Como las ventas están más bajas que una acción de Bankia, hay que echarle a la vida imaginación para levantar el ánimo del consumidor y sacarle las cuatro perras que Montoro le ha dejado en el bolsillo. Por ejemplo, un día estás en tu casa, frente a tu armario, viendo una y mil veces la ropa que cuelga de la percha y que ya tienes más vista que el torso peludo de tu marido: aquel que antaño te parecía una oda al erotismo y que ahora apartas a codazos para que te deje dormir. Miras las faldas, las camisas y las chaquetas y dices, pero qué harta estoy de vosotras, ojalá pudiese cambiaros a todas.
Pues he aquí que alguien ha inventado “De armario a armario”: tú dejas la que ya no utilizas y a cambio te llevas la que otros ya no se ponen, ¿a que es genial? Dice su promotora, Mariola Marcet, que se le ocurrió esta idea porque tenía muchas prendas sin poner prácticamente nuevas y porque siempre le había divertido compartir ropa con amigas o usar la antigua de su madre. “Inicialmente pensamos en cambiar directamente una prenda por otra, pero como es difícil coincidir en talla, vimos que era mejor canjear la ropa por puntos, para poder comprar otras prendas con ellos”.
Dicho y hecho. La próxima edición, ya van por la sexta, será en Boix Cosmetics, en Pascual y Genís. Las que quieran participar, pueden dejar la ropa los días 6 y 8 de mayo y el intercambio será el próximo sábado y domingo, de 5 a 9 de la noche.
Arantxa Botella fue de las pioneras en esto de la compraventa de ropa. Su rastrillo de la calle del Mar es un paraíso para las fashionistas con bajo presupuesto: tienes pradas, marnis, guccis, bolsos de Miu Miu… vamos, que media Chapeau acaba en el rastrillo de Arantxa, zapatos incluidos. Claro que no es lo mismo ver la ropa nuevecita, colgando espaciosa en ese espacio tan cuidado que es Chapeau, que verla usada y apelotonada como en un vulgar mercadillo. Pero, en fin, son cosas de nuestro tiempo. Por cierto, Chapeau sigue ahí, aunque para muchas sea ya casi como un sueño de la infancia. Pero hay que pasarse de vez en cuando por allí porque es como hacerlo por un museo de arte moderno, puedes ver los vestidos de Jil Sander, que por fin ha vuelto a diseñar para su firma y son la perfección de la línea, el corte y el tejido. O la última colección de Prada inspirada en Japón, con sus flores de ikebana cosidas a mano, capaces de emocionar tanto como una obra de arte contemporánea.
Si los rastrillos se están poniendo de moda, los mercadillos ya ni te cuento. La semana pasada, abrió uno en el Casino de Agricultura y este finde otro en la planta baja del Mercado de Colón. El primero se bautizó como Woman Shopping y a juzgar por el éxito seguro que repite. El del Mercado de Colón, instalado en la planta baja, ya va por su sexta edición, se llama Cool Market y lo organizan María Noguera y Paula Alcón. Puedes encontrar ropa de niños, vestidos y camisolas ibicencas, cestas de paja decoradas, collares, tocados, abalorios, bolsos tejidos a mano y tomar un aperitivo de Cocotte, el catering de Bárbara y Paula Jiménez de Laiglesia.
A los comerciantes los mercadillos les gustan lo justo, porque argumentan que compiten sin tener que mantener un local abierto todo el año, con sus impuestos, sus inspecciones y su personal, pero lo cierto es que seguirán abriendo porque son entretenidos, te pueden solucionar un domingo ocioso y encima tienen ese aire hippie ibicenco que tan de moda están poniendo las aristócratas. Ahí tienes a Tatiana Santodomingo, la futura nuera de Carolina de Mónaco, a la que le encanta vestir con ropa bohemia que parece sacada de los piriguachis. Si encima, lo que venden es barato, pues ale, mercadillos a tutiplén.
martes, 7 de mayo de 2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
Así no hay quien viva

Juro por todas mis diademas de Hello Kity, que ya no aguanto más este estrés. Toda la semana oyendo decir que las cosas empiezan a mejorar, que ya hemos pasado lo peor, y de pronto el viernes nos dicen que tararí que te vi, que esto todavía va para largo. ¡Jopé!, así no hay quien planifique un fondo de armario. Ya no sabes si ha llegado el momento de ponerte más las prendas caras, porque pronto las podrás reponer, o si tienes que seguir reservándolas, porque todavía no se vislumbra el momento en el que tú banquero vuelva a activarte la tarjeta de crédito. De Guindos y Montoro deberían saber que este país no despegará mientras nuestros fondos de armario vivan en esa incertidumbre.
Mientras esos dos señores se aclaran, a nosotras no nos queda otra que soñar con tiempos mejores. Mayrén Beneyto, que sabe reconocer el talento, ha organizado una exposición con la obra de Juan Andrés Mompó en el Palau de la Música. La exposición se titula “Colgando de un hilo” porque los vestidos de Juan Andrés Mompó lucen sin maniquíes, suspendidos en el aire, y parecen esculturas flotantes. Mompó es un artista del volumen y las texturas. Mezcla rafias con sedas, pajas con tafetanes, espigas con tules y rasos lujosos con tela de saco. El resultado es inquietante pero exquisito. Te das cuenta de que estás delante de la obra de un artista.
En la exposición no sólo hay vestidos de Mompó. También y fotografías enmarcadas con detalles de los vestidos, bocetos de trajes y telas pintadas por él mismo. Hay bolsos y tocados que fuera de contexto parecen todavía más escultóricos, recortes de prensa y fotografías de su colección personal. Y por supuesto vestidos, más de uno cedido por clientas fieles, como Mayrén, que siempre se queda con las piezas menos convencionales, como la chaqueta confeccionada con cuerda.
La inauguración de la muestra fue el miércoles pasado. Allí estuvo Mayrén Beneyto con Juan Andrés Mompó y Ramón Almazán. Y entre los invitados, Elena García del Moral, María José Murgui, María Dolores Canós, Nanda Botella, Rappel, Laura y Blanca Fitera y Gadea Fitera, Charo Fontdemora, Jaime Brull y Lola Vega, con su hijo, Mercedes Carreras, Yolanda Iturraspe, Carmen Topete, Condesa de Altea; Marisa Monzonís, Ana Iborra, María José Navarro, viuda de Gómez-Ferrer, Maiti Moroder, Tono Sanmartín,Cristina Navarro, Pablo Noguera y Javier Monedero de las bodegas Hispano-Suizas. Fueron también artistas como Javier Calvo, Horacio Silva, Vicente Colom y José Cosme, que acompañó a su madre Presen Rodríguez.
