martes, 17 de octubre de 2017

Tu en casa, yo en galerías de arte

Hay una edad en la que los hombres se vienen arriba, mientras las mujeres buscamos remanso. Veinte años después, se da la vuelta a la tortilla.
Uno de los problemas de la vida en pareja es que los biorritmos de los hombres y de las mujeres van desacompasados. La idea no es mía, es de Laura Fitera, que lo explica así. A los treinta ellos están en plena efervescencia social y profesional. Quieren comerse el mundo, descubrir cosas, conocer gente, encontrar nuevas aficiones. Nosotras en cambio, a esa edad, estamos subsumidas por la maternidad que de alguna forma nos empuja a lo contrario: a la vida hogareña, tranquila, sin sobresaltos. Así es que, mientras tu tarde de otoño ideal es envolverte en una manta y acurrucarte en el sofá, ellos quieren salir a cenar y tomar copas con menganito y futanita que son dos tipos a los que no conoces, ni ganas que tienes.
Pasan los años, los niños se hacen mayores, y tú te reencuentras a solas una tarde entera con tu Pepe. Ya tenéis cincuenta y tantos. Él está más quemado que la piel de un guiri en Benidorm. Escéptico y desmotivado, lo que quiere es ver el fútbol, cenar cualquier cosa e irse a la cama. Mientras que nosotras, a esa edad, somos como osas que despiertan de su letargo y queremos salir, ver, conocer, descubrir.
Dice mi amiga Laura que en cualquier evento social es fácil corroborar su teoría: “Ves a mujeres de cincuenta y muchos entusiasmadas, hablando con unos y con otros, mientras arrastran a un marido tristón que cuando abre la boca es para decir que está cansado y se quiere ir a casa”.
Solución: “Mira Pepe, yo esta tarde me voy a un par de exposiciones con el vecino. Ese chico de veinticinco años que acaba de terminar la carrera. Y para que tú no te quedes solo, te envío a mi madre que te preparará la cena.”
Como toda regla, tiene sus excepciones, claro. Ahí tienes al artista Claudio Zirotti, rebosante de vitalidad a sus 65 años. Acaba de inaugurar exposición en L’Alfàs del Pi y parece un quinceañero el día que le han regalado su primera moto.
Zirotti es un italiano que trabajó en los años setenta con Federico Fellini en el periódico satírico romano Marc Aurelio. Desde entonces, ha recorrido varios países, hasta recalar en Valencia.
Su última exposición se titula “Pre-Texto. Más allá de la palabra” y reúne pinturas que representan signos y gráficas que casi tienen ritmo musical.
A la inauguración asistieron la Concejala de Cultura de l'Alfàs del Pi, Mayte García, Esperanza Durán de Fundación Frax, los artistas Horacio Silva, Jarr, Daniel Tejero, Francisco Sebastián Nicolau y Natividad Navalón, el fotógrafo Eduardo Peris, la interiorista Amelia Delhom, el galerista Miguel Castillo con Fátima Luque, Miguel Piqueras de Acuda Godella, el diseñador Omar Daniel, Phillipe Massiot, Pascal Chanferel, Josep Lozano, Trini García y Adriano Zirotti entre otros.
Otra inauguración, esta vez en la sala del Sporting Club Russafa, convocó a un buen número de artistas en la exposición colectiva sobre gráfica estructural. ¿Y qué es la gráfica estructural, os preguntaréis? “Se trata de investigar y reflexionar sobre el valor de la composición y de la estructura gráfica como elementos expresivos por los que discurrir y mostrar conceptualizaciones distantes, prácticas gráficas y cromáticas, texturas y lenguajes diversos e infinitos.”, dice Marisa Martínez, comisaria de la exposición.
A ver chicas, yo creo que lo mejor es memorizar el párrafo para decírselo al vecino de 35, o lo que es aún mejor, para responderle a tu Pepe cuando llegues a casa y te pregunte qué tal te lo has pasado.
En la inauguración estuvieron los artistas que exponen: Rafa de Corral, Elena Martí, Ximo Micó, José Antonio Picazo, Felicia Puerta y Jorge Carla; también gente del mundo artístico como José Garneria, Concha Ros, la galerista Marip Guiennot y el escultor José Luis Yebra, Marisa Giménez Soler, de Doce Islas, y Pancho Amat, Javier Martínez Rubio y José David Olmos, Mª Eugenia del Corral, Nan Pizcueta, Fernando Rincón e Inma Coll.
Ruzafa es el barrio perfecto para una inmersión cultural. Hace tiempo que concentra al mayor número de creativos por metro cuadrado: diseñadores, galeristas, ilustradores, artistas... vamos, el entorno ideal para mujeres inquietas y con un proyecto vital que incluye todo tipo de planes.

