¿Innovar o conservar?, hete aquí una de las eternas preguntas. Te plantas delante del espejo con la media melena que llevas desde que tuviste a tu primer hijo y te diste cuenta de que ya no eras unas jovencita. Llevas quince años igual, tu máxima innovación ha sido subir medio tono el color de las mechas, de un 6 a un 6,5. Nadie te pide que cambies, pero algo dentro de ti te dice que te quedaría mejor cortándolo a “lo chico”, como aquellas protagonistas del cine de la nouvelle vague. Todo viene porque has visto a una amiga que se ha atrevido a hacer la revolución capilar, ha declarado la guerra a los tintes y luce una melena blanca que le queda fenomenal y que le da una envidiable imagen de mujer con personalidad. Claro que hay otras a las que el cambio les ha sentado peor que la misa de la 2 a Pablo Iglesias.
Y ahí estás tú, pensando qué ha sido de aquella adolescente que una noche de Fallas, con el cuerpo un poco alegre y habiendo ido descaradamente a por el chico que le interesaba, juró que ella era así: una mujer rebelde, que nunca se dejaría llevar por los convencionalismos sociales. Tú ibas a ser una mujer atrevida, arriesgada; quien no suma no se equivoca, pero tampoco triunfa nunca, pensaste mientras ibas sola a tu casa imaginando qué diría de ti tu madre si te hubiese visto actuar aquella noche frente a aquel chico.
Conservadoras o rebeldes, esa es la vida. Por un lado piensas, para qué cambiar lo que funciona, así es que deja tu pelo como está, bonita, no la vayas a pifiar. Por otro, dices: ¡Jo pe, si todos hiciesen lo mismo todavía estaríamos subidas a los árboles!, así es que: dadme las tijeras, que voy a hacer una locura.
Las fallas son uno de esos reductos en los que cualquier innovación es cuestionada. Pero Joan Ribó y su gente están empeñados en cambiar alguna cosa, aunque sólo sea para que nadie diga que todo sigue igual. La fallas municipales no han gustado a casi nadie. ¿Por qué cambiar lo que funciona?, braman algunos. Hay que experimentar nuevos caminos, gritan otros. Toda una metáfora de la vida.
Por lo demás, pocos cambios. Las pasarelas que se han instalado en la calle San Vicente para la ofrenda y alguna que otra modificación en la indumentaria fallera; por ejemplo, los moños de valenciana, que antes eran tres, ahora es uno y se prescinde de los rodetes laterales en el traje del siglo XVIII. ¡Buah!, eso más que innovación es un arreglito, una modificación, una ligera reforma que hasta los más conspicuos conservadores estarían dispuestos a admitir.
Dos de los protagonistas de la serie Walking Dead, Norman Reedus y Jeffrey Dean Morgan, estuvieron con sus chupas de cuero en el balcón del Ayuntamiento y Pere Fuset dejó a uno de ellos su blusón de fallero, claro que Rita también invitó en su día a Bono el de U2, que lucía un look igual de anti pepero. También estuvo Zapatero, pero eso no cuenta como innovación. Innovar hubiese sido que Ribó invitase a Aznar y que éste hubiese aceptado. Entonces sí que habríamos dicho: ¡toma castaña, cómo ha cambiado el cuento!
Hoy es el día del padre. Ahí os quiero ver, queridas innovadoras mías. A ver cómo innovas ahí. Qué le regalas a tu Pepe o a tu padre, que no sean los típicos calcetines, la botella de vino o la corbata, sin que ellos te miren con cara de póker y se pregunten, pero qué le ha pasado este año a esta loca, cómo siga así cualquier día nos aparece con el pelo cortado a lo militar.
Foto: Biel Aliño para El Mundo.
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lunes, 20 de marzo de 2017
martes, 7 de febrero de 2017
Carolina y Alexis
Carolina Punset y Alexis Marí se casaron el domingo, en el Veles e Vents, ante lo más granado de la vida política valenciana. Joan Ribó ofició la ceremonia. No sonaron las campanas, porque no había; y si las hubiera, no procedía en una ceremonia civil; y si hubiera procedido, quizás se habrían enmudecido para no dañar con sus decibelios los delicados oídos de la corporación municipal valenciana.