Presen no se pierde un sarao, y menos si los organiza una amiga. El jueves estuvo en el cóctel que organizó Encarga Roig para presentar la nueva colección de Acosta en la tienda de la Plaza del Patriarca. A pesar de la lluvia, no se lo perdieron María Dolores Enguix, de la Optica Climent, Lila Albanozzo, de Il Baco da Seta, los joyeros Antonio Jordán padre e hijo y Vi Pamblanco.
Presen contó que tiene clientas que vienen desde Madrid para encargar sus vestidos. Con la de tiendas que hay en Madrid, ¿por qué buscar su vestido en Valencia? Porque se conocen de memoria las colecciones de las primeras firmas de lujo y buscan ropa distinta con la que puedan epatar en la próxima fiesta, sin temor a que alguien pueda repetir el modelito. Además, el plan no puede ser más chachi, cogen un AVE el viernes, se pasan a la prueba del vestido y ale, todo el finde a disfrutar del mar en el Hotel Las Arenas.
Presen está convencida de que aquí hay mucho talento pero que no nos lo creemos ni nosotros mismos. Y no va desencaminada. Ahí está el diseñador Juan Andrés Mompó, que si hubiera vivido en París o en NY sería considerado uno de los grandes creadores de la costura del mundo mundial. De Mompó todo el mundo habla bien. Así es que mientras esperamos que vuelvan las largas tardes de compras, siempre podremos apañarnos con cualquier cosa e ir a ver esa exposición.
Foto (Eva Ripoll): Mayrén Beneyto y Juan Andrés Mompó
martes, 23 de abril de 2013
La penúltima ceremonia
A lo largo de la vida hay pocas ocasiones en las que una es la
protagonista de una fiesta ceremoniosa. En realidad hay tres o cuatro: tu
comunión, tu boda, la comunión de tus hijos y la boda de tus hijos. Queda una
quinta, como decían en “Cuatro bodas y un funeral”, pero de esa mejor no hablar porque es la de tu último
adiós y no estarás para juergas. Así es que de las cuatro ceremonias que nos
reserva la vida, la mayoría ya nos hemos chupado dos y al paso que van cosas es
muy probable que nuestros hijos no nos den la oportunidad de disfrutar la
cuarta, porque muchos de ellos nunca se casarán y si lo hacen será con menos
boato del que le pusimos nosotras. Vamos, que el que no decida vivir
permanentemente en el pecado, se casará cuando ya lleve años conviviendo con su
pareja y su boda consista en poco más que una comida familiar.
Sé que esto es una comida de tarro, pero qué queréis que os diga, me la
dijo una amiga hace un par de semanas y desde entonces no me la quito de la
cabeza cada vez que alguien me habla de la comunión de alguno de sus hijos.
Moraleja: si tienes algún hijo que vaya a tomar la comunión, echa la casa por
la ventana y vive el día intensamente, que probablemente sea la última
ceremonia de tu vida en la que tengas cierto protagonismo.
La parte más frívola de todo este lío es que se nos acaban las excusas
para ponerle especial interés a comprar un vestido, unos zapatos o para
atrevernos a salir de casa con un tocado. No sé, quizás por eso esté tan de
moda celebrar las bodas de plata.
Estos días muchas tiendas de Valencia organizan saraos para enseñar sus
colecciones de ceremonia. El jueves lo hizo VM The Shop, la tienda de Verónica
Montijano y José Luis Vilanova. La fiesta fue en la terraza del Hospes Palau de
la Mar, un hotel prácticamente desconocido hasta
hace poco, al que su directora Patricia García está empezando a abrir a la
sociedad valenciana.
En el cóctel, dos modelos jovencísimas, Cristina Duato y
Araya Frasquet, desfilaron con vestidos de fiesta Beatriz de la Cámara, tocados
del genial Philip Treacy, joyas de la sevillana Rocío Porres y los famosos
zapatos manolos. Vamos, el estilismo perfecto para triunfar en una ceremonia.
Entre las invitadas, Esther Barrera y Alejandro Cerdá, Esther
Simó con Mimi Puigmoltó, Liana Rios, Pilar Devesa y Mara Teresa Monzonis,
Carmen Topete, Ana García Bernia y Nuria Vilagrasa, Pilar Lucas, Rosa Córdoba,
Angeles Pascual y Jorge García, Ramón Puchades, María Cosín y Gonzalo García
Miranda, Belén Gonzalez Barranca y Fernando Pascual, Amparo Lacomba, el grupito
de Ana Brugger, Rocío Andrés, Carla Peiro y María González, Silvia Alonso y
Rafa Aleixandre, Amparo Ortuño, Amparo y Ana Barrachina. Y las estilosas Silvia
Escolá, Cuchita Lluch, Esperanza Vila, Juana Camps y Beatriz Pechuán.
Al cóctel fueron señoras estupendísimas como Elvira Catalá y Magui
Alonso, Mai Noguera, Rocío Bacharach y señores tan elegantes como el sastre
Antonio Puebla, Pedro García Mocholí, el periodista Carlos García Calvo, el
diseñador Valentín Herráiz, Alberto Martínez, de Cul de Sac... También estuvo
Yolanda Fitera y la bloguera Macarena Gea, José Moreno de Armando Martínez,
Maite Sebastiá, de Telva, y Reyes Hellín, que distribuye los tocados de Philip Treacy en España
Se nota que Verónica y José Luis vienen del diseño porque
no podía estar todo más cuidado: la música, el incienso perfumado, vinito
Novavila y champagne, las mesas con bodegones de fruta, flores de Rovi, zapatos
de Manolo Blahnik y detalles decorativos, el catering de Bárbara Amorós y hasta
los corners con delicatessen de Deli Delit y jamoncito de Manglano.
La sorpresa de la fiesta fue la máquina smile you, un
invento que distribuye Lola Narvaéz y que es como un fotomatón de diseño retro
donde posas como una famosa y tienes tu foto al instante.
miércoles, 17 de abril de 2013
Colón ya no es lo que era
Un bolso es a la mujer lo que un coche al hombre. Es una seña de identidad, un fin en sí mismo, la mejor forma de gastar el dinero que no se necesita para lo más básico. Ellos, cuando van a comprar el coche, hacen sus números: consumo, precio de combustible, años de vida y unos cuántos rollos más con los que tratan de atraer nuestra atención para que les ayudemos a elegir modelo. Y ahí estamos nosotras, tratando de interesarnos por la diferencia entre los cilindros en “uve” o en línea. A ellos les pasa lo mismo con nuestros bolsos, son incapaces de diferenciar un “neverfull” de un bolso de playa. Los años de matrimonio sirven, entre otras cosas, para que al final ellos compren el coche y nosotras los bolsos sin consultarlo el uno con la otra y viceversa.