lunes, 9 de octubre de 2017

El amor es un pañuelo

La tradición de la mocadorà viene del S.XVIII. Nuestros abuelos se los regalaban a sus novias, nuestras abuelas, como muestra de amor. Imagináoslo: el tatarabuelo Tonet con su mocaorá  rellena de mazapanes camino de ca la abuela Vicenta, por entonces su novia. Él más cortado que un seminarista en un after hour. Ella le abre la puerta, no sabe que decir. Y él que se saca de la faltriquera el pañuelo, se lo da, a ella le dan ganas de darle un beso en la mejilla, pero no se atreve. Así es que limita a sonreír baja la mirada al suelo. Del fondo de la casa suena una voz, es la de la madre: “Visanteta, qui es?” Vicenta se quiere morir, ¿por qué le tiene que llamar Visanteta? Es Tonet, mare”; “Y qué vol”, “Res, ja se’n va!” Y le cierra la puerta en las narices. Lo que ella que hubiese querido era ir a dar un paseo cogidos de la mano, para que le viesen sus amigas y para él le atusase un poco el pelo. El abuelo Tonet se va al casino cabizbajo porque le hubiese gustado probar los mazapanes. Ella se mete en la habitación y esconde su mocadorá para que no la vea la mare y sueña con que al año siguiente, él ya haya pedido su mano y poder sentarse juntos en la cocina a comerse los higos de mazapán: “amb el llépol que és, i no li ha donat ni un”
Los tiempos han cambiado. Probablemente el novio de nuestra hija le envíe un emoticono de un pañuelo y ella se limite a contestarle con un “¡ja,ja!”. Pero la tradición continúa. Los hornos estarán llenos de mocadoràs hoy y mañana. Algún que otro marido o novio tendrá el detalle. Y muchas mujeres de la sociedad valenciana siguen viviendo la tradición. Mayrén Beneyto recuerda el primer pañuelo que le regaló su novio, “yo tenía 18 años y desde entonces nunca he dejado de recibirlo. La tradición familiar está tan arraigada en mi familia que mi abuelo Juan Beneyto dejó un dinero para que sus hijos siguieran la costumbre. Ahora voy con Ramón a elegirlos”.
Para Mayrén los pañuelos de seda son un complemento perfecto. “Tengo muchos, algunos de mi madre, pero me hizo mucha ilusión el del Colegio del Arte Mayor de la Seda. Siempre que viajo, llevo uno al cuello, si me molesta lo anudó al bolso y si hay viento lo pongo sobre la cabeza y lo anudo detrás de la nuca, como Grace Kelly”. Blanca Fitera. “Me acuerdo de ese primer pañuelo ideal que regaló a mi madre, cómo nos explicaba la costumbre y el preciosismo de los artesanos pasteleros; nunca había visto frutas más bonitas que aquellos mazapanes coloreados y mágicos. Aún ahora sigo mirándolos con admiración. El pañuelo es otro cantar: me encanta pero soy patosa para llevarlo. Mi forma preferida es aquella tan 'soigné' de anudarlo al asa del bolso; siempre pienso que los buenos pañuelos deberían verse extendidos."
"El día de Sant Donís está unido en mi memoria a aquellos primeros años en Valencia, recién llegados desde Galicia, en los que mi padre adoptó todas las tradiciones valencianas”, dice
A Encarna Roig le encantan las celebraciones como el 9 de octubre, “que generan afecto, ternura y alegría”. Ella lleva años trabajando en la moda y cree que los pañuelos transmiten gran parte de nuestra personalidad, gustos y hasta el estado de ánimo. “Suelo viajar mucho u llevo varios en mi maleta. Me encanta jugar con las mil posibilidades que ofrecen e incluso convertirlos en mi principal atuendo, con un simple nudo al cuello en forma de vestido, túnica o lazada."
Para la diseñadora Marta de Diego, el 9 de Octubre es una fiesta racial, de sentimiento puro. “Esa delicadeza del amado de llevar dulces a su amada en un pañuelo me parece un detalle exquisito.”Marta utiliza el pañuelo con mucha frecuencia, “dejándolo en movimiento para que adquiera vida propia; nunca doblándolo geométricamente, no lo recomiendo.”
Vicen Fernández celebra el 9 de octubre en familia, “siempre vemos el festival de pirotecnia con sus hijos David, Luis y Pablo”. De los pañuelos se declara fan absoluta: “Lo utilizo en el bolso y como turbante, a modo de bandana, pero como más me gusta es al cuello con una biker de cuero negra para darle un toque roquero.
La directora de Valencia Excellence, Laura Gallego, también es experta en dar mil usos al pañuelo: ”desde sujetarlo al pelo en una coleta, anudarlo al asa del bolso o convertirlo en un top: se hace un pequeño nudo en la parte central por el revés, luego se anudan los extremos superiores al cuello, los posteriores alrededor de la cintura y ¡¡listo!!”
La diseñadora de complementos María Gómez Polo también tiene un truco para ponerse el pañuelo en la cabeza: “Se coge por el borde central y se coloca sobre la altura deseada sobre la frente, se apoya la frente sobre una pared para que no se desplace y se ata detrás con un nudo doble y media lazada, de forma que un extremo quede más largo que el otro”.
“Mi recuerdo de la mocadorá es el que tengo de acompañar a mi padre a cómprasela a mi madre durante todos los años en que vivieron, entrañable para mí”.

