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martes, 3 de noviembre de 2020

Ruphert, te necesito


Al peluquero Ruphert le gusta tanto Valencia que se acaba de comprar casa en la plaza Porta la Mar. Hace unos días estuvo comiendo en un restaurante en la Albufera con su novio Osvaldo Juan Salvarezza, el peluquero Alex Jordán y su pareja Max Rese. Chicas, Ruphert es una leyenda viva. Fue una estrella en los setenta y ochenta, peinó a Lola Flores, Rocío Jurado y hasta Grace Kelly y Jacqueline Kennedy cuando vinieron a España. La fama le llegó con un spot publicitario que las mayores de cincuenta recordamos como si fuese ayer. Salía Victoria Abril en la plenitud de su carrera y decía con voz melosa: “Ruphert, te necesito”. El bueno de Ruphert está igual, parece que no hayan pasado los años. Lo que tampoco ha cambiado es cuánto necesitamos las mujeres a los peluqueros. Ellos son el mejor antidepresivo. Nos dejan guapas, escuchan todas nuestras confidencias y nos ponen al día de los cotilleos de revistas. Ahora es el momento de apoyarlos, no vaya a ser que cierren y no estén el día que nos hagan falta.

A los restaurantes también los necesitamos. No quiero ni pensar cómo sería una ciudad sin restaurantes. Menos mal que siguen abiertos y se celebran cenas tan divertidas como la que organizó Javier Monedero en Baobab, con un menú de Raúl Aleixandre. Amenizó la velada Xavier Monclús, que fue explicando cada una de las añadas del champán de la cena. Me encanta cuando dice de un Moët de 2002 que tiene “notas a bollería, bizcocho borracho y brioche y toques de toffee carnoso y una pizca de yogur de limón”. Es entonces cuando acercas tu nariz a la copa y te das cuenta de que te queda mucho por aprender. La cena fue en mesas de seis, con todas las precauciones. Compartieron mesa el sastre Antonio Puebla, Javier Monedero, Sergio Terol (que será vecino de Ruphert), David González Wonham y Julia Pérez Broseta, que no se pierde una y acudió a la galería de Ana Serratosa a ver la exposición de esculturas junto al arquitecto Carlos Salazar.

Menos mal que los eventos culturales y deportivos dan un poco de vida a la ciudad. Esta semana se celebraron el Open de golf femenino de Hipercor y los conciertos de La Pérgola, que no se perdieron Maite Orduña y Cristina García. El buen tiempo permitió que Mayrén Beneyto saliese a navegar por la dársena del puerto con su nieta Isabel Manglano, Alex de palacio, Amparo Andreu con su hija Mariam Burdeos y Pepa Martí. Además, Helena Calvillo celebró su cumple con Amparo Pinazo y Mary Martínez Pons; la diseñadora Soraya Pla acudió a ver la exposición de Montesinos y Alejandra Montaner estuvo en Canarias fichando ropa para la próxima temporada. 


lunes, 21 de septiembre de 2020

Historia de un vestido


Hay vestidos que tienen una historia propia y llegan a ser piezas de coleccionismo: el que llevó Marilyn Monroe cuando le cantó el happy birthday a Kennedy; el de novia de Grace Kelly o el vestido de lunares de Julia Roberts en Pretty Woman son algunos ejemplos.

Mayrén Beneyto tiene uno de esos vestidos con historia. ¡No todas podemos decir lo mismo! Es un vestido de seda rojo precioso. Uno de los primeros que cosió con sus propias manos Francis Montesinos cuando empezó a diseñar. “Mi novia de entonces viajo a la India y me trajo doce retales de seda con los que hice mis primeros trajes”, cuenta Francis.

Entonces Montesinos era un desconocido. El encuentro entre Mayrén y el diseñador fue casual. “Fue en 1968; estábamos en un concierto de Serrat en la plaza de toros. Creo que yo era la única chica entre un grupo de hombres, Juan Izquierdo, Alfonso Perez Plaza, Paco Gimeno... Cuando salimos, Francis me contó que le acababan de traer unas telas fantásticas; en esa época todavía no tenía taller, el cosía en la tienda que tenía su familia de persianas en la calle Caballeros. Fui a verlas y de un baúl sacó esa maravillosa gasa, me la extendió por encima, pensó cómo se la imaginaba y ese fue de sus primeros trajes, los primeros años me lo pedía para sacarlo al principio del desfile porque le había dado suerte. El vestido me gustó tanto que encargué al pintor Llorens Cifre que me hiciese un retrato con él”.

El retrato de Mayrén luce señorial en una de las paredes del salón de su casa y el vestido se puede ver ahora en la exposición de Montesinos en el Muvim, junto a otros muchos diseños y recuerdos que testifican la extensa trayectoria del diseñador y que él personalmente se encarga de enseñar a quien se lo pide. Está feliz con la exposición y no es para menos.


Ojalá tuviésemos más Montesinos y más vestidos emblemáticos. Esta semana se celebró en Madrid la Mercedes Benz Fashion Week, una edición bastante desangelada por el covid, pero ahí teníamos a varios valencianos defendiendo el pabellón. Isabel Sanchís desfiló con una colección preciosa y salió a saludar con su hija Paula Maiques, la otra mitad creativa. Qué pena que su estreno en Madrid haya sido en esta edición tan rara. También desfiló Hannibal laguna, con una colección dedicada a las madres, y Dolores Cortes, que en baño está muy consolidada. Esta vez no hubo famosos. “Los desfiles tenían poco público porque el aforo permitido era mínimo, tanto en la sala como en el bakstage. Unas medidas de seguridad extremadas. Daba un poquito de pena, pero al menos se celebró y el nuestro, inspirado en el cartel de Renau de las Arenas, quedo muy bien."


A los desfiles fue Alejandra Montaner con un grupo de amigas todas ellas con tiendas de ropa súper estilosa: María Guzmán y Claudia Estrella, Verónica y Sonia Ubierna, Lola Muñoz, Noemi Moreno Peromingo, Noelia Bascuñana, Diana Zaitegui y Marisol Martín. Alejandra confiesa que nunca la han invitado a los desfiles de la Valencia Fashion Week. ¡A ver si la próxima que se organice algo alguien se acuerda de invitar a las tiendas, que son las que compran las colecciones! Por cierto, que los pijamas ahora se llevan como ropa de calle, y hasta los llevan hombres como José Puerta, ¡qué valiente!

