martes 9 de febrero de 2010

Siempre nos quedará la dársena

A estas alturas cuesta entender que los valencianos sigamos sin integrar al Puerto en nuestra vida. Será porque está lejos del centro, cosa que no ocurre en el resto ciudades costeras; será porque los accesos al Puerto de la Copa América siguen estando más liados que la vida de los Ortega-Mohedano; será por esa especie de maleficio de que “vivimos de espaldas al mar”…., el caso es que, ahora mismo, como zona de ocio, es lo mejor que tiene ciudad; y sin embargo, la mayoría sólo nos dejamos ver por allí cuando tenemos que fanfarronear de ciudad delante de algunos amigos que vienen de fuera.
La anterior edición de la Copa América –qué tiempos aquellos con la pasta saliendo a raudales de los bolsillos- nos dejó el Veles e Vents, sus alrededores y algunas otras cosas. Sirvió también para dar un impulso a la alta cocina valenciana; gente como los del grupo El Alto aumentaron considerablemente el caché de la gastronomía valenciana; y desde entonces los caterings de esta ciudad ya no son lo mismo.
Anoche, la gente del Alto sirvió la cena oficial de gala de la 33 edición del Copa América. El menú se le encargó a Quique Dacosta, nuestro Ferrán Adriá particular. Por la mañana, la alcaldesa y su séquito se dejó ver por el Veles e Vents, quizás para comprobar que todo estaba en su sitio. Debió irse satisfecha, porque la dársena no podía estar más ambientada. El edificio Veles e Vents lucía un blanco recién pintado que le ha devuelto el esplendor de tiempos pasados y un ambiente de ensueño para todo alcalde: niños jugando, mayores paseando, jóvenes haciendo deporte, sol, parejas haciendo manitas a la orilla del mar, matrimonios felices… Vamos, lo dicho, el sueño de todo alcalde.
Si el tiempo acompaña, hoy se prevé más de lo mismo. El plan es lo más de lo más; si vas de enamorado tontorrón, te coges a tu parejita de la mano y allá que te vas, a darle besito a tu chico en la terraza del Veles e Vents. Si vas con tus niños, encantadores pero pesados a decir basta, los sueltas por allí y alé a que corran y cansen. Para los más machuchitos, también hay plan: paseíto arriba y abajo con cervecita en uno de los bares de diseño para sentir que la juventud todavía no te ha abandonado. Además, siempre queda la opción de darle esquinazo a tu pareja y entrar en la tienda de El Corte Inglés a comprarte algo que le dé un toque marinero a tu fondo de armario.
Junto a la tienda hay un tres chiringuitos: el de los valencianos que sirve paella, el de los suizos que ponen fondeé de queso y el de los americanos con perritos calientes y hamburguesas: menús de entre cinco y seis euros para echar una mano a los damnificados de Haití.
Y el colofón de todo eso: comer en Mar de Bamboo, uno de los tres restaurantes del Grupo el Alto, que, sin ánimo de pelotear a nadie, es el más bonito de la ciudad y para muchos, incluidos un grupo de periodistas gastronómicos que estuvieron por allí la semana pasada, uno de los más agradables de Europa.
Hay un menú de tapas, con croquetas de jamón ibérico, buñuelos de bacalao, coca de pimientos con sardina, fosta de boquerón y aguacate, secreto ibérico a la brasa y sorbete de mojito, por veinticinco euros, que te tomas en una terraza con sofás blancos tipo chill out que te hacen creer que eres una rica marquesa veraneando en Saint Tropez.
Lo de apoyar a un equipo u otro, suizos o americanos, es lo de menos. Si gana Bertarelli, tiene un compromiso con Emiratos Arabes y lo más probable es que se lleve la Copa a otros mares; y si gana Ellison, la regata volverá a Estados Unidos…
Así las cosas, disfrutemos de la semana porque va estar de lo más animada. ¡Tenemos hasta desfiles de moda! El alinghi celebra hoy, a las seis de la tarde, un desfile con su colección de ropa oficial. Y los días de regata, lunes, miércoles y viernes, se suceden las invitaciones para saborear una copa de Möet Chandon mientras ves la salida y llegada de los catamaranes. ¡Ay, por fin un poco de glamour!

