martes, 30 de junio de 2009

Los buenos con los buenos

Hay personas que además de ser interesantes, actúan como un imán con la gente interesante. El resultado es que todo lo que hacen suele ser enormemente interesante, ya sea elegir su vestuario, organizar un cóctel o reunir a un grupo de amigos. Es un poco como eso del dinero hace dinero, pero con el talento y la creatividad.
Y al revés, los hay que destilan mediocridad, se rodean de gente mediocre y transmiten medianía en casi todo lo que hacen. Así es la vida: algunos nacen con talento y se rodean de talento y los hay, pobres, que por mucho que se empeñen nunca superarán la mediocridad.
Vicente Gracia está claramente en el grupo de los primeros. Casi todo lo que hace resulta atractivo. Por supuesto las joyas que diseña, pero también las ferias en las que participa, los lugares que visita, y todo eso se realimenta y repercute a su vez en su trabajo.
El joyero valenciano acaba de llegar de Dubai, de participar en un showroom de alta joyería organizado por uno de los hijos de Camilla Parker, nada menos. Uno de los vástagos de la esposa de Carlos de Inglaterra, se ha montado un club privado de lo más elitista llamado Quintessentially. En ese club megaselecto, tan pronto te organizan un viaje con avión privado en un plis plas, como te reservan hoteles de lujo, te consiguen entradas para la zona vip del concierto de Madonna o ediciones superlimitadas realizadas exclusivamente para socios del club. Vamos, para ricos muy ricos.
Pues bien, el club de Tom Parker Bowles invitó a Vicente Gracia a participar en una feria de joyería de lujo en Dubai y si las joyas de Gracia son para morir por ellas, había que ver las del resto de joyeros que expusieron: Harshad Ajoomal, Sélim Mouzannar, Nicolas Varney o Vernissage, todos ellos maestros internacionales aunque poco conocidos en mercados convencionales. ¡Qué pasada de joyas! Más que joyas, son obras de arte, diseños exquisitos y carísimos.
En el catálogo de la exposición Quintessentially, se decía de Gracia que “la especificidad mediterránea de su trabajo y el componente alegórico de sus obras que indaga por la cultura islámica, cristiana y hebrea sellada en la rareza de sus piedras y composiciones, son los factores determinantes en la consideración de Vicente Gracia, uno de los joyeros más prestigiosos del siglo XX”.
Desde que ha entrado en los circuitos exclusivos de subastas internacionales en Christie’s, Gracia ha insertado la alta joyería española en las más exclusivas exposiciones de arte de ciudades como Ginebra, Londres, Dubai o Nueva York.
Lo próximo que ha organizado es una exposición denominada “espíritu y alegoría. Obras maestras de la colección Nolte de Munich”, una exquisita selección de tallas del gótico, que exhiben las peculiaridades iconográficas del medievo alemán.
"Son obras procedentes en su mayoría de diversas catedrales del norte de Alemania de finales del siglo XIV y XV, que entraron en la colección salvadas de la quema de la Segunda Guerra Mundial y que permanecen originales sin ningún retoque o restauración. Por ello, exhiben de una forma directa la impronta del trabajo de los maestros de la talla del gótico alemán caracterizados por ese equilibrio entre naturalismo y expresionismo, que crean una inquietud latente en todas las composiciones.
La delicadeza de las formas del gótico abordadas desde la dureza de la técnica de la talla, contrasta con el refinamiento decorativo de los paneles procedentes del Palacio Real de Bruselas, que complementan de forma efectiva la muestra.
Esa combinación de símbolo, refinamiento y alegoría se encuentra también presente en el concepto artístico de Vicente Gracia, respirando la misma atmósfera de su atelier como una consecución natural que el tiempo, la historia, el arte y los secretos de la joya han provocado en un mismo espacio."
La exposición de Vicente Gracia se inaugura hoy miércoles en su taller de la Calle la Paz y seguro que entre los invitados hay más de un valenciano interesante. Los buenos suelen ir con los buenos.

miércoles, 24 de junio de 2009

¡Qué lujazo de costura!

