lunes, 24 de agosto de 2015

Sociología de un náutico

Los clubs náuticos son un microcosmos en el bullicio veraniego de la Marina que dan para el típico análisis sociológico de tumbona, toalla y gintonic. Aquí convive el hombre mayor que toda la vida ha estado pescando y que sale con su barquito a ver si pilla algún llobarro, con la jovencita pareja del ricachón ruso sesentón que lleva puesto encima siete veces lo que vale la barca del pescador. Tienen su punto glamouroso y refinado, aunque no faltan las extravagancias propias de los nuevos ricos, con barcos ostentosos en los que sus dueños no acaban de encontrarse. Luego están los náuticos de toda la vida. Estos son más de navegar a vela y se pasan el día hablando de vientos, de cabos y de ceñidas. Visten zapato náutico, polo blanco, bermuditas y gorra marinera con un toque hippy, barbita de dos días y un cierto desaliño. Y admitámoslo, chicas, en este mundo de la náutica nuestro papel es más de figurín que de patrón. Que no se enfade nadie, seguro que tú eres una experta en navegar con el viento de popa, pero la inmensa mayoría de nosotras creemos que el llebeig es la traducción de “ya veo” al valencià normalitzat. Lo nuestro es tomar posesión de una tumbona, en un chiringuito con música chill-out y analizar sociológicamente el entorno, que es la forma fina de definir lo que siempre se ha llamado cotilleo. Por lo demás, ir de náutico en náutico es una buena forma de conocer la marina.
La ruta empieza en Denia, en El Portet: restaurantes, sitios de copas con Möet, música relajante y aquí te tiras el día haciendo lo que quería Zapatero en su retiro, controlar cómo las nubes atraviesan el Montgo. El siguiente puerto en nuestra ruta marinera es Xàbia. Antes de salir, los hombres, y alguna que otra mujer no se vaya a enfadar ninguna, debaten sobre el momento propicio para hacerse al mar porque han convertido el Cabo de San Antonio en su particular Cabo de Hornos, toda una heroicidad que requiere cierta pericia. Mientras nosotras, la mayoría que no todas, pensamos en qué atuendo es el adecuado para combinar la travesía con el desembarco en Xàbia, porque a ver, que alguien me explique qué zapatos te pones para no hacer el patán en la cubierta del barco y al mismo tiempo estar mona en La Siesta, el chiringuito más chic de Xàbia. Nuestro siguiente destino es Moraira ¿A quién te encuentras allí? Pues imagínate que coges la urbanización Santa Bárbara de Valencia con un helicóptero y la dejas caer en el Cabo de la Nao, allí están todos. Conforme vamos bajando al sur aumenta el calor y el número de extranjeros, sobre todo ingleses, alemanes, franceses, nórdicos y rusos, cuya presencia nunca pasa desapercibida, y menos en este mundo de la náutica porque estos rusos se gastan unos barcos que solo para salir del puerto han chupado más gasolina que un Mini en treinta años. Más al sur nos quedan Calpe y Altea. Aumenta aún más el calor y el bullicio, sobre todo en Calpe.
Elsa Martínez, que se ha criado aquí, me pasa unas cuantas direcciones chic para cuando tu chico haya amarrado el barco y deje de pedirte a gritos que le pases el muerto, que resulta que es una cuerda que hay que amarrar al barco ¡y tu pensando en lo peor! Bueno, a lo que íbamos: para empezar, un desayuno en la terraza del Hostal Terra de Mar, con unas vistas increíbles desde el casco histórico de Calpe; después un paseo por la zona y alguna comprita en la tienda Ibiza o las que tengan más presupuesto en Pau. Para comer, Audrey’s, súper estiloso y lo último de chef de la zona, Rafa Soler. Al atardecer, una caminata por el Peñón de Ifach, un baño en cala de la Fossa y de premio un gin tonic en la Champagneria del hotel Solimar.

