jueves, 25 de junio de 2020

El lenguaje de los abanicos


Las valencianas somos mediterráneas. Esto es, expresivas y apasionadas, sobre todo a la hora de expresar alegría. Somos de dar besos y abrazos, incluso cogernos la mano para expresar comprensión o solidaridad. En estas latitudes mediterráneas quedan muy lejos de la flema británica o la frialdad con la que se saludan los asiáticos haciendo una inclinación de torso, como nos enseñaron las monjitas a saludar cada vez que pasábamos por delante del Altar. Por eso ahora andamos más perdidas que un quinceañero en un torneo de parchís para señoras mayores. Te cruzas con alguien por la calle, no sabes si querrá pararse a hablar contigo o si por el contrario prefiere hacerse el sueco y seguir por su camino. Y eso de saludar con los codos no es la alternativa a los dos besos, resulta un gesto bastante burdo y ridículo.
Así las cosas, Marc Insanally, que tiene uno de los cafés más peculiares de Valencia, con una decoración barroca muy teatral, ha organizado talleres de comunicación con mascarilla. Reíros, pero resulta bastante útil para poder mantener las normas de convivencia y que no acabemos a tortas. “Aprender a comunicarnos con mascarilla es esencial para que no seas percibido como frío, antipático o indiferente”, dice Marc.
Otro de los talleres que ha organizado el bueno de Marc es uno de comunicación no verbal con abanicos. ¡Qué buena idea! Ahora que empieza a hacer calor, recuperas el abanico de tu abuela y practicas cada movimiento: abanicarse rápidamente significa que estás comprometida; si mueves el abanico cerrado estás regañando a alguien, si lo apoyas sobre tu corazón, significa que estás enamorada y si lo dejas abierto tapando tu cara, estás insinuándote de forma descarada. Claro que para que el destinatario lo entienda, tendrá que conocer cada movimiento. ¿Cómo lo harían nuestras abuelas con sus Pepes?

La fase 3 ha permitido que muchos grupos vuelvan a reunirse presencialmente, lo que es un alivio después de tanta videoconferencia. En el Casino de Agricultura, los participantes de las clases de cultura quedaron para despedir la temporada en la terraza del edificio y el grupo de canasta en el salón de la chimenea.

La vida social vuelve tímidamente a la normalidad. Los cumpleaños han dejado de ser virtuales. Corinna Heilmann, la nueva directora de Valencia Ciudad del Diseño, lo celebró con sus amigos Javi Vives, Pascual Silla, Inma Arriaga, Sergio Castells, Miriam Puig, Inma Martínez; el crítico gastronómico Pedro García, tomando una copa con sus íntimos y el estilista Alex Jordán sopló las velas con su pareja Max Rese. Rosa García se llevó a todo su equipo - Amalia Montalt, Belén Fernández, Javier Pérez, Cristina Coca, Mª Carmen Castillo, José Huerta, Héctor Soriano, Cristina Juan y Pedro Hernández- a comer a la Marina, la zona con más animación de Valencia y donde Javier Botella vuelve a poner voz a las noches de verano con sus baladas y boleros en una de las terrazas.

Mención aparte merecen los bon vivant Ximo Ros y Montse Salamanca, que no hay semana que no encuentren algún motivo para tomar champán; Ángeles Casanova, que disfrutó de una paella con su chico Bruno Martín en uno de los restaurantes de los de toda la vida o el grupo de amigas Carola Alegría, Adriana Blay, Patricia de la Viña, Begoña Camps, Juana Camps, María Gómez-Polo, Carmen Ferrando, Isabel Aliño, que quedaron a comer en casa de Eva Alapont.