Los valencianos llevamos años esperando un acontecimiento interplanetario de primera magnitud que ponga las cosas en su sitio en el mundo de la moda: una conjunción de astros que abra los ojos de las autoridades políticas y les muestre que lo bueno de Valencia es alta costura y no el pret-a-porter; los vestidos a medida y no las camisetas de algodón; las flores, las gasas, las sedas y no las minifaldas minimalistas de a tres euros las unidad. En fin, ¿qué le vamos a hacer?, seguiremos esperando a que Júpiter se interponga entre Venus y el sol.
Esta semana, en la feria hipermegapija del lujo que se montó en El Puig, desfilaron los grandes diseñadores valencianos, y dejaron claro que lo suyo es arte y lo demás coser retales.
No sé por qué nos empeñamos en promocionar el pret-a-porter valenciano, en el que no somos ni de lejos los mejores, cuando aquí lo que tenemos es un pedazo de diseñadores de costura a medida que ya quisieran las madrileñas o las catalanas.
Valentín Herráiz, Juan Andrés Mompó, Javier Villajos, el mismo Montesinos están todos en su mejor momento: tienen talento, experiencia, años de oficio, una forma de hacer personal que han demostrado desfile tras desfile, y lo que es más importante, son capaces de hacer ropa que te hace soñar. Y eso no lo hace cualquiera.
No lo entiendo. No entiendo cómo no cuidamos y defendemos este patrimonio tan nuestro en lugar de intentar copiar modelos que no podemos superar. Valencia nunca será Milán ni Londres ni NY. Es muy difícil que hagamos una industria fuerte de la moda. Pero… en la artesanía y la costura a medida hay un camino. En eso somos buenos y hasta muy buenos. Ahí está Vicente Gracia, con esas joyas que vuelven locas a las ricas de medio mundo y que se venden en Barneys de NY, ¡nada menos!
Las joyas de Gracia tienen raíz valenciana y árabe, su fuerza está precisamente, como Montesinos y otros, en alimentarse de siglos de historia y cultura valencianas. Los pobres yanquis tienen pocos años de historia, pero aquí, como te pongas a rebuscar, tienes para mil colecciones.
Los invitados salieron encantados de los desfiles del Gremio de Sastres y Modistas en la Feria del Lujo; a las mujeres es difícil que nos engañen. Cuando a una mujer se le abren los ojos como platos al ver un vestido y piensa que tiene que ser suyo a cualquier precio, entonces la colección es buena. Y esta semana, la magia surgió en todos los desfiles. A mí me paso con el vestido rojo de fiesta con el cerró Montesinos. ¡Ay, lo quiero ya! Y con el vestido de cóctel en raso de algodón amarillo con cintras de rafia de Juan Andrés Mompó. Ya me veía así vestida de lo más glamourosa en un cóctel pijo. Y lo mismo me ocurrió en el desfile de Javier y Javier con el abrigo tres cuartos con seda tramada y con costuras a la vista…. Y con los vestidos de novia de Valentín Herráiz, que daban ganas de casarse por segunda vez. Herráiz, maestro mayor del Gremio Artesano de Sastres y Modistos, siente verdadera pasión por su profesión y está intentando recuperar la producción artesanal en la costura.
Alguien, en alguna Conselleria, debería preguntarse qué está pasando, por qué Valencia niega a sus artesanos la promoción que sí que da a media docena de maltrechos talleres de pret-a-porter que no despegan ni despegarán porque son mediocres, no dicen nada nuevo y no tienen el tejido industrial y comercial que se necesita para competir con Milán, Nueva York, Londres o París.
Una de las cabezas más lúcidas de la moda en España, la de Carlos García Calvo, decía hace poco, a propósito del impresionante desfile de Montesinos en la Barcelona Bridal Week, que no entendía por qué el valenciano no desfilaba en Valencia. “Viendo su breve colección de ayer –decía- muchos opinaron que era un drama que Montesinos lleve tanto tiempo alejado de la pasarela valenciana. Sus colecciones eran, junto con las de Hanníbal Laguna y Dolores Cortés, lo único interesante en un certámen, el valenciano, cada vez más parroquial y de una mediocridad aplastante”.

miércoles, 17 de junio de 2009

El lujo busca quien le compre

¡Fíjate tú, con la que está cayendo y esta semana se inaugura en El Puig una feria del lujo! Acceso gratis para quien tenga invitación, es decir para los clientes de los expositores, oh-seea para los ricos; los demás, hijaaa los pobres, a pagar doscientos euros si quieren entrar. Palabra de Montañera Teresiana que odio a todas las tiendas pijas de Valencia por no haberme enviado una invitación… Oh-seea, oh-seea, fatal, me siento fatal. Menos mal que alguien me invitó al show-room de Manolo Blahnik y eso me ha subido la autoestima para un par de meses, aunque yo sigo con mis bambas, que en verano son la mar de cómodas.
Pues mira, sabes qué te digo, que chincha y rabia, que no pienso ir a esa feria del lujo en el Huerto de Santa María. Además el otro día vi en la tele un reportaje de ricos y salió una de esas ferias y me pareció un tanto pretencioso. Supongo que habrá de todo, pero me pregunto qué tipo de ricos asistirán.
Siempre he creído que los ricos se pueden dividir en tres grandes grupos. Están los ricos viejos, los que han heredado su fortuna, normalmente en tierras y pisos que valen un Potosí, pero que cuesta otro mantenerlos. Así es que habitualmente, este tipo de ricos tienen más pasta que pesan, pero van cortos de cash y pasan el verano en la finca familiar porque les viene cuesta arriba pagar la cuenta de un hotel. Eso decía la mismísima Carmen Lomana en el reportaje, que tenía amigos con mucho patrimonio pero que no podían ni comprar en el supermercado.
El segundo grupo son los nuevos ricos: ganan pasta a punta pala y la gastan con alegría porque les da igual lo que suba la cuenta del hotel o el cargo de la tarjeta, saben que el mes que viene sus cuentas de crédito volverán a rebosar. Suelen ser fanfarrones y muchas veces con un toque macarra de mal gusto, como algunos futbolistas.
El tercer grupo es de la gente güay, el de los glamurosos de verdad. Son gente que no sólo tienen pasta, sino que además la ganan a capazos. Son los hijos de familias bien que ganan dinero con su trabajo o rentabilizando bien su patrimonio. Estos son los que molan: gente elegante y discreta que desprecian la ostentación tanto como compadecen la penuria.
Cabría un cuarto grupo: el de los inmensamente ricos, los de la lista Forbe’s. Pero estos son pocos, demasiado pocos, en Valencia se cuentan con los dedos de una mano y si se hace una criba con los que sólo han aparecido en una edición, nos sobran cuatro dedos.
En fin, descartados el primer y el cuarto grupo, nos quedan los dos del centro: los nuevos ricos, y la gente güay. Y está por ver cuál de los dos grupos predomina en la Feria del lujo. Porque el otro día en la tele salio un señor, en una de esas ferias, que se jactaba de celebrar sus pelotazos en los negocios dándose un atracón de caviar y champán... un poco, como diría yo, un poco tal eso de atiborrarse a caviar como si fuesen almendritas.
La feria del lujo tendrá casi 4.000 metros cuadrados. En una sala, estarán los megajoyeros con sus megajoyones; en otra los megadeportivos; en otra los megayates y entre una y otra supongo que estarán los visitantes megaricos, porque si no veremos a quién le venden…
Lo mejor de la feria del lujo es que podremos ver desfiles de muchos diseñadores valencianos que deberían estar –pero lamentablemente no están- en la Semana de la Moda de Valencia, como Valentín Herraiz, que desfilará el 17; y Juan Andrés Mompó, Javier y Javier y Francis Montesinos que lo harán el 18. ¡A eso sí estoy invitada y no me lo pierdo!
Total, que habrá que ver la feria antes de opinar, aunque a mí, de entrada, me parece más elegante la venta privada de Manolos que organizó Verónica Montijano en su estudio de Cirilo Amorós, que meterte en un enorme recinto lleno de coches macarras a buscar unos pendientes. Además, con los 200 euros que cuesta la entrada, hasta te da para comprar unos Prada, que el lunes ya empiezan los descuentos en muchas tiendas pijas.

