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lunes, 13 de enero de 2020

Semana de rebajas


Las rebajas ya no son lo que eran. Entre el black Friday, el cibermonday, la shopening night, la semana fantástica y tropecientos descuentos más, cuando llega el 7 de enero ya has comprado todo lo que querías y la tarjeta está más escuálida que Isabel Preysler en el último reportaje de Hola. Antes las rebajas sí que tenían aliciente. Cuando eras jovencita, tu madre se tiraba todo el año diciéndote que esperases a ese día. Y aprendimos a tener paciencia, cosa que no han aprendido nuestras hijas, que lo quieren todo para ya. Cuando por fin llegaba el día, te habías recorrido todas las tiendas, cogías a tu madre del brazo y la arrastrabas tienda tras tienda y ella te decía aquello de “no me voy a gastar más de 3.000 pesetas en un suéter”, y todas tus expectativas se venían abajo. Entonces buscabas vestidos ajustados y tacones que te hiciesen parecer mayor. Ahora buscas zapatillas de deporte y vaqueros para transmitir una imagen más juvenil.
El caso es que las rebajas ya no generan la mínima ilusión. Y es una pena, porque estos días entre el final de las fiestas y el frío son bastante tristonas. La vida social valenciana también esta desaborida. La agenda de la semana era prácticamente un erial. Menos mal que nos han dado alegrías el cocinero Quique Dacosta, que se encargará de la cocina del Ritz de Madrid que acaba de ser reformado, y el neurólogo José Miguel Láinez, que es el nuevo presidente de la Sociedad Española de Neurología. Láinez, además de ser una eminencia en su especialidad, es mano de santo  para las migrañas. Más de una valenciana le debemos a él los amaneceres tranquilos sin que te estalle la cabeza después de una noche de despiporre.

El club Moddos sí que retomó su actividad con una de sus cenas culturalia. Cenaron con la escritora Rosario Raro, que les habló de su última novela ‘Desaparecida en Siboney’. La acompañaron José Vicente Tello, Mª Dolores Pérez Lis, Julia Pérez Broseta, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, que días antes habían invitado a una copa de Reyes, Mercedes Paredes, Juanjo García-Rivera, Mª José y Juan Antonio Murgui, Ángeles Varvaró y Lluís Nadal.

Una de las expectativas que nos tienen en vilo para el año 20 es el debut de Enrique Ponce con los micrófonos. El chivano va a granar un disco, uno de los temas a duo con Julio Iglesias. Veremos cómo queda y si se anima a dar un concierto en la plaza de toros de Valencia. Ya me veo las colas de fans haciendo acampada en la puerta de la plaza para conseguir un buen sitio cerca del escenario. Mientras tanto, el diestro ha presentado en el Corte Inglés de la Avenida de Francia un aceite de oliva virgen extra que lleva su nombre y que procede de los olivos de la finca que tiene en Úbeda. ¡ah! Ya la etiqueta y el envase los ha diseñado su mujer, Paloma Cuevas.

Hablando de diseño, la semana que viene, el miércoles, tenemos una cita de moda en el Centro del Carmen. Se inaugura la exposición Art en Blanc, que reúne todos los diseños que se vieron en el desfile celebrado en diciembre: propuestas de Ulises Mérida, Yvan Andreu, Eugenio Loarce, Pablo Erroz, Siglo Cero, Daluna, Estudio Savage, Hupit, Greta by Claudia B., Cubero Quesada, Jaime Piquer, Belén Fernández, Paco Roca, Andra Cora, Alejandro Resta, Gurillo, Higinio Mateu, Hortensia Maeso, Juan Vidal, Olimpia Sanchis, Miguel Vizcaíno, Isabel Serrano, Roberto Diz, Visori y Francis Montesinos.

