lunes, 11 de mayo de 2015

Fiesta de Telva

Ya estamos en plena campaña electoral, ¡qué pereza!; volveremos a la matraca de siempre: esa que nos promete el cambio. Lo venimos oyendo toda la vida. Siendo niñas, Suarez nos prometió el cambio y con ese cambio pasamos de niñas a adolescentes. Luego llegó González, volvió a prometer el cambio y con él nos hicimos mujeres. Vino Aznar, nueva promesa de cambio, y nosotras volvimos a cambiar: nos casamos y fuimos madres. Nuestros hijos han crecido con Zapatero y Rajoy, ahora que nosotras nos enfrentamos a esa plácida etapa de la vida que se inicia a los cincuenta, vienen los chicos de Podemos y Ciudadanos con nuevas promesas de cambios: ¡Jo pe!, aquí no así no hay quien se aclare. Una cosa es que cambien nuestras hormonas, con eso ya contábamos desde la más tierna infancia, y otra que con cada cambio hormonal te pongan el país patas arriba.
A la que le guste la política ya tiene plan para los próximos días: de mitin en mitin, de un debate a otro, reuniones sectoriales y ¡ale! todas a aplaudir y a reír las gracias sosas del líder de turno. Claro que no a todas les va ese rollo, así es que habrá que buscar planes alternativos, no vaya a ser que tu amiga forofa la política tenga su agenda a rebosar y la tuya esté más aburrida que Jorge Javier Vázquez siguiendo un debate del Congreso de Diputados.
No os preocupéis, Telva viene en nuestra ayuda. El 14 de mayo ha organizado una fiesta Mediterránea de lo más chula. Será en el Hotel de moda, el Balandret, en el paseo de Neptuno, y el dresscode es “casual”, así es que, las que afortunadas que hayan recibido invitación no tendrán que complicarse mucho la vida, un vaquerito con taconazos y una blusita lencera, o un mono o vestidito coqueto, y listas, pero siempre con mucho estilo, que en las fiestas de Telva ya se sabe que las chicas van de lo más chic, acordaros si no de la última que organizó en La más bonita.
En la fiesta habrá más de 300 invitados, catering de Cocotte de Bárbara y Paula Jiménez de la Iglesia, chupitos y cócteles con ginebra Ginself de mandarina, azahar y un suave olor a chufa, super cochazos Audi de Levante Wagen para recibir a los invitados VIP y hasta detallito de la Joyería Sie7te. Y todo eso en un hotel tan coqueto como el Balandret, decorado por Carlos Serra de El Mercader de Indias y con el toque chic que dan a los eventos las hermanas Rosana y Lorena Oliver, de Araventum. Ya me lo estoy imaginando, a las ocho de la tarde, tomando un gin-tonic frente a playa de la Malvarrosa, mirando el mar y hablando con las amigas sobre el programa electoral de Podemos mientras vemos el atardecer con el cielo rojizo… ¿qué más se puede pedir? La vida social valenciana ha estado algo más animada esta semana.
El jueves, el Hotel Astoria montó un afterwork en su terraza, que tiene una de las mejores vistas de la ciudad, con mojitos clásicos y de fresa. Y esa misma tarde, la diseñadora Dolores Mollá presentó su colección de costura en su nuevo taller en Convento Santa Clara. Vestidos de novia y fiesta, voluminosos y con encajes, clásicos e inspirados en los años 30 y 40. Mollá comenzó en Barcelona, en Santa Eulalia, luego estuvo en el taller del maestro Juan Izquierdo y de ahí paso a Juan Andrés Mompó hasta que creó su propia firma. Y la semana que viene, ¡más moda! En plena campaña electoral, el Museo L’Iber de los Soldaditos de Plomo, en la calle Cavalleros, ha organizado una Pasarela de las Artes. Alejandro Noguera está intentando dar mayor contenido al Museo y con la iniciativa de Ana Carreño y Marian Romero ha montado una pasarela de lo más apañada. Del 15 al 17 de mayo desfilarán Javier Villajos (Javier y Javier), Francis Montesinos, Theo Garrido, Coro López de Lerma, Angel Albiarch, Alessandro Corsini, Jack Rincón y Nadia Zein.