martes, 3 de octubre de 2017

De España vengo, de España soy

Tres días antes del 1-O, Francis Montesinos cerró su desfile en La Marina con la voz de la catalana Montserrat Caballé cantando la pieza más conocida de la zarzuela El niño judío.
Era jueves, tres días antes del uno de octubre. Francis Montesinos replicaba su desfile de la Pasarela Cibeles en la terraza de Marina Beach. Llega el final, cuando todas la modelos salen en lo que llaman el “carrusel final”. En ese momento, el más apoteósico del desfile, suena la voz de la catalana Montserrat Caballé cantando: De España vengo, soy Española / En mis ojos me traigo luz de su cielo/ Y en mi cuerpo la gracia de la Manola / De España vengo, de España soy / Y mi cara serrana lo va diciendo. / He nacido en España por donde voy…
Si hubo o no intencionalidad política por parte de Francis Montesinos, sólo él lo sabe; pero Rajoy y Soraya deberían envidiar esa genialidad montesiniana. Le daban a una ganas de ponerse en firmes y llevarse la mano al pecho, cual marine americano.
Montesinos tiene la virtud de hacerte feliz, que no es poco en los tiempos que corren y que le diferencia de otros muchos artistas empeñados en meterte en un túnel oscuro y tristón del que no hay más salida que ese final que a todos nos tiene reservados la natura. Montesinos, sin embargo, es como un chute de mediterranía y eso es alegría, color, entusiasmo, ganas de vivir… No se puede ser Mediterráneo y cenizo al mismo tiempo.
El desfile fue el cierre de la entrega de premios de Smart Center Valencia a alumnos de diseño de moda y joyería de la Escuela Superior de Diseño. Presentó los premios la actriz Esmeralda Moya y los entregó el director de Smart Center Diego Saldaña y la directora de la Escuela Rosa Esteban.
Poco después, se apagaron las luces y las modelos empezaron a desfilar a ritmo de samba brasileña. Paola Dominguín, musa y amiga de Francis, se puso a bailar en la silla, mientras se encendía un cigarro y daba un sorbo a la copa de vino. ¡Esto sí es disfrutar de un desfile y no esas salas de Ifema frías y despersonalizadas en los que un día se expone moda y al siguiente, máquinas de trefilería!
Las modelos transmitían lozanía y frescura. Todas bronceadas y dando taconazos sobre la pasarela, mujeres poderosas y seductoras, con tocados exuberantes, faldas sexis y escotes generosos como corresponde a una colección que se llama “Divas del sur”.
Allí, al lado de la playa, con brisa del mar acariciando nuestras lacias melenas, más de una pensamos, esto es vida y no lo de Berlín, que seréis allí buenas profesionales, serias y ricas, pero no tenéis a Montesinos ni la Malvarrosa.
Entre el público asistente, muchos amigos del diseñador, como Javier García Alberni, Tomás García, Paola Dominguín, el empresario Manuel Palma, José Vivó, Coté Soler, Presen Rodríguez y Maribel Cosme, la diputada Carmen Alborch con el director de cine Alex Quiroga y Josevi Plaza.

Cultas y elegantes

Atardecer de septiembre. Refresca, pero lo justo para no tener calor. Un ático en el centro de Valencia, con una de esas terrazas por las que darías todo tu fondo de armario, el de tu marido y su coche, incluso con él dentro. Los camareros reparten vino y pequeñas raciones de paella. Dentro, una exposición de arte con obras sólo de mujeres. Entre los invitados, lo más granado de la sociedad valenciana, gente que viene a recordarte que la elegancia y la cultura no están reñidas, como a veces más de un izquierdoso quiere hacernos ver. ¡Jo pe!, eso es hacer sociedad y no lo de ver partidos de fútbol en casa, entre latas de cerveza y cortezas de cacahuetes.

La cita fue en Pascual y Genis. La anfitriona, la galerista Ana Serratosa. Y la exposición, parte de su colección de arte. Hay piezas de artistas consagradas como Carmen Calvo y otras recién descubiertas, como la joven Françoise Vanneraud.
A la inauguración fueron un grupo de amigos y clientes de Ana, como María Landecho, Javier Vela, Carmen Jabaloyes, las artistas Encarna Sepúlveda y Carolina Ferrer, las hermanas Carmen y Alicia de Miguel con su pareja José Antonio Otegui, Pablo Serratosa y Silvia Escolá, Ela Fernández, Amparo Escartí, Emma Amutio, Meye Maíz, Amparo Ortuño, Maite Aparisi, María Dolores Enguix y su marido, Juan Antonio Murgui, Manolo Rius, Ernesto Ríos, Pilar García Goyeneche, Jaime Siles, Maria José Corell, Ramiro Verdejo, Alfonso Pascual, Socorro Maldonado, Jaime Martí, Jaime García Matarredona, Nela Gómez Villalonga y Pilar Vidal y el comisario de la muestra Alfonso de la Torre.
Otro artista valenciano, JARR, inauguró el viernes exposición en Godella y estuvo acompañado por artistas como Natividad Navalón, Joan Verdú y Carmen Luján, Claudio Zirotti y Trini García, Mª José Torrente, Javier Calvo, Roberto Moltó, Elena García, Carmina y Fernando Durán, Begoña Albert, Amelia Delhom, Encarna Roig, Guillermo Martorell y Mamen Puchades, Cristina Pérez-Broseta, Amparo Ortuño, Alfredo Esteve, Reme Hidalgo, Juan y Marcelo Soto, Iván Martínez-Colomer y Ana García-Rivera y Carolina Murcia.

