lunes, 10 de julio de 2017

Verano del ochenta

¡Qué tiempos! Eran principios de los ochenta, y en Valencia había un grupo de música en cada garaje de los chalets que habían comprado nuestros padres, después de liquidar la escuálida hipoteca del piso de Valencia. Entrábamos en Europa, había dinero y confianza en un futuro mejor. Era un buen caldo de cultivo para una explosión cultural. Salieron grupos como Glamour, Betty Troup, Video. El tiempo acabaría echándolos al rincón del olvido, quizás porque no le pusimos nombre a todo aquello, como sí que hicieron los madrileños con la movida, y les fue mejor que a nosotros. En la radio sonaba escuela de calor, de Radio Futura; Gold, de Spandau Ballet; Don`t You, de Simple Minds; y también Dignity, de Deacon Blue.
Los más pijos iban a Cala o a Dreams Village y escuchaban funky. Otros iban a Barraca y Chocolate para escuchar pop guitarrero. Los modernos de todas partes se morían por vestir de Montesinos. En la plaza de toros actuaron los Cure; en Pacha, Depeche Mode e Inmaculate Fools. Valencia era la bomba. De aquella época salieron grupos como Seguridad Social, Comité Cisne o Presuntos Implicados. También los Inhumanos, un grupo de amigos de lo más gamberro que veraneaban juntos en El Perelló y que dieron el pelotazo con aquella canción tan naif sobre hacer el amor en un Simca 1000. 30 años después, Sergio Aguado, vocalista del grupo, Nacho Aguado y Roberto Herráiz, están empeñados en recuperar la memoria de todo aquello.
Hace dos años organizaron La Noche de la Movida Valenciana en la Feria de Julio, y este verano repetirán algo parecido en una discoteca de Javea. Allí sonarán en directo temas como la Chica de ayer, de Nacha Pop, la noche no es para mí (video) o Déjame (Los Secretos). Sergio no tiene demasiado apoyo de las instituciones públicas valencianas.
La gente de Compromís no se identifica demasiado con canciones con letras como “tu eres una foca” o “las chicas no tienen pilila”. No son cantautores que duermen a las setas, con letras reivindicativas que te hacen pensar en la fuerza de un pueblo que renace tras años de opresión. El jueves, en la terraza del Corte Inglés de la Avenida de Francia, se hizo la presentación oficial del concierto con un anticipo de lo que sonará en Javea en agosto. Además de los músicos participantes Quique López, Fede Frottoman, Eddy Suay, Guille León, Jorge Moreno, Raúl Celda y los tres abogados que forman parte de los DJ Funky Lawyers: Luís Jordana, Suso Frutos y Diego González.
Estuvo también el empresario Ricardo Rodríguez Alfaro con su mujer Maria Sánchez; Paula Blanco y Natalia Malillos, los abogados Vicente Rodríguez, Federico Moreno y Luis Pérez de Guzmán y Trénor, el empresario Pepe Parés, Álvaro Martinez-Medina, la interiorista Susana Lozano, Fran Bolinches, Irina Manglano, Francisco Catalá, Pedro Jiménez y Mariaje Recasens, el abogado Chimo Cuevas y su mujer la ginecóloga Eva Carvajal, Fernando Pontes, los farmacéuticos Eduardo Reyes y Beatriz Alcocer, Álvaro de Lanzas, Mariano García y Mariángeles Mallent, el doctor Juan Arago y el notario Paco Badía.

