
¿Para qué sirve el dinero cuando ya te has comprado toda la colección de zapatos de Prada y todavía te queda saldo en la tarjeta?, ¿de qué te vale tener un fondo de armario digno de Beverly Hills si no tienes fiesta donde lucirlo y cuando sales a cenar en la mesa de al lado hay un mileurista vestido con ropa de Kiabi incapaz de apreciar la belleza de una horma diseñada por Miuccia Prada? Es más, ¿para qué te vas a poner esos zapatos si el mileurista que tienes al lado no sabe que cuestan mil euros? Y, ¿con quién vas a comentar tu último viaje a París, NY o Londres?
Para dar solución a este problema tan complejo y trascendental, un grupo de niños bien de Valencia ha montado un club para pijos, es decir, para ellos mismos. El resto de los mortales, esos mundanos preocupados por el recibo de la hipoteca, les han puesto a caer de un burro: que si son unos hijos de papá, que si con la que está cayendo cómo se les ocurre montar un club para ricachones, que si no les da vergüenza… eso los comentarios más finos. Otros dicen que tendrían que haber bombardeado la fiesta de presentación con huevos podridos. Si por ellos fuera, les hubieran puesto a collir carchofes todo el día.
Pero la verdad es que, desde que el mundo es mundo, uno de las aspiraciones de la gente bien ha sido relacionarse con la gente bien, con lo más principal de la tribu. Esa era la vieja filosofía de las sociedades estamentales del Medioevo, de los clubes británicos del XIX o de los colegios elitistas del XX. Moddos es la versión moderna del viejo club inglés. Un lugar donde reunirse con otros iguales, compartir aficiones, juegos, viajes o comentar las últimas adquisiciones patrimoniales.
Cuando Cuchita Lluch, una de las socias de Moddos, me explicó lo que iban a hacer, la primera reacción también fue de rechazo: uff, un club exclusivo para niños pijos, ¡qué mal suena! Pero…si lo piensas bien, no es más que una agrupación de la que se benefician todos: los socios, porque amplían sus relaciones sociales y profesionales; y las empresas asociadas, porque acceden a un grupo de consumidores con poder adquisitivo.
A Moddos sólo se puede acceder con invitación. Recibes una clave de acceso y te das de alta en moddos.es. Para ello, tienes que rellenar un cuestionario: estudios, lugar de trabajo y puesto en la empresa, vivienda –adosado, chalet o piso- y segunda vivienda, número de hijos, marca de coche… De ahí pasamos al capítulo de ocio: comida preferida, cuánto gastas en copas o restaurantes, deportes que practicas, destinos de viaje preferidos, cuánto dinero gastas en ropa, en joyas, en relojes, en decoración, si inviertes en cultura, en salud y belleza… Todos los socios tienen que responder a este cuestionario, aunque la información no se hace pública.
Este semana el club Moddos se presentó en sociedad. Lo hizo en una fiesta de etiqueta en el Hotel Westin. Ellas de largo, ellos con esmoquin: David Lladró, Nacho Gómez-Trenor, Isabel y José Cosme, la empresaria Mónica Duart, la arquitecta Macarena Gea, Mario Mariner jr, la interiorista Verónica Montijano, la diseñadora Trinuca Larraz; José Tamarit, de Chapeau; Angela Pla de Ruzafa Show, Encarna Roig, de Mont-Blanc; Mª Angeles Miguel, de Hermès; Marta Vilar, Ana Portaceli, Rafa Pérez Higón (Armani) y los Zamorano, los Manglano, los Maldonado, los Pechuán… En fin, todo Valencia.
Hasta el momento, Moddos tiene 500 socios. Ivan Martínez Colomer –fundador del club- dice que el objetivo es llegar a 4.000. El problema es que no hay 4.000 ricos en Valencia de entre 30 y 45 años y dispuestos a asociarse. Además, a diferencia de los clubes ingleses, Moddos no tiene una sede social, un lugar coqueto donde reunirse y organizar tardes de té o partidas de dominó, siguiendo el esquema de los clubes británicos. En su lugar, Moddos tiene una página web que es un punto de encuentro virtual, con chat y foros para debatir sobre moda, tecnología o cultura.