martes, 26 de septiembre de 2017

Expertas en diseño, moda, arte, cotilleos…

La vida social valenciana es como una tómbola, nunca sabes lo que te depara mañana. Esta semana ha tocado el diseño de interiores.
Alguien debería impartir un máster en vida social. Suena frívolo, pero la verdad es que no es fácil estar siempre a la altura. Un día vas a una presentación de zapatos y se supone que debes tener algo que decir sobre las hormas y los cordones; otro te llevan a una exposición de arte, y algo tendrás que decir sobre el color y las formas. Hay citas para inaugurar una terraza de verano, en la que lo que se espera de ti es que sepas quién es el último novio de fulanita, ex novia de menganito que la dejó porque a su madre no le acababa de convencer la chica, ¡demasiado poco para su niño!, y ahora mira con quién sale: rico, joven, guapo y bien posicionado;  ¡habrá que ver la cara que se le ha quedado a la madre de menganito!… Y así un día tienes que ser frívola, otro intelectual; uno modosita, otro aguerrida feminista … En fin, una vida de locas.
Esta semana le ha tocado el turno al diseño de muebles, decoración, iluminación. Todo gracias a la Valencia Disseny Week y la Feria Hábitat, que ha llenado la ciudad de cócteles, presentaciones, aniversarios y todo tipo de eventos vinculados al mundo del diseño.
El miércoles, Adrián Salvador y Lucas Zaragosi de Estudio Savage abrieron las puertas de su estudio en Ruzafa y presentaron sus nuevos proyectos de diseño. Estos chicos hacen de todo: ropa, diseño de lámparas y hasta bolsos en ediciones limitadas que se rifan en Londres y NY. A su estudio fue Mayrén Beneyto, Meritxell Barberá e Inma García, de Taiat Dansa, la artista Nanda Botella, la doctora Amparo Zaragosí, el pintor Javier Calvo y la arquitecta María José Tatay.
Esa misma noche, Capdell celebró su cincuenta aniversario la empresa de mueble de Jesús Navarro. Fue en Coven Carmen, una vieja capilla reconvertida en espacio para eventos. Decoración de globos, catering del bueno y una música discotequera que se agradece en estas fiestas, donde a veces castigan con chill out soporífero. Allí estuvieron Carlos Tíscar, Luis Salinas, Isidro Ferrer, Pedro Díaz Cano, Vicente Carrasco, Fran Silvestre, Andrés Alfaro Hofmann, Mateo Climent y Sigfrido Serra, Isabel Rubio y Amparo Ros, Carlos Serra, Federico Varona, Chano Vernetta, el artista Claudio Zirotti con Trini García, Jarr, Amparo Ortuño, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, Laura Grande, Iván Martínez-Colomer y Ana García-Rivera, Vicente Gracia y Mónica Piñones, María Ferrando, Javier Martínez Rubio con su inseparable Coté Soler, que a ella le da igual que haya música ochentera que setentera, y Mónica Ibáñez.
Al día siguiente, el Colegio de Diseñadores de Interior celebró su aniversario en el Mercado de Colón. Fue un encuentro entre colegas, como Pepe Cosín, Antonio Salinas,  Sigfrido Serra, Mateo Climent, Carmen Baselga, Jorge Belloch, Ramón Bandrés, Juan Gallart, Tono Lledó, Juan Antonio Pascual o Susana Lozano.
Y la semana también dio para encuentros de moda. Carmen de Rosa reunió en el Ateneo Mercantil a Josep Lozano, Amparo Chordá y Mª Rosa Fenollar para hablar de diseño emergente, nuevos talentos y la situación del sector. 

