martes, 8 de julio de 2014

El glamour se va a los fogones

El glamour de la moda está en declive. Un diseñador no es lo que era hace cuarenta años: cuando Yves Saint Lauren, Balenciaga o Dior eran mitos internacionales. Ahora no hay gente así, en todo caso hay marcas en las que hoy diseñan fulano y mañana mengano. Quizás la culpa sea de la globalización o de la facilidad de las grandes marcas para copiar tendencias y popularizar los diseños exclusivos antaño sólo al alcance de unas pocas carteras. Sea por la razón que sea, los diseñadores son cada vez más anónimos. En su lugar, una figura emerge como nueva estrella del glamour: los cocineros. Tienen legiones de fans dispuestos a gastar lo que cuesta un Vuitton en una cena y esperan la carta de la próxima temporada como quien espera un desfile de Prada. La prueba del declive de la moda y el auge de la gastronomía es que la fiesta más glamurosa del verano no ha sido de Vuitton ni Hermès, sino de la Academia Valenciana de Gastronomía. ¡Qué fiestón! 500 invitados y eso que era un lunes por la noche, el peor día de la semana para un sarao. Parte del mérito, todo hay que decirlo, es de la presidenta de la Academia Cuchita Lluch, que ha convertido un pequeño club privado de aficionados a la gastronomía, sin más pretensiones que disfrutar de la cocina, en un lobby que está empeñado en dar a conocer la cocina valenciana, sus productos, bodegas y cocineros. “Tan grandes y tan buenos como los mejores”, dice Cuchita, que además ha conseguido poner de acuerdo a los mejores cocineros, bodegueros y empresarios “para llevar a la Comunidad Valenciana al lugar más alto de la gastronomía”. Y todo ello sin pedir subvenciones ni quejarse de la falta de apoyos. ¡Ya quisieran los diseñadores valencianos!
El día de la fiesta, Cuchi estuvo arropada por lo mejor de la cocina valenciana: Quique Dacosta (cada día más estiloso), Paco Torreblanca, Ricard Camarena (con ese punto canalla roquero), Kiko Moya, Javier de Andrés (La Sucursal) y Alberto Redrado (La Escaleta). Además, vinieron los diseñadores (perdón cocineros) estrella del mundo mundial: Joan Roca, tímido pero encantador como Armani en sus mejores años, y Andoni Luis Aduriz, que es un Galliano de la cocina. Como la Academia no tiene presupuesto, Cuchita buscó el apoyo de empresas valencianas para el catering: aquí un puestecito de quesos de Manglano, otro de jamón ibérico, ostras y clóchinas de Valencia, gamba roja y cocas de Dénia, longaniza de pascua, tomate valenciano, paellas… la terraza del restaurante Contrapunto del Palau de les Arts fue un festín de comida y bebida valencianas. Y de postre, horchata de Daniel, helados artesanos y un pedazo de tarta aniversario del maestro Paco Torreblanca. Luego hubo hasta copas, pero en lugar de gintonics, triunfó el Vodka-tonic (el vodka tonic es el nuevo gintoni, chicas) con el Belvedere de Javier Monedero, que también trajo el vino Imperial que es el que tomó el Rey Juan Carlos en su despedida, ¡qué paladar tan fino! La música la puso Manolo Mínguez y también actuó Javier Botella con su grupo Copa Ilustrada, que nos puso románticas con temas de Nat King Cole como Blue Moon.
Entre los invitados, el actor Juan EchanoveJesús Terrés (del blog Nada Importa), Carlos Mataix (Heineken), Mónica Morales, el notario Carlos Pascual, la joyera Salomé Corell, Rosa Sanchís (Dicoval), el sastre Antonio Puebla, que acaba de recibir el premio Dedal de Oro; José Luis Vilanova y Verónica Montijano (VM The shop), la estilosa Alicia de Miguel, con un abrigo ideal de Patos; Carmen Girona, Vicente Gracia y Mónica Piñones, el periodista Carlos García Calvo, Mª Angeles Miguel (Ferragamo) y Encarna Roig (Acosta), Juan Valero de Palma, Olga Adelantado, Alfredo Burguera (La Embajada), Pedro García Mocholí, la diseñadora Presen Rodríguez y sus hijos Maribel y Jose Cosme, el director del Astoria Joan Solvevilla, el periodista Joseca Arnau, Silvia Escolá y Amparo López (Ampasi), Neni Reyna, la bloguera Greta Borras con el diseñador Lucas Zaragosí, Joaquin maldonado (Mediolanum), Esperanza Vila, Bárbara de Prats, David Lladró con su mujer Marta Aliño, sus hermanos Isabel y Fernando Aliño y su madre Isabel Mª Alfaro.

