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lunes, 13 de enero de 2014

Conexión Laura Fitera

El último reportaje de Conexión Samanta en el que aparece la valenciana Laura Fitera, junto a un aristócrata de Cáceres y un pijito madrileño, ha sido la comidilla de la semana. No es para menos. Pongámonos en situación. Tu eres hija de una familia bien de toda la vida, educada en los mejores colegios, conoces a lo más granado de la sociedad valenciana y no hay cóctel que se precie al que no te inviten. Estas un día en tu casa, suena el teléfono. Es Samanta Villar que te propone ser la protagonista de un capítulo de su programa que se llamará “de buena familia”.
Se abren tres opciones: una, te ruborizas, te pones como un flan, pides tiempo y decides reunir a las mujeres de la familia: a tu tía Fifí, a tu tía Rosa y a ese tío soltero que hay en toda la familia y que todas sabéis por qué está soltero, aunque nadie lo diga. Al cónclave no faltan ni las amigas del colegio ni tu director espiritual. Sentadas alrededor de una taza de té, planteas la propuesta de Samanta y el comentario generalizado es que no, que de ninguna manera, que las mujeres de la familia no hacen esas cosas. ¿cómo vas a salir en un programa donde han salido prostitutas y drogadictos? No, no, y no, no puedes hacer eso. Llamas a Samanta, le dices que no, y te quedas pensando que nunca te librarás de los yugos de tu educación clasicorra.
Segunda opción: la propia de una niña pija, antes de que Samanta haya terminado de hablar ya le has dicho que sí. Te falta tiempo para llamar a todas tus amigas y citarlas en el Mercado de Colón y contarles que, osea osea, vas a salir en Cuatro TV, que nervios, hija, no sé qué ponerme, te lo juro que me tenéis que ayudar a elegir qué me pongo, qué nervios.
Tercera opción: escuchas la propuesta, lo piensas y decides hacerlo porque tú eres quien eres y no tienes nada de lo que avergonzarte ni que ocultar. Tu único temor es que algo de lo que hagas o digas se saque de contexto o se tergiverse y los españoles acaben viendo un TV un esperpento tuyo.
Laura Fitera optó por la tercera opción y puso sus condiciones. Le dijo a Samanta: “Si quieres que de el perfil de una pija tonta te va a ser muy dificil sacarme así, no soy ni la que tiene más apellidos, ni más clase ni más dinero, pero soy responsable de lo que digo, tanto de mis palabras como de mis silencios.” Me veía perfectamente capaz de torear a la periodista, dice Laura. “Lo único que le pedí es que no me editase, que no cortara las frases ni las sacara de contexto”.
El resultado fue que la periodista pasó una semana conviviendo con Laura y su familia, durmiendo, desayunando y cenando en su casa y conociendo el entorno en el que se mueve, familia, trabajo, amigos...
El reportaje comienza en casa de Laura. Una mujer que, sabiendo que toda España la observa, se pone delante de un espejo de su casa y dice: “yo soy una geisha, parezco una valquiria pero soy una geisha” no es una pija ni una mojigata. Eso sólo lo puede hacer quien está segura de sí misma y orgullosa de lo que es y de la educación que ha recibido.
En el programa, Laura visita la casa del pintor Vicente Senís, el taller del diseñador Juan Andrés Mompó y el estudio del joyero Vicente Gracia, a quien preguntan si es ético gastar 8.000 euros en joyas y responde: “Dios quita la magnificencia a quien no la usa”, ¡que bueno es Vicente!
“Quise que en España vieran que hay estilo fuera de Madrid. Estoy harta del papanatismo central, de que todo empiece y acabe en Madrid; llega alguien de fuera y aquí todo el mundo se escacharra, cuando lo cierto es que aquí tenemos a gente estupenda”

Laura está contenta del resultado. “Creo que tenemos la obligación de ser felices cuando tenemos la oportunidad” dice en un momento del reportaje; “La frivolidad es una condición de la inteligencia”, remata. La vida social valenciana no sería lo mismo sin ella.