Vuelve Maria Antonieta

Si María Antonieta no hubiese vivido la Corte dieciochesca de Versalles, tendría que haberlo hecho en el Sedaví del siglo XX. Con algún retraso, los valencianos supimos entender el gusto recargado de la Corte de Luis XVI, sobre todo en lo que afecta a los muebles. Tanto es así, que María Antonieta dio su nombre a un tipo de sillón.
Dos siglos después, la industria del mueble valenciana relanzó ese tipo de muebles y lo exportó a medio mundo. Firmas como Mariner y Mariano García decoraron los salones y dormitorios más elegantes del mundo y nos llenaron a todos de orgullo cuando los pusieron en series como Falcon Crest, Dallas o Dinastía.
Los muebles de usar y tirar llevaron a esa industria al borde del abismo. Pero puede que no esté todo perdido. El jueves, Verónica Montijano, nieta de Mariano García, presentó las dos primeras piezas de una colección que intenta recuperar el trabajo de ebanistas, restauradores y tapizadores: la Porter Chair y el Porter Love Seat Luis XV son dos réplicas de muebles artesanos de estilo francés.
La presentación se hizo en Cirilo Amorós con un cóctel que parecía sacado de la película Maria Antonieta, de Sofía Coppola. La mermelada fue una recreación de Verónica inspirada en la que tomaba María Antonieta, las bandejas de plata donde se sirvieron los dulces son de su madre Ana García y hasta las velas estaban hechas ad hoc.
Verónica estuvo acompañada por su marido, José Luis Vilanova, su madre y su tío, María José Lladró, que se ocupó del catering y Regina Cot de las flores. También estuvieron Laura y Blanca Fitera, José Miguel Martínez Medina y Antonio Almerich, la diseñadora Presen Rodríguez con su hijos José y Maribel Cosme, Amparo Lacomba, Mayrén Beneyto, el sastre Antonio Puebla, el doctor Murgui, Marta García con su marido Jorge García y su hermano Fernando, Lola Narvaez, Esther Barrera, María Cosín, el joyero Vicente Gracia, Toni Salinas, Pepe Picó, Chimo Escario y mucha gente del mundo del interiorismo y la decoración.

martes, 19 de septiembre de 2017

Nueva renaixença

La sociedad valenciana vive un renacimiento. La crisis la dejó catatónica durante diez años, y ahora parece que por fin recupera el pulso. Pero que nadie se engañe, las cosas ya no son como eran.
Antaño el glamour valenciano se citaba en eventos frívolos y estetas, en los que la conversación más profunda era la que hablaba de la temperatura idónea para el champán. Ahora la alta sociedad valenciana se cita en galerías de arte y en exposiciones. Los cuadros y las esculturas han sustituido a los coches y los yates; las galerías de arte y los estudios a los hoteles lujosos que parecían sacados del mismísimo Dubai.
Así es que, chicas, ya sabéis: id desempolvando los apuntes de Historia del Arte de COU. Todo apunta a que a partir de ahora, el champán ya no lo tomaréis hablando del vestido que llevaba el otro día fulanita, comprado en la tienda de menganita y con arreglos de futanita. Ahora hay que estar preparada para mantener una conversación sobre la composición y el cromatismo en la búsqueda de un concepto rompedor de la imagen. Y claro, si alguien te viene con esas, no puedes quedarte mirando con sonrisa de pava, mientras piensas: “¡qué daño me están haciendo estos zapatos!”. Tendrás que responderle algo de tipo: “Si, tienes razón. Yo creo que eso obedece a una innegable evolución darwiniana de la estética formal.”
Para empezar, hay que ir pensando algún comentario sobre las berenjenas, alcachofas, limones y demás que jalonan estos días la ciudad. Si alguien, en algún evento, se acerca a ti con su americana negra tipo mercadillo, sobre camisa gris sin corbata, pelo mal peinado y una perilla, y te pregunta sobre la alcachofa que hay en la puerta de la Longa, ¿qué le dices?; ¿qué es una monada?, ¿que responde a la necesidad del arte por superarse a si mismo exaltando las formas banales como medio para crear un nuevo cosmos conceptual?, ¿o simplemente que a ti las alcachofas sólo te gustan en la paella?
El caso es que ahí está, esa enorme berenjena frente a la fachada barroca del Palacio del Marqués de Dos Aguas. Un poco más allá, en la Lonja, una alcachofa. En las Torres de Serrano un tomate y junto a la catedral un pimiento. Son reclamos para acoger una de las jornadas que se celebran estos días sobre alimentación sostenible. Y tú te quedas ahí, mirando el pimiento, e imaginándotelo frito con ajos y tu mojando media barra de pan en el aceitito. Pero tú, lo que llevas en el bolso es un batido que te ha dado tu nutricionista para sustituir la cena por ese mejunje.
A lo que íbamos. La vida social valenciana renace fundiéndose con el arte y la cultura. Esta semana galerías de arte han sido las protagonistas.

La cita más destacada fue la de Ana Joudí en su galería Shiras. ¡Qué pasada de inauguración! La sala donde exponía Antonio Girbès se quedó pequeña para tanto invitado: Mayrén Beneyto, Mariangeles Fayos, la pintora Helga Grollo con su marido Mario Pilato, Angel Villanueva y Laura Gallego, Mª Angeles Miguel, Eva Marcellán y Alfonso Manglano, María José Albert, Ana Joudí, María José Navarro y Pilar Millán, Mª Carmen Pérez, Carmen Alborch, Paloma de Miguel, Vicente Castellano, el doctor Zahrawi, Teresa Nuez del Rotary Club Valencia, Ana Ibañéz, Paco Fandos, Manuel Franco, Elena Dionís, Cristina Marsellan, Juan Beneyto y su mujer Feli. Julián Lopez y Maria José Peidro, Alejandro Betancourt, José Pedro Martinez (hijo del coleccionista Martínez Guerricabéitia), Maite Ibañez (La Nau), Encarna Roig, el arquitecto Carlos Salazar, el comisario de arte Boye Llorens, el los pintores Horacio Silva, Sebatián Nicolau, Ximo Amigó, Nuria Rodriguez, y el presidente del Círculo de Bellas Artes, Gerardo Stübing
Otra galería valenciana, Tapinearte, abrió con una exposición de Antonio Moya y allí estuvo el artista, apoyado por su amigo el pintor Vicente Colom y su mujer Susana Marichán, el empresario Francisco Corell y su mujer Salomé Quiles, Vicente Simó, un auténtico gentleman, y Nuria Vilarrasa.

