lunes, 30 de junio de 2008

Siempre nos quedarán las flores

La próxima Copa América no se celebrará en Valencia. Cuando los políticos dejan de hablar de un tema es que no pinta bien. Y de la Copa América, ultimamente, nadie decía esta boca es mía. Los suizos prometen que Valencia estará siempre en primera posición, dicen que nos quieren mucho, pero luego empiezan con excusas: que si la Corte Suprema de Nueva York les obliga a celebrar la Copa en agosto, coincidirá con la Fórmula 1, y si les olbligara en enero, haría mucho frío en Valencia. Pamplinas. Con lo bien que se ha portado con ellos esta ciudad, yo creo que al final han resultado ser unos prepotentes, han demostrado que Valencia les importaba lo que a Belén Esteban el universo aristotélico.

La Fórmula 1 no será lo mismo, qué va. En agosto una no está para ir a la Avenida de Francia con cuarenta grados a la sombra, ¡qué horror!. Agosto es para estar en Javea o en las Islas Mauricio, como poco. Además, con tanto calor, no hay maquillaje que resista, por no hablar de los brillos en la cara, que son lo peor. La Copa América era otra cosa, te permitía un look marinero perfecto para esta época del año. Pero, ¿qué te pones para estar sentada en una grada o en un palco en Valencia y en agosto? Poco glamour, eso seguro.

El año pasado por estas fechas, Valencia parecía Saint Tropez. No había noche sin fiesta con litros de Moët, modelitos de pasarela y esmoquines a tutiplén. ¡Ay, que tiempos, cuánto glamour! Teníamos tanta vida social, que una amiga se lamentaba de que no le quedaban fechas para celebrar un aniversario. Este año, sin la regata más pija del mundo mundial, las agendas están más vacías que una peletería en verano.¡Qué contraste! Menos mal que la revista Tendencias VLC celebra este jueves su fiesta de verano en la terraza de L'Umbracle. El año pasado también la celebró, pero pasó desapercibida entre tanto evento; esta vez, a falta de otras citas, tiene pinta de convertirse la fiesta del verano. Me han contado que van a llenar la terraza de flores y la firma Kiehl's repartirá bolsitas con el lip Balm y su creme de corps y algunas sorpresas más. La última fiesta había que vestir de azul. Esta vez, el dresscode indica flores.

Total, que aquí me tienen, buscando desesperadamente un vestido de flores. Ley de Murphy: si no lo buscara, encontraría uno en cada tienda. Pero a estas alturas del verano, en plena época de rebajas, no hay forma de conseguir una pieza concreta. Porque claro, no sólo es encontrar un vestido de flores, sino que además, tiene que sentarte de maravilla. Descartados los largos, que no favorecen nada a las bajitas (aunque me he enterado de que la directora de la revista sí va a ir de largo pero claro, ella es alta y llevará taconazo); los muy escotados, que hasta que no estás bien morena no favorecen; los de seda, porque en verano pasarían más tiempo en la tintorería que en casa…

Tengo un problema, vamos, que no se qué ponerme el jueves .¿Y si me planto un floripondio en la cabeza como de flamenca? La invitación dice flores pero no concreta ni cuántas ni dónde. También puedo llevar el pelo recogido con un pañuelo de flores o un collar de flores tipo hawaiana, ¡uff, eso causaría sensación!. Bueno, de aquí al jueves, hay tiempo para ver un par de tiendas más. ¡Ahora que me acuerdo! Con un traje chaqueta de flores Liberty iba Rita Barberá cuando firmó el contrato con Bertarelli para la Copa América hace uno año. ¡Ay, que pena más grande!

lunes, 23 de junio de 2008

Mariano, ¿y si te afeitases la barba?

A mí la política me interesa lo justito. Me desengañé de la política cuando me di cuenta de que no iba a vivir de ella. Me hizo caer del guindo un empresario cuando me dijo “la política para los políticos; la economía, para los empresarios”. Vamos, que en mi caso, lo único que me interesa del congreso del PP es la parte frívola, como la camisa de Ralph Lauren que lleva Esteban González o los pantalones vaqueros de María Dolores Cospedal.

Cuando eres joven, la política te apasiona porque crees en las ideas, pero ahora, reconozco que no sólo ha perdido interés, sino que lo poco que me atrae es la estética, la imagen, la puesta en escena más que el argumento. Y en este congreso del PP hay mucho de cambio escenográfico, empezando por los protagonistas: cambio a Zaplana por Soraya y a Acebes por Cospedal.

