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lunes, 19 de enero de 2009

Se acabó el sueño

Esta puñetera crisis de los demonios aburre más que el culebrón de la Pantoja con Julian Muñoz. Con lo bien que funcionaban antes las cosas: ibas al banco, pedías tres, te daban cinco, y ¡ale! a comprar en París, en Madrid o en Cirilo Amorós. Luego pagabas poco a poco y cuando te quedabas sin un duro, volvías al banco pedías otros seis, te daban nueve, pagabas el crédito antiguo… y ¡ale! a las rebajas de Nueva York, no sin antes comprarte en Valencia un modelito para lucir en el avión. No acabo de entender qué es lo que ha cambiado. Mañana, en la Fnac, Leopoldo Abadía presentará su libro “la crisis de los Ninja”, será cuestión de ir a ver si alguien nos aclara por qué no volvemos a hacer lo mismo. Endeudarnos, comprar, volvernos a endeudar y volver a comprar…

Se acabó la fiesta. El caso es que se ha acabado el sueño, como se han acabado las largas noches de lujo, glamour y fiestas. No me extraña que Rita Barberá diga que, si por ella fuera, firmaba hoy mismo para que volviera la Copa América. Por lo menos le daría algo de vidilla a la ciudad, volverían los regatistas bronceados, los patrocinadores con pasta y las fiestas hasta las mil; la gente compraría modelitos para las fiestas, las tiendas volverían a vender, las peluquerías a hacer horas extras, ¡ale botox a tutiplén!, los catering a contratar gente, las agencias y publicistas a trabajar como locos y los ricos de medio mundo a gastarse la pasta en restaurantes, tiendas, hoteles, joyerías…

Directo Valencia-NY. ¡Ay, qué tiempos los de la Copa América! Y encima, precisamente ahora, va y abren el vuelo directo Valencia-NY. ¡Como si la economía estuviera para irse de rebajas a NY! Aunque igual es al revés, y son las pijas de Manhattan las que vienen de shopping a Valencia. No sé, tengo mis dudas. Si aterrizan en Valencia y se encuentran con las mismas tiendas Vuitton, Hermès y Bulgari que en la Quinta Avenida, pero más pequeñas y con menos bolsos, ¿porqué iban a pasar ocho horas en un avión? La respuesta me la dio Alberto Martínez, del estudio Cul de Sac, en la inauguración de la joyería de Trini Gracia: “La mejor forma de que vengan –dijo-, es que la ciudad tenga un carácter diferenciado, así es como vendes un valor añadido; Valencia bulle, crece y debería hacerse presente en el mundo, pero sin perder su identidad”. Los de Cul de Sac conocen bien lo que les gusta a los ricos. Su estudio está en Valencia, pero desde aquí han proyectado tiendas tan vip como las de Lladró en Manhattan y Tiffany en Milán. También es suyo el interiorismo de la joyería Trini Gracia (ahora hay dos joyerías Gracia, la de Trini y la de Vicente Gracia).

A vender trajes de fallera. La interpretación de andar por casa de la teoría de Cul de Sac es que en Valencia hay que vender trajes de fallera a las millonarias de NY. ¿Hay algo más diferenciado que un vestido de fallera con una tela de Rafael Catalá o un aderezo de valenciana? Me imagino a la pija neoyorquina presumiendo de pendientes de valenciana mientras toma el té con sus amigas para recaudar fondos benéficos. Además, con eso de que hasta Miuccia Prada ha sacado pendientes grandes en sus desfiles, los de fallera van a estar más de moda que nunca.

