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lunes, 5 de mayo de 2014

Emociones primaverales

Me llamareis sexista, machista o lo que os dé la gana, pero nunca he entendido a las mujeres que les gusta el fútbol y el jueves por la noche me autoafirmé en mi teoría. Por primera vez en mi ya aquilatada vida ví más treinta minutos de partido. Cuando por fin entendí porqué necesitábamos meter tres goles para ganar, siempre que los sevillanos no metiesen ninguno, va y me emociono. Aquello estaba ganado y yo, sentada en mi sofá, confieso que emocionada. Entonces va y ¡zaca!, nos cuelan ese gol que nos hunde en la miseria. Tres días después todavía me viene a la cabeza el desengaño. Fue como si llevaras tres meses reuniendo el dinero para comprarte un vestido; cuando por fin lo tienes, te vas a la tienda, por el camino se te ocurre parar a tomar un café y disfrutar de la apreciada tarde. Ya entras en la tienda, tus nervios a flor de piel, el vestido es tuyo, vas a estar monísima, tus amigas van a chinchar de envidia y tu ya te ves paseando por la Plaza del Patriarca levantando miradas de admiración. De pronto, sale la chica y te dice: No, no nos queda tu talla, acaba de llevársela una señora hace cinco minutos. Maldición, a qué mala hora me paré a tomar el café. La diferencia entre ellos y nosotras es que un golpe emocional como esos a nosotras nos dura una semana y puede traer consigo algún que otro mar de lágrimas. Ellos lo arreglan con cuatro risotadas y un par de cervezas con sus amigachos, y alé, ya están preparados para el próximo partido. Mientras que nosotras necesitamos medio año para recuperar las ganas de salir de compras. Así es que dejemos el fútbol para los y las futboleras y vayamos a lo nuestro que es la primavera, las terrazas, las flores, las tiendas… vamos, cosas emocionalmente menos agresivas, que nuestros corazones no están para esos sobresaltos. Por ejemplo, el próximo día que haya partido, nosotras nos vamos a dar un paseo por la plaza del Patriarca, que está de lo más mona con una floristería que han abierto en la calle Soledad. El Mercado de Colón no tiene rival como punto de encuentro para la tarde de compras, pero pero la Plaza del Patriarca y sus alrededores tiene un encanto y un aire parisién que mola mogollón para las tardes en las que no apetece el bullicio. Es como más estilosa, más noble. Allí, en un callejoncito peatonal que se llama Soledad, acaba de abrir una de las floristerías más coquetas de Valencia, la de Daniel Fombuena.
Pasas por la puerta y te parece que estás en París al ver los maceteros con hortensias de color fresa. Justo al lado, está Il Baco da Seta, la tienda de ropa de la italiana Lila Albanozzo, recién reformada, el lugar al que acuden las mujeres que buscan un fondo de armario con sello italiano: Fabiana Lippi, TwinSet, Es’givien… Lila lleva muchos años en el negocio de la moda, como Susana Camarasa, que acaba de trasladar su tienda Abito de la calle Comedias a la Gran Vía Marqués del Turia, donde estaba GV20. Susana tiene ropa de firmas muy estilosas -Essentiel, Antik Batik, Lebor Gabala, TCN, Notify- y también una pequeña selección de la gallega Masscob, con unos vestidos, shorts y blusones ideales. Alejandra Montaner también tiene Antik Batik y Masscob en su tienda, y además como las piezas no suelen coincidir, puedes ir de una tienda a otra hasta encontrar lo que te gusta. Un día primaveral de tiendas y callejeo por Valencia sólo puede terminar en una terraza.
La del Westin está monísima, con una exposición de esculturas en forma de ositos de gominola del artista deEmo. Y el jueves se inauguró la de L’Umbracle, más de 4.0000 invitados, entre ellos el presidente de la Fundación Conexus, Manuel Broseta, la escritora Marta Querol, Caco Monsell, Alvaro Tomás, Fernando Aliño, los arquitectos Jacobo Ríos y Ramón Esteve, con la redactora jefa de moda de Telva, Maite Sebastiá, que la semana que viene se va a Australia a entrevistar a la top Miranda Kerr, imagen de Swarovski, ¡que envidia me da!

