martes, 23 de agosto de 2011

Se busca princesa, duquesa o similar

La Duquesita de Alba (Eugenia Martínez de Irujo), también conocida como la niña de los pareos, se encaprichó este verano de uno de los pareos que dos empresarias valencianas confeccionan artesanalmente en la casa que una de ellas tiene en Náquera. Eugenia paseaba por Ibiza y los vio en una tienda de Santa Gertrudis, ni corta ni perezosa tiró de tarjeta y se compro cuatro o cinco. Días después aparecía con uno de ellos en la portada de Hola y desde entonces Begoña Buqué y Ángeles Casanova, que así se llaman las dos empresarias, no dan abasto para atender sus pedidos.
Todo esto no deja de ser una anécdota, pero sirve para demostrar que el glamour vende.
Eso es precisamente lo que le falta al veraneo valenciano, glamour, famoseo, portadas de revistas, minutos en Sálvame de Luxe… Cierto es que tenemos en Belén Esteban en Benidorm, pero eso da para lo que da, que es más bien poco.
No es lo mismo que abras una tienda en Benicassim, donde lo mejor que te puede pasar es que le vendas un pareo a Paula Sánchez de León, que te puede hacer más o menos ilusión pero que no alterará la marcha de tu negocio, que hacerlo en Ibiza y que te lo compre la Duquesita y de la noche a la mañana te conviertas en la proveedora oficial de pareos de media España.
El veraneo valenciano es excesivamente localista. Le falta abrirse a los grandes círculos del glamour como Marbella, Sotogrande o Ibiza. Sólo así podrá hacerse un sitio en las portadas del Hola o de La Otra Crónica. Nos guste o no, una foto de Cayetana de Alba mirando con ojitos acaramelados a Alfonso Díez, o de los Príncipes de Asturias jugueteando con alguno de sus retoños en la popa de en un barco promociona el destino tanto o más como uno de los grandes eventos en los que nos hemos gastado lo que no teníamos.
Puerto Banus, Sotogrande o incluso Ibiza no tienen más atractivos que Javea, Moraira o Benicassim, sin embargo Claudia Schiffer jamás bronceó sus lindas piernas en el Portichol de Jávea. Tampoco los hijos de Carolina de Mónaco se han cogido nunca una buena turca en las discotecas de Oropesa.
Lo que no puede ser es que el glamour de Benicàssim esté a expensas de que Ricardo Costa o su hermano Juan se dejen ver por una fiesta; ni de que las expectativas de los fotógrafos en Jávea no vayan más allá de disparar sus flashes a Rita Barberá con su hermana Totón o a José Luis Olivas.
Quizás nos faltan mecenas del glamour: gente con dinero, que en Valencia haberla hayla tanto o más que en otros sitios, que organicen grandes fiestas o inviten a famosos en sus casas o en sus yates. Pero por alguna extraña razón nuestros ricos prefieren retirarse a sus casas en Fontanars, en Denia, en Navajas o en Les Platgetes.
Faltan grandes fiestas de verano, como las que organizaban los Suárez joyeros en Marbella, en las que invitaban a Isabel Preysler, perlas incluidas, y aceptaban que la buena de Isabel, para no sentirse sola, se trajese a su grupo de amigas: Nuria González, Marisa de Borbón o Cari Lapique.
Otra buena opción sería organizar un evento benéfico, de esos que montaba Gunilla Von Bismark hace años, o Antonio Banderas y Eva Longoria recientemente, en las que los ricos se gastan 500 euros por cubierto y los famosos menos ricos se dejan invitar porque entienden que ellos, por su cara bonita, se merecen eso y mucho más.
Sea como fuere, lo cierto es que si la Comunidad Valenciana quiere posicionarse como uno de los grandes destinos turísticos europeos, necesita algún reclamo que vaya más allá de la presencia en alguna de sus playas la presencia de los políticos locales de turno. Los eventos como la hípica, el Open de Tenis o la Fórmula 1, han servido para que sepan dónde estamos, pero no para que se queden.
Por cierto, los pareos de Begoña Buqué y Ángeles Casanova se pueden comprar en Valencia en su tienda The Lab. “Los hacemos nosotras con un algodón ecológico fantástico –dice Begoña-, los teñimos a mano y los lavamos y los secamos al aire libre en casa de Ángeles en Náquera; lo mejor del pareo es cada uno es diferente y que está hecho con algodón de camiseta, elástico, no tienes que caminar como una geisha para llevar un pareo, algo muy ridículo.”

5 comentarios:

Anónimo dijo...

La Valencia que describes me parece muy provinciana, donde 4 nuevos ricos, se creen los dueños del cortijo.
En Valencia ha existido siempre gente con clase,de la de titulos y abolengo, pero a esa gente no le gusta codearse con tanto vulgar que ha hecho dinero hace poquitas decadas.

Leticia dijo...

en parte tiene razon la escritora y en parte el anonimo!


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