El bolso de Sofía. Hablando de objetos exclusivos y diferenciados, los bolsos que ha diseñado Sofía Coppola para Vuitton no llegarán a Valencia ni a ninguna ciudad española ¡qué desastre! Según Bolola Lana, la jefa de prensa de Vuitton, se trata de una colección cápsula limitadísima!!! He aquí un ejemplo del nuevo lujo del que hablan en Cul de Sac, ediciones super limitadas, sólo aptas para clientas megavip. Vamos, que no lo consigues, ni cogiendo el primer vuelo a NY. No deja de ser un consuelo, porque aunque el bolsito de marras estuviera en Valencia, la economía no está para vuittones…

lunes, 7 de abril de 2008

De cháchara en el Westin

Ahora entiendo porqué el Westin pidió que fuéramos vestidas “relajadas” a la inauguración de su terraza. Si es que la fiesta no pudo ser más agradable: con música soul en directo, silloncitos blancos rollo ibicenco, champagne Veuve-Clicquot a tutiplén, sushi… ¡sólo faltó el jamoncito del bueno! Y claro, con esos ingredientes, no es extraño que hasta la compañía fuera buena y la conversación no digamos, que cuando estás a gusto se te pasan las horas de cháchara y, además, “te ponen al día en todo”.

Para empezar, alguien me explicó la diferencia entre un spa y un wellness, que yo pensaba que eran lo mismo, ¡pues no! Un spa es un balneario en el que puedes darte masajes y baños en el circuito termal, y un wellness es un gimnasio que también te ofrece relajación y ocio. Precisamente el regalito del Westin para las chicas (los chicos tarjetero de Loewe personalizado) fue un bono regalo para su Carola Health Club, fundado por el italiano Angelo Caroli y de lo más elitista (tiene centros en Madrid -Serrano-, Porto Cervo o Saint Moritz). Es más que un gimnasio, es un club que ofrece entrenamiento y dietas personalizadas, clases meditación, masajes, estética, fitness… un lujazo. Bueno, y el regalo es para un tratamiento corporal “Reyes del Nilo” que promete “la relajación más intensa y el bienestar de reyes y reinas”. ¡Habrá que probarlo!

Hablando, hablando, me enteré de más cosas: que las fantásticas sillas estilo Luis XV de una de las galerías de acceso a la terraza están diseñadas por una empresa valenciana que ya las fabricaba idénticas hace treinta años. Hay que verlas, son muy peculiares, con un respaldo en forma de huevo y tapizado brocado, contrastando con el resto del mobiliario, más moderno. El interiorismo es obra del estudio Cota Cero. Una de sus diseñadoras me contó que como el edificio del Westin es del Ayuntamiento, Rita Barberá les pidió que, en la medida de lo posible, los proveedores de muebles y lámparas fueran valencianos ¡esa es nuestra alcaldesa! Y así fue. El resultado, genial, el hotel tiene un toque inglés que me encanta y los muebles de la terraza son ideales, hay que tumbarse en las chaise longe blancas para sentirse como una reina, que da nosequé poner los zapatos encima. Menos mal que me dijeron que no pasa nada, que es polipiel y que están hechos para eso. Al principio te puedes sentir un poco cohibida tumbándote a la bartola en público, pero en cuanto te has tomado una copita, ya te da igual tres que treintaytrés.

El viernes, la gente no se llegó a tumbar, porque la verdad es que hacía fresco y casi todos acabamos cerca de la barra de bebida (¡ale, a beber!) y en cuanto te tomas un par de copas empiezas a hablar por los codos que da gusto. Por eso también me enteré por Mª Ángeles Miguel que tenía que ver su escapare de Hermès sin falta, porque había quedado precioso. ¡Qué envidia me da todo el día rodeada de objetos tan bonitos como los de Hermès! Dicho y hecho. El sábado pasé y tenía razón, la decoración es exquisita, un homenaje al colorido de la India. Y, claro, si me dieran a elegir, no sabría con qué quedarme. Menudo vestido caftán de piel blanca bordada, y qué bolsos… ¡Hasta las bolsas de tela para hacer la compra en el mercado tienen glamour! No se yo si me atrevería a meter los puerros y las cebollas en ellas, me daría pena, la verdad…

Total, que aunque no éramos muchos los invitados – se echaron en falta más caras conocidas - la reunión fue como el dress code: relajada, divertida (genial Cuchita Lluch contando cómo se había llevado de fiesta a un directivo de Disney a la inauguración de la discoteca Mya, que está junto a la terraza del Umbracle) y, sobre todo, nos dio para mucho que hablar.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Famosos para qué os quiero