Zaplana hace diez años que dejó de cumplir años y, desde entonces, mantiene su imagen de dandy permanentemente renovado, siempre perfecto; Acebes era otra cosa, un hombre al que cualquiera le compraría un coche de segunda mano, pero que jamás habría hecho carrera como modelo en las pasarelas. En cualquier caso, los dos siempre iban con el mismo look impecable pepero, que consiste en ponerse corbata cuando van formales y quitársela cuando van relajados o de sport. Por lo demás, a mí me encanta el look oficial de los peperos cuando van de congreso, tan de pijo madrileño: pantalones chinos cámel, camisa blanca abierta y sin corbata y la clásica americana azul marino de lana fría. Los zapatos, siempre mocasines.

Ahora las cosas están cambiando. Soraya y Cospedal, antes siquiera de decir esta boca es mía, ya han dado un mensaje de renovación. Los vaqueros de Cospedal que llevó el primer día del congreso dicen mucho: “soy mona, lo sé, los vaqueros me sientan fenomenal y me los pongo porque soy la nueva mujer; la que ha cumplido cuarenta, ha tenido un hijo y ha demostrado ser eficaz. Vamos, que no sólo soy mona y me lo creo, sino que además sé que valgo y también me lo creo”.

Soraya es otra cosa, más del tipo “las matan callando”. En el partido la llaman “Sor Aya” y su imagen se parece a la de Acebes o Zaplana lo que una castaña a un higo. Yo creo que haría migas con De la Vega, las dos deciden cómo, cuándo y con quién, aunque el fondo de armario de Sorayita está a años luz del de Teresa. Claro que eso es cuestión de tiempo. Eso sí, tanto Soraya como Cospedal son castellanas, y eso también se nota. Nada que ver con la alegría de Carmen Alborch o Rita Barbéra, ¡dónde va a parar!.

Sea como fuera, el caso es que la imagen del PP de mañana se parecerá muy poco a la de hace cuatro años, tanto como unos pantalones grises de pinzas a unos vaqueros. Y ahí es donde se echa en falta un cambio por parte de Rajoy. Yo de política se lo justo, pero de estética se algo más. Después de mirarle y remirarle mil veces, creo que la solución es que se afeite la barba. Es lo que le falta para rejuvenecer su estilo y estar a la altura de sus chicas. También podría dejarse melena, pero ese truco rejuvenecedor ya lo ha utilizado su antecesor y el gesto podría malinterpretarse por algún malpensado.

Si, Mariano, si, hazme caso y aféitate la barba: parecerás más joven, lucirá más tu sonrisa, saldrás mejor en las fotos cuando le des un beso a tus chicas y, sobre todo, reforzarás la imagen de renovación y modernidad. Es frívolo, lo sé, pero será eficaz. Ahí tienes a Camps, ya nadie ve sus entradas sino el bronceado de millonario suizo que destaca sobre sus camisas blancas impecables ¡como que está estupendo! En fin, Mariano, suerte y al barbero.

domingo, 15 de junio de 2008

champagne mejor que cereales

Total, total, que diría una amiga mía. El desayuno en la tienda de Bulgari fue total. Primero por citarnos a las 10:30 de la mañana, una hora estupenda para salir a la calle y disfrutar de la luz y el color de esta ciudad, y encima en Poeta Querol, que está preciosa. Segundo, por desayunar con champagne, que es una experiencia nueva para mí, ¡pero que no me importaría repetir!

El desayuno era solo para prensa. Nos habían invitado para enseñarnos la flamante tienda, -una de las más grandes de España, con casi 350 metros repartidos entre la zona de complementos y la de joyería- y como una primera toma de contacto. Allí me encontré con Mayte Sebastiá, recién llegada de la revista Vogue, donde ha estado trabajando casi un año. ¡Qué envidia me da! También con Mara Calabuig, escuchando las explicaciones que le daba el personal de Bulgari sobre la nueva colección de joyería. Y Susana Golf, más pendiente de las gafas de sol de tamaño XL. A mí me dio por cotillear los relojes, me vuelve loca el modelo Diagono. Por cierto, que me enteré que la palabra Diagono viene del griego Agón, que significa competición, de ahí el estilo deportivo del reloj. Ideal el que llevaba la relaciones externas de la firma, Patricia Cruz, uno de acero de aire masculino.

Nuria Roca también lucía un Diágono, el de oro rosa y correa de piel de cocodrilo. ¿Qué hacía la presentadora valenciana en el desayuno con la prensa? Según nos contaron, Nuria no es imagen de la firma ni ejercía de madrina del evento. Sencillamente, “es que tiene relación con nosotros desde hace tiempo, y al ser la tienda de su tierra le hacía ilusión acompañarnos”, pero sólo fue una invitada, confirmaron en Bulgari. Una invitada, pero no como el resto de invitadas, claro, que ninguna de mis compañeras lucía collar, anillo y reloj de la firma. Eso sí, Nuria fue un encanto, nos enseñó todos los bolsos, se los probó, y posó para los fotógrafos de lo más profesional. Detalle para los más cotillas: la periodista llevaba el pelo muy oscuro salvo en los diez centímetros de las puntas, que eran de un rubio casi dorado. Todavía no se si el resultado me gusta o no. Por lo demás, muy delgada y muy estilosa, con pantalón y suéter muy básicos, que resaltaban la joyería de Bulgari ¡el viejo truco!

