¡Ay, cómo pasa el tiempo!, esta tarde es el cridá, ya hace un año que Valencia vive sumida en un extraño Caloret. Hasta ayer, apenas hemos podido lucir nuestros “abriguets” y los “sueterets” casi no nos han hecho falta para disfrutar de algún que otro “vinet” en las “terrazets” de los “barets”.
Pero el Caloret ha sido mucho más que un fenómeno meteorológico; Valencia ya no es como era, lleva meses redefiniéndose y ahora que llegan las Fallas es el momento de que nos enseñe su nueva imagen. Empezando por el balcón del Ayuntamiento, antaño escaparate de las élites afines al poder y hoy paradigma de ese nuevo modelo de ciudad que se dice abierta a la gente. ¿Seremos gente tú y yo, querida lectora?, ¿o gente serán Raimon, Mónica Oltra, Xavi Castillo e Íñigo Errejón?, ¿será gente Mariano Rajoy e Isabel Bonig?, ¿será gente el embajador de Estados Unidos James Costos y su marido, o dejan de serlo por el hecho de que se den masajes en el Ritz?...
Pronto saldremos de dudas. No es un asunto baladí. El balcón del Ayuntamiento es como el front row de una pasarela, la primera fila famosos define tu target, es tu imagen de marca.
Por ahora lo que sabemos es que van a sortear diez entradas entre gente que se ha apuntado en una lista, a las que se sumarán otras veintiocho entradas por día entre las comisiones falleras y dos más por cada concejal, la suya propia y otra de invitación. Todo eso es un montón de gente que arropará a los compromisos oficiales del Ayuntamiento, porque claro por muy de la gente que tú seas no vas a dejar al Presidente de la Generalitat Ximo Puig en la puerta de Correos, previo paseíllo entre codazos por la calle Ribera para llegar a la Plaza.
Pero el front row no lo es todo.
También habrá que estar pendiente de qué gente disfruta de la cena de la Nit del Foc, que este año no será en el Alameda Palace, si no en el edificio de Tabacalera. Durante años ese ha sido cita de lo más granado de la sociedad valenciana. La oficina de protocolo del Ayuntamiento debe de andar más estresada que los asesores de Pedro Sánchez y Albert Rivera. Buena parte de los invitados de los últimos años son baja y hay que incluir a otros en la lista. ¿Quién será la gente agraciada?, ¿tú y yo, querida lectora, o también en esto nos quedaremos fuera? Estaremos expectantes.
La gente tiene vida más allá de las nuevas tendencias protocolarias.
Con la llegada del caloret primaveral, las agendas se llenan de cócteles. Esta semana, además de las mascletaes, hay citas a gogó para sacar a pasear el fondo de armario. El lunes, el restaurante La Ferradura de la Patacona, Ostras de Valencia celebra su aniversario. Habrá showcooking con ali pebre de otras, ostras en tempura y ceviche manchego de ostra, además de una gran montaña de ostras vivas, ¡ummmmmm! Y como no hay otras sin champagne, al día siguiente Móet & chandon presenta su ruta de fallas. La fiesta será en Marina Beach Club y la invitación indica que hay que ir de cóctel y traje corbata, ¡cómo en los viejos tiempos de la Copa América!
Por lo demás, la semana pasada ya estuvo de lo más animada. Enrique Loewe estuvo en Valencia invitado por la Asociación Valencia Excellence y contó la historia de Loewe en Valencia desde que se abrió la boutique en Poeta Querol en 1966.
Y el jueves en el Westin se presentó la nueva cerveza Diabolici, una cerveza que homenajea a las fallas y que se venderá en las Cervezas del Mercado (Mercado de Colón) durante el mes de marzo. Al cóctel fueron Claudia Dupuy de Lome, Manuel Bueno, Silvia Lafuente, Marco Motta, María García de la Riva, la interiorista Susana Lozano, Kiko Catalá, Nacho Díez de Rivera, Maca Alegre, Isa Bermejo, Pilu Díez de Rivera y el doctor Mira, entre otros.