Mientras la ciudad recupera el ritmo tímidamente -la semana que viene las galerías de arte celebran abierto Valencia y el casino de agricultura ya ha retomado sus actividades- quedan para el recuerdo las últimas fotos de septiembre, con esa luz tan bonita: la de Cuchita Lluch y Juan Echanove ayudando a cosechar uva para el vino que elabora el gallego Jose Luis Vilanova; las estupendas hermanas Cañamás en su casa de Denia y la de las hermanas Derqui, Marta y Luz, Rocío Casanova y Pilar Carbonell en Moraira.


lunes, 1 de junio de 2020

Reencuentros


Encontrar sitio en una buena terraza se ha convertido en una misión imposible, casi tanto como conseguir unos zapatos monos de tu talla en las segundas rebajas. Llegas a la cafetería de turno, todas las mesas están ocupadas, echas una mirada discreta a ver por dónde va cada uno. Este ya ha pedido la cuenta, la otra ya se ha acabado el café, la de más allá ha cogido el bolso y parece que ya se va. Pero no se levanta ni Blas. Son como tu Pepe cuando se está comiendo un plato de bravas, mientras tú haces un esfuerzo inhumano para no tocarlas. Desde hace media hora, parece que él ya ha terminado, pero siempre le queda una sucaeta más; el camarero amenaza con llevarse el plato y él alarmado y le dice “ni se te ocurra”.

Cuando por fin consigues sentarte, entiendes a quienes te precedían. De ahí no te mueve ni un aguacero. Sobre todo se has quedado con las amigas a tomar un vinito, reíros un rato y ponerse al día, que había mucho de qué hablar y las amigas son la mejor terapia para hacer frente a las crisis de todo tipo. Por eso no es extraño que esta semana más de una haya aprovechado para compartir terraza y vinito con amigas.

La interiorista Tatiana Monsonís, Eva Marcellán y Leticia Valera, fundadora de la ONG Vaya Tela Leticia, quedaron en la plaza del Patriarca. Eva se llevó a su perrita Bibi, que es una monada y tan pequeña que cabe en el cesto de la bici.

Mayrén Beneyto también aprovechó estos días para reunirse con sus amigas María Teresa Monsonís, Carmen Tope y Charo Font de Mora en casa de la artista Blanca Martí en la urbanización Santa Bárbara. Compartieron comida y confidencias y pudieron ver en el taller las últimas obras de la pintora.
Otro grupo de amigas: Juana Camps, Begoña Camps, María Gómez-Polo, Verónica Jordá, Adriana Blay y Pati de la Viña comieron juntas en casa de Isa Aliño para celebrar el cumpleaños de Eva Alapont.

Apetece tanto estar en las terrazas que algunas tiendas, como la de Alejandra Montaner, han puesto una mesa con sillas en la puerta para que sus clientas se tomen algo mientras esperan turno si hay exceso de aforo. Por la terraza de Alejandra han pasado María Luisa Tormo o Daniela Carrillo.
Las tiendas de barrio pequeñas tienen un encanto especial. Bastan dos o tres visitas para que acabes siendo amiga de la dueña. Un día entras a por unas zapatillas y en cuanto te descuidas, te quedas una hora de charreta hablando sobre el trabajo, los hijos o tu Pepe. Si las tiendas son de ropa de mujer, como la de Laura Cernicharo o Bea Aguinaco, entonces sabes cuando entras pero nunca cuando sales, porque el probador es como un confesionario y entre vestido y vestido te cuentas media vida.

Hemos echado de menos las pequeñas tiendas y también las grandes como el Corte Inglés, que abre por fin mañana. “Lo tenemos todo preparado para abrir en cuanto pasemos de fase”, contaba el director de comunicación Pau Pérez Rico y la personal shopper de Pintor Sorolla Inés Alonso.


lunes, 7 de enero de 2019

Para bien o para mal, se acabó la Navidad


El final de la Navidad despierta emociones enfrentadas. Es como ver a tu hija arreglándose para salir un sábado por la noche, por una parte lo añoras aquellos años, por la otra piensas: ¡Uff, qué pereza, menos mal que aquello ya pasó!
Provoca cierta tristeza despedir el ambiente navideño, las comidas con sobremesas interminables, pasear por las calles iluminadas y llenas de gente, enviar y recibir mensajes con buenos deseos y tratar de mantener la ilusión del día de Reyes como cuando eras niño. Al mismo tiempo, sientes una cierta sensación de alivio: ¡por fin, esto se acaba, mañana vuelta al brócoli y a las tostadas integrales con aceite!

Sea como fuese, de estas fiestas de Navidad ya sólo nos quedan las fotos. Algunas son de fiestas tradicionales, donde ellas van vestidas de largo y ellos con esmoquin o traje oscuro. Por ejemplo la de fin de año en el Ateneo Mercantil, a la que no faltó su presidenta, Carmen de Rosa, y amigos como el pintor Enrique Senís y David Phillips, el peletero Amado y Esteban Rodríguez, el pintor José Soto, el arquitecto José María García Zarco y Teresa Ballester, Juan Antonio Frasquet y Teresa Argüello y Marisa Domingo.

Otras fotos son de fiestas en casa, como las de Vicen Fernández, que estrenó su nueva casa en Picassent invitando a amigos para fin de año. “Pusimos globos y velas rojas por todo el salón, la champanera repleta con mucho hielo; cenamos, bailamos y nos pusimos máscaras esperando las campanas”.

El interiorista Carlos Serra organizó una cena de fin de año de lo más estilosa con Víctor Nebot en su casa de Xàbia con un grupo de íntimos: Mónica Ramírez, Juan Montoro, Beatriz Soler, Daniel y Eva Rubio, Manuela Morales, Francisco Argüelles y Hubertus Trommelen. Cuchita Lluch eligió el mismo destino y pasó el fin de año con su marido Juan Echanove y su hermana Begoña. “Cenamos angulas y caviar y bebimos Dom Perignon. Los días siguientes fuimos a comer a restaurantes de la zona con amigos. En definitiva, tranquilidad y buenos alimentos”.

Las hermanas Ana y Sara Joudí también guardan fotos de la Nochevieja que pasaron juntas. “Primero fuimos a mi casa de los Pirineos y el fin de año lo pasamos en Calpe, en un lugar tranquilo con magníficas vistas. Mañana termina lo bueno y vuelvo a la galería”, dice Sara. También en familia pasó la Nochevieja Coté Soler con su hija Natalia Segrelles.

La agente de la FIFA Mariam Khadour pasó estos días de Navidad en la casa familiar de Santa Bárbara y el fin de año en un restaurante de Valencia. “Mi foto preferida es la del último amanecer del año, lo vi en Port Saplaya, dejando que el mar se llevase lo malo y preparada para recibir lo bueno con la iluminación del sol”.

Si Mariam despidió el año mirando el mar, otros lo inauguraron navegando por el Mediterráneo. El artista Lu Gorritz cenó la noche del 31 en el Náutico de Valencia con Vicente Gijón, Maribel Salas, Elisa Monzón, la doctora Teresa Duréndez, el doctor Carlos Camps, Pilar García, Paqui Algarra, Luís Camps, Paco Díaz, Sofía Tomas, Carlos Beltrán y el doctor Manolo Yarza. “Al día siguiente hacía un día estupendo y disfrutamos de la primera navegada del año, un buen augurio climatológico para 2019”.

Otros despidieron el año bañándose en el mar. Javier Monedero, Rosa Sanchís, Nanda Botella, Alfredo Montoro, Adrián Salvador y Marta Espinosa pasaron la Nochevieja en Ibiza. “Comimos en la playa de Es Cavallet, después nos dimos un baño y acabamos de fiesta hasta la madrugada”. Ibiza también fue el destino de Alejandra Montaner. “Comí con amigos en San Mateo, un pequeño pueblo junto a una iglesia blanca. Por la noche cenamos en el centro de Ibiza y el año nuevo lo celebramos en la playa de Salinas”.