El Mercado de Colón también inauguró exposición, esta vez sobre dragones, Resulta que un fotógrafo inglés de nombre Mark Sicon ha sacado fotos de los dragones esculpidos en las fachadas modernistas del ensanche y los ha reunido en una exposición sorprendente.
A la inauguración acudieron los hermanos Alfonso y Fernando Manglano, las hermanas Viki y Verónica Pons Soria, el doctor Mira y su mujer, Silvia Pardo, Fer Mata, Noemí Carrasco, Teresa Badía, Paula Todolí y Delia Barral.
La semana también tuvo un hueco para actos benéficos, que hacen mucha falta. El viernes, Manos Unidas Valencia celebró su tradicional cena de hambre con la Fundación Once. Una iniciativa en la que han trabajado, entre otros voluntarios, el presidente de Manos Unidas en Valencia Eladio Seco de Herrera, Pilar Máñez (Manos Unidas y Fundación ONCE) y José Manuel Pichel, delegado de la Fundación ONCE en la CV.

Por lo demás, la agenda social ha estado marcada por las pasarelas. Francis Montesinos presentó su colección el viernes en Madrid y subió a la pasarela a su modelo favorita, Sara de Antonio, y también a las hermanas Encarna y Toñi Salazar (Azúcar Moreno), que fueron la sorpresa de la tarde. Fueron a ver el desfile amigos e incondicionales como Josevi Plaza, Alex Quiroga, Amparo Panadero, Javier García alberni, Blanca Pons Sorolla y Rosa Martínez.
La Pasarela de Madrid empieza justo cuando acaba la de NY. Este año, un grupo de valencianos del Club Moddos se fueron así como quien no quiere la cosa  a Nueva York a ver uno de los desfiles. Josep Lozano, María Dolores Enguix y Marcelo Soto, María José García Padilla y su marido el empresario Enrique Duart, Julia y Cristina Pérez Broseta, Luz Agulló y Amparo Ortuño, el pintor JARR, Guillermo Martorell y Mamen Puchades, Begoña Albert, Julio Rodrigo y Alina Giorgeta. Vieron desfiles, visitaron la sede de Porcelanosa en Madison Square, cenaron en los sitios de moda como Cipriani Downtown, Buddakan o Bathazar y han provocado que más de una sienta ahora mismo envidia máxima.



lunes, 10 de julio de 2017

Verano del ochenta

¡Qué tiempos! Eran principios de los ochenta, y en Valencia había un grupo de música en cada garaje de los chalets que habían comprado nuestros padres, después de liquidar la escuálida hipoteca del piso de Valencia. Entrábamos en Europa, había dinero y confianza en un futuro mejor. Era un buen caldo de cultivo para una explosión cultural. Salieron grupos como Glamour, Betty Troup, Video. El tiempo acabaría echándolos al rincón del olvido, quizás porque no le pusimos nombre a todo aquello, como sí que hicieron los madrileños con la movida, y les fue mejor que a nosotros. En la radio sonaba escuela de calor, de Radio Futura; Gold, de Spandau Ballet; Don`t You, de Simple Minds; y también Dignity, de Deacon Blue.
Los más pijos iban a Cala o a Dreams Village y escuchaban funky. Otros iban a Barraca y Chocolate para escuchar pop guitarrero. Los modernos de todas partes se morían por vestir de Montesinos. En la plaza de toros actuaron los Cure; en Pacha, Depeche Mode e Inmaculate Fools. Valencia era la bomba. De aquella época salieron grupos como Seguridad Social, Comité Cisne o Presuntos Implicados. También los Inhumanos, un grupo de amigos de lo más gamberro que veraneaban juntos en El Perelló y que dieron el pelotazo con aquella canción tan naif sobre hacer el amor en un Simca 1000. 30 años después, Sergio Aguado, vocalista del grupo, Nacho Aguado y Roberto Herráiz, están empeñados en recuperar la memoria de todo aquello.
Hace dos años organizaron La Noche de la Movida Valenciana en la Feria de Julio, y este verano repetirán algo parecido en una discoteca de Javea. Allí sonarán en directo temas como la Chica de ayer, de Nacha Pop, la noche no es para mí (video) o Déjame (Los Secretos). Sergio no tiene demasiado apoyo de las instituciones públicas valencianas.
La gente de Compromís no se identifica demasiado con canciones con letras como “tu eres una foca” o “las chicas no tienen pilila”. No son cantautores que duermen a las setas, con letras reivindicativas que te hacen pensar en la fuerza de un pueblo que renace tras años de opresión. El jueves, en la terraza del Corte Inglés de la Avenida de Francia, se hizo la presentación oficial del concierto con un anticipo de lo que sonará en Javea en agosto. Además de los músicos participantes Quique López, Fede Frottoman, Eddy Suay, Guille León, Jorge Moreno, Raúl Celda y los tres abogados que forman parte de los DJ Funky Lawyers: Luís Jordana, Suso Frutos y Diego González.
Estuvo también el empresario Ricardo Rodríguez Alfaro con su mujer Maria Sánchez; Paula Blanco y Natalia Malillos, los abogados Vicente Rodríguez, Federico Moreno y Luis Pérez de Guzmán y Trénor, el empresario Pepe Parés, Álvaro Martinez-Medina, la interiorista Susana Lozano, Fran Bolinches, Irina Manglano, Francisco Catalá, Pedro Jiménez y Mariaje Recasens, el abogado Chimo Cuevas y su mujer la ginecóloga Eva Carvajal, Fernando Pontes, los farmacéuticos Eduardo Reyes y Beatriz Alcocer, Álvaro de Lanzas, Mariano García y Mariángeles Mallent, el doctor Juan Arago y el notario Paco Badía.