El drama de estos sitios es que tienden a popularizarse. El día que un tal Pérez y Pérez vaya a la cena, los niños bien se buscarán otro club privado. Hasta entonces, Moddos será un referente de la alta burguesía valenciana.
Para dar solución a este problema tan complejo y trascendental, un grupo de niños bien de Valencia ha montado un club para pijos, es decir, para ellos mismos. El resto de los mortales, esos mundanos preocupados por el recibo de la hipoteca, les han puesto a caer de un burro: que si son unos hijos de papá, que si con la que está cayendo cómo se les ocurre montar un club para ricachones, que si no les da vergüenza… eso los comentarios más finos. Otros dicen que tendrían que haber bombardeado la fiesta de presentación con huevos podridos. Si por ellos fuera, les hubieran puesto a collir carchofes todo el día.
Pero la verdad es que, desde que el mundo es mundo, uno de las aspiraciones de la gente bien ha sido relacionarse con la gente bien, con lo más principal de la tribu. Esa era la vieja filosofía de las sociedades estamentales del Medioevo, de los clubes británicos del XIX o de los colegios elitistas del XX. Moddos es la versión moderna del viejo club inglés. Un lugar donde reunirse con otros iguales, compartir aficiones, juegos, viajes o comentar las últimas adquisiciones patrimoniales.
Cuando Cuchita Lluch, una de las socias de Moddos, me explicó lo que iban a hacer, la primera reacción también fue de rechazo: uff, un club exclusivo para niños pijos, ¡qué mal suena! Pero…si lo piensas bien, no es más que una agrupación de la que se benefician todos: los socios, porque amplían sus relaciones sociales y profesionales; y las empresas asociadas, porque acceden a un grupo de consumidores con poder adquisitivo.
A Moddos sólo se puede acceder con invitación. Recibes una clave de acceso y te das de alta en moddos.es. Para ello, tienes que rellenar un cuestionario: estudios, lugar de trabajo y puesto en la empresa, vivienda –adosado, chalet o piso- y segunda vivienda, número de hijos, marca de coche… De ahí pasamos al capítulo de ocio: comida preferida, cuánto gastas en copas o restaurantes, deportes que practicas, destinos de viaje preferidos, cuánto dinero gastas en ropa, en joyas, en relojes, en decoración, si inviertes en cultura, en salud y belleza… Todos los socios tienen que responder a este cuestionario, aunque la información no se hace pública.
Este semana el club Moddos se presentó en sociedad. Lo hizo en una fiesta de etiqueta en el Hotel Westin. Ellas de largo, ellos con esmoquin: David Lladró, Nacho Gómez-Trenor, Isabel y José Cosme, la empresaria Mónica Duart, la arquitecta Macarena Gea, Mario Mariner jr, la interiorista Verónica Montijano, la diseñadora Trinuca Larraz; José Tamarit, de Chapeau; Angela Pla de Ruzafa Show, Encarna Roig, de Mont-Blanc; Mª Angeles Miguel, de Hermès; Marta Vilar, Ana Portaceli, Rafa Pérez Higón (Armani) y los Zamorano, los Manglano, los Maldonado, los Pechuán… En fin, todo Valencia.
Hasta el momento, Moddos tiene 500 socios. Ivan Martínez Colomer –fundador del club- dice que el objetivo es llegar a 4.000. El problema es que no hay 4.000 ricos en Valencia de entre 30 y 45 años y dispuestos a asociarse. Además, a diferencia de los clubes ingleses, Moddos no tiene una sede social, un lugar coqueto donde reunirse y organizar tardes de té o partidas de dominó, siguiendo el esquema de los clubes británicos. En su lugar, Moddos tiene una página web que es un punto de encuentro virtual, con chat y foros para debatir sobre moda, tecnología o cultura.
El drama de estos sitios es que tienden a popularizarse. El día que un tal Pérez y Pérez vaya a la cena, los niños bien se buscarán otro club privado. Hasta entonces, Moddos será un referente de la alta burguesía valenciana.