martes, 1 de julio de 2014

Arreglá pero informal

En toda fiesta hay un momento crucial. Es el que entras por la puerta y haces un barrido al resto de invitadas. Tú has estado en casa probándote medio armario, te has puesto un vestido largo, te lo has quitado, luego unos vaqueros, tampoco, unos short, también fuera; vuelves al vestido largo, te miras, entra tu marido y no se da cuenta de que existes, él va a la suya, a buscar sus calcetines. !Jo pe!, si éste no ha reparado en mí, es que no he acertado: fuera otra vez el vestido largo. Volvemos al short, esta vez con una blusa de seda; aquel sigue con los calcetines, te das cuenta de que el problema no eres tú, si no él. Así es que piensas en los invitados a la fiesta, qué se pondrán las demás. Hagas lo que hagas, siempre corres un riesgo. El momento crucial de la fiesta es ese en el que entras y haces un barrido a las demás: es entonces cuando constatas si has acertado o te has caído con todo el equipo. Por su puesto, tu marido vive ajeno a todo esto, él ya está buscando la barra para pedir una cerveza. Se suponía que el dresscode, o el código de vestimenta que sugiere el anfitrión, ayudaba a evitar esos riesgos. Pero eso era antes, cuando había dos o tres tipos de dresscode: gala, cócel, casual y poco más. Eso ha ido evolucionando y ahora hay dresscode tan variopintos y ambiguos como chic glam, cóctel glamuroso, informal relajado o cóctel chic, que es el que ha puesto Cuchita Lluch para la fiesta de aniversario de la Academia Valenciana de Gastronomía. Lo de cóctel está claro, un vestidito de largo a la rodilla y monísima. Lo de chic ya es más complicado, porque igual sirve para un roto que para un descosido: tan chic es un collar de perlas como un colgante de cuero con una estrella de mar, todo depende de cómo lo lleves y de lo segura que estés de ti misma. Y aquí estoy yo, que no si ponerme sandalias, taconazo o voy corriendo a comprarme unas Nike, que ahora se llevan con vestidos de cóctel. Total que el dresscode, ese invento que se suponía que te facilitaba la vida, nos ha devuelto al punto de partida. Menos mal que no todas las fiestas te enfrentan a conflictos con tu fondo de armario. El jueves, el Hotel Astoria celebró su fiesta de verano y no indicó dresscode, ni falta que hizo. Tratándose de una fiesta de verano y en una de las terrazas con las mejores vistas de la ciudad, era de esperar que nadie sacase el traje chaqueta. Las chicas optaron por vestidos de flores y alguno hasta se atrevió con bermudas.
La terraza se decoró con tablas de surf, pufs de rayas marineras, palmeras y barras de madera natural de estilo chiringuito playero. Entre los invitados, José Luis Vilanova y Verónica Montijano, de VM The Shop; Amparo Morte y su marido Vicente Lacomba, Rocío Andrés, Macarena López y Quico Catalá. También estuvo Totón Barberá con sus amigas Bárbara Mas, Mayte Pérez, Encarna Mestre y Amparo Bonet, el diseñador Lucas Zaragosí de Siemprevivas (qué monos los vestidos que hacen con tejido de neopreno), Carmen Asins, de Les Barraques, y Alex Seima, de la marca de espardenyes valencianas Les caretes. Los Dj’s Kasper & Hauser, que pinchan todos los jueves en el afterwork del hotel, pusieron a los invitados a bailar como si estuvieran en una discoteca ibicenca y el director, Joan Soldevilla, anunció que iban a reabrir la mítica discoteca La Bruja, pero sólo para eventos privados, ¡qué notición! El viernes, en otra terraza espectacular, la del restaurante Vertical, el crítico gastronómico Pedro García Mocholí celebró su fiesta de cumpleaños. Allí estuvo el director de comunicación de El Corte Inglés, Pau Pérez Rico, María Dolores Enguix y Marcelo Soto, el Doctor Murgui, Pablo Ossorio, de Bodegas Hispano Suizas, Celia García, Amparo Cuñat, Lola Morales, Antonio Guillén y Cuqui Royo, Elsa y Rafa Pastor, Rocío Puchol Quixal, Javier G. Alberni y Francis Montesinos, ¡qué alegría verle!

miércoles, 25 de junio de 2014

Vino y spa

Es muy probable que a más de una de vosotras su chico le dé habitualmente la barrila hablándole de vinos. Les da un no sé qué a los chicos cuando hablan de bodegas, de uvas, de temperatura, se les sube un aire entre intelectual y aristocrático, que llega a su climax cuando se explayan ante quien sabe poco de la materia. Y ahí estás tú, siguiéndole el rollo y asegurando que ya captas el matiz de barrica de roble y que en el retro nasal aprecias matices de tierra de la Rioja o de la Ribera del Duero, cuando en realidad lo estás pensando en lo mona que es la etiqueta de la botella. Son cosas de la vida en pareja, claro que un tanto descompensada, porque ellos no fingen el mismo interés cuando tú les muestras tu nueva blusa de algodón de popelín. No tienes más que mirarle a la cara para darte cuenta de que será inútil tratar de que aprecie la diferencia entre el popelín y un poliéster del todo a cien. Como a él no les vas a cambiar y tú no estás por la labor de hacerte una experta en vinos pasando tardes enteras en las vinotecas, una opción puede ser imbuirte de verdad en la cultura del vino: hotelito entre viñedos, con spa, piscina y hasta tratamientos de belleza. Y de esos hay varios, el último que se ha inaugurado es la Finca de San Agustín, cerca de Ontinyent, en la zona de Terres dels Alforins que, como bien sabéis es uno de los reductos de descanso de las familias bien de Valencia. La Finca San Agustín es de la familia Galbis y ocupa una casa del S. XVIII rehabilitada con ocho suites de lo más estilosas. Vamos, el sitio ideal para alejarte del mundanal ruido. El hotel está dedicado al vino y cada habitación tiene un nombre de variedad de vid de la zona. Tiene una bodega del siglo XVII, un huerto ecológico con verduras, restaurante y hasta una capilla para redimir los posibles excesos del día.
El hotel se inauguró el lunes pasado y allí estuvo el Presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, el Conseller Máximo Buch, el presidente de Caixa Ontinyent, Antonio Carbonell; el de Coeval, Rafael Pla; el de IVEFA, José Bernardo Noblejas y muchos bodegueros de la zona: la familia Calatayud del Celler del Roure, Bodegas Cambra, Daniel Belda, La Viña, Los Pinos, los Frailes, Pago Casa Gran... Además de familias de Fontanars y Ontinyent, como José Serratosa, Enrique Haro, Máximo Caturla, José Ferri, Marisa Escriche, Pura Barrachina, el Conde de Torrefiel, los Velázquez, los Haro Galbis, los Mompó, los Belda, los FerriLola y Pepe Navarro, José Navarro con su mujer Ashley Lack, del Herbolario Navarro, la interiorista María José Virosque, la familia Vicente, de la empresa de catering Gourmet, los dueños de textil Mora, vamos, las fuerzas vivas de la comarca. Y como anfitriona, la patriarca del clan Galbis, Carmen Córdova, con sus cinco hijos: Agustín, Carmen, Isabel, Amparo y Guillermo Galbis.
Mucho menos bucólico, pero también concurrido fue la fiesta del verano del hotel The Westin Valencia, con más de 500 invitados y un catering como no se veía en Valencia desde los tiempos de la Copa América: esos que sacan bandejas y más bandejas y cuando crees que ya no van a sacar más, siguen sacando; y para cuando ya has decidido mandar definitivamente a paseo a tu dieta, va y te atiborran de dulces y de fuentes de las que emana chocolate. Todo un homenaje a esa recuperación rajoniana de la que todos hablan y nadie percibe. Entre los invitados, Totón Barberá y Pepe Corbí, el presidente de la Cámara José Vicente Morata y su mujer Pilar Pons, la interiorista Inma Meriñán, Bárbara Más, Antonio Meco y María José Albert, Belén Garcia-Guzmán, Noemí Montoro, y muchos directivos que estaban reunidos en una convención en el hotel, como Alejandro Solvay, Jesús García Valcárcel, Director de Ernst & Young, el desaparecido Vicente Rambla; Ricardo Díaz, Socio Director de Deloitte; el Director General de Aneecop Joan Mir o el empresario Manuel Bertolín.