Aclaraciones: no es verdad que la tienda se inaugurara esta semana, como han dicho algunos mal informados. ¡Como que lleva abierta desde antes de diciembre si no recuerdo mal! Incluso invitaron a un reducido número de clientes vip a la inauguración… Lo que querían con este desayuno de prensa era presentarnos las colecciones de joyas, relojes, accesorios y, como no, la propia tienda. Para los que no hayan entrado, aquí va un resumen. Se trata de una twin store, es decir, dos tiendas comunicadas pero diferenciadas: en una se expone la colección de bolsos y complementos y en la otra la joyería y relojería. En la joyería hay una escalera que conduce a un espacio privado en la planta baja, una zona vip donde se atiende a los clientes que quieren hacer una compra, manteniendo un poco la intimidad. En cuanto a la colección de joyas, hay de todo, desde joyones espectaculares para ricachonas de una cierta edad hasta anillos y colgantes juveniles para llevar con vaqueros.

En la zona de accesorios, destaca la colección de bolsos. Si me dan a elegir, me quedo con uno de los más caros, el Chiara de pitón marrón oscuro, 3.800 euros, grande, práctico y deportivo. Por lo demás, desde la invitación de Bulgari, he decidido que mi desayuno favorito va a ser champagne con jamoncito de bellota. Me parece una forma fantástica de empezar el día. ¡Mejor que con cereales!

domingo, 8 de junio de 2008

Desayuno en Bulgari

¡Estoy que no duermo de la emoción! ¡Qué nervios, madre mía! Ayer recibí una invitación de Bulgari para un desayuno en su tienda de Poeta Querol. Recibir invitaciones para fiestas nocturnas es algo que, a estas alturas, ni fu ni fa. Pero que te invite Bulgari a tomar café en su joyería, a las 10.30 de la mañana, es demasiado. Casi me imagino en la escena de la película “Desayuno con diamantes”, vestida como Audrey Hepburn, con un Givenchy negro, perlas y gafas de sol oscuras, tomando café y croissant frente al escaparate de Tiffany’s. ¡Anda, Begoñita, bájate del guindo!

A la espera del desayuno en Tiffany’s, perdón, en Bulgari, hay otras novedades que contar. Por ejemplo, esta semana se inauguró la tienda de Maje en Valencia, en la calle Comedias. Atención a esta zona porque ahí están aterrizando las tiendas más chic: Oh Lulú, Ábito, la óptica Fabra Campos, que tiene unas gafas de locura, entre otras la colección de Marni y Chloé, tan setentera. Y Maje, que abrió este jueves en medio de un chaparrón de aquí te espero. No quiero ni acordarme de cómo quedaron los pantalones de pernera ancha, esos tan largos que cubren el zapato. ¡Desastre total!

Maje es una de esas firmas que se sitúan en el segmento del lujo asequible. Ni Zara ni Prada. Ropa juvenil, parisina, sexy y con mucho, mucho, estilo. De hecho, Maje fue de las primeras que lanzó los vestidos saco y los baby doll de aire romántico. Ahora ya cansan, pero en su momento eran lo más. En las últimas colecciones, Maje ha derivado hacia un estilo más hippie y bohemio, con vestidos de flores y patchwork, chalecos y estampados setenteros. ¿Y quién viste así? Pues las treintañeras, que buscan prendas de diseño a precios accesibles. De ahí que la inauguración de la tienda estuviera llena de treintañeras. El look predominante: vestido o blusón con leggins, largas melenas rubias y cuñas o bailarinas. Muy monas todas, la verdad, aunque nada original. Si te fijas en el look de Alejandra Rojas –novia de Luís Medina e hija de Nati Abascal- la verás así vestida, día sí, día también. Claro que Alejandra es socia de otra tienda Maje en Madrid, pero eso ya lo conté en mi blog y no es plan de repetir.

Y hablando de treintañeras, Sofía Coppola protagonizará la próxima campaña publicitaria de Vuitton. La foto (clic para ampliar), tomada por la mismísima Annie Leibovitz, me ha hecho reconciliarme con mi Neverfull, que últimamente le estaba cogiendo manía. Si lo lleva Sofía, no hay más que hablar. Sofía es lo más. Primero por tener un padre como Francis Ford Coppola, que además de director de cine cultiva viñedos; segundo, por rodearse de la gente más cool de Nueva York, Marc Jacobs incluido; tercero, por lo mona que va siempre esta chica, y por supuesto, por las películas que ha dirigido, desde Lost in Translation a Maria Antonieta. ¡Es mi ídolo!