miércoles 27 de enero de 2010

La Copa América pasa de nosotras

La próxima edición de la Copa del América se va a celebrar en un ambiente de crisis de lo más tristón. Quizás por eso está pasando tan desapercibida, tanto que hasta da más pena que Karmele Marchante llorando porque la han echado de Eurovisión.
Pero no es esa la única razón. Las prisas son malas compañeras y la precipitación con la que se ha convocado todo esto, después de tres años dándose de leches en los juzgados de medio mundo –se han gastado más de 15 millones de euros en abogados-, nos ha privado de la emoción de la espera. Ya se sabe que “val mes la vespra que la festa” y lo mejor de la edición fueron los preparativos y la expectación de un evento que los valencianos percibimos entonces como nuestra tarjeta de presentación al mundo del glamour. Ahora, con las prisas, no ha habido preparativos, ni expectación, ni res de res.
Además, esta edición los patrocinadores brillan por su ausencia. Y precisamente son los patrocinadores, -bancos, grandes firmas de lujo como Vuitton, Prada…- las que organizaron aquellas fiestas inolvidables. Pero estas firmas trabajan con presupuestos de un año por adelantado y más aún con cantidades como las que se invierten en estos eventos. Vamos, que una firma no suelta seis o siete millones de una semana a otra ni organiza en tan poco tiempo invitaciones, agendas, desplazamientos, avión, estrategia de marca…Eso sin contar que las grandes marcas están despidiendo gente y no es el mejor momento para hacer ostentación. Y lo que es aún peor, con los tiempos que corren los gastos innecesarios se perciben como una provocación y se pueden volver en contra de la firma.
Por si fuera poco, no hay que olvidarse de las fechas en las que se van a celebrar las regatas: entre el ocho y el 12 de febrero, a ver quién es la guapa que se acicala con sus mejores galas para hacerse a la mar en esas fechas. Eso suponiendo que una sepa qué ponerse, que no es plan de enfundarse en un abrigo de pieles y unas botas de Prada para meterte en un velero y que por una de aquellas un golpe de mar te empape de arriba abajo y salgas de allí maldiciendo al mar, a las regatas, a Bertarelli y a la leche que les dieron a todos juntos.
Hija, además es que esta vez las regatas se celebran a 30 millas de la costa nada menos, a mitad camino entre Valencia e Ibiza. Y me dice mi amigo Luís Gascó, que sabe un rato de la Copa América, que los catamaranes alcanzan tanta velocidad que es imposible seguirlos desde otros barcos, como se hizo la edición anterior, cuando buscabas un amigo con barco para hacer el paripé de que veías la regata, cuando lo que importaba era tomar una copa de Moët y picotear un catering fino, mientras te sentías por un día digna amiga de Cristina Onasis. Pero ahora ni tan siquiera hay competición previa porque es un duelo entre dos…
A pesar de todo esto, si alguna se decide a ir, le aconsejo un paseo por la calle Ciscar o por la tienda del BMW Oracle en el Puerto. Y que allí se compre una cazadora Slam, que además llevarla el Príncipe Felipe y de causar furor entre los quinceañeros, tiene un tejido técnico especial para regatistas. La ropa oficial del Alinghi es de la marca suiza Oldo, conocida por los esquiadores. En España sólo tiene tienda en Barcelona y ahora en la base de Alinghi con los colores suizos. La última edición era de la firma North Sails, que llegó a abrir tienda en Poeta Querol, pero de aquello no queda ni rastro, como tampoco de la tienda que abrió Vuitton en el Veles e Vents.
Total, que la próxima la Copa América se va a quedar para los aficionados a las regatas. Nosotras, que somos más de las fiestas y saraos que hay alrededor, nos quedamos a dos velas. El único morbo es ver si el interesante Russell Coutts, que compite con el BMW-Oracle, conseguirá ganar a Bertarelli, teniendo en cuenta que en la edición anterior iban en el mismo equipo, se enfadaron, el suizo le despidió y ahora Coutts ha jurado venganza y se ha ido con el rival americano. Eso y ver si Rita Barberá se pone una cazadora Slam para ver la regata.

