domingo, 3 de febrero de 2008

Arros esclatat


La vida es dura con quien anda escaso de talento y a veces por más empeño que pongamos en algo, nunca obtendremos ni la mitad de gloria que el genio vago y haragán, pero genio al fin y al cabo. Por ejemplo, a todos nos ha pasado entrar en un restaurante en el que todo es perfecto: bien decorado, limpio, el ambiente acogedor, los camareros amables y eficaces, el vino perfecto, los entrantes bien servidos… Pero llega la paella y… ¡ñas coca! el arroz está pasado, soso y con ese despreciable tufillo a quemado. El pollo se ha quedado crudo y la verdura congelada se ha hecho deprisa y mal…. Nuestro gozo en un pozo, el cocinero acaba de echar al traste el trabajo de todos los demás y será difícil, muy difícil que hablemos bien de ese restaurante.

Pues algo así le ocurre a la Semana de la Moda de Valencia. Todo es perfecto: la organización, el marketing, el lugar elegido, el ambiente, la gestión con los medios de comunicación que se deshacen en halagos… Pero falla lo importante, falla el arroz, falla la pasarela. No hay talento y me duele decirlo, lo juro por mi bolso de Prada, pero hay que decirlo: allí arriba falta talento, falta alguien que te emocione, falta que de una puñetera vez venga alguien y haga un arroz que cuando lo pruebes te quedes sin habla, algo de desprendimiento de retina, que dice una amiga.

No lo hay, no lo ha habido y quizás no lo haya porque esta terreta nuestra no va a ser más fértil en talentos que cualquier otra. Y genios de la moda, como de la literatura o de la pintura, salen media docena cada siglo y no más. Y nosotros con Montesinos tenemos el cupo cubierto hasta de aquí veinte o treinta años. Quizás el error sea crear pasarelas tan locales, porque claro, si a mi me da por montar la Semana de la Moda de Benifaió, pues me puedo ir al siglo veintiséis sin ver nada digno de mención.

Andalucía tiene a Victorio y Lucchino, Galicia a Pernas, los catalanes a Custo, Santander a Schlesser, Madrid a Jesús del Pozo y nosotros a Montesinos. Si todos desfilasen juntos, la pasarela sería eso: “la leche”. Pero si cada uno se empeñase en desfilar en el rellano de su piso, acompañado por sus vecinos de rellano, su pasarela sería eso, “una castaña pilonga”. Valencia, como ya lo hizo Galicia, puede crear marca, pero no va a crear tendencia. Pero, ¡por favor!, si ya es difícil que cree tendencia un país, adónde vamos nosotros. Si queremos crear marca, adelante, eso sí que se puede hacer porque depende más de un tejido empresarial y comercial, que del talento de los diseñadores. Pero eso no se hace con una pasarela, eso se hace contratando a los lumbreras del IESE y a los gurús del marketing.

En fin, que este año la Semana de la Moda de Valencia ha sido más de lo mismo: sólo David Delfín y Hannibal Laguna, que de valencianos tienen lo que Schwarzenegger de torrentino, han llamado la atención. Claro que lo que sacaron aquí ya lo sacaron hace cinco meses en Madrid, con lo cual la sorpresa era más bien poca. Por demás, todo fenomenal: las modelos, el aforo, la feria; famosos pocos, perdón, ninguno; sólo gente de aquí: Rita Barberá, Carmen Alborch, y Belén Juste, tan mona como siempre y debidamente peloteada. Cabe la esperanza de que ella, que algo debe saber de moda más que su antecesor, se dé cuenta de que las cosas se están haciendo con muy buena voluntad, pero con escasos resultados.