lunes, 14 de octubre de 2013

Glamour en Vila-Real

Imagínate que días antes de tu boda, aparece tu padre en casa y te dice: “toma, la lista de invitados que ya han confirmado”. Tú echas una ojeada y ves: la Duquesa de Alba, con su marido, Isabel Preysler con tres de sus hijos, Curro Romero con su señora, Cayetano Rivera Ordoñez, Tomás Terry, Jaime Peñafiel, José Bono, Michael Fawcett (que de entrada no te dice nada, pero en cuanto preguntas te dicen que es el secretario del Príncipe de Gales), Carlos Baute…  No sé, pero supongo que te debe de entrar un no sé qué por todo el cuerpo. Miras a tu padre y le dices: “Papá, ¿saldrá todo bien, verdad?”
Pues sí, salió todo bien. María Colonques y Andrés Benet se casaron el viernes en la Iglesia de Vila-Real. El vestido de la novia fue obra del libanés Elie Saab, el mismo que viste a Rania de Jordania en las grandes ocasiones,  un modisto que trabaja con tejidos y bordados de lujo y defiende la elegancia sin estridencias.  A Vila-Real asistieron seiscientos cincuenta invitados que luego se trasladaron al Palau de Les Arts de Valencia. Los que vinieron de fuera se alojaron en el hotel Las Arenas.
No quiero ni imaginar el esfuerzo de logística que supone trasladar de Valencia a Vila-Real y vuelta a seiscientos cincuenta invitados, entre ellos la Duquesa de Alba, Isabel Preysler o Michael Fawcett. Si para unos novios la preparación ya supone un quebradero de cabeza, la de María Colonques y Andrés Benet necesitaba de un ejército de colaboradores para que todo saliera a la perfección.  Solo para las flores estuvieron trabajando 16 personas un día entero.
Para organizar todo este despliegue, los novios contaron con la ayuda de las hermanas Lorena y Rosana Oliver, de Araventum. Ellas se ocuparon de la decoración floral, el mobiliario, la iluminación, los centros de mesa, las azafatas y hasta el protocolo y distribución de mesas, que ahí es nada, a ver con quién sientas tú a Jaime Peñafiel, a Curro Romero y a José Bono.
La elección del Palau de les Arts también tenía su riesgo. El edificio es impresionante, pero el interior, por sus dimensiones, resulta frío para una boda. Para hacerlo más acogedor, el recinto se llenó con olivos, buganvilias, laureles, un montón de árboles situados estratégicamente dentro y fuera de la sala donde cenaron. El Palau es tan grande y con esos pasillos tan enormes que los árboles y las velas le dieron calidez.
Todo el edificio se cubrió de moqueta, incluso ascensores y montacargas, y se iluminó en tonos azules y dorados, color tórtola. De la decoración floral se ocupó Fernando Alfaro Cañamás, de La Tartana. El camino hacia el Palau, atravesando los lagos, se delimitó con ochenta árboles en maceteros forrados de tela de saco cruda y peceras de cristal con velas flotando en agua. De cada árbol colgaban velas que daban una iluminación muy especial. Otros maceteros se llenaron con grandes flores de follaje en tonos oro y plata: magnolio, eucaliptus, prunus, sobre los que destacaban las hortensias.
Después del cóctel en el jardín, los invitados (ellas de largo y muchos de chaqué) pasaron al vestíbulo principal del Palau para la cena. Entre otros, Tamara Falcó, Ana Boyer y Julio José Iglesias, la actriz Amaia Salamanca, con su novio Rosauro Varo, el guapísimo Andrés Velencoso, que vino sin Kilye Minogue, el torero José María Manzanares, Tomás Terry con su mujer Teresa Pyckman, y los empresarios Fernando Roig y Héctor Colonques, tío de la novia, con su mujer Ana García Planas.
Mientras entraban, un cuarteto de música interpretaba piezas clásicas. Sobre las mesas redondas, con nombres de óperas (homenaje al Palau de les Arts), se dispusieron centros de tres tamaños distintos, entre uno y dos metros, con follaje verde y blanco, hortensias y flores pin pón blancas, las preferidas de María Colonques (son como crisantemos redondos) y bolitas blancas con velas de cristal.