lunes, 17 de agosto de 2015

Entre Xàbia y Altea

Los periodistas sentimos una especie de atracción fatal hacia los políticos, aun cuando escribamos en secciones frívolas como esta. Nos ponemos mutuamente a caer de un burro pero no podemos vivir los unos sin los otros. Esa atracción es la que me lleva a seguir de cerca los pasos de Mónica Oltra y a fijarme en cosas tan banales como los zapatos que calza o los modelos que luce. Pero cuando pensé en buscar algún cicerone que nos recomendase sitios glamurosos para tomar un gintonic veraniego, no sé por qué, pero no pensé en Mónica, si no en Carolina Punset, espero que la vicepresidenta no me lo tenga en cuenta.
El caso es que aquí estoy, en la terraza del Goa Lounge, en Altea, sitio que me ha recomendado la lideresa de Ciudadanos. Con un inmenso y calmado mar al frente, el peñón de Ifach a la izquierda y el parque natural de Serra Gelada a la derecha, el lugar perfecto para tomarse un gintonic una tarde de verano. Para romper el hielo con el camarero, le digo que el sitio me lo ha recomendado Carolina Punset, y él me mira con cara de póker y me dice, ¿quién?... ¡Glub!, resulta que Carolina es menos popular de lo esperado, no sé si debo entender eso como un cumplido hacia ella o todo lo contrario.
Altea rivaliza con Xàbia por su encanto costero pero tiene un punto más rebelde, más hippy. No olvidemos nunca que Xábia es feudo de familias valencianas de estricta moral católica, en las que no falta algún que otro rebotado que se pasa de frenada. Altea es más cosmopolita, sobrada de rincones bucólicos perfectos para dejar a los niños en Xàbia con la abuela y escaparte con tu chico. Después del gintonic en el lounge de Carolina, os perdéis por el pueblo, seguís dándole al gintonic y os vais al El Jardín de los sentidos, un hotelito rural escondido en medio de un jardín exótico con puentes de bambú, plantas tropicales y peces de colores, ¡y que sea lo que Dios quiera!
Yo no llegué a tanto y del lounge me volví a Xàbia a la fiesta que Fernando Aliño montó en la discoteca La Hacienda. Estas fiestas remember, que empezaron siendo de cuarentones, ahora lo son de cincuentones. Actuaron los Tweeters. Lleno total, chicos y chicas de Xàbia de toda la vida, como Alberto Clérigues, que tiene una hermana que se llama Begoña pero no soy yo, con su mujer Isabel Aliño, Nacho Guerra y Paty de la Viña, Miguel de Vicente y su sobrina Fátima Alcalde, Mayte Gómez, Macarena Campos, Susana Lozano, Pablo Serratosa y Silvia Escolano, Antonio Soler y María Vázquez, Tana Manglano y Asier Larga, Pancho Sapena y Carmeta Maldonado, Javier Carpi y Betty Llixiona, Alejandro Corell y María Fernández de Córdoba, Gonzalo Pascual y Carolina Alemany y David Lladró y Marta Aliño.
Para perderse en Altea
Alejandro Bataller vive en Altea desde hace ocho años, cuando se trasladó con su familia para montar Sha Wellness Clinic, en el Albir. “Me encanta la luz tan especial, los 330 días de sol al año, la brisa mediterránea, la naturaleza…”.
Alejandro recomienda dar un paseo por el camino al faro, en el parque natural de Sierra Gelada, disfrutar del atardecer desde el Portet, dar un paseo por el casco antiguo y buscar los talleres de artistas y los puestecitos de artesanía. Aparte de Shamadi, el restaurante de gastronomía saludable de SHA, sus favoritos son El Mercadito, en el casco antiguo, y La Bruschetta. Para tomar algo al atardecer, You chic, un chiringuito en la Olla de Altea. Y de compras la tienda de decoración La Cambra. ¿Y para conocer gente guapa? El Puerto de Campomanes. Fantástico para comer (Saltea), tomar el aperitivo (Bay Club) o hacer deportes náuticos (Maremoto)”.

lunes, 10 de agosto de 2015

Preysler, Xàbia y sus secretos

Hoy vengo a hablaros de Xàbia y de unos cuantos rincones curiosos que me han chivado Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, los diseñadores de Siemprevivas. Pero hablando de mujer a mujer, quería haceros una pregunta a ver si entre todas encontramos la respuesta. No es una pregunta frívola al uso de esa sección, es algo de mucho calado, algo que afecta a toda la cultura occidental, si me apuráis a la esencia misma de la naturaleza humana, a lo más profundo de la antropología. Allá va, ¿qué técnica secreta utiliza Isabel Presley para doblegar a los hombres?, ¿cómo consigue la filipina atraparlos en sus redes y obligarles a bailar al son de música cual quinceañeras enamoradas ante su amado? Si el machismo es la supremacía del hombre sobre la mujer, el feminismo debería ser lo opuesto y no la igualdad entre sexos. La filipina debería ser la patrona de quienes aboguen por un mundo femenino, donde el hombre se someta a la mujer. Y ahí es donde ella debería dar conferencias internacionales descubriendo sus secretos. Todas sabemos cuál es el punto débil de los hombres, pero ese ya no puede ser el secreto de una mujer que ha pasado los sesenta, y ahí está ella, arrastrando a Mario Vargas Llosa a los eventos que más le convienen.
Pero bueno, nosotras a lo nuestros que bastante tenemos con torear lo que tenemos en casa. Como todos los años, buena parte de la vida social valenciana y alicantina se traslada a la costa. Muchas de vosotras estáis o vais a estar en Xàbia, ya sabéis que allí hay dos grandes grupos, los que veranean allí de toda la vida, y los que llegaron anteayer; claro que estos últimos tienden a esconder su advenimiento a estas tierras. Así es que, tanto los unos como los otros, dicen que son de allí de toda la vida. Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, nietos de veraneantes de Xábia, me cuentan algunos rincones para presumir de conocer la zona como si hubieseis estrenado allí vuestros primeros chupetes.
Para un día de playa, el Portixol, Ambolo o la cala del Moraig. Para un baño rápido, Cala Blanca. Hay que ver la Iglesia de Nuestra Señora del Loreto, un ejemplo de arquitectura brutalista. Y la galería Set Espai DʼArt, donde siempre descubres artistas interesantes. De compras, El Zaguán, en pleno casco histórico, y la tienda de decoración Indigo. Para comer, varias opciones: bocadillos en el Austriaco, en el Arenal; para una cena desenfadada con pescado recién llegado al puerto, La Cantina, pared con pared con la lonja de pescadores. A unos pocos minutos del pueblo, en la encantadora Tasca de Jesús Pobre, los domingos por la tarde montan un mercadito gastronómico de productos de la zona; Chez Angel, un clásico al que siempre apetece volver, como la terraza del Parador de Jávea y los arroces de La Perla. Para los más snobs, uno de los mejores Pad Thai del mundo en el restaurante Monsoon Thai en el Arenal. Carnaval Café para un antojo de comida mexicana. Un chateaubriand en la barra del restaurante Los Remos nunca falla. Las mejores tapas en Estapati. Y si quieres darte un capricho, el restaurante Bon Amb del chef Alberto Ferruz. Las copas, en alguno de los chiringuitos que ocupan el primer Montañar, desde Saona, La Siesta o Montgo di Bontgo. ¿Y qué te pones para salir en Xàbia?
La mujer de Xàbia es sencilla y discreta. Lleva vestidos largos de seda con rayas irregulares, kaftanes, camiseros y sandalias de Castañer con o sin tacón y para la noche algún vestido a medida para las fiestas que se celebran en las espectaculares casas diseñadas por Ramón Esteve, como Casa Sardinera, o María José Tatay y Juan Blat.” ¿Complementos? Su compañero de día es un maxi capazo en el que quepa todo lo necesario para pasar un intenso día en el mar. Por la noche lo sustituye por un micro bag que le permita bailar mucho, porque aquí en Jávea, en verano, somos de bailar.