Lo que le falta a Valencia es que la enmudezcan, que reine el silencio para mejor descanso de cuatro vecinos con mal dormir. Callan las campanas de San Nicolás porque superan la decibelios permitidos, es como si un vecino de Pelayo denunciase el ruido del mercadito de los martes: ¿cuántos decibelios hay en el grito de esa mujer que grita: a euro, a euro, guapa… bragas y calzoncillos a euro?
Ribó no ha calculado bien la reacción que puede provocar la medida. Ha herido el corazón de muchas mujeres de cierta edad, esas que nunca dicen nada, pero que cuando dicen no hay quien las silencie. Esas mujeres están firmando para pararle los pies a Ribó, veremos dónde acaba esto. Ni los desbarres de Pere Fuset con los vestidos de las falleras o los de Giuseppe Grezzi con el tráfico son comparables a este charco.
Pero sigamos con la boda. La novia monísima. Un vestido de encaje clásico de Pronovias. Y ese Alcalde, poco amigo de los ruidos estridentes, molesto con las campanas, le recitó sereno y calmado un verso de Benedetti: “Compañera, /usted sabe /que puede contar conmigo, /no hasta dos o hasta diez /sino contar conmigo…” El poema fue emotivo, bien elegido, dice en unos pocos versos, lo que habitualmente el cura dice en un sermón de media hora: que el matrimonio es estar ahí, siempre, en lo bueno y en lo malo, diría el cura; “es tan lindo/ saber que usted existe/ uno se siente vivo/ y cuando digo esto/ quiero decir contar/ aunque sea hasta dos/ aunque sea hasta cinco/ no ya para que acuda/ presurosa en mi auxilio/ sino para saber a ciencia cierta/ que usted sabe que puede/ contar conmigo”.
Entre los invitados, pocas sorpresas. Todo el elenco político valenciano: el Presidente Puig, el presidente de las Cortes Enric Morera, la vicepresidenta Mónica Oltra, el portavoz de Compromis Fran Ferri, Manolo Mata, el concejal del PP Eusebio Monzó, diputados, conselleres.
Mónica, tan coqueta como siempre desde que es presidenta, llevó zapatos de tacón azules, del mismo color que el vestido, y un abriguito de seda del estilo de los que lleva Doña Letizia. La vicepresidenta llegó acompañada del Conseller de Educación y Cultura Vicent Marzà, que lucía corbata. Como lo oís, chicas, Marzà con corbata. Es más, llevaba una chaqueta de traje y zapatos de vestir de caballero! Y no esas urban shoes y esas camisas de cuello panadero con las que nos tiene acostumbrados. Si no es porque la belleza de la novia le eclipsaba, él hubiese sido el foco de atención de todos los flashes. El mismo que para ir a ver a un ministro se puso una camisa sin cuello, para la boda de unos amigos se vistió como un marqués. Sólo el largo excesivo de la corbata denotaba su falta de costumbre. Si hubiese habido campanas, hubiesen ensordecido a la ciudad al verle aparecer de tal guisa.
Marzà dio a los suyos una lección de protocolo: llevaba la chaqueta abotonada en el botón que corresponde, y no como Ribó que se abotonó el que hay que dejar abierto. Pero lo importante son los novios. Ahí estaban, acaramelados como dos quinceañeros que comunican a sus amigos que han empezado a salir juntos. Mónica Oltra les dedicó un poema de Luís Cernuda: "Tú justificas mi existencia: si no te conozco, no he vivido; si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido." Esa es nuestra Mónica. Todo corazón.
Lo que le falta a Valencia es que la enmudezcan, que reine el silencio para mejor descanso de cuatro vecinos con mal dormir. Callan las campanas de San Nicolás porque superan la decibelios permitidos, es como si un vecino de Pelayo denunciase el ruido del mercadito de los martes: ¿cuántos decibelios hay en el grito de esa mujer que grita: a euro, a euro, guapa… bragas y calzoncillos a euro?
Ribó no ha calculado bien la reacción que puede provocar la medida. Ha herido el corazón de muchas mujeres de cierta edad, esas que nunca dicen nada, pero que cuando dicen no hay quien las silencie. Esas mujeres están firmando para pararle los pies a Ribó, veremos dónde acaba esto. Ni los desbarres de Pere Fuset con los vestidos de las falleras o los de Giuseppe Grezzi con el tráfico son comparables a este charco.
