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lunes, 19 de junio de 2017

Ciento cincuenta primaveras

Tenemos un problema serio que requiere nuestra atención. Los científicos andan buscando soluciones para retrasar el envejecimiento. Hay quien dice que para 2050 la esperanza de vida puede alargarse hasta los 150 años. Eso está muy bien para los niños, perdón, Consellera Montón, quería decir para las criaturas, que nacen ahora. Pero las chicas de la EGB que lleguen a 2050 lo harán con ochenta o noventa años. El problema es que los científicos hablan de detener el envejecimiento, no de retrotraerlo. Y claro, a ver qué demonios haces tú 60 años con tu cuerpo envejecido de noventa. No entramos en qué haces tú setenta años más aguantando las potras de tu Pepe, que si hoy ya empieza a ser un cascarrabias, cómo estará con ciento cuarenta años. Pero a lo que íbamos. Llegas tú mal que bien a 2050. Sobre tus espaldas décadas de lucha contra las arrugas, las canas, los implantes dentales, la dieta… Y ahí estás, con noventa años preguntándote cada día en el espejo quién te ha visto y quién te ve. Aparece entonces la noticia de que si te tomas cada día no sé qué pastilla, las cosas se quedan como están setenta años más. ¡Cómo que como están!, ¡con esta pinta! No, de eso ni hablar. ¡No podéis hacernos esta faena! La opción de pasar de la pastilla no es válida porque eso sería como renunciar a toda la colección de tu diseñador favorito porque no tiene tu talla, antes te embutes en la falda hasta descoserle la cremallera. Así es que nos quedan dos opciones, o confiamos en que la pastilla vaya acompañada de sesiones de rejuvenecimiento milagrosas, o multiplicamos la potencia de fuego contra nuestro envejecimiento.
En esa batalla hay muchos frentes abiertos, no entremos en detalles para no deprimir a nadie, pero ya os los podéis imaginar. Nada escapa al inmisericorde paso del tiempo. El cuidado de la boca es una de las batallas clave para ganar la guerra. De eso, de la estética dental, saben Lucía Asensio y Jose Luís Lanuza, que celebraron el jueves el veinte aniversario de su clínica Asensio Odontología en una fiesta en una terraza de la Marina. La actriz Carola Baleztena hizo de maestra de ceremonia y vino con su marido Emiliano Suárez, de los Suárez joyeros de toda la vida. Carolina llevaba un vestido con un escote en la espalda tan largo que casi deja de ser escote de la diseñadora Adriana Iglesias, que también estuvo en la fiesta, y Lucía Asensio una túnica de Alejandro Resta, su diseñador de cabecera. Lucía estuvo acompañada además por su padre Manuel Asensio y su mano derecha en la clínica Silvia González.
Fue una de esas fiestas de las que no te quieres ir. Estaba lo mejor de cada casa. En una mesa de la terraza, el grupo de las clásicas en estos eventos: Mayrén Beneyto, Merche Fillol, María José García, que pronto celebrará su fiesta de cumpleaños, Amparo Lacomba, Mayte Montagud, Marisa Torrijos, Eva Parra, Chelo García, Carmen Pocovi y entre tanta mujer, el imprescindible doctor Murgui, con look marinero de pantalón y camisa blancas y chaqueta azul marino. Si Murgui era de los más clásicos, el peluquero Alex Jordán fue centro de muchas miradas con un pantalón capri blanco y unas cangrejeras parecidas a las que uno se pone en la playa de roca de Xàbia, rematando la faena con una chaqueta torera.
Más chicos interesantes: Nacho Gómez Trénor, alto, gupo, rubio, ojos azules, con clase… qué más da lo que se ponga; el arquitecto Ramón Esteve (que ha diseñado la reforma de Bombas Gens, donde acaba de abrir restaurante Ricard Camarena), que estuvo con Isabel Rincón de Arellano y los hermanos Jordán, que da gusto lo simpáticos que son.
El joyero Vicente Gracia, que debe de haber tomado alguna pócima milagrosa en sus viajes exóticos a Cachemira, apareció con un tipazo de quitar el hipo y unos abdominales que podrían rivalizar con los de Ronaldo. Con él iba su hijo, que es un clon suyo, y parte de su cuchipandi, con Javier Martínez Rubio y Coté Soler, que no se pierden un sarao. La gente de Moddos estuvo prácticamente al complejo: Ana García-Rivera, María José Duart, Guillermo Martorell y Mamen Puchades, María Dolores Enguix con su marido Marcelo Soto, María José Duart, Amelia Delhom y Encarna Roig, con Mariángeles Miguel.