lunes, 3 de agosto de 2015

Oltra y Marzà: creadores de tendencia

Francis Montesinos vistió a Carmen Alborch, Rita nunca se lo perdonó. A ella, a Rita, la vestía Alex Vidal que gracias a esa clienta, convertida en amiga, alcanzó gloria dentro y fuera de su tienda. La llegada de Compromís al poder valenciano pueden ser una oportunidad para un diseñador avispado, incluso mejor dos: uno para ellos, otro para ellas. Vicent Marzà podría ser el primer cliente de nuestra nueva promesa de la moda masculina. Mueren las corbatas, los trajes, las americanas y los zapatos ingleses, vamos la antítesis de los gentleman tipo Eduardo Zaplana, Manuel LLombart o el actual Ministro de Educación Íñigo Méndez de Vigo. Por cierto, ¡qué foto!; el Ministro tan puesto, tan aristócrata él, tan “todo en su sitio”, con chaqueta de botones dorados y ni un solo pelo descolocado, ni si quiera los de su elegante barba plateada. Junto a él nuestro flamante nuevo Conseller: camisa cuello Mao, chaqueta azulona arrugada, pelo y barba desaliñados, vaqueros negros y unos zapatos que el Ministro no se hubiese puesto ni para ir a las caballerizas de alguno de sus amigos aristócratas.
Marzà podría vestir de Miquel Suay, que acaba de desfilar en la pasarela de hombre de Barcelona. Probablemente el Conseller entienda que esto es una frivolidad, que el hábito no hace al monje y que él no tiene por qué cambiar su fondo de armario. Pero lo bien cierto es que vestir de un diseñador es apostar por la moda de un territorio. A Doña Letizia se le ha criticado más de una vez que haya acudido a actos oficiales con ropa de diseñadores extranjeros. De hecho ya no lo hace. Y cada vez que se calza uno de los zapatos Magrit de Elda, hace que suban las ventas. Los cuatro días que el Conseller lleva en su cargo ya se empieza a notar que sin quererlo crea tendencia: las camisas con cuello Mao o Panadero empiezan a proliferar en los actos oficiales; las corbatas han desaparecido y los trajes almacenan polvo en los armarios. Por cierto, chicas, hay que ir aprendiendo la diferencia entre un cuello Mao, que tiene forma de collarín, de uno Panadero, que es como el anterior pero con solo tres botones que llegan unos centímetros más abajo del cuello.
El otro foco de atención sería Mónica Oltra, que puede llegar a tener tanta capacidad de crear tendencia en Valencia como Doña Letizia en España. Tendrá que buscarse un diseñador. Descartada la posibilidad de que fraternice con Alex Vidal, supongo que antes preferiría verse con harapos que con una chaqueta rojo Rita. Francis Montesinos tampoco es su estilo. Demasiado floreado y estampado para una mujer tan clásica como Mónica. Porque Mónica, aunque progresista y poco pepera, es clásica en su atuendo.
A Mónica Oltra le vendría como anillo al dedo el estilo de Juan Vidal: vestidos femeninos, poco estampados, con la dosis justa de coquetería, y de corte bastante limpio. En su ropero también encajaría algún vestido de Siemprevivas, perfectos para recepciones oficiales y reuniones de gobierno. Por cierto, que Juan Vidal ha recibido esta semana dos premios gordos: el Premio Nacional de Moda del Ministerio de Industria y el Premio Telva Moda al Mejor diseñador nacional, ¡toma ya! La redactora jefe de moda de Telva, Mayte Sebastiá, fue de las primeras en reconocer su talento y apoyar su trabajo. “Tiene la técnica de Cristóbal Balenciaga y la capacidad de sorprender de Miuccia Prada”, dice de él.
Mónica podría hacer mucho por la carrera del diseñador de Elda. Ella es la musa de las mujeres progres de toda España, que bien podrían imitarla impulsando así la moda valenciana de la mano de Juan Vidal. Ya me veo la próxima convención de mujeres podemitas, todas ellas vestidas con la ropa del alicantino. Nunca comentarían sus últimas colecciones, porque eso les sonaría a frivolidad pepera, pero sin citarlo competirían a ver cuál de todas lleva el vestido más oltriano y eso sería bueno para la moda valenciana