lunes, 3 de julio de 2017

Con viento de poniente

¡Madre mía, qué calor hizo la semana pasada! Así no hay quien salga a la calle, y casi que mejor porque con estos sudores no hay forma de ir medianamente arreglada. Ser elegante en Bilbao o Gijón no tiene mérito. Allí se ponen un vestidito camisero y una rebequita por si refresca y, ale, sin arriesgar van de lo más monas. Ah, pero aquí quisiera verlas yo a ellas. Con treinta y cuatro grados y viento de poniente. Ahí es donde te la juegas, bonita, a ver qué te pones y cómo aguantas la compostura. Las chicas del norte piensan que la elegancia tiene que ver con la sobriedad. Hombre, claro. Si te pones un vestidito negro, gris o azul marino no cometerás ningún error combinando colores, pero resultarás de lo más aburrida. Lo difícil es llevar un vestido de pedrería sobre una seda de color y unos pendientes importantes y salir airosa de la faena. Ahí también te quiero ver. Con un maquillaje potente para que el vestido no pueda contigo, un peinado sofisticado y un par de taconazos. Aquí las quisiera ver, poniendo a prueba el maquillaje y la peluquería con una humedad del 70 por ciento. La fiesta de cumpleaños de María José García fue la constatación de que se puede ser elegante en una noche de calor sin caer en el aburrimiento del siempre socorrido negro.
María José es la mujer del empresario Enrique Duart. Cumplía setenta, pero estaba juvenil y radiante como si fuera una niña. Celebró la fiesta en Duna Puerto, en la Marina, acompañada por toda su familia, su marido Enrique y sus hijos Mónica, Enrique y Mª José, sus yernos Álvaro Mocholí y Juancho Pascual y sus nietos. La noche empezó con Moët y acabó con gintonics, como sucede en las mejores fiestas. Pero lo mejor fue la alegría mediterránea que se respiraba, los vestidos llenos de brillo y color, que recordaban a aquellos cócteles glamurosos de las pelis de los cincuenta. Mª José llevó un vestido rosa de su diseñadora favorita, Amparo Chordá, en crepé de seda malva con organza de seda natural tintada al tono y crinolina y unos pendientes chandelier de Sie7e hechos con corales y diamantes. Su hija mayor, Mónica, un vestido largo de tul de seda bordada con cristales y pedrería.
Allá donde mirabas la noche era una fiesta. Mamen Puchades iba con un vestido estampado verde lima, Ana García Rivera con uno de noche lleno de pedrería y escote halter, María Dolores Enguix, también de largo, compensó el gris con un chal rosa, Laura Fitera lució como sólo ella sabe un vestido rojo Valentino, y se atrevió con una flor en el pelo; Amparo Lacomba un verde lavanda de lo más refrescante y hasta Mayrén Beneyto, que suele vestir más discreta, eligió un vestido naranja de seda oriental con un impresionante collar de corales que sólo luce en contadas ocasiones y una cartera de estampado felino. El vestido también era de Amparo Chordá. A María José García la acompañaron amigos de la infancia, del colegio y de su pueblo, Benifaió, como Flora García, Mari Carmen Rovira, Victoria Serrano, Tere Bas y Mari Carmen Asins. También estuvieron sus hermanos Luís y Manolo con Aurora y Mari Carmen, Rosa Gumbau, Salvador Grau y Salvador Galdón. Además estuvo el grupo de amigas de la Orden del Querer Saber: Mercedes Fillol, Blanca Fitera y Laura, que vino con su novio Toni Jordán, Amparo y Vicente Lacomba, Marisa Marín, Marisa Torrijos y Agustín Díez Cisneros. Amigos de sus hijos como Andrea Villafañe, de verde aguamarina, y José Mª Buldú, María Serrano y Fran Rogero, Núria Gálvez y Rafa, Ana García-Rivera e Iván Martínez-Colomer, Marta García Gámiz, y Paloma Duart.
Josep Lozano compartió mesa con JARR, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, Alfredo Esteve, que acababa de llegar de París, Mamen Puchades y Guillermo Martorell. También estuvo Daniel Moragues, Iñaki Verschraege, Hugo Navarro y su mujer Paula, Pilar y Vicente Vidal, Vicente Calatayud y Teresa Arcos y los periodistas Ángela Pla y Fernando Ferrando.

lunes, 26 de junio de 2017

Pese a todo, la gente sigue casándose

Francis Montesinos es como los juncos. Por muchos reveses que le da la vida, siempre vuelve a levantarse. Esta semana ha presentado su nueva colección de vestidos de novia.
Las bodas han hecho un viaje de ida y vuelta. Nuestras madres se casaban para tener una familia. Nosotras lo hicimos para vivir con nuestra pareja sin necesidad de ir escondiéndonos en viajes que decíamos hacer con nuestras amigas, cuando en realidad nos íbamos con el novio. Vivíamos en pecado a espaldas de nuestras madres que hacían la vista gorda. Ahora que ya nadie se esconde para vivir con su pareja sin haber pasado por el juzgado o la vicaría, la gente vuelve a casarse para fundar una familia. Cuando llega la hora de la verdad, cuando van a tener hijos, es cuando los jóvenes de ahora sienten la necesidad de oficializar su compromiso. Bien mirado es mucho más honesto. Antes se casaban para hacer “lo prohibido” sin cargo de conciencia. Nosotras nos casamos para hacerlo con libertad, de lunes a domingo y no sólo los fines de semana. Ahora ya no hay nada prohibido y los que se casan lo hacen sin otro apremio que el de pasar la vida juntos. Quizás todo esto haya llevado a una extremada sofisticación de las bodas; la celebración ya no es un trámite necesario, ya no hay prisa, no vale con cualquier cosa. Si no se hace este año, se hará el que viene. Si antes la decoración se limitaba a las flores, ahora son puestas en escena dignas de un director de arte. Aquí es donde entran en acción las wedding planners, que se ocupan de tematizar tu boda. Te encargan un logotipos con las iniciales de los novios, que se estampan en los tarjetones, las minutas y hasta las servilletas y manteles. Las mesas ya no se numeran del 1 al 20. Ahora suelen tener nombres alegóricos, ya sean de flores, óperas o tipos de viento. Aquellas cajitas de bombones que se daban de recuerdo son ahora regalos personalizados, zapatillas de esparto para que te quites los tacones y bailes. Por supuesto no falta la mesa con chuches (Candy bar), las guirnaldas, las flechas con corazones, los carteles de madera decapada y las frases románticas que tu Pepe no te susurra al oído desde hace unos veinte años más o menos. Todo ideal, pero que conste que las chicas de la EGB fuimos las primeras en revolucionar la estética del bodorrio. Nosotras fuimos las que empezamos a abandonar aquellos salones de bodas, banquetes y comuniones decorados al estilo Falcón Crest con arcos y columnas de escayola. Buscamos entornos más naturales: fincas y haciendas perdidas en el campo rodeadas de naranjos, en donde todo era mucho más bucólico y con ese aire hippy que habíamos mamado en la cuna.
Francis Montesinos ha visto pasar a muchas novias por los probadores de su taller. Desde aquellos años en los que trabajaba con Valentín Herráiz en el primer piso de la tienda del barrio del Carmen, ha tenido días gloriosos, como el desfile en la plaza de toros de las Ventas ante más de 15.000 personas y otros muy críticos, como cuando perdió su propia marca y casi tiene que empezar de cero. Pero ahí sigue, al pie del cañón, aunque cerró la tienda, abrió taller de costura a medida y presenta colección cada temporada en la Fashion Week de Madrid. Además, mantiene varias licencias, desde ropa de cama, hasta vino, muebles o fundas de móvil. Últimamente se ha embarcado en aventuras tan curiosas como diseñar una colección para Gene Simmons, el bajista del grupo Kiss, o prestar su imagen y dedicar su último desfile para una campaña del principado de Asturias. ¡Hay que verlo escanciando sidra y escuchando a los gaiteros! Y así, sin perder la eterna sonrisa, Francis presentó este jueves su colección de novias en la tienda Atelier. Allí estuvo su inseparable Kike León, que puso la decoración floral; el joyero Vicente Gracia, su amigo Josevi Plaza y la modelo que siempre cierra sus desfiles vestida de novia, Sara de Antonio. Los vestidos de novia de Francis son románticos. Los hay con cuello halter y palabra de honor, con tejidos clásicos como el mikado de seda o el tul y también de organza de seda, uno de los tejidos que el diseñador utiliza para crear delicadas mangas japonesas y faldas de capa con mucho vuelo y cola.