Mostrando entradas con la etiqueta Xavi Castillo. Mostrar todas las entradas
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lunes, 29 de febrero de 2016
lunes, 6 de julio de 2015
El Westin inaugura el verano
El jueves la terraza del Westin estaba más concurrida que el balcón del ayuntamiento desde que Joan Ribó es alcalde. Allí estaba lo más chic de Valencia, pisando las mismas baldosas por las que ha paseado lo más conspicuo del glamour internacional: George Clooney, Kevin Costner, Bruce Springsteen, Claudia Schiffer o Elle Macpherson.
En el centro de la terraza, una gran escultura que reproduce un enorme osito de gominola. Alrededor, camareros sirviendo exquisiteces como sushi de Komori, saquitos de marisco, ceviche de corvina o mini croquetas de boletus. Todo presentado con ese estilo ya típico de los cocteles elegantes, en los que ya ni siquiera te dan una tapa, sino un bocadito de la tapa; cualquiera de nuestros abuelos hubiese creído que le estaban tomando el pelo. Claro que la gente, por muy elegante que sea, hace tiempo que perdió la vergüenza y aborda al camarero hasta arramblar con la bandeja. En definitiva, lo que popularmente se conoce como un ambiente fino y elegante a la par que discreto.
Entre los asistentes, debía de haber pocos votantes del PSPV, casi ninguno de Compromís, y de Podemos ya ni hablamos. Cuando el PP era el PP y no la sombra de lo que fue, en una de estas fiestas te encontrabas a medio gobierno y siete docenas de aspirantes a ser amigos suyos; iban allí, a hacerse el encontradizo, a ver si con suerte el conseller de turno le daba tres minutos de conversación.
Ahora el cuento ha cambiado, y ardo en deseos de encontrarme con Mónica Oltra en alguno de estas fiestas. Antes o después tendrá que ir, porque seguro que la invitan, y no podrá negarse eternamente.
¡Ay!, me cambiaría por ella sin dudarlo un segundo: allí entraría yo, con mis sandalias planas, mi vestido con un aire hippy, y mi porte rebelde.
Entraría por la puerta, dejándome agasajar por el anfitrión de turno, con más cara de pepero que el mismísimo Aznar; y esculpiría en mis labios esa sonrisa suya contagiosa, que no sabes si se está riendo de ti, porque ha enviado a los tuyos a las mazmorras de la oposición, o es que es simplemente es una mujer feliz.
Todo llegará, quién sabe, a lo mejor entre toda esa gente fina y elegante hay más votantes de Mónica de lo que nos creemos. Bueno, el caso es que el Westin celebró el jueves su ya tradicional fiesta de inauguración de la terraza, que viene a ser al verano, lo que la Cridá a las Fallas, y encima con mucho, pero que mucho, “caloret”.
Entre los invitados, Alejandro Solvay e Iñigo Parra, de APD; Juan Grima, de Cuatrecasas; Ricardo Díaz, de Deloitte; Pedro Novella, de Everis; Carlos Serrano, de Cárnicas Serrano; Enrique Belenguer, de la Fundación ÉTNOR; Andreu Miquel, del IVI, Gonzalo Trénor de Ramafrut o Fidel García-Guzman, del grupo Guzmán. Mucho ejecutivo y empresario y ningún político. Entre las mujeres, mucho estilo, como el de Paula Sánchez de León, monísima con un vestidito lencero de seda, o Verónica Montijano, que estuvo con su madre Ana García, y su marido José Luis Vilanova, que pronto dejará Valencia para pasar los meses de verano en las Rías Baixas, ¡qué envidia!
También estaba Pedro García Mocholí, que descubrió una barra de champagne Perrier Jouët abandonada en medio del jardín a la que hacían menos caso que a Alberto Fabra en una convención de nuevas promesas de la política.
El mismo jueves, los dueños de Lotelito, la cafetería de moda en Valencia, abrían un nuevo restaurante en la Malvarrosa. Se llama Portolito y está decorado en blanco y madera con suelo de barro cocido que le da un toque valenciano que a Carolina Punset (Caroline Punto Siete como la llama Xavi Castillo) le hubiera parecido propio de L’Alquería Blanca. Por allí se dejó ver Teresa Badía, Nati Altarriba, el estilista Rafa Moreno, Carmen Martínez y las periodistas Elvira Graullera, Eva Montesinos, Mariola Cubells e Isabel Goyanes.