miércoles, 10 de junio de 2009

El glamour llega a las bodas, banquetes y comuniones

Hasta ahora, las bodas se movían entre dos extremos: el lujo más hortera y la estética de Falcon Crest. Los edificios para celebrar bodas pecaban de pretenciosos, con enormes vestíbulos con mármoles, grandes centros de flores y hasta columnas romanas, ¡quant mes millor! La estética minimalista, esa corriente estética que defiende la ausencia de decoración y elementos superfluos, había triunfado en otros lugares, pero no en Valencia, donde el minimalismo tenía poco que hacer en una ciudad que siente devoción por todo lo barroco.
Total, que si eras una novia estilo Lady Di, pues encantada de la vida. Pero si eras una novia sencilla, y tu vestido se parecía más al de Carolyn Besset, (la novia Jonh-Jonh Kennedy que epató con un sencillo diseño de Narciso Rodríguez) que al de Rocío Jurado, celebrar el banquete en una mansión Falcon Crest te podía sumir en la más profunda de las depresiones.Afortunadamente las novias que adoran el minimalismo ya tienen un espacio a su medida en Valencia. Se llama Myrtus y es obra del arquitecto Ramón Esteve, el mismo que diseñó durante años para Gandía Blasco.
El edificio está en Puzol, en la zona de Monte Picayo, y se reconoce fácilmente por sus líneas limpias y blancas de hormigón. A diferencia de otros salones para bodas, no tiene una entrada principal, sino un núcleo central con dos alas llamadas simbólicamente sol y luna. Nada sobra. Lo único que rompe la estructura neutra de la sala es entramado irregular de círculos en el artesonado. El blanco, la luz natural y los espacios abiertos son protagonistas.
Detrás del proyecto están Mª José Lladró y María José Roca, de Hidromiel. Cinco años llevaban trabajando hasta conseguir lo que se proponían: un espacio distinto y alternativo al resto de la oferta en Valencia.
Mytus se inauguró la semana pasada con un cóctel por todo lo alto. Acudió lo más principal de Valencia. Vicente Garrido, Juan Roig, Rafael Ferrando, Federico Félix, la familia Lladró al completo, el concejal Felix Crespo, Vicente Lacomba con su mujer Amparo Morte-, el notario Carlos Pascual, Mayren Beneyto, las hermanas Fitera, José Tamarit de Chapeau, Lorenzo Pérez, de Mundosentidos, Presen Rodríguez con su familia… Yo diría que más hombres que mujeres, cosa extraña en los cócteles, donde más de una mujer se deja al marido en casa con zapatillas y bata.
El caso es que la gente tenía ganas de arreglarse y la ocasión lo merecía. Hubo de todo, pero en general mucho estilo. Triunfó el vestido a la rodilla en todas sus versiones: palabra de honor, con una sola manga, de seda, con estampados tipo Pucci, negros (pero pocos), blancos… El color que le falta al edificio lo pusieron los modelitos de las invitadas.
En la presentación, Mª José Lladró habló de su proyecto, de cómo quería aportar algo distinto a Valencia, mientras que su socia, Mª José Roca, explicó que el origen del nombre Hidromiel venía del brebaje romano a base de miel y agua, que las parejas recién casadas debían tomar durante un ciclo lunar después de la boda para conseguir hijo varón. Hablar de la luna también tenía sentido dado que uno de los espacios del edificio está dedicado a la luna.
La zona dedicada a la luna, como el resto del edificio, ha sido decorada por la interiorista Verónica Montijano. En la luna, Verónica ha creado una zona acogedora con sillones de piel y elementos de madera. La única referencia iconográfica a la luna es la pintura de José Cosme, un trabajo de serigrafía donde la luna está confeccionada con una tela que evoca la estética de los sesenta. Las imágenes de las pantallas de plasma también eran de los sesenta. Por un momento, me acordé de la película El Guateque. La fiesta de Mytus no acabó en desmelene, que aquí todos eran muy formales.
La de Myrtus no fue la única fiesta de la semana. La revista Hello organizó un cóctel en el Veles e Vents para presentar una nueva crema de La Prairie ¡nada menos! Como imagen de firma, estuvo Céline Cousteau, nieta del famoso Jacques Custeau. Ni que decir tiene que la mayoría de invitadas fueron mujeres. Y por supuesto, todas probaron las famosas cremas suizas.

