lunes, 13 de octubre de 2014

Melancolía otoñal

El otoño se presta a la melancolía, que es un antídoto de la alegría, sobre todo cuando te acercas peligrosamente a una edad en la que tienes que aceptar que muchos de tus sueños ya nunca se cumplirán y lo peor es que vas a tener que vivir con eso y volver a encontrar excusas para ser feliz. Cuando llegas a este punto, puedes hacer varias cosas: descartada la posibilidad de que aparezca de pronto tu marido con una sorpresa que te haga sonreír, puedes poner “La 2” a ver si tienes suerte de que echen uno de esos reportajes de animalitos que te ayudan a conciliar el sueño; o meterte en internet, consultar el saldo de tu cuenta y a ver si con suerte todavía te quedan cuatro euros para ir de compras. Si todo eso falla, no hay que desesperar. Lo importante es hacer algo, no quedarte en casa retozando en el sofá. Por ejemplo, te levantas, te pones monísima de la muerte y te vas al Hotel Westin a ver la exposición de pintura de la argentina Mercedes Lasarte.

Más allá del interés artístico, la exposición tiene un plus de glamour porque la autora es íntima de la Baronesa Thyssen. De hecho, la mismísima Tita estuvo aquí en la inauguración, habló maravillas de la pintora y derrochó cordialidad y don de gentes. Lejos de la actitud estirada de muchos famosos que, en ocasiones como esta, se limitan a hacer acto de presencia y en cuanto pueden hacen mutis por el foro como queriendo evitar el contacto con la plebe, la baronesa se integró con la concurrencia y no puso reparo alguno en departir con unos y con otros y hartarse de sacarse fotos con todo el que se lo pidió. Tita llegó al hotel con unos pantalones blancos pitillo y una chaqueta negra y reapareció a los cinco minutos con un top lencero de lo más coqueto y un anillo de un brillante entre ocho y diez quilates (el equivalente a un buen garbanzo). Luego se quedó al cóctel –muy francés con champagne Perrier y macarons de colores – y acabó cenando en Komori con Rafael Alcón, con quien prepara una exposición en la Fundación Bancaja. La acompañaba la directora de Art Wanson Gallery, Mercedes Duerinck, y su marido Maureen Benezra, con una corbata pintada por Lasarte que recordaba a las de Luis Aguilé. A la presentación fue Rita Barberá, el profesor Santiago Grisolía con su mujer Francés Thompson, la presidenta de Unicef Valencia Nidita Guerrero con su marido José Antonio Prat, Eduardo Alcalde, Javier Muñoz de Prat, Mónica Morales, Joaquín Ros, de Banco Mediolanum, Encarna Roig, de Acosta, Lola Narváez, el joyero Argimiro Aguilar con su mujer Sesé, Alfredo Esteve, Carmen Pérez, el presidente del Puerto Rafael Aznar, Rafa Torres, María José Suarez, conservadora Museo Nacional De Cerámica, Belen García-Guzman, Eugenia Ripoll e Iñigo Rodríguez-Hessler.
La exposición es una inyección de vitamina antidepresiva. Mercedes Lasarte pinta con el colorido de Gauguin y Matisse y eso, según Guillermo Solana, enamoró a Tita, que la convirtió en su pintora de cabecera y le encargó varios retratos suyos y de sus hijas Carmen y Sabina. Solana, director del Museo Thyssen, dice que la pintura de Mercedes Lasarte ofrece una vía de escape, una escala de evasión por la cual huir de este mundo hacia otro que nos promete la realización de todos nuestros deseos. Vamos, que el plan de ir a ver la exposición (estará hasta el 31 de diciembre) viene como anillo al dedo para burlar la melancolía otoñal. Y la semana que viene, más planes: el jueves, en la terraza del Westin, desfile de Alfredo Esteve, Luis Rocamora, Valentín Herráiz y joyas de Argimiro Aguilar. A la misma hora, el peletero Amado organiza otro desfile en el Palau de la Música a beneficio de la Casa de la Caridad, y el viernes, la cena de Fuvane en la Hípica, una de las citas imprescindibles de la temporada.