El último reportaje de Conexión Samanta en el que aparece la valenciana
Laura Fitera, junto a un aristócrata de Cáceres y un pijito madrileño, ha sido
la comidilla de la semana. No es para menos. Pongámonos en situación. Tu eres
hija de una familia bien de toda la vida, educada en los mejores colegios,
conoces a lo más granado de la sociedad valenciana y no hay cóctel que se
precie al que no te inviten. Estas un día en tu casa, suena el teléfono. Es
Samanta Villar que te propone ser la protagonista de un capítulo de su programa
que se llamará “de buena familia”.
Se abren tres opciones: una, te ruborizas, te pones como un flan, pides
tiempo y decides reunir a las mujeres de la familia: a tu tía Fifí, a tu tía
Rosa y a ese tío soltero que hay en toda la familia y que todas sabéis por qué
está soltero, aunque nadie lo diga. Al cónclave no faltan ni las amigas del
colegio ni tu director espiritual. Sentadas alrededor de una taza de té,
planteas la propuesta de Samanta y el comentario generalizado es que no, que de
ninguna manera, que las mujeres de la familia no hacen esas cosas. ¿cómo vas a
salir en un programa donde han salido prostitutas y drogadictos? No, no, y no,
no puedes hacer eso. Llamas a Samanta, le dices que no, y te quedas pensando
que nunca te librarás de los yugos de tu educación clasicorra.
Segunda opción: la propia de una niña pija, antes de que Samanta haya
terminado de hablar ya le has dicho que sí. Te falta tiempo para llamar a todas
tus amigas y citarlas en el Mercado de Colón y contarles que, osea osea, vas a
salir en Cuatro TV, que nervios, hija, no sé qué ponerme, te lo juro que me
tenéis que ayudar a elegir qué me pongo, qué nervios.
Tercera opción: escuchas la propuesta, lo piensas y decides hacerlo
porque tú eres quien eres y no tienes nada de lo que avergonzarte ni que
ocultar. Tu único temor es que algo de lo que hagas o digas se saque de
contexto o se tergiverse y los españoles acaben viendo un TV un esperpento
tuyo.
Laura Fitera optó por la tercera opción y puso sus condiciones. Le dijo
a Samanta: “Si quieres que de el perfil
de una pija tonta te va a ser muy dificil sacarme así, no soy ni la que tiene
más apellidos, ni más clase ni más dinero, pero soy responsable de lo que digo,
tanto de mis palabras como de mis silencios.” Me veía perfectamente capaz
de torear a la periodista, dice Laura. “Lo
único que le pedí es que no me editase, que no cortara las frases ni las sacara
de contexto”.
El resultado fue que la periodista pasó una semana conviviendo con Laura
y su familia, durmiendo, desayunando y cenando en su casa y conociendo el
entorno en el que se mueve, familia, trabajo, amigos...
El reportaje comienza en casa de Laura. Una mujer que, sabiendo que toda
España la observa, se pone delante de un espejo de su casa y dice: “yo soy una geisha, parezco una valquiria
pero soy una geisha” no es una pija ni una mojigata. Eso sólo lo puede
hacer quien está segura de sí misma y orgullosa de lo que es y de la educación
que ha recibido.
En el programa, Laura visita la casa del pintor Vicente Senís, el taller
del diseñador Juan Andrés Mompó y el estudio del joyero Vicente Gracia, a quien
preguntan si es ético gastar 8.000 euros en joyas y responde: “Dios
quita la magnificencia a quien no la usa”, ¡que bueno es Vicente!
“Quise que en España vieran que hay estilo fuera de Madrid. Estoy harta
del papanatismo central, de que todo empiece y acabe en Madrid; llega alguien
de fuera y aquí todo el mundo se escacharra, cuando lo cierto es que aquí
tenemos a gente estupenda”
Laura está contenta del resultado. “Creo que tenemos la
obligación de ser felices cuando tenemos la oportunidad” dice en un momento del
reportaje; “La frivolidad es una condición de la inteligencia”, remata. La vida
social valenciana no sería lo mismo sin ella.