A más de uno le tocó trabajar estas fiestas. Javier Botella pasó el fin de año cantando en el Hotel Wellington de Madrid. Su recuerdo es una foto sobre el escenario. “He pasado las Navidades haciendo lo que más me gusta: cantando y dejándome llevar por la música”.

lunes, 27 de noviembre de 2017

25 años del universo de Vicente Gracia

Veinte años no es nada, decía Gardel. Quizás tuviera razón, pero veinticinco son una barbaridad. Hace veinticinco años tu Pepe tenía melena y si se esforzándote un poco podía vislumbrar la tableta de chocolate en su vientre. Era el año 92, la Expo, las Olimpiadas de Barcelona… Y Vicente Gracia abría su tienda en la calle La Paz. Han pasado veinticinco años, a tu Pepe no le queda pelo y su tableta de chocolate está oculta bajo los restos de cientos de litros de cañas de cerveza. Y Vicente Gracia sigue diseñando joyas su tienda, su universo como él le llama. Allí no hay nada feo. Todo lo que ves querrías llevártelo a tu casa: cuadros, muebles, sillones, alfombras, joyas… A cada paso que das te topas con algo por lo que estarías dispuesta a dar todo tu fondo de armario. Es un edificio de arquitectura neomozárabe y está inspirado en el Palacio de la Alhambra. Entras por la pequeña puerta recubierta de azulejos, subes por las antiguas escaleras de madera, llegas a su salón con vitrinas repletas de joyas y piensas: “Oh, mísera de mí. Oh infelice. Abatir cielos pretendo ya que no nací marquesa hace cien o doscientos años”.
Vicente es un enamorado de Valencia y ha buscado la esencia del gusto valenciano por medio mundo. Sólo él es capaz de combinar la tradición de la orfebrería valenciana con la herencia islámica, la ruta de la seda y la poesía sufí. Todo eso sin renegar de sus orígenes en Ruzafa, en donde se crio rodeado de su madre y sus tías. La búsqueda de la ruta de la seda le llevó a su segundo amor, el Valle de Cachemira (¡Quietas todas, que no se vaya ninguna a coger el móvil para ver dónde está eso!). Está en la India, por allí pasaba uno de los ramales de la Ruta de la Seda, lo cual le conecta con Valencia. El jueves por la tarde celebró su aniversario. Fue, como no, en su tienda, y allí estuvo acompañado por su inseparable Mónica Piñones y sus hijos Candela, Bernardo y Alejandro. Vicente agasajó a sus invitados con una preciosa mesa llena de viandas, una barra de champagne y música en directo de su amigo Javier Botella, que interpretó temas de esos que tan bien pegan con el champagne como fly me to the moon de Frank Sinatra. A la fiesta no faltó Juana Roig, que formó parte del equipo de Vicente durante un tiempo, Paco Roig y su mujer Magdalena Melchor. También estuvo la cónsul honorario de Dallas en Valencia, Janet Kafka, que fue una de las impulsoras del showroom que montaron Vicente Gracia y la diseñadora Marta de Diego en 2013 en los almacenes Neiman Marcus con motivo de una exposición del Sorolla en el Museo Meadows. También estuvo el diseñador Valentín Hérraiz, con quien compartió aquella época de la movida en la que empezaban a coger vuelo Francis Montesinos o Javier Mariscal.
Vicente Gracia no es de los que invita por invitar. Todos los que pasaron por su joyería son amigos, o clientes-amigos, o colegas-amigos o artistas-amigos. Así pasó, que la joyería se quedó pequeña para la cantidad de invitados que quisieron compartir el cumpleaños con él: Lola Narváez, Carlos Virosque, Nicola Seyda con su marido Vicente Lluch, Begoña Mortes, Blanca y Laura Fitera, que se iban después a una cena de acción de gracias preparada por el pintor Enrique Senís Oliver, Mangeles Ros y José Ortí, Luís Lluch, Alejandra Montaner, Mercedes Barberán, Arantxa Benlloch, las estilosas hermanas Alicia, Paloma y Carmen de Miguel, Álvaro Gómez Trénor y su mujer Beatriz, Pepe Navarrete, José Vivó, las hermanas Laura y Alicia Segarra, el ex presidente del Puerto Rafa Aznar, el diseñador Jayme Hayón y la interiorista Verónica Montijano, la diseñadora Marta de Diego con Pepa Martí, Enrique Lucas y Esther Barrera. También la fundadora de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Cerámica, Pilar Espona, y el subdirector de museos estatales Miguel Ángel González.

Galería de fotos en Las Provincias: Irene Mansilla

lunes, 27 de febrero de 2017

Somos las jefas

Las grandes fortunas del mundo, los más ricos de entre los ricos, están librando una guerra su cuartel. Luchan entre ellos, no por el dinero ni el poder, sino por nosotras. Quieren seducirnos, engatusarnos, enamorarnos. Andan pendientes de cualquier movimiento de su adversario, no vaya a ser que tome la delantera. Y ahí están todos, con sus grandes cochazos, sus megayates y aviones privados, perdiendo el sueño por si a nosotras nos gustarán los zapatos con el tacón un poco más alto o medio centímetro más grueso. ¡Ja!, es fantástico, te pones tú toda mona delante del espejo, das un par de giros a tu cintura, y te quedas ahí, mirándote a ti misma por encima del hombro y piensas: hete aquí la razón de los desvelos de Amancio Ortega e Isak Andic.
Vista así, nuestra sufrida vida de compradoras compulsivas tiene más gracia. Ya estás lista para salir a Cirilo Amorós con cara de jefa: aquí la que mandas eres tú. Como dice Juan Roig, el jefe es el cliente; ergo tú eres la jefa.
La calle Colón es estos días una muestra de la batalla por ganarse nuestro cariño. Amancio Ortega se ha quedado con el local que ocupaban Cortefiel y Hoss Intropía, frente al Corte Inglés, y va a abrir un megatiendón, lo que ellos llaman una flagship store, un buque insignia, un espacio en el que no se regatean materiales nobles para que el producto luzca como en las tiendas de Prada o Gucci.
Será la tienda mimada de Amancio Ortega en Valencia, aunque no es la única que tiene en la ciudad. Colón está llena de sus marcas: Bershka, Zara, Oysho o Pull and Bear, compiten a muerte con H&M y Mango.

