martes, 18 de noviembre de 2014

De la bruja al downtown

Confieso que todo este ajetreo de investigaciones e imputaciones por corrupción me pone cara de tonta. Al principio me sorprendía, luego me indignaba, ahora se me pone una cara de pava que me la aguanto ni yo misma. Me explico: en los años de vino y rosas, los de la Copa América y demás, iba de un sarao a otro. Allí me codeaba con altos cargos de la vida pública valenciana: mucho político y mucho directivo de empresas públicas. Eran gente que vivía la vida con la despreocupación propia de quienes han triunfado. Eso les hacía agradables, simpáticos y muy divertidos. Daban cierta envidia, lo confieso, incluso hacían que me cuestionase mi propia existencia. Algo estaba haciendo mal con mi vida, cuando toda aquella abundancia merodeaba por mi bolso pero nunca se colaba dentro.
Ahora sé que detrás de toda aquella despreocupación había decenas de chanchullos y que alegría de unos pocos las estábamos pagando entre todos. Por eso digo que ahora se me pone cara de tonta.
En cualquier caso, todo aquello sirvió para dar un vuelco a la ciudad. Valencia refinó su gusto y en eso no ha habido marcha atrás. Cafeterías, tiendas, restaurantes, terrazas y demás ya no son como eran, ni tampoco las fiestas y saraos.
Ahora todo es mucho más elegante, más fino, más cosmopolita. La estética neoyorkina que veíamos en la serie Sexo en Nueva York se impuso a nuestro tradicional gusto barroco. Y los canapés de diseño a las patatas bravas y los calamares. Y así, en Valencia cada vez hay más tiendas y locales de ocio que no desmerecerían en el centro de Manhattan.
El jueves se inauguró –bueno más bien se reinauguró, ya lleva tiempo abierto- uno de ellos. Se llama Mon, está en la calle San Vicente y tiene una terraza de lo más coqueta en la plaza Mariano Benlliure. Lo que os decía, antes una terraza era unas cuantas sillas y mesas con logo de marca de refresco que se ponían sin ton ni son. Ahora, una terraza es una cosa seria, estudiada, bien decoradita y mejor ambientada. Ya no vale cualquier cosa.
Entre los quinientos invitados, estuvo el torero Vicente Ruiz El Soro, el joyero Guillermo Martorell y su mujer Mamen Puchades, Marta y Carlos Chastel, María Rodrigo, Eduardo Comes, Nati Altarriba y Pablo Forcada, la periodista Ángela Valero de Palma, Mariola Cubells, Ana Mansergas, Laura Pérez Vehí y Empar Ferrer, Jesús Barrachina, Rosa Ferrer, el estilista y Enrique Camps Montoro, Michi Lleó y Manuel Benlloch. 

La semana ha dado para más saraos de ciudad cosmopolita. El viernes, la tienda Blackcape, de Maribel Cosme y Fernando Rodríguez, celebró su primer cumpleaños regalando sesiones de belleza de la firma neoyorquina Kiehl’s.
Y Sesderma presentó el lunes en el Hotel Las Arenas dos nuevas líneas antienvejecimiento basadas en la genocosmética que prometen solucionar los estragos de la edad en las mujeres que hemos cumplido 45, ¡a ver si es verdad!
Siguiendo con esta tesis que me he montado yo solita y que me está dando para muchas conversaciones en los corrillos de los saraos, os cuento que la semana que viene reabre la discoteca del Astoria. Claro que ahora no se llamará La Bruja, como antaño, sino Downtown, ese término utilizado en EEUU para referirse al centro financiero de las grandes ciudades, mucho más acorde con mi teoría de la nueva Valencia. Ya os contaré…