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martes, 1 de julio de 2014

Arreglá pero informal

En toda fiesta hay un momento crucial. Es el que entras por la puerta y haces un barrido al resto de invitadas. Tú has estado en casa probándote medio armario, te has puesto un vestido largo, te lo has quitado, luego unos vaqueros, tampoco, unos short, también fuera; vuelves al vestido largo, te miras, entra tu marido y no se da cuenta de que existes, él va a la suya, a buscar sus calcetines. !Jo pe!, si éste no ha reparado en mí, es que no he acertado: fuera otra vez el vestido largo. Volvemos al short, esta vez con una blusa de seda; aquel sigue con los calcetines, te das cuenta de que el problema no eres tú, si no él. Así es que piensas en los invitados a la fiesta, qué se pondrán las demás. Hagas lo que hagas, siempre corres un riesgo. El momento crucial de la fiesta es ese en el que entras y haces un barrido a las demás: es entonces cuando constatas si has acertado o te has caído con todo el equipo. Por su puesto, tu marido vive ajeno a todo esto, él ya está buscando la barra para pedir una cerveza. Se suponía que el dresscode, o el código de vestimenta que sugiere el anfitrión, ayudaba a evitar esos riesgos. Pero eso era antes, cuando había dos o tres tipos de dresscode: gala, cócel, casual y poco más. Eso ha ido evolucionando y ahora hay dresscode tan variopintos y ambiguos como chic glam, cóctel glamuroso, informal relajado o cóctel chic, que es el que ha puesto Cuchita Lluch para la fiesta de aniversario de la Academia Valenciana de Gastronomía. Lo de cóctel está claro, un vestidito de largo a la rodilla y monísima. Lo de chic ya es más complicado, porque igual sirve para un roto que para un descosido: tan chic es un collar de perlas como un colgante de cuero con una estrella de mar, todo depende de cómo lo lleves y de lo segura que estés de ti misma. Y aquí estoy yo, que no si ponerme sandalias, taconazo o voy corriendo a comprarme unas Nike, que ahora se llevan con vestidos de cóctel. Total que el dresscode, ese invento que se suponía que te facilitaba la vida, nos ha devuelto al punto de partida. Menos mal que no todas las fiestas te enfrentan a conflictos con tu fondo de armario. El jueves, el Hotel Astoria celebró su fiesta de verano y no indicó dresscode, ni falta que hizo. Tratándose de una fiesta de verano y en una de las terrazas con las mejores vistas de la ciudad, era de esperar que nadie sacase el traje chaqueta. Las chicas optaron por vestidos de flores y alguno hasta se atrevió con bermudas.
La terraza se decoró con tablas de surf, pufs de rayas marineras, palmeras y barras de madera natural de estilo chiringuito playero. Entre los invitados, José Luis Vilanova y Verónica Montijano, de VM The Shop; Amparo Morte y su marido Vicente Lacomba, Rocío Andrés, Macarena López y Quico Catalá. También estuvo Totón Barberá con sus amigas Bárbara Mas, Mayte Pérez, Encarna Mestre y Amparo Bonet, el diseñador Lucas Zaragosí de Siemprevivas (qué monos los vestidos que hacen con tejido de neopreno), Carmen Asins, de Les Barraques, y Alex Seima, de la marca de espardenyes valencianas Les caretes. Los Dj’s Kasper & Hauser, que pinchan todos los jueves en el afterwork del hotel, pusieron a los invitados a bailar como si estuvieran en una discoteca ibicenca y el director, Joan Soldevilla, anunció que iban a reabrir la mítica discoteca La Bruja, pero sólo para eventos privados, ¡qué notición! El viernes, en otra terraza espectacular, la del restaurante Vertical, el crítico gastronómico Pedro García Mocholí celebró su fiesta de cumpleaños. Allí estuvo el director de comunicación de El Corte Inglés, Pau Pérez Rico, María Dolores Enguix y Marcelo Soto, el Doctor Murgui, Pablo Ossorio, de Bodegas Hispano Suizas, Celia García, Amparo Cuñat, Lola Morales, Antonio Guillén y Cuqui Royo, Elsa y Rafa Pastor, Rocío Puchol Quixal, Javier G. Alberni y Francis Montesinos, ¡qué alegría verle!

