En fin, el caso es que aquí estoy, dispuesta a destripar los entresijos del veraneo de buena parte de la alta burguesía valenciana, de sus políticos y de quienes sin ser lo uno ni lo otro gustan de codearse con la gente principal.
La historia reciente de la sociedad valenciana se escribe en estas tierras: a principios de S. XX la primera oleada de burgueses valencianos llegó a La Marina. Se instalaron en Denia, que es donde están las mejores playas, y construyeron decenas de casas modernistas, algunas de las cuales se han convertido en hoteles y salones para bodas, banquetes y comuniones. En Denia veraneaba el Marqués de Cáceres, los Reyna, los Noguera, los Girona… vamos, gente de noble cuna y grandes apellidos.
Con los años sesenta, llegó la segunda oleada de gente que había prosperado al abrigo de la exportación de naranjas, ellos fueron los primeros que se instalaron en Jávea y hoy, cuarenta años después, alardean de ser quienes llevan “toda la vida en Jávea”, como si sus ancestros de quince generaciones atrás hubiesen vivido de la pesca del llobarro. La tercera oleada, la que provoca la protesta y cierto desprecio de la segunda, es la que ha llegado estos años atrás y han masificado la playa: ingleses, políticos peperos, aspirantes a políticos peperos y constructores enriquecidos a golpe de pelotazos en busca de un buen partido para sus hijas/os y demás valencianos de pro más o menos sobrados de pasta.
Si eres alguien, o quieres ser alguien en la sociedad valenciana, tienes que veranear en Javea. Las playas más famosas -si no tienes barco, hija pobre- son Cala Blanca, Playa Ambolo y la Granadella y El Portixol. De todas formas, hay que recordar que las playas de Jávea fueron las niñas mimadas de la gente del Opus Dei en tiempos de Franco, y esa impronta todavía se deja sentir: poco destape e Iglesia repleta en misa de ocho y media los sábados por la tarde.
Eso explicaría que la playa del Benisero, donde está Mosquito, sea el destino de buena parte de los antiguos alumnos del Vedat y Guadalaviar; y aseguran que esta playa, de piedra, de la que es difícil entrar y salir sin ensangrentarte los tobillos, es la mejor de España ¡uff, uff, uff!
Para comer junto al mar, en la playa del Montanar, hay que pasar por la Siesta, Montgo diBongo y el Mosquito, donde puedes tomar una buena ensaladita para mantener tu dieta controlada, que luego el bikini no hay quien se lo ponga. Y para cenar, la mejor zona es el casco antiguo, que por fin está acabado tras tres años de obras. Precisamente allí, en la zona vieja, tiene casa el eurodiputado García-Margallo, muy cerca de la casa que acaban de comprar Alicia y Carmen de Miguel ¡¡¡qué monas van siempre estas chicas!!!