miércoles 20 de enero de 2010

Cualquier tiempo pasado fue mejor

Uff, qué mes de enero más aburrido. Ni una sola fiesta, ni una invitación, ni un estreno de cine con estrellas internacionales, ni tan siquiera un cóctel para venderte joyas, de esos que abundaban el mes pasado. Definitivamente, la crisis es un asco. Las únicas tiendas que inauguran son de zapatos a 3 euros -¡qué fuerte!- y hasta la Copa América, que en un tiempo nos hizo creer que Valencia estaba a la altura de Saint Tropez, se ha quedado en una regata ajena a la ciudad, que sólo entienden los participantes
Y para ahondar en ese sentimiento nostálgico de que cualquier tiempo pasado fue mejor, el Casino Monte Picayo ha editado un libro para celebrar que ha cumplido los 30. Uno de esos libros que sirven para adornar las estanterías de las casas donde no se lee, porque sólo se ojean las fotos, vamos como Hola pero en libro. Mirando y mirando llegas a un capítulo titulado “La montaña del encuentro de la jet set” que cuenta cómo durante los años 80, el Casino fue centro de la vida social valenciana; y es entonces cuando la nostalgia te abate.
Cuenta el periodista Miguel Angel Pastor que por el Casino desfilaron aristócratas como el duque de Aveiro, que no sé quién es pero seguro que es algún noble importante. También la Condesa de Montarco y la Princesa de Orleans, a ella sí la conozco por ser relaciones públicas de Dior. Y los hijos de la Duquesa de Alba, los Terry, los Domecq, los Garrigues y hasta Bertín Osborne, que se pasaba por allí para cantar o para divertirse. Uff, la lista de gente va desde lo más casposo hasta lo más glamouroso de la época: Pilar Franco, Lina Morgan, Paloma Segrelles, Carmen Sevilla y Vicente Patuel, Juanito Navarro, Toni Leblanc, Augusto Algueró, la marquesa de Villaverde, Bibi Andersen antes de ser chica Almodóvar, hasta Mila Giménez, recién separa de Manolo Santana.
Fue la época dorada no sólo del Casino, sino también de la vida social valenciana. Fíjate que hasta venían los famosos de Madrid atraídos por las fiestas que se montaban. El matrimonio Gómez Escardó, los dueños del hotel, contrató a José Luís Fradejas, presentador del programa musical Aplauso -¡qué fuerte!- y José Luís Uribarri, que como buenos relaciones públicas se trajeron a todos los que eran alguien: cantantes, escultores, políticos, futbolistas, escritores y hasta príncipes.
La culminación de todo aquello fueron las denominadas “Noches de Monte Picayo”, unas cenas a 7.000 pesetas el cubierto (un dineral para la época) con espectáculo incluido. Allí actuaron Pedro Ruiz, Rocío Jurado, María Jiménez, María Dolores Pradera, Tip y Coll, Martes y Trece, Mª Carmen y sus muñecos. Cuentan que las mesas situadas cerca del escenario eran para las familias vip de la época, como los Lladró, Sáez Merino o los Boluda-Fos.
Una de las asiduas de aquellas fiestas fue la glamurosa Mayrén Beneyto. Ella explica que lo que hizo el matrimonio Gómez Escardó no se ha vuelto a repetir en Valencia. “Eran unos anfitriones únicos. Consiguieron no sólo que Valencia saliera en la revista Hola, sino dar a conocer la ciudad. Fue una época dorada, la gente más importante pasaba por Monte Picayo. La vida social de aquella época nunca más volvió. Eran unas fiestas únicas, todos los artistas, toreros, familias con títulos, el mundo de la cultura, de la economía… todos recuerdan con muchísimo cariño aquella época, donde todos vestían una ropa estupenda y los famosos venían a las fiestas sin talón previo”.
Mayrén conoce bien aquellas fiestas porque en aquel entonces era directora general de turismo y con ese tipo de fiestas se promocionaba la ciudad en una época, en plena transición, en la que estaba todo por hacer. Después, como Presidenta de Unicef, le dio relumbrón a la famosa Gala de Unicef, que batía records de recaudación.
A más de uno, todo aquello le parece casposo, pero, hija, lo que daría yo por que ahora tuviésemos algo parecido al Casino de entonces, un lugar donde lucir el último modelito Prada, reírte con los amigos, cotillear y tomar una copa de champagne mientras juegas al Black jack; un plan sin duda más divertido y estimulante que las eternas cenas en uno u otro restaurante de las que ahora no hay quien nos saque.