lunes, 16 de junio de 2014

Madrugón sueco

Debe de ser muy difícil valencianizar a un sueco. Porque claro, llega aquí el Bjorn de turno a abrir una tienda y le pasa como a los chinos que abren un bar español, que creen que con poner una tortilla de patatas en la barra, aquello ya es un bar de tapas. Pues bien, Bjorn quiere valencianizar la tienda así es que pone unas paellas por aquí, unas peinetas y ¡ale!, ya tengo una tienda valenciana. Llega el día de la inauguración y Bjorn hace lo que lo dicta la lógica escandinava: si la tienda normalmente va a abrir a las diez de la mañana, él ese día organiza un desayuno a las ocho, que debe de ser lo que hacen en Suecia. Vamos a ver, Bjorn: Spain, this is Spain. Aquí a las ocho estamos con el café con leche, y que no nos hable mucho que nos aturullan. Hasta las diez no somos personas y lo de la inauguración se hace a las ocho, pero de la tarde, Bjorn, de la tarde, no de la mañana. Claro que si la tienda de Bjorn se llama Ikea, todo esto se le perdona. Así es que iremos a Alfafar y desayunaremos zumo de naranja. Pero que no se extrañe Bjorn si ve que se forman aglomeraciones en la zona de los sofás. La cosa hubiese sido bien distinta de haberlo hecho a las ocho de la tarde: cervecita, gintonic, ji,ji, ja, ja… Y ahí te quedas hasta las dos o las tres, hora en que, por estas fechas, ya está el sol alto en Estocolmo y los amigos de Bjorn probablemente estén ya afeitándose.
El jueves pasado, sin ir más lejos, la gente empezó a salir de casa a las ocho de la tarde para ir a la shopening night. El tráfico se cortó en Jorge Juan y aquello era un ir y venir de gente sin parar. Vender, no se sabe si se vendieron mucho, pero a jaleo no nos ganó nadie. En el Mercado de Colón, un grupo bailando temas de los años 20; en Brownie, cupcakes y refrescos para menores; VM the Shop trajo un avance de la fantástica colección de Siemprevivas para Gabriel Segui y Blackcape, al DJ Santi Martínez; Montesinos hizo descuentos de hasta el setenta por ciento y Alberola regaló pulseritas a las compradoras; Bárbara Torrijos se trajo a los DJ de moda, Kaspar&Hauser; Alejandra Montaner, a los diseñadores Luís Zangana y Telma Cadenas; Il Baco da Seta invitó a copas con música en directo, TCN a vino y chuches, Superdry a bebidas energéticas; hubo música en directo en Manterol, Sesderma, Torres Joyeros y Hannover y hasta un desfile de ropa infantil en la boutique de niños Cristina.
Si los alrededores del Mercado de Colón fueron los más animados, Poeta Querol y Plaza del Patriarca, fue lo más glamuroso de la noche, y eso que no participaron ni Vuitton ni Hermès. Tampoco hizo falta. Ferragamo reunió en su tienda a lo más elegante de Valencia y agasajó con un vino espumoso de la familia italiana, fresas con chocolate y fruta fresca. Loewe convirtió su tienda en un night club con una barra de gintonics preparados amorosamente por un barman de quitar el hipo.
La inauguración de la exposición de Nanda Botella en el IVAM (fue el jueves a las ocho, pero de la tarde) también convocó a media Valencia. Estuvo Rafa Ripoll, los artistas Miquel Navarro, Paco Sebastián Nicolau, José Cosme, Horacio Silva, Javier Calvo, Calo Carratalá, José Antonio Orts, Vicente Colom y Natividad Navalón, el presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón y dos de las presidentas más estilosas de Valencia: la del Palau de la Música, Mayrén Beneyto y la de Academia de Gastronomía de la Comunidad Valenciana, Cuchita Lluch. Mayrén vino acompañada de Ramón Almazán, pero a Cuchita le falto su inseparable Juan Echanove. Tampoco faltaron Alfredo Esteve, Valentín Herráiz, Trini y Vicente Gracia, Javier Monedero con Rosa Sanchís, de Dicoval, Gabriel Seguí, los empresarios Paco Roig y Magdalena Melchor, Germán Ros Casares y Amparo López, Alberto Corell y Bely Botella, el doctor Juan Antonio Murgui, Amparo Lacomba, Beatriz Pechuán, Esperanza Vila, Silvia Escolá, Luis Lluch, Javier García Alberni, Mónica Aliaga y Manuela García de la Cuadra.