El caso es que nosotras, cuando vamos a comprar, también hacemos nuestros cálculos. Nos cuesta menos achicharrar la tarjeta de crédito comprando un bolso que comprando un vestido; ¿por qué?, pues porque nos lo ponemos más veces, cada puesta nos sale más barata. Es una verdad de Perogrullo que rara vez te dice un diseñador de moda. Ellos están más a las tendencias y a la inspiración. La única explicación que encuentran a la falta de venta de sus productos es que el público no les entiende o que no saben apreciar lo bueno.
Pero hay algún que otro diseñador que sabido complementar su alma creadora con ciertas dosis de visión empresarial. A ellos suele acompañarles el éxito. Un buen ejemplo es Javier Simorra, que vende su ropa por medio mundo y que estuvo el jueves en Valencia para inaugurar su tienda de Jorge Juan. Se ha ido de Colón porque dice que ésta es una calle muy de paso, muy tipo Oxford Street donde lo que funciona es un producto popular de venta rápida tipo Zara, HM, Mango y demás. Mientras que Jorge Juan es más tipo New Bond Street, con tiendas de firma, compras más relajadas y un público más fiel a la marca. Ese cambio, según Simorra, se ha producido en muy pocos años.
Conoce a su público tanto o más que el jefe de marketing de una firma de coches, por eso dice que el target femenino no depende de su edad, de su estilo ni de su interés por la moda, sino simple y llanamente del límite de la tarjeta de crédito.
Para inaugurar su tienda, Simorra montó una gran fiesta con más de trescientos invitadas, había algún que otro hombre que parecía tan arrastrado a la fiesta como si su chica estuviese en la presentación de un motor de seis cilindros en uve.
Entre las invitadas, Nuria March, que lleva la comunicación de la firma; Cristina Vivíancos, Loreto de Rojas, Esther Barrerá, Cristina Cisneros, Coté Maldonado, Marta López Ana Brujer, la estilosa Sonsoles Gómez-Torres, Elena Rabello, Salomé Corell, Marta Faunell, Tita Senent, Tina Rautenstrauch, Sara Giménez, Esther Barrera, las hermanas Rosa y Lorena Oliver, de Araventum, Laura Fitera, Amparo Giménez, Juana Roig y María Cosín. Suerte que la tienda es amplia y el catering de las hermanas Jiménez de la Iglesia fue abundante, porque trescientos invitados ya es cosa seria.
Estuvo también Verónica Montijano, que ha organizado para el jueves que viene un cóctel en el Hotel Hospes. Presentará la nueva colección de fiesta de Beatriz de la Cámara, las joyas de Rocío Porres, los tocados de Reyes Hellín y Philip Treacy y los zapatos de Manolo Blahnik. Vamos, las firmas top para vestir perfecta en la temporada de bodas y ceremonias que empieza desde ya.
A este ritmo, el Hospes Palau de la Mar va a reemplazar a otros ilustres hoteles en cócteles glamourosos. El fin de semana pasado, en la terraza del hotel se celebra el mercadillo benéfico de la Fundación Dasyc. Treinta puestos donde podías comprar desde gafas de sol, collares, cosméticos, ropa y complementos de Lexter, ropa infantil, collares, fulares… ¡y por una buena causa!
El caso es que nosotras, cuando vamos a comprar, también hacemos nuestros cálculos. Nos cuesta menos achicharrar la tarjeta de crédito comprando un bolso que comprando un vestido; ¿por qué?, pues porque nos lo ponemos más veces, cada puesta nos sale más barata. Es una verdad de Perogrullo que rara vez te dice un diseñador de moda. Ellos están más a las tendencias y a la inspiración. La única explicación que encuentran a la falta de venta de sus productos es que el público no les entiende o que no saben apreciar lo bueno.
Pero hay algún que otro diseñador que sabido complementar su alma creadora con ciertas dosis de visión empresarial. A ellos suele acompañarles el éxito. Un buen ejemplo es Javier Simorra, que vende su ropa por medio mundo y que estuvo el jueves en Valencia para inaugurar su tienda de Jorge Juan. Se ha ido de Colón porque dice que ésta es una calle muy de paso, muy tipo Oxford Street donde lo que funciona es un producto popular de venta rápida tipo Zara, HM, Mango y demás. Mientras que Jorge Juan es más tipo New Bond Street, con tiendas de firma, compras más relajadas y un público más fiel a la marca. Ese cambio, según Simorra, se ha producido en muy pocos años.
Conoce a su público tanto o más que el jefe de marketing de una firma de coches, por eso dice que el target femenino no depende de su edad, de su estilo ni de su interés por la moda, sino simple y llanamente del límite de la tarjeta de crédito.
Para inaugurar su tienda, Simorra montó una gran fiesta con más de trescientos invitadas, había algún que otro hombre que parecía tan arrastrado a la fiesta como si su chica estuviese en la presentación de un motor de seis cilindros en uve.
Entre las invitadas, Nuria March, que lleva la comunicación de la firma; Cristina Vivíancos, Loreto de Rojas, Esther Barrerá, Cristina Cisneros, Coté Maldonado, Marta López Ana Brujer, la estilosa Sonsoles Gómez-Torres, Elena Rabello, Salomé Corell, Marta Faunell, Tita Senent, Tina Rautenstrauch, Sara Giménez, Esther Barrera, las hermanas Rosa y Lorena Oliver, de Araventum, Laura Fitera, Amparo Giménez, Juana Roig y María Cosín. Suerte que la tienda es amplia y el catering de las hermanas Jiménez de la Iglesia fue abundante, porque trescientos invitados ya es cosa seria.
Estuvo también Verónica Montijano, que ha organizado para el jueves que viene un cóctel en el Hotel Hospes. Presentará la nueva colección de fiesta de Beatriz de la Cámara, las joyas de Rocío Porres, los tocados de Reyes Hellín y Philip Treacy y los zapatos de Manolo Blahnik. Vamos, las firmas top para vestir perfecta en la temporada de bodas y ceremonias que empieza desde ya.
A este ritmo, el Hospes Palau de la Mar va a reemplazar a otros ilustres hoteles en cócteles glamourosos. El fin de semana pasado, en la terraza del hotel se celebra el mercadillo benéfico de la Fundación Dasyc. Treinta puestos donde podías comprar desde gafas de sol, collares, cosméticos, ropa y complementos de Lexter, ropa infantil, collares, fulares… ¡y por una buena causa!
lunes, 8 de abril de 2013
De sexo en NY a Dowton Abbey
La firma de cosméticos Kiehl’s acaba de inaugurar tienda en
la calle Colón. La fiesta de inauguración da para hacer un ensayo sociológico
sobre cómo hemos cambiado. Hace cinco años, para inaugurar su tienda de Conde
Salvatiera, levantó una enorme carpa junto al Mercado de Colón, invitó a más de
cien personas y se trajo a Ana Torroja de madrina. Como Kiehl’s es neoyorkina,
el cóctel se inspiró descaradamente en la serie Sexo en NY: treintañeras con
taconazos y cuarentones con traje chaqueta sin corbata y aires de triunfador
tomaban cosmopolitans jugando a ser Carrie y Mister Big. En aquel entonces, en
abril de 2008, con la resaca de la Copa América, todavía nos creíamos el centro
del glamour mundial. Habíamos cambiado
el carajillo por el Moet y el almuerzo por el brunch. Era el último coletazo de
un sueño; aquél en el que creímos que Valencia había dejado de ser la capital
de la Huerta para convertirse en una réplica de Nueva York a orillas del
Mediterráneo.