miércoles 13 de enero de 2010

Las rebajas de los medio-ricos, medio-pobres

Esto de ser clase media es un horror. Eres medio-rica o medio-pobre, según se mire. Y claro, en época de vacas gordas te ves medio-pobre porque todos tienen mucho dinero, y ni te acercas a las tiendas de lujo porque crees que vas a hacer el ridículo con tu bolso de trescientos euros que te ha costado perder el sueño un par de noches antes de decidirte, y otro par de noches después por el cargo de conciencia.
El caso es que cuando llega la crisis, concilias el sueño pensando: “Este es mi año, esas tiendas caras que antes me cohibían, van besar el suelo que piso cuando me vean entrar con mi bolso de trescientos euros, que tiene cinco años, pero que demuestra que en algún momento de mi vida puedo llegar a gastar esa cantidad”. Y allá que te vas, directamente al Plaza del Patriarca, sin pisar si quiera Don Juan de Austria. Llegas, y plafff, la primera en la frente: allí no hay rebajas, tu bolso de trescientos euros sigue siendo un bolsito de chicha y nabo. Miras un escaparate, un mostrador y empiezas a venirte abajo viendo que tu gozo se cae en un pozo, porque tu sueldo de clase media sigue sin dar para comprar el monedero más barato de la tienda. En la zona pija de Valencia, la Plaza del Patriarca y Poeta Querol, los saldos brillan por su ausencia. Bulgari y Hermès pasan completamente de las rebajas, da igual que estemos en crisis o en época de bonanza.
En Vuitton tampoco tienen por costumbre rebajar sus bolsos -¡faltaría más!- y Loewe sólo rebaja los complementos de hace dos temporadas y nunca más del 30 por ciento. Me cuentan que una vez se acercó una señora preguntando por el descuento que tenía el Amazona, que con tanto estilo lleva Doña Leti. La pobre había esperado hasta después de Reyes para ver si por lo menos se ahorraba unos eurines, y la respuesta de la dependienta fue contundente: “Lo siento, pero el Amazona nunca se ha rebajado ni se rebajará”.
Así es que sales de allí y enfilas la calle Salvá con los humos un poco rebajados. Pero todavía eres una consumidora en potencia, una perita en dulce para un montón de tiendas que este año han vendido menos que Versace en una convención de Hermanitas de la Caridad. Entonces decides que tu sitio son las tiendas pijas de multimarca, y allá que te vas con los humos otra vez por las nubes. Y llegas a las tiendas de Cirilo Amorós y adyacentes: allí sí que hay rebajas, pero cuando llevas media tarde dando vueltas te das cuenta de que todavía no has comprado nada, porque lo que te gusta apenas tiene descuento y lo que te gusta de verdad sigue siendo prohibitivo.
Presen Rodríguez comenzó con descuentos del 50% para la venta de Reyes y las tiendas multimarca más fashion, como Chapeau, Patos y Alex Vidal, tienen descuentos del 40 por ciento. Uff, si fuera rica cargaría con media Chapeau, porque hay que ver la de cosas chulas que han quedado de Miu Miu, Prada, Balenciaga, Balmain, Marni…
En Wolf también tienen chollos, sobre todo para las más clásicas. Toda la tienda está al cincuenta por ciento, desde los Tod’s hasta el cashmere de Brunello Cucinelli, las gabardinas de Fay y las camisas y chaquetas de lana de La Martina, super estilosas. Dios mío, no, no puede ser; las rebajas de mi vida y me vuelvo a casa con las manos vacías, cómo explico esto a las vecinas, a las amigas y a mí misma…
Me voy al segmento medio, esas tiendas coquetas donde siempre picoteas algo, El Mundo al revés, Comptoir des Cotonniers, Sandro, Hoss, pero allí los descuentos son bajos, apenas un 30%. En Maje, el único vestido que me gusta no llevaba descuento, ¡ya es mala suerte!
En fin, hay que hacer algo, te paras, te tomas un café y ves a la gente por la calle Colón cargada de bolsas, pero todas tienen una cosa en común… Son de las mismas tiendas en la que has comprado toda la vida, de las mismas en las que comprabas en tiempos de vacas gordas. Y acabas aceptando tu sino, te levantas, pagas el café y te vas a Don Juan de Austria y adyacentes de donde nunca debiste salir.