Pero sigamos con la boda. La novia monísima. Un vestido de encaje clásico de Pronovias. Y ese Alcalde, poco amigo de los ruidos estridentes, molesto con las campanas, le recitó sereno y calmado un verso de Benedetti: “Compañera, /usted sabe /que puede contar conmigo, /no hasta dos o hasta diez /sino contar conmigo…” El poema fue emotivo, bien elegido, dice en unos pocos versos, lo que habitualmente el cura dice en un sermón de media hora: que el matrimonio es estar ahí, siempre, en lo bueno y en lo malo, diría el cura; “es tan lindo/ saber que usted existe/ uno se siente vivo/ y cuando digo esto/ quiero decir contar/ aunque sea hasta dos/ aunque sea hasta cinco/ no ya para que acuda/ presurosa en mi auxilio/ sino para saber a ciencia cierta/ que usted sabe que puede/ contar conmigo”.
Entre los invitados, pocas sorpresas. Todo el elenco político valenciano: el Presidente Puig, el presidente de las Cortes Enric Morera, la vicepresidenta Mónica Oltra, el portavoz de Compromis Fran Ferri, Manolo Mata, el concejal del PP Eusebio Monzó, diputados, conselleres.
Mónica, tan coqueta como siempre desde que es presidenta, llevó zapatos de tacón azules, del mismo color que el vestido, y un abriguito de seda del estilo de los que lleva Doña Letizia. La vicepresidenta llegó acompañada del Conseller de Educación y Cultura Vicent Marzà, que lucía corbata. Como lo oís, chicas, Marzà con corbata. Es más, llevaba una chaqueta de traje y zapatos de vestir de caballero! Y no esas urban shoes y esas camisas de cuello panadero con las que nos tiene acostumbrados. Si no es porque la belleza de la novia le eclipsaba, él hubiese sido el foco de atención de todos los flashes. El mismo que para ir a ver a un ministro se puso una camisa sin cuello, para la boda de unos amigos se vistió como un marqués. Sólo el largo excesivo de la corbata denotaba su falta de costumbre. Si hubiese habido campanas, hubiesen ensordecido a la ciudad al verle aparecer de tal guisa.
Marzà dio a los suyos una lección de protocolo: llevaba la chaqueta abotonada en el botón que corresponde, y no como Ribó que se abotonó el que hay que dejar abierto. Pero lo importante son los novios. Ahí estaban, acaramelados como dos quinceañeros que comunican a sus amigos que han empezado a salir juntos. Mónica Oltra les dedicó un poema de Luís Cernuda: "Tú justificas mi existencia: si no te conozco, no he vivido; si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido." Esa es nuestra Mónica. Todo corazón.
lunes, 3 de octubre de 2016
Mónica, Joan y Richard
Richard Gere ya no es aquel treintañero que nos hizo
replantearnos si debíamos conformarnos con aquel novio que ponía pegas para
pagarnos una pizza, porque si una chica de la calle como Julia Roberts, podía conquistar a un millonario que le llevase a la
ópera en avión privado, a qué no podíamos aspirar nosotras educadas en un
colegio de monjas y que ya habíamos llegado a la facultad. Ahora Richard es un
sesentón, comprometido con causas humanitarias, cuya imagen le viene como
anillo al dedo a Mónica Oltra y Joan Ribó. Una foto con Gere, el día
que viene a promocionar una película sobre los sintecho, con el photocall de
una Ong de fondo, no es lo mismo que una foto con Julio Iglesias o Bernie
Ecclestone. En ambos casos se busca sacar partido al glamur, pero unos
venían a “fer negoci” y el otro viene a concienciarnos sobre la injusticia
social. Ni el mejor de los publicistas hubiese hecho mejor resumen del cambio
de gobierno.
Pero unos y otros tienen algo en común: esa sonrisa fácil
del político local ante un habitual de las revistas del corazón. Es la misma
sonrisa pintada en los labios que tiene los retoños de un partido político ante
su líder; esa que viene a decir: “siempre he creído que tú y yo podemos ser
buenos amigos”.