lunes, 3 de julio de 2017

Con viento de poniente

¡Madre mía, qué calor hizo la semana pasada! Así no hay quien salga a la calle, y casi que mejor porque con estos sudores no hay forma de ir medianamente arreglada. Ser elegante en Bilbao o Gijón no tiene mérito. Allí se ponen un vestidito camisero y una rebequita por si refresca y, ale, sin arriesgar van de lo más monas. Ah, pero aquí quisiera verlas yo a ellas. Con treinta y cuatro grados y viento de poniente. Ahí es donde te la juegas, bonita, a ver qué te pones y cómo aguantas la compostura. Las chicas del norte piensan que la elegancia tiene que ver con la sobriedad. Hombre, claro. Si te pones un vestidito negro, gris o azul marino no cometerás ningún error combinando colores, pero resultarás de lo más aburrida. Lo difícil es llevar un vestido de pedrería sobre una seda de color y unos pendientes importantes y salir airosa de la faena. Ahí también te quiero ver. Con un maquillaje potente para que el vestido no pueda contigo, un peinado sofisticado y un par de taconazos. Aquí las quisiera ver, poniendo a prueba el maquillaje y la peluquería con una humedad del 70 por ciento. La fiesta de cumpleaños de María José García fue la constatación de que se puede ser elegante en una noche de calor sin caer en el aburrimiento del siempre socorrido negro.
María José es la mujer del empresario Enrique Duart. Cumplía setenta, pero estaba juvenil y radiante como si fuera una niña. Celebró la fiesta en Duna Puerto, en la Marina, acompañada por toda su familia, su marido Enrique y sus hijos Mónica, Enrique y Mª José, sus yernos Álvaro Mocholí y Juancho Pascual y sus nietos. La noche empezó con Moët y acabó con gintonics, como sucede en las mejores fiestas. Pero lo mejor fue la alegría mediterránea que se respiraba, los vestidos llenos de brillo y color, que recordaban a aquellos cócteles glamurosos de las pelis de los cincuenta. Mª José llevó un vestido rosa de su diseñadora favorita, Amparo Chordá, en crepé de seda malva con organza de seda natural tintada al tono y crinolina y unos pendientes chandelier de Sie7e hechos con corales y diamantes. Su hija mayor, Mónica, un vestido largo de tul de seda bordada con cristales y pedrería.
Allá donde mirabas la noche era una fiesta. Mamen Puchades iba con un vestido estampado verde lima, Ana García Rivera con uno de noche lleno de pedrería y escote halter, María Dolores Enguix, también de largo, compensó el gris con un chal rosa, Laura Fitera lució como sólo ella sabe un vestido rojo Valentino, y se atrevió con una flor en el pelo; Amparo Lacomba un verde lavanda de lo más refrescante y hasta Mayrén Beneyto, que suele vestir más discreta, eligió un vestido naranja de seda oriental con un impresionante collar de corales que sólo luce en contadas ocasiones y una cartera de estampado felino. El vestido también era de Amparo Chordá. A María José García la acompañaron amigos de la infancia, del colegio y de su pueblo, Benifaió, como Flora García, Mari Carmen Rovira, Victoria Serrano, Tere Bas y Mari Carmen Asins. También estuvieron sus hermanos Luís y Manolo con Aurora y Mari Carmen, Rosa Gumbau, Salvador Grau y Salvador Galdón. Además estuvo el grupo de amigas de la Orden del Querer Saber: Mercedes Fillol, Blanca Fitera y Laura, que vino con su novio Toni Jordán, Amparo y Vicente Lacomba, Marisa Marín, Marisa Torrijos y Agustín Díez Cisneros. Amigos de sus hijos como Andrea Villafañe, de verde aguamarina, y José Mª Buldú, María Serrano y Fran Rogero, Núria Gálvez y Rafa, Ana García-Rivera e Iván Martínez-Colomer, Marta García Gámiz, y Paloma Duart.
Josep Lozano compartió mesa con JARR, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, Alfredo Esteve, que acababa de llegar de París, Mamen Puchades y Guillermo Martorell. También estuvo Daniel Moragues, Iñaki Verschraege, Hugo Navarro y su mujer Paula, Pilar y Vicente Vidal, Vicente Calatayud y Teresa Arcos y los periodistas Ángela Pla y Fernando Ferrando.