La de inauguración de esta semana fue muy distinta; todo fue
mucho menos yanqui y mucho más british. En vez de inspirarse en un capítulo de
Sexo en Nueva York con treintañeras coqueteando en un bar de Manhattan con
yupis de dinero fácil, recordaba a una tarde tomando el té en Dowton Abbey, con
gente bien de toda la vida, de los de dinero viejo y modales clásicos. Fue una
fiesta mucho más familiar, evidenciando que el desastre financiero valenciano
no ha arramblado con todo.
El anfitrión fue Carlos García Calvo, embajador de la firma,
junto con Blanca Corrales, la responsable de Kiehl’s en España. Entre los
invitados, amigos suyos como los diseñadores Juan Andrés Mompó y Valentín
Herráiz, la interiorista Verónica Montijano y su marido José Luís Vilanova, de
VM The Shop, Ana Varela, de Chapeau, el diputado y alcalde de Vilamarxant Vicente
Betoret, la siempre elegante María Teresa Monsonís, Conchita Cañamás, la
directora del IVAM Consuelo Císcar, el crítico gastronómico Pedro García
Mocholí, Vicen Fernández, mujer de Albelda, el creativo Nacho Gómez Trenor o el
estilista Víctor Alonso.
También estuvo Antonio Puebla, el sastre de cabecera de los
peperos valencianos en aquellos años gloriosos en que atábamos los perros con
longanizas. Puebla se ha aficionado a Facebook y da consejos para vestir con
tanta elegancia como un Lord inglés. Dice que las camisas de sport han de ser
algo más amplias que las de vestir y que los gemelos se pueden usar en
cualquier camisa, hasta en las de sport, siempre que se lleve corbata. Para que
la corbata siente bien, la separación de las palas de los cuellos de camisa
debe ser de uno a dos centímetros, así el nudo de la corbata encajará hasta
arriba. Además, los puños de la camisa deben quedar con poca holgura en las
muñecas. Y las rayas tienen su dresscode: gruesas para las mañanas; medias para
la tarde y finas por la noche.
La nueva tienda de Kiehl’s tiene una decoración similar a la
de Conde Salvatierra: suelos de madera, una mesa de consulta como en la
farmacia y una lámpara de araña, un interior cálido y acogedor para probarse
con calma las cremitas.
La semana que viene, más citas clásicas. La fundación Dasyc
ha organizado para el fin de semana un mercadillo benéfico en el jardín del
Hotel Hospes. Estará abierto de viernes a domingo. Cuenta Cristina Blanc que será
un mercadillo muy primaveral: habrá collares hechos a mano, gafas de sol,
pareos, toallas, capazos playeros, ropa de Lexter, tocados, cremitas,
camisetas, cursos de natación y hasta treinta puestos para pasar un rato de
compras solidarias. Además, actividades infantiles para que las mamás puedan
comprar o tomar el Bruch mientras los niños se entretienen.
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Verónica Montijano
lunes, 1 de abril de 2013
Bistrós y gastrobares
Aviso para hombres que quieran deslumbrar a una mujer:
mirad, chicos, lo de llevarnos a un restaurante de lujo, con camarero de
almidonado vestido de negro y pajarita, está un poco desfasado. Ahora lo que toca es que os gastéis la pasta
en un bistró o a un gastrobar. Ojo, que
lo de que pagáis vosotros sigue en plena vigencia, porque la revolución
feminista es otra cosa que no tiene nada que ver con la cuenta de la cena. Dad
gracias porque los gastrobares son más baratos, en realidad son la versión
asequible del restaurante de autor. Con la crisis, a los grandes chefs les ha
pasado como a los diseñadores de moda, han tenido que abrir líneas más
asequibles con menús más sencillos. El éxito ha sido tal, que más de un
cocinero puede mantener el restaurante de lujo con lo que saca de los
gastrobares. Lo mismito que las firmas de moda.
Dice Cuchita Lluch, que de esto sabe un rato porque para
algo es presidenta de la Academia Valenciana de Gastronomía, que estos nuevos
formatos han hecho que los grandes cocineros pongan los pies en el suelo, “utilizan
todo su saber hacer aplicando técnicas nuevas a cocina sencilla y tradicional,
a las tapas, a platos menos sofisticados”. Es como el punto intermedio entre un
restaurante y un bar, producto de mucha calidad pero menos elaborado, puedes
tomarte unas sencillas croquetas, un plato de pescado o carne pero con las
técnicas más novedosas.
Los gastrobares también se adaptan a un nuevo estilo de
vida. Eso de ir a un restaurante fisno donde tienes que ir elegante y apenas
puedes levantar el tono de voz resulta cada vez más aburrido, es como un plan
de nuestros padres. Lo que apetece es ponerse vaqueros e ir a un restaurante
informal, donde puedes contar un par de chistes con tus amigos sin que se
escandalice la mesa de al lado. Ricard Camarena le llamó “Canalla Bistro”
precisamente por eso, porque son sitios con un punto canalla más juvenil, pero
con comida para adultos.
Uno de los pioneros en esto del gastrobar fue Quique
Dacosta, que abrió vuelve Carolina para tomar tapas de las buenas; luego vino
Canalla Bistró, de Ricard Camarena, y el último en abrir ha sido Valen&Cia,
de Valentín Sánchez Arrieta, el chef de
Leisuri.
La inauguración de Valen&cía reunió a más de
cuatrocientos invitados, entre ellos Cuchita Lluch, Alfredo Esteve, Javier
Monedero, Bea Pechuán, el director general de Llanera, Kako de Pachá, Alfred
Garcia de Torremar, Tonino, Juana Camps, Gabí Marí, Bernardo y Mónica de la
joyería Rabat, Merche Brandez de Arrocería Duna, Toni Testón, Carmina Baraja,
de Unidad Editorial, Natalia Segrelles con Pablo Olmo, Coté Soler y Juan Carlos
Ferrero, que estos días anda con líos en su hotel porque se le va el cocinero
Paco Morales.