sábado, 24 de junio de 2017

De disco ochentera a beach club

Las discotecas abandonadas, como los centros comerciales que han cerrado, tienen un aire decadente que les da cierto atractivo, al menos para las fotos artísticas. Ahí tienes a la discoteca Chocolate, que se cae a pedazos, o Villa Adelina, The Face y Puzzle, convertidas en vertederos, ruinas o solares para supermercados. Las discotecas vivieron su momento de gloria en los ochenta y noventa y empezaron a decaer a principios de este siglo. Si al sur de Valencia estaba la ruta del bacalao, al norte florecían las discotecas de playa en el Puig, Port Saplaya o Massalfasar. Entonces no había tantas medidas de seguridad ni trámites para abrir una discoteca. Una de ellas se instaló en un avión DC-7 que se iba a desguazar y no sé sabe ni cómo acabó en una playa del Puig reconvertido en discoteca. Cuentan que por allí se paseaba Bruno Lomas provocando desmayos entre las mujeres. La discoteca Okey era una de esas reliquias de los ochenta. Llevaba más de diez años cerrada y ofrecía un aspecto deplorable. El Ayuntamiento sacó la concesión a concurso y esta semana acaba de abrir reconvertido en un estiloso beach club con el nombre de Cattaleya Mar.

El beach club se inauguró el jueves y allí estuvieron, entre otros, empresarios como José María Colonques, Guillermo Soria, Juan Miguel Gaspar, Eva Velasco, Pascual Segura, Vicente Pechuán, Noelia y Silvia García Mora, Pilu Díez de Ribera, Carlos Muñoz o Cuca Vera; médicos como Juan Antonio Mira, Andrés Llobell, Teresa Badía o Verónica y Victoria Pons Soria; abogados como Elsa Andrés, Maria José Ordeig o Desampa Gil; asesores como Pedro Alonso o Jose Cañizares; directivos como José Díaz, Fer Mata o Carlos Gadea. Además periodistas como Vicente Ordaz, Fernando Ferrando, Jaime Navarro, Miguel Angel Pastor, Xavi Borrás, Lola Ruiz, Mario Beltrán, Mariángeles Miguel, de el Vestidor Vintage, Encarna Roig (Acosta) o Sandra Paniagua. También estuvo la alcaldesa de El Puig Luisa Salvador y el empresario gallego que ha montado el club, José Paz.
La interiorista Susana Lozano ha reformado la antigua discoteca con un estilo retro muy elegante, con tumbonas, hamacas de agua, sombrillas de junco y camas balinesas con un estampado a rayas en blanco y negro que recordaba aquellos balnearios de playa de los años 20.
La inauguración estuvo de lo más concurrida, y eso que esa misma noche había fiesta en el Hotel Astoria y Fernando Aliño inauguraba un nuevo espacio para eventos en el barrio del Carmen. A la cita acudieron Cristina Macho-Quevedo, Bárbara y Paula Jiménez de Laiglesia, Cristina de Salazar, Encarna Roig, Guillermo Puigmoltó, Eugenia Olmos, María García de la Riva, María Fedriani, Patricia Sánchez de León, Pilar Lluquet, Rafa Escamilla, Taita Marín y el diseñador Ricardo Alcaide.