Bueno chicas, os dejo, que acabo de estrenar un blog y estoy super-mega-emocionadísima. Como dice mi hija es un mole que te pasas; cuento cosas de lo más triviales y tiene la ventaja de cualquiera puede entrar y ponerme a caer de un burro, incluso los organizadores de la Semana de la Moda de Valencia.

domingo, 27 de enero de 2008

Huele a primavera

¡Ay, qué bien!, ya falta poco más de un mes para fallas, bueno, al menos para las mascletaes. El día empieza a alargar, hay más horas de sol, los chaquetones pesados ya no quieres ni verlos y, en cuanto te descuides, estará aquí la primavera, por lo menos en Valencia, ¡y con ella la operación bikini! No, no estoy precipitándome. Según mi asesora estética, es precisamente estos días cuando las mujeres toman conciencia de lo poco que queda de invierno y de los días que faltan para enseñar piernas, brazos y lo que no son ni piernas ni brazos, ¡ataque de pánico total! Tal es la situación, que le pedí hora para un tratamiento anticelulítico y respondió que tenía la agenda llena para los próximos quince días. Y no te digo nada si pides cita en una clínica de adelgazamiento ¿Quién dijo que había crisis?

Las primeras en apuntarse al cambio de estación y de temporada son las tiendas. Begoña Buqué ha llenado una de sus tiendas Siete Mares con las colecciones crucero y verano de Etro, Chloé, See By Chloé, Paul Smith…. Uff, que alegría me dio el otro día al entrar ver ropa de color por todas partes. La colección de Chloé es chulísima, alegre, juvenil, cool, como dicen los modernos, y fácil de llevar. No sabría con qué vestido quedarme. Y luego están los enormes bolsos bandolera en pieles de colores de la misma firma. Ideales. Fíjate cómo es esto de la moda, que llevamos varios años con bolsos de mano asas cortas, de esos que se cuelgan del brazo con el codo doblado, y de repente ves uno de bandolera larga que se lleva sobre el hombro y te parece de lo más moderno. Vamos, que los de asa corta ya puedes ir retirándolos porque tienen los días contados.

De todos modos, esta época del año es un poco caótica, porque tan pronto ves las colecciones de verano, como te invitan a la inauguración de una peletería como la de Amado, que abrió nueva tienda nada menos que en el Hotel Westin, lo más de lo más del glamour hotelero. Amado ha querido revivir aquella época dorada de las pieles teñidas de blanco para los cruceros, ese tiempo en que las señoras viajaban con sus baúles llenos de chinchillas y cibelinas. El día de la inauguración, el peletero estuvo acompañado por sus más fieles clientas, algunas de lo más estilosas, como las hermanas Blanca y Laura Fitera, que después de unos meses sin dejarse ver hacían su reparación, Blanca con vestido de Diane Von Furstenberg y manguito de zorro negro y Laura con un vestido de Valentino bajo un abrigo de visón rosa (clic en la foto para ver detalles)

La alegría pre-primaveral se nota hasta en el canalillo que luce Gloria Martínez –la flamante nueva fallera mayor de Valencia- en su vestido del siglo XVIII. Las valencianas somos así de coquetonas, porque anda que no es pronunciado ni nada el escote que lució el viernes en su puesta de largo como fallera mayor. ¡Di que sí! ¿Más señales de que se acaba el crudo invierno? El modelito que llevó Mayrén Beneyto precisamente en la proclamación de la Fallera Mayor, un vestido de seda chocolate y abriguito rosa, color absolutamente de moda, que diría García Calvo. La próxima temporada, llega el rosa en todas sus declinaciones –así de cursis somos cuando hablamos de moda-, vamos, en versión fresa, magenta, morado, fucsia, ¡vuelve hasta el rosa Barbie!

Hasta Letizia sale con chaqueta color rosa en las fotos familiares especiales del 40 cumpleaños del Príncipe Felipe. La chaqueta de la princesa va a juego con los plumíferos de Leonor y Sofía, ¡ay, esos asesores de imagen, que están en todo! Lástima que no se fijasen en las cortinas que aparecen en la foto de la mesa camilla ¡con tapete rosa, que horror! porque necesitan un planchado urgente.

domingo, 20 de enero de 2008

¡que llegan las pasarelas!