lunes, 26 de junio de 2017

Pese a todo, la gente sigue casándose

Francis Montesinos es como los juncos. Por muchos reveses que le da la vida, siempre vuelve a levantarse. Esta semana ha presentado su nueva colección de vestidos de novia.
Las bodas han hecho un viaje de ida y vuelta. Nuestras madres se casaban para tener una familia. Nosotras lo hicimos para vivir con nuestra pareja sin necesidad de ir escondiéndonos en viajes que decíamos hacer con nuestras amigas, cuando en realidad nos íbamos con el novio. Vivíamos en pecado a espaldas de nuestras madres que hacían la vista gorda. Ahora que ya nadie se esconde para vivir con su pareja sin haber pasado por el juzgado o la vicaría, la gente vuelve a casarse para fundar una familia. Cuando llega la hora de la verdad, cuando van a tener hijos, es cuando los jóvenes de ahora sienten la necesidad de oficializar su compromiso. Bien mirado es mucho más honesto. Antes se casaban para hacer “lo prohibido” sin cargo de conciencia. Nosotras nos casamos para hacerlo con libertad, de lunes a domingo y no sólo los fines de semana. Ahora ya no hay nada prohibido y los que se casan lo hacen sin otro apremio que el de pasar la vida juntos. Quizás todo esto haya llevado a una extremada sofisticación de las bodas; la celebración ya no es un trámite necesario, ya no hay prisa, no vale con cualquier cosa. Si no se hace este año, se hará el que viene. Si antes la decoración se limitaba a las flores, ahora son puestas en escena dignas de un director de arte. Aquí es donde entran en acción las wedding planners, que se ocupan de tematizar tu boda. Te encargan un logotipos con las iniciales de los novios, que se estampan en los tarjetones, las minutas y hasta las servilletas y manteles. Las mesas ya no se numeran del 1 al 20. Ahora suelen tener nombres alegóricos, ya sean de flores, óperas o tipos de viento. Aquellas cajitas de bombones que se daban de recuerdo son ahora regalos personalizados, zapatillas de esparto para que te quites los tacones y bailes. Por supuesto no falta la mesa con chuches (Candy bar), las guirnaldas, las flechas con corazones, los carteles de madera decapada y las frases románticas que tu Pepe no te susurra al oído desde hace unos veinte años más o menos. Todo ideal, pero que conste que las chicas de la EGB fuimos las primeras en revolucionar la estética del bodorrio. Nosotras fuimos las que empezamos a abandonar aquellos salones de bodas, banquetes y comuniones decorados al estilo Falcón Crest con arcos y columnas de escayola. Buscamos entornos más naturales: fincas y haciendas perdidas en el campo rodeadas de naranjos, en donde todo era mucho más bucólico y con ese aire hippy que habíamos mamado en la cuna.
Francis Montesinos ha visto pasar a muchas novias por los probadores de su taller. Desde aquellos años en los que trabajaba con Valentín Herráiz en el primer piso de la tienda del barrio del Carmen, ha tenido días gloriosos, como el desfile en la plaza de toros de las Ventas ante más de 15.000 personas y otros muy críticos, como cuando perdió su propia marca y casi tiene que empezar de cero. Pero ahí sigue, al pie del cañón, aunque cerró la tienda, abrió taller de costura a medida y presenta colección cada temporada en la Fashion Week de Madrid. Además, mantiene varias licencias, desde ropa de cama, hasta vino, muebles o fundas de móvil. Últimamente se ha embarcado en aventuras tan curiosas como diseñar una colección para Gene Simmons, el bajista del grupo Kiss, o prestar su imagen y dedicar su último desfile para una campaña del principado de Asturias. ¡Hay que verlo escanciando sidra y escuchando a los gaiteros! Y así, sin perder la eterna sonrisa, Francis presentó este jueves su colección de novias en la tienda Atelier. Allí estuvo su inseparable Kike León, que puso la decoración floral; el joyero Vicente Gracia, su amigo Josevi Plaza y la modelo que siempre cierra sus desfiles vestida de novia, Sara de Antonio. Los vestidos de novia de Francis son románticos. Los hay con cuello halter y palabra de honor, con tejidos clásicos como el mikado de seda o el tul y también de organza de seda, uno de los tejidos que el diseñador utiliza para crear delicadas mangas japonesas y faldas de capa con mucho vuelo y cola.