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lunes, 26 de octubre de 2015

Del punk al Moët

Ana Curra fue una de las cantantes más rompedoras de la movida de los ochenta. Estuvo con Alaska y Dinarama en la época de “Terror en el hipermercado”, y luego fundó un grupo mítico del punk español llamado Parálisis Permanente. El jueves estuvo en Valencia dando una conferencia sobre “punk y feminismo”. El título de la conferencia ya era bastante intrigante, pero verla a ella después de 36 años tenía aún más morbo. Pues bien, la que fuera reina del movimiento punk apareció de lo más mona y contó cómo fueron los ochenta en aquellas España aislada sin información del exterior ni redes sociales. “Nos fabricábamos la ropa con retales porque en las tiendas no había nada que reflejase nuestra estética y nos teñíamos y cortábamos el pelo en casa”. ¿Y qué tiene que ver el punk con el feminismo? Pues según Ana Curra la mujer de aquella época fue pionera al utilizar el rock como herramienta liberadora. Gente como ella o Alaska rompieron moldes al adoptar una imagen que a los hombres se les perdonaba pero que en ellas provocaba insultos: “la actitud rebelde se toleraba en los hombres pero no en las mujeres”.
Al terminar su conferencia, Ana se lamentó de la actitud de la mujer actual: “Falta empoderamiento, parecemos todas muñequitas”. ¡Jo pe!, salimos de allí con ganas de rasgar nuestras faldas, pintarrajear nuestro bolsos y salir a la Plaza del Patriarca cantando: “Yo quiero ser Saaanta, yo quiero ser beaaata!, mientras volteábamos al viento nuestras melenas y simulábamos tocar la guitarra con nuestros Ipads. Pero justo en esa plaza, Loewe había montado un cóctel de lo más mono para presentar su nueva colección.
De pronto toda nuestra adrenalina rebelde se evaporó, recompusimos la postura y utilizamos le Ipad como espejo para comprobar que todo estaba en su sitio, que volvíamos a ser muñequitas sobre cuyos hombros quedaría de lo más mono un bolso de Loewe. La directora de la tienda Montse Salamanca, que estuvo hasta hace poco al frente de la firma en Londres, y Vicente Alabau nos enseñaron La nueva colección diseñada por Jonathan Anderson, el genio que ha conseguido en muy poco tiempo renovar la imagen de la firma y volverla moderna, juvenil y casi tan rompedora como Alaska y Ana Curra. Los bolsos son una locura, el nuevo Barcelona parece sacado del armario de tu abuela pero resulta más moderno que un imperdible sobre cuero negro, y el puzzle en tamaño largue y en colores vivos como el coral, rojo primario, rosa o marino, es para robarlo en un acto de rebeldía feminista.
A la cita de Loewe no fallaron incondicionales como Mayrén Beneyto, que colaboró con la firma en sus inicios en Valencia, Laura Gallego y Lourdes López (con un mini clucht vintage de Loewe ideal de la muerte), Ana María Aparisi, los hermanos Jordán, María Teresa Monsonís, Rocío Andrés, María González, la bloguera Greta Borrás, Solete Royo… Loewe agasajó a sus invitados con Moët y unos canapés de lo más exquisitos. Afortunadamente no cayó ninguna copa de champagne sobre los bolsos de piel finísima ¡Eso si hubiera sido transgresor, qué horror!
También hubo champagne, esta vez Perrier Jouet, en el cóctel que ofreció Cul de Sac en el H Club del Westin. Si los canapés de Loewe eran finos, no te cuento los del Westin, con música de jazz en directo y un ambiente intelectual y de diseño más próximo a arquitectos, interioristas y gente del mundillo de las artes. Entre ellos, Guillermo Arazo, que trabaja en Las Naves y me contó que están preparando una mesa redonda sobre postporno o porno femenino. Uff, chicas, vamos a tener que adaptarnos a los nuevos tiempos, ¡todo antes que parecer muñequitas!