En la fiesta hubo música de jazz y barra de cócteles con
Ivan Talens preparando gin tonics con Ginebra N Gin Vlc, mojitos y champagne
Moet Rosé de Dicoval. La noche acabó con Manu Sánchez pinchando música de la
época de Distrito 10
En el menú de Valen&Cía, decorado por Gerardo Almenar,
hay platos de atún rojo de almadraba, verduras ecológicas traídas directamente
del campo, hamburguesas de carne vacuna gallega y una selección de arroces a
mediodía. “Cocina sincera, producto esmerado y las mejores materias primas”,
dice Valentín.
El último paso en la democratización de la alta gastronomía
es la barra de bar de diseño. Quique Dacosta ha abierto El Mercat, donde puedes
comer un menú de lo más apañadito por 15 euros, y Ricard Camarena ha abierto Central
Bar en el Mercado Central, donde puedes tomar gambas, ostras, esgarraet y otros
productos del mercado con el sello de un gran cocinero, vamos, la sofisticación
barata. Y el no va más son las hamburguesas de autor. El dueño de Café Alameda,
Tico Corrons, acaba de abrir Valenburguer en la calla Guardia Civil con
hamburguesas gourmet hechas de la mejor carne gallega.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Hay que arriesgar
“Para ser excepcional hay que arriesgar”; ¿es bueno, verdad? Podría ser la máxima de un empresario de éxito, de un artista o de un científico. También podría haberlo dicho algún político en la inauguración de un máster para jóvenes emprendedores o el entrenador de un equipo de fútbol después ganar un partido decisivo con una alineación polémica.
Pues no. La autora es Laura Fitera, matrona y asidua a fiestas, inauguraciones, cócteles y demás reuniones de la alta sociedad valenciana. “Si eliges para vestir un petit robe noire (el típico y soso vestido negro) y no te plantas un verde azulejo, seguro que no llamarás la atención, irás de lo más discreta y no fallarás. Pero si quieres ser excepcional tienes que arriesgar”.
Hace unos días, Laura Fitera casó a su hija Blanca y siguiendo su máxima lo hizo arriesgando. Desafió a la cansina tendencia al minimalismo y a los estereotipos dogmáticos que rigen en las bodas. Llenó la Iglesia del Carmen de terciopelos y brocados rojos y antiguas pasamanerías doradas, junto con escarapelas y centros florales realizados con espigas doradas y olivo. Una alfombra roja rodeada de murta evocaba la procesión del Corpus, creando a su vez un ambiente digno del Gatopardo de Visconti.
El modisto Juan Andrés Mompó diseñó el vestido de la novia, de estilo princesa y líneas Balenciaga en raso de seda natural, rematado por una cola de tres metros y medio, ¡sin medias tintas! El ramo, con 25 rosas rojas, espigas doradas y multitud de violetas, y la decoración floral fueron de su tía Yolanda Fitera.
Blanca, otra tía de la novia, artista y también enamorada del riesgo, le hizo una corona espectacular cuya pieza central era una reliquia de San Martín de Hoyos. También confeccionó el gran broche que sujetaba la cola, realizado con antiguas planchas metálicas del Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen de la Caridad del Cobre. Y en los zapatos de la novia, bordó la leyenda "Lamour duré sans fin". Blanca Fitera llevó un traje de Carven azul noche, adornado con uno de sus broches en tonos rubí.
La entrada se realizó en forma de cortejo, el del novio con su madre Antonia Serna, vestida de rojo con la tradicional teja y mantilla; y el de la novia, que entró del brazo de su padrino, el anestesiólogo Miguel Ágreda, precedida de sus primos, sus tíos, su hermana Cayetana de dama de honor, con un vestido en verde de Juan Vidal, y Laura Fitera del brazo del padre del novio, Luis Blanquer.
La música de la ceremonia fue un concierto de la orquesta de cámara Ciudad de Valencia, con piezas de Haendel, Wagner, Schubert y Luluy. La sorpresa vino de la mano del cantante Francisco, que cantó el Ave María de Schubert y el Nessun Dorma de Puccini.
La cena se celebró en la Vallesa de Mandor, decorada tan espectacular como la iglesia. Entre los invitados, Enrique Senís, Teresa Bas y Juan Viña, Javier Calvo, Matilde Conesa, María José Navarro, María José y Juan Antonio Murgui, El matrimonio Díaz Cisneros, Eloy Durá y Mamen Rivas, Ángeles Fayos, Mayrén Beneyto, Marisa Marín, Miguel Fitera y señora, el cantante Francisco, con su mujer Paca y su hija María, Juan Carlos Ramón e Inma Sobrino, Emi García-Cueco, Paula Escrivá, Mari Carmen y Mari Amparo Senent, Ramón Pascual Maiques, tío de la novia, y sus hijos Borja y Ramón Pascual, Carmelo Modú, secretario de estado de Guinea Ecuatorial, y señora, la familia Montesinos-Berry, Rafa Rodríguez y Sara Sáez, periodistas de El Mundo y Yo Dona, Catita Puchol y su hija Rocío, Nidita Guerrero, Elvira Catalá, Elvira Selva, Manuel Picazo, Emilio Moreno.
Vamos, que las Fitera montaron para una de sus hijas una boda que rompió con todos los cánones minimalistas con los que nos bombardean las revistas de estilismo e interiorismo. Innovaron, arriesgaron y triunfaron.
Pues no. La autora es Laura Fitera, matrona y asidua a fiestas, inauguraciones, cócteles y demás reuniones de la alta sociedad valenciana. “Si eliges para vestir un petit robe noire (el típico y soso vestido negro) y no te plantas un verde azulejo, seguro que no llamarás la atención, irás de lo más discreta y no fallarás. Pero si quieres ser excepcional tienes que arriesgar”.
Hace unos días, Laura Fitera casó a su hija Blanca y siguiendo su máxima lo hizo arriesgando. Desafió a la cansina tendencia al minimalismo y a los estereotipos dogmáticos que rigen en las bodas. Llenó la Iglesia del Carmen de terciopelos y brocados rojos y antiguas pasamanerías doradas, junto con escarapelas y centros florales realizados con espigas doradas y olivo. Una alfombra roja rodeada de murta evocaba la procesión del Corpus, creando a su vez un ambiente digno del Gatopardo de Visconti.
El modisto Juan Andrés Mompó diseñó el vestido de la novia, de estilo princesa y líneas Balenciaga en raso de seda natural, rematado por una cola de tres metros y medio, ¡sin medias tintas! El ramo, con 25 rosas rojas, espigas doradas y multitud de violetas, y la decoración floral fueron de su tía Yolanda Fitera.
Blanca, otra tía de la novia, artista y también enamorada del riesgo, le hizo una corona espectacular cuya pieza central era una reliquia de San Martín de Hoyos. También confeccionó el gran broche que sujetaba la cola, realizado con antiguas planchas metálicas del Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen de la Caridad del Cobre. Y en los zapatos de la novia, bordó la leyenda "Lamour duré sans fin". Blanca Fitera llevó un traje de Carven azul noche, adornado con uno de sus broches en tonos rubí.