En la foto, sacada en Buenos Aires, donde papá Francis está filmando su última película, se ve al director sentado, con un guión en sus manos, conversando con Sofia, tumbada en la hierba. La escena tiene una calidad luminosa casi impresionista y sugiere un sereno intercambio de ideas entre padre e hija. El copy del anuncio dice: “Dentro de cada historia hay un precioso viaje”. Según Pietro Beccari, uno de los capos del marketing de Vuitton: "La imagen no sólo captura la relación entre un padre y su hija, en la que ambos se enriquecen de la experiencia compartida, sino que evoca también la herencia de Vuitton al sugerir un savoir-faire que pasa de una generación a la siguiente.” Me encantan las firmas de lujo: venden con ese aire tan culto y chic que es imposible resistirse… ¡y hasta te invitan a desayunar!

domingo, 1 de junio de 2008

Parece que fue un sueño

El glamour valenciano no está atravesando sus mejores momentos; ¿quién nos ha visto hace apenas un año y quién nos ve ahora?... Aquellas fiestas de Prada, de Vuitton, de la Copa América; aquellas noches en el puerto con la terrazas a tutiplén rebosantes de mujeres ideales de la muerte y de caballeros que parecían sacados de un rodaje de James Bond. ¿Dónde están ahora?, ¿acaso estaban de paso y se han ido para no volver?; ¿será Valencia como aquellas blazer con hombreras que tuvieron su momento de gloria y nunca más se supo?, ¿o será como un pañuelo de Hermès que nunca pierde su elegancia aunque a veces pase temporadas olvidado en un cajón?.. “¿qui lo sá?”

En fin…, siempre nos quedará la Ópera. Servidora ha desistido de frecuentarla y no por falta de ganas, sino porque no estoy por la labor de dejarme la piel en el intento de conseguir entrada; que una no tiene cartera ni contactos para llegar a tan altas cumbres. Pero hete aquí que tengo un blog que es la repera, “malva y rosa” (www.elmundo.es/elmundo/blogs/malvayrosa/), y que no me sirve para ver y escuchar la Ópera, pero sí para enterarme de quién va y quién viene, y de cómo van y cómo vienen quienes supuestamente son lo más conspicuo de la sociedad valenciana. Con todo lujo de detalles me cuenta una lectora del blog que en el estreno de Turandot, y en presencia de la mismísima Reina de España, un caballero se presentó vestido con americana de lentejuelas doradas. ¡Uff!

Mi bloguera, a quien no conozco pero que parece enteradísima, dice que la más elegante de la noche fue la mujer de Agustín Morera, el presidente del Valencia, y destaca también a Paloma O´Shea:falda negra tubo a media pierna y una impecable chaqueta blanca entalladísima, con un volante rematando a cintura.” También cuenta que más de una iba ideal vestida de Zara. Y acaba su genial crónica contando una maldad, una catetada del público: resulta que cuando cambiaron las luces, el respetable, poco acostumbrado a codearse con la realeza, se puso en pie creyendo que entraba su Majestad, mientras que quien entraba era el maestro Zubin Mehta para tomar posesión de la batuta…. Uff, uff ¡qué bochorno!

¡Ay! Valencia, Valencia, no me mates, no me digas que ya no somos quienes éramos, que se acabó lo que se daba, que ya no habrá más glamour que el de las presentaciones falleras! Dime que es sólo una mala racha, fruto de la crisis económica; que no hemos sido flor de un día. Dime que es sólo una nefasta casualidad la noticia de que un grupo de ricachones, dispuestos a comprar a destajo firmas españolas de moda para comercializarlas por medio mundo, no hayan metido en la cesta a ninguna valenciana. Hablaron con Montesinos, el único que de entrada daba la talla para el ambicioso proyecto (¡uy! qué cosas, no hablaron con ninguno de los que participan en la Semana de la Moda Valenciana), pero a última hora también él se quedó fuera.

Así están las cosas, el público de la ópera poniéndose en evidencia delante de la reina y los grandes del diseño de la moda valenciana quedándose a la luna de Valencia. Vendrán tiempos mejores, volverán las terrazas del Puerto con señoras estupendas y caballeros impecables; volverán las fiestas glamurosas; sí, seguro que volverán, que ya está cerca la carrera de Fórmula 1; y volverá, como no, la Semana de la Moda Valenciana a servir de escaparate para que se lo pasen en grande cuatro amigos.

Nota: Dice mi bloquera que en el estreno de Turandot estaban, además, los políticos y habituales este tipo de saraos. Y la pregunta es, ¿por qué hay un grupo de gente que siempre tiene un sitio en los grandes eventos?, ¿será que pasan los días haciendo colas para conseguir abonos?

domingo, 25 de mayo de 2008

Entre snob y cateto

¡Ay, pero qué pesados se están poniendo con los dress code! Hasta hace poco, los códigos de etiqueta en el vestir eran A, B y C (largo, cóctel e informal) y se supone que el anfitrión los recomendaba para ayudarte a elegir vestuario. Pero ahora, con tanto evento y tanta fiesta, el dress code se ha convertido en una competición para ver quien es más creativo. Vamos, que en lugar de ayudar, te complica la vida. Ejemplos recientes: relaxed, glamorous, elegant, urban-chic … ¡Encima en inglés! Como si elegir ropa no fuera ya bastante difícil.