En Cattaleya Mar puedes tomar un coctel, comer algo fresquito y fumar una shisha de sabores, todo ello con música chill en directo. Nada que ver con las viejas discotecas de los ochenta.

lunes, 19 de junio de 2017

Ciento cincuenta primaveras

Tenemos un problema serio que requiere nuestra atención. Los científicos andan buscando soluciones para retrasar el envejecimiento. Hay quien dice que para 2050 la esperanza de vida puede alargarse hasta los 150 años. Eso está muy bien para los niños, perdón, Consellera Montón, quería decir para las criaturas, que nacen ahora. Pero las chicas de la EGB que lleguen a 2050 lo harán con ochenta o noventa años. El problema es que los científicos hablan de detener el envejecimiento, no de retrotraerlo. Y claro, a ver qué demonios haces tú 60 años con tu cuerpo envejecido de noventa. No entramos en qué haces tú setenta años más aguantando las potras de tu Pepe, que si hoy ya empieza a ser un cascarrabias, cómo estará con ciento cuarenta años. Pero a lo que íbamos. Llegas tú mal que bien a 2050. Sobre tus espaldas décadas de lucha contra las arrugas, las canas, los implantes dentales, la dieta… Y ahí estás, con noventa años preguntándote cada día en el espejo quién te ha visto y quién te ve. Aparece entonces la noticia de que si te tomas cada día no sé qué pastilla, las cosas se quedan como están setenta años más. ¡Cómo que como están!, ¡con esta pinta! No, de eso ni hablar. ¡No podéis hacernos esta faena! La opción de pasar de la pastilla no es válida porque eso sería como renunciar a toda la colección de tu diseñador favorito porque no tiene tu talla, antes te embutes en la falda hasta descoserle la cremallera. Así es que nos quedan dos opciones, o confiamos en que la pastilla vaya acompañada de sesiones de rejuvenecimiento milagrosas, o multiplicamos la potencia de fuego contra nuestro envejecimiento.
En esa batalla hay muchos frentes abiertos, no entremos en detalles para no deprimir a nadie, pero ya os los podéis imaginar. Nada escapa al inmisericorde paso del tiempo. El cuidado de la boca es una de las batallas clave para ganar la guerra. De eso, de la estética dental, saben Lucía Asensio y Jose Luís Lanuza, que celebraron el jueves el veinte aniversario de su clínica Asensio Odontología en una fiesta en una terraza de la Marina. La actriz Carola Baleztena hizo de maestra de ceremonia y vino con su marido Emiliano Suárez, de los Suárez joyeros de toda la vida. Carolina llevaba un vestido con un escote en la espalda tan largo que casi deja de ser escote de la diseñadora Adriana Iglesias, que también estuvo en la fiesta, y Lucía Asensio una túnica de Alejandro Resta, su diseñador de cabecera. Lucía estuvo acompañada además por su padre Manuel Asensio y su mano derecha en la clínica Silvia González.
Fue una de esas fiestas de las que no te quieres ir. Estaba lo mejor de cada casa. En una mesa de la terraza, el grupo de las clásicas en estos eventos: Mayrén Beneyto, Merche Fillol, María José García, que pronto celebrará su fiesta de cumpleaños, Amparo Lacomba, Mayte Montagud, Marisa Torrijos, Eva Parra, Chelo García, Carmen Pocovi y entre tanta mujer, el imprescindible doctor Murgui, con look marinero de pantalón y camisa blancas y chaqueta azul marino. Si Murgui era de los más clásicos, el peluquero Alex Jordán fue centro de muchas miradas con un pantalón capri blanco y unas cangrejeras parecidas a las que uno se pone en la playa de roca de Xàbia, rematando la faena con una chaqueta torera.
Más chicos interesantes: Nacho Gómez Trénor, alto, gupo, rubio, ojos azules, con clase… qué más da lo que se ponga; el arquitecto Ramón Esteve (que ha diseñado la reforma de Bombas Gens, donde acaba de abrir restaurante Ricard Camarena), que estuvo con Isabel Rincón de Arellano y los hermanos Jordán, que da gusto lo simpáticos que son.
El joyero Vicente Gracia, que debe de haber tomado alguna pócima milagrosa en sus viajes exóticos a Cachemira, apareció con un tipazo de quitar el hipo y unos abdominales que podrían rivalizar con los de Ronaldo. Con él iba su hijo, que es un clon suyo, y parte de su cuchipandi, con Javier Martínez Rubio y Coté Soler, que no se pierden un sarao. La gente de Moddos estuvo prácticamente al complejo: Ana García-Rivera, María José Duart, Guillermo Martorell y Mamen Puchades, María Dolores Enguix con su marido Marcelo Soto, María José Duart, Amelia Delhom y Encarna Roig, con Mariángeles Miguel.