lunes, 27 de julio de 2015

Feria de Julio

Pocas fiestas populares alteran tan poco la vida del pueblo como la Feria de Julio de Valencia. Muy pocos reparan en ella, quizás sólo los aficionados a los toros. Así es que lo único que le faltaba a la pobre es esta fiebre antitaurina que nos ha traído las nuevas tendencias políticas.
En los años dorados del PP, la barrera de la plaza de toros era un punto de encuentro de los políticos y con ellos de buena parte de la sociedad valenciana, que competían a ver quién llevaba el puro más largo, la merienda más gourmet y, en el caso de las mujeres, el vestido más flamenco. Pero los políticos son pelotas, serviles y algo tacaños, por eso en cuanto sus líderes han abandonado la Plaza, ellos han decidido masivamente que hay cosas mejores que rascarse el bolsillo para pagar la entrada de los toros, así es que por allí no aparece ni un aspirante a concejal.
Mónica Oltra podría darle una vuelta a todo esto, si mañana ella decidiese que su vida son los toros, la barrera de la Calle Xàtiva volvería a ser lo que fue y ejércitos de jóvenes promesas de la política correrían a comprar El Cosio para conocer el reglamento del arte taurino. Luego se darían codazos para conseguir un abono en la mejor barrera, desde la que juzgar la faena de Morante de la Puebla. Pero no me veo yo a Mónica enflamencada echándole a Finito de Cordoba un ramo de flores mientras él le ofrece la oreja del toro recién cortada. Total, que a la fiesta nacional le toca ahora cruzar el calvario que en su día atravesaron las chaquetas de pana y los discos de Raimon u Ovidi Montllor.
La única que mantiene visible su afición es Mayrén Beneyto. Ella ha estado allí siempre y sigue estándolo, vayan o no los presidentes, ministros, alcaldes o estrellas del corazón. Eso es afición y lo demás era una pura pantomima.
Yo, que no voy nunca, fui el viernes. Hacía más calor que durmiendo debajo de un plástico, pero no quería perderme a Morante de la Puebla. Toreó fatal, al menos eso decían los entendidos, pero a mí eso me importaba bien poco, él es un mezcla de Carlos Gardel, Oscar Wilde y Manolo el de los Chunguitos. Yo quería verle de cerca y allí que me fui, ojalá Mónica Oltra hubiese estado en la plaza, ver a mis dos ídolos juntos hubiese dado sentido a mi vida entera. No pudo ser, me falló Mónica, pero al menos estuvo Mayrén con su marido Ramón Almazán. No había ningún otro famoso, qué se le va a hacer, son cosas de la política.
La semana ha dado poco más de sí; una exposición de Quique Dacosta en el Muvim, mucho calor y una cena en una barraca de la Albufera organizada por el Club Moddos, Josep Lozano y su inseparable socio Lluis Nadal. La barraca es la misma donde se rodó la serie Cañas y Barro y allí, sobre el mismo césped que pisaron Neleta y el tío Paloma, ahora Fernando Aliño, de El Alto, organiza eventos que quedan espectaculares viendo la puesta del sol sobre la Albufera.
Jopé, si en un marco tan valenciano se pudiese organizar una corrida de toros, a lo mejor arrastrábamos hasta allí a Mónica Oltra y a Morante de la Puebla. Ver a mis dos ídolos allí, mientras el sol se pone entre agua y las cañas de la Albufera, daría sentido no a mi vida, sino a siete vidas que viviera. A la cena de Moddos, con paseíto en barca incluído, fueron Fernando Giner y su majísima mujer, recibidos por Fernando Aliño como buen anfitrión, Luz Aguiló, Alfredo Esteve, Juan Antonio Murgui, Encarna Roig, Amparo Ortuño, el arista Juan Antonio Rodríguez Roca (Jarr), Alina Giorgeta y Julio Rodrigo, el joyero Guillermo Martorell, Jorge Alcocer, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, Cristina y Julia Pérez-Broseta, Anna de Blas y Fermín García, Amparo Muñoz, Carlos Alapont y Fernanda López, Sandra Abramovici o Sefa Ferrer.