En la fiesta de inauguración de la terraza Brassa de Mar este jueves, en la Patacona, el dress-code era glamorous-fantasy. Lo de glamorous ya lo conocíamos de la fiesta de Prada. Pero el fantasy es nuevo y te deja descolocadísima, además de que se presta a muchas interpretaciones. Así pasó el jueves, que se vio de todo, gente muy bien y gente fatal. Además, con tantos invitados era difícil cotillear. De la comida y la bebida, mejor no hablar. Una, que ya está acostumbrada a estos saraos, tiene por costumbre llegar media hora después de la oficial, que es cuando empieza lo bueno. Así lo hice el jueves, pero me equivoqué. A las 9:30 de la noche, media hora después de la prevista, aquello era un campo de batalla lleno de bandejas y copas vacías. Para mí que la gente tenía ganas de fiesta y desbordaron las previsiones. Habrá que volver un día normal, porque el sitio promete: decoración de Nacho Moscardó, masajes a la luz de la luna y junto al mar, cócteles, comida mediterránea…

Justo antes de la inauguración de Brassa de Mar, la joyería Sofía invitó a una presentación de perlas australianas Kailis, las que anuncia Inés Sastre. Allí, los camareros también tuvieron dificultad en pasar las bandejas, porque la joyería es pequeña. Eso sí, las invitadas iban todas muy elegantes, se nota que son señoras con muchas horas de cóctel que ya saben cómo ir vestidas en cada ocasión. De eso precisamente estuve hablando con las hermanas Fitera. Me encanta hablar con ellas porque siempre tienen puntos de vista muy personales sobre la moda. Por ejemplo, ante la duda de si vestir o no de negro en una comunión, Blanca me respondió que la catetada era vestir siempre de color pastel. Vamos, que según ella, no hay motivo para no llevar un vestidito negro en esta ceremonia. Fue un alivio escucharla, la verdad, porque ya tenía mis dudas…

Total, que entre el lío de los dress-code y la conversación con las hermanas Fitera, me puse a pensar sobre cuándo se puede romper el protocolo, reflexión profunda digna de Carrie Bradshow, todo hay que decirlo. Llegué a la conclusión de que los dress code, como otras normas de protocolo, pueden saltarse cuando ya se tiene cierta experiencia o soltura en la vida social. Romper con lo establecido, vamos, con lo convencional, tiene su riesgo: puedes hacer el ridículo o ser el blanco de las críticas. Pero también seguir la norma a rajatabla, ir de encorsetado por la vida, puede resultar de lo más cateto.

Lo de saltarse las normas, también tiene que ver con la edad, cuando tienes tu propio criterio y puedes atreverte a ir contracorriente, sin perder la educación, claro. Por ejemplo, Rania de Jordania, que se puso de largo en la boda de Doña Leti y el Príncipe y fue un éxito. O aquí, en Valencia, el anfitrión de la fiesta de la Copa América, Ernesto Bertarelli, se vistió de traje cuando en la invitación exigía esmoquin. ¿Esnobismo, ganas de llamar la atención? Yo creo que cuando tienes una personalidad fuerte y estás muy seguro de ti mismo, te puedes saltar la norma. Vamos, que diga lo que diga el tarjetón, tú te vistes como te de la gana.

domingo, 18 de mayo de 2008

¡Qué suerte, tengo comunión!

No sé que es peor, si organizar una boda, una comunión o estar invitada a las dos

Que levante la mano el que no tenga que ir de comunión este mes. Me temo que pocos se libran. Si vas de invitado, todavía lo superas, pero como tengas que organizarla… No sé que es peor, si vérselas con una boda o una comunión. Si invitas a muchos, vas de fanfarrón; si invitas a pocos, puede quedar de lo más desangelado. Si regalas un detalle a los postres, mal; ni no regalas, peor. Lo de las fotos, tremendo, las pobres niñas con esos posados tan poco naturales, ¡ay, que penita me dan! Y luego está el vestido de comunión. Tantos años pensando en cómo vestirás a tu niña y cuando llega el momento te dice que ese vestido ni hablar, que ella lo quiere como el de su amiga, ¡con el mal gusto que tiene la madre de su amiga! Y un buen día te ves convenciendo a tu hija de que llevar guantes y bolso es un horror y que confíe en ti, que la vas a conducir por el camino del glamour. ¡Quien te lo iba a decir a ti!