Mientras Mónica y Joan compadreaban con Richard, y Ximo Puig se sumaba a la rebelión
socialista, Valencia seguía viviendo. El lunes se inauguraba el restaurante de
Caro Hotel. En realidad el restaurante ya estaba abierto, pero ahora ha
cambiado de nombre, se llama Sucede y tiene como cocinero a Miguel Angel Mayor, discípulo de Ferrán
Adriá en el Bullí. A la inauguración fueron periodistas como Josep Lozano y Pedro García Mocholí; restauradores como Emiliano García, de Casa Montaña y German Carrizo, de Fierro; el presidente de la Academia Valenciana
de Gastronomía, Sergio Adelantado y
el director de Caro Hotel Santiago Mañez.
Otro ilustre hotel, el Westin, había organizado el miércoles
un concierto de jazz en su terraza, pero se canceló por amenaza de lluvia. Hubo
otros conciertos, como el que dio Rafa
Botella en el restaurante Picsa, al que fueron la directora de cine Susi Gozalvo, Diana Esteban, el
diseñador industrial Borja Sánchez, el
artista Manuel Benlloch y su mujer Germana Llatas, Isa Goyanes, Sesé Almarché,
Sonia Torrero, Juan Miguel Gaspar, Ángela Valero y el peluquero Rafael Moreno, que ha peinado al actor Nacho Fresneda o a las cantantes Edurne y Mónica Naranjo. El mismo jueves, en el espacio Amstel Art, en el
Veles e Vents, actuó el grupo Mist, coincidiendo con la inauguración de la
exposición del artista Björn Dahlem,
que tiene unas instalaciones con tubos fluorescentes bastante inquietantes.
Hablando de exposiciones, hay una muy curiosa en la tienda
Roche Bobois. Son diez sofás idénticos, el modelo Mah Jong, personalizados por Agatha Ruiz de la Prada, Andrés Sardá,
Avellaneda, Custo Barcelona, Devota y Lomba, Ion Fiz, Juana Martín, Purificación García, Rossy de Palma y Xevi Fernández. Los sofás se subastarán
online a beneficio de una ONG de Africa.
La semana que viene más. El jueves, cervezas Alhambra ha
montado una fiesta clandestina a la que están invitadas 40 personas que solo
saben que tienen que acudir a la plaza del Ayuntamiento a una hora y de ahí
subir a un autobús que les llevará a un lugar secreto. ¡Intriga máxima!
Pero las dos grandes citas del otoño están por llegar.
Dentro de dos semanas la fiesta de Telva y el jueves, Raphael en la Plaza de
Toros. Ahí iremos nosotras a enloquecer tarareando “Escándalo” como en su día
lo hicieron nuestras madres y nuestras hijas se avergonzarán de nosotras igual
que hicimos nosotras con quienes nos trajeron al mundo.lunes, 23 de mayo de 2016
La Marina Real busca su sitio
Hay cosas que nadie se explica por qué no triunfan. Hace años, una famosa casa de coches sacó una moto con techo que, sobre papel, reunía todos los requisitos para arrasar en el mercado de los vehículos urbanos. A la hora de la verdad, fue un fiasco. Algo parecido le pasa a la Marina Real. Sobre el papel, todo es perfecto: el mar, el sol, la Malvarrosa con su inmensa playa de arena y sus restaurantes típicos donde se come la mejor paella del mundo, edificios hipermegaguays como el Veles e Vents, puentes móviles que cruzan el canal, autobuses marinos… y ahí está, nadie sabe qué hacer con ello. Los restaurantes no acaban de chutar. Los locales de copas abren y cierran porque no acaban de encontrar negocio. El alcalde Ribó está ahora buscando ideas, ¡qué Dios nos ayude! Conociéndole puede que llene aquello de parades de fruites ecològiques barcas de pedales y barquichuelas de vela latina tipo Albufera, guiadas por el Tio Paloma, perchando canal arriba, canal abajo. De fondo, concierto de dolcaina y tabalets con el Conseller Marza organizando trobades de vete tú a saber qué cosas, repartiendo besos y abrazos entre padres y niños vestidos con camisetas reivindicativas. Los gintonics serán sustituidos por mistelas; el chill-out dará paso al último éxito de Bajoqueta Rock… en fin, quién sabe, quizás así la Marina encuentre su sitio. Claro que también tendría que replantearse su nombre; eso de Marina Real suena demasiado pijo y aristocrático.