miércoles, 25 de junio de 2014

Vino y spa

Es muy probable que a más de una de vosotras su chico le dé habitualmente la barrila hablándole de vinos. Les da un no sé qué a los chicos cuando hablan de bodegas, de uvas, de temperatura, se les sube un aire entre intelectual y aristocrático, que llega a su climax cuando se explayan ante quien sabe poco de la materia. Y ahí estás tú, siguiéndole el rollo y asegurando que ya captas el matiz de barrica de roble y que en el retro nasal aprecias matices de tierra de la Rioja o de la Ribera del Duero, cuando en realidad lo estás pensando en lo mona que es la etiqueta de la botella. Son cosas de la vida en pareja, claro que un tanto descompensada, porque ellos no fingen el mismo interés cuando tú les muestras tu nueva blusa de algodón de popelín. No tienes más que mirarle a la cara para darte cuenta de que será inútil tratar de que aprecie la diferencia entre el popelín y un poliéster del todo a cien. Como a él no les vas a cambiar y tú no estás por la labor de hacerte una experta en vinos pasando tardes enteras en las vinotecas, una opción puede ser imbuirte de verdad en la cultura del vino: hotelito entre viñedos, con spa, piscina y hasta tratamientos de belleza. Y de esos hay varios, el último que se ha inaugurado es la Finca de San Agustín, cerca de Ontinyent, en la zona de Terres dels Alforins que, como bien sabéis es uno de los reductos de descanso de las familias bien de Valencia. La Finca San Agustín es de la familia Galbis y ocupa una casa del S. XVIII rehabilitada con ocho suites de lo más estilosas. Vamos, el sitio ideal para alejarte del mundanal ruido. El hotel está dedicado al vino y cada habitación tiene un nombre de variedad de vid de la zona. Tiene una bodega del siglo XVII, un huerto ecológico con verduras, restaurante y hasta una capilla para redimir los posibles excesos del día.
El hotel se inauguró el lunes pasado y allí estuvo el Presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, el Conseller Máximo Buch, el presidente de Caixa Ontinyent, Antonio Carbonell; el de Coeval, Rafael Pla; el de IVEFA, José Bernardo Noblejas y muchos bodegueros de la zona: la familia Calatayud del Celler del Roure, Bodegas Cambra, Daniel Belda, La Viña, Los Pinos, los Frailes, Pago Casa Gran... Además de familias de Fontanars y Ontinyent, como José Serratosa, Enrique Haro, Máximo Caturla, José Ferri, Marisa Escriche, Pura Barrachina, el Conde de Torrefiel, los Velázquez, los Haro Galbis, los Mompó, los Belda, los FerriLola y Pepe Navarro, José Navarro con su mujer Ashley Lack, del Herbolario Navarro, la interiorista María José Virosque, la familia Vicente, de la empresa de catering Gourmet, los dueños de textil Mora, vamos, las fuerzas vivas de la comarca. Y como anfitriona, la patriarca del clan Galbis, Carmen Córdova, con sus cinco hijos: Agustín, Carmen, Isabel, Amparo y Guillermo Galbis.
Mucho menos bucólico, pero también concurrido fue la fiesta del verano del hotel The Westin Valencia, con más de 500 invitados y un catering como no se veía en Valencia desde los tiempos de la Copa América: esos que sacan bandejas y más bandejas y cuando crees que ya no van a sacar más, siguen sacando; y para cuando ya has decidido mandar definitivamente a paseo a tu dieta, va y te atiborran de dulces y de fuentes de las que emana chocolate. Todo un homenaje a esa recuperación rajoniana de la que todos hablan y nadie percibe. Entre los invitados, Totón Barberá y Pepe Corbí, el presidente de la Cámara José Vicente Morata y su mujer Pilar Pons, la interiorista Inma Meriñán, Bárbara Más, Antonio Meco y María José Albert, Belén Garcia-Guzmán, Noemí Montoro, y muchos directivos que estaban reunidos en una convención en el hotel, como Alejandro Solvay, Jesús García Valcárcel, Director de Ernst & Young, el desaparecido Vicente Rambla; Ricardo Díaz, Socio Director de Deloitte; el Director General de Aneecop Joan Mir o el empresario Manuel Bertolín.