Por no hablar del sufrido papel de los papás de la comunión. Todavía me acuerdo de la foto de Isabel Preysler –por cierto, como está de joven en el último Hola- en la comunión de su hija Tamara, con un traje chaqueta beige de Chanel y zapato bicolor de la misma firma. Han pasado más de veinte años desde entonces y las mamás seguimos vistiendo igual, con el clásico traje chaqueta y zapatos de salón, ¡pero qué aburrimiento más total! Claro que cualquier intento de llevar la contraria te puede salir caro. Seguro que tu hija te reprochará durante años que no vistas como el resto de las mamás. ¡Un desastre!

Al final, no te queda más remedio que adaptarte a las circunstancias y tratar de sobrellevar la situación de la mejor forma posible. Eso sí, con los guantes y el bolso, no hay que transigir bajo ningún concepto. Como mucho, un tocadito en el pelo y que sea lo más natural posible. Y la sesión de fotos previa, ni hablar. El vestido se estrena el día de la comunión y no se hable más.

Y si sólo fuera la comunión de tu niña, pues lo llevas mejor o peor. Pero es que encima este mes no dejas de recibir invitaciones de comunión y para cada una tienes que poner a toda la familia de punta en blanco, sin repetir modelito. Ahí también tienes conflicto asegurado. Si vistes a tus niños con camisas del caballito, porque hay que ver qué pijos los vistes; si no estrenan ropa, porque los llevas de cualquier forma, con lo importante que es este día.

Menos mal que por lo menos en ropa de niños ahora hay mucho donde elegir. Me dan mucha envidia nuestras hijas, con la ropa tan chula que pueden vestir. Esta semana vi la colección de niños de Chloé y es para llevársela enterita. Vamos, que si hubiera talla de mayor, ya me hubiera quedado un par de faldas y vestidos, porque encima la ropa cuesta una décima parte que la de mayor, y son modelos idénticos a los de la colección del verano pasado. Ideales, la verdad. Y en Cristina tienen una ropa de locura para los más pequeños. Y en Bompoint, ni te cuento. Por cierto, que con esto de la crisis, hasta hay tiendas con descuento. Papos ya tenía un veinte de descuento la semana pasada, fíjate como deben estar las cosas.

Vamos, que a tus niños los puedes poner tan guapos como las gemelas de Tita Cervera. Eso sí, cuando termines las compras, entre zapatos, vestidos y peluquería infantil, apenas te quedará presupuesto para tu modelito. Gracias que existen los outlets, esas tiendas donde venden restos de colecciones anteriores. El que tiene Siete Mares en la calle Jorge Juan está fenomenal, tienes todo al 70 por ciento, hasta los vestidos de Chloé del verano pasado, esos de seda con falda de tablas y estampado sesentero. Monisimos y aptos para ir de comunión.

domingo, 11 de mayo de 2008

Para mí fucsia y con manga francesa

Hoy en día, tener un Vuitton o un Loewe ya no es para nada símbolo de estatus social. Desde que todos, hasta los más pobres, podemos comprar vuittones y loewes, llevar un bolso de marca, incluso puede resultar vulgar, ¡qué cosas! Las firmas de lujo lo saben perfectamente y tienen un problema: por una parte, necesitan vender bolsos a tutiplén; por otro, tienen que dar exclusividad a clientas que necesitan sentirse especiales con algo inasequible para el resto de mortales. Por eso, en Vuitton puedes encontrar bolsos de 400 euros y otros de más de 3.000. Todo el mundo puede comprarse unas gafas Bulgari de 200 euros, pero no todos un rejol de oro de seis mil. Y así van jugando, entre una orilla y otra, tratando de mantener el equilibrio. Si se pasan por abajo, la marca se vulgarizará. Si se pasan por arriba, sólo venderán a cuatro ricachonas, y el negocio también se vendrá abajo. Pero como estas firmas son tan listas, y tienen a muchos lumbreras en nómina, han dado con la solución: contentar a los pobres y a los ricos. Para unos, perfumes y gafas de sol; para los otros, bolsos hipermegaexclusivos con lista de espera de meses.

Últimamente, algunas firmas están dando un paso más con servicios exclusivos para clientes vip. Ahí está Zegna con sus trajes a medida, Vuitton con sus encargos especiales tipo una funda para la correa de paseo de mi perro. Hermès con sus bolsos Birkin y Kelly, que puedes encargar en muchos tamaños y con pieles exóticas de todos los colores. O Loewe, que ha lanzado un catálogo especial de prendas piel que puedes personalizar a tu gusto. Un lujazo y, además, garantizado que no tropezarás con una chaqueta de piel idéntica a la tuya.