miércoles, 3 de junio de 2009

Los ricos no se dejan ver

El glamour valenciano no está atravesando sus mejores momentos. No hay alegría por las calles, apenas hay fiestas y los bolsos de lujo no se venden ni con descuento, me decía la dueña de una tienda de ropa pija. Con la crisis, hasta los ricos han dejado de comprar. Pero la afirmación no es del todo exacta. En realidad, los que han dejado de comprar son los nuevos ricos. Los ricos de toda la vida siempre ha sido más bien discretos y a ellos la ostentación de un bolso de seis mil euros les parece una horterada.
Los ricos de siempre no necesitaban demostrar que habían triunfado. La ostentación de un bolso de marca o de suelos con mosaicos de mármol venía del dinero fácil y del enriquecimiento rápido. Venía de la recalificación de un campo de naranjas o del pelotazo inmobiliario. Como ese dinero fácil se ha terminado, pues las tiendas de lujo no venden. Hay gente que sigue teniendo mucha pasta, pero cuando todo el mundo lo está pasando mal, hacer ostentación provoca rechazo social.
Así las cosas, hay que echarle mucha imaginación para vender objetos de lujo en tiempos de crisis. En un alarde de creatividad, algunos se han sacado de la manga las ventas privadas, fíjate qué listos. Ya lo hizo Loewe con una exposición venta en la galería de arte Pazycomedias. Allí podías comprarte un Amazona en piel de coco con un trato personal y lejos de las miradas de curiosos. Además, lo de unir lujo con arte, parece que queda más fino. En ese caso, no estás comprando un bolso con logotipo visible propio de nueva rica, sino una pieza de artesanía que casi es una obra de arte.
La venta privada es una buena solución cuando no tienes tienda abierta al público. Loewe sí que la tiene, pero al paso que va, tardará un montón en abrirla, porque el arquitecto Peter Marino se está tomando la reforma con mucha calma.
Manolo Blahnik no tiene tienda en Valencia, ni creo que la abra hasta que esto no se anime. En este caso, la venta privada es perfecta. Así lo ha visto la interiorista Verónica Montijano, que se trae a Valencia la colección de Manolos primavera verano 2009 los días 10 y 11 de junio. Quien quiera una invitación, sólo tiene que acercarse a la galería de decoración VM en Cirilo Amorós 68 y pedirla. Además, toda la colección tendrá un descuento especial del 10 por ciento. No es mucho, pero ya es algo.
De la colección que vendrá a Valencia, dice Manolo Blahnik que “De alguna manera, lo que quería conseguir era un retorno a los básicos. Parece que el mundo se ha vuelto loco con los zapatos, se está llegando a un punto casi fuera de control. Por eso quiero devolver la importancia a detalles como la línea, la proporción y el balance para crear el perfecto zapato de salón, sin trampas ni caos….y dándoles el toque divertido con la selección de los colores”. Por cierto, en la venta habrá Manolos con tacón pero también mucho zapato plano, ¡menos mal!
También dice Blahnik que “aunque estemos en tiempos de crisis, es importante que la moda siga floreciendo. Definitivamente este no es un momento par extravagancias, pero esto no significa necesariamente que no podamos ofrecer un poco de diversión”.
Un poco de diversión es lo que intentó ofrecer Lladró al encargar a Carlos Haro que diseñara vestidos alta costura inspirándose en la alta porcelana. La presentación fue el jueves en la tienda Lladró de Poeta Querol. Pero los ricos brillaron por su ausencia. No está la cosa para dispendios en figuras de 18.000 euros, aunque sean tan impresionantes como la escultura del dragón rojo. ¡Uff, qué pasada!
Si la costura de Carlos Haro ya es recargada, la que ha creado para Lladró es tan barroca como la porcelana valenciana. Haro ha manipulado los tejidos para conseguir texturas similares a la porcelana: plisados, arrugados, abullonados, deshilachados, bordados, hojas, pétalos... No le ha quedado nada por explorar. La exposición viajará al corner de Lladró en los almacenes Harrods y luego a la tienda de Lladró en Los Angeles. Allí van a alucinar.

miércoles, 27 de mayo de 2009

¡M’han quitao el sentio!