Dice AlejandraMontaner que las tiendas low-cost trabajan muy bien el visual merchandising, dominan la compra rápida, “es como el fast food, te apetece llevártelo, es la compra en caliente. Las pequeñas firmas lo tienen muy difícil para competir y se tienen que buscar la vida porque apenas quedan tiendas multimarca a las que vender, de ahí que abran sus propios puntos de venta, es lo que ha pasado con las firmas francesas como Maje o Sandro”.
Si el low-cost está dominado por dos o tres empresarios, con el lujo pasa algo parecido. Bernard Arnault, del grupo LVMH, tiene entre sus firmas a Loewe, Vuitton, Celine, Pucci, Dior y Marc Jacobs. Vamos, que controla la mitad de Poeta Querol. La otra mitad es de François-Henri Pinault, con firmas como Gucci, Balenciaga, Yves Saint Laurent, Balenciaga y Stella McCartney. Quedan algunas independientes, como Prada o Dolce Gabbana, y el resto se lo reparten entre los dos gigantes. A ellos les compramos los perfumes, laca de uñas, gafas de sol…
Entre los que dominan el low cost y los que dominan el lujo, apenas queda sitio para los del medio. Las francesas Sandro, Maje y Claudie Pierlot, Zadig et Voltaire, Comptoir des Cotonniers, Ba&sh y American Vintange han conquistado parte del ensanche con su estilo parisino, coqueto y roquero. Aun así, los italianos siguen haciéndonos suspirar por sus zapatos y bolsos.
Lila Albanozzo, de Il baco da seta, cree que Italia sigue siendo muy potente, entre otras cosas porque la moda francesa está diseñada para una mujer joven y muy delgada, con un físico más andrógino que la italiana. “Además, los italianos cuidan la calidad del tejido, en eso son imbatibles, tienen mucha experiencia y un patronaje y un saber hacer exquisito.”
Lo mismo opina Lourdes Verdeguer, de Patos. “Francia le ha cogido terreno a Italia en moda pronta, pero en el segmento medio alto Italia sigue siendo fuerte, tanto en creatividad como en producción. En Italia están los grandes fabricantes. Las colecciones de Alaïa y los bolsos de Chloé y Chanel se producen en Italia. Si las marcas francesas producen en Italia, será por algo”. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Snif, snif

El destino ha querido que la misma semana que nos dejó Rita Barberá, eche el cierre Hermès, que simbolizaba la visión ritista de Valencia.
Hermès ha cerrado su tienda en Valencia. Hoy hace justo trece años que se abrió y sirvió, entre otras cosas, para impulsar un proyecto de Rita Barberá. Ella entendió que Valencia, si quería ser una de las grandes ciudades del mundo, necesitaba una milla de oro. No hay ciudad que se precie sin tienda de Vuitton, Hermès, Loewe y demás. Y a Rita se le podía criticar por muchas cosas, pero nunca por hacer de menos lo nuestro. Quizás en eso fuese en lo único que era poco valenciana, nunca cayó en esa complejo tan nuestro de restar importancia a lo que tenemos, de creer que lo de aquí no va a impresionar a nadie de fuera, que nosotros le damos valor no tanto por lo que es, sino porque lo amamos y por tanto el extranjero acostumbrado a ver grandes ciudades no va a admirar gran cosa la nuestra. Con ese cuento no se podía ir a Rita y quien se atreviese a hacerlo, que se atuviese a las consecuencias, si se descuidaba le cogía de la pechera y le cantaba las cuarenta. Así es que pensó que si París, Londres, Milán o Nueva York tienen una milla de oro, Valencia no iba a ser menos. Y se salió con la suya.
El 26 de noviembre de 2003, justo un día antes de la inauguración de Hermès, Rita Barberá estaba en Ginebra en la reunión en la que se cerraban los acuerdos de la Copa América. Valencia no sabía lo que suponía eso. Los franceses sí, y no les había hecho puñetera gracia. Marsella había perdido, Valencia había ganado. Los Hermès, que son franceses, se enteraron la misma la mañana de la inauguración y les faltó tiempo para traer un puñado de pañuelos con motivos marineros y colocarlos a la entrada de la carpa transparente montada en la Plaza del Patriarca. Más de 1.000 personas fueron al evento. Dos Aguas Luxury Shopping surgió poco después a instancias de Rita Barberá, que veía así más cerca su sueño de poner a valencia en el mapa.
El destino ha querido que Rita y la tienda de Hermès se apaguen juntos. Con ellos se va una concepción de esta ciudad. Para muchos, el cierre de Hermès es la constatación de que Valencia se está apagando, que ya no es lo que era. Otros creen que todo aquello fue una alucinación y que ahora la ciudad vuelve a su sitio, del que nunca debería haber salido. Probablemente no sea ni lo uno ni lo otro. Mª Angeles Miguel, directora de tienda hasta 2010, no cree que el cierre se deba a la caída de ventas, sino más bien a un cambio de estrategia de la firma. Las multinacionales no guardan lealtad a nadie excepto a su marca. No son como el comercio local, tiendas como Chapeau, Patos, Alfredo Esteve, Alejandra Montaner o Hannover, que no se conciben fuera de la ciudad que les vio nacer y les dio todo lo que tienen. Esas son las que aguantan a las duras y a las maduras. Las que no nos dejan tiradas cuando las cosas pintan feas o cuando un directivo de las chimbambas decide que Valencia no entra en sus planes.
Afortunadamente la milla de oro valenciana no se queda sola. Ahí tienes a Patos, la tienda de Lourdes López y Javier Verderguer, el epítome del lujo con firmas como Alaïa, Dsquared, Etro, Pucci, Herno o Michael Kors Collection. El jueves, Patos invitó a un cóctel para presentar la nueva colección El Alquimista, diseñada por la propia Lourdes con Jesús Feo. Son camisas básicas pero con un punto sofisticado, de esas que no pueden faltar en el fondo de armario, a rayas azules y blancas y de popelín blanco, con un tejido de lujo, buen patronaje, confección y acabados.
Desfilaron con la colección hijas de clientas de lo más estilosas: Sofía Soucase Gómez-Ferrer, Julia Moreno Ramón, y María y Paula Aleixandre Barrachina. Hubo música de jazz en directo, moqueta a rayas azules y blancas, y glamour del bueno: discreto y elegante.