¿Hay algo más triste que no tener ropa en el armario? Pues si, no tener ocasión para lucirla. Es lo peor de lo peor: todos tus modelitos preparados y perfectamente conjuntados -tus horas frente al espejo te han costado- y pasan las semanas y ni un cóctel, ni un evento, ni un mísero cumpleaños que celebrar. Nada de nada. Y el último vestido que te compraste muerto de asco en la percha, esperando su momento estelar, que en cuanto te descuides terminará la temporada y acabará subastado a precio de saldo por ebay, ¡desastre total!

Menos mal que a la vuelta de la esquina están las pasarelas, ideales para lucir modelito, bolso y hasta joyas y pieles, ¡que para eso las tienes! Para empezar, este fin de semana se ha celebrado FIMI, la Feria de Moda Infantil, para ir introduciendo a tus niños en el mundillo del glamour fashion; el 29 de enero empezará la Semana de la Moda de Valencia, y el mes que viene, la Pasarela Cibeles. Las pasarelas requieren de una planificación a conciencia: cada día, un modelito distinto. Eso sí, lo que te pongas dependerá de la zona a la que vayas. Si tu invitación es de primera fila, no puedes decepcionar al diseñador que te ha cedido un sitio de honor. Tienes que deslumbrar: vestido, bolso, complementos, todo de primera especial. Mayrén Beneyto es una experta y no duda en sacar lo mejor de su enorme fondo de armario para la ocasión.

Si eres periodista o estilista de moda, tu sitio está exactamente frente a las invitadas vip, al otro lado de la pasarela. En este caso, tu atuendo no tendrá nada que ver con el de las clientas ricachonas o las invitadas por protocolo. Te dedicas a la moda y las pasarelas son parte de tu trabajo, por eso tu aspecto será un desaliñado estudiado, como si no le dieras importancia (mentira cochina, claro). Aparentemente, van de H&M o Zara, aunque si observas detenidamente, verás un maxibolso de marca o unas gafas de sol de super tendencia.

En las pasarelas subvencionadas, como las de Valencia y Madrid, las filas vip se llenan de invitados políticos. En primera fila de la Semana de Valencia se sentará Belén Juste, la consellera más fashion por la calidad y cantidad de ropa, que rara vez repite modelo, además de ir siempre impecable hasta en los complementos. Si tu invitación es de primera fila como la suya, puedes llegar hasta unos minutos antes del desfile porque la silla está reservada a tu nombre, pero ojo, queda muy feo que te estén esperando aunque te llames Mª Teresa Fernández de la Vega, que no creo que vaya, pero nunca se sabe, que estamos en campaña. Lo que no hay que hacer jamás es sentarse una vez haya comenzado el desfile, se de una señora que se atrevió y fue abucheada vilmente por los fotógrafos ¡qué vergüenza!

Luego llegará la Pasarela Cibeles, que desaparecida la de Barcelona, es la principal pasarela española. Valencia se queda muy por detrás, por ahora. En Cibeles desfilarán dos valencianos: Montesinos y Luxoir, la pareja formada por Victor Pao y Antoine Navarro, la más prometedora del momento, por edad y talento. Seguro que hasta Madrid se desplaza una buena representación de valencianas, se las ve a medio kilómetro porque son como los cuadros de Sorolla, con mucho color y alegría, nada que ver con las señoras madrileñas que llevan perlas de Suárez, melena a mechas rubias y bolso caja, como Cari Lapique. Uff, que aburrimiento de mujeres…

domingo, 13 de enero de 2008

Montesinos


Me acuerdo de la primera vez que entré en la tienda que tenía Francis Montesinos en la Calle Caballeros, ¡hace más de 20 años, que mayor soy! Las puertas de los probadores eran como de cantina del lejano oeste, huecos por arriba y por abajo, de modo que si tenías cierta altura, casi seguro que te verían en ropa interior. Eso le pasó a una amiga y menuda bronca le echó su madre al dependiente, pobre. Entonces todo el mundo quería vestir de Montesinos. La tienda siempre estaba llena. Su ropa era inconfundible, con esos estampados tan valencianos y las faldas globo y las cazadoras vaqueras tan modernas. Otra amiga se quedó una camisa suya con dibujos de la Virgen de los Desamparados y se la ponía siempre que iba a un examen, ¿no es genial?