¿En qué se parecen una tienda de ropa sueca y un cantaor de flamenco? En que las dos han hecho perder la cabeza a más de uno esta semana en Valencia. Los suecos abrieron el martes su nueva tienda en la calle Colón y había que ver a la gente dándose tortas por un vestido de Matthew Williamson y comprando como si se acabase el mundo. Es verdad que el día de la inauguración todo estaba al 20%, pero es que el resto de los días, sin descuentos, las colas en el probador eran habituales. Vamos, que a juzgar por las ventas en H&M, nadie diría que estamos en crisis.
Justo al día siguiente, el miércoles, Pitingo ponía en pie a todo el teatro Principal, llenito hasta los topes, con el espectáculo Soulería. Pitingo también volvió loco al público. Tanto que mientras estaba interpretando el Let it be de los Beatles a ritmo de bulería, una chica del público no se pudo aguantar y dijo a voz en grito: “¡¡¡Pitingo, me has quitao el sentio!!!”. Es difícil imaginar cómo debe sentirse uno cuando tienes a cientos de personas entregadas y puedes conseguir que lloren, rían o bailen hasta los tímidos.
Dicen que el éxito suele darse por la mezcla de varios ingredientes, pero los mismos ingredientes no te garantizan el éxito. El secreto de H&M es un equipo de diseño que no sobrepasa los treinta años de edad, según me contaba el diseñador Alejandro Sáez de la Torre, pero también unos precios que parecen imposibles. Vamos, que un top te puede costar lo mismo que una horchata y una falda monísima lo mismo que hacerte la manicura. Te la pones dos veces y ya la has amortizado. Y cuando te cansas, la tiras y a por otra.
La multinacional sueca ha conseguido posicionarse no sólo en el segmento de jovencitas con poco presupuesto, sino también en el de señoras con poderío, que mezclan una falda de Prada con un top de H&M y se quedan tan contentas. De hecho, Mª Angeles Miguel, la directora de Hermès, me confesaba que ella lleva ropa de H&M con piezas de Hermès ¡y funciona!
Los invitados a la inauguración de H&M se jartaron a comprar -¡tiembla Zara de Colón!-. Delante de mí, una señora se llevó 200 euros en ropa, que ya es difícil gastar esa cantidad en una tienda así. Y el mismo Sáez de la Torre me decía que tiene ropa de todas las colecciones especiales que H&M prepara con diseñadores de postín. Este año era el turno de Matthew Willliamson y allí estaba Rafa Pérez Higón, director de Emporio Armani en Valencia, aconsejando a sus amigas qué prendas llevarse huyendo de los estampados más reconocibles, con los que te arriesgas a coincidir con alguien que vaya vestida igual. De todos modos, el Matthew Williamson de H&M poco tiene que ver con las colecciones de pret-a-porter del diseñador. Si alguien lo duda, que se pase por Mala Malísima y vea un vestido original, ¡que pasada! Claro que el precio tampoco es lo mismo: los de H&M cuestan 60 euros y los de colección 1.500…
La lista de invitados a la fiesta fue de lo más variopinta. Tano López Llobet consiguió reunir un cóctel de gente de diseñadores –Tonuca, Alex Vidal Jr, Juan Andrés Mompó, Presen Rodríguez-, celebrities de la tierra –las hermanas Fitera, David Lladró con su mujer Marta-, colegas y periodistas –Josevi Plaza, Marta Vilar, Juana Camps, Mayte Sebastiá, Angela Pla- y un montón de gente joven de la que salió en el blog fashionalistas. H&M dio de comer y beber a todos abundantemente y amenizó la fiesta con la DJ Alexandra Richards, hija de Keith Richards y modelo neoyorquina de 21 años.
La fiesta de H&M no fue la única apertura de la semana. El jueves abrió en Colón el nuevo espacio de Yves Rocher, reconvertido en un Taller de la Cosmétique Végétale, con Eugenia Ortiz Domecq -hija de Bertín Osborne- como madrina. Y en Isabel La Católica ha abierto La Oca Loca, una zapatería de niños con una decoración chulísima. Ah, y la diseñadora Dolores Promesas ha desembarcado en Jorge Juan 29. Abren tiendas, se organizan fiestas, llenan los teatros, ¿será el principio del fin de la crisis? Ojalá…