lunes, 4 de mayo de 2015

Jueves sosos

Imaginemos que cualquiera de vosotras dirige una tienda de artículos de lujo. Las ventas no han dejado de caer en los últimos cinco años. Desde hace meses escucha hablar de la recuperación, pero a su tienda sólo entra gente a pedir cambio para la máquina de la Ora. Día tras día ojea la base de datos de sus clientas de antaño, aquellas que venían temporada tras temporada y le alegraban la vida. Llama a una, a otra y a otra más. Todas le prometen que pasarán la semana que viene, pero nanai de China. Allí el único que hace caja es el gorrilla que organiza el aparcamiento de la calle.
Entonces, nuestra intrépida directora de tienda decide pasar a la acción: “Si no vienen por las buenas, vendrán por las malas. Organizaré una fiesta como las de antes. Un jueves por la tarde, con champán, canapés y algún que otro famoso que actúe de gancho. ¡Je!, a ver quién es la guapa que no viene, el resto la echará en falta y se notará que se esconde”.
Dicho y hecho: las confirmaciones de asistencia colapsan el mail de nuestra directora.: “¡Que buena soy!, -piensa ella-, la que no vende es porque no se mueve, pero yo no soy de esas.” Llega el jueves, siete de la tarde, la tienda a rebosar, las gente en la calle, el ambiente evoca a los años de bonanza. Todo fenomenal de la muerte. Ahora sólo falta sacar el datáfono y quemarlo. Pero la fiesta se acaba, la gente se va, el datafono no ha pegado un palo al agua y la caja sigue vacía. Nuestra directora piensa: “no pasa nada, el objetivo está cumplido. Han visto la colección, mañana vendrán. Ya verás, ya, el gorrilla no va a dar abasto, me va a hacer un monumento.”
Pasa un día, otro, una semana, se acaba la temporada y el datáfono sigue trabajando menos que la máquina de la Ora un domingo. Al año siguiente, nuestra directora dirá que la que quiera champán, se vaya de boda. Y esa es, un poco caricaturizada, la razón del porqué las tiendas de lujo de Valencia se están estirando menos que un portero de futbolín con sus clientas: no hay retorno, la gente no gasta ni aunque la atiborres de champán.
No pasa lo mismo en todas partes, en Madrid, por ejemplo, las agencias de eventos desaconsejas montar saraos en jueves, porque hay tantos que la gente se dispersa demasiado. Ese es al menos el consejo que le dieron a la joyería valenciana Sie7te que ha decidido inaugurar una tienda en pleno barrio de Salamanca. Habrá que ver si el problema es que en Valencia faltan ricos, o es que los que lo son, no están en las listas de las tiendas de lujo. Ya se ha dicho que los adinerados valencianos de toda la vida, ahora están caninos y que la pasta está ahora en otros sitios. No sé, quizás lo que tenga que hacer nuestra hipotética directora es pasearse por lo polígonos industriales y repartir allí tarjetas a destajo.

domingo, 26 de abril de 2015

Astenia primavera

Los primeros calores primaverales provocan astenia: esa sensación de cansancio y de apatía que te empuja a tumbarte en la cama y pasarte un par de horas mirando al techo. A la mente te vienen las letras de viejas canciones, aquellas con las que te deleitabas a los quince años pensando en el chico de tu vida. Llegas del trabajado, la cena por hacer, los niños peleando, tu marido protestando por cualquier cosa y tú allí, tirada en la cama canturreando canciones de Los Panchos: “(…) Cuando calienta el sol allí en la playa, siento tu cuerpo vibrar cerca de mí…” Sabes que vas tenerte que levantar, pero dejas pasar otro rato, y otro más: “(…) Espera un poco, un poquito más para llevarte mi felicidad…” 
Entonces vibra el móvil, ha llegado un WhatsApp. Haciendo un acopio titánico de fuerzas te giras, levantas el brazo, coges el móvil, aprietas un botón y ves el mensaje. Allí está ella, la todopoderosa Vicepresidenta del Gobierno bailando sevillanas en la Feria de Sevilla. ¡Dios mío, qué vitalidad, con la de cosas que tendrá que hacer ella mañana y mírala, ahí está taconeando el suelo como si no hubiese hecho otra cosa en toda su vida! Mandas tu astenia a tomar viento: si ella puede, tú puedes. Te levantas y te pones en marcha, de camino piensas: ¡Jo pe, estos políticos todavía sirven para algo, fíjate me ha quitado la astenia de un plumazo!
La vida social valenciana ha pasado también su semana de astenia. Aquí no hay Feria, aunque más de un restaurante monta saraos andaluces para animar el cotarro. El Astoria organizó el jueves un afterwork de lo más colorido con farolillos de feria, rebujitos y la retahíla de tapas andaluzas: calamares, chopitos, tortitas de camarón… Su director, Joan Solvevilla, catalán él, regaló rosas por San Jordi, matando dos pájaros de un tiro. No fue el único sarao de la semana.
El mismo día, el Club Moddos celebró una fiesta en el Ateneo Mercantil sin más motivo que la primavera y San Jordi. Hubo catering de El Alto, jamoncito del bueno, vinos de Javier Monedero y hasta trufas Martínez. Ivan Martínez Colomer y su mujer Ana García, Josep Lozano y Lluís Nadal ejercieron de anfitriones con muchos de los invitados-socios del club, entre ellos Patricia Montoro y Manolo Peris, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, la doctora Luz Aguiló y Elena Gandía, Lila Albanozzo, Encarna Roig, el Doctor Rahhal y Amparo Ortuño, Guillermo Martorell y Mamen Puchades, Juan Romero y Carmina Turel, Irene Caña, Susana Gómez, Alberto Collado, Ángela Bayona y Juan Fernández Teruel, Almudena Lafuente, Fernando Valle, Carolina Murcia, David Cantó y Lola Ruiz, Alfredo Esteve, Aurora Reig, Andrés Ballesteros y Ronan Risselin, Teresa Martínez, Enrique Ballesteros y Marcial Ródenas, Fermín García de Blas, José Ramón Conejos, Joan Soldevila, Esther Hervás y Begoña Povo, Antonio y Pablo Jordá, Mónica Duart y Álvaro Mocholí, Jesús Alfonso, Fernando Aliño, Reme Hidalgo y Santiago Guillén, David y Pablo Escolá, el pintor Jarr, Ana Ramírez, Manuel Navarro, Miguel de Vicente, Iñaki Verschraege, Jorge Alcocer, Tano Vedrí, el Doctor Murgui, Julia Pérez-Broseta y Constantino Martínez.
Pues eso chicas, a salir de casa y a bailar tal que si fuéramos Soraya, que como dice Emilio Duró, el noventa y nueve por ciento de las cosas que nos preocupan en la vida no han pasado nunca ni tampoco pasarán. Para empezar, nada como un par de cervezas y una tapita para levantar el ánimo. Del 23 de abril al 3 de mayo, veinte restaurantes de Valencia han montado con cerveza Turia unos menús de tapitas de lo más apañados por dieciocho euros y otros cincuenta se han apuntado a la ruta del “tardeo”, copa y una cerveza por 2,5 euros y copas a cinco euros. Habrá que ir porque ya se sabe: “(…) Si tú me dices ven, lo dejo todo.”