lunes, 30 de mayo de 2016

Palo Alto Market

Palo Alto Market es un mercadillo de estos que están tan de moda en las ciudades cosmopolitas, los street markets, versión evolucionada del mercadillo de toda la vida con sus puestos de ropa, comida y bisutería hecha a mano. Todo muy alternativo, con un toque hippy-comprometido-ecológico-meencantamonicaoltraynoaguantoarajoy. Está en Viveros, abrió el viernes y cierra esta tarde. Cobran una entrada de tres euros (niños gratis).
Una vez dentro la imaginación viaja en el tiempo y se vuelve medio loca porque no sabe si va hacia el futuro o es un retorno a la edad media. Tenderetes con ropa marca “el que lo ha hecho”, verduras ecológicas, miel, bares alternativos, artesanía… Y es entonces cuando te preguntas ¿y si fuese verdad que otro mundo es posible? Vivimos una vida basada en la competitividad, hay que ser el mejor, siempre el mejor, trabajar más, producir más, ser más eficaz, currar, currar y currar. Pero, ¿de verdad no hay alternativa?, ¿Y si todo esto fuese solo una estrategia de las grandes compañías multinacionales para tenernos subyugados?, ¿Sería posible volver a un modelo en el que cada uno produjese de forma artesanal aquello que sabe hacer?, ¿Es necesario que para hacer un par de zapatos haya que montar una cadena de producción con cientos de trabajadores, en la que cada uno aporta sólo una doceava parte del trabajo que se necesita para hacer el zapato? Eso, como decía Marx, deshumaniza el trabajo porque tú no eres un zapatero, sino un clava clavos.
¿Tenemos que estrenar ropa nueva cada semana y por eso buscamos prendas baratas producidas en la chimbaba por gente a la que nunca conoceremos?, ¿Necesitamos tantas cosas para ser felices, lo que nos obliga a producir más para poder pagarlas?
¡Buaa! ¡qué comida de tarro!, que vengan Joan Ribó y Mónica Oltra a echarme una mano que me estoy volviendo loca, no sé si me ha sentado mal el desayuno o si realmente he encontrado por fin la luz, he salido de las tinieblas capitalistas y me encamino definitivamente a la felicidad. Dice Paula Mariscal, sobrina de Javier Mariscal y directora de Palo Alto, que la idea del mercadillo es dar cabida a un nuevo modelo comercial alejado de las grandes marcas. Los que quieran exponer tienen que ser productores locales, artesanos que producen lo que venden en pequeñas cantidades y con criterios de calidad. Ni qué decir tiene que el Alcalde Joan Ribó, que visitó el mercado el viernes, estaba encantado con la iniciativa, que se ajusta como un guante a su planteamiento de un mundo distinto en el que el pequeño comercio pueda hacer frente a las grandes multinacionales. Palo Alto Market nació en Barcelona y fue una idea de Pedrín Mariscal el hermano de Javier Mariscal, que montó un mercadillo alternativo en los jardines junto a su estudio en Palo Alto. La idea tuvo tanto éxito que abre el primer fin de semana de cada mes y ahora ha probado suerte en Valencia. A Pedrín los viejos del lugar lo recordarán por la firma Tráfico de Modas, que tenía tienda en Valencia en los años noventa en la calle Sorní y vendía ropa de lo más moderna. El mercado está muy bien montado. Hay música en directo, fruta ecológica, food trucks (comida en furgonetas), teatro, diseño, bolsos y mochilas artesanales, ropa confeccionada en pequeños talleres, piezas vintage, arte (expo de Paula Bonet), exposiciones de moda, cerámica y editores independientes de cómics, libros de arte, moda y música…
No hay que perderse el espacio de Sonia Carrasco, una diseñadora valenciana que trabaja con el equipo de Alexander Mcqueen, ni tampoco las gafas de sol y relojes de Komoro, una firma con un diseño súper chulo a precios muy ajustados que también tiene Alejandra Montaner en su tienda.

martes, 8 de septiembre de 2015

Celia Montaner

Este verano nos ha dejado Celia Montaner. A algunas el nombre os dirá poco, pero si preguntáis a vuestras madres seguro que la recuerdan. Fue la mujer que revolucionó el comercio de moda en Valencia, que modernizó la forma de vestir de nuestras madres y de algunas de nosotras. Eran los años ochenta, la década en la que este país se europeizó y modernizó. Entramos en los ochenta teniendo miedo a que nos viesen besar un chico en la calle y enlutando a las viudas. Salimos de ella yendo a la Ruta del Bakalao y animando a nuestras abuelas a que viajasen y, si se terciaba entregasen su corazón a otro hombre. En lo que al vestir se refiere, la década empezó con las mujeres haciéndose sus propios vestidos con telas que compraban en Julián López y acabaron poniéndose cinturones de Mosquino. Por el camino se dio el boom de las boutiques, la ropa de modista dejó paso al prêt-à-porter y a los diseñadores de renombre. Ahí es donde Celia Montaner jugó un papel decisivo en Valencia. En el 82 abrió su primera tienda en la calle Colón, que fue la entrada en Valencia de firmas tan arriesgadas entonces como Moschino, Thierry Mugler o Lolita Lempika. La sociedad estaba cambiando. La mujer estaba decidida a vivir su vida como le gustase a ella y no como los demás esperaban que la viviese. Por fin se liberaba de la opresión del qué dirán, para vivir su vida a su manera. Eso había que trasladarlo a la forma de vestir, que debía ser trasgresora. Celia educó ese nuevo gusto en muchas valencianas, que buscaban nuevos referentes porque los que habían tenido hasta entonces no les complacían. Era, además, una década en la que había dinero y ganas de gastarlo porque se tenía confianza en el futuro.
Celia no lo tuvo fácil. A principios de la década, las grandes firmas internacionales tenían poco interés en implantarse en España, un país al que el resto de Europa miraba por encima del hombro. Cuenta Rosa Morera que su madre, Rosa Faet, otra de las pioneras de la moda valenciana con su boutique Angora, tuvo que luchar mucho para traer firmas extranjeras como Valentino. “En toda España apenas había diez tiendas que traían moda de importación”.
Celia comenzó en los años sesenta en el negocio con trajes de novia y ajuar y uniformes para los colegios Domus y Jesús y María. En su primera tienda han vestido varias generaciones de mujeres, abuelas, madres e hijas. Trajo colecciones de Armani, Etro, Kenzo, Versace, abrió una boutique Fendi en la Calle Jorge Juan y más adelante una segunda tienda multimarca con su nombre en Jorge Juan.
Los que la conocieron, dicen que tenía un gusto exquisito.
Alejandra Montaner, su sobrina, cuenta que los proveedores valoraban su tremendo olfato para seleccionar firmas. Arriesgaba y viajaba sin parar en una época en la que no era común que la mujer trabajara. “Recorría India, Japón, Africa, Sudamérica y siempre traía alguna pieza especial, era incansable”, recuerda. Por lo demás, los ochenta fueron una década apasionante para el comercio de moda de lujo en Valencia liderado por mujeres avanzadas a su época como Claudina Peris, que abrió Dodicci en la calle Salvá.
Y años antes, Concha y Mercedes Freixa y Consuelo Vidal, con la mítica boutique Piccola en Poeta Querol, que entre otras, introdujo la colección de Courrèges, con esos suéteres de canalé con el logo bordado en colores ácidos como el rosa, amarillo o azul turquesa y que ahora se pueden volver a encontrar en la tienda Patos de Lourdes Verdeguer. Celia se jubiló y cerró la tienda en 1996, cuando Yanes se enamoró del local y le ofreció un traspaso.
Ocho años después, su sobrina Alejandra abrió la boutique Alejandra Montaner.