Esta semana, algunas clientas de Loewe han podido conocer el nuevo servicio Loewe Leather Collection, una colección de ropa de piel a medida que solo se hace por encargo. Ha sido la primera experiencia en Valencia. En Barcelona y Madrid –donde imagino que hay más demanda- ya lo llevan haciendo un par de años. Citan a sus mejores clientas a un hotel lujoso y allí les toman medidas, les enseñan las pieles, los distintos tonos de piel y la colección completa de piezas de napa, ligeras pero abrigadas, modernas pero de las que te duran varias temporadas.

He visto el catálogo y es una pasada. Son prendas muy básicas pero con el sello inconfundible de Loewe: pantalones de montar, faldas pitillo, chaquetas de visón rasado, saharianas y abrigos de piel vuelta, astracán, zorro y visón. Los colores, desde los básicos beige, negro, marrón, verde oscuro y blanco. Y los modelos, prácticos y funcionales, reversibles y muy versátiles. Vamos, que tienes la típica chaqueta que tanto vale para vaqueros como para un vestidito con tazones. O, al menos, es la justificación que utilizamos todas cuando queremos invertir en una pieza cara. ¡No, si me saldrá barato de las veces que me la pondré!

Bueno, y también hay colección de hombre. Elegante, como no. Desde luego, el modelo del catálogo está guapísimo, claro que con cualquier chaqueta de Zara también hubiera estado bien. Total, que lo de Loewe sí que es un lujazo máximo. Una prenda única e irrepetible, para ti solita. No como algunos bolsos de marca, como el Neverfull, que el año pasado estaba en lista de espera y sólo algunas afortunadas lo llevaban al hombro, y este año se ve tanto como el shopping de loneta de CH, ¡uff!

A mí lo de Loewe me parece lo más del lujo. Llegar a la tienda, sentarte cómodamente, ver pieles, elegir modelito y esperar a que un artesano confeccione a medida tu chaqueta y te la entregue el próximo invierno. En fin, por ahora me tendré que conformar con las gafas...

domingo, 4 de mayo de 2008

¡Chams, te necesito!

Primero fue el peluquero. Ninguna mujer podía vivir sin su peluquero de confianza, ese Rupert que Victoria Abril llamaba desesperada -¡ay, cuántos años!-, ese que te cortaba el pelo como ninguno; Luego vino el entrenador personal. ¡Cuántas mujeres –y cuántos músculos- estarían perdidos sin su entrenador! Y, ahora, lo que no te puede faltar bajo ningún concepto es un especialista en estética. No eres nadie sin ese médico que te conoce mejor que tu marido: aquí necesitas un pinchazo de mesoterapia facial, aquí unas sesiones de endermología y en este otro sitio, con un poco de botox, estarías ideal de la muerte, para que tus amigas se mueran de envidia.

Lo de los pinchazos en la cara, sin ir más lejos, está causando furor. Fíjate en el famoso Doctor Chams, que a pesar de la polémica, tiene la consulta llena cada vez que viene a Valencia con su maletín lleno de jeringuillas. Y son mil euros por sesión, nada menos. Esta semana pasada estuvo en Desirée pinchando y a cada cliente le entregaba una fotocopia de una entrevista suya en Hola, donde trataba de resarcirse del reportaje en el que Ángela Portero le acusaba de estafador. Yo de Chams no presentaría una entrevista en Hola como prueba de mi solvencia. Si la entrevista saliera en la revista Science, pues todavía, pero en una revista del corazón… Además, Chams no necesita contraatacar. La mejor prueba de que sus tratamientos funcionan es ver la piel que se les queda a sus pacientes. Muerta de envidia me tiene una amiga que con diez años más que yo parece tener diez menos. ¿Qué más pruebas se necesitan?

Tanta envidia me daba, que me fui rauda y veloz a ver a una amiga que pincha algo parecido a lo del doctor Chams para que me informase hasta el detalle. Ursula Sopena me lo contó todo, todo, todo. Por partes. Para empezar, lo que hace Chams –y ella también, como otros médicos especialistas- se llama mesoterapia facial, un tratamiento antienvejecimiento. Consiste en inyectar en la piel del rostro, con una aguja muy fina -¡uff, que yuyu!- un cóctel de sustancias: vitaminas, aminoácidos, coenzimas, minerales, antioxidantes y ácido hilaurónico. El resultado es que mejora la hidratación profunda de la piel, que se vuelve más luminosa y uniforme, además de reafirmada. El número de sesiones depende de cómo esté tu piel de estropeada. Lo normal son dos o tres para empezar, y luego un mantenimiento cada seis meses.

Ahora viene el truco. Cuando ya has cumplido los cincuenta, el óvalo de la cara se desdibuja y se vuelve flácido. ¡Ay, que horror! Entonces, además del cóctel de vitaminas + hilaurónico, hay médicos que pinchan otra sustancia llamada sculptra. Su nombre lo dice todo, su función es dar volumen en zonas deprimidas. Con sculptra, la cosa de los pinchazos se complica, porque con el relleno corres el riesgo de que se queden pequeños bultitos en la cara. Es lo que denunciaban algunas pacientes de Chams en el reportaje de Tele 5, los bultitos. La duda con Chams es que como no sabes lo que inyecta, porque ahí está precisamente su secreto, pues siempre queda la duda.