martes, 10 de junio de 2014

El poder de la sorpresa

En el algún momento de la historia, alguna sabia mujer debió de descubrir el poder de la sorpresa. Desde entonces, las mujeres somos las auténticas protagonistas de cualquier acto público aun cuando oficialmente nuestro papel nos sitúe en segundo plano. Y todo porque hasta el último momento guardamos en secreto del vestido que vamos a lucir. El próximo día 19, toda la diplomacia del mundo estará pendiente del acto de proclamación de Felipe VI, pero allí habrá pocas sorpresas. Nada ni nadie se saldrá del guion, así es que la atención será sólo para constatar que todo ha ido según lo esperado. ¿Dónde se fijarán de verdad los ojos de toda España y medio mundo?, en el único elemento sorpresa: el vestido de Doña Leticia y de sus hijas. Ojo, que si las niñas fuesen niños, atraerían menos expectación porque su atuendo sería mucho más previsible. Esperaremos ansiosas el desenlace de los acontecimientos. Cuando todo termine, tendremos que quedar con las amigas para comentar la jugada, pertrechadas con todas las ediciones del Hola, LOC, Lecturas y demás. Porque no sólo habrá que ver el modelito de la nueva Reina y sus hijas, también darán juego los de las ministras, mujeres de ministros, diputadas, senadoras y demás. Especial interés despertará el duelo entre Soraya y Cospedal. De los hombres, na de na, todos irán igual. Como caídas del cielo, han abierto en Valencia dos nuevas cafeterías idóneas para la cita del día después. Una es Las Delicias, un salón de té y tienda gourmet que ha abierto Mónica Piñones en la planta baja del Mercado de Colón. Mónica es la pareja de Vicente Gracia, una mujer como él, cariñosa y dulce, a la que, en cuanto te descuidas, le estás contando tu vida porque inspira mogollón de confianza. Su salón de té, pequeño y acogedor, decorado con piezas chinas, teteras inglesas y filigranas árabes (¡viva la mezcla cultural!) invita a pasar la tarde de merienda, compartiendo las fotos de las revistas y poniendo a caer de un burro a más de una diputada. Además de servir desayunos, lunch y meriendas, Mónica organiza cursos de cocina y tiene a la venta las tazas de Mr Wonderfull y juegos de café de porcelana inglesa, detallitos de decoración y productos gourmet para llevarte a casa. La inauguración, con gintonics de ginebra valenciana Ginself y música en directo de Mike & Mona, reunió a un montón de amigos de Mónica: Blanca Clérigues, Lourdes Forcada, Elena Esparza, el arquitecto Julio Gómez Perretta, Javier Martínez, Marc Insanally (del Café de las Horas), Carlos Serra (Mercader de Indias), Víctor Nebot, Alicia López, Conchita Cañamás (Flores la Tartana) y Delia y Amparo Barral.
Muy cerca, en Cirilo Amorós, Pablo Gómez Noguera acaba de abrir otra cafetería de lo más mona para quedar con las amigas a cotillear: Hippocampus. Es una mezcla de restaurante, tienda, librería, galería de arte y hasta sala de conciertos. En una zona tienes bollería recién hecha, menús, tartas y aperitivos y en otra puedes comprar un caprichito, como los capazos ibicencos de Stella Rittwagen, vestiditos de Trendipia o las pulseras hechas a mano de Link & Love. ¡Todo de lo más estiloso!
La semana ha dado para más cócteles. El jueves, la joyería Sie7e Jewels Gallery celebró su quinto aniversario en el Palacio Marqueses de Malferit, que tiene uno de los patios más coquetos del centro histórico de Valencia. Guillermo Martorell y Mamen Puchades invitaron a cenar a un buen grupo de amigos, entre ellos los doctores Luis Senís y Enrique Gastaldi, Antonio Novo del restaurante Casa Carmela y Valentín Sánchez Arrieta, de Valen and Cia; Encarna Roig, de Acosta; Maria Dolores Enguix de Óptica Climent, las doctoras Aurora Reig y Luz Aguiló, María Palop de Boix Cosmetics, Carmina Baraja de la revista Telva, Natalia Segrelles y Pablo Olmo. Si esta semana ha sido un no parar, la que viene ni te cuento. El jueves que viene tenemos shopening night y desfile de la Escuela de Diseño Barreira en la plaza de toros.

