lunes, 20 de mayo de 2013

Podemos vivir 120 años

Nos van a volver locas: la ciencia lucha por alargar la esperanza de vida y al mismo tiempo los cánones de belleza se empeñan en estigmatizar cualquier síntoma del paso de los años. Nuestras madres trataban de parecerse a nosotras, quizás nosotras algún día tratemos de parecernos a nuestras tataranietas.
Alfredo Bataller es el dueño del Sha Wellness Clinic, ya sabéis: esa clínica spa que está cerca de Benidorm y que frecuentan, entre otros, la jequesa de Qatar y Naomi Campbell. El jueves organizó una comida en el Westin: gazpacho de escarola (el tomate está prohibido en la dieta macrobiótica), tataki de atún con rissotto de hongos y de postre bizcocho de lima y helado de canela ¡sin un gramo de azúcar!


Bataller glosó las gracias de la comida macrobiótica que sirven en su spa y en una de aquellas nos dijo que nuestro cuerpo está preparado para vivir 120 años… Muerta matá, me quedé: ¡¡¡120 años, Dios mío!!! los fabricantes de botox se van a poner las botas como alarguemos la vida hasta los 120 años. ¿Cómo conservar la textura del cutis más de un siglo?, ¿Cómo frenaremos el crecimiento de las ojeras a partir de los noventa?; y el pelo, ¿qué me decís del pelo?, a ver quién es la guapa que para entonces mantiene una melena con una pizca de su color natural.

Ya me estoy viendo en el Casino de Agricultura jugando la XXXIX edición del torneo de parchís con un grupo de amigas que nos conocimos hace cuarenta años, cuanto teníamos ochenta y creíamos que aquella primera edición quizás sería la última en la que estaríamos todas juntas.

Pues Bataller está convencido de que con la dieta macrobiótica y terapias alternativas fusionadas con la medicina convencional podemos llegar a los ochenta en la plenitud de la vida y allá dónde va transmite convencido su descubrimiento.

En el almuerzo del jueves ejerció de anfitrión con su hijo Alejandro y con Carlos García-Calvo. Entre los invitados, Mayrén Beneyto con una chaqueta de Prada ideal, María Leon, Consuelo Císcar, Cuchita Lluch, delgadísima después de pasar por el doctor Sopena; Paola Dominguín, que no necesita ponerse a dieta, y su diseñador favorito, Francis Montesinos; Juan Andrés Mompó, que cada día corre tropecientos kilómetros y está ágil cual gacela; Presen Rodríguez, tan alegre que es como un antidepresivo; Nacho Gómez-Trenor, el diputado Toño Peral y el economista Luís Caruana.

Estuvo Verónica Montijano con su marido José Luis Vilanova, súper estilosos los dos, y la madre de Verónica , Ana García, habitual del Casino de Agricultura donde no se pierde su partidita diaria de bridge con sus amigas; y el estilista Víctor Alonso; y Lola Narváez, y José Cosme, tan gentleman como siempre, y las estupendas Carmen Altea, Amparo Lacomba, Carmen Topete y María Teresa Monsonís, Ana Varela de Chapeau, Esperanza Vila, Vicen Fernández y Cristina Aparici, y artístas como Nanda Botella, el escultor Miquel Navarro y el pintor Vicente Peris.

Al almuerzo fue Valentín Herráiz, que el miércoles presentó en su estudio su nueva colección de gala. Vestidos largos con bordados, chantillís, lentejuelas, tules, volantes y plisados en colores blanco y negro con beiges, nudes, oro y plata. Valentín expuso además la colección de pinturas "Pasarela" de Vicente Peris, un trabajo sobre la desfiles de moda con lienzos de gran formato, y las esculturas de Vicente Ortiz, de madera, mármol y hierro, con volúmenes tan especiales que dan ganas de acariciarlas.

El catering lo sirvió Carmen Topeté y el champagne fue Moët. Invitados, muchos de los que se encontraron al día siguiente en la comida del Westin, como Carlos García-Calvo y Cuchita Lluch, y otros que no: Charo Sainz, Amparo Royo, Emilio Carbonell, Agustín Morera, Merche Villar, Belén Aliaga, Eugenia y Conchita Cañamás, Sara Guazo y Chimo Serrano, Vicente Colom, Enma Amutio, María Ángeles Miguel, Lourdes López y Javier Verdeguer, de Patos, y Javier Monedero.

En fin, que os dejo pensando en cómo será vuestra vida dentro de 80 años. Puede que nuestro cuerpo esté programado para ello, pero eso supondría una revolución en las relaciones personales, para empezar en el matrimonio que como dice un amigo, es una institución pensada para cuando la esperanza de vida era de cuarenta años, ahora que es de ochenta hay que replanteársela… Así es que si llega a ser de 120, ni te cuento.