lunes, 4 de enero de 2016

Las tres reinas magas

Bueno chicas, ya queda poco, sólo dos días y acabamos con las comilonas. Estas no han sido unas navidades cualquiera. El poder político emergente las ha utilizado para marcar distancias con el anterior. Empezaron retirando el Belén de la Plaza del Ayuntamiento y cualquier símbolo religioso de las felicitaciones de Navidad. En Nochevieja convirtieron la plaza del ayuntamiento en una discoteca y el antaño distinguido balcón, reservado sólo a las más altas autoridades peperas y adláteres, en la cabina de un DJ.
A Rita Barberá se le debieron atragantar las uvas. Sólo faltó que algún gracioso cogiera el micro y dijese eso de: “Rita, a cabina”, como en las discotecas de los ochenta. Por lo demás, la fiesta fue un éxito. La plaza llena, sin nada que envidiar a la de la Puerta de Sol, y Ribó mezclado con las masas y levantando su copa brindando por el año. ¡Jopé cómo ha cambiado el cuento en menos de un año! Y lo mejor está por venir. Pasado mañana es la cabalgata de los Reyes Magos. Han prohibido los animales, así es que no sabemos cómo va a ir la Virgen María. Seguro que a Ribó le gustaría que fuese en bicicleta, claro como él nunca ha estado encinta. Pero la pobre mujer, embarazadísima de nueve meses y haciendo equilibrio para arrancar la bicicleta, con esas largas faldas enredándose en la cadena, a punto de romper aguas y haciendo de Induráin por los montes de Palestina. Menos mal que a última hora, nuestros alcalde ha tenido a bien dejar que le acompañe San José; las malas lenguas decían que Ribó había decidido separar al matrimonio antes incluso de que naciese el hijo y estaba dispuesto a dejar sola a María en su hégira de Nazaret a Jerusalén. Todo esto es peccata minuta después de la aparición de la reina maga en la primera Misa del año oficiada por el Papa. Si en el mismísimo Vaticano una niña encarna a un Rey Mago, ¿qué no podría pasar en esta Valencia riboniana? Vayámonos preparándonos para el año que viene. La verdad es que la Consellera de Igualdad Carmen Montón sería una buena Reina Maga. Otra buena candidata sería nuestra vicepresidenta Mónica Oltra. Tiene cara de buena gente, encarnaría bien a Melchor. Y si a la Virgen la hemos sacado en bicicleta, a las reinas habrá que buscarles otro vehículo ecológico, no sé, por ejemplo un skate. Y ya puestos, cambiemos eso del oro, el incienso y la mirra. Porque el oro está por las nubes y no es un regalo adecuado en estos tiempos de crisis; el incienso huele a mercadillo hippy y la mirra nadie sabe qué es. Podrían llevarle al niño arrop i tallaetes, arnadí y unas espardenyes de esparto monas como las que tiene Dolores Boronat junto a la Plaza del Collado. Una tienda ideal que puede ser una solución para la que ande falta de ideas para los regalos de Reyes Magos. Claro que quitarle los camellos a los Reyes Magos sería como quitarle los renos y el trineo a Papa Noel, ponerlo a dieta para que se parezca a Mario Casas y sustituir a los Elfos por niñas para que no se sientan agraviados ni los bajitos ni los gorditos. Luego todo esto habrá que explicárselo a los niños. A ver cómo les explicas que la Virgen María iba en bicicleta aunque hace dos mil años todavía no se había inventado. ¡Ay, chicas, esto de modernizar la Navidad está costando muchos sofocos! En fin, a la espera de ver dónde acaba esto, nosotras a lo nuestro. Ya sólo quedan un par de comilonas y el roscón de Reyes y luego a volver a la realidad con varios kilos de más. Pero luego vendrás las fallas. A ver qué se inventa la gente de Compromís para mitigar el impacto de la Virgen en la ofrenda. Estamos preparados para cualquier cosa.
Foto: Biel Aliño