El 14 de junio se inaugura el nuevo restaurante de La Sucursal y Heineken en el Veles e Vents. Quizás para entonces, Ribó ya tenga su plan. Ya me lo veo en la terraza del Veles e Vents explicándole su proyecto a Mónica Oltra: “ací posarem les barques de vela llatina, allí al costat les tendes de fruites i més enllà l'esplana per a les trobades de Vicent. Y Mónica sonriente y asintiendo y diciendo: “açò és el que necessita valència i no casinos i negocis especulatius”.
A la espera de que las cavilaciones de Ribó den su fruto, Marina Beach Club es ahora mismo su principal punto de atracción. Entre semana, conviven usuarios de Meetic con comidas de empresas y algún que otro extranjero. Pero además, se ha convertido en uno de los sitios de moda para organizar fiestas privadas. El jueves, la Clínica Asensio Odontología y la joyería Marfil Joyeros reunieron a lo más granado de la sociedad valenciana con los últimos resquicios del poder pepero valenciano en una fiesta que recordaba a las de la Copa América, con música de Manolo Mínguez, vinito de Javier Monedero, quesos y jamoncito del bueno. Hubo desfile de joyas con zafiros de muchos quilates, diamantes y broches art decó y los profesionales de la Clínica Dental Asensio presentaron los últimos avances en estética dental, como All-onfour, Lumineers o Invisalign, que prometen dejarte la sonrisa como la de Blanca Suárez.
Entre los invitados, gente tan estilosa como Esperanza Vila, Angeles Casanova con Bruno Martín, Isabel Aliño, María Gómez-Polo, Mariola Dolz, Silvia González (Clínica Asensio), Isabel y Paula Rincón de Arellano, el arquitecto Ramón Esteve, Carolina Gil, el siempre elegante Antonio Puebla, Amparo Lacomba, Ana García-Ribera, Rosa María Samper, el diseñador Alejandro Resta, Conchita Solanes y Teresa Martínez Durbán, Javier García, Maribel Cosme, Encarna Roig (Acosta) y María Angeles Miguel (El vestidor).
Como anfitriones, la familia Marfil y los doctores José Luis Lanuza y Lucía Asensio, que llevó un vestido ideal de Adriana Iglesias, una diseñadora valenciana que está vendiendo en Puerto Banús, Monte-Carlo, Cannes. Sus vestidos, en sedas lujosas y estampadas, son perfectos para cócteles glamurosos como el del jueves.
El 14 de junio se inaugura el nuevo restaurante de La Sucursal y Heineken en el Veles e Vents. Quizás para entonces, Ribó ya tenga su plan. Ya me lo veo en la terraza del Veles e Vents explicándole su proyecto a Mónica Oltra: “ací posarem les barques de vela llatina, allí al costat les tendes de fruites i més enllà l'esplana per a les trobades de Vicent. Y Mónica sonriente y asintiendo y diciendo: “açò és el que necessita valència i no casinos i negocis especulatius”.
A la espera de que las cavilaciones de Ribó den su fruto, Marina Beach Club es ahora mismo su principal punto de atracción. Entre semana, conviven usuarios de Meetic con comidas de empresas y algún que otro extranjero. Pero además, se ha convertido en uno de los sitios de moda para organizar fiestas privadas. El jueves, la Clínica Asensio Odontología y la joyería Marfil Joyeros reunieron a lo más granado de la sociedad valenciana con los últimos resquicios del poder pepero valenciano en una fiesta que recordaba a las de la Copa América, con música de Manolo Mínguez, vinito de Javier Monedero, quesos y jamoncito del bueno. Hubo desfile de joyas con zafiros de muchos quilates, diamantes y broches art decó y los profesionales de la Clínica Dental Asensio presentaron los últimos avances en estética dental, como All-onfour, Lumineers o Invisalign, que prometen dejarte la sonrisa como la de Blanca Suárez.
