martes, 8 de septiembre de 2015

Celia Montaner

Este verano nos ha dejado Celia Montaner. A algunas el nombre os dirá poco, pero si preguntáis a vuestras madres seguro que la recuerdan. Fue la mujer que revolucionó el comercio de moda en Valencia, que modernizó la forma de vestir de nuestras madres y de algunas de nosotras. Eran los años ochenta, la década en la que este país se europeizó y modernizó. Entramos en los ochenta teniendo miedo a que nos viesen besar un chico en la calle y enlutando a las viudas. Salimos de ella yendo a la Ruta del Bakalao y animando a nuestras abuelas a que viajasen y, si se terciaba entregasen su corazón a otro hombre. En lo que al vestir se refiere, la década empezó con las mujeres haciéndose sus propios vestidos con telas que compraban en Julián López y acabaron poniéndose cinturones de Mosquino. Por el camino se dio el boom de las boutiques, la ropa de modista dejó paso al prêt-à-porter y a los diseñadores de renombre. Ahí es donde Celia Montaner jugó un papel decisivo en Valencia. En el 82 abrió su primera tienda en la calle Colón, que fue la entrada en Valencia de firmas tan arriesgadas entonces como Moschino, Thierry Mugler o Lolita Lempika. La sociedad estaba cambiando. La mujer estaba decidida a vivir su vida como le gustase a ella y no como los demás esperaban que la viviese. Por fin se liberaba de la opresión del qué dirán, para vivir su vida a su manera. Eso había que trasladarlo a la forma de vestir, que debía ser trasgresora. Celia educó ese nuevo gusto en muchas valencianas, que buscaban nuevos referentes porque los que habían tenido hasta entonces no les complacían. Era, además, una década en la que había dinero y ganas de gastarlo porque se tenía confianza en el futuro.
Celia no lo tuvo fácil. A principios de la década, las grandes firmas internacionales tenían poco interés en implantarse en España, un país al que el resto de Europa miraba por encima del hombro. Cuenta Rosa Morera que su madre, Rosa Faet, otra de las pioneras de la moda valenciana con su boutique Angora, tuvo que luchar mucho para traer firmas extranjeras como Valentino. “En toda España apenas había diez tiendas que traían moda de importación”.
Celia comenzó en los años sesenta en el negocio con trajes de novia y ajuar y uniformes para los colegios Domus y Jesús y María. En su primera tienda han vestido varias generaciones de mujeres, abuelas, madres e hijas. Trajo colecciones de Armani, Etro, Kenzo, Versace, abrió una boutique Fendi en la Calle Jorge Juan y más adelante una segunda tienda multimarca con su nombre en Jorge Juan.
Los que la conocieron, dicen que tenía un gusto exquisito.
Alejandra Montaner, su sobrina, cuenta que los proveedores valoraban su tremendo olfato para seleccionar firmas. Arriesgaba y viajaba sin parar en una época en la que no era común que la mujer trabajara. “Recorría India, Japón, Africa, Sudamérica y siempre traía alguna pieza especial, era incansable”, recuerda. Por lo demás, los ochenta fueron una década apasionante para el comercio de moda de lujo en Valencia liderado por mujeres avanzadas a su época como Claudina Peris, que abrió Dodicci en la calle Salvá.
Y años antes, Concha y Mercedes Freixa y Consuelo Vidal, con la mítica boutique Piccola en Poeta Querol, que entre otras, introdujo la colección de Courrèges, con esos suéteres de canalé con el logo bordado en colores ácidos como el rosa, amarillo o azul turquesa y que ahora se pueden volver a encontrar en la tienda Patos de Lourdes Verdeguer. Celia se jubiló y cerró la tienda en 1996, cuando Yanes se enamoró del local y le ofreció un traspaso.
Ocho años después, su sobrina Alejandra abrió la boutique Alejandra Montaner.