lunes, 11 de agosto de 2014

Todo sucedió en Xabia

Hay que ver la de cosas que pasaron en Xabia durante los años sesenta  setenta. Mientras nosotras cambiábamos los pañales de nuestro Nenuco y soñábamos con vivir alguna aventura como las de Pipi Calzaslargas, allí se asentaban los abuelos de quienes hoy son de “Xabia de toda la vida”: familias bien de Valencia y mucha gente del entorno del Opus Dei que huían del despelote de otras playas a las que habían arribado las suecas y alemanas con prácticas poco recomendables. Pero ellos no fueron los únicos que colonizaron las calas xabienses, también hubo un considerable movimiento hippy, de hecho hay quien asegura que el movimiento del flower power entró en España por Xabia y no por Ibiza.
Harris Sportes organiza cada año una fiesta hippy en su discoteca, La Hacienda. Él vivió aquello: “Los americanos habían descubierto Javea y La Plana cuando atracaban sus skippers en el puerto. Buscaban la tranquilidad y la encontraron en el Cabo de San Antonio. Venían con dólares y compraban terrenos en La Plana cuando el metro cuadrado costaba una peseta. Trajeron también muchas sectas hindúes, como los hare krishna, buscaban un oasis donde nadie les molestase y sus casas eran sencillas. Pero cuando empezó a llegar el turismo, se marcharon a Ibiza en busca de tranquilidad y cuando la isla se masificó, se largaron a Oriente Medio”.
Jo pe, debía tener su gracia aquella convivencia. Mientras los hippies se entregaban al amor en las calas, los amigos del Opus Dei construían su iglesia en el Puerto y los pescadores, auténticos xabienses de toda la vida, se preguntaban qué hacer con su futuro: dejarlo todo e irse a vivir en comuna, dejarlo todo e ingresar en un monasterio, o dejar la barca y construir apartamentos…
Cincuenta años después, nada es lo que era: los hippies ya no luchan contra la propiedad privada y los del Opus ya no se escandalizan por ver un bikini. De aquello nos queda la Iglesia del Puerto, abarrotada los domingos de agosto, y algo de la estética hippie, que se ha colado hasta en los fondos de armario de las familias más conservadoras del lugar: kaftanes estampados de algodón y lino, sandalias planas, bolsos rafia, paja y collares de cuentas que parecen recién traídos de la India o hechos a mano por uno de aquellos bohemios colonizadores del Cabo de San Antonio. Según Alejandra Montaner, que de moda ibicenca sabe un rato y que viste en más de una ocasión a la actriz Paula Echevarría, que en la Comunidad Valenciana las mujeres vestimos en verano de forma distinta a otras regiones: muchas marcas de Ibiza, tejidos naturales, sedas, algodones y vestidos cómodos y fresquitos que puedes llevar por el día para tomar heladito y por la noche vas de lo más mona con cuñas y complementos.

El viernes, La Hacienda celebró su fiesta hippy con música de Janis Joplin, Beatles, The Doors, Eagles, Carole King o Fleetwood Mac y la presentadora Cristina Tárrega celebró su fiesta de cumpleaños con el DJ Santi Martínez. El viernes que viene actuará allí Antonio Carmona de Ketama y el siguiente el grupo The Tweeters.

Por las fiestas de verano de la Hacienda se deja ver gente como Alfredo Bataller, de Sha Wellness, Fernando Aliño, Miguel de Vicente, el históricos relaciones públicas Pichi Ferris, Ragel Beltrán, Alfredo Alapont, Ricardo Sanchís o Haf Ida. Y cualquiera de nosotras, que ya tenemos a los niños criados; ellos se van al Arenal y nosotras queremos bailar sin que nos coarte la mirada de ninguna veinteañera minifaldera luciendo lo que nosotras lucíamos hace veinte años y que ya nunca volveremos a lucir. Y ellos no hacen esos ridículos corrillos en los que pasan revista a todas menos a ti y a tus amigas.

lunes, 16 de junio de 2014

Madrugón sueco

Debe de ser muy difícil valencianizar a un sueco. Porque claro, llega aquí el Bjorn de turno a abrir una tienda y le pasa como a los chinos que abren un bar español, que creen que con poner una tortilla de patatas en la barra, aquello ya es un bar de tapas. Pues bien, Bjorn quiere valencianizar la tienda así es que pone unas paellas por aquí, unas peinetas y ¡ale!, ya tengo una tienda valenciana. Llega el día de la inauguración y Bjorn hace lo que lo dicta la lógica escandinava: si la tienda normalmente va a abrir a las diez de la mañana, él ese día organiza un desayuno a las ocho, que debe de ser lo que hacen en Suecia. Vamos a ver, Bjorn: Spain, this is Spain. Aquí a las ocho estamos con el café con leche, y que no nos hable mucho que nos aturullan. Hasta las diez no somos personas y lo de la inauguración se hace a las ocho, pero de la tarde, Bjorn, de la tarde, no de la mañana. Claro que si la tienda de Bjorn se llama Ikea, todo esto se le perdona. Así es que iremos a Alfafar y desayunaremos zumo de naranja. Pero que no se extrañe Bjorn si ve que se forman aglomeraciones en la zona de los sofás. La cosa hubiese sido bien distinta de haberlo hecho a las ocho de la tarde: cervecita, gintonic, ji,ji, ja, ja… Y ahí te quedas hasta las dos o las tres, hora en que, por estas fechas, ya está el sol alto en Estocolmo y los amigos de Bjorn probablemente estén ya afeitándose.
El jueves pasado, sin ir más lejos, la gente empezó a salir de casa a las ocho de la tarde para ir a la shopening night. El tráfico se cortó en Jorge Juan y aquello era un ir y venir de gente sin parar. Vender, no se sabe si se vendieron mucho, pero a jaleo no nos ganó nadie. En el Mercado de Colón, un grupo bailando temas de los años 20; en Brownie, cupcakes y refrescos para menores; VM the Shop trajo un avance de la fantástica colección de Siemprevivas para Gabriel Segui y Blackcape, al DJ Santi Martínez; Montesinos hizo descuentos de hasta el setenta por ciento y Alberola regaló pulseritas a las compradoras; Bárbara Torrijos se trajo a los DJ de moda, Kaspar&Hauser; Alejandra Montaner, a los diseñadores Luís Zangana y Telma Cadenas; Il Baco da Seta invitó a copas con música en directo, TCN a vino y chuches, Superdry a bebidas energéticas; hubo música en directo en Manterol, Sesderma, Torres Joyeros y Hannover y hasta un desfile de ropa infantil en la boutique de niños Cristina.
Si los alrededores del Mercado de Colón fueron los más animados, Poeta Querol y Plaza del Patriarca, fue lo más glamuroso de la noche, y eso que no participaron ni Vuitton ni Hermès. Tampoco hizo falta. Ferragamo reunió en su tienda a lo más elegante de Valencia y agasajó con un vino espumoso de la familia italiana, fresas con chocolate y fruta fresca. Loewe convirtió su tienda en un night club con una barra de gintonics preparados amorosamente por un barman de quitar el hipo.
La inauguración de la exposición de Nanda Botella en el IVAM (fue el jueves a las ocho, pero de la tarde) también convocó a media Valencia. Estuvo Rafa Ripoll, los artistas Miquel Navarro, Paco Sebastián Nicolau, José Cosme, Horacio Silva, Javier Calvo, Calo Carratalá, José Antonio Orts, Vicente Colom y Natividad Navalón, el presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón y dos de las presidentas más estilosas de Valencia: la del Palau de la Música, Mayrén Beneyto y la de Academia de Gastronomía de la Comunidad Valenciana, Cuchita Lluch. Mayrén vino acompañada de Ramón Almazán, pero a Cuchita le falto su inseparable Juan Echanove. Tampoco faltaron Alfredo Esteve, Valentín Herráiz, Trini y Vicente Gracia, Javier Monedero con Rosa Sanchís, de Dicoval, Gabriel Seguí, los empresarios Paco Roig y Magdalena Melchor, Germán Ros Casares y Amparo López, Alberto Corell y Bely Botella, el doctor Juan Antonio Murgui, Amparo Lacomba, Beatriz Pechuán, Esperanza Vila, Silvia Escolá, Luis Lluch, Javier García Alberni, Mónica Aliaga y Manuela García de la Cuadra.