martes, 21 de abril de 2015

Mayo vuelve a sonreir

La salud económica de un país podría calibrarse por el boato que se le da a los banquetes de la Primera Comunión. Cuando las cosas van viento popa, verbigracia los años en los que las tarjetas de crédito rezumaban por las costuras de nuestros bolsos, las comuniones rivalizaban con las bodas: menús de sesenta o setenta euros y varias docenas de invitados. Ibas andando por la calle y en cuanto te descuidabas, te cruzabas con una amiga que no veías desde que tenías novio y ¡pataplán!, te invitaba a la Comunión de su hijo. Por supuesto, se celebraba en último hotel de lujo que se había inaugurado para dar cobijo a los dueños de los megayates que se esperaban para la Copa América. Y allá que te ibas tú, a consultar el saldo de cada una de tus tropocientas tarjetas, a ver si rascando un poco de cada una, equipabas a la familia para el evento.
De ahí pasamos a la celebración familiar: poquita cosa, una paella y poco más, que el niño no crea que el dinero llueve del cielo. Te enterabas de que el hijo de tu mejor amiga había tomado la Comunión quince días después: “(…) Hicimos una cosa muy para los de casa porque no nos apetecía todo el rollo ese del hotel”. Y tú asentías con la cabeza y pensabas, ¡uff!, de la que me he librado; si ésta me llega a invitar, me quedo sin peluquería tres meses.
Ahora estamos en un término medio: menús aseados y una lista de invitados muy ajustada. Vamos, lo de toda la vida, lo que nos hicieron a nosotras allá por los años setenta y ochenta.
Lo que no ha cambiado prácticamente nada es el equipamiento familiar: traje de comunión para los niños, vestido de cóctel para la mamá, el papá se pone el mismo traje azul marino de la comunión del mayor y los niños cada uno de un estilo, que ya no se lleva que vayan perfectamente conjuntados.
De moda infantil sabe un rato José Vivó, que acaba de trasladar su tienda de niños Cristina al número 11 de la calle Sorní. La tienda es una monada, con ladrillo cara vista, enormes escaparates de cristal y un montón de luz natural. Jose fue de los primeros que trajo a Valencia firmas que rompían con la tradición de vestir a los bebés de azul y rosa pastel o llenar a las niñas de flores Liberty. En Cristina hay camisetas roqueras, vestidos hippies y pantalones surferos, mochilas de piel con flecos y firmas tan chulas como Stella McCartney Kids, Finder in the nose, Maison Scotch o Bellerose, que arrasa en Centroeuropa. Además, el propio Jose diseña una colección de ropa de ceremonia que huye del típico vestido de comunión pero sin llegar a romper con la tradición. Que vayan monas pero sin excesos.

La que más y la que menos, este mes tiene alguna comunión o boda y eso los diseñadores lo saben. Bárbara Torrijos organizó el viernes un desfile en el Mercado de Colón con toda su colección de primavera: vestidos de cóctel, faldas lápiz, pantalones palazzo de gasa (de esos que parecen faldas pero son pantalón), estampados y color, mucho color.
Las joyas del desfile, de Argimiro Aguilar, fueron piezas muy veraniegas en plata con piedras swarovski moradas, rosas y azules. Esta temporada hay que huir de los grises, chicas. Para muestra, el último escaparate de Lourdes López en Patos: dos vestidos de Azzedine Alaia, uno verde y otro rojo, combinados con bolsos en contraste rojo y verde, ¡una pasada!