viernes 8 de enero de 2010

Una vida sin tiendas, ni es vida ni es nada

Las “tiendadictas” tenemos un problema, vayamos donde vayamos siempre hay algo que comprar y así no hay quien se cure. Como muestra un botón; he pasado la nochevieja perdida en unas montañas de no sé qué provincia, porque a mí todas las zonas de montaña me parecen iguales: comida pesada, baruchos con más hombres que mujeres, ropa de abrigo y un frío que pela. No es como las ciudades, que se diferencian por su zona de tiendas, porque lo demás también son todas más o menos iguales: museos, catedrales, barrios antiguos más o menos empedrados…. Pero no hay dos zonas de tiendas iguales, no para una “tiendadicta”: las hay con Prada y sin Prada, esa una de las primeras diferencias, con Loewe o sin él, con una buena peluquería o sin ella…
Bueno el caso es que pensaba curarme un poco en mi retiro montañero. Llegué a un hotel rural hipermegagüay, decorado como una casa de campo inglesa, y me pasé un par de día pensando en cómo sería mi vida allí: me montaba un hotel con encanto y me dedicaba a ir dejando pasar los días siempre con los mismos pantalones de pana y la misma chaqueta polar con unas botas más o menos monas. Y estaba que no me encontraba hasta que una noche me quedo hablando con el dueño del hotel, y ¿qué me cuenta?, que no puede más, que está harto de vivir allí alejado de la vida, de los cines, de los bares y sobre todo de las tiendas; toma castaña, dije yo, mi gozo en un pozo. Adiós a mi alternativa de vida.
Así es que tiré la toalla y acepté que la vida sin tiendas ni es vida ni es nada, y me pasé el resto de las vacaciones viendo vaquitas por la ventana, mientras en la pantalla del ordenador escogía el destino de lo poco que queda de mi paga extra: un reloj, unas botas de montar de Gucci, un bolso de Miu Miu…
Para consolarme, llamé a unas amigas cuáles iban a ser sus compras para las rebajas y así no sentirme tan deprimida entre montañas y vacas, y sin una sola tienda de Prada en cien kilómetros a la redonda.
Menos mal que pude hablar con Nancy Tarrasó, que es una experta en tendencias y además tiene un blog de moda y diseño super chulo, cosasquehacenbum.blogspot.com. Nancy me contó que había fichado un abrigo tres cuartos de print de leopardo de Sandro y unas botas rockeras de la misma tienda, además de otro abrigo de Bimba y Lola, de pelo verde oscuro imitando al astracán.
Depués llame a Lucía Benavente, periodista de moda de la revista Tendencias. Cuéntame, por favor, qué te vas a comprar en rebajas. Lucía reconoce que siempre ha sido muy caótica a la hora de comprar, “pero –me dijo- después de acumular cantidades ingentes de ropa que nunca me pongo, he decidido ordenarme. Durante esta temporada he ido seleccionando lo que necesito, como un vestido negro de Maje, un abrigo de tweed, una chaqueta de Sandro, bailarinas, camisetas...
Para terminar de levantar el ánimo llamé a Natalia, una de las chicas de Chapeau, y me estuvo contando qué les ha quedado en la tienda para rebajas. Afortunadamente, todavía quedan algunos Gucci modelo New Jackie, el clásico que llevaba Jackie Onassis, ¡qué estilosa!, de piel en forma de góndola, pero actualizado con flecos. Lo tienen en negro, marrón y gris y vienen parecidos para el verano. También quedan bolsos de Lanvin con la piel guateada estilo Chanel, super elegantes, y alguno de Miu Miu con tachuelas, que además vendrán la próxima temporada muy parecidos. Vamos, que comprarlo en rebajas será una inversión. Por no hablar de los clásicos Balenciaga…¡uff, qué chulos!
Precisamente en Chapeau es donde me dijo Marta Vilar, de la revista http://www.lamarquesa.es/, que iba a empezar su shopping de rebajas. Marta tiene un gusto exquisito y ha fichado unos botines de Gianvitto Rossi; luego me contó que pasaría por Trafaluc a por unos vaqueros skinny un camisetas boyfriend y después compraría un tabardo marinero de Paul & Joe en Patos y un vestido negro de twenty&twelve en Gran Vía Veinte. Después de hablar con ellas, me siento menos incomprendida y estoy deseando volver a Valencia para las rebajas. Una vida sin tiendas, ni es vida ni es nada.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Más cashmere y menos lentejuelas