lunes, 12 de junio de 2017

Dinero femenino

A lo largo de la historia, pocas cosas han quedado al margen de la lucha entre sexos. Hasta esta semana, una de ellas había sido el dinero. Ese canalla nos gusta igual a nosotras que a ellos. Pocas cosas te unen más a un hombre que un buen puñado de billetes para gastar, sabiendo que cuando se acaben llegará la despedida: “me lo he pasado fenomenal, guapito. Ya nos vemos otro día” y te vas a tu casa cargada de bolsas de zapatos. El dinero no entiende de edad, de raza, de religión ni de sexo. Bueno, al menos hasta esta semana, porque la Universitat de València ha anunciado la creación de una Cátedra de Economía Feminista. ¡Córcholis, eso qué es lo que es! ¿Querrá eso decir que las mujeres vamos a tomar el control de los grandes parqués bursátiles? Eso estaría bien, desechar de una vez por todas la imagen de ese yupi repelente con los pies puestos encima de la mesa y sustituirla por la de una mujer estilosa recomponiéndose las medias, mientras la de la mesa de al lado la mira y piensa: ¡qué bien le sienta ese color de pelo a la muy…! Mírala tiene más celulitis que mi cuñada pero da el pego que te pasas. Y al otro lado del teléfono, la clienta esperando: venga bonita, dime en que invierto este par de miles de millones de euros, que me tengo que ir a hacer la manicura.
No, no es eso. No vayamos de un estereotipo a otro. La Cátedra de Economía Feminista, en palabras de Mónica Oltra responde a una necesidad porque, “O feminizamos la economía o las generaciones futuras tendrán problemas”. Y tanto que tendrán problemas, el día que nosotras controlemos los dineros, los futbolistas tendrán que buscarse un pluriempleo. “Esta Cátedra es un paso para feminizar todos los ámbitos de la vida”, continúa diciendo Mónica. A no, eso sí que no, hay algunos ámbitos de la vida de los que no queremos saber nada, por ejemplo los chistes verdes, esa cosa soez y de mal gusto está bien donde está. ¿Cómo será una economía feminista?, sólo Mónica Oltra lo sabe y el tiempo nos lo dirá. Quizás lleguemos a un mundo en el que los mercados sean más humanos.
Por el momento, esta semana las mujeres hemos feminizado más de un campo reservado tradicionalmente a los hombres. Cuatro de los siete premios Jaime I han sido para mujeres: la física Susana Marcos, la bióloga Anna Maria Travaset, la empresaria Alicia Asín y la economista Carmen Herrero. Los premios Max también fueron de lo más femeninos. Y el Gremio de Sastres y Modistas acaba de dar su Premio Joia a la indumentarista Amparo Gómez.
La excepción a este despliegue feminista han sido los premios de la Asociación de Diseñadores, que se entregaron el jueves en el Rialto. Aquí perdimos, chicas. De los 42 premios, la mayoría fueron para hombres. La gala se hizo un poco pesada porque había tantas categorías que algunos diseñadores, como Ibán Ramón, subieron al escenario hasta ocho veces. El estudio de Nacho Lavernia se llevó otros cinco premios y Borja García, tres. Otros premiados fueron: Álvaro Sanchís, Vicent Martínez, Alejandro Benavent, Rubén Saldaña, Dídac Ballester, María Pradera y Lorena Sayavera, Clara del Portillo y Alex Selma, Vicente Luján, Ricardo Alcaide, Josep Gil, Carlos Tíscar, Ximo Roca, Antonio Mateo y Mariola Reyna y Ramón Arnau. Pepe Gimeno se llevó el premio a la trayectoria profesional.
A la gala fue la mujer de Ximo Puig, Amparo Panadero, el director de actividades del Patronato Martínez Guerricabeitia, José Pedro Martínez; los diseñadores de moda Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, el periodista Tonino Guitián, el empresario Antonio Almerich, Andrés García Reche, que entregó uno de los premios, como la teniente alcalde Sandra Gómez, la directora general de cultura Carmen Amoraga y el concejal Pere Fuset.

Entre los premiados triunfó el dresscode habitual en el mundo del diseño: vaqueros, camiseta y zapatillas. Pocas chaquetas, todavía menos camisas y ninguna corbata. ¡Menos mal que estaban las chicas para dar algo de glamour!

lunes, 5 de junio de 2017

Maridos y maridajes

El maridaje es la unión íntima o armoniosa de dos cosas entre sí. Desde hace algún tiempo se habla mucho de maridajes porque los han puesto de moda los aficionados al vino. Se juntan con un buen montón de botellas y otros tantos platos. Y así pasan la tarde, o la noche, dale que te pego: que si este espumoso marida bien con el queso, que si este blanco le va que ni pintado a las gambas de Denia, que si el tinto, que si el dulce.
Cuando vas por la quinta combinación de vinos empiezas a echar a volar tu imaginación. Estaría bien maridar ciertas relaciones personales para adaptarlas a las circunstancias. Y así, por ejemplo, ir cambiando de cuñada según sean las circunstancias: para nochebuena, la quiero alegre y chistosa; para cuidar a mis hijos, hogareña y con un toque de autoridad; para ir de compras, cambiar por una amiga; para poner a escurrir al resto de mis cuñados la quiero como es.
A la décima cata, la imaginación se desboca, y mientras escuchas de fondo la voz del enólogo de turno hablándote de retro paladar, tu cabeza está en otras cosas: maridaje…, marido… ¡qué idea!, ¿y si pudiésemos adaptar al marido a cada situación?: uno para traer dinero a casa, otro para animarte a gastarlo, uno para que te cuide cuando te duele la cabeza, otro para ir a la tutoría del colegio del niño, otro para acompañarte a la ópera, y otro para una semana en Ibiza. Uff, vamos a dejarlo estar, que nos traigan un café  que esto se nos va de madre y ni la más díscola de las antiguas alumnas del colegio de monjas donde crecimos está en disposición de asumir semejante despropósito.
Esta semana, la bodega Enate, de Somontano, organizó una cata de vino maridada con un menú del cocinero Sergio Giraldo en un restaurante de la Marina. La comida empezó con un rosado acompañado de un tartar de atún; siguió con un blanco de aroma floral, perfecto para el ceviche; después, un tinto reserva para el steak de vaca vieja y luego otra vez blanco para acompañar a un plato de mollejas y gamba roja. “El chardonay tiene notas a frutas tropicales y piña”, decía Oscar Valle, el encargado de explicar la cata. Pero a esas alturas de la comida, después de cuatro copas de vino, una ya no sabía si el vino tenía aromas a regaliz, flores o piña tropical. Y todavía quedaban seis platos con sus vinos.