Para escaparates, los que montaba Enrique Lodares cuando tenía la tienda en Marqués de Dos Aguas. Lástima que ya no podamos ver sus vestidos de cóctel, aunque sus clientas lo siguen fielmente en el taller de la calle La Paz. Esta semana recibió el premio Aguja Brillante del Gremio de Sastres y Modistas con una cena de gala en el Ateneo Mercantil. Allí estuvo su presidenta, Carmen de Rosa, el presidente de los sastres y modistas, Fran Tochena, y mucha gente del gremio felicitándole.

lunes, 13 de abril de 2015

El diablo sabe a brócoli

Isabel Preysler ha desvelado esta semana el secreto de la eterna juventud. La musa del glamour apareció en El Hormiguero tan joven y espléndida como hace cuarenta años. Allí estaba, con edad para ser la madre de Pablo Motos, pero a juzgar por su aspecto bien podría ser su novia. ¿Qué extraño pacto habrá hecho esta mujer con el Diablo o con quién demonios sea, para mantenerse así? Con los ojos fijos en la pantalla, a una le daba miedo levantarse, no fuese a ser que su rostro no se reflejase en cualquier espejo y le diese un síncope.
Hasta que de pronto, la filipina da su receta de la eterna juventud: todos los días desayuna un batido con brócoli, pimiento verde, col rizada, espinacas, manzana, calabacín y zumo de lima. O sea, que no hay pacto con el diablo, lo que hay es batido de brócoli en ayunas. ¡Jope!, a eso puedo apuntarme. A la mañana siguiente, te plantas delante la nevera y buscas el brócoli, la col rizada, las espinacas y demás.
Conforme lo vas preparando, vas pensando en lo que te apetece un café con leche, pero en un alarde de fuerza sigues adelante. Ya lo tienes, te sientas en la mesa frente al batido. La cafetera sigue mirándote y preguntándote qué estás haciendo. Le pegas un sorbo, ¡Dios mío, ¿qué es esto?! Vuelves a hacer acopio de fuerzas y pegas otro sorbo. Esto no puede ser bueno, en realidad, esta es la respuesta al pacto con el diablo, es él quien está dentro de tu vaso: ¡este batido sabe a demonios!
Habrá que pensar si no estamos llevando demasiado lejos esto del cuidado del cuerpo. Cada día nos dan una receta nueva: la de Doña Letizia y el Omega 3, la alcalina, la macrobiótica… Y ahora la última, la alcalina, que también la sigue Isabel Presley desde que estuvo en Sha Wellness. Los defensores de este tipo de dietas dicen que el azúcar es uno de nuestros peores enemigos y encima nos lo metemos en vena: si en los años 50, cada uno tomaba una media de dos kilos al año, ahora tomamos hasta 72 kilos, ¡a ver quién es la guapa que se pide un cupcake para merendar!
Atiborrarse de chuches no está de moda, chicas. Ahora hay que cuidarse. Hasta los hoteles glamurosos están incluyendo en sus menús dietas saludables. El Westin acaba de lanzar un plan llamado “Sprunch”, palabro resultado de la fusión entre spa y brunch, que consiste en una sesión de spa en el Club del hotel y un brunch sanote compuesto por zumos antioxidantes y energizantes y platos preparados con SuperFoodsRx (super alimentos) como el salmón o el mismo brócoli.
Isabel Preysler también ha confesado que para mantener la tersura de su piel toma un montón de suplementos vitamínicos.
Las que quieran apuntarse a la moda de la nutricosmética pueden pasar por la nueva parafarmacia que acaba de abrir en Artes Gráficas. Es el paraíso de las frikis de las pastillas: complejos vitamínicos para mejorar el cutis, el pelo, las uñas, la piel, la circulación, para rejuvenecer... Los productos estrella son las cápsulas Hair Recovery, un complejo de vitaminas, aminoácidos y sustancias antioxidantes para tener una piel y un cabello como Isabel y la fórmula MSM pro-energy, indicado además como tratamiento anti-aging, ¡orgásmico! La parafarmacia está comunicada por con una peluquería que acaba de abrir la clínica de estética Dermiláser y que ofrece los mismos servicios que otras peluquerías, pero con productos de tratamiento dermatológico y un espacio para pacientes tratados con quimioterapia. Bueno, y sin moverte del sitio, después de retocarte las canas, puedes pasar al centro de belleza de América Galán para probar la nueva máquina que rebaja centímetros, mejora el tono muscular, reduce grasa y encima no molesta nada (no como otras que parecen potros de tortura). Se llama Alis (Alphaliposculpture) y este el único centro de Valencia que lo tiene. Aunque seguro que Isabel Preysler ya lo ha probado en Madrid.