La entrada se realizó en forma de cortejo, el del novio con su madre Antonia Serna, vestida de rojo con la tradicional teja y mantilla; y el de la novia, que entró del brazo de su padrino, el anestesiólogo Miguel Ágreda, precedida de sus primos, sus tíos, su hermana Cayetana de dama de honor, con un vestido en verde de Juan Vidal, y Laura Fitera del brazo del padre del novio, Luis Blanquer.
La música de la ceremonia fue un concierto de la orquesta de cámara Ciudad de Valencia, con piezas de Haendel, Wagner, Schubert y Luluy. La sorpresa vino de la mano del cantante Francisco, que cantó el Ave María de Schubert y el Nessun Dorma de Puccini.
La cena se celebró en la Vallesa de Mandor, decorada tan espectacular como la iglesia. Entre los invitados, Enrique Senís, Teresa Bas y Juan Viña, Javier Calvo, Matilde Conesa, María José Navarro, María José y Juan Antonio Murgui, El matrimonio Díaz Cisneros, Eloy Durá y Mamen Rivas, Ángeles Fayos, Mayrén Beneyto, Marisa Marín, Miguel Fitera y señora, el cantante Francisco, con su mujer Paca y su hija María, Juan Carlos Ramón e Inma Sobrino, Emi García-Cueco, Paula Escrivá, Mari Carmen y Mari Amparo Senent, Ramón Pascual Maiques, tío de la novia, y sus hijos Borja y Ramón Pascual, Carmelo Modú, secretario de estado de Guinea Ecuatorial, y señora, la familia Montesinos-Berry, Rafa Rodríguez y Sara Sáez, periodistas de El Mundo y Yo Dona, Catita Puchol y su hija Rocío, Nidita Guerrero, Elvira Catalá, Elvira Selva, Manuel Picazo, Emilio Moreno.
Vamos, que las Fitera montaron para una de sus hijas una boda que rompió con todos los cánones minimalistas con los que nos bombardean las revistas de estilismo e interiorismo. Innovaron, arriesgaron y triunfaron.
miércoles, 20 de marzo de 2013
¡Snif, snif, nadie nos quiere!
¿Qué hemos hecho para merecer esto?, perdemos las cajas, perdemos el banco, estamos a punto de perder el Valencia, se olvidan del agua, nos dan un cambiazo trilero con el Corredor Mediterráneo y antes de ayer, justo cuando nos estábamos haciendo los preparativos para olvidar nuestras penas durante cuatro días, nos envían a los inspectores de Hacienda para recordarnos que nos vigilan. ¡Snif, snif!, a mi me da que no nos quieren.
¿Irán los hombres de Montoro a pedir las facturas a las casetas de la Feria de Sevilla?, ¿tendrán lo que hay que tener para plantarse el Barcelona el día de Sant Jordi y pedírselas a las collas de castellers?...
El tiempo lo dirá. Por lo pronto deberíamos ir haciendo algo para recuperar el cariño perdido. Se me ocurre que la Junta Central Fallera podría invitar mañana a Montoro a desfilar en la Ofrenda y para que no se sienta solo podría acompañarle alguna de las chicas influyentes en el Gobierno de Madrid. Es más que vengan las dos: Soraya y María Dolores y que se piquen entre ellas a ver quién desfila con más garbo.
A mi da que a la manchega le favorecerá más el vestido que a su eterno rival femenino, pero ¿quién sabe?; Soraya es muy capaz de sorprendernos a todos. Lo que no me perdería por nada del mundo es ver a Montoro vestigo de saraguey entrando en la plaza, bajo la mirada inquisidora del público asistente, mientras él calcula a ojo de buen cubero el número de ramos de flores que hay en el mantón de la Virgen y les aplica el correspondiente 21 por ciento de IVA, y sonríe mientras piensa: "¡Uff!, aquí hay una pasta, que vengan mañana los inspectores y que no dejen de contar ni una flor, quiero hasta el último céntimo. ¡Je, je!, de esta no os escapáis".
Luego que se vayan al castillo y ahí sí que quiero ver yo a las dos mandamases juntas: Soraya y Lola mano a mano en la terraza del Alameda Palace, bajo la escudriñadora mirada de los asistentes. Las dos reivindicando el protagonismo que merecen con su mera presencia. ¿Quién será la primera en ponerle la zancadilla a la otra?, ¿cuál de las dos desparramará disimuladamente la salsa de su plato sobre el vestido de la otra?, ¿quién pegará el codazo más fuerte en los riñones de adversaria para conseguir mejor sitio en la primera fila? Y mientras tanto Montoro sacando cuentas: tantos petardos a tantos euros el petardo, tanto de IVA, ¡je, je!, "Rita, quiero las facturas de cada gramo de pólvora y cada centímetro de mecha. Mañana mismo te mando a mis chicos".
Y el martes la cremá. A Montoro podría darle un mal viendo arder las fallas: ¡Altoooo!, no hagáis eso, ¿os habéis vuelto locos?, ¡vais a destruir las pruebas!, necesito saber cuántos kilos de cartón hay en cada falla, porque cada kilo vale una pasta y quiero el veintiuno por ciento de todo..¡altoooo!, no hagáis nada hasta que mis chicos lo hayan pesado todo. ¡¡¡Ritaaaaa, te ordeno que detengas esta insensatez!!!!
Mientras las otras dos, en el balcón sonriendo al público pero sin perderse de vista la una a la otra: ¡Ja, si te crees que te vas a poner tú más cerca de la Fallera Mayor que yo, vas lista, antes muerta. Ese es mi sitio guapa, que yo mando más que tú!
Luego, cuando por fin suene el himno, les cantaremos todos con fuerza emotiva aquello de "Per ofrenar noves glories a Espnya", quizás entonces se sientan un poco culpables y decidan querernos un poco.
¿Irán los hombres de Montoro a pedir las facturas a las casetas de la Feria de Sevilla?, ¿tendrán lo que hay que tener para plantarse el Barcelona el día de Sant Jordi y pedírselas a las collas de castellers?...
El tiempo lo dirá. Por lo pronto deberíamos ir haciendo algo para recuperar el cariño perdido. Se me ocurre que la Junta Central Fallera podría invitar mañana a Montoro a desfilar en la Ofrenda y para que no se sienta solo podría acompañarle alguna de las chicas influyentes en el Gobierno de Madrid. Es más que vengan las dos: Soraya y María Dolores y que se piquen entre ellas a ver quién desfila con más garbo.
