lunes, 31 de octubre de 2011

Ostras y Moët en Ferragamo

Esta vieja Europa, que tiene sus finanzas hechas unos zorros y que parece que vaya a sucumbir ante el empuje de los chinos, los indios y demás, sigue teniendo un activo valioso: es como una vieja aristócrata con clase que sabe atender a sus invitados y rodeándoles de lujo, exquisiteces y buenos modales. Los americanos lo intentan, pero suelen desbarrar por el lado del exceso, del ser más que nadie. Los chinos sabrán mucho de acumular dinero y de eso que llaman lujo asiático, pero acaban comprando Vuittones, Pradas y Guccis como si fueran una credencial de su éxito. Vamos que Europa será vieja y poco productiva, pero tiene una capacidad de seducción que ya quisieran muchos ricos emergentes.
Y de entre todos los europeos, los más seductores siguen siendo los italianos. Estos tíos son geniales, hasta el más mediocre de ellos viste con gusto y sabe tratar a la gente con elegancia. El otro día Salvatore Ferragamo montó una fiesta en Valencia y hasta el zapatero sesentón que estaba allí cosiendo suelas de zapatos tenía ese encanto propio de los galanes tipo Cary Grant. La fiesta la organizó María Ángeles Miguel. La excusa era presentar la colección de hombre, pero lo mismo hubiera valido presentar los bolsos o los abrigos. La tienda se engalanó con moqueta roja y la lista de invitados fue de lo más selecta. Los italianos cuando se ponen, se ponen. Catering de Fernando Aliño con ostras y Moët, jamoncito del bueno, foie y una barra de dulces traídos directamente de Piamonte (en coche) junto a una selección de brandy para tomar con tacitas de chocolate, ¿se puede ser más refinado? La mesa de coñac y chocolates estaba pensada para chicos, pero al final las chicas arrasaron con los chocolates.
Salió una noche preciosa y los modelos de Carmina Durán iban desfilando fuera de la tienda al ritmo que ponía el DJ Lou Baffon, un amigo personal de Mauro Grimaldi, el director de Europa de Ferragamo, que también vino para la ocasión.
En uno de los escaparates, Giuliano Bartolozi, uno de los artesanos de la firma, hacía una demostración de cómo se cosen los zapatos Trameczza, la línea más especial para hombre, totalmente hecha a mano.
Entre los invitados, Angel Villanueva, Pilu Diez de Rivera, Amparo Lacomba, Mª José Navarro, Presen Rodríguez, Eloy Durá, Iván Martínez Colomer, de Moddos, Mª Dolores Enguix, de la óptica Climent–por cierto, su escaparate de Tag Heuer merecería haber ganado el premio de escaparatismo del Open de Tenis- y las hermanas Fitera, siempre imprescindibles. Con Laura Fitera y su hija cotilleamos sobre la cena de gala de los premios Planeta, a la que su hija Blanca acudió como semifinalista. Las catalanas son tan sobrias que iban todas de negro. ¡Qué aburridas! “Blanca era la excepción vestida con un Dolce Gabbana rosa, parecía la hija ilegítima de Donatella Versace”, dice Laura. Además, a los invitados les costó una eternidad empezar a aplaudir a los príncipes y sólo lo hicieron cuando la presentadora tuvo la picardía de llamar a Lara al escenario.
Esta semana dio para más eventos. El martes se celebró en el Westin un desfile a beneficio de Unicef, desde luego Nidita Guerrero no para. La colección era de Rosa Blasco y las joyas de Salomé Corell. Como complementos, chaquetas, boleros, chales y bufandas de piel teñidas en los mismos tonos de los vestidos.
Y hablando de desfiles, el jueves se celebró en la sala Myrtus –de Mª José Lladró- un espectacular desfile de Valentín Herráiz. Vestidos de fiesta y novia con unos tejidos lujosos y un trabajo de alta costura que el diseñador bautizó como “resplandor sin fin”. El edificio Myrtus, obra del arquitecto Ramón Esteve, es blanco, limpio y minimalista, perfecto para desfiles. El único toque de color fue la moqueta fucsia de la pasarela.
El jueves también se presentó en Hoss Intropía la nueva colección de Miguel Palacio. Estuvo el diseñador, uno de los más deseados por las pijitas madrileñas y por famosas como Laura Ponte. Palacio ha sido muchos años el niño mimado de las periodistas de moda, que se deshacían en elogios en cada desfile. Últimamente, pasa más desapercibido, aunque su ropa sigue teniendo mucha clase: vestidos joya, blusas de seda con lazadas y carteras y cinturones con detalles dorados y flores metalizadas.