lunes, 6 de abril de 2015

Semana Santa cultural

Semana de Pascua, de niños ociosos dando la lata todo el día; de monas y panquemados; de noches de gintonics, de maridos desfaenados que acaban dando más lata que los niños, de recuerdos de la infancia y de algún que otro novio de la juventud. La vida avanza y todo cambia, bueno casi todo, porque ahí está Sálvame de Luxe; hacía tiempo que no lo veía y la otra tarde, mientras planeaba mi semana de desidia, lo sintonicé. ¡Jo pe, qué mayores están Lydia Lozano y Karmele Marchante!, pero hablan exactamente de lo mismo ahora que hace quince años, sólo cambian los nombres, antes eran Rociíto y Maricielo Pájares; ahora Gloria Camila Ortega y Chabelita la de Isabel Pantoja. Es lo mismo que las conversaciones de fútbol de nuestros maridos, de novios hablaban de Koeman y Stoichkov; ahora de Messi y Ronaldo, pero los comentarios son los mismos ahora que entonces. Lo peor del reencuentro con Lydia y Karmele fue que recordé cuando, siendo yo niña, aparecía un famoso en la tele y mi madre decía aquello: “¡qué mayor se ha hecho este chico, con lo mono que era!” Y yo pensaba, pues lo mismo que tú. Moraleja para hundirme las vacaciones: si Lydia está mayor, ¿qué me habrá pasado a mí? La respuesta queda en el aire, mi estado de ánimo en el subsuelo, los panquemados en la despensa cual tentación luciferina y la ropa de verano encerrada en el armario con miedo a salir. Lo bueno de las depresiones prevacacionales que duran menos que unos zapatos de Prada al setenta por cien en un escaparate de la calle Colón. Pronto te das cuenta de que estás haciendo el tonto (si fuese política habría dicho la tonta) sentada ahí, maldiciendo tu suerte. Así es que te levantas, le hurtas a la mona de tu hijo la cabeza del lagarto, te preparas un gintonic y te enganchas al whatsapp a ver con quién quedas a cenar. Esta semana Valencia estará a medio gas. Habrá poca o ninguna vida social, porque la gente ha puesto pies en polvorosa y se ha largado a donde ha podido. Pero la ciudad no muere y tiene su punto snob, con aroma de intelectual cultureta, quedarse cuando todo el mundo se va. Siempre puedes decir que tu ciudad nunca deja de sorprenderte y que siempre la miras con ojos de turista. Por ejemplo, que tus amigas están en Javea o en el Pirineo cenando y merendando día sí día también, tú te vas a ver la exposición de los Premios Cañada Blanch, en la Nau, y luego les envías fotos por whatsapp del ganador, y les cuentas que se llama Xisco Mensua y que su obra mezcla imágenes de autores como Blas de Otero, Goytisolo, Boris Pasternak, Jean Marie Straub, Danièle Huillet, Jean Tinguely, Niki de Saint-Phalle, Pier Paolo Pasolini, Wolf Vostell, Nam June Paik, Benjamin Patterson, Andy Warhol, Gilles Deleuze, Félix Guattari…con fotogramas de El Angel Exterminador de Luis Buñuel. Ellas, medio piripis, se partirán de risa, pero tú te sentirás menos paria y creerás que tu vida tiene más sentido después de haber visto la exposición.
Y luego les envías otra foto de la pintura que presentó a concurso  Quique Marzal, que es un encanto de artista que pinta personajes que recuerdan mucho a los de Tim Burton, de esos que dan un poco de pena porque parecen incomprendidos, desvalidos y rodeados de un mundo hostil.
Y para terminar de ponerles los dientes largos, les cuentas que también has pasado por el Ateneo Mercantil para ver la exposición de costura del Gremio de Sastres y Modistas y que es un pasada porque hay vestidos de fiesta de Juan Andrés Mompó, Theo Garrido, Luis Rocamora, Badenes Vera, Cristina Mañes, Fran Tochena y L’Agulla d’Or. Y hasta les puedes dar la primicia de que el Premio Aguja Brillante de este año se lo llevará Enrique Lodares y que aunque no se anunciará hasta la semana que viene tú ya lo sabes porque estás muy al día de lo que pasa en la ciudad, no como otras que la abandonan en cuanto pueden.