La cena, preparada por Gourmet Paradís, terminó con una fiesta en la sala del restaurante los toros y la terraza de las palmeras del Palau, donde actuaron Brequette Shane y el cantante Carlos Baute.

lunes, 6 de agosto de 2012

Juntos pero no revueltos


La sociedad valenciana y la alicantina son como el agua y el aceite; se tocan, pero no se mezclan. No lo hacen ni siquiera en verano, cuando buena parte de los niños bien de Valencia pasan sus vacaciones en la provincia de Alicante, pero ellos no bajan más allá de Calpe o Moraira, y los alicantinos no suben más allá de Benidorm.
Somos así, qué le vamos a hacer: nos pasamos el invierno viendo siempre las mismas caras, y cuando llega el verano lo único que hacemos es cambiar de sitio, pero no de amistades. No es que haya ningún tipo de animadversión, es simplemente que pasamos los unos de los otros.
El viernes por la noche hubo dos fiestas: una en Altea y otra en Denia. El diseñador alicantino Pepe Botella presentaba su colección de fiesta y novia en Altea Hills. Entre el público, mucho ruso y mucho alicantino, pero los valencianos se contaban con los dedos de la mano. A la misma hora, sólo unos kilómetros más abajo, Fernando Aliño y Carlos Gadea daban una fiesta de lo más chic en una de esas casas que todas querríamos tener: Casa Santonja. Jardines, árboles centenarios, estanques, muebles y cuadros antiguos, una torre cubierta de hiedra y hasta una capilla propia donde tu bisabuelo confesaba sus penas a un cura amigo de la familia.
La casa es una de esas que los ricos alcoyanos construyeron a mediados del siglo XIX y allí, sentada en el porche, una piensa que se equivocó de lugar y de año de nacimiento, que lo suyo hubiese sido nacer rica a principios del siglo XX y pasar largos veranos sentada en aquel porche sin más ocupación que encontrarle un buen partido a tu hija y discutir con el arquitecto cómo iba a hacer la casa que te estaba construyendo en Cirilo Amorós para ti y tu descendencia. Un siglo después, buena parte de los biznietos de aquella señora estaban en la misma casa, tomando gintonics y mojitos, comiendo hamburguesas y bailando a ritmo de Madonna. Familias de las que veranean toda la vida en Javea y Denia como los Mataix, los Zaragozá, los Millet, los Cañamás, los Manglano (Alfonso y su hermana Irina), José Luis de Quesada, el notario Ricardo Montllor, el fiscalista Carlos Romero, Miguel Franco Corell, el doctor José Mª Ricart con su mujer Carolina Hinojosa, José de Miguel, Nuria Costa… ah, y Marta Pons, la estilosa mujer de Fernando Aliño. En fin, habrá que hacer un apartadito para cuando casemos a la niña organizar allí la fiesta.
Mientras tanto, en Altea Hills Pepe Botella enseñaba sus diseños ante un centenar de rusos que han ocupado buena parte de la urbanización Altea Hills, la urbanización que promovió Zaplana con los Ballester, los Lladró y Julio Iglesias cuando tenían el sueño de convertir la Comunidad Valenciana en el Miami Europeo y cuando todavía teníamos un sistema financiero que permitía hacer estas locuras.
Altea Hills la están tomando los rusos. Lógico, si eres ruso y te has hecho rico abrazando el capitalismo, no tiene mucho sentido que te pases los largos inviernos encerrado en tu casa de Moscú o San Petersburgo, con aquellas noches gélidas y eternas. Así es que lo mejor que puedes hacer es comprarte una casa en Altea Hills y pasarte aquí diez meses al año, que por algo tienes hasta una Iglesia ortodoxa en la puerta por si quieres redimir tus pecados por haber traicionado los principios marxistas. Y así, en lugar de pasarte la tarde encerrada en casa tomando vodka, te tomas un mojito en la piscina del hotel tumbado en una de las chaise longue que tiene el lounge, o te das un baño con jacuzzi en la terraza de tu habitación mientras ves al fondo el mar y la playa de Benidorm.
Los rusos son geniales, tienen un toque de nuevo rico, pero son divertidos. En realidad son la envidia de cualquiera de nuestros hombres: conducen unos coches que te pasas, llevan ropa de marca y tienen unas novias que provocan un incesante babeo entre los machos ibéricos. Lo siento chicos, ¡las veréis pero no las cataréis!