A mi da que a la manchega le favorecerá más el vestido que a su eterno rival femenino, pero ¿quién sabe?; Soraya es muy capaz de sorprendernos a todos. Lo que no me perdería por nada del mundo es ver a Montoro vestigo de saraguey entrando en la plaza, bajo la mirada inquisidora del público asistente, mientras él calcula a ojo de buen cubero el número de ramos de flores que hay en el mantón de la Virgen y les aplica el correspondiente 21 por ciento de IVA, y sonríe mientras piensa: "¡Uff!, aquí hay una pasta, que vengan mañana los inspectores y que no dejen de contar ni una flor, quiero hasta el último céntimo. ¡Je, je!, de esta no os escapáis".
Luego que se vayan al castillo y ahí sí que quiero ver yo a las dos mandamases juntas: Soraya y Lola mano a mano en la terraza del Alameda Palace, bajo la escudriñadora mirada de los asistentes. Las dos reivindicando el protagonismo que merecen con su mera presencia. ¿Quién será la primera en ponerle la zancadilla a la otra?, ¿cuál de las dos desparramará disimuladamente la salsa de su plato sobre el vestido de la otra?, ¿quién pegará el codazo más fuerte en los riñones de adversaria para conseguir mejor sitio en la primera fila? Y mientras tanto Montoro sacando cuentas: tantos petardos a tantos euros el petardo, tanto de IVA, ¡je, je!, "Rita, quiero las facturas de cada gramo de pólvora y cada centímetro de mecha. Mañana mismo te mando a mis chicos".
Y el martes la cremá. A Montoro podría darle un mal viendo arder las fallas: ¡Altoooo!, no hagáis eso, ¿os habéis vuelto locos?, ¡vais a destruir las pruebas!, necesito saber cuántos kilos de cartón hay en cada falla, porque cada kilo vale una pasta y quiero el veintiuno por ciento de todo..¡altoooo!, no hagáis nada hasta que mis chicos lo hayan pesado todo. ¡¡¡Ritaaaaa, te ordeno que detengas esta insensatez!!!!
Mientras las otras dos, en el balcón sonriendo al público pero sin perderse de vista la una a la otra: ¡Ja, si te crees que te vas a poner tú más cerca de la Fallera Mayor que yo, vas lista, antes muerta. Ese es mi sitio guapa, que yo mando más que tú!
Luego, cuando por fin suene el himno, les cantaremos todos con fuerza emotiva aquello de "Per ofrenar noves glories a Espnya", quizás entonces se sientan un poco culpables y decidan querernos un poco.
lunes, 11 de marzo de 2013
Mascletà y paella para olvidar las penas
La burguesía
tradicional valenciana no vive sus mejores momentos. Lo del Banco de Valencia
ha sido un misil en la línea de flotación de sus finanzas. Pero bueno, ahora
estamos en fallas, toca desconectar y eso es lo que hicieron buena parte de las
mujeres de la alta sociedad valenciana el martes a la hora de la mascletá el
martes pasado.
Buena
parte de los apellidos bien de Valencia tenían repartidos sus ahorros en tres
cestos: los campos de naranjas, los pisos en el centro de Valencia y,
¡tachán!... las acciones del Banco de Valencia. Durante décadas su estrategia
financiera consistía en vivir de lo que honradamente ganaban con su trabajo
(médicos, abogados, arquitectos…), sabiendo que cada año llegaría un pellizco,
más o menos grande, con la venta de las naranjas. Con lo que se sacaba de la
cosecha se renovaba lo que hubiese que renovarse: el coche, la reforma de la
casa, el piso para los hijos, la boda de la niña… Y buena parte de lo que
sobraba de todo eso se invertía, año tras año, en acciones del Banco de
Valencia. Ahora el panorama es el que es: los campos cada vez valen menos, los
pisos no hay quien los coloque y las acciones del Banco han acabado donde acabarán
las fallas dentro de diez días. Así es que el desastre ha sido mayúsculo para
las arcas de los apellidos que habitan el ensanche y el centro de Valencia.
Lo que
parecía inamovible se ha movido, lo que parecía un paradigma de la seguridad
financiera ha acabado esfumándose. Por eso se dice que ahora el dinero ya no
está en la calle de las Barcas sino en los polígonos industriales, donde algún
que otro hábil empresario mantiene una empresa rentable.
Con ese
panorama llegan las fallas de 2013, que este año más que nunca podrían
materializar la simbología de quemar el pasado y empezar de nuevo con la vista
puesta en el próximo año. Y las fallas
para buena parte de las mujeres de la alta sociedad valenciana, afectada o no
por el maremoto financiero, empezaron el martes pasado en el Ateneo de
Valencia. Allí fueron, a ver la mascletá y comer, más de trescientas mujeres
titulares de los apellidos valencianos más conspicuos, convocadas por María
José Albert con la noble excusa de echar una mano a la Fundación Valenciana
para la Neurorehabilitación –Fuvane-.
La
lista de la distribución de las mesas ya evidenciaba el poderío reunido y al
entrar al salón, os lo podéis imaginar:
trescientas cuarenta mujeres juntas, sin más hombres que los camareros y los
tunos que amenizaban la fiesta. Mujeres de toda edad y cuna: altas, bajas,
mayores, jóvenes, solteras, viudas, casadas, separadas, aspirantes a estarlo (casadas,
digo, que no separadas, aunque también).
María José
Albert pensaba que la convocatoria tendría éxito pero no tanto, ¡trescientas
cuarenta mujeres! Junto a María José Albert, las autoras de la proeza son Susana
Perez-Manglano, Mayayo Gómez -Lechón, Amparo Moreno, Pilar Pons, Santi Aguilar, Begoña Ciscar y Beli Botella. La capacidad de convocatoria de estas mujeres no
tiene rival, seguro que más de una empresa las fichaba para el departamento de
marketing.
A la
comida fueron Cuchita Lluch, Paloma y Cristina Serratosa, Mª José Solaz, Marta
y Susana Pérez-Manglano, Beatriz Pechuán, Marisa Martínez-Medina, Irina
Manglano, Rocío Andrés, Esther Barrera, Margarita e Isabel Gómez-Ferrer, Carmen
de Rosa, la hermana de Fernando de Rosa y futura presidenta del Ateneo.
Mujeres
de poderío, como Amparo Lacomba, que ayer noche recibió un premio de la Plataforma
de Mujeres Empresarias de Alicante, y Rosa Morera, que la semana pasada invitó
en Max Mara a sesiones de maquillaje de la firma Mac. Verónica, la
maquilladora, es una artista y te deja la cara como la de una quinceañera,
luminosa y sin que parezca que vayas maquillada.
A la
cita en el Ateneo acudió también la mujer de Juan Roig, Hortensia Herrero,
Elena Bordills, Amparo Picó, Fina Valera, las hermanas Cañamás, Ana Colomer,
Amalia de Gregorio, Belén Corell, Mª Ángeles Fayos, del teatro Olympia, la
encantadora María José Navarro y también las hermanas Fitera, Blanca y Laura,
que ayer casó a su hija por todo lo alto.