lunes, 30 de marzo de 2015

La 42 también existe

Hay una frase tremenda que cada todas hemos escuchado alguna vez en una tienda de ropa: “lo siento, no tenemos su talla”. La primera vez que te la dicen, no das crédito y respondes tímidamente: “pero ¿no queda la talla porque se ha vendido o es que la más grande es la 40? La pobre dependienta, que no sabe dónde meterse, acaba reconociendo que de ese vestido tan mono sólo tienen hasta la 40 y que, vamos, ya puedes ir buscándote otra tienda porque en esa de ropa francesa megafashion no volverás a encontrar tu talla. Buff, que bajón, casi casi equivalente a cuando pasas por debajo de un edificio en construcción y los albañiles te ignoran y no te sueltan ni un mísero silbido.
“No tenemos su talla” resuena una y otra vez en tu cabeza como una maldición gitana: nunca más volverás a vestir ropa estilosa y tendrás que acabar en las tallas grandes, como corresponde a tu edad, o es que habías pensando que podías vestir minifaldas como tu hija de dieciséis, ¿eh, guapita?
Hasta ahora, la ropa de tallas grandes era como un castigo divino: faldas anchas y largas, maxi rebecas, blusones que parecían sacos de patatas.
Afortunadamente las cosas están cambiando. Para empezar, más de una firma empieza a reivindicar la redondez femenina como un síntoma de salud y lozanía. ¡Ya está bien de modelos flacuchas que son un antídoto contra la lujuria! Una de las primeras firmas que empezó a trabajar con las mal llamadas “tallas grandes” -¿desde cuándo una 42 es una talla grande?- fue October, una empresa valenciana que ya tiene más de ochenta tiendas en España y 27 repartidas por el mundo. October se ha abierto hueco en un mercado tan competitivo como el de la moda porque vio antes que nadie que no solo de las delgadas vive el sector. Después vino Violeta, la firma que lanzó Mango con Vicky Martín Berrocal como imagen de la mujer, mujer.
October inauguró esta semana su flamante tienda en la calle Colón. Es un espacio acogedor, con madera clara, probadores amplios y un montón de ropa para las que tienen problema con las tallas pero no quieren dejar de vestir con estilo. En la inauguración estuvo Paola Dominguín y José Mayol, la senadora Carmen Alborch, el diseñador Miquel Suay, la presidenta de Cecoval Maribel Cosme, el cónsul de Dinamarca en Valencia Jaime Pérez Oliver y Toni Picazo, Daniel Díaz, Rocío Andrés Fuster, las modelos Rocío Ortí, Jessica Herman y Claudia Mahalean, el notario Alfonso Maldonado, al arquitecto José Ripoll y su mujer Pepa Lluquet. Los músicos de Alfonso Sanguinetti Jazz animaron la tarde y Gourmet puso un catering.
Que no lleves una 38 no significa que no puedas estar en forma. Lo cortés no quita lo valiente. El estudio de Pilates de Camino Bañón y Rebeca de la Iglesia, en la calle Pizarro, acaba de importar de Estados Unidos la última moda pilatera. Se llama Pilates Barre (pilates en barra) y son ejercicios que se practican en una barra de ballet y que tonifican el musculo a la vez que lo estilizan, trabajando sobre todo el tronco, glúteos, y piernas, vamos, los puntos débiles de las mujeres.
A ver chicas, que la primavera ya ha llegado, la semana que viene empiezan las vacaciones de Semana Santa y más de una sacará el biquini y el pareo para la playa. Las que estén en Javea tienen una cita con el It Market que organizan Pilar Carbonell y Amina Basáñez todos los años. Abrirá el jueves 2 hasta el domingo 5 en el Parador de Javea. Entre los puestecitos, ropa de Paca Cordellat, bolsos de Lila Albanozzo y ropa y complementos de Sol Ruíz de Lihory, Maica Alonso, Claudia Giner y Marisa Aracil. Habrá alpargatas, capazos, gafas, vestidos hippies y hasta pintura. Y este finde en Valencia también abre un mercadillo efímero en el Mercado de Colón, en el espacio de Ricard Camarena, con joyas de Salomé Corell y de la Concepción y ropa y complementos de Chicpoint, María Trillo Figueroa, Dosentredos, LunaLuna Valencia y un montón más.

lunes, 23 de marzo de 2015

Entre joyas, Pradas y pucheros

Vivimos sumergidas en la Macdonalización, que no significa quitarte a los niños de encima dándoles dinero para hamburguesas, mientras tú retozas en el sofá un domingo por la tarde; sino que vivimos en una sociedad cada vez más previsible, ¿qué sorpresa puede darte un Mc Donalds?, más o menos la misma que tu marido una noche entre semana, ninguna. Da igual que estés en Miami, en Tokio o en Xàtiva, la hamburguesa siempre será la misma. No hay sorpresas. Esa es precisamente la clave del éxito de la cadena americana. La hamburguesa sabe igual, pesa lo mismo, se cocina en la misma plancha con el mismo tiempo exacto de cocción y la misma potencia de fuego. Los empleados saben qué frases tienen que decir exactamente a los clientes, nada se deja a la improvisación. Esta forma de trabajar, según Ritzer, el sociólogo que inventó el concepto de macdonalización, se está contagiando a toda la sociedad. Las ciudades son cada vez más homogéneas, las mismas franquicias, los mismos restaurantes, hoteles estandarizados, viajes organizados donde no hay lugar a la improvisación. Todo es cada vez más previsible y controlado, como en un centro comercial donde tienes todo lo que necesitas, desde un gimnasio hasta un cine. Sin sorpresas desagradables, pero sin que nada pueda sorprenderte. Lo dicho, como tu marido una noche entre semana. Ritzer escribió un libro entero a partir de esta teoría y anticipaba un mundo en el que todas las ciudades iban a ser iguales. Veinte años después, sus profecías se han cumplido. Vivimos en la era de la homogeneización. La calle Colón cada vez se parece más a la Gran Vía de Madrid y ésta, a su vez, a Oxford Street. Claro que todo esto provoca el típico movimiento pendular. Frente a lo impersonal y globalizado, toma valor lo artesanal, lo autóctono, lo rústico y tradicional.
Por ejemplo, en la Plaza del Patriarca Carla Gómez-Lechón y su marido Pablo Almenar acaban de abrir una tienda monísima de comida casera para llevar, Domèstic, que recrea un ambiente hogareño con plantitas, ollas tradicionales y mesas de madera, como si estuvieras en la cocina de tu abuela. No es el único caso. Las nuevas cadenas de panaderías venden una imagen del horno artesanal idílico que todas teníamos en el subconsciente pero que nunca habíamos visto.
La artesanía es un valor en alza porque humaniza las ciudades y las diferencia unas de otras. Las joyas de Vicente Gracia, por ejemplo, o las compras en la calle La Paz de Valencia o no las compras. Gracia es uno de los joyeros artesanos más emblemáticos de Valencia y ahora ya se puede decir de España porque le acaban de dar el Premio Nacional de Artesanía. Lo recibió en Madrid hace unos días y con él estuvo su socia y amiga Juana Roig, y la directora general de Comercio Silvia Ordiñaga. Las piezas firmadas por Gracia son deseadas por las mujeres más elegantes del mundo y es de los pocos joyeros españoles cuyas piezas se subastan en Christie’s. Mola que a Vicente por fin se le reconozca en casa lo que ya se valoraba en Italia o Nueva York. Si el taller de Vicente en la calle la Paz es uno de los comercios emblemáticos de la ciudad, Chapeau es una de las tiendas multimarca con una personalidad reconocible. Colecciones de Gucci o Prada puedes encontrar en unas cuantas tiendas del mundo, pero la selección que hacen Pilar Puchades y José Tamarit es única. Chapeau acaba de abrir su nueva tienda de complementos en Hernán Cortes 10, justo frente a la tienda de ropa. Es un espacio amplio y minimalista, en blanco y negro, con materiales nobles, espejos y una iluminación muy cuidada que deja todo el protagonismo a las colecciones de Prada, Gucci, Céline, Saint Laurent, Balenciaga, Isabel Marant, Jimmy Choo, Lanvin… ¡el paraíso! ¡Y la semana que viene más! El jueves se inaugura la nueva flagship de October, un pedazo de tienda en plena calle Colón. October es una firma valenciana de de moda de tallas grandes que empezó en 2001 con una tienda y ya tiene más de 40 en toda España.

