domingo, 24 de febrero de 2008

Quiero unos Louboutin

Qué cruel es esto de la moda. Si hace apenas unos años, llevar unos manolos era lo más de lo más, por algo los coleccionaba la Preysler, pues en pocos años los manolos se han quedado más anticuados que una canción de los Pecos. Lo que mola ahora es calzar unos taconazos de doce centímetros de Christian Louboutin (pronúnciese Lobutén y no confundir con Lobatón, por favor), un pedazo de zapatos que se reconocen por su suela esmaltada en rojo.

Lo siento por Marichalar, gran amigo (y socio por parte de hermana) de Manolo Blahnik. Los manolos ya no los quieren ni regalados. Todas las actrices de Hollywood se mueren por unos Louboutin. Por cierto, que Marichalar -¡Cómo se le echa de menos!- estuvo en Valencia esta semana, con Mayren Beneyto. El sí entiende de zapatos exquisitos y sabe llevar un traje como nadie, con sus pulseritas hippies y sus pashminas, sin perder la seriedad, pero con un toque de humor. ¡Vuelve a la corte, Marichalar, por favor!

El modelo más famoso de Chistian Louboutin es el peep-toe destalonado con tacón de 12 centímetros, un clásico que deja los deditos de los pies al descubierto con su inconfundible suela roja, of course. Precio: 520 euros, pero para qué hablar de dinero cuando puedes convertirte en la mujer más estilizada, sexy y elegante de la fiesta gracias al tacón interminable y puntiagudo de tus Louboutin. Vamos, un regalo. Encima dicen que son comodísimos, porque tienen una pequeña cuña que compensa el taconazo y las pieles son suaves, ¡una obra de arte en tus pies!

Esta temporada, Chapeau se ha traído los Louboutin a Valencia. Les han dedicado un escaparate enterito y sólo enseñan un par, como si fueran joyas en edición limitada. No es para menos. Según el diseñador francés, su intención era hacer una joya de zapatos, porque son como una extensión de la mujer. Sea por su diseño o por eso de que las mujeres nos copiamos unas a otra, todas las famosas llevan Louboutin. Fíjense en las suelas y verán como abunda el rojo. Por supuesto, Victoria Beckham los tiene en todos los colores y alturas, no podía ser menos.

Los Louboutin han llegado en un momento perfecto para completar los modelitos de la próxima temporada. El crudo invierno toca su fin y empieza la fiesta, las fallas y las citas en la agenda, ¡bien! La más inmediata: la inauguración del Hotel Hilton, ese tan moderno junto al Palacio de Congresos de Norman Foster. Será el jueves 28 y la cita promete. Manuel Ávila, el director del hotel, me ha contado lo que preparan y tiene muy buena pinta: primero, aperitivo de bienvenida, carnes a la brasa en el restaurante Azahar, especialidades italianas en el BICE, buffets en el Salón Valentia, todo con música en directo, guitarra española y jazz, cócteles en el Podium Bar y a las 12 espectáculo pirotécnico. En cada restaurante –dice Ávila- queremos ofrecer lo mejor de nuestra gastronomía, un espectáculo culinario. ¡Adiós a la dieta!

El Hilton ha invitado a 600 o 700 personas, todo Valencia, vamos. Aunque el hotel ya estaba abierto desde mayo del año pasado, han esperado hasta que estuviera funcionando el restaurante BICE, un italiano cuyo nombre viene de Beatrice, la señora que abrió una famosa trattoria en Milán allá por los años veinte. Ahora BICE es una famosa franquicia con restaurantes en NY, Miami, Madrid (en la calle Génova, cerca de la sede del PP) y en Valencia ¡faltaría más! El día de la inauguración, todas las habitaciones estarán abiertas para que los invitados puedan cotillear a gusto. Entra en mi casa, toma fuerzas, descansa y embriágate de mi brisa cálida y única”, dice la invitación. Vale, acepto, a preparar el modelito…

domingo, 17 de febrero de 2008

Cambio pasarela aburrida por desfile coquetón

Presen Rodríguez ha llamado a su última colección Palazio y como no podía ser menos la presentó en un Palacio, en el del Marqués de Campo, ya saben ese Museo de la Ciudad que visitan los turistas, bueno al menos yo no conozco a ningún valenciano que haya echado allí una tarde; y les aseguro que vale la pena aunque sólo sea por ver los salones, los estucos barrocos y las pinturas. Y es que los ricos siempre han vivido de puturrú de fua. Bueno pero a lo que iba; mientras diseñadores buenos, medio buenos y malos se matan a codazos para desfilar en un Pasarela, tipo Cibeles, otros saben montárselo por su cuenta y desmarcarse por la banda.