martes, 3 de junio de 2014

El joyero poeta

Todas sabéis que Vicente Gracia es un joyero, pero eso dicho así es una verdad a medias. Entras en su joyería, atravesando un portal alicatado con azulejo hidráulico valenciano. Te recibe él, si no te conoce, se hace amigo tuyo en un plis plas. Dentro huele a incienso. Subes por unas escaleras de madera enmoquetada y entras en el mundo de Gracia: dibujos, esculturas, vitrinas llenas de joyas, libros, cortinas de terciopelo, monedas antiguas estratégicamente situadas porque según él atraen riqueza… Te olvidas de que estás en la calle la Paz, aquello parece el palacio de Sherezade, de un momento a otro aparecerá el sultán, que por supuesto es guapísimo de la muerte. Mientras tanto, Vicente, sin que tú te des cuenta, ya sabe lo que quieres: le dices tú presupuesto y él te coge un sobre y escribe tu nombre con caligrafía arábiga. Debajo escribe la cantidad que estás dispuesta a gastar, da lo mismo que sea el equivalente a tu sueldo de cinco años, que las cuatro perras que queden de tu paga extra después de haber tapado los cuarenta agujeros que arrastras desde Navidad. Gracia es un paradigma de eso que ahora los chicos de marketing, siempre tan snobs, llaman storytelling. Por cierto, alguien debería obligar a estos chicos a recibir clases de español para aprender a traducir esos palabros que tanto les gusta soltar, vengan o no a cuento, en cualquier insignificante reunión de trabajo. Pero a lo que íbamos: Vicente crea un vínculo emocional entre tú y la joya que le compras. Sales de allí con tu sortijita y piensas que algún día, cuando seas una abuelita y se la enseñes a tu nieta, le contarás la historia que hay detrás de ella: eso es storytelling, o como dice Gracia, eso es: “Ser un romancer, que es lo que soy yo”. Estos días, en el restaurante Alma del Temple –calle Almirante- hay una exposición de dibujos suyos. Él dice que es la parte más íntima del trabajo, donde nacen las ideas inspiradas en los poemas místicos de los sufís, que en sus raptos místicos veían el jardín como si fueran piedras preciosas. Son dibujos y originales de sus diseños de joyas pintados a mano junto a poemas e inscripciones que reflejan toda su influencia creativa, desde la cultura islámica, cristiana y hebrea, hasta los cuentos de las mil y una noches. La exposición se podrá ver hasta el miércoles, así es que no os durmáis en los laureles que vuestro Paco está más pendiente del fútbol que los versos sufíes, así es que si queréis un poco de poesía en vuestras vidas tendréis que buscarla vosotras solitas en el restaurante de Caro Hotel.
En la inauguración estuvo Juana Roig, que está trabajando en el equipo de Vicente, y su hermana Amparo; el diseñador Valentín Herráiz, Alicia López, Mónica Jareño, que está a punto de abrir nuevo local en el Mercado de Colón, la diseñadora Presen Rodríguez y Maribel Cosme, María José Navarro, Maite Aparici, Alexander Herold, Delia barral, Borja Trénor, Vicente Lluch, la pintora Nanda botella, Nandita Manglano Trénor, Cuqui Sánchez Moncada, Laura y Blanca Fitera, el interiorista Carlos Serra, el cantante Javier Botella y José Vivó, de la tienda de niños, que este fin de semana participa en el Mercado de Tapinería en el mercadillo “baby boom”.
Esta semana también abrió en la calle Hernán Cortes la tienda de decoración Ampasi, que han montado Amparo López y Silvia Escola, mujeres de Germán Ros (Ros Casares) y Pablo Serratosa. Ni que decir tiene que allí estuvo lo más granado de la burguesía valenciana: Cuchita Lluch, que se ha hecho novia de Juan Echanove, ¡toma ya!; Jose Vicente Morata, Silvia Ordiñaga, Jose María Laínez, Inmaculada Lladró, Paco Roig y Magdalena, Andrés Llobell, Luis Lluch, Olga adelantado, Lourdes Reyna, Trini y Vicente Gracia, Nanda Botella, Verónica Montijano, Lucía de Miguel, Isabel aliño, María Gómez-Polo, Lorenzo Pérez, Ramón Esteve y Mayte Sebastiá, Jose Tamarit y Ana Varela, Nacho Gómez Trénor y Carolina, Josita Boluda y Juanjo, Sally Corell, Javier Monedero y Rosa, Lucas Zaragosí, Rocío Andrés y María González, Chimo Maldonado y Sofía Carpi, Juan Luís Serratosa y Belén Aliaga, Iván Martínez Colomer y Ana García.

