martes, 4 de marzo de 2014

Ya huele a pólvora

El olor a pólvora es como las canciones de las verbenas: te acompañan toda la vida y las disfrutas de forma distinta en cada etapa. A los cuarenta y tantos, la idea de perderte en el bullicio mascletero te seduce mucho menos que a los quince.
Las primeras mascletaes se prestan a la nostalgia; una se acuerda de aquellos años, en la edad del pavo, cuando lo importante era encontrarse con el chico que te gustaba. Lo que molaba era verlas en la plaza, lo más cerca posible de la alambrada. Y había grupos, los de Correos, los del Banco Zaragozano, los de la Calle La Sangre. Era crucial averiguar dónde se ponía el chico y luego había que convencer a las amigas para ir allí. Ellos, siempre tan rudimentarios, solían decir aquello de “... en Fallas las tías están muy buenas”, total porque después del largo invierno, veían un codo y una rodilla desnuda. Ya más mayorcitas, la mascletá se convirtió en un buen plan para ir con tu novio y dejar que te abrazase por la espalda mientras sonaban los petardos. Allí, bajo el sol y enamoradísima hasta las trancas eras feliz. Luego hubo un tiempo de cierto distanciamiento, con los niños pequeños y sin que te entusiasmase la idea de que te achuchase tu marido en medio del bullicio, se te ocurrían planes mejores. Ahora es tu hija la que se viste ad hoc para ir a la mascletá: ¡Señor, qué buscará esta niña allí, con esa minifalda!... mejor que nadie responda. Y para nosotras, el bullicio ha perdido atractivo. Así es que lo que apetece es colarte en algún balcón a disfrutar del aperitivo y a hacer compadreo social. Ni que decir tiene que el rey de los balcones es el del Ayuntamiento, pero allí no es fácil colarse. Claro que hay mucho otros, por ejemplo el de Argimiro Aguilar que con la de gente que conoce este hombre siempre es un punto de encuentro para lo más granado de la sociedad valenciana. El sábado estuvo Tani Ivars y Manolo Uña, Paz Navarro, Montse Richart y María José Navarro de Unicef; el presidente del Club Rotario Valencia Centro Ignacio Baixauli, el pintor Pedro Cámara, Juan Bauzá, Jose Enrique Silla, José María Sogel y Alejandro Cebriá. Otra opción es el balcón que monta Fernando Aliño, del Grupo El Alto, con ostras, champagne, jamoncito y demás exquisiteces para cuarentones. Y hablando de champagne, Moët&Chandon se ha metido de lleno en el ambiente fallero. Thomas Perrier presentó el jueves en el Astoria la primera “Ruta del Champagne”, un invento en el que participan 30 restaurantes valencianos que ofrecerán una tapa maridada con Moët y menús especiales. Entre los restaurantes, está Canalla Bistro, Central Bar, Molto, Kaymus, Komori, Valen&cia, Restaurante Doce, Casa Montaña, la taberna Q tomas, Lotelito, El Canyar, Quintana, Casa Roberto, Raco Turia, Juan Llamas, Morgado, Trencadish, Civera, Taberna Alcázar, Drome, Sucursal Vertical o Colonial Huerta. También los del Astoria y de Las Arenas. Lástima no poder probarlos todos! La actividad fallera no ha hecho más que empezar. Ayer, una de las fallas más distinguidas de Valencia, la de Grabador Esteve Cirilo Amorós, celebró una súper fiesta para agasajar a los falleros de honor en el nuevo espacio que ha abierto Ricard Camarena en el Mercado de Colón.
Cuchita Lluch, muy amiga del cocinero, se ocupó de organizar el cóctel porque la fallera mayor es su sobrina Sofía, hija de su hermano Luis. Allí estuvo gente de la Comisión, como su presidente Vicente Sanchís, con su mujer Rocío Andrés, y muchos amigos de Cuchita, entre ellos Beatriz Pechuán y Caco Gómez lechón, Esther barrera y Alejandro Cerda, Andrés Llobell, Lola Narvaez, Rafa Alcón, Lourdes Reyna, Olga Adelantado, Jose Tamarit y Ana Valero, de Chapeau, David Lladró y Marta Aliño, Juan Viña, Trini Gracia, los Lainez, Gonzalo Peris, Quico Murcia Puchades, Coqui Vallés, María Gómez Polo, Rosa Martínez, Esperanza Vila y Manolo Mínguez, pinchando buena música. Para rematar, actuó el grupo de Javier Botella, Copa Ilustrada, que está que no para.
El jueves también puso música a la inauguración del nuevo estudio de fotografía Senchermés en la calle Ruiz de Lihory. Ana y Natxo Senchermés invitaron a amigos y clientes, como Valentín Herráiz, Laura Fitera y su hija Blanca, Eduardo Casanova de Campo Anibal y Fernando Cañamás de La Tartana.