lunes, 20 de julio de 2015

Corrillos de política

La política rara vez ha sido tema de conversación en las fiestas de sociedad, a lo sumo hacías algún comentario para ponerles a caer de un burro y luego seguías con temas mucho más serios: el peinado de Doña Letizia, las rebajas de Chapeau, los beneficios de la electroestimulación para mantener a las piernas en su sitio…
Últimamente eso está cambiando, en los cocteles se habla de política, o mejor dicho se cotillea sobre los políticos. Vas a una fiesta y en los corrillos es habitual hablar de las últimas excentricidades de Rita Barberá, de la web que se ha montado Manuela Carmena, o del pipí que hizo en medio de la calle la directora de comunicación de Ada Colau. Dejo a vuestra elección decidir si esto se debe a que hemos convertido la política en espectáculo, a la irrupción en la escena de las almas podemitas, o a que últimamente hay más mujeres mandando en los asuntos públicos. Ojo, que la que elija esta última opción se la juega a que le llamen machista, retrograda, amargada, beata, carca y vete tú a saber qué más. Hay una cuarta opción: los cócteles atraen más a las almas peperas que a las podemitas, y como aquellas están cabreadas, se desquitan poniendo a caer de un burro a éstas.
Menos mal que encuentras a mujeres como las hermanas Fitera, que siempre te acaban hablando de un nuevo diseñador o te descubren que la fuente de inspiración de Miuccia Prada es Lady Duff Gordon. O Javier Monedero, de Dicoval, que te cuenta que ha estado en el nuevo club de Ferrán y Albert Adriá en Ibiza. Se llama Heart, no tiene teléfono de contacto, sólo se puede reservar en internet, y para acceder a la terraza llena de puestecitos de comida Street food tienes que soltar 80 euros, que no incluyen consumición, sólo te abren las puertas del local. No te cuento si te quieres quedar a cenar, son 150 por persona sin incluir la bebida. Y lo que son las cosas, hay quien está intentando reservar desde hace semanas sin conseguirlo.

De todos estos cotilleos políticos y noticias varias se habló en la última fiesta del verano en Valencia, la que montó el programa de TV Revista de Sociedad que dirige Iñaki Verchraege. Fue en la terraza de Tosca Llar y el dress code sugería ir de blanco y negro. La mayoría de hombres optaron por el blanco, con un total look ibicenco en lino, salvo Joan Soldevilla, con camisa negra. Entre las féminas, hubo de todo: vestidos de cóctel blancos fondo de armario, como el de la decoradora Amelia Delhom; mix de top negro de Armani y falda a topos de Carolina Herrera de Laura Fitera, el vestido de cóctel negro de Ana García-Rivera en contraste con la sonrisa más blanca y perfecta de la fiesta y el blanco roto discreto de María José Navarro, flamante nueva presidenta de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes San Pio V y un encanto de mujer. A la fiesta también acudió el joyero Antonio Romero, María Dolores Enguix con su marido Marcelo Soto, Angela Valero de Palma, Mercedes Fillol con su marido Vicente Pellicer, Amparo Lacomba, la doctora Luz Aguiló, el doctor Juan Antonio Murgui, el estilista Alfredo Esteve, con camisa blanca con pechera; el presidente del Club Moddos, Josep Lozano con Angel Garó, el empresario Vicente Macías, con sus hijo Jorge y Alberto; Rosa Lloret, Ana Joudí, de la Clínica Zahrawi, Carmen Pocoví, la fundadora de cafés Valiente, Celia Valiente, la diseñadora Hortensia Maeso, Mayte Monteagut, Pura Barber y los indumentaristas Alvaro Moliner, Carmen Asins y Margarita Vercher con sus hijos Alicia y Javier.
Bueno chicas, la temporada de verano en Valencia queda definitivamente cerrada hasta septiembre. Cualquier otro año hubiera dicho que la vida social se traslada Xàbia, Denia, El Perelló o el Mareny Blau. Pero este año no estoy tan segura. Quizás haya que buscarla en Morella o en Llíria, que es donde pasa el verano Mónica Oltra.