A todas nos gustaba el Montesinos de entonces, que trabajaba con un nivel de calidad altísimo. Recuerdo un pantalón de piel azul marino, con una piel tan fina como si fuera de Loewe. Y una rebeca de punto artesanal con estampado de banderas que compré en Manía, cuando vestir en Manía y Don Carlos era el colmo del pijerío. Entonces hasta la ropa de fiesta se encargaba en el taller de Francis. En los ochenta, tenía a toda España a sus pies, no hay más que recordar su famoso desfile en la plaza de toros de las Ventas.

Luego pasó lo que pasó. Una mala gestión, un desastre de sociedades, vamos, lo que les pasa a muchos creativos, que cortar un patrón no tiene nada que ver con cuadrar un balance. Con Lois, Montesinos perdió hasta su propio nombre convertido en marca, que tuvo que sustituir por Montesinos Alama. Fueron años malos, de los que empezó a salir cuando un familiar se hizo cargo del negocio y empezó desde cero, contratando licencias: de gafas, de complementos, alfombras, hasta el pret-a-porter se cedió por licencia. Lo malo es que la ropa perdió calidad y nunca ha vuelto a ser lo que era. Sin buenos tejidos y buena confección, lo que promete sobre papel puede acabar en eso, en mera promesa.

Me encantaría que la ropa de Montesinos volviese a ser como era y poder presumir del mejor diseñador que ha tenido Valencia, el único conocido fuera, a falta de sustituto por el momento, para qué nos vamos a engañar. Hace poco, la empresa anunció que iba a recuperar el control de la producción, la distribución y la comercialización de la principal línea de producto: la ropa. Además, se iba a ampliar el equipo de diseño incorporando a Rafa Sánchez. Todos estos cambios se notarán en la próxima colección que Montesinos presentará en Cibeles este mes de febrero. Ojala que con este cambio su ropa sea como la antes, con algodones y pieles de primera y trabajos de artesanía valenciana de lo más delicados.

Hace unas semanas, Montesinos lanzó su Eau de Parfum, un perfume que huele a Valencia, con aromas a limón y mandarina, a flores blancas de jazmín y azahar mezcladas con otras esencias más sensuales y raciales, tan mediterráneo como su ropa. El perfume se presentó en el hotel Westin de Valencia, sin embargo, la primicia de su próxima colección sólo se podrá ver en Madrid, en la Pasarela Cibeles, porque Montesinos no desfilará en la Semana de la Moda de Valencia. Aunque se supone que no hay razones políticas, el trabajo que hizo Montesinos para la campaña de Carmen Alborch no le ha beneficiado en nada. Y luego está lo de siempre, las eternas rivalidades entre unos y otros, esa estrechez de miras que hace que uno quiera todo el protagonismo y aparte a todo el que le pueda hacer sombra. El caso es que Montesinos no desfilará en Valencia porque no se encuentra a gusto aquí, en la misma Pasarela del Carmen que él promovió hace años. Una pena, la verdad.

lunes, 7 de enero de 2008

Enero gris

Enero no es sólo el mes de la cuesta, que este año según parece va a ser de aupa, es también el mes de encerrarse en casa a pasar hambre para eliminar excesos varios y pasar largas tardes ronroneando en el sofá, mantita en ristre, viendo películas de video que es de las pocas cosas que a estas alturas se pueden financiar sin apuros.