martes, 17 de marzo de 2015

Valencianía fallera

El carácter valenciano es extrovertido. Nos gusta hacernos notar, que nos vean, que se sepa que estamos aquí. Quizás por eso nos pierde la estética recargada, que se sustancia en el dicho: “Quan més sucre, més dolç”. Y es que nos chiflan los excesos, tanto que a veces perdemos la noción de la medida y nos pasamos de escandalosos. Todo eso sin olvidar que somos mediterráneos y por tanto pasionales, no sabemos ocultar nuestras emociones, así es que lloramos y reímos cuando nos lo pide el cuerpo. Todo eso se consuma en la figura de la Fallera Mayor de Valencia viendo la mascletà en el balcón del Ayuntamiento. Allí está ella, imposible pasar desapercibida con su vestido y sus peinetas. Abajo el bullicio, junto a ella decenas de personas apretujadas, de fondo la recargada fachada del Consistorio, arriba el sol que impregna todo de luz mediterránea. Y suenan los petardos, el ruido va in crescendo: más, más, todavía más y al final, purrubun, pun, pun, patapun. Eso es Valencia. La gente se emociona, aplaude, silba, grita y desalojan la plaza sembrando el caos en las calles. Y ahora, bonita, puedes hacer dos cosas: te integras o te largas, tú verás. Lo que no sirve de nada es quedarse aquí en plan aguafiestas, cenizo, quejándote del tráfico, los petardos, las verbenas, las calles cortadas y el olor a fritanga de los buñuelos. Si en tu ADN se ha colado un gen vikingo o suizo, tienes un problema y lo mejor es que lo asumas y pongas pies en polvorosa hasta el viernes que viene. Pero no olvidemos nunca, chicas, que nosotras somos hijas de nuestro tiempo. Somos mujeres hiper-mega-súper-guays y sabemos combinar el folklore con la alta cultura. No como nuestros maridos, que todo lo reducen al fútbol, la cerveza y los colegas. Nosotras sentimos la imperiosa necesidad de cultivar nuestro intelecto, de alimentarlo con el conocimiento y la expresión artística. Para satisfacer esa necesidad, este año tenemos dos exposiciones falleras y un libro. Una en el Ayuntamiento, “Falles de cartó”, con fotografías históricas de monumentos y falleras de hace un siglo, algunas tan curiosas como una fallera mayor de los años treinta con traje de gala porque en aquellos años no vestían de fallera.
Y otra en el hotel Westin, una exposición de vestidos de fallera de José Alabadí (Art Antic) y de Carmen Asins e hijas (Les Barraques) que dan ganas de tomarlos prestados para la ofrenda. El libro lleva por título, como no podría ser de otra forma, “Falleras mayores de Valencia” y es un repaso por los reinados de las falleras mayores desde 1931 hasta 2015. El autor, Julio Tormo, estuvo acompañado en la presentación por Mayrén Beneyto, la fallera mayor de Valencia, Estefanía López, y toda su Corte de Honor.
Mayrén también fue la anfitriona de la exposición “Dueñas del arte”, una muestra muy femenina que se podrá visitar hasta el 3 de mayo en las Atarazanas. La inauguración estuvo más concurrida que un desfile de Prada. Junto a las galeristas y artistas (todo chicas) Amparo Agrait e Inma Femenía, Ana y Jaime Sanahuja con la fotógrafa Mayte Piera, Ana Serratosa con los artistas alemanes Julia Venske y Gregor Spänle, o la presidenta de la asociación de galeristas Olga Adelantado, estuvieron ilustres representantes del género masculino como Carlos Pascual, Vicente Colom, el crítico gastronómico Alfredo Argilés y los médicos Juan Viña, José Miguel Laínez y Juan Antonio Murgui. A la cita no faltó Hortensia Herrero, con su hija Juana Roig, Mayrén Girona, Teresa Bas, Marieta Monfort, Lola García Fuster, Dulce Estrela, Patricia Montoro con su marido, Manuel Peris, la redactora jefa de moda de Telva, Maite Sebastiá, los diseñadores de Siemprevivas Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, el poeta Jaime Siles y su esposa, Eli y artistas como Miquel Navarro, Nemesi Canet, Horacio Silva, Mavi Escamilla, Javier Calvo, Sergio Barrera o Nacho Murillo. También estuvo el secretario de los socialistas valencianos Salvador Broseta, Javier García Peiró, Pedro Aracil, Fran Tamarit, Juan Lagardera y Ángela Pla, el urbanista Andrés Castrillo y el presidente de la Fundación Cañada Blanch, Juan López Trigo.