lunes, 26 de mayo de 2014

El poder de la extravagancia

Ya sabéis que Consuelo Císcar ha sido muchos años la directora del IVAM y que hace unos meses dejó de serlo. Dimitió según por “razones de salud”, cosa que viendo su lozanía cuesta creer. Por otra parte, es sabido que su relación con la Consellera María José Catalá era peor que la de Kiko Matamoros con su hermano. Vamos que todo apunta a que se fue porque estaba hasta el pirri y sabía que sus jefes la querían poco tirando a nada. Eso ocurrió el diez de marzo. El jueves pasado, la revista Tendencias celebró en el IVAM su gala anual de entrega de premios, que es una de las grandes citas anuales de lo más granado de la sociedad valenciana. Imaginaos a cualquiera de vosotras en la situación de Consuelo: la que ha sido tu casa durante años celebra una fiesta, a la que asiste lo más influyente de tu ciudad; ¿qué haces, te quedas en casa llorando tu desdicha, en plan “paso de vosotros” porque no me queréis, o te plantas allí en plan a mí no me doblega ni un huracán? Pues ella optó por plantarse allí y no sólo eso, sino que lo hizo con un vestido indescriptible (ver la foto) de su amiga Agatha Ruiz de la Prada, no fuese a ser que alguien la pasase por alto. ¡Olé tú bonita!, pensé en cuanto la vi; ¡ahí, con un par de tacones!, y al que no le guste que se compre un duro de desierto y se vaya a barrerlo. La gente, en las redes sociales, la puso a caer de un burro. Está visto que una tiene que ajustarse a los cánones estéticos dominantes, y que si no tienes las medidas de una modelo y ya has cumplido los cincuenta, es mejor que vistas algo discretito para no escandalizar y pasar lo más desapercibida posible. Pues no, como dijo Moschino: “Si no puedes ser elegante, por lo menos sé extravagante”.
La propia Agatha se puso un vestido estampado con manos y un enorme floripondio a la cabeza muy de su estilo, la de no tomarse demasiado en serio la moda y sus dictaduras. ¡Me encanta, me encanta, me encanta! A ver si es que Marichalar y Pedro J pueden llevar calcetines color morado y se les llama estilosos y rompedores y nosotras no podemos plantarnos un tocado en la cabeza en forma de maceta sin que nos llamen al orden.
Afortunadamente, a la fiesta de Angela Pla, vestida de Marta de Diego, acudió más de una señora con arrestos, como Naty Abascal, Mayrén Beneyto, con un vestido de rojo mantón de Manila de Marta de Diego, que también estuvo en la cena; Alicia de Miguel, con su abrigo estampado felino y sus gafas años 50, Rocío Bacharach o Laura Fitera, con un Dior vintage. Como viene siendo habitual, Ángela reunió a buena parte de la sociedad valenciana: el joyero Vicente Gracia (que acaba de inaugurar exposición en Caro Hotel) y Juana Roig, de rojo Valentino, Alfonso Manglano y Eva Marcellán, el vicerrector de la UV Guillermo Palao; Juan Valero de Palma, el neurólogo José Miguel Laínez y su mujer Elena Dióniz, el crítico gastronómico Alfredo Arguilés, el periodista Juan Lagardera, Encarna Roig, de Acosta; Javier Monedero, de Dicoval, con su mujer Rosa Sanchís; José de Miguel (nuestro Richard Gere valenciano) y su mujer Tati Monsonís; José Tamarit, de Chapeau, y Ana Valero, una embarazadísima María Cosín, el sastre Antonio Puebla, y señoras estupendas como Mª José Navarro, Marisa Martín, Sela Falcó o Blanca Fitera… También estuvo el diseñador Francis Montesinos, que se fue a fumar justo cuando tenía que entregar un premio ¡así es Francis!, y Alex Vidal hijo y Amado Ortells, premiados por su juventud y por su larga trayectoria, respectivamente. La troupe que vino de Madrid fue de lo más variopinta: además de Naty, el diseñador Pascua Ortega, que recibió premio al diseño y que es un señor educadísimo y de lo más elegante; Boris Izaguirre, premio a la comunicación, la periodista Marta Robles y Carla Royo-Villanova.
Carla aprovecho la tarde en Valencia y antes de la fiesta pasó por VM The Shop, la tienda de José Luís Vilanova y Verónica Montijano, para apoyar la presentación de una colección cápsula de los diseñadores Alalá, unos gallegos que van a abrir taller en Valencia.