Porque lo peor de este mes no es que se acaben los regalos, sino que terminen los eventos glamourosos hasta no se sabe cuándo. Y es que las tiendas son de lo que no hay: en diciembre, como la gente compra a destajo, cualquier excusa era valida para organizar un cóctel: que si una presentación de joyas, que si un desfile de modelitos de fiesta, una inauguración o un detalle para los clientes, que se yo. Vamos, que en diciembre tenías la agenda tan llenita como un desfile de Prada – en el último hasta tuvieron que meter un código de barras en la invitación para que nadie se colara-, pero llega enero y es que no te invitan a una fiesta ni por error.

Fíjate si diciembre fue un mes completo, que hasta la peluquería Pelegrín celebró su 60 aniversario en el Corte Inglés de Valencia, una ciudad que, según Pelegrín “está a la vanguardia del sector y, proporcionalmente, cuenta con más profesionales que ciudades más grandes como Madrid o Barcelona”. Para celebrarlo, la firma acaba de remodelar su peluquería de Pintor Sorolla y Manolo Martínez, director artístico de la firma, presentó las propuestas para la temporada: Melenas largas y onduladas, recogidos muy tirantes rematados con un moño de grandes dimensiones, pero también las melenas cortas y muy lisas y la vuelta definitiva del flequillo. Como Kate Moss, claro.


También en diciembre nos enteramos de que el joyero Vicente Gracia había sido seleccionado por la casa de subastas Christie’s para una de sus exposiciones anuales de la alta joyería. Los ingleses habían escogido uno de sus pendientes de la colección “La Ruta de la Seda”, uff, una pasada de pendientes: dos magníficos trillantes engarzados a una turquesa tallada a cuatro aguas, formando un rombo del que cae una cascada de pavé de diamantes con oro blanco, terminada en llamas de ópalos de fuego. Los pendientes se codearon con otros grandes de la joyería: Harry Willson, también llamado “King of Diamonds”, Patek Philippe, Piaget, Frank Muller, Bulgari o Cartier. ¡Menudo regalo de reyes, que suerte tienen algunas!

Bueno, ahora que me acuerdo, este mes si hay una novedad: acaba de abrir tienda en Valencia la firma parisina Sandro, justo al principio de Jorge Juan. La ropa, muy francesa, de estilo bohemio chic, que tanto se lleva ahora: blusones con telas medio hippies, abriguitos tweed manga francesa, vestidos baby doll de seda, shorts de lana… todo muy coqueto, con el punto sexy que tienen las parisinas, que hay que ver cómo visten, no hay más que ver a Carla Bruni. Me pregunto hasta cuándo durará esta moda, porque ya llevamos muchas temporadas con los vestiditos lenceros, sexys y delicados.

Y hablando de sexys y políticos, la revista Yo Dona ha organizado un concurso para ver qué político es el más sexy del panorama nacional. Se puede votar en la web de Yo Dona partir del miércoles 8 de enero, y los candidatos son, entre otros, ¡tachán!: Ruíz Gallardón, Eduardo Zaplana, Zapatero y Manuel Marín. ¡Qué quieren que les diga! Aunque sólo sea por eliminación, ahí está Zaplana, con su bronceado caribeño y su planta de galán de cine clásico y esos sastres a medida siempre impecables. Si hablamos de político sexy, estoy segura de que gana Zaplana, ¿qué apostamos? ¡Chicas, a votar!

lunes, 31 de diciembre de 2007

Los Reyes también van de rebajas


Como las rebajas sigan adelantándose más, no se qué van a hacer las tiendas. En Valencia, oficialmente empezaban después de Reyes, pero vamos, muchas ya llevan semanas con descuentos para clientes, entre otras cosas porque las ventas no han sido para echar cohetes. El otro día escuché a una dependienta comentar que nunca, en años, había visto la tienda tan vacía por estas fechas. Total, que sea por la razón que sea, más de una tienda ha empezado muy pronto con los descuentos.