A la comida fue Mónica Duart, que contó que estaba preparando la fiesta del setenta cumpleaños de su madre; Ana García Rivera, del Club Moddos, con un nuevo corte de pelo a lo garçón que le queda de lo más mono; También el sastre Antonio Puebla, un gentlement con pañuelo de lino estampado en la solapa. El hijo de Mayrén Beneyto, Alfonso Manglano, fue con su mujer Eva Marcellán y con un matrimonio de Hong-Kong, que debieron pensar que aquí en Valencia tenemos una curiosa forma de celebrar comidas. Y Angeles Casanova, con el ecijano Bruno Martín, una de las parejas que mejor vive del mundo mundial. No sólo no se pierden ni una sola cena ni un concierto. Es que en cuanto te descuidas se van con su moto de fin de semana a Ibiza o con un todo terreno acondicionado con techo elevable con el que se meten en los sitios más recónditos e indómitos. 
A la comida también fue María Dolores Enguix con su marido Marcelo Soto, el crítico gastronómico de Provincias Pedro García Mocholí, Pilar Genovés, Javier Monedero, Jordi Bruixola, Andrea Vilafañe, Nacho Tello y Frank Esquiu, además de uno de los fundadores de la bodega, Jesús Sesé.

La semana ha dado para más saraos. El martes, la asociación valenciana de Dj’s entregó unos premios en la sede de la SGAE. Allí estaban algunos de los DJ míticos de la época dorada de la música valenciana. José Conca (Chocolate), Fran Lenaers (Spook), Arturo Roger (ACTV) y Carlos Simó, también de Barraca. Los premios sirvieron para recordar una época que nada tiene que envidiar a la movida madrileña. Ellos presumen mucho y lo han sabido vender, pero aquí éramos muy buenos y venían DJ´s de Londres a escuchar lo que pinchábamos. Sólo nos falta creérnoslo.

lunes, 29 de mayo de 2017

Tragedia bikini

Sísifo es uno de los personajes más desgraciados de la historia; ¡pobre hombre!, condenado para toda la eternidad a subir un pedrusco a una montaña y justo cuando va a llegar a la cima, cuando está a punto de saborear las mieles del éxito; pataplán porrazo, a tierra y ¡ale! otra vez la roca al hombro y vuelta para arriba.
Salvando las distancias, así es nuestra vida con la operación bikini, que mejor sería llamarla “tragedia bikini”. Ahí estas tú, año tras año, empeñada en llegar delgada y en forma al primer posado en bikini. Hablas con tus amigas para ver qué dieta han empezado ellas. Unas te cuentan que la mejor es la de la sandía, que no es otra que tomar sandía a todas horas del día salvo unos intervalos con lechuga y pavo. Otras, como la monísima Maribel Vilaplana, te dicen que lo mejor es un plan de choque con batidos híper proteicos. Y tú empiezas un lunes con los batidos y a las 11 de la mañana ya estás pensando en tu bocadillito de tortilla con aperitivo de bravas. Resistes un día, consigues hacer la dieta otro día más, a la semana has bajado un kilo y medio, cosa que apenas se nota en tu ropa, y te dices: venga, guapa, un poco más, otra semana y serán tres kilos. Pero la vida es dura y, nos pasa como a Sísifo, cuando llevas dos kilos y medio te montan un sarao y pataplan, vuelta a empezar.
Este fin de semana hay una fiesta de tapas en los tinglados de la Marina: ¡qué demonios, dejemos rodar la piedra montaña abajo!, ¡a qué luchar contra lo inevitable!, el lunes volveremos a empezar. Por lo peor de esta tragedia es que los kilos se pierden gramo a gramo, pero se ganan kilo a kilo.
Claro que para Sísifos los de Ana García Obregón; mil veces ha llegado a la cima y otras tantas se ha despeñado al suelo. Pero ahí está la tía, peleona, con sesenta y dos años portada de Playboy. Ana ha sido una de esas mujeres que nos han acompañado toda a vida. Para unos una niña mal criada, para otros una descarada y para muchas de nosotras, siempre envidada en secreto. La tía, sin ser de una belleza espectacular, se ha ligado a los tipos más guapos del país. Empezando por el Conde Lecquio, cuando era lo que era, hasta el Príncipe Alberto o Miguel Bosé… ¡Y tú toda la vida con tu Pepe!
Anita parece tonta, pero sigue en la brecha y no es de las que se quedan en casa esperando el próximo capítulo de la telenovela. La muy lista produce ella misma la serie y se queda tan pancha.
Su último golpe para matarnos de envidia, aunque siempre lo negaremos, ha sido salir en la primera portada de Playboy: una foto en bikini y la otra con un vestido de encaje del valenciano Alejandro Resta.