Presen preparó todo para su desfile en uno de los salones alargados del palacio donde antaño debió celebrarse alguna puesta de largo de las hijas de la marquesa de Campo. Invitados, pocos, apenas salían tres filas de asientos en cada lado. La diseñadora sacó una primera serie de vestidos en raso con colores flúor (totalmente de moda), muy de los años 50 y 60, para después seguir con otra de minivestidos de cóctel en negro. Lo del minivestido es genial: sienta bien a casi todas, le quita seriedad a los tejidos de fiesta y encima rejuvenece. Como excepción, se vio algún vestido en rojo en tul plisado. Estampados, pocos. Según Presen, “he llevado los volúmenes a la cintura y he dado protagonismo a los cuellos halter y escotes palabra de honor. El largo de las prendas o corto por encima de la rodilla o largo absoluto”. Parecía que estuvieras en una de esas casas francesas de alta costura en los años cincuenta, con esos vestidos de cóctel.

Tras el desfile, una copa de champagne en el patio y un poco de cotilleo, que nunca está de más. Junto a Presen, estaban todos sus hijos: Isabel Cosme, con uno de los vestidos de cóctel negro; su hermana, con un abriguito dorado y José Cosme, un artista multidisciplinar (y muy dandi, todo hay que decirlo), que tan pronto escribe un artículo sobre moda, que una tesis doctoral sobre un sesudo tema teológico, como expone en una galería del Soho de Nueva York. Ahora mismo expone en la Galería Oruga Azul, en la calle Sorní, pero él mismo reconoce que su trabajo es conceptual y difícil de entender.

El mismo día del desfile de Presen, Francis Montesinos presentó su colección en Madrid. No estuvo mal, aunque las críticas fueron crueles, no sólo con Francis, sino con la mayoría de los que desfilaron en Cibeles. Cojo una de las frases al azar, la de la periodista de Yo Dona Sara Sáez: “más horas de pasarela, más diseñadores que no aportan nada, más famosos de quinta regional, más politiqueo…” ¡qué fuerte! Vamos, como en la de Valencia, sólo que aquí nos hartamos de decir que tenemos la mejor pasarela del mundo mundial. En Cibeles también desfiló Hannibal Laguna, no sorprendió con nada nuevo, pero hizo lo que sabe hacer, muy buena fiesta, lo que buscan sus clientas. Luxoir, los más jóvenes, arriesgaron y no se si fueron comprendidos, pero están en edad de eso, de arriesgar y provocar, no de hacer uniformes para azafatas.

martes, 12 de febrero de 2008

Antes 48 que diábolo

No, no, no y mil veces no. Me niego a pedir una talla diábolo en mi tienda favorita. ¡que cosa tan poco glamurosa, por favor, qué vulgaridad! ¿Quién ha sido el listo? Será muy científico eso de clasificar a las mujeres según su esqueleto, pero de ahí a que tengamos que pedir un Prada talla campana, diábolo o cilindro, uff, sólo de pensarlo, qué manera de estropear el momento divino de comprar un vestido. Antes prefiero pedir una 48 ¡o una XL!

Que hay mujeres con tipo pera y otras con tipo manzana, eso ya lo sabíamos todas desde niñas. Para eso no hacía falta tomar medidas a 10.000 mujeres, entre ellas yo, que fui conejillo de indias en un reportaje de mi periódico, con foto en ropa interior incluida ¡uff, que horror! Entonces pensé que todo había sido por una buena causa. Gracias al estudio, se acabarían los problemas de las tallas; las gorditas no tendrían que ir a las tallas grandes y nunca más necesitarías una talla distinta de pantalón y de chaqueta.

Me temo que con este nuevo invento, lejos de arreglarlo, lo que van a conseguir es montar un lío tremendo. Como dijo David Delfín, tres tallajes diferentes para cada modelo es de locos. A ver quién es el fabricante que se lanza a hacer vestidos talla cilindro en una 44, 42 y 40; el mismo en campana en todas las tallas y así con todas las combinaciones posibles. Vamos, que las tiendas deberían tener hasta treinta patrones distintos de cada prenda. Me imagino a las pobres dependientas de Zara desmelenadas corriendo de un lado a otro de la tienda tratando de poner un poco de orden en el caos.

Además, el invento del Ministro Bernat Soria no acabará con el problema, porque aunque tu talla española fuera una 42 campana (¡qué espanto!), al comprar ropa italiana seguirías pidiendo una 44, equivalente a una 8 americana, una 40 francesa, una 12 inglesa y una 38 alemana. Vamos, que el gozo del Ministerio de Salud en un pozo. Que yo sepa, las mujeres españolas no compran sólo ropa española. Y no me veo a los directivos de H&M cambiando los tallajes por seguir el ejemplo.

¡Pero si no se ponen de acuerdo ni los diseñadores! Estos días, han preguntado a los de Cibeles, que empieza mañana, y la mayoría ponía cara de póquer a la propuesta del Ministerio. Normal. Ya es difícil competir con los chinos, como para que se saquen de la manga las tallas campana y cilindro ¡una barbaridad! Por cierto, en esta edición de Cibeles desfilan dos valencianos: Montesinos y Luxoir, una pareja prometedora, me encantan sus suéteres ingleses para chico. Ojalá que les vaya muy bien.