lunes, 5 de mayo de 2014

Emociones primaverales

Me llamareis sexista, machista o lo que os dé la gana, pero nunca he entendido a las mujeres que les gusta el fútbol y el jueves por la noche me autoafirmé en mi teoría. Por primera vez en mi ya aquilatada vida ví más treinta minutos de partido. Cuando por fin entendí porqué necesitábamos meter tres goles para ganar, siempre que los sevillanos no metiesen ninguno, va y me emociono. Aquello estaba ganado y yo, sentada en mi sofá, confieso que emocionada. Entonces va y ¡zaca!, nos cuelan ese gol que nos hunde en la miseria. Tres días después todavía me viene a la cabeza el desengaño. Fue como si llevaras tres meses reuniendo el dinero para comprarte un vestido; cuando por fin lo tienes, te vas a la tienda, por el camino se te ocurre parar a tomar un café y disfrutar de la apreciada tarde. Ya entras en la tienda, tus nervios a flor de piel, el vestido es tuyo, vas a estar monísima, tus amigas van a chinchar de envidia y tu ya te ves paseando por la Plaza del Patriarca levantando miradas de admiración. De pronto, sale la chica y te dice: No, no nos queda tu talla, acaba de llevársela una señora hace cinco minutos. Maldición, a qué mala hora me paré a tomar el café. La diferencia entre ellos y nosotras es que un golpe emocional como esos a nosotras nos dura una semana y puede traer consigo algún que otro mar de lágrimas. Ellos lo arreglan con cuatro risotadas y un par de cervezas con sus amigachos, y alé, ya están preparados para el próximo partido. Mientras que nosotras necesitamos medio año para recuperar las ganas de salir de compras. Así es que dejemos el fútbol para los y las futboleras y vayamos a lo nuestro que es la primavera, las terrazas, las flores, las tiendas… vamos, cosas emocionalmente menos agresivas, que nuestros corazones no están para esos sobresaltos. Por ejemplo, el próximo día que haya partido, nosotras nos vamos a dar un paseo por la plaza del Patriarca, que está de lo más mona con una floristería que han abierto en la calle Soledad. El Mercado de Colón no tiene rival como punto de encuentro para la tarde de compras, pero pero la Plaza del Patriarca y sus alrededores tiene un encanto y un aire parisién que mola mogollón para las tardes en las que no apetece el bullicio. Es como más estilosa, más noble. Allí, en un callejoncito peatonal que se llama Soledad, acaba de abrir una de las floristerías más coquetas de Valencia, la de Daniel Fombuena.
Pasas por la puerta y te parece que estás en París al ver los maceteros con hortensias de color fresa. Justo al lado, está Il Baco da Seta, la tienda de ropa de la italiana Lila Albanozzo, recién reformada, el lugar al que acuden las mujeres que buscan un fondo de armario con sello italiano: Fabiana Lippi, TwinSet, Es’givien… Lila lleva muchos años en el negocio de la moda, como Susana Camarasa, que acaba de trasladar su tienda Abito de la calle Comedias a la Gran Vía Marqués del Turia, donde estaba GV20. Susana tiene ropa de firmas muy estilosas -Essentiel, Antik Batik, Lebor Gabala, TCN, Notify- y también una pequeña selección de la gallega Masscob, con unos vestidos, shorts y blusones ideales. Alejandra Montaner también tiene Antik Batik y Masscob en su tienda, y además como las piezas no suelen coincidir, puedes ir de una tienda a otra hasta encontrar lo que te gusta. Un día primaveral de tiendas y callejeo por Valencia sólo puede terminar en una terraza.
La del Westin está monísima, con una exposición de esculturas en forma de ositos de gominola del artista deEmo. Y el jueves se inauguró la de L’Umbracle, más de 4.0000 invitados, entre ellos el presidente de la Fundación Conexus, Manuel Broseta, la escritora Marta Querol, Caco Monsell, Alvaro Tomás, Fernando Aliño, los arquitectos Jacobo Ríos y Ramón Esteve, con la redactora jefa de moda de Telva, Maite Sebastiá, que la semana que viene se va a Australia a entrevistar a la top Miranda Kerr, imagen de Swarovski, ¡que envidia me da!

lunes, 23 de diciembre de 2013

Belenes, mercadillos y copas de Navidad

Hubo unos años en los que las semanas prenavideñas eran un sinvivir de cócteles con champagne y canapés pijos cortesía de las tiendas más lujosas de la ciudad. En un mismo día podían acumularse hasta cinco copas navideñas, y como los invitados suelen coincidir, más de una iba como loca de un sarao a otro. Pero eso era antes, ahora las tiendas no están para derroches.
La Navidad ya está aquí, chicas, aunque este año viene con menos lujos: menos moqueta, menos brillos, menos litros de champagne, menos regalos y, en general, menos derroche. Síntoma de que los tiempos están cambiando es que el centro de Valencia se está llenando de mercadillos. Es cierto que no son mercadillos como los de antes, de los de cinco pares de calcetines a un euro. Los nuevos mercadillos son glamourosos, tienen nombres british y abren en calles de lo más céntricas. La semana pasada se inauguraron dos: Cool Market en la calle la Paz y Chic market en Don Juan de Austria.
Cool Market es el mercadillo de María Noguera y Paula Alcón (hija de Rafael Alcón, el nuevo presidente de la Fundación Bancaja) y de los primeros en abrir junto con Tapinería. Estuvo unas ediciones en el Hotel Astoria y ahora acaba de inaugurar en el local que ocupaba El Mercader de Indias, la tienda de decoración de Carlos Serra y Susana Lozano en la calle la Paz. La antigua tienda sigue conservando la moqueta gris, pero ahora, en lugar de muebles de diseño, tiene puestecitos de ropa más o menos estilosa, pulseras, bisutería, artículos de decoración, complementos… vamos, que entras y seguro que picoteas algo. Además, Patrick, ex del bar Mosquito, ha abierto una barra para desayunos, brunch y copas.
Chic Market es el otro mercadillo que acaba de abrir en el Boulevard Austria y que alquila pequeños espacios por por quincenas o meses. Se inauguró el viernes y allí estuvo la modelo valenciana Minerva Portillo posando para la ocasión. En los puestecitos hay de todo, desde firmas tan interesantes como UKE (en la foto), de la valenciana Nancy Tarrasó, como otras piezas artesanales y manualidades que ya empiezan a cansar un poco y que llevan nombres del estilo “las joyitas de Piluca”, “el armario de Macarena” o “las cositas de Rocío”.
Alejandra Montaner también abrió ayer su particular mercadillo navideño en su tienda de Sorni: vestidos de Masscob, bisutería de Luís Zangara Ibiza, bolsos de World Family y las pulseras de Cayomalayo, que acaban de lanzar al mercado Iván Martínez Colomer y Ana García Rivera; se trata de la versión pijita de la pulsera de caucho con nudos de oro, plata o rutenio y en un montón de colores.
En el mercadillo de Alejandra estuvo Telma Cadenas, una valenciana licenciada en bellas artes que cansada de no encontrar el bolso que necesitaba, amplio, práctico, cómodo, versátil y estiloso, se puso a diseñarlo ella misma. Y lo hizo tan bien que hasta lo ha patentado. Su bolso se llamaLapel, está en tres tamaños y dos colores, y lo mejor es que tiene una cremallera posterior que permite cambiar las solapas con lo que parece un bolso distinto. La piel es súper suave y resistente y las solapas vienen en colores vivos o estampados de pieles exóticas como el pitón, cebra o leopardo.