lunes, 24 de noviembre de 2014

Alaska en el Mercado de Colón

Hay tres formas de vivir el éxito. Una es la de quien lo espera eternamente, mientras vive como le pronosticó Nuestro Señor a Adán y Eva, con el sudor de su frente. Otra es el pelotazo, el golpe de suerte, por ejemplo el de quien teniendo buenos contactos en la Diputación de Valencia monta una empresa de bombillas led; es un perfil más del tipo Lázaro, aquel que se había muerto y ¡oh casualidad!, se encuentra con Jesucristo por la calle. La tercera forma de vivir el éxito es el de quien lo abraza y no lo suelta. Alaska pertenece a este último grupo. Desde allá por los ochenta, cuando los suéters de Privata. Nosotras bailamos “ni tú ni nadie” y nuestras hijas la siguen bailando, ¡esto sí tiene mérito y lo Pedro Marín y aquello de “Aireeee, aaaa, soy como el aireeee aaaa, pegado a ti…!
Alaska no es ni la más guapa, ni la más alta, ni la más delgada ni la naturaleza la ha dotado con una buena voz. Pero tiene algo que atrae más que ninguna otra cualidad: es genuina, coherente y muy lista. Este miércoles estuvo en Valencia pinchando en el Mercado de Colón. La contrató la firma Aristocrazy para la fiesta de inauguración de su nueva tienda en Jorge Juan. El caché de Alaska por hacer de DJ un par de horas no baja de 4.000, pero la mujer lo vale. Había que ver cuánta gente se acercó a por una foto, desde las más jovencitas hasta los cincuentones.
Alaska no pone la música típica de las discotecas. Pincha lo que quiere, temas de los ochenta como Soft Cell, Eurythmics, o Depeche Mode con I just can't get enough y las cuarentonas nos pusimos a bailar como posesas. Y luego intercaló temas suyos o de las Nancys Rubias y podría haber puesto a la Pantoja si le hubiera dado la gana. La inauguración comenzó en la propia tienda de Jorge Juan. Copita de Moët y muchas blogueras jovencitas con labios rojos y piernas largas.
Aristocrazy es una firma que lanzó la familia de joyeros Suárez para hacerse con parte del segmento joven del mercado, que además son los que más consumen. Se hacen llamar joyas pero están más cerca de los complementos, porque la mayoría son de plata con un baño de oro y hay piezas que cuestan poco más de una pulserita de los hippies de Xàbia. La joyería tradicional, esa joya que te compraba tu madre para que la heredase su nieta, vive sus horas más bajas. A las mujeres nos gusta renovar los anillos y collares tanto como los vestidos, de ahí que hayan surgido estas firmas, como Tous, aunque Aristocrazy es bastante más fashion. Los invitados fueron de la tienda al Mercado de Colón, al espacio que tiene Ricard Camarena en la planta baja.
Juan y Emiliano Suárez, de Aristocrazy y el Grupo Suárez, ejercieron de anfitriones, y acompañaron a los cinco socios de la tienda en Valencia: Daniel y Arantxa Pérez Pous, Carlos Busutil, y Noemí y Tamara Suárez. A la fiesta fueron más de 300 invitados. Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, de Siempre Vivas, con su inseparable Greta Borrás, la diseñadora Marta de Diego con su hija, las hermanas Blanca y Laura Fitera, Carmina Durán de la agencia de modelos, Tamara Caravaca, Araya Frasquet, Nancy Tarrasó y Álvaro Cano (UKE), Rafa Alcón, de la Fundación Bancaja, y su hija Paula; Rosana Oliver, de Araventum, Bárbara Jiménez de la Iglesia, Carlos Pascual Jr, Elena Ravello, Rocío Andrés, Ana Brugger, Alfonso Roig, Patricia Bonilla, Marta y Paula López, Rafa Serratosa, Ana Varela y José Tamarit, de Chapeau; Eva Marcellán, Elena Meléndez, Angela Valero de Palma, Verónica Montijano, José Morales y Betto Handmade.