Desde luego, en esta época no sales de un desfile para meterte en otro. Dos de los diseñadores valencianos que no estuvieron en la Semana de la Moda –todavía no entiendo porqué- han montado un desfile por su cuenta: Presen Rodríguez el martes en el Palacio del Marqués de Campo (lo cuento en mi nuevo blog) y Enrique Lodares el miércoles en el Teatro Olympia. Si los dos quedaron fuera por no ser pret-a-porter, otros se auto excluyeron por no estar de acuerdo con el rumbo que había tomado la antigua Pasarela del Carmen.

Parte del grupito de disidentes desfiló el viernes en el Festival Llavoretes, a la cabeza Antonio Moreno, de la Cantante Calva, una pena no verlo en los desfiles oficiales. Según el diseñador, «antes de quedarnos esperando a que nos inviten a un acontecimiento, debemos generar nuestros propios espacios; y eso es Llavoretes, un híbrido creativo surgido de gérmenes valencianos». Además de Moreno, desfilaron Jaime Piquer, Siglo Cero, Yono Taola, Carola Falgas, Nona, Tonuca, Mónica Lavandera, Ebp y Not trousers presentaron su colección.

lunes, 4 de febrero de 2008

domingo, 3 de febrero de 2008

Arros esclatat


La vida es dura con quien anda escaso de talento y a veces por más empeño que pongamos en algo, nunca obtendremos ni la mitad de gloria que el genio vago y haragán, pero genio al fin y al cabo. Por ejemplo, a todos nos ha pasado entrar en un restaurante en el que todo es perfecto: bien decorado, limpio, el ambiente acogedor, los camareros amables y eficaces, el vino perfecto, los entrantes bien servidos… Pero llega la paella y… ¡ñas coca! el arroz está pasado, soso y con ese despreciable tufillo a quemado. El pollo se ha quedado crudo y la verdura congelada se ha hecho deprisa y mal…. Nuestro gozo en un pozo, el cocinero acaba de echar al traste el trabajo de todos los demás y será difícil, muy difícil que hablemos bien de ese restaurante.

Pues algo así le ocurre a la Semana de la Moda de Valencia. Todo es perfecto: la organización, el marketing, el lugar elegido, el ambiente, la gestión con los medios de comunicación que se deshacen en halagos… Pero falla lo importante, falla el arroz, falla la pasarela. No hay talento y me duele decirlo, lo juro por mi bolso de Prada, pero hay que decirlo: allí arriba falta talento, falta alguien que te emocione, falta que de una puñetera vez venga alguien y haga un arroz que cuando lo pruebes te quedes sin habla, algo de desprendimiento de retina, que dice una amiga.

No lo hay, no lo ha habido y quizás no lo haya porque esta terreta nuestra no va a ser más fértil en talentos que cualquier otra. Y genios de la moda, como de la literatura o de la pintura, salen media docena cada siglo y no más. Y nosotros con Montesinos tenemos el cupo cubierto hasta de aquí veinte o treinta años. Quizás el error sea crear pasarelas tan locales, porque claro, si a mi me da por montar la Semana de la Moda de Benifaió, pues me puedo ir al siglo veintiséis sin ver nada digno de mención.

Andalucía tiene a Victorio y Lucchino, Galicia a Pernas, los catalanes a Custo, Santander a Schlesser, Madrid a Jesús del Pozo y nosotros a Montesinos. Si todos desfilasen juntos, la pasarela sería eso: “la leche”. Pero si cada uno se empeñase en desfilar en el rellano de su piso, acompañado por sus vecinos de rellano, su pasarela sería eso, “una castaña pilonga”. Valencia, como ya lo hizo Galicia, puede crear marca, pero no va a crear tendencia. Pero, ¡por favor!, si ya es difícil que cree tendencia un país, adónde vamos nosotros. Si queremos crear marca, adelante, eso sí que se puede hacer porque depende más de un tejido empresarial y comercial, que del talento de los diseñadores. Pero eso no se hace con una pasarela, eso se hace contratando a los lumbreras del IESE y a los gurús del marketing.

En fin, que este año la Semana de la Moda de Valencia ha sido más de lo mismo: sólo David Delfín y Hannibal Laguna, que de valencianos tienen lo que Schwarzenegger de torrentino, han llamado la atención. Claro que lo que sacaron aquí ya lo sacaron hace cinco meses en Madrid, con lo cual la sorpresa era más bien poca. Por demás, todo fenomenal: las modelos, el aforo, la feria; famosos pocos, perdón, ninguno; sólo gente de aquí: Rita Barberá, Carmen Alborch, y Belén Juste, tan mona como siempre y debidamente peloteada. Cabe la esperanza de que ella, que algo debe saber de moda más que su antecesor, se dé cuenta de que las cosas se están haciendo con muy buena voluntad, pero con escasos resultados.

Bueno chicas, os dejo, que acabo de estrenar un blog y estoy super-mega-emocionadísima. Como dice mi hija es un mole que te pasas; cuento cosas de lo más triviales y tiene la ventaja de cualquiera puede entrar y ponerme a caer de un burro, incluso los organizadores de la Semana de la Moda de Valencia.