Y ahora, el precio. ¿Porqué Chams cobra mil y otros la mitad? La diferencia está en la experiencia, el prestigio y la fama de cada uno. Pero, vamos, lo que se inyecta es lo mismo, porque son sustancias aprobadas por el Ministerio de Sanidad. Otro tema sería que algún médico inyectase en la piel sustancias aprobadas por sanidad para uso tópico y no para inyectable, -uff-. Total, que después de hablar con la doctora Sopena lo que me queda muy claro es que no puedes ponerte en manos de cualquiera. Si no lo haces con tu pelo, con mayor motivo con tu cara bonita, vamos.

domingo, 27 de abril de 2008

Alex & Dior

¡Menuda fiesta organizó Alex Vidal en su tienda de Hernán Cortes! El motivo: presentar la nueva colección de ropa y complementos de Dior, que Alex tiene en exclusiva en Valencia desde esta temporada. Lo de Dior con Alex Vidal era una alianza previsible y natural. La ropa de Dior, diseñada por Galliano, es perfecta para la mujer que viste en Alex Vidal, que no es la misma, por poner un ejemplo, que la que viste en Chapeau. Si a la de Alex Vidal le gustan los trajes chaqueta sexys, marcando talle, con tacones y bolso lady, la que viste en Chapeau prefiere las bailarinas, los vestiditos sueltos y el bolso grande y práctico. Nada que ver la una con la otra. Vamos, que Dior pega bien con el resto de las firmas de Alex Vidal, como Valentino, Blumarine, Cavalli, Ralph Lauren. Y, al revés, desentona bastante con Marni o Miu-Miu, por seguir con el ejemplo. A las ricas rusas les chifla Dior. A las pijas neoyorquinas, Prada. La mujer Dior es clásica y aristocrática; la otra, moderna y chic. Llevado al extremo, una pecaría de cursi y la otra de fashion victim. Pero vamos, no es el caso.

Fíjate como son las cosas, que Chapeau ya se trajo la colección de Dior hace varias temporadas, pero no convenció a su público, que busca ropa más juvenil y con otro rollo. Tanto es así, que se la dejaron. Después, Alex Vidal empezó con los complementos de Dior, y ahora ha conseguido también la colección completa de prêt-à-porter. En la tienda de Alex, Dior estará como en su propia casa. A sus clientas les gustará el estilo Dior, que recuerda un poco al de Lady Di de sus últimos años, -¡pobrecita, qué final tan trágico!-, con vestidos que se ajustan al talle, muy femeninos y sastres sofisticados.

Total, que Alex Vidal estaba tan contento con tener Dior en su tienda, que quiso celebrarlo por todo lo alto. Los de Dior también estaban por la labor, por eso se vino un equipo desde París para poner la tienda a punto y vestirla de arriba a abajo con la imagen de Dior. En la fachada, una pantalla proyectaba desfiles de la firma francesa; la planta baja estaba casi toda panelada con imágenes de la colección y en el primer piso, donde Alex tiene la zona de alta costura, además de los paneles dispusieron tres o cuatro mesas coquetas con las clásicas sillas Luis XVI que tanto admiraba Christian Dior. Resultado: parecía que estabas en la mismísima tienda de Dior en la Avenue Montaigne. Hasta las cerillas con las que encendieron las velas decorativas eran de Dior (ni que decir tiene que acabaron en el bolso de alguna respetable invitada, pero no digo más).
Lo de las sillas con mesita camilla era tan tentador que más de una se sentó a cotillear de esto y de lo otro. Mientras, los camareros llenaban las copas de champagne francés e iban pasando bandejas del catering de El Alto de Colón. Buenísimo todo, la verdad: sushi, espuma de huevas de salmón y patata, bolitas doradas de foie, jamoncito del bueno (¡¡¡¡sí, sí, sí!!!!) y algunas exquisiteces más, como las bolitas de queso con remolacha o los crujientes de morcillita. Umm. Por la tienda fueron pasando amigos y conocidos: Josep Lozano, contando novedades de la Pasarela Cibeles; Mara Calabuig, que se fue del grupo en cuanto empezamos a hablar del Comité de selección de la Semana de la Moda de Valencia (hizo bien, porque menudo temita); Javier Calvo, saludando a Blanca Fitera, (¡ay que monos sus tacones art decó de Prada!), Cuchita Lluch con sus pendientes de Vicente Gracia y hasta la Alcaldesa Rita Barberá y Mayrén Beneyto (en la foto con Vidal), que no se dejan ver en cualquier evento así porque sí, posaron para la foto. Mayrén, tan puesta en moda, llevaba un sastre. De Dior, claro.