Todos los años, por estas fechas, los escaparates de las tiendas se llenan de vestidos de fiesta, ale brillos y lentejuelas a tutiplén. Yo no sé de dónde viene la manía de vestirnos de lentejuelas para las fiestas navideñas. ¿Acaso los hombres se ponen chaquetas brillantes, bufandas de plumas de marabú y zapatos dorados? Entonces, ¿por qué tenemos que disfrazarnos de cabareteras? ¿Quién dijo que un vestido de tirantes era lo ideal para la noche más fría del año?
Hija, pues mira no, yo por ahí no paso, he decidido que nunca más. Por mí, los vestidos de fiesta y lentejuelas han sido desterrados para siempre del armario, junto con los abrigos de piel, las medias de encaje y los tacones imposibles. A Dios pongo por testigo que nunca más volveré a enfundarme un traje con paillettes, ni aunque me inviten a una de esas fiestas glamourosas y megalujosas de fin de año.
Yo creo que todo es culpa de José Luís Moreno y su programa Noche de Fiesta, que me hizo odiar los vestidos de gala. Como consecuencia de ese trauma, ahora cada vez que me hablan de fiestas, pienso en esos peinados imposibles y esos vestidos horteras que lucían Norma Duval y Juncal Ribero y me entran ganas de largarme a una casita de campo con vaqueros y Barbour.
Y sin embargo, las fiestas de gala siguen teniendo sus adeptos, ahí están las que organizan los hoteles de cinco estrellas, como Palau de la Mar -240 euros con noche de hotel por persona- o el Hotel Westin -225 eurines sin noche de hotel-, ambas con el requisito de traje de gala. O el fiestón que han organizado los pijitos de Moddos -100 eurines el cubierto-, cuyo único requisito es vestir de etiqueta. Se celebrará en el restaurante Mar de Bamboo, en el Edificio Veles e Vents, y tendrá hasta photocall, ¡mira eso es una buena idea, así por lo menos inmortalizas el modelito!
Menos mal que además de las fiestas tradicionales, con esmoquin y traje largo, existen planes para los que prefieren los vaqueros al esmoquin. Ahí están las casas rurales, las escapaditas de fin de semana sin salir de España y hasta la cena en casa de un amigo, que además te sale baratita, baratita, aunque el anfitrión prometa no volver a prestar su casa nunca más.
Sin embargo, que no te vistas de fiesta no quiere decir que no vayas elegante a la par que sencilla. Se puede ir estilosa sin necesidad de sufrir los tacones ni pendientes de media tonelada de peso. Para eso están los suéters de cashmere, los vaqueros usados, los leggins de lana, los plumas estilo Moncler, los chaquetones de piel vuelta, tan abrigados, las botas de montar y las pashminas, que siempre dan un toque elegante a un look deportivo. Si a esto le añades un buen bolso shopping o unos guantes de piel, ¿quién quiere disfrazarse para ir a una fiesta?
Afortunadamente, todavía quedan tiendas para las que odiamos vestir de fiesta. TCN es una de ellas. En el escaparate, ni una sola lentejuela, sólo ropa cómoda y abrigada para pasar un día de vacaciones con poco maquillaje y mucho estilo.
Si ves una foto de Totón Comella, la diseñadora de TCN, entiendes perfectamente el planteamiento de esta firma. Totón siempre lleva camisas de algodón blancas y chaquetas de lana amplias, ropa cómoda para la vida que llevamos las mujeres hoy en día, pero a la vez femenina y siempre de calidad.
El escaparate de TCN no es el único que escapa a las lentejuelas, pero este año me he acordado porque ha tenido una idea genial: ha dibujado planos de las principales ciudades españolas con los sitios preferidos de la diseñadora e ideas para hacer planes durante estas fiestas: dónde tomar un buen brunch, disfrutar de un aperitivo, relajarnos con un spa o incluso un mercado donde comprar el mejor pescado y marisco. El plano-plan de Valencia –se puede pedir en la tienda- recomienda los Restaurantes Zacarías, Enópata, L’Ou, las tapas de Casa Montañana, el bar la Pilarica, la decoración del Mercader de Indias… Un paseo por el Mercado Central y pasar una noche en el Palau de Mar.