martes, 19 de mayo de 2009

Cambio cubata de garrafón por Dry Martini

No es lo mismo salir de copas a los veinte que a los cuarenta. Cumplidos los cuarenta te vuelves más fino y exigente, vamos, que no te dejas caer por cualquier antro oscuro, dando codazos hasta la barra para que te pongan un cubata de garrafón. A partir de cierta edad te gusta que te atiendan si tener que gritar, que te sirvan un buen gintonic: Hendrick's, en copa ancha, con piel de limón verde y cinco cubitos de hielo, una parte de ginebra y cuatro de tónica (receta de mi asesor coctelero).
A los cuarenta, te gusta que te sirvan en la mesa, y que te hablen de usted y prefieres calidad a cantidad: mejor una copa como un señor que cuatro de garrafa. Por no hablar de detalles como los baños: si hay jaboncito inglés y toallas limpias, mejor que mejor. Y los sillones, bien limpios, no se vaya a estropear el traje de lana fría de Prada ¡eso jamás! Y las mujeres lo mismo. Empiezas a odiar los sitios donde no puedes ni hablar y sales apestando a humo.
Total, que un sábado cualquiera terminas de cenar en un restaurante pijo y no sabes dónde continuar la noche. La mayor parte de los locales o son ruidosos o están llenos de jovencitos o sirven cubatas de garrafón o te atienden mal o la música es insoportable. Al final, la mejor solución es recalar en casa de un amigo, pero ese plan no mola tanto como salir por ahí.
Los hoteles pijos han tomado nota de las necesidades de los cuarentones y empezan a tentarlos con planes para el fin de semana. Primero fueron los brunch, ese invento tan neoyorkino que consiste en mezclar el desayuno y la comida uno de esos domingos que te levantas tarde. Después promocionaron los restaurantes para intentar cargarse el mito de que en los hoteles se come mal. Cosa que no pasa en otras ciudades europeas, por cierto. Y ahora, se han lanzado a cazar al cuarentón que sale de copas los jueves (y que los fines de semana suele irse fuera de Valencia).
Las terrazas de verano de los hoteles son perfectas para ellos. Allí te puedes tomar una copa bien servida por camareros profesionales, no chicas monas recauchutadas, y puedes ir al baño a retocarte el colorete sin que te den codazos para entrar y con la seguridad de que tendrás toallas perfumadas y hasta agua de colonia fresquita. Allí puedes estrenar tus sandalias Louboutin con la tranquilidad de que nadie te dará un pisotón. O ponerte tu vestido divino de la muerte con la seguridad de que no volverá a casa con un quemazo de cigarro.
Casi todos los hoteles de cuatro y cinco estrellas de Valencia tienen sus terrazas de verano, y esta es la época perfecta para empezar a disfrutarlas. La del Westin es preciosa, con sus sillones blancos y su carta de sushi y de cócteles; la de Las Arenas, espectacular, con esas vistas frente a la Malvarrosa; Y luego hay otras modernas como la del hotel de Quique Sarasola –el Room Mate Atarazanas- que está justo en el ático y también ofrece brunch los domingos y copas por la noche. Ah, bueno, hablando de coctelerías, este mes el restaurante Messana ofrece su “terapia Martini” para que puedas tomarte un dry Martini bien seco antes de cenar.
Precisamente esta semana se inauguraba la terraza de verano del Hotel Urbem, el que está junto al Corte Inglés de la Avenida de Francia. La terraza es pequeña pero acogedora. Allí puedes desayunar un domingo mientras lees el periódico como un señor o disfrutar de un cóctel a la luz de la luna un jueves por la noche. La fiesta de inauguración fue casi una reunión de amigos. Muchos de los invitados se iban después a la terraza del Umbracle, que también abría temporada el jueves.
Las primeras fiestas de verano son como el primer baño o las primeras cerezas. Hay que dejar que pasen algunas semanas y maduren para disfrutarlas de verdad. Los cambios de temporada siempre necesitan un período de adaptación. Después de meses de frío y noches de mantita viendo la tele, llegan las fiestas al aire libre y las noches de verano.