martes, 14 de julio de 2015

La Cope, el Westin y Mónica Oltra

¡Qué caprichosa es la vida! La semana pasada elucubraba yo aquí sobre la posibilidad de encontrarme a Mónica Oltra en una de esas fiestas, que suelen darse en sitios como la terraza del Westin, y a las que acude lo más principal de la ciudad, ya sabéis, empresarios, familias de renombre, autoridades… Vamos, toda esa gente que hasta ahora estabas acostumbrada a ver departir con los líderes del PP como si llevasen toda la vida comiendo sopas juntos.
Pues mira tú por donde, eso fue exactamente lo que pasó el jueves por la tarde. La Cadena Cope celebraba su entrega anual de premios en la terraza del Westin. Entre los invitados, como no, el flamante nuevo Presidente de la Generalitat, Ximo Puig, acompañado de las más altas autoridades políticas, empresariales, sociales e incluso eclesiásticas. Y allí estaba ella, acaparando, sin quererlo y quizás sin darse cuenta, la atención de casi todos. Vestido color nude de gasa por debajo de la rodilla y zapatos de tacón medio: muy femenina.
Fue discreta y mientras el President se integraba entre la concurrencia, como si no hubiese hecho otra cosa en su vida, ella se quedó en un rincón hablando con un grupo de jóvenes. Yo quería abordarla, necesitaba hablar ella, presentarme, decirle que era mi nueva musa, la fuente de mi inspiración, la verdadera princesa del pueblo y no Belén Esteban. Y ella, con aquellos jovencitos que la tenían rodeada; y yo mirando, y esperando, y una copa de champán y otra, otra y otra más; y aquellos que no la dejaban moverse. Al final, el champán cumplió con su misión: me dio el valor necesario para abrirme paso a codazos y llegar hasta ella. Hablamos durante un par de minutos, tampoco era cuestión de abusar; y como no me mandó a hacer a gárgaras, ahora considero que Mónica y yo somos medio amigas, ¡ja!, me encanta, me encanta y me requeteencanta.
Por lo demás, la tarde de la Cope en el Westin tuvo su punto. Fue como una puesta de largo del nuevo poder político valenciano. Allí estaban los que llegan y los que se van; y ni los unos ni los otros parecían asumir su nuevo papel. Unos porque no se encontraban, otros porque estaban a no ser el centro de los corrillos. Alberto Fabra se fue pronto, María José Catalá y Vicente Betoret estuvieron por allí, pero pasaron casi tan desapercibida como las azafatas. En el otro bando, Enric Morera, Joan Calabuig, Antonio Gaspar y otros muchos que todavía no conozco, entre otros Antonio Montiel, andaban por allí tratando de mimetizarse con el entorno. Yo, como ya me había hecho amiga de Mónica, me fui. Era bien entrada la noche, alí se quedaron el Presidente, Mónica con sus amigos jovencitos, e Isabel Bonig y Juan Carlos Moragues, nuevo Delegado del Gobierno, que fueron los únicos peperos que aguantaron el tipo hasta el final.
Pero bueno, yo de lo que os quería hablar era del cuarenta cumpleaños de Ángela Pla, que lo celebró la semana pasada en la Masía del Carmen, una casa señorial del siglo XVIII de Alejandro Noguera. Ciento cuarenta invitados, ellas de largo y ellos con traje oscuro, catering de Gourmet , música de Copa Ilustrada y decoración de Paloma Tárrega que puso dos larguísimas mesas, una para chicos y otra para chicas, recreando los bailes antiguos.
En la mesa de chicos, Manolo Peris Mendoza, Adolfo Utor, José Enrique Ruiz Domenech, Miquel Navarro, Josep Lozano, Eduard Mira, Manolo Peris Santoja, Alfonso Maldonado, Lucas Soler, Victor Romero, Alfonso Manglano, Pedro Ribelles, Ramón Bandres, Juan Valero de Palma. En la de chicas, Paloma Tarrega, Mayrén Girona, Vicen Fernández, Marisa Gallen, María Antonia Reig, Ana Casanova, Ana Serratosa, Marieta Monfort, Mónica Duart, Sally Corell, Maite Sebastiá, Lucia de Miguel, Elena Meléndez, Emilia Selva, Fátima Zamorano, Tatiana Monsonís, Eva Marcellán, María Muñoz de Prat y Pilina Rodrigo.
Solo se cumplen cuarenta años una vez en la vida. Es una pena que Mónica ya haya pasado los cuarenta. Como somos medio amigas, a lo mejor me habría invitado.

lunes, 6 de julio de 2015

El Westin inaugura el verano

El jueves la terraza del Westin estaba más concurrida que el balcón del ayuntamiento desde que Joan Ribó es alcalde. Allí estaba lo más chic de Valencia, pisando las mismas baldosas por las que ha paseado lo más conspicuo del glamour internacional: George Clooney, Kevin Costner, Bruce Springsteen, Claudia Schiffer o Elle Macpherson.
En el centro de la terraza, una gran escultura que reproduce un enorme osito de gominola. Alrededor, camareros sirviendo exquisiteces como sushi de Komori, saquitos de marisco, ceviche de corvina o mini croquetas de boletus. Todo presentado con ese estilo ya típico de los cocteles elegantes, en los que ya ni siquiera te dan una tapa, sino un bocadito de la tapa; cualquiera de nuestros abuelos hubiese creído que le estaban tomando el pelo. Claro que la gente, por muy elegante que sea, hace tiempo que perdió la vergüenza y aborda al camarero hasta arramblar con la bandeja. En definitiva, lo que popularmente se conoce como un ambiente fino y elegante a la par que discreto.
Entre los asistentes, debía de haber pocos votantes del PSPV, casi ninguno de Compromís, y de Podemos ya ni hablamos. Cuando el PP era el PP y no la sombra de lo que fue, en una de estas fiestas te encontrabas a medio gobierno y siete docenas de aspirantes a ser amigos suyos; iban allí, a hacerse el encontradizo, a ver si con suerte el conseller de turno le daba tres minutos de conversación.
Ahora el cuento ha cambiado, y ardo en deseos de encontrarme con Mónica Oltra en alguno de estas fiestas. Antes o después tendrá que ir, porque seguro que la invitan, y no podrá negarse eternamente.
¡Ay!, me cambiaría por ella sin dudarlo un segundo: allí entraría yo, con mis sandalias planas, mi vestido con un aire hippy, y mi porte rebelde.
Entraría por la puerta, dejándome agasajar por el anfitrión de turno, con más cara de pepero que el mismísimo Aznar; y esculpiría en mis labios esa sonrisa suya contagiosa, que no sabes si se está riendo de ti, porque ha enviado a los tuyos a las mazmorras de la oposición, o es que es simplemente es una mujer feliz.
Todo llegará, quién sabe, a lo mejor entre toda esa gente fina y elegante hay más votantes de Mónica de lo que nos creemos. Bueno, el caso es que el Westin celebró el jueves su ya tradicional fiesta de inauguración de la terraza, que viene a ser al verano, lo que la Cridá a las Fallas, y encima con mucho, pero que mucho, “caloret”.
Entre los invitados, Alejandro Solvay e Iñigo Parra, de APD; Juan Grima, de Cuatrecasas; Ricardo Díaz, de Deloitte; Pedro Novella, de Everis; Carlos Serrano, de Cárnicas Serrano; Enrique Belenguer, de la Fundación ÉTNOR; Andreu Miquel, del IVI, Gonzalo Trénor de Ramafrut o Fidel García-Guzman, del grupo Guzmán. Mucho ejecutivo y empresario y ningún político. Entre las mujeres, mucho estilo, como el de Paula Sánchez de León, monísima con un vestidito lencero de seda, o Verónica Montijano, que estuvo con su madre Ana García, y su marido José Luis Vilanova, que pronto dejará Valencia para pasar los meses de verano en las Rías Baixas, ¡qué envidia!
También estaba Pedro García Mocholí, que descubrió una barra de champagne Perrier Jouët abandonada en medio del jardín a la que hacían menos caso que a Alberto Fabra en una convención de nuevas promesas de la política.
El mismo jueves, los dueños de Lotelito, la cafetería de moda en Valencia, abrían un nuevo restaurante en la Malvarrosa. Se llama Portolito y está decorado en blanco y madera con suelo de barro cocido que le da un toque valenciano que a Carolina Punset (Caroline Punto Siete como la llama Xavi Castillo) le hubiera parecido propio de L’Alquería Blanca. Por allí se dejó ver Teresa Badía, Nati Altarriba, el estilista Rafa Moreno, Carmen Martínez y las periodistas Elvira Graullera, Eva Montesinos, Mariola Cubells e Isabel Goyanes.