Entre los invitados, gente tan estilosa como Esperanza Vila, Angeles Casanova con Bruno Martín, Isabel Aliño, María Gómez-Polo, Mariola Dolz, Silvia González (Clínica Asensio), Isabel y Paula Rincón de Arellano, el arquitecto Ramón Esteve, Carolina Gil, el siempre elegante Antonio Puebla, Amparo Lacomba, Ana García-Ribera, Rosa María Samper, el diseñador Alejandro Resta, Conchita Solanes y Teresa Martínez Durbán, Javier García, Maribel Cosme, Encarna Roig (Acosta) y María Angeles Miguel (El vestidor).
Como anfitriones, la familia Marfil y los doctores José Luis Lanuza y Lucía Asensio, que llevó un vestido ideal de Adriana Iglesias, una diseñadora valenciana que está vendiendo en Puerto Banús, Monte-Carlo, Cannes. Sus vestidos, en sedas lujosas y estampadas, son perfectos para cócteles glamurosos como el del jueves.
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lunes, 8 de febrero de 2016
San Nicolás
Dicen que si vas tres lunes seguidos andando, en absoluto silencio y rezando, desde tu casa a la Iglesia de San Nicolás, se cumple el deseo que hayas pedido. ¡Quieeetas!, que os conozco; no vale pedirse la colección entera de Chapeau. No, tiene que ser un deseo inmaterial, que los santos no están para frivolidades.
San Nicolás siempre ha sido una de esas joyas que los valencianos no acabamos de poner en valor. Entrabas y te asombrabas viendo el techo y las paredes, pero todo estaba oscuro, como si le faltase una luz que no podían darle el sol ni las bombillas. Así ha estado durante años, hasta que Hortensia Herrero se preguntó un día si no se podría hacer algo para resaltar esas pinturas. Habló con quien tuvo que hablar y le dijeron que la solución era compleja, que había que restaurar casi todo el templo porque había grietas en el techo por las que se filtraban humedades, cristaleras rotas y la fachada hecha una pena. Hortensia debió de pensar que ya iba siendo hora de que alguien hiciese algo por el bueno de San Nicolás. De eso hace siete años, cuando casó allí a una de sus hijas.
Y se puso manos a la obra. Primero arreglaron la parte arquitectónica y luego las pinturas. Esta semana hemos visto el resultado: la han bautizado como la Capilla Sixtina Valenciana. Y la verdad es que es una pasada. Es como si un modisto coge un vestido de Balenciaga que está muerto de pena en el armario de tu madre, mal planchado y amarillento, te lo arregla, te lo pones y de pronto lo ves con todo el esplendor que tuvo en su día. El jueves, lo más granado de la sociedad valenciana estuvo la Iglesia de San Nicolás para la puesta de largo de la restauración. Allí estuvo nuestro Alcalde Joan Ribó, el delegado de gobierno Juan Carlos Moragues, la directora general de Cultura y Patrimonio Carmen Amoraga, y toda la familia de Hortensia: Juan Roig sus cuatro hijas y yernos; también el arquitecto Carlos Campos y Pilar Roig, responsables de la restauración, el Párroco de la Iglesia Antonio Corbí y el Cardenal y Arzobispo de Valencia Antonio Cañizares. Para la ocasión, Hortensia llevó un traje chaqueta negro de Marta de Diego de crepé de lana italiano combinado con gasa, un conjunto muy de ceremonia que según la diseñadora utiliza para este tipo de celebraciones. Como se suele decir, elegante pero discreto. Vamos, como San Nicolás, que ya lleva ahí siglos siendo lo más elegante de Europa sin hacer ningún tipo de ostentación ni alarde.
Después de la misa, Hortensia invitó a un cóctel cerca de la Iglesia a los más íntimos, como el presidente del Valencia Basket, Vicente Solá, el empresario Miguel Burdeos con su mujer Amparo Andreu, Carmina García Petit, muy amiga de los Roig, Emilia Segura, el joyero Vicente Gracia, la diseñadora Marta de Diego y su socia Pepa Martí, Mayrén Beneyto, María José Albert, María José Navarro, Maríangeles Fayos, del Teatro Olympia, María José Pechuán y Ana Peris, entre otros.