¿Y cómo se enteran las clientas de la feliz noticia? Antes te llamaban por teléfono, pero ahora, con esto de las nuevas tecnologías, se está poniendo de moda enviar un SMS: “Marni le comunica que el 2 de enero darán comienzo los descuentos. Un saludo”. Otra modalidad es aprovechar la felicitación de Navidad para avisarte, como Bonpoint o Linda Vuela a Río. De un pájaro, dos tiros. En otros casos, tienes que presentar la propia felicitación como tarjeta de descuento: así lo han hecho en Oh Lulú! y en Hannover, que como detalle navideño te regalaba un descuento del diez por ciento.

No todas las firmas entran en esto de las rebajas. Las de lujo, lujo, como Vuitton y Hermés (y Búlgari y MontBlanc), rara vez ponen el cartel de descuentos. Tienen sus razones: en primer lugar, mantener el prestigio de la marca, no les conviene que el comprador asocie la bajada de precio con una bajada de la calidad; y sobre todo porque un bolso monogran de Vuitton o un Kelly Hermès no suelen pasar de moda, no son un producto de temporada. Eso sí sería una faena gorda, comprarte un Kelly por 6.000 eurines y verlo luego por 3.000, ¡como si rebajasen un coche a la mitad antes de sacar un modelo nuevo!

Tampoco es lo mismo la rebaja en una tienda de un solo diseñador o una sola marca, como Emporio Armani, que en otras multimarca, como Siete Mares o Chapeau. En las tiendas de una sola marca, las rebajas empiezan a lo bruto, con un cuarenta por ciento como tiene Armani ahora mismo. Es lógico, porque en este caso el dueño de la tienda y de la firma es el mismo, el señor Giorgio Armani. En una tienda multimarca, el margen tiene que dar para el dueño de la firma y para el dueño de la tienda, por eso no pueden ofrecer descuentos tan altos desde el primer momento. Además, el stock de ropa que tienen que quitarse de encima es mucho menor.

Sea veinte o cuarenta el porcentaje, a mí me encantan las rebajas. Hasta te vuelves un poco loquita comprándote ese vestido super glamouroso que no sabes cuando te pondrás, pero ¡que porras! al cincuenta por ciento, te dejas la sensatez en casa. Y al pagar la mitad, parece que tienes menos cargo de conciencia y todo. Y si encima encuentras esa rebeca que tenías fichada desde principio de temporada, entonces ya es el no va más. Claro que al revés también es una faena: ver esa falda que a ti te costo una locura justo a la mitad de precio, ¡uff, eso es tremendo! Pero vamos, lo normal es que en las tiendas quede o bien lo que no le gusta a nadie o lo más caro.

Lo peor de las rebajas es cuando coincide la ropa de invierno con los primeros modelitos de verano. Eso sí es un horror. Estás viendo un abrigo negro de lana en un perchero y en el otro un vestido sin mangas con estampado primaveral, lleno de colores; aquí un suéter de lana y allá unas bermuditas con camiseta de tirantes. ¡Desastre total! Menos mal que ahora las rebajas también acaban antes, y dentro de nada, podré ver las colecciones de verano, que estoy que me muero por probarme los vestidos vaporosos de Chloé y de Prada y los brocados de Balenciaga y la nueva colección de Dolcce Gabbana, ideal esta temporada.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Paranoia navideña


Desde que tengo uso de razón vivo una paranoia con la Navidad: a una parte de mí le espeluznan esos Papá Noeles colgando de los balcones y esos vestidos de fiesta que decoran los escaparates enseñando escote cuando más frío hace. Luego está lo del turrón dejando sus chorreosos restos en los platos de la cena y la caterva de dulces navideños que acaban en la basura. O las colas interminables del stand de Tous, cualquiera diría que lo regalan; o esos Reyes Magos que parecen vestidos de una tienda de todo a cien. Por no hablar de las reuniones familiares interminables, de las comidas de empresa en las que todos nos queremos mucho. Y esos segundos platos, que cuando llegan ya no puedes más y encima tienes que poner buena para que nadie se moleste ¡Uff, sólo de pensarlo, qué agobio!