No hay Navidad sin Belén, pero hay belenes y Belenes. El que monta Blanca Fitera en su casa es algo fuera de lo común. Es una ciudad en miniatura con escenas de la vida cotidiana de Palestina: vendedores de especias, animales y lanas, artesanos y luthiers… Su belén tiene figuras napolitanas compradas por toda Italia, maquetas de instrumentos de Estambul, jaulas de grillos de marfil de China, piedras de Petra y retablos dorados de Perú. “Todo cambió cuando descubrí a los pintores orientalistas del XIX, que inspiraron la sucesión de interiores habitados por artesanos y oficios de mi Belén”.

Las que no sean amigas de Blanca, puede ver su Belén en un libro que acaba de editar el Ayuntamiento, con fotografías y textos de su hijo BorjaPascual. Se presentó el martes en el Palacio de Cervelló y allí estuvo la concejala de Cultura, Mayrén Beneyto, y un montón de amigos de la familia: Totón Barberá, Teresa Legarre, Amparo Calabuig, María José Navarro -emocionada con la calle que llevará el nombre de su marido Gómez-Ferrer-, Marisa Martín, María Ángeles Fayos, María Teresa Pérez-Gimeno, Emi García-Cueco, Katita de Puchol, el doctor Murgui, Fernando de Rosa, Inma Sobrino, Enrique Senís Oliver y María José Albert.

lunes, 25 de febrero de 2013

Vamos a darle color a la vida

Esto no puede seguir así, tenemos que hacer algo para cambiar el triste color de este país, y ya se ve que en la Carrera de San Jerónimo no acaban de encontrar los pinceles. Menos mal que llega la primavera, el pistoletazo de salida que necesitamos las españolas para llenar de color las calles. Adiós a este largo y ventoso invierno que ya no hay quien lo aguante.


La primavera está a la vuelta de la esquina. Y en el último número de Telva ya nos avanzan que viene muy colorida, con muchos amarillos y naranjas. Es justo lo que necesitamos las españolas para cambiar la negritud que ha invadido este país. Tenemos un deber para con nuestra patria, así es que recortemos nuestras faldas, guardemos nuestras bufandas, alarguemos nuestros escotes y vistamos de naranja y amarillo. Salgamos así a la calle y devolvámosle la alegría a este país. La primera cita de nuestra revolución pueden ser las mascletás, así es que, ¡ale!, a llenar de color la Plaza del Ayuntamiento.

La que quiera ir haciéndose a una idea de por dónde va a ir nuestra revolución puede darse una vuelta por las tiendas de Valencia. Salvatore Ferragamo ha sido de las primeras en sacar las colecciones de verano. En cuanto entras en la tienda de Poeta Querol, te topas con tres maniquíes vestidos de color naranja. Si alguna no tiene estos colores en su carta de color, siempre puede llevarlos en los complementos. Este verano habrá carteras, bolsos, zapatos (de tacón y bailarinas) y pañuelos en naranja y amarillo a tutiplén. En Chapeau zapatos también viene mucho color en accesorios: además del naranja y amarillo, verdes, rosa palo y azul cielo.

TCN, otra de las tiendas que ya ha sacado la ropa de verano, también tiene naranja, aunque en la variedad mandarina: rebequitas, pantalones y vestidos. Las más atrevidas, pueden probar con toques de naranja flúor en los botines de ante e incluso hay combinaciones lenceras en seda naranja y verde flúor. El resto de la tienda está llena de color: azul lavanda, verde esmeralda, aguamarina, mucho coral, oliva y tonos pastel como el té verde y el amarillo vainilla.

Los jeans de colores también darán mucha alegría al verano. En TCN los tienen en colores vivos como el verde esmeralda, el coral y el azulón. Y Alejandra Montaner tiene todo un burro lleno de pantalones pitillo de colores vivos de Twenty8T, en amarillo, fresa, rojo… ella aconseja combinarlos con una camisa vaquera de Berenice, una marca francesa que firma sus prendas con un logotipo de alas de ángel. De hecho, el vaquero es otra de las tendencias para este verano y las camisas vaqueras se llevan hasta con falda tubo y zapatos de salón.

La tienda más lujosa y chic de Valencia, Chapeau, todavía no ha sacado las colecciones de verano, lo hará la semana que viene; allí estarán las piezas más emblemáticas de las colecciones de Marni, Prada, Gucci, uff, ¡qué locura! Dice Pilar Puchades que también viene bastante color y que a las mujeres nos gusta verlo pero luego no nos atrevemos a llevarlo y vamos a las piezas más neutras. Por lo pronto, hay que ver las camisetas de algodón de Drug Money Art, una firma que causa furor en los Hamptons, la costa más glamourosa del mundo, donde veranean los neoyorkinos más pijos. Son perfectas para Semana Santa, como las de Alexander Wang, el diseñador que va a sustituir a Nicolás Ghesquierè en Balenciaga. A Ghesquierè lo van a echar muchas mujeres de menos, entre ellas Maite Sebastiá, la valenciana redactora jefe de moda de Telva adora al diseñador y dice que su despedida fue magistral.

Dice la revista que los estampados africanos serán otra de las tendencias del verano. Si se cumple el pronóstico, Alejandra Montaner se va a quedar sin vestidos, porque ha traído un montón de vestidos estampados de la firma francesa Antik Batik. Alejandra acaba de llegar de un viaje a India y está acentuando el estilo bohemio y chic de su tienda: pashminas bordadas a mano, bisutería artesanal, piezas de macramé y los bolsos de World Family Ibiza.

Lo dicho, chicas, a la revolución; quién sabe, a lo mejor los políticos nos siguen y entre todos conseguimos cambiar el triste panorama de la vida pública española. Ya me estoy viendo a Rajoy, este verano, con un traje naranja y unos zapatos amarillos haciendo un llamamiento a la nueva España que nace llena de color y alegría.