Nunca he entendido qué pinta la famosa de turno hablando de su vida sentimental o de su embarazo o de con quién va su padre o deja de ir, mientras en su cogote vemos el logotipo de cualquier marca de ropa o comercial. Nunca he entendido qué ve la marca de bueno en eso. Hay un negocio del famoseo, del que la gente se empieza a cansar, que sólo sirve para alimentar a caraduras de Gran Hermano y demás personajillos que viven del cuento. Una cosa es lo de Eugenia Martínez de Irujo con Tous o lo de Isabel Preysler con Porcelanosa, y otra bien distinta llamar a la primera de cambio a una de las agencias que hay en Madrid y fichar al famoso que entre dentro del presupuesto, llámese Rosario Mohedano, Jacqueline de la Vega, Mª José Suárez o Fabiola Martínez, (mujer de Bertín Osborne, por si no lo sabían). ¿Alguien en Valencia recuerda qué firma vino a promocionar la sobrina de Rocío Jurado? Si no se acuerdan, que es lo más probable, les recordaré que fue un club de copas aunque creo que también la trajeron para algo de colchones. La verdad es que si preguntas, nadie recuerda qué marca está detrás del famoso, a no ser que se trate de campañas muy sólidas, con mucha inversión publicitaria detrás.

Estas reflexiones las hacía el otro día mientras tomaba sushi acompañado de un cava estupendo en una tienda de decoración e interiorismo, El Mercader de Indias. Sus dueños, Carlos Serra y Susana Lozano, invitaron a amigos y clientes a un cóctel en su tienda de la calle la Paz, un espacio amplio y muy acogedor, para presentar sus nuevas colecciones. La reunión resultó tan agradable como si fueras a cenar a casa de unos amigos: sin cámaras ni cables por el suelo, sin extraños que alteran el ambiente, sin estar pendiente de que el famoso llegue a tiempo para pasear palmito, sin el dichoso photo-call por medio… Por el contrario, todo resultó de lo más armónico: la estancia levemente perfumada, el sushi siempre tan apetecible, la música de blues en directo, la iluminación justa, sin focos agresivos, la conversación entre amigos (un placer encontrarse con Enrique Lodares, recién llegado de la fiesta de la revista Marie-Claire en la embajada de Francia en Madrid, donde coincidió con el mismísimo Karl Lagerlfeld). Por cierto, ¿invitarán a Lodares a la próxima Pasarela del Carmen?, ¡hay que ver qué feos hacen!

Frente a esta reunión de amigos está el evento con famoso, muy habitual hasta hace bien poco, porque era la forma más fácil de llegar a mucha gente sin gastar mucho en publicidad, pero obsoleta a base de utilizar a gente que vive gracias a programas como el tomate, que lo vulgarizan todo. Ahora ya no vale poner al famosillo delante del photo-call y esperar con la sonrisa de oreja a oreja a que lleguen los de la prensa del corazón, le pregunten cualquier tontería y lo saquen en la tele con tu logotipo detrás. Entre otras cosas porque los famosos de verdad se quedan en casa y, por el contrario, los que se prestan al juego son los de tercera. Y así pasa, que se acaba hablando antes de si fulanito está con fulanita, o si se casa o se divorcia (¡qué pesados!), que de tus pendientes ideales de la muerte. Consecuencia: las firmas más prestigiosas están empezando a organizar eventos privados, sin montajes mediáticos, que al final acaban siendo reuniones de amigos. Desde luego, tienen mucha menos repercusión, pero al final, tan importante es vender como no perder la credibilidad, que si no te creen sí que es difícil que te compren. Como dijo Enrique Loewe, en el seminario de moda organizado por la Fundación Coso, el lujo hoy está en los pequeños detalles y en el refinamiento. Y lo dice Loewe, que de lujo sabe un rato.