Admitámoslo, Vicent Marzà se está saliendo con la suya y está creando tendencia. El look informal se ha convertido en un mensaje político, ni el mismísimo Carrillo se atrevía a ir a actos oficiales con una camisa arremangada. El traje de chaqueta y corbata se asocian a la vieja política mimetizada con el poder económico y financiero, a la casta que ahora toca derribar. Y ahí está Marzá, desafiando con su mera presencia a esa élite encorsetada en su look de traje oscuro y camisa. “Yo soy la nueva política, el futuro. Estoy cerca de la gente de a pie, de los movimientos sociales, de la gente comprometida. Y a esos, como a mí, las corbatas le provocan urticaria”. Claro que todo eso hace con unas camisas cuello mao, que toma su nombre de Mao Zedong; ¡vaya futuro!
Marzá es el líder estilístico de la parte más izquierdosa de nuestro Consell. Pero la gente del PSPV no parece dispuesta a dejarse arrastrar por esa tendencia. Las tres conselleras del PSOE no renuncian a los cánones de la elegancia más tradicional. Ahí está la estilosísima Gabriela Bravo con su colección de bolsos Vuitton (neverfull, Speedy), los Prada (ay qué monos) la melena con mechas siempre perfectas, el pañuelito de Hermès y los vestidos de corte impecable combinados con rebequitas o chaquetas estilo Chanel. Coqueta y femenina, Gabriela tiene un estilo parecido al de la Reina Letizia, depurado y clásico, chic y sin estridencias.
La Consellera de Vivienda, María José Salvador, también da juego. Ella sí es femenina, tanto que se planta un traje chaqueta rosa bebé con minifalda con vuelo de esos que rozan lo cursi sin ningún tipo de complejo.
Carmen Montón, consellera de Sanidad, debe de estar abonada al Vogue y a Telva porque lleva unos modelitos propios de un posado de revista. Se atreve con minivestidos y escotes sobrios que sólo pueden permitirse las que tienen tipazo.
Las chicas de Compromis, con Mónica Oltra a la cabeza, parecen admirar a Marzà pero no se atreven a ser tan rompedoras. Al final la coquetería femenina se impone a la revolución proletaria. La consellera Elena Cebrián, de Compromís, está más cerca de las chicas del PSPV en esto del estilismo.
Y Mónica Oltra ha dejado en el cajón de su cómoda las camisetas reivindicativas y ha refinado su estilo: faldas, vestidos, blusas de seda, hasta encajes y estampados que recuerdan los vestiditos que nos ponían nuestras abuelas a los nueve años para vernos guapas.
Por su parte, nuestro Presidente, Ximo Puig, igual que su correligionario Vicent Soler, se mantiene fiel al estilo más tradicional de traje oscuro y corbata. Una se imagina una reunión del Consell con Marzà mirando a su jefe y pensando: “así no hay manera de cambiar las cosas”.
En cuanto al PP, nunca han tenido mejor referente estilístico que Eduardo Zaplana, con esos trajes cortados a medida por las tijeras perfectas de Antonio Puebla. Ricardo Costa intentó superarle, pero al pobre le pasó lo que le pasó y nadie quiere parecerse a él. Ahora, Jose Juan Zaplana, que no es familia de Eduardo, quiere devolver a su apellido la gloria perdida.
Entre las mujeres peperas, Isabel Bonig, estilísticamente hablando, está más cerca de Mónica Oltra que de María José Catalá o Dolores de Cospedal, y mucho más que de Soraya Sáenz de Santamaría. La vallisoletana no quiere deslucir junto a la toledana (Cospedal) y eso le ha convertido en una maestra del estilismo para mujeres que no destacan por su altura. La otra pepera con mando en Valencia, Eva Ortiz, es muy coqueta, aunque le falta el refinamiento propio de sus compañeras de la calle Génova y Elena Bastidas va camino de encontrar el punto justo entre discreción y feminidad.
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martes, 17 de noviembre de 2015
lunes, 25 de agosto de 2014
Lujo en Marina Greenwich
Lo más parecido que hay en la Comunidad Valenciana a Puerto Banús es Campomanes. Ahí, hay pasta, pero pasta de verdad, y no lo que crees que hay en tu cuenta corriente cuando se junta la paga extra con la nómina del mes y todavía no han cargado los recibos. Allí, entre los barcos más espléndidos de nuestro litoral, este verano hay dos que destacan sobre los demás. Uno, el Rubeccan: un mega yate de cuarenta y cinco metros de largo, no sé cuántos pisos de alto y toallas de Loro Piana. Con lo que cuesta llenar su tanque de gasolina, Alberto Fabra le cerraría la boca a Montoro durante un par de meses. Sólo arrancarlo debe de costar más que la inversión de todas nuestras vidas en fondo de armario. Por allí se ha corrido el rumor de que su propietario es el presidente de Pfizer, también llamado Señor Viagra; pero de eso nada, monada. El dueño de Rubeccan es el empresario belga Jeroen Piqueur y su dinero no lo ha ganado alargando la esperanza de vida viril de nuestros maridos, sino que es el propietario del banco Optima.