En el centro de la terraza, una gran escultura que reproduce un enorme osito de gominola. Alrededor, camareros sirviendo exquisiteces como sushi de Komori, saquitos de marisco, ceviche de corvina o mini croquetas de boletus. Todo presentado con ese estilo ya típico de los cocteles elegantes, en los que ya ni siquiera te dan una tapa, sino un bocadito de la tapa; cualquiera de nuestros abuelos hubiese creído que le estaban tomando el pelo. Claro que la gente, por muy elegante que sea, hace tiempo que perdió la vergüenza y aborda al camarero hasta arramblar con la bandeja. En definitiva, lo que popularmente se conoce como un ambiente fino y elegante a la par que discreto.
Entre los asistentes, debía de haber pocos votantes del PSPV, casi ninguno de Compromís, y de Podemos ya ni hablamos. Cuando el PP era el PP y no la sombra de lo que fue, en una de estas fiestas te encontrabas a medio gobierno y siete docenas de aspirantes a ser amigos suyos; iban allí, a hacerse el encontradizo, a ver si con suerte el conseller de turno le daba tres minutos de conversación.
Ahora el cuento ha cambiado, y ardo en deseos de encontrarme con Mónica Oltra en alguno de estas fiestas. Antes o después tendrá que ir, porque seguro que la invitan, y no podrá negarse eternamente.
¡Ay!, me cambiaría por ella sin dudarlo un segundo: allí entraría yo, con mis sandalias planas, mi vestido con un aire hippy, y mi porte rebelde.
Entraría por la puerta, dejándome agasajar por el anfitrión de turno, con más cara de pepero que el mismísimo Aznar; y esculpiría en mis labios esa sonrisa suya contagiosa, que no sabes si se está riendo de ti, porque ha enviado a los tuyos a las mazmorras de la oposición, o es que es simplemente es una mujer feliz.
Todo llegará, quién sabe, a lo mejor entre toda esa gente fina y elegante hay más votantes de Mónica de lo que nos creemos. Bueno, el caso es que el Westin celebró el jueves su ya tradicional fiesta de inauguración de la terraza, que viene a ser al verano, lo que la Cridá a las Fallas, y encima con mucho, pero que mucho, “caloret”.
Entre los invitados, Alejandro Solvay e Iñigo Parra, de APD; Juan Grima, de Cuatrecasas; Ricardo Díaz, de Deloitte; Pedro Novella, de Everis; Carlos Serrano, de Cárnicas Serrano; Enrique Belenguer, de la Fundación ÉTNOR; Andreu Miquel, del IVI, Gonzalo Trénor de Ramafrut o Fidel García-Guzman, del grupo Guzmán. Mucho ejecutivo y empresario y ningún político. Entre las mujeres, mucho estilo, como el de Paula Sánchez de León, monísima con un vestidito lencero de seda, o Verónica Montijano, que estuvo con su madre Ana García, y su marido José Luis Vilanova, que pronto dejará Valencia para pasar los meses de verano en las Rías Baixas, ¡qué envidia!
También estaba Pedro García Mocholí, que descubrió una barra de champagne Perrier Jouët abandonada en medio del jardín a la que hacían menos caso que a Alberto Fabra en una convención de nuevas promesas de la política.
El mismo jueves, los dueños de Lotelito, la cafetería de moda en Valencia, abrían un nuevo restaurante en la Malvarrosa. Se llama Portolito y está decorado en blanco y madera con suelo de barro cocido que le da un toque valenciano que a Carolina Punset (Caroline Punto Siete como la llama Xavi Castillo) le hubiera parecido propio de L’Alquería Blanca. Por allí se dejó ver Teresa Badía, Nati Altarriba, el estilista Rafa Moreno, Carmen Martínez y las periodistas Elvira Graullera, Eva Montesinos, Mariola Cubells e Isabel Goyanes.
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