar su nueva exposición, entre ellos José Ramón Alcalá, Fernando Puig, Javier Calduch, Arturo Albors, José Luis Mendoza, Antonio Andrés, los abogados Paco Ibor, Rosario Millán, Marga y María Soler, Nacho Martínez Medina, Elena Crespo, la estilista Reyes García Rambla, la orfebre Elena Santamaría, Cristina Perpiñá, Begoña Martinez, Concha Llosa y Ana Noguera.
¡Más eventos falleros! Adrián Salvador y Lucas Zaragosí han diseñado una pequeña colección de gorras y chaquetas con espolín y neopreno para Amstel. Hace dos años ya diseñaron para la empresa Vives i Mari y esta vez quieren demostrar que el espolín se puede modernizar para otras prendas de uso diario. La colección se podrá ver en el Veles e Vents a partir del 16 de marzo.

lunes, 6 de marzo de 2017

La lucha continúa

La serie de entrevistas que EL MUNDO ha hecho a mujeres valencianas con poder vuelve a poner de manifiesto que los círculos de poder son masculinos. Todas coinciden, al final llegas a un estatus en el que tu condición de mujer te hace sentir incómoda, cuestionada, fuera de lugar. En las alturas, ellos son más y dominan el escenario. Como dice Mónica Oltra, entre caña y caña hablan de fútbol y toman decisiones. Y ahí, en la barra del bar nosotras estamos como un diseñador de bolsos en un ring de boxeo. Le faltó decir que además de fútbol hablan de mujeres, o mejor dicho de tías, porque cuando están solos alguna extraña fuerza sobrenatural les fuerza a ser groseros, soeces, brutos…, en una palabra: trogloditas. La civilización ha hecho en nosotras más mella que en ellos; controlamos más y mejor nuestros instintos básicos, somos más refinadas, hemos evolucionado mejor. Lo paradójico es que eso se vuelva en nuestra contra.
El futuro de la lucha feminista quizás pase por jugar más en nuestro terreno y dejar de hacerlo en el suyo. Si ellos toman decisiones importantes en la barra de un bar o en el palco de su equipo de fútbol, hagámoslo nosotras en una tarde compras. Ahí les quiero ver yo a ellos, en el probador de una tienda con un grupo de mujeres diseñando una estrategia para aprobar un proyecto de ley. Y él, en la puerta del probador, con un montón de bolsas en la mano, tratando de hacer valer su opinión, incapaz de meter baza. Ellas hablan del largo de la falda, del  bolso tan mono que llevaba Mónica en la última comparecencia pública, y él callado, no se acuerda del bolso, no sabe si ahora se llevan de bandolera o de mano, no sabe nada, sólo intenta llevar la conversación al tema de la reunión del Consell, pero ellas lo toca sólo de refilón, porque ahora lo importante es donde encontrar unos zapatos a juego.
La tarde acabará, las decisiones estarán tomadas y el infeliz todavía no habrá aportado ni una sola idea porque estaba más pendiente de cómo sobrevivir en el entorno hostil, sin hacer el ridículo, que de lo que se estaba hablando.
Eso es lo que nos pasa más de una vez. Ellos se ponen a hablar de fútbol, nosotras nos quedamos allí con una sonrisa pintada en los labios, sin saber qué decir. Al cabo de un rato, nadie recaba en nuestra presencia, y entonces sale chimpancé que todos llevan dentro: se ponen a hablar de tías y tú dices: tierra trágame, ahora sí que estoy perdida. Te sientes incómoda, al final te vas, ellos se quedan, se caen bien, se hacen amigos, se intercambian los teléfonos, quizás creen un grupo de Whatsapp en el que mandarán fotos de chicas que jamás se fijarían en ellos. Pero se han hecho colegas, ya pueden hacerse favores y tú sólo serás un vano recuerdo.
Pasa lo mismo en todas partes: en las comidas, en los viajes del AVE, en los cócteles. Reconozcamos que tienen mucha más facilidad para hacerse colegas que nosotras, siempre más preocupadas por calibrar a la otra.
Menos mal que siempre nos quedarán sitios donde ellos se mueven como una ostra en un garaje. En cuanto te descuidas salen a fumar, o a acompañar al que fuma. Son esas tiendas decoradas como a nosotras nos gustan, con tonos suaves, materiales nobles y esa iluminación cálida que te quita diez años de encima. Intropia es una de esas tiendas. El jueves abrió en la calle Sorní con un cóctel muy femenino. Apenas un par de hombres entre mujeres de lo más estilosas: Aíta Marín, Carolina Gil, Cruz Vicó, Silvia Lafuente, Silvia Vilar, Bárbara de Prat, Laura Gallego, Reyes Trénor, Bea Reig, Bego Camps, Isabel Bermejo, Loles Romero, Lucía Morales, Marta Handrich, Paula Albamonte, Sandra Llorca o la escritora Gadea Fitera con su tía Blanca.