domingo, 17 de mayo de 2009

Arena de Lyon en la Ciudad de las Artes para los caballos fisnos

Lo de hípica tiene un tufo a pijoterío se ponga como se ponga el hijo de la duquesa se Alba que se empeña en negárselo a todo le quiera escuchar. Popular, lo que se dice popular, querido Cayetano, es el tiro de arrastre, eso sí que eso una cosa del pueblo y para el pueblo: caballos que arrastran piedras sobre un suelo arenoso y el público lo ve desde donde encuentra un hueco y el que más madruga, se queda con la tribuna más vip.
Los caballos aristócratas que han venido a Valencia este fin de semana no tienen nada que ver con los del tiro y arrastre. Los de aquí son rechonchos, bajitos y fuertes; los de Cayetano y compañía, altos, espigados y ágiles. Los nuestros andan sobre arena de la playa, o del campo, o de la obra más cercana; los de Marta Ortega sólo ponen sus fisnas pezuñas sobre la arena francesa de Lyón… Eso es finura y lo demás tonterías.
Dicen que Cayetano está contento con Valencia porque aquí ha encontrado por fin el apoyo que andaba buscando. Y encima, la Feria de Valencia le ha hecho un homenaje a la hermana del Rey, que para eso está la Feria… ¡con la que está cayendo y los stands medio vacíos! Dicen que la Infanta Pilar se lo merece porque ha hecho mucho por la hípica y eso sin duda tiene mucho, pero que mucho, mérito.
Pero en fin, el caso es que ayer quien quiso y tuvo cinco euros pudo ver el Gran Premio de España. Pero sin asiento asegurado y con el sol de cara. Si querías estar a cubierto y con silla reservada la broma ya se iba a ciento cincuenta euros. Y si querías codearte con Simoneta Gómez-Acebo, con Carlota Casiraghi, Athina Onassis o Marta Ortega tenías que ser alcaldesa o marquesa y el que no, alé allí lejos y a no molestar, que una cosa es estar juntos y otra revueltos.
La tarde salió nublada y los de la entrada de cinco euros pudieron verlo sin que les cegase el sol vespertino, menos mal. Estuvo tan nublado, que muchos vips empezaron a tener frío. Suerte que Maximo Dutti es uno de los patrocinadores del evento y montó un stand en la entrada del recinto. Por allí se dejó ver Simoneta en busca de una chaqueta para aliviar el frío y a Marta Ortega controlando el negocio –Massimo Dutti es del grupo Inditex-, eso sí la hija de Amancio no llevaba un bolso de casa, sino uno precioso de Hermés que valía más que toda la tienda de Dutti.
Desde la grada del pueblo, la de cinco euros, que es donde tuvimos acceso los chicos de la prensa, ya se sabe esos canallas molestones como moscas cojoneras de las que no te puedes librar, pude ver a lo lejos el look que está de moda entre el público píjo en este tipo de competiciones: polos La Martina o Hackett, chalecos acolchados de la firma belga Scapa y sobre todo mucha bota, que quedan super estilosas sobre vaqueros ajustados y con una rebequita de algodón resulta un look hippie-bohemio con clase. Como dirían los de pueblo, arreglao pero informal. Perfecto para una tarde en la hípica.
El caso es que por la Ciudad de las Artes y las Ciencias se dejó ver lo más pijito del mundo mundial, no para ver el tiro y arrastre, claro, sino para ver a los estilosos y millonarios jinetes y amazonas: Attina Onassis, Carlotta Casiraghi –la hija de Carolina de Mónaco que siempre sale en las fotos con la boca abierta- y por supuesto, Marta Ortega, otra de las ricas herederas del mundo mundial.
Justo en la entrada del reciento, hay varios stands de los patrocinadores: Scapa que tiene ropa pija belga; Rolex que no tiene demasiado público; una tienda de botas de montar de a medio sueldo el par de botas y luego está la verdadera estrella de esa pequeña galeria comercia, que no es otra que Massimo Dutti; ellos sí que se están poniendo las botas, y es que venden ropa pija al alcance de los que han pagado cinco euros… Así es la crisis.

jueves, 7 de mayo de 2009

¡Atrévete con el rojo!

¡Ay, qué duro es esto de mantener el glamour cuando no eres ni princesa ni primera dama! Si llevas las mechas recién hechas, seguro que necesitas ir a la manicura; si por fin has conseguido bajar un par de kilos, entonces va y tienes la piel apagada y necesitas un peeling con urgencia. Y cuando milagrosamente está todo en su sitio, vas al armario y no tienes qué ponerte. O lo que es peor, fallas estrepitosamente con el modelito o con los zapatos que has elegido ¡qué dramón!
Hasta las princesas, que tienen un batallón de asesores a su servicio, meten la pata de vez en cuando al presentarse en público. Sin ir más lejos, hay que ver cómo se vistió Doña Leti en la cena de gala con los Sarkozy. Ni su peor enemigo la hubiera peinado con esos tirabuzones, por no hablar del polisón de la falda. Si ella, que cuenta con un ejército de estilistas, asesoras de imagen y esteticistas, mete la pata, ¿qué no haremos las demás plebeyas?
Que Carla Bruni o Doña Leti luzcan estupendas en una recepción, no tiene mérito. Es verdad que hay que tener un buen esqueleto y una cara mona, pero cualquiera de nosotras, sin limitación de presupuesto para el modelito, botox y peeling, entrenador personal, el mejor peluquero, y sobre todo, durmiendo más de ocho horas y sin la preocupación de llegar a fin de mes, estaría ideal de la muerte.
Por ejemplo, no es casualidad ni fruto de la inspiración de la princesa que Doña Leti eligiera el vestido color frambuesa para enfrentarse a Carla Bruni en la escalera del Palacio de la Zarzuela. Según me cuenta Rosa Cervera, una personal shopper valenciana, “es seguro que la princesa haya recibido consejos de un asesor de imagen sobre los colores que van mejor con el tono de su piel y los que más le favorecen. Y seguro que el frambuesa resalta sus facciones”.
Rosa sabe de qué habla porque ella misma realiza análisis de color para descubrir cuáles son los colores que más favorecen. Con la que está cayendo, contratar los servicios de una personal shopper para que te haga un estudio de los colores que te van, parece como mínimo una frivolidad. Aunque si lo piensas dos veces, no parece tan loco.
Para Rosa, las ventajas de un análisis de color son que no pierdas el tiempo en una tienda mirando toda la colección, sino que vayas directamente a lo que te favorece; evites comprar colores que después, sin saber porqué, no te pones, seguramente porque no te favorecen; ahorres dinero en tus compras básicas al invertir en colores acordes con tu piel y distingas con facilidad los tonos que mejor te sientan para poder explotarlos. Vamos, como Doña Leti.
El test de color no tiene más misterio que descubrir qué colores te favorecen según el tono de piel y el color de pelo. Para hacerlo, Rosa utiliza un muestrario de cien telas de distintos colores, con las que te va envolviendo delante de un espejo, observando el efecto que provoca cada color en la piel, el pelo y sobre el color de ojos. Hay colores que a las de piel clara les acentúa las ojeras o, por el contrario, ilumina el tono de tu piel. Como norma general, a las rubias con piel clara les queda mejor el verde oliva y los marrones; a las morenas, el azul, el fucsia, el negro o el cobalto. Los resultados del test suelen ser bastante predecibles. La mayoría sabemos qué colores nos sientan bien y de cuáles hay que huir. Pero, a veces, dan alguna sorpresa y te descubren que el rojo, que siempre has odiado, es tu color.
De todos modos, una cosa es que un color te favorezca y otra que te apetezca llevarlo. La teoría que aplica Rosa Cervera es que el color de la ropa que llevas es casi tan importante como el maquillaje o el peinado. Primero porque el color transmite mensajes muy claros. Si vas vestida de rojo, estás pidiendo a gritos que te miren; si vas de azul, calma, tranquilidad y confianza y si vistes de rosa palo, aparecerás lánguida, aniñada y muy dulce. No hay colores buenos y malos, hay colores buenos para algunas y malos para otras.

miércoles, 29 de abril de 2009

La sangre azul, un camelo muy rentable

La sangre azul no existe ni ha existido nunca, pero sigue siendo un camelo que más de uno sabe rentabilizar. Los hay que utilizan su rancio abolengo para presidir fundaciones sin pegar un palo al agua; a otros les sigue sirviendo para dar un buen braguetazo y a otras para vender joyas o ropa de niños pijos. ¿Qué se le va a hacer? En realidad ellos no tienen la culpa de que a la mayoría de los plebeyos sigamos sintiendo cierta atracción por ese camelo.

Ralph Lauren era un niño pobre que se crió en el Bronx, y el hombre no ha tenido otra obsesión en su vida que parecerse a los nobles ingleses. Esa es la base de todo su imperio, una firma de ropa que imita el gusto de los ociosos aristócratas británicos y que desde el principio causó furor entre los ricos neoyorkinos. Porque a ellos, aunque ricos y americanos, también les gustaría saberse herederos de una estirpe que ha subsistido sin necesidad de pringar sus manos trabajando para ganarse el pan con el sudor de su frente.

Así es que los niños bien de los Hamptons y de Beverly Hills pronto desenfundaron sus tarjetas para llenar sus armarios con las camisas, los pantalones y los blazer que evocaban a los lores británicos en sus cacerías por la campiña inglesa, disfrutando de una vida ociosa al aire libre. Su estilo demostró a los nuevos ricos de los ochenta que el dinero sí podía comprar la clase y hasta una posición social.

Total, que Ralph se forró y vino a Europa –fue el primer diseñador norteamericano que abrió tienda en el viejo continente- y siguió forrándose porque aquí a muchos plebeyos también nos gusta vestir como a los viejos marqueses. Y hay que reconocer que Ralph Lauren hace como nadie las chaquetas de tweed, los cinturones de anillas, los pantalones chinos, las bermudas de algodón a rayas seersucker, los polos y las camisas oxford de botones en el cuello. ¡El fondo de armario más pijo del mundo!

Ralph Lauren es de los que no se conforma con vender ropa, sino una forma de entender la vida. De hecho, sus tiendas en Londres, NY o Los Angeles son como la mansión de un aristócrata, paredes paneladas de madera, sillones Chester de piel y escudos nobiliarios a tutiplén. Justo lo que Lauren nunca tuvo en la infancia, ¡snif, snif!

El caso es que Ralph tiene ahora un imperio comparable al de Giorgio Armani, porque no sólo vende ropa de varias líneas, sino también perfumes, ropa de cama, para niños, relojes y un restaurante en Chicago, ¡por vender, vende hasta la clase!

Precisamente este jueves se presentó en Valencia, en el Corte Inglés de Pintor Sorolla, una de las nuevas líneas de ropa, se llama Lauren y es más clásica y barata que la Blue Label, que también se vende en el mismo Corte Inglés.

Para la ocasión, Ralph Lauren invitó a un cóctel con Alejandra Rojas, embajadora de la firma en España. Alejandra es joven, alta, guapa y estilosa, pero sobre todo, de familia aristocrática. Su madre, la condesa de Montarco, ya fue musa del diseñador Elio Berhanyer. Alejandra saltó a la fama cuando se convirtió en portavoz del accidente que sufrió su madre. Después, por su noviazgo con otro aristócrata, Luis Medina, el menor de los hijos de Nati Abascal y el desaparecido Duque de Feria. De ahí a ser imagen de El Caballo y por fin, Ralph Lauren.

Ahora, como embajadora de Lauren, representa a la perfección a esa nueva aristocracia española, a los herederos de conocidas familias de nuestro país que aúnan el peso de la tradición con una vida de lo más normal (es decir, que tienen que trabajar para vivir). Justo la imagen que busca Ralph Lauren.

La colección de Lauren se describe como “el chic sofisticado pero funcional, lujoso y depurado de las damas elegantes de la Costa Este de los Estados Unidos”. El estilo deportivo de la época dorada de Hollywood, la silueta Safari, el 'look' marinero o el glamour de las citas en los clubes más selectos de los Hamptons inspiran la colección, con el logo del polista en las clásicas americanas azules con botones dorados. ¡El vestuario de los ricos herederos al alcance de todos los bolsillos!