Bueno, pues eso chicas, que la que no haya ido nunca, ya tarda en hacerlo. Vale la pena. Y si eres de las que creen en los milagros de los santos, pues ya sabes. Mañana es lunes, sales de casa y te vas para allí. Ten en cuenta que no puedes hablar con nadie, así es que si te cruzas con el mismísimo Brad Pitt, tú a la tuya, vista al suelo y a caminar. Claro que si en vez de Brad es la típica amiga pesada del colegio, a ver qué haces. Tú callada, y ella dale que te pego, y tú que te vas y ella que te mira como diciendo será estirada la muy pava. Pero da igual, no cedas a la tentación, todo sea porque se cumpla tu deseo. Quien sabe, quizás esta semana el Santo esté más generoso de lo normal.
Y se puso manos a la obra. Primero arreglaron la parte arquitectónica y luego las pinturas. Esta semana hemos visto el resultado: la han bautizado como la Capilla Sixtina Valenciana. Y la verdad es que es una pasada. Es como si un modisto coge un vestido de Balenciaga que está muerto de pena en el armario de tu madre, mal planchado y amarillento, te lo arregla, te lo pones y de pronto lo ves con todo el esplendor que tuvo en su día. El jueves, lo más granado de la sociedad valenciana estuvo la Iglesia de San Nicolás para la puesta de largo de la restauración. Allí estuvo nuestro Alcalde Joan Ribó, el delegado de gobierno Juan Carlos Moragues, la directora general de Cultura y Patrimonio Carmen Amoraga, y toda la familia de Hortensia: Juan Roig sus cuatro hijas y yernos; también el arquitecto Carlos Campos y Pilar Roig, responsables de la restauración, el Párroco de la Iglesia Antonio Corbí y el Cardenal y Arzobispo de Valencia Antonio Cañizares. Para la ocasión, Hortensia llevó un traje chaqueta negro de Marta de Diego de crepé de lana italiano combinado con gasa, un conjunto muy de ceremonia que según la diseñadora utiliza para este tipo de celebraciones. Como se suele decir, elegante pero discreto. Vamos, como San Nicolás, que ya lleva ahí siglos siendo lo más elegante de Europa sin hacer ningún tipo de ostentación ni alarde.
Después de la misa, Hortensia invitó a un cóctel cerca de la Iglesia a los más íntimos, como el presidente del Valencia Basket, Vicente Solá, el empresario Miguel Burdeos con su mujer Amparo Andreu, Carmina García Petit, muy amiga de los Roig, Emilia Segura, el joyero Vicente Gracia, la diseñadora Marta de Diego y su socia Pepa Martí, Mayrén Beneyto, María José Albert, María José Navarro, Maríangeles Fayos, del Teatro Olympia, María José Pechuán y Ana Peris, entre otros.
Bueno, pues eso chicas, que la que no haya ido nunca, ya tarda en hacerlo. Vale la pena. Y si eres de las que creen en los milagros de los santos, pues ya sabes. Mañana es lunes, sales de casa y te vas para allí. Ten en cuenta que no puedes hablar con nadie, así es que si te cruzas con el mismísimo Brad Pitt, tú a la tuya, vista al suelo y a caminar. Claro que si en vez de Brad es la típica amiga pesada del colegio, a ver qué haces. Tú callada, y ella dale que te pego, y tú que te vas y ella que te mira como diciendo será estirada la muy pava. Pero da igual, no cedas a la tentación, todo sea porque se cumpla tu deseo. Quien sabe, quizás esta semana el Santo esté más generoso de lo normal.
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lunes, 4 de enero de 2016
Las tres reinas magas
Bueno chicas, ya queda poco, sólo dos días y acabamos con las comilonas. Estas no han sido unas navidades cualquiera. El poder político emergente las ha utilizado para marcar distancias con el anterior. Empezaron retirando el Belén de la Plaza del Ayuntamiento y cualquier símbolo religioso de las felicitaciones de Navidad. En Nochevieja convirtieron la plaza del ayuntamiento en una discoteca y el antaño distinguido balcón, reservado sólo a las más altas autoridades peperas y adláteres, en la cabina de un DJ.