lunes, 29 de junio de 2015

Seda, incienso y té kashmiri

Vicente Gracia viajó hace unos meses a Cachemira, una región de la India perdida entre las montañas del Himalaya, y volvió enamorado de sus tierras fértiles, de los lagos y del misticismo que se respira. “Si hay un sitio donde me perdería es aquí, en el Valle Nigeen Lake, un lugar con una vibración especial”. Cuenta Gracia que los emperadores de la India islámica subían a Cachemira para soportar los calores del verano y allí construían sus jardines basándose en los de la Alhambra. “El imperio Mongol era muy refinado y su corte estaba llena de poetas, astrónomos, matemáticos…” Tanto le ha impactado el viaje, que el joyero ha creado una colección enterita de joyas inspirada en la India. Vicente es así. Hay turistas que vuelven de sus viajes con miles de fotos en los monumentos más famosos y Gracia vuelve con historias y leyendas de esas que te dejan con la boca abierta y sin pestañear. Con razón dice de sí mismo que es un romancer…
La colección completa se podrá ver en su joyería de la calle la Paz hasta finales de julio. Hay pendientes, broches, brazaletes, collares, que mezclan piezas antiguas que Vicente compró al Sultán Singh Backliwal con elementos muy valencianos. Por ejemplo, cúpulas islámicas llenas de flores y rosas talladas de la huerta valenciana en coral, turquesa o lapislázuli. ”Li done el primor valencià a las piezas de cachemir”. Con esta fusión, intenta explicar la vinculación de Valencia con oriente a través del comercio y la Ruta de la Seda. El jueves, el joyero invitó a clientes y amigos a la inauguración y les pidió que llevasen algún detalle de la Ruta de la Seda en el atuendo. El propio Gracia se vistió con un blusón de zaragüell, sombrero andalusí –el clásico sombrero del árabe español que llevan los regulares del ejército español- y unos pantalones jodhpur (los que los adolescentes llaman cagados) con una tela adamascada que le cosió Valentín Herráiz. 
Juana Roig, socia del joyero, llevó un turbante de seda con un broche y un top de seda que dejaba adivinar su embarazo; su madre, Hortensia Herrero, un caftán bordado y su padre, el empresario Juan Roig, un traje chaqueta sobrio sin ningún guiño al motivo de la fiesta, como la mayoría de los hombres. La excepción fue Javier Martínez, con turbante y camisa de seda estampada, y Marc Insanally, del Café de las Horas. Las mujeres se prestaron al juego encantadas. Encarna Roig, de Acosta, llevó un sari negro bordado en oro precioso y Lila Albanozzo, de Il Banco da Seta, una falda larga de seda brocada; también estuvo la diseñadora Marta de Diego con su Socia Pepa Martí, el diseñador Valentín Herráiz, Annick Thebiá, una alta funcionaria de la Unesco afincada en Valencia, y Adela Sánchez Moncada, Cuqui, una señora estupenda que pasó su niñez en el Tánger de los años treinta que retrata el libro El Tiempo entre Costuras y que tiene casi tantas historias que contar como Vicente Gracia. Todos los elementos de la fiesta fueron muy adhoc, desde la música y el perfume de incienso hasta el té kashmiri con anís estrellado, canela y cardamomo servido en copa de cóctel con el que te sentías transportada directamente a Cachemira. Ay cachemira, quien pudiera ir a cachemira.
Mientras buscamos la ruta para poder ir (admitid, bonitas, que no tenéis ni idea de donde está), siempre nos queda la oportunidad de perdernos en las montañas valencianas. Ahí está el alto Palancia. Hija no es cachemira pero tiene su aquel. Allí, en la Sierra de Espadán, se produce uno de los mejores aceites de oliva de una aceituna autóctona, la serrana, la variedad que ha elegido el empresario Vicente Boluda para elaborar su aceite de oliva Fos. Lo presentó el lunes en la terraza del Astoria con una cata y un cóctel donde se sirvieron los vinos de Fos, también de la familia. Allí estuvo Paco Lorente y su mujer Loreto, José Miguel Bielsa, del Hotel Neptuno; Faustino García, de Joselito; Jorge Fernández de la Taberna Alkázar, Pablo Bacete, de Le Blossone, y un montón de gente del mundillo de la gastronomía.