lunes, 19 de mayo de 2014

Elegí un mal mes para dejar de comer

Mes de mayo, la primavera enloquece, los días alargan, te apetece salir, tomar una copa, o dos, acompañarla con un dulcecito, dar rienda suelta a tus apetitos concupiscentes, quieres soltarte la melena y disfrutar de la vida. Pero, ¡Oh, Dios!, estás en plena operación bikini, así es que, contrólate bonita, que el mes que viene hay que bajar a la piscina y no quieres estar observando desde tu balcón, cómo las vecinas han superado la prueba y tú te has caído con todo el equipo. Estás ahí arriba y ves a fulanita, toda ufana ella con su nuevo bikini, levantándose de la tumbona sin complejos y dejándose olvidado el pareo: la muy borde, lo hace adrede porque sabe que la estoy mirando y quiere que me chinche de envidia. Tú te metes en la habitación y vuelves a probarte el bikini del año pasado a ver si alguna fuerza del destino lo ha agrandado, pero no, sigue siendo tan diminuto como hace quince minutos. Así es que nada, guapas, a controlaros, no hay más. La que no pueda hacerlo sola, que pida ayuda. Eso es precisamente lo que hace el método de adelgazamiento de moda, el Thinking. Una invención de Diego Olmedilla, que se ha planteado esto dieta como la cura de desintoxicación de un drogadicto. Y encontró una solución que combinando la terapia de grupo, el coaching y tratamiento psicológico, la nutrición y el ejercicio suave. No sé qué tal funcionará, pero promete ser divertido. Imagínate sentada en círculo con un grupo de amigas, cada una confesando sus delitos: yo ayer me comí un brioche… “Ohhh, un brioche, ¿cómo se te ocurre?”. Olmedilla ha abierto un centro en la calle Ruiz de Lihory y lo celebró con un cóctel en la terraza del Hotel Astoria. Entre los invitados, Marita Puig Foncuberta, Marisa Ponce de León y Carmen Topete, muy amiga de la madre de Diego, Paloma Caveda Barroeta. También estuvieron los abogados Jorge Martí y María Rodrigo, Pilar Manglano y Juan Carlos Pérez de los Cobos, María Gómez-Trénor, Elena García del Moral, Isabel Clara Stuyck, Magüi Alonso, Isabel Clara Alonso, Margarita Enríquez, Mónica Morales, Aita Guillen y Guzmán Guía Llobet. La cena fue de lo más light, ensaladitas, gazpacho, crema de verduras… la dieta empezaba bien. Pero hete aquí que un grupo nos dejamos embaucar por el director del Astoria, Joan Soldevila, para probar un afterwork con dulces, ¡adios al Thinking, a la terapia del grupo y al coach! Donde haya un buen tocino de cielo y una tarta de chocolate que se quiten los espárragos, ya veremos cómo lo contamos en la terapia de grupo, pero por lo pronto, lo que va per davant, va per davant. Más sobre terapias de adelgazamiento.
 El mismo jueves, abrió en la calle Sorní el gimnasio de electroestimulación E-fit, ya sabéis, eso que te pones un chalequito y te dan pequeñas descargas mientras entrenas. A la inauguración acudió Javier Martínez, Mateo Castellá, Bernando Gúzman, Quique Sospedra, Fernando Aliño, Javier Castellar, Elena Clemente, Marta Torrado, Gerardo Camps y Ricardo Costa. Uff, lo que daría por ver al bueno de Ricky Costa con su chaleco y dando pequeños espasmos a cada descarga.
Definitivamente el jueves fue un mal día para dejar de comer. Por la mañana, los comercios más lujosos de Valencia, los de Marqués de Dos Aguas y Poeta Querol, invitaron a un desayuno en el Hotel Inglés para celebrar su acuerdo con Porsche.
 Por la tarde, Rosa Morera organizó en Max Mara un taller de flores con Carolina Cot, al que fueron Doria Rosso, Ana Morera, Ana Peris, Amparo Alapont, Pilar Pons, Consuelo y Desamparados Gil y Totón Barberá, entre otras. Pero además Rosa tuvo el detalle de sacar una merienda de lo más tentadora preparada por Claudia Mariño, de My little bloom. Y por si alguna se había quedado con hambre, por la noche se inauguraba el restaurante El Colmado en la calle Riera, de los mismos dueños que Lotelito. Muchos invitados, entre ellos Juanjo Martí Gómez Lechón y su mujer María Hidalgo, Pepe Castelló y Exequiel Tiscornia; Jaime Álvarez, Fernando Martínez García del Real, Manuel Benlloch, Franco Duart y el estilista Rafael Moreno.

lunes, 12 de mayo de 2014

Arguimiro Balboa

Argimiro Aguilar es un icono de la sociedad valenciana. Un tipo hecho a sí mismo que empezó hace veinticinco vendiendo joyas a los bedeles de la facultad de Derecho y acabó montando una de las joyerías más emblemáticas de la ciudad. El año pasado le hicieron un butrón y le desvalijaron su joyería de la plaza del Ayuntamiento. Muchos creían que no levantaría cabeza; un golpe como ese en plena crisis debía de doler más que los derechazos que aquel ruso enorme le propinaba a Rocky Balboa en el ring. Pero Argimiro, como Rocky, se levantó y le plantó cara a su desdicha. El jueves su mujer, Sesé, y él inauguraron una nueva joyería en la calle Colón. Les arroparon buena parte de su clientela, que son también buena parte de lo más granado de la sociedad valenciana. Allí estuvieron el Presidente de Mercadona, Juan Roig, con su mujer Hortensia Herrero, el Conseller de Economía Máximo Buch, el presidente de la Cámara José Vicente Morata con su mujer Pilar Pons, el presidente de la empresa valenciana, José Bernardo Noblejas, y también el de los rotarios, Nacho Baixauli; Marisa Fayos del Teatro Olympia, Jose Tamarit y Ana Valero, de Chapeau, el director de Luanvi Vicente Tarancón y Laura, Vicente Aguilar, de Patatas Aguilar, y su mujer Toña Játiva, el presidente de la Magistral de Gastronomía José Luis Palencia, el pintor Enrique Senís, Antonio Meco y María José Albert, Laura Penadés y Jesús de Salvador, el futbolista Albelda con su mujer Vicen, el cardiólogo Joaquín Costa, Isabel Giménez, de la Bolsa de Valencia, María José Guillem, de Cuatrecasas, el periodista Eduardo Alcalde, Pepa Navarro, Julia Escribano y Luisa Bravo, además de un montón de gente de las fallas, como el presidente de Conde Salvatierra Vicente Fuster y el ex presidente de Convento Jerusalén, Jesús Barrachina, o la fallera mayor de Valencia de 1994 Laura Segura.
La verdad es que este hombre tiene una capacidad de convocatoria que ya quisieran para sí los candidatos a las elecciones Europeas, incapaces de mover a un alma si no es pagándoles el autobús. La joyería ocupa el local que dejó Yanes, un espacio que era excesivamente oscuro y recargado. Pero el interiorista Carlos Serra -que la semana que viene reabre El Mercader de Indias en la calle Taquígrafo Martí- lo ha reconvertido en una joyería más abierta y alegre, como su dueño. Las boisseries originales se han mantenido, pero con un nuevo lacado que va del blanco al roble original. Para contrastar, el mobiliario de vitrinas y de expositores es muy racionalista. Las mesas son de roble natural. Lo más impactante es la zona central de la joyería, con una bóveda cubierta de pan de oro y una escultura con plafones de latón dorado hechos a mano. Como buen anfitrión, Argimiro fue recibiendo uno por uno a los invitados, enseñándoles la joyería. La fiesta continuó después en el restaurante La Embajada, decorado estilo años 20 con globos dorados y plateados, cortinas de flecos dorados, teléfonos y gramófonos de la época y varias parejas vestidas con trajes de charlestón bailando a ritmo de jazz. “Argimiro nos contó que inauguraba una nueva tienda y después de veinte años en el oficio quería organizar una fiesta por todo lo alto, donde los invitaron quedaran fascinados”, cuenta Rosa Lorente, una de las organizadoras. La idea de recrear una fiesta como las de la película El Gran Gatsby le fascinó. Y “La Embajada”, ese palacete que está en la esquina de El Corte Inglés mirando al Parterre, era el espacio perfecto, con ese punto decadente de las viejas casas nobles.
Los suelos de mosaico, los techos altos y las lámparas de cristal, ayudaron mucho a recrear la mansión donde Gatsby celebraba sus fiestas para conquistar a Daisy Buchanan. No faltó de nada: barra libre con champagne, gin-tonics y cócteles de la época -manhattan y diamante-, dos espectaculares buffets de postres donde podías tomar marrón glacé, galletitas con el logo de Argimiro, bizcochos, mini merengues y vasitos de Red Velvet, música de jazz en directo y hasta un photocall con una cámara auténtica de años 20. La fiesta acabó con una coreografía y una lluvia de confetis dorados.