Pero hay otra yo que se alegra de cualquier acontecimiento que cambie la monotonía, que ponga un toque distinto a la vida gris de la cotidianeidad. Esa otra yo que se encandila viendo a los niños algo más ilusionados que de costumbre y que agradece las sonrisas con las que me felicita más de uno que el resto del año no soporto, pero que estos días parece un poco más majo. Valencia está preciosa y rebosa actividad allá donde vas. Estos días he estado en Bruselas y Valencia no tiene nada que envidiarle. Las calles llenas de gente, los comercios con sus escaparates relucientes (¡me encanta el escaparate kitsch de Chapeau!); los edificios públicos iluminados; el Mercado de Colón, con los villancicos y exposiciones que ha organizado Mayrén Beneyto, tan bonito que no saldrías de allí. Y la plaza del Patriarca y Poeta Querol, con todas sus firmas de lujo, Bulgari recién estrenada, y todo tan chulo que disfrutas lo mismo, compres o no. Este año, encima, la Asociación Dos Aguas, que preside Maribel Cosme, y que agrupa a todos los comercios de la zona, ha preparado una decoración navideña especial, con velones y moqueta azul oscura. Les ha quedado ideal. Además, este viernes invitaron a sus clientes a un ballet clásico en el Teatro Principal. ¡Eso sí es un detalle!

Total, que estas fiestas las puedes vivir quejándote de la cantidad de cosas horteras que la rodean, o tratando de que sean de lo más entrañables: decorando la casa con todo el cariño, que no significa gastarte mucho dinero, sino dedicarle tiempo y ganas; preparando una buena cena que no deje a tus invitados al borde de la indigestión; recorriéndote las tiendas de delicatessen buscando un jamoncito bueno, bueno; y un vino mejor y preparando un asado rico rico, como dice Arguiñano, y encendiendo velitas perfumadas y, en fin, cuidando todos esos detalles que hacen que la vida te resulte más agradable a ti y a los que te rodean. Enrique Lodares me contó una vez que muchas de sus clientas se encargan un vestido especial para Nochebuena, para esa cena donde iban a recibir a toda su familia y querían que todo saliera perfecto, porque estar todos juntos cada vez es más difícil, con la vida que llevamos.

Como mi psiquiatra –que bien queda decir que tienes un psiquiatra como las chicas de Sexo en Nueva York - me ha dicho que lo mejor para ser feliz es afrontar la vida con optimismo, he decidido que este año le van a ir dando a los aguafiestas, porque yo estoy dispuesta a sonreír hasta cuando me enfrente a los postres caseros que prepara mi cuñadita cada año. Voy a disfrutar de las navidades, me pondré mi mejor vestido para la cena de Nochebuena, a mis niños bien guapos y, sobre todo, estaré muy alegre, también cuando llegue el segundo plato y el champagne y el comentario desafortunado de alguien de la familia. ¡Qué se note que estamos en Navidad!

domingo, 23 de diciembre de 2007

Viajecito a Bélgica


Aprovechando una escapada a Bruselas, la semana pasada visité Amberes, preciosa estos días de Navidad, a pesar del frío (-7). Lo mejor, sentir que estás en la ciudad de "los seis de Amberes": Ann Demeulemeester, Dries Van Noten, Dirk Bikkembergs y compañía; visitar la exposición de Bernhard Willhelm (se graduó en la Academia de Amberes) en el Mode Museum, el pedazo de tienda de Yamamoto justo al lado, tiendas de diseñadores belgas y un par de firmas para fichar: Bellrose (venden online en http://www.mybellerose.com/), essentiel y Filippa K. (ésta sueca). Me encanta Amberes porque es de esas ciudades que te recorres a pie, con mucha calle peatonal y pocos edificios altos. Aunque las rebajas no empezaban hasta el 2 de enero (¡qué pena!) pequé en más de una tienda, sobre todo en a.p.c, francesa, ¡qué tienda tan ideal! Total, que con tanto ir de shopping me perdí la exposición de Rubens en Bruselas. ¡habrá que volver! (pero en primavera mejor)