Al
acabar la comida, Mª José Albert dio las gracias y dijo que con el apoyo de
todas habían desbordado todas las expectativas, y dio las gracias por ayudar a
una función que trabaja para que la vida de los niños y de sus padres sea un
poco más fácil.
martes, 5 de marzo de 2013
Timba de póker para chicas
El Casino Cirsa ha montado para el miércoles por la noche una timba de póker femenino. Puede que sea divertido pero la verdad yo lo veo como muy de tíos, no sé; piensas en póker y lo que te viene a la cabeza es habitación cerrada, poca luz, mucho humo, whisky y hombres, muchos hombres. En todo caso alguna que otra chica con cara y ropa de llanero solitario. Pero nunca te imaginas a un grupo de nosotras, hipermegamonas de la muerte, con nuestra última falda de Gucci y las uñas recién arregladas diciendo con cara seria: “Voy”, y la otra que le suelta: “veo los tuyos y cincuenta más”. Mientras tanto, el resto de la mesa, seria y en silencio pendiente sólo de lo que ocurre sobre el tapete. Vamos, esto último ni de coña, ya me veo a toda la mesa gritando, riéndose y haciendo cábalas de lo que lleva cada una:
- Esa lleva un trío.
- Qué trío, pero ¿qué es un trío?
- ¿Es más que full?
- Que no hija, que el full va detrás del póker.
- Qué dices, primero full luego póker.
- Que no, que yo tuve un novio sueco que jugaba mucho y me acuerdo
Y ale, a llamar al marido de alguna para que aclare la situación.
En fin, ya veremos cómo queda. A lo mejor funciona y para cuando nos quedemos viudas en vez de quedar para jugar a la brisca y beber mistela, nos jugamos los ahorros de nuestro Pepe al póker entre chupitos de bourbon.
El día antes, martes, habrá otro planazo femenino: comida de mujeres para ver la mascletá en el Ateneo. Lo que se recaude será para la fundación Fuvane, que ayuda a niños con parálisis cerebral y ya se han apuntado trescientas cuarenta. El viernes día de la mujer y también se han montado varios saraos, entre ellos uno en el Museo de la Ciudad. Será una exaltación del poder femenino: la cantante de ópera, Carmen Bou, descenderá del techo cantando con un vestido diseñado ex proceso por Francis Montesinos y una “joya poema” de Vicente Gracia.
Vamos, que tenemos una semana de lo más femenina. Para que luego digan de nosotras que sólo sabemos hacer planes para salir de compras. Que dicho sea de paso, no tiene nada de malo. Tanto es así, que una empresa ha creado una ruta de compras para turistas. La idea no es nueva, porque se hace en otras ciudades y en Valencia ya llevan dos años haciéndolo con grupos pequeños. La novedad es que esa empresa ha llegado a un acuerdo con El Corte Inglés y la ruta se va a hacer todos los viernes. El que se quiera apuntar pagará dieciocho euros, les llevarán por las calles más comerciales de Valencia y les enseñarán también el comercio tradicional, productos de artesanía, diseñadores valencianos como Marta de Diego y Francis Montesinos, y también franquicias españolas como Bimba y Lola.
Dice María Cosín, que trabaja en esto desde hace años, que los mejores clientes son los rusos, que no paran de comprar: vamos algo así como los españoles de haces ocho años, que llegábamos a Nueva York y cargábamos media ciudad. Además, a los rusos le chifla la estética recargada valenciana, vamos un chollo de clientes. Los japoneses y los chinos buscan mucho las marcas como Loewe (la semana pasada presentó su nueva colección a medida en el Hotel Caro); y los alemanes e ingleses son los más comedidos, les gusta Custo y los zapatos pero antes de sacar un duro se lo piensas siete veces; ¿será que la influencia de Merkel ha calado más de lo que parecía? Yo la verdad es que esa mujer sería la última compañera que elegiría para salir de compras, uff, con ese look tan luterano y austero, seguro que todo lo ve caro y te acaba convenciendo de que es pecaminoso gastarse más de veinte euros en un bolso.
- Esa lleva un trío.
- Qué trío, pero ¿qué es un trío?
- ¿Es más que full?
- Que no hija, que el full va detrás del póker.
- Qué dices, primero full luego póker.
- Que no, que yo tuve un novio sueco que jugaba mucho y me acuerdo
Y ale, a llamar al marido de alguna para que aclare la situación.
En fin, ya veremos cómo queda. A lo mejor funciona y para cuando nos quedemos viudas en vez de quedar para jugar a la brisca y beber mistela, nos jugamos los ahorros de nuestro Pepe al póker entre chupitos de bourbon.
El día antes, martes, habrá otro planazo femenino: comida de mujeres para ver la mascletá en el Ateneo. Lo que se recaude será para la fundación Fuvane, que ayuda a niños con parálisis cerebral y ya se han apuntado trescientas cuarenta. El viernes día de la mujer y también se han montado varios saraos, entre ellos uno en el Museo de la Ciudad. Será una exaltación del poder femenino: la cantante de ópera, Carmen Bou, descenderá del techo cantando con un vestido diseñado ex proceso por Francis Montesinos y una “joya poema” de Vicente Gracia.
Vamos, que tenemos una semana de lo más femenina. Para que luego digan de nosotras que sólo sabemos hacer planes para salir de compras. Que dicho sea de paso, no tiene nada de malo. Tanto es así, que una empresa ha creado una ruta de compras para turistas. La idea no es nueva, porque se hace en otras ciudades y en Valencia ya llevan dos años haciéndolo con grupos pequeños. La novedad es que esa empresa ha llegado a un acuerdo con El Corte Inglés y la ruta se va a hacer todos los viernes. El que se quiera apuntar pagará dieciocho euros, les llevarán por las calles más comerciales de Valencia y les enseñarán también el comercio tradicional, productos de artesanía, diseñadores valencianos como Marta de Diego y Francis Montesinos, y también franquicias españolas como Bimba y Lola.
Dice María Cosín, que trabaja en esto desde hace años, que los mejores clientes son los rusos, que no paran de comprar: vamos algo así como los españoles de haces ocho años, que llegábamos a Nueva York y cargábamos media ciudad. Además, a los rusos le chifla la estética recargada valenciana, vamos un chollo de clientes. Los japoneses y los chinos buscan mucho las marcas como Loewe (la semana pasada presentó su nueva colección a medida en el Hotel Caro); y los alemanes e ingleses son los más comedidos, les gusta Custo y los zapatos pero antes de sacar un duro se lo piensas siete veces; ¿será que la influencia de Merkel ha calado más de lo que parecía? Yo la verdad es que esa mujer sería la última compañera que elegiría para salir de compras, uff, con ese look tan luterano y austero, seguro que todo lo ve caro y te acaba convenciendo de que es pecaminoso gastarse más de veinte euros en un bolso.
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