miércoles, 10 de julio de 2013

Baqueira, Xàbia y Formentera

Hasta ahora había dos sitios a los que tenías que ir cada año si querías ser alguien en determinados círculos sociales valencianos. En invierno tenías que ir a la nieve para poder contar las excelencias del esquí como deporte para toda la familia. En verano tocaba hablar de lo mucho que ha cambiado Xabia en los últimos treinta años, demostrando con tu conversación que tú ya ibas por allí cuando el Piraña y Pancho lloraban la muerte de Chanquete. Ahora se introduce un tercer destino: a principios de verano hay que ir a Formentera, el nuevo paraíso entre hippy y glamuroso, que es el destino ideal para desconectar del trasiego diario. Ojo que allí se va sin niños, porque por esas fechas ellos están en Irlanda aprendiendo inglés. También es importante leer un par de manuales de navegación a vela no vaya a ser que en la conversación de turno confundamos la génova con la mayor y nos pongamos en evidencia, porque a Formentera se va en barco y el que no lo tiene lo alquila.
Por supuesto todo eso hay que adobarlo con un exquisito conocimiento sobre el vodkatonic, que lo del gintonic, ya se ha popularizado demasiado y toca marcar diferencias: que si el vodka es más digestivo, que genera menos acidez, que si apaga menos el sabor de la tónica...¡Jo,pe! Ahora que ya nos habíamos aprendido una docena de nombres de ginebra.
Mientras tanto la vieja Valencia sigue haciendo lo que puede para que quienes nos quedamos aquí sintamos que nuestra vida aún tiene sentido aunque Formentera siga siendo para nosotros sólo el cuarto nombre que recitamos de carrerilla de las cinco Islas Baleares.
La semana pasada, sin ir más lejos, un grupo de tiendas organizaron una shopping party en L'Umbracle, un rastrillo de lo más coqueto donde tan pronto veías un bolso de Prada de otra temporada, como unas pastillas de nutricosmética que prometen quitarte cinco años en pocas semanas. En un puestecito, alpargatas de yute echas a mano; en otro, un paté casero que está de muerte y que se elabora en Segorbe con aceitunas de la zona y más allá los peluqueros Frank & Pier cambiando tu look en un plis plas con las famosas planchas GHD. Lo mejor fue el stand de Dermiláser, una clínica estética que está en el Hospital Quirón que montó una camilla y se trajo a su equipo para hacer masajes drenantes y tratamientos que te dejan la piel como la de tu hija.
Valencia sigue teniendo vidilla gracias a las tiendas. La Optica Climent organizó otra fiestecita para presentar las colecciones de Prada y Armani. Hasta allí se acercaron amigos como Pedro García Mocholí, Luz Aguiló, Amparo Ortuño, Patricia Puxol, Amparo de la Concepción de Loewe, María Angeles Miguel, de Ferragamo y Encarna Roig de Acosta.
También Knack Men, en Poeta Querol celebró hace unos días su segundo aniversario en Valencia. Knack Men recupera la sastrería clásica pero actualizando las líneas y abaratando al máximo los costes sin escatimar en tejidos. El resultado es una tienda con el fondo de armario perfecto para el gentleman y bastante alejado de la estética de Formentera: trajes de lana y cashmere, chaquetas de sport y pantalones Hamilton en hilo y en algodón en colores veraniegos. Al cóctel fueron Alfonso Manglano y Eva Marcellan, Jorge y Begoña Martí, el sastre Antonio Puebla, Alfonso Pascual, Javier Botella, Lila Albanozzo y su hijo Miquele Vilarrasa, Esther Barrera, Veronica Montijano y Jose Luis Vilanova, entre otros…
La semana que viene más. El lunes empezaron las rebajas oficialmente aunque ya llevamos varias semanas con descuentos que, a partir de julio, llegan al cincuenta por ciento, como las francesas Claudie Pierlot y Sandro y The Livin (Marta de Diego) ya ya están avisando a las clientas por sms.