miércoles 23 de diciembre de 2009

Marichalar, entre lo sublime y la bobería

El límite entre los sobresaliente y la necedad es a veces tan fino que se sobrepasa sin percatarse de ello. Es lo que, según dicen algunos analistas políticos, le ha pasado esta semana a Zapatero con eso de que “la tierra pertenece al viento”. Hija, a mí la frase me parece monísima, y me hubiese encantado que algún novio me la dijese a los dieciséis añitos mientras hacíamos tonterías en la playa, claro que dicho donde lo dijo el Presi, no sé..., pero quedó un poco tal.
Y hablando de cruzar esa fina línea entre lo sublime y la bobería, el que la cruzó de un salto esta semana fue el bueno de Marichalar. Pues se nos presenta el chico en la fiesta de Loewe y se niega hacerse una foto con mi amiga y conmigo argumentando que si lo hacía, se pasaría la tarde haciéndose fotos con todo el mundo. Me quedé con la misma cara que se te pone cuando sacas de la lavadora tu último suéter de Loro Piana y descubres que ha encogido siete tallas. Pero bueno, pensé, ¿creerá este chico, que está aquí por lo que aportan sus conocimientos financieros o de marketing a una firma como Loewe? En fin, que él se lo perdió, le dejamos hablando con la única que le hacia caso en toda la fiesta, Marisa Yoldi, más conocida como Marisa de Borbón.
El que me pareció ideal de la muerte fue Peter Marino, el famoso arquitecto que ha reformado Loewe, que estuvo hablando y posando con unos y con otros. Un colega auténtico que se viste de cuero y gorra de policía como aquel cantante de los Village People. Desde ahora me declaro fan suya.
La fiesta de inauguración, organizada por Rocío Bacharach, fue un lujazo. A los invitados se les recibía primero en la tienda con champagne francés y luego pasaban al Palacio del Marqués de Dos Aguas para el cóctel. Total, total.
Lástima que Loewe no pudiera utilizar todo el Palacio y tuviera que recurrir a la plazoleta de Poeta Querol, cubierta y cerrada con una carpa negra. Eso sí, lo poquito del Palacio estaba decorado hasta el detalle y animado por una banda de jazz. Una vez en la carpa, y a pesar del frío y la lluvia –había que ver a un grupo de señoras mayores arrimadas a la estufa- se veía la fuente exterior iluminada y decorada con macetones de naranjos.
El catering, de Seina Cocotte, fue tan sofisticado como un bolso de Loewe: turrón de sésamo, cremoso de atún al aceite de oliva, boletus laqueados a la soja, foié, espuma de patata trufada, sándwiches de lacón cocido…
Entre los invitados, mucho apellido ilustre: Carlos Pascual, los Agramunt, los Pechuán, los Barrera, los Martinez Colomer, las hermanas Fitera, Mayren Beneyto y hasta Rita Barberá, que llegó a acompañada de la periodista Isabel San Sebastián (que cuentan que tiene un novio valenciano de toda la vida).
Y hablando de exquisiteces. El martes, vino a Valencia el pastelero de Hermès. Como suena. Los franceses, tan golosos ellos, montaron un puesto de chuches en la Plaza del Patriarca, mientras unos actores disfrazados de duendes, con alas color naranja, indicaban el camino hasta Hermès. Hija, ideal de la muerte.
Esa misma tarde, Presen Rodríguez presentaba un nuevo servicio para novias, y de camino a su tienda, más de una probó las palomitas de Hermès. Lo de Presen Rodríguez merece un artículo aparte, porque soluciona en un plis plas todos los problemas de una novia: flores, maquillaje, invitaciones, protocolo, peinado, catering…
Hasta allí se acercaron Valentín Herráiz –¡qué pasada el vestido de novia que diseñó para Marta Vilar!-, Cuchita Lluch, las hermanas Fitera, el doctor Murgui, Carmen Durán… muchos se fueron directamente al cóctel que ofrecía el joyero Antonio Romero, mientras que otras volvían a Loewe para el desfile de la colección de verano. ¡Menuda semanita! Fíjate que una amiga, después de cruzar Poeta Querol varias veces, de cóctel en cóctel, y tras varias copas de champagne, sentenció: “Me siento como Carrie y sus amigas en una tarde en Nueva York”. Totalmente.
El catering de Antonio Romero fue otro lujazo. El chef Quique Barella, de El Alto de Colón, interpretó la colección del joyero con un menú en el que cada plato adopta la forma, concepto y sabor de las piezas de joyería. Sublime, pero sin llegar a la bobería.