Ana contactó con Alejandro por las redes sociales. Le gustaba lo que había visto de su trabajo y dijo: este será el mío para Playboy. “El vestido es de la colección Queens (reinas). Es de tul bordado al que hemos desmontado el encaje para adaptarlo al cuerpo construyendo la silueta sobre un maniquí, un trabajo delicado y muy laborioso”.
Lo de Alejandro y Ana ha sido un flechazo. Él dice de ella que es encantadora y muy inteligente y ella se ha sentido tan identificada con sus diseños que ya le ha encargado otros dos para la gala Starlite de Marbella. “También me han llamado de la revista Hola para vestir a una híper famosa, pero es un secreto y no lo sabré hasta dentro de dos semanas”.
El diseñador lleva camino de convertirse en el modisto de las estrellas gracias a sus vestidos híper mega sexis de siluetas esculpidas. Ha vestido a Paris Hilton, a Mónica Naranjo, a Eva Longoria y puede que la mismísima Sofía Vergara luzca uno de sus modelos, “le estamos preparando un par de vestidos a través de Franz Serrano, un buen amigo de la actriz”. Como seleccione uno de ellos, Resta va a dar la campanada.


El viernes, el diseñador apenas tenía tiempo para hablar con nadie. “La novias me tienen secuestrado: ayer salieron de mi atelier 27 vestidos entre novias, damas y familia de la novia. Hoy caso a Olga García Mengual en la Iglesia de San Agustín. Mañana otras dos.”

lunes, 22 de mayo de 2017

Vestidas para triunfar

Edith Head, una de las mejores diseñadoras de vestuario que ha tenido Hollywood, solía decir que en la vida puedes conseguir cualquier cosa, si te vistes para ello. Escribió, how to dress for success (cómo vestir para el éxito), y una de sus máximas era que los vestidos: “deben ser suficientemente ceñidos para mostrar que eres una mujer y suficientemente sueltos para mostrar que eres una dama”. Además, daba consejos sobre cómo vestir para cada situación, desde encontrar trabajo hasta camelarte al jefe o conquistar al hombre de tu vida. Aquello lo escribió en 1967, cuando el estereotipo de mujer era bien distinto al nuestro.
Las tesis de Edith dan para un café más que para un doctorado, porque por mucho que te vistas de bióloga, no vas a descifrar el genoma. Pero algo de verdad hay en todo esto, sobre todo en lo que afecta a las mujeres. Los hombres para estas cosas del agradar son mucho más básicos. Tienen tres looks: elegante, sport y bañador. Con eso pasan toda la vida, sin otra innovación que decidir si lucen el traje con o sin corbata, o si sustituyen la camisa por un polo. Lo de las mujeres es mucho más complicado, las opciones y combinaciones son infinitas; y lo que es peor, el mensaje que transmite nuestro atuendo tiene muchos más matices.
Sirva como muestra un botón. Ahí tenéis al conseller Marzà, que llegó al poder con camisas de cuello Mao (sin cuello, como las de Mao Zedong) y ahí sigue, con las mismas camisas. Sin embargo su jefa, Mónica Oltra, ha ido evolucionando desde las samarretas reivindicativas, hasta el estilo actual, que parece sacado del manual de Edith Head. Su fondo de armario ha sufrido una evolución estilística digna de Cámbiame. Poco a poco, ha ido incorporando piezas más femeninas y clásicas: zapatos de salón, vestidos que marcan el talle, rebequitas y toda una paleta de colores que van del rosa empolvado y coral al verde y azul.
El culmen de esta transformación se vio esta semana en el Club de Encuentro Manuel Broseta. Allí estaba la lideresa de Compromís, vestida como si fuese una de las amigas de Doña Letizia en la Comunión de la Infanta Leonor: un vestido negro sin mangas, cuerpo entallado y falda de tablas y como adorno una cadenita con colgante de cruz. Sencilla, coqueta, discreta, vamos lo que nuestras madres siempre han dicho: muy mona, que es su forma de decir que vas vestida conforme mandan los cánones y no, “donant que pensar”, que es lo que nuestras abuelas decían de las que enseñaban más de la cuenta; o “feta una consevol”, que era el calificativo para las que iban poco femeninas.
A la vicepresidenta todavía le falta dar un paso: llenar su armario de firmas de lujo, pero no sabemos si llegará a tanto, eso supondría entregarse al capitalismo más conspicuo y podría enfriar la relación con Pablo Iglesias.
Mónica Oltra no ha sido la única mujer protagonista de la vida social valenciana esta semana. El jueves, Sara Joudí volvió a llenar su galería Shiras en la inauguración de la exposición de Javier Chapa. Allí estuvo lo más granado de la sociedad y cultura valencianas: los artistas Miquel Navarro, Horacio Silva, Saborit, Nuria Rodríguez, Sebastián Nicolau, Claudio Zirotti, Javier Calvo y Helga Grollo, el mecenas Jose Pedro Martinez (Martínez Guerricabeitia), Vicente Simó, Vicente Navarro, María Romeu, José Martí Cunquero, Carlos Castellanos, Miguel Chordá, Rafael Armengol, la siempre estilosa Laura Gallego y Angel Villanueva, María José Albert, Borja Suárez de Lezo, el arquitecto José Marti y su mujer Mª Ángeles, el doctor Isamel Zaharawi y las empresarias Paz y Teresa Navarro.
También estuvo el presidente de la Real Academia de bellas artes Manuel Muñoz, el decano de Bellas Artes José Luis Cueto y el diseñador de interiores Ricardo Alcaide, que hace unos días inauguró exposición en la Galería Pepita Lumier. Alcaide está especializado montar proyectos que son difíciles de ejecutar, como el globo gigante que diseñó Jorge Lawerta para el escaparate de Hannover o las letras enormes de la Valencia Disseny Week.