lunes, 17 de diciembre de 2007

Javieryjavier


Chicas, quedaros con este nombre: “Javier y Javier”. Detrás de esa firma está Javier Villajos, un diseñador valenciano que en los ochenta fue socio de una firma que llegó a codearse con los más grandes. Pero la vida da cornadas y a veces hay que volver a empezar de cero cuando ya has llegado a la cima; y volver a andar el camino cuesta arriba. ¡Olé! por quien lo hace y no se acurruca mal diciendo su suerte . Es el caso de este valenciano, que acaba de abrir tienda en la calle Embajador Vich.

Cualquiera que esté medianamente introducido en el mundo de la moda ya habrá oído hablar de él. Bueno, perdón, cualquiera menos los organizadores de la Pasarela del Carmen (o Semana de la Moda), que le han dejado fuera. A él, como a mí, no le quieren. Lo mío tiene pase, pero lo de él no se entiende: es como si alguien organizase una fiesta de pilotos de Fórmula Uno en Gijón y no invitasen a Fernando Alonso; sólo la sospecha de intereses espurios pueden explicarlo.

Pero bueno, a lo que iba: JavieryJavier, como los de la Pasarela han decidido que él no es quien para desfilar con ellos (no se lo han dicho así de claro, pero le dieron largas hasta que se acabó el plazo…), se lo ha montado por su cuenta. Y esta semana ha presentado su colección en el ático del Hotel Astoria. Invitados, sólo clientas de toda la vida, de esas tan fieles que le han seguido durante estos años en su atelier de la Calle Alta. El desfile fue de lo más cuidado: un cuarteto de mujeres violinistas, con vestidos vaporosos como de una pintura de Botticelli; una bailarina exótica abriendo desfile y luego una colección de ochenta o noventa vestidos, conjuntos, sastres, abrigos, fiesta, cóctel, más fiesta… uff, una locura, una sorpresa permanente, con mil referencias y un hilo conductor mínimo.

El estilo de Javier Villajos es inclasificable. Después del desfile, me acerqué a ver los vestidos y de cerca son una pasada: telas de Elie Saab, sedas pintadas a mano, forros que no tienen nada de forros, porque también son sedas; abrigos reversibles, cinturones que se pueden llevar como fulares, estampados y bordados con motivos sacados de la botánica de Cavanilles, flores kurdas… una locura, de verdad.

Javier me va enseñando los vestidos uno por uno y en cuanto me descuido me ha colocado una chaqueta de fiesta sobre el suéter de lana ¡y encima queda bien! Me saca otro que parece de la película “El guateque”, con un colorido pop super fuerte. Cuando ya concluyes que hay mucho de los sesenta y de la estética hippie, va y te enseña otro vestido de tafeta de seda natural con una falda de metros y metros de tela. Javier estruja la seda por un lado para demostrarte que hasta la arruga tiene arte cuando la falda tiene el vuelo justo. Y luego te enseña otro que parece de Courrèges, que debe pesar un par de kilos de la cantidad de piezas que lleva, y luego una malla medieval super ajustada, y después un vestido de lino con bordadito delicado y un pequeño recogido bajo la falda y luego un blusón ideal para un verano en Saint Tropez, de seda ligera. Y cuando ya piensas que lo tienes medio situado con el adjetivo multiétnico, va y te sale con un vestido de vinilo de un color uva oscuro, convertido en un vestido de cóctel años cincuenta, con lo cual acabas ya más descolocada que yo que sé. Y encima, hasta mezcla las prendas más dispares ¡y funciona!

Total, que si algo me queda claro es que este diseñador, que se siente como si acabara de empezar, tiene tanto talento que no sabe ni dónde meterlo y además dice que todas las mujeres tenemos atractivo, excepto las maleducadas, que para él acaban siendo feas, feas. ¡Me encanta este hombre!