lunes, 22 de junio de 2015

Revolución plástica

Las hijas del postfranquismo hemos sido innovadoras en muchas cosas: en salir de casa más allá de las diez de la noche, viajar con el novio como si tal cosa, vivir en el pecado, hacer que el marido friegue los platos… De entre nuestras muchas innovaciones y aportaciones a la historia de la humanidad, una de ellas es la aceptación de la cirugía estética como una rutina más de belleza. Nuestras madres se las apañaban con un motón de potingues para la cara, las permanentes caseras aquellas que se hacían con los rulos por la noche, y con la peluquería. La manicura era un símbolo de esnobismo y la pedicura nadie sabía lo que era. Por aquél entonces, la cirugía estética era cosa de cuatro famosas que salían en la tele; nuestras madres, para no morir de envidia, las consideraban una excéntricas cuando no algo peor. Ellas, como mucho, llegaron a hacerse algún estiramiento facial, pero a casi ninguna se le pasó por la cabeza arreglarse el pecho, aumentar el volumen de los labios o pegarle un tajo a los párpados caídos para devolver el esplendor a su insinuante mirada femenina. Ahora intercambiamos nombres de cirujanos como antaño lo hacían de peluqueros, pero a mediados de los noventa el único nombre que sonaba en Valencia era el del Doctor Mira, que lleva cuarenta años ejerciendo la cirugía plástica y ha tratado más de quince mil casos. Los hombres, que para estas cosas tienen la misma sutileza que un puerco espín, decían de él que tenía el récord de tocar tetas y acompañaban esta gracia de fuertes carcajadas y de algún otro comentario que merecía echarles por encima el café con leche que te estabas tomando.
Pues bien, el Doctor Mira sigue ahí, innovando. Lo último es la colección de cremas que ha lanzado y que presentó esta semana en VM The Shop, la tienda de Verónica Montijano y el gallego valencianizado José Luis Vilanova. En la presentación, animada con vino Novavila, estuvo Juan Antonio Mira con sus hijos Pilar y Juan; los diseñadores de Siemprevivas Lucas Zaragosí y Adrián Salvador, Amparo Morte de Lacomba, Mairén Beneyto, Isabel Bermejo, Arantxa Sánchez Arrieta, Belén Corell, Sofía Cabrera, Pilar Vidal, María Cosín, Carmen Sorlí, Rocío Bacharach, Elvira Selva, Pilar Lucas, Ana Jaraba. También estuvo la interiorista Susana Lozano y Silvia Escolá, de la tienda de decoración Ampasi, que acudió con su cuñada la galerista Ana Serratosa, la joyera Salomé Corell, Carmen Martínez, Enrique Delamo, Maria José Gimeno o Alicia Arocha. Entre los chicos, pocos, Joseca Arnau, Yeray de Benito, el siempre elegante Antonio Puebla, Pepe Giménez, Vicente Jaraba o Jorge Casanueva.
Junto a las cremas del doctor Mira, Verónica Montijano presentó la nueva colección de ropa de Siemprevivas, las joyas barrocas de la sevillana Rocío Porres y los bolsos Alilovesyou, hechos con pieles de lujo texturadas y troqueladas en colores vivos con piedras semipreciosas y unos herrajes marca de la casa.
Desde luego, somos la generación más refinada, elegante, preparada, exquisita e innovadora de la historia de la humanidad; ahí queda eso, ¡la que venga detrás que arree! Para muestra, la taberna ultramarinos “El Parterre” que acaba de abrir en la plaza Alfonso el Magnánimo. Es un espacio pequeño, coquetón, decorado con alacenas antiguas, donde puedes hacer un alto en tu tarde de compras para tomar una copa de vino y una de las tapas y montaditos de la casa: erizo con boquerones, mejillones con caviar, paté con setas, habitas con bacalao y unos quesos de morirse (espectacular el pecorino sardo de trufa).
La taberna la ha montado Toni Palau, el dueño de la tienda de ropa Zoe de la calle la Nave. “Pasaba todos los días por aquí, vi que se alquilaba y como me gusta mucho la buena comida me lance a abrirla”. En El Parterre venden además productos gourmet para llevar, como las latas de José Peña y los espárragos de Navarra, que no hay quien los encuentre en ningún sitio.