martes, 10 de marzo de 2015

Arroz y champagne

Los hombres tienen una habilidad especial para convertir la preparación de la comida en una juerga. Hay que reconocérselo, en esto son más listos que nosotras. El caso más paradigmático es la paella. Empiezan la juerga yendo a comprar el arreglo, ¡ya ves tú, qué tontería!; a ninguna de nosotras se le ocurriría quedar con las amigas para ir a comprar pollo y bajoqueta, pero ellos se lo pasan bomba. Luego hacen la paella: uno enciende el fuego, otro trocea la carne, otro prepara el picoteo, la cervecita y ¡ale!, a contar chistes verdes, recordar tiempos pasados y discutir de fútbol. Mientras, cualquiera de nosotras se estresa en la cocina preparando una absurda ensalada a la que luego nadie hará ni caso. Para colmo de males, la solidaridad femenina se esfuma y en cuanto te descuidas, todas las invitadas te han dejado sola en la cocina y se han ido al paellero a no hacer nada excepto picotear. No sé qué explicación tiene todo esto, quizás sea simplemente que los hombres ven en todo esto una vuelta a la vida de las cavernas. En el paellero se reencuentran con el fuego, la presa (el pollo y el conejo), las armas (los cuchillos y la paleta) y los compañeros de caza. Mientras que nosotras en la cocina sólo vemos un tiempo perdido y un esfuerzo obligado para mantener viva a la prole. Lucho Colveé, abogado, ex político, escritor, maestro arrocero y hombre de eterna sonrisa organiza de vez en cuando unas comidas de lo más divertidas. Convoca a la gente por whastApp en algún bar; él se mete en la cocina a preparar el arroz, los invitados van llegando y aquello se convierte en un evento social. La última fue el viernes pasado en Din Da Daa (Gran Vía Germanías), el restaurante de moda de Paquete Arnal (fundador de la mítica discoteca Unsur) en el que colabora Patrick Landrix, que ya le acompañó en el restaurante 39 grados. Esta vez, Colveé preparó arròs amb fesols i naps. Entre sus invitados, María Gómez Polo, Gerardo Santos con su amigo Fernando Ferrando, Juan Miguel Martínez Puerte (La Nicoletta), Mónica Morales, Inmaculada y Eugenia Villar, Olga Villar, Eugenia Martínez, Thais Casanova, Laura Pérez Vehí, Borja Barrera, Marina Arnal con su marido Juanra, Juana Camps, el cantante de Seguridad Social José Manuel Casañ y Manuel Mínguez, que pinchó música de la buena para acompañar a los gin-tonics.
La semana ya empezó con buen pie. El lunes, Javier Monedero presentó en el Hotel Balandret la Ruta del Champagne Moët Chandon, en la que participan 39 restaurantes, hoteles, coctelerías y pubs donde te puedes tomar una copa de Moët estas fallas sin necesidad de pedir toda la botella. Vamos que no hace falta ser rico para disfrutar de sus placeres.
Moët agasajó con champagne y jamoncito de Bellota a sus invitados, entre ellos María Gómez Polo, Macedonio Sanchez y su hija Arantxa, del restaurante Leixuri, los críticos gastronómicos Pedro García Mocholí y Sergio Adelantado, Bárbara de Prat, Isabel Aliño y el director del Astoria Joan Soldevilla.
Por si fuera poco glamour, el jueves las tiendas de Poeta Querol, Plaza del Patriarca y alrededores, agrupadas en Dos Aguas Luxury Shooping, organizaron una fiesta de primavera y vistieron sus mejores galas con la colaboración de Telva. Mª Angeles Miguel preparó en Ferragamo un aperitivo con parmesano, speck y mozarella y cóctel aperol spritz (típico del norte de Italia); Lourdes, de la boutique Patos, invitó a jamoncito y champagne; la tienda Azabache puso música en directo; Loewe presentó la nueva colección de su jovencísimo director creativo, J.W. Anderson y Lila Albanozzo, de Il Baco da Seta, organizó un desfile con la actriz Guadalupe Lancho en el que se vieron los bolsos Icon, de tejido de neopreno en colores vivos.
Encarna Roig, de Acosta, decoró la tienda con almendros en flor y césped natural y presentó la colección de verano como flores naciendo de los troncos con la ayuda del estudio de paisajismo Mon Verd.