lunes, 22 de diciembre de 2014

Hijas de Sísifo

El peso se pierde gramo a gramo y se gana kilo a kilo. Esa es una de las grandes tragedias de nuestra vida sólo comparable al cruel castigo que Zeus impuso a Sísifo. Pobrecito, condenado por toda la eternidad a subir con la fuerza de sus brazos una gran roca a una montaña. En algún rincón del Olimpo, Sísifo sigue subiendo su roca, porque cada vez que llega arriba, se le despeña y el pobre desgraciado tiene que bajar la montaña y volver a empezar. Nuestra roca es la báscula, nuestra montaña el día a día. Empiezas el año depurando los excesos de la Navidad, los tres kilos que has ganado en quince días, tardarás tres meses en perderlos, para entonces llegará Semana Santa y volverás a recuperarlos. Vuelta a la depuración, llega el verano, vuelta al exceso, otra vez los endemoniados tres kilos de más, por delante cuatro meses para perderlos, cuando por fin vuelves a sentirte cómodo en tus vaqueros, llega la Navidad y vuelta a empezar. No sabemos cuánto pesa la roca de Sísifo, pero la nuestra es horrorosa. Así es que ahora estamos arriba de la montaña y la roca empieza a reírse en nuestra cara. Mañana, quizás pasado o como mucho miércoles se despeñará. ¡Maldita sea su estampa! No hay escapatoria, porque podría alguna de nosotras decir: “no, este año te caes, te voy a poner una falca y te vas a reír de tu padre”. Eso sería tanto como resistirse al turrón, a los dulces, al champán, al gin-tonic, etc. Pero entonces pasarías por ser una aguafiestas y ya se encargará de restregártelo por las narices tu cuñada, que es la mismísima encarnación de Zeus. Así es que mejor hacerse a un lado, que la roca vaya donde le dé la gana y nosotras a jartarnos de comer y beber. Los días previos a la Navidad son un no parar de fiestas anti dieta. El miércoles, los chicos del Club Moddos reunieron a sus fieles en el Palau del Negrito para brindar por las fiestas. Allí, Josep Lozano brindó “Por un 2015 lleno de éxitos y de encuentros donde celebremos juntos nuestros triunfos…” con el director del Club, Iván Martínez-Colomer, y cerca de 150 invitados, entre ellos Ángela y Gonzalo Bayona, la doctora Luz Aguiló, Encarna Roig, Fernando y José Manuel Valle, Álvaro Mocholí y Mónica Duart, la doctora Aurora Reig, el director del Astoria Joan Soldevila, Mamen Puchades y Guillermo Martorell, de Si7te Jewells Gallery, David y Pablo Escolá, María Dolores Enguix y Marcelo Soto, de la Optica Climent, Amparo Ortuño, Antonio y Pablo Jordán, Amparete Montoro, Manolo Peris y el doctor Juan Antonio Murgui. La semana dio para más saraos gastronómicos prenavideños.
En el Mercado de Colón se inauguraba Ciao Checca, un restaurante italiano que milita en el movimiento slow food: productos ecológicos, cocina tradicional y casera y nada de comida recalentada. Para demostrarlo, aseguran no tener ni microondas, ni horno, ni freidora. Matteo Moricini y Andrea Lo Bagno ejercieron de anfitriones con la ayuda de Irene Zibert, de Slow Food. Entre los invitados, Beatriz Sobrino, Elena Ruiz de la Torre, Carmen Lloria, Sofía Alama, Nacho Gómez Trénor y Carolina Gil, Jesús Terrés, Maria José Ruz, Jaime Valls, Mónica Mataix, Adela Dondéris, Ana Jofre, los hermanos Manglano, Alfonso, Angela y Fernando, Juan Valero de Palma, Claudia Dupuy de Lôme y el joyero Vicente Gracia, recién aterrizado de Nueva York. Los dioses se han confabulado contra nuestra dieta chicas.
El restaurante Cicerone, que ya lleva abierto unos meses en la Plaza del Patriarca, celebró estos días una fiesta de inauguración de esas que empiezas a comer bombones de foie, buñuelos de bacalao y piruletas de parmesano y acabas poniendo hasta arriba de churros con chocolate y tacos de brownie. Ale, otra vez a subir la ladera, como el pobre Sísifo.