lunes, 5 de mayo de 2014

Emociones primaverales

Me llamareis sexista, machista o lo que os dé la gana, pero nunca he entendido a las mujeres que les gusta el fútbol y el jueves por la noche me autoafirmé en mi teoría. Por primera vez en mi ya aquilatada vida ví más treinta minutos de partido. Cuando por fin entendí porqué necesitábamos meter tres goles para ganar, siempre que los sevillanos no metiesen ninguno, va y me emociono. Aquello estaba ganado y yo, sentada en mi sofá, confieso que emocionada. Entonces va y ¡zaca!, nos cuelan ese gol que nos hunde en la miseria. Tres días después todavía me viene a la cabeza el desengaño. Fue como si llevaras tres meses reuniendo el dinero para comprarte un vestido; cuando por fin lo tienes, te vas a la tienda, por el camino se te ocurre parar a tomar un café y disfrutar de la apreciada tarde. Ya entras en la tienda, tus nervios a flor de piel, el vestido es tuyo, vas a estar monísima, tus amigas van a chinchar de envidia y tu ya te ves paseando por la Plaza del Patriarca levantando miradas de admiración. De pronto, sale la chica y te dice: No, no nos queda tu talla, acaba de llevársela una señora hace cinco minutos. Maldición, a qué mala hora me paré a tomar el café. La diferencia entre ellos y nosotras es que un golpe emocional como esos a nosotras nos dura una semana y puede traer consigo algún que otro mar de lágrimas. Ellos lo arreglan con cuatro risotadas y un par de cervezas con sus amigachos, y alé, ya están preparados para el próximo partido. Mientras que nosotras necesitamos medio año para recuperar las ganas de salir de compras. Así es que dejemos el fútbol para los y las futboleras y vayamos a lo nuestro que es la primavera, las terrazas, las flores, las tiendas… vamos, cosas emocionalmente menos agresivas, que nuestros corazones no están para esos sobresaltos. Por ejemplo, el próximo día que haya partido, nosotras nos vamos a dar un paseo por la plaza del Patriarca, que está de lo más mona con una floristería que han abierto en la calle Soledad. El Mercado de Colón no tiene rival como punto de encuentro para la tarde de compras, pero pero la Plaza del Patriarca y sus alrededores tiene un encanto y un aire parisién que mola mogollón para las tardes en las que no apetece el bullicio. Es como más estilosa, más noble. Allí, en un callejoncito peatonal que se llama Soledad, acaba de abrir una de las floristerías más coquetas de Valencia, la de Daniel Fombuena.
Pasas por la puerta y te parece que estás en París al ver los maceteros con hortensias de color fresa. Justo al lado, está Il Baco da Seta, la tienda de ropa de la italiana Lila Albanozzo, recién reformada, el lugar al que acuden las mujeres que buscan un fondo de armario con sello italiano: Fabiana Lippi, TwinSet, Es’givien… Lila lleva muchos años en el negocio de la moda, como Susana Camarasa, que acaba de trasladar su tienda Abito de la calle Comedias a la Gran Vía Marqués del Turia, donde estaba GV20. Susana tiene ropa de firmas muy estilosas -Essentiel, Antik Batik, Lebor Gabala, TCN, Notify- y también una pequeña selección de la gallega Masscob, con unos vestidos, shorts y blusones ideales. Alejandra Montaner también tiene Antik Batik y Masscob en su tienda, y además como las piezas no suelen coincidir, puedes ir de una tienda a otra hasta encontrar lo que te gusta. Un día primaveral de tiendas y callejeo por Valencia sólo puede terminar en una terraza.
La del Westin está monísima, con una exposición de esculturas en forma de ositos de gominola del artista deEmo. Y el jueves se inauguró la de L’Umbracle, más de 4.0000 invitados, entre ellos el presidente de la Fundación Conexus, Manuel Broseta, la escritora Marta Querol, Caco Monsell, Alvaro Tomás, Fernando Aliño, los arquitectos Jacobo Ríos y Ramón Esteve, con la redactora jefa de moda de Telva, Maite Sebastiá, que la semana que viene se va a Australia a entrevistar a la top Miranda Kerr, imagen de Swarovski, ¡que envidia me da!