A Rita Barberá se le debieron atragantar las uvas. Sólo faltó que algún gracioso cogiera el micro y dijese eso de: “Rita, a cabina”, como en las discotecas de los ochenta. Por lo demás, la fiesta fue un éxito. La plaza llena, sin nada que envidiar a la de la Puerta de Sol, y Ribó mezclado con las masas y levantando su copa brindando por el año. ¡Jopé cómo ha cambiado el cuento en menos de un año! Y lo mejor está por venir. Pasado mañana es la cabalgata de los Reyes Magos. Han prohibido los animales, así es que no sabemos cómo va a ir la Virgen María. Seguro que a Ribó le gustaría que fuese en bicicleta, claro como él nunca ha estado encinta. Pero la pobre mujer, embarazadísima de nueve meses y haciendo equilibrio para arrancar la bicicleta, con esas largas faldas enredándose en la cadena, a punto de romper aguas y haciendo de Induráin por los montes de Palestina. Menos mal que a última hora, nuestros alcalde ha tenido a bien dejar que le acompañe San José; las malas lenguas decían que Ribó había decidido separar al matrimonio antes incluso de que naciese el hijo y estaba dispuesto a dejar sola a María en su hégira de Nazaret a Jerusalén. Todo esto es peccata minuta después de la aparición de la reina maga en la primera Misa del año oficiada por el Papa. Si en el mismísimo Vaticano una niña encarna a un Rey Mago, ¿qué no podría pasar en esta Valencia riboniana? Vayámonos preparándonos para el año que viene. La verdad es que la Consellera de Igualdad Carmen Montón sería una buena Reina Maga. Otra buena candidata sería nuestra vicepresidenta Mónica Oltra. Tiene cara de buena gente, encarnaría bien a Melchor. Y si a la Virgen la hemos sacado en bicicleta, a las reinas habrá que buscarles otro vehículo ecológico, no sé, por ejemplo un skate. Y ya puestos, cambiemos eso del oro, el incienso y la mirra. Porque el oro está por las nubes y no es un regalo adecuado en estos tiempos de crisis; el incienso huele a mercadillo hippy y la mirra nadie sabe qué es. Podrían llevarle al niño arrop i tallaetes, arnadí y unas espardenyes de esparto monas como las que tiene Dolores Boronat junto a la Plaza del Collado. Una tienda ideal que puede ser una solución para la que ande falta de ideas para los regalos de Reyes Magos. Claro que quitarle los camellos a los Reyes Magos sería como quitarle los renos y el trineo a Papa Noel, ponerlo a dieta para que se parezca a Mario Casas y sustituir a los Elfos por niñas para que no se sientan agraviados ni los bajitos ni los gorditos. Luego todo esto habrá que explicárselo a los niños. A ver cómo les explicas que la Virgen María iba en bicicleta aunque hace dos mil años todavía no se había inventado. ¡Ay, chicas, esto de modernizar la Navidad está costando muchos sofocos! En fin, a la espera de ver dónde acaba esto, nosotras a lo nuestro. Ya sólo quedan un par de comilonas y el roscón de Reyes y luego a volver a la realidad con varios kilos de más. Pero luego vendrás las fallas. A ver qué se inventa la gente de Compromís para mitigar el impacto de la Virgen en la ofrenda. Estamos preparados para cualquier cosa.
Foto: Biel Aliño
A Rita Barberá se le debieron atragantar las uvas. Sólo faltó que algún gracioso cogiera el micro y dijese eso de: “Rita, a cabina”, como en las discotecas de los ochenta. Por lo demás, la fiesta fue un éxito. La plaza llena, sin nada que envidiar a la de la Puerta de Sol, y Ribó mezclado con las masas y levantando su copa brindando por el año. ¡Jopé cómo ha cambiado el cuento en menos de un año! Y lo mejor está por venir. Pasado mañana es la cabalgata de los Reyes Magos. Han prohibido los animales, así es que no sabemos cómo va a ir la Virgen María. Seguro que a Ribó le gustaría que fuese en bicicleta, claro como él nunca ha estado encinta. Pero la pobre mujer, embarazadísima de nueve meses y haciendo equilibrio para arrancar la bicicleta, con esas largas faldas enredándose en la cadena, a punto de romper aguas y haciendo de Induráin por los montes de Palestina. Menos mal que a última hora, nuestros alcalde ha tenido a bien dejar que le acompañe San José; las malas lenguas decían que Ribó había decidido separar al matrimonio antes incluso de que naciese el hijo y estaba dispuesto a dejar sola a María en su hégira de Nazaret a Jerusalén. Todo esto es peccata minuta después de la aparición de la reina maga en la primera Misa del año oficiada por