martes, 17 de noviembre de 2015

Entre Vuittones y cuellos Mao

Admitámoslo, Vicent Marzà se está saliendo con la suya y está creando tendencia. El look informal se ha convertido en un mensaje político, ni el mismísimo Carrillo se atrevía a ir a actos oficiales con una camisa arremangada. El traje de chaqueta y corbata se asocian a la vieja política mimetizada con el poder económico y financiero, a la casta que ahora toca derribar. Y ahí está Marzá, desafiando con su mera presencia a esa élite encorsetada en su look de traje oscuro y camisa. “Yo soy la nueva política, el futuro. Estoy cerca de la gente de a pie, de los movimientos sociales, de la gente comprometida. Y a esos, como a mí, las corbatas le provocan urticaria”. Claro que todo eso hace con unas camisas cuello mao, que toma su nombre de Mao Zedong; ¡vaya futuro!
Marzá es el líder estilístico de la parte más izquierdosa de nuestro Consell. Pero la gente del PSPV no parece dispuesta a dejarse arrastrar por esa tendencia. Las tres conselleras del PSOE no renuncian a los cánones de la elegancia más tradicional. Ahí está la estilosísima Gabriela Bravo con su colección de bolsos Vuitton (neverfull, Speedy), los Prada (ay qué monos) la melena con mechas siempre perfectas, el pañuelito de Hermès y los vestidos de corte impecable combinados con rebequitas o chaquetas estilo Chanel. Coqueta y femenina, Gabriela tiene un estilo parecido al de la Reina Letizia, depurado y clásico, chic y sin estridencias.
La Consellera de Vivienda, María José Salvador, también da juego. Ella sí es femenina, tanto que se planta un traje chaqueta rosa bebé con minifalda con vuelo de esos que rozan lo cursi sin ningún tipo de complejo. Carmen Montón, consellera de Sanidad, debe de estar abonada al Vogue y a Telva porque lleva unos modelitos propios de un posado de revista. Se atreve con minivestidos y escotes sobrios que sólo pueden permitirse las que tienen tipazo.
Las chicas de Compromis, con Mónica Oltra a la cabeza, parecen admirar a Marzà pero no se atreven a ser tan rompedoras. Al final la coquetería femenina se impone a la revolución proletaria. La consellera Elena Cebrián, de Compromís, está más cerca de las chicas del PSPV en esto del estilismo.
Y Mónica Oltra ha dejado en el cajón de su cómoda las camisetas reivindicativas y ha refinado su estilo: faldas, vestidos, blusas de seda, hasta encajes y estampados que recuerdan los vestiditos que nos ponían nuestras abuelas a los nueve años para vernos guapas.
Por su parte, nuestro Presidente, Ximo Puig, igual que su correligionario Vicent Soler, se mantiene fiel al estilo más tradicional de traje oscuro y corbata. Una se imagina una reunión del Consell con Marzà mirando a su jefe y pensando: “así no hay manera de cambiar las cosas”. En cuanto al PP, nunca han tenido mejor referente estilístico que Eduardo Zaplana, con esos trajes cortados a medida por las tijeras perfectas de Antonio Puebla. Ricardo Costa intentó superarle, pero al pobre le pasó lo que le pasó y nadie quiere parecerse a él. Ahora, Jose Juan Zaplana, que no es familia de Eduardo, quiere devolver a su apellido la gloria perdida.
Entre las mujeres peperas, Isabel Bonig, estilísticamente hablando, está más cerca de Mónica Oltra que de María José Catalá o Dolores de Cospedal, y mucho más que de Soraya Sáenz de Santamaría. La vallisoletana no quiere deslucir junto a la toledana (Cospedal) y eso le ha convertido en una maestra del estilismo para mujeres que no destacan por su altura. La otra pepera con mando en Valencia, Eva Ortiz, es muy coqueta, aunque le falta el refinamiento propio de sus compañeras de la calle Génova y Elena Bastidas va camino de encontrar el punto justo entre discreción y feminidad.