lunes, 15 de mayo de 2017

Minifaldas a los sesenta

La ya larga revolución feminista ha ido conquistando hitos más o menos sonoros. De entre todos ellos, hay uno que ha ganado la batalla sin hacer ruido. Se trata de las mujeres mayores, aquellas que a partir de los cincuenta iban poco ennegreciendo su vestuario y vaciando su tocador de barras de labios y coloretes. Cuando enviudaban se vestían de negro y se resistían a hacer vida social.
Todo eso cambio de la noche a la mañana. No hubo manifestaciones en las grandes ciudades coreando consignas del tipo: “nosotras vestimos, nosotras decidimos”, o “¡El luto, ni un solo minuto! Tampoco se crearon asociaciones de viudas alegres para reivindicar el derecho de estas mujeres a seguir vistiendo minifalda, o a tomar el sol en la playa de Xabia. Fue algo que simplemente pasó, las mujeres con más de medio siglo a cuestas, viudas, casadas, solteras y separadas, siguieron luciendo las gracias que la natura y su sufrida dieta les había dado.
Esta semana hemos sabido que la primera dama francesa tiene 24 años más que su marido. ¡Fantástico! Esto es a la lucha del feminismo cincuentón, lo que la llegada de Obama a la Casa Blanca a la lucha racial. A partir de ahora, nadie debería sorprenderse porque una mujer de sesenta años se eche un novio de cuarenta. Gracias a Briguitte Trogneux, por fin, nosotras podremos decir también aquello de “cambio uno de cincuenta por dos veinticinco”.
La diseñadora Marta de Diego es una de esas mujeres que ya ha cumplido los cincuenta y defiende a muerte de su edad tienen una belleza reposada y sexy que está por explotar. “Yo siempre digo a mis clientas que las mujeres tenemos que recuperar la confianza: ¡Tenéis que atreveros y sacar lo mejor de vosotras, despertad que es vuestro momento!
Marta presentó su nueva colección de ceremonia esta semana, en un desfile a beneficio de la Fundación Dasyc, y eligió la capilla de la Beneficencia como escenario. ¡Qué bonita, con las paredes y los techos pintadas con figuras doradas de ángeles y santos! Con semejante atrezzo no hacía falta mucho decorado, así que Marta puso una tarima enmoquetada y dejó que el entorno hiciera el resto.
El desfile fue un lujo, tanto por los tejidos como por la costura. Las modelos de Carmina Durán estaban guapísimas peinadas y maquilladas por Alex Jordá.
Marta abrió con dos abrigos de seda cortos ideales de la muerte, uno de damasco amarillo y otro color cereza bordado a mano en hilo de oro, de esos que te pones sobre un vestido sencillo de cóctel y eres la reina de la fiesta.
En primera fila, no perdía detalle Hortensia Herrero con su hija Amparo Roig y su hermana Carolina. Hortensia siempre se pone en manos de Marta cuando tiene una ocasión especial, ya sea la inauguración del Museo de la Seda o la restauración de la Iglesia de San Nicolás. Y tres de sus hijas, Hortensia, Amparo y Juana, eligieron a Marta para diseñar su vestido de novia, cada una con su estilo. De hecho la novia que cerró el desfile, con vestido de tul y encaje de valencie, recordaba un poco al que Marta diseñó para Juana Roig, con metros y metros de tul de seda.
En el desfile estuvo además Mayrén Beneyto, también clienta habitual, y su nuera Eva Marcellán, Carmina García Petit y la científica Pilar Mateo con su hija Jessica, que se casó hace una semana vestida de Marta de Diego, María Sales y su hija María Cosín, Blanca Deya García del Moral, Paloma Valero, Rosa Tort, Carmen Ordóñez y Carmen Domingo.
También el gestor de patrimonio cultural Álvaro Menéndez y clientas y amigas como Francesca Parolaro, Marta Lurbe, María Angeles Perales, Ana Aviñó, Clara Payá, Merche Ventura, Inma Villar, Luz Lleo, Mariel Vivar, Macu Peremach, Nuria Monte, Amparo Boscá y Javier Monedero, que puso los vinos.
“He basado la colección en tejidos nobles y cortes muy técnicos, no había encajes ni bordados, sino un trabajo muy depurado, con mucho nivel y sin grandes opulencias. No es el momento de encajes barrocos. Esa tendencia la está marcando Melania Trump, son trajes sexies pero con tejidos muy nobles y mucha sensualidad”. ¡El mundo es de las que ya hemos cumplido los cincuenta o estamos a punto de hacerlo, chicas!