El otro, es el Piaffe II, un velero de 35 metros que disfruta un empresario madrileño. Ese gasta menos en gasolina pero con lo que cuesta la cuerda (perdón, el cabo) que sirve para izar una de sus velas, cualquiera de nosotras se volvería loca la próxima temporada en Chapeau.
Por allí pulula también mucho ruso, que son quienes ahora gastan a manos llenas, como cuando a los españoles nos dio por convertir en solares los campos de patatas y alcachofas, pero mucho más a lo bestia. Dicen las malas lenguas que en alguna ocasión se han visto quinientos euros en el platillo de las propinas de alguno de estos hijos de la Madre Rusia. A los rusos con casoplones y megabarcos es habitual verlos en Saltea, el restaurante más in del puerto, donde se codean con gente de la tierra y habituales del puerto como la familia Bataller de Sha Wellness Clínic, Eduardo Zaplana, el cantante Francisco, que tiene casa en Altea, la modelo Katerina Strygina, ex de Olfo Bosé…
Delante de Saltea Pilar Carbonell montó esta semana su It Market, veinte puestos moda, bisutería, complementos... vamos, las compras perfectas para saciar el ansia de consumo sin provocar un roto en las cuentas. Como tienes que pagar en efectivo, cuando se te acaba el dinero no puedes tirar de visa, lo cual es una ventaja se mire por donde se mire. En el mercadillo podías comprar la toalla Origama, la sensación del verano, un invento que consiste en dos estacas que se fijan sobre la arena y convierten la toalla en una tumbona por arte de birlibirloque. En otro puesto, María José Gomila se trajo los pantalones de punto elástico y estampado de cachemir italianos que parecen de Etro y tienen un aire al look setentero de Jacky O en la isla de Capri. También montó puestecito Isabel Landete, con su ropa de algodón fresquita y cómoda. Y la ONG Kassumay, con sus piezas artesanales hechas a mano en Senegal: collares, pantallas, bolsos clutch con tejidos estampados africanos ideales… (si alguna quiere ayudar, se pueden comprar en www.laetitiafusion.com).
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Por el mercadillo ha pasado estos días Verónica Ceballos, la mujer de Vicente Boluda, Cote Igual, Rosa Lloret, Ana Jofre, Ana Postigo y su marido Miguel Cuñat, Luis Vidal, María Abradelo, Bernardo Guzmán y su mujer, Gildo Puchades y Sandra Grau, el promotor Kiko Murcia Puchades, el empresario Vicente LLácer y su mujer Esther, el empresario hostelero de Benidorm, Vicente Ferrer y el dermatólogo José María Ricart con su mujer Carolina Merino. Le pregunto a Ricart si es normal que Madonna se pasee por Ibiza más tapada que una pobre afgana con burka y dice que es lo mejor que podemos hacer porque el sol envejece que es una barbaridad. Paloma Cuevas también se dejó ver con su marido Enrique Ponce hace unas semanas por el hotel Asia Gardens de Benidorm casi tan tapada como Madonna. ¡Mira que si consolida esta moda y el año que viene tenemos que bajar a la playa con suéter de cuello cisne!
Delante de Saltea Pilar Carbonell montó esta semana su It Market, veinte puestos moda, bisutería, complementos... vamos, las compras perfectas para saciar el ansia de consumo sin provocar un roto en las cuentas. Como tienes que pagar en efectivo, cuando se te acaba el dinero no puedes tirar de visa, lo cual es una ventaja se mire por donde se mire. En el mercadillo podías comprar la toalla Origama, la sensación del verano, un invento que consiste en dos estacas que se fijan sobre la arena y convierten la toalla en una tumbona por arte de birlibirloque. En otro puesto, María José Gomila se trajo los pantalones de punto elástico y estampado de cachemir italianos que parecen de Etro y tienen un aire al look setentero de Jacky O en la isla de Capri. También montó puestecito Isabel Landete, con su ropa de algodón fresquita y cómoda. Y la ONG Kassumay, con sus piezas artesanales hechas a mano en Senegal: collares, pantallas, bolsos clutch con tejidos estampados africanos ideales… (si alguna quiere ayudar, se pueden comprar en www.laetitiafusion.com).
Por el mercadillo ha pasado estos días Verónica Ceballos, la mujer de Vicente Boluda, Cote Igual, Rosa Lloret, Ana Jofre, Ana Postigo y su marido Miguel Cuñat, Luis Vidal, María Abradelo, Bernardo Guzmán y su mujer, Gildo Puchades y Sandra Grau, el promotor Kiko Murcia Puchades, el empresario Vicente LLácer y su mujer Esther, el empresario hostelero de Benidorm, Vicente Ferrer y el dermatólogo José María Ricart con su mujer Carolina Merino. Le pregunto a Ricart si es normal que Madonna se pasee por Ibiza más tapada que una pobre afgana con burka y dice que es lo mejor que podemos hacer porque el sol envejece que es una barbaridad. Paloma Cuevas también se dejó ver con su marido Enrique Ponce hace unas semanas por el hotel Asia Gardens de Benidorm casi tan tapada como Madonna. ¡Mira que si consolida esta moda y el año que viene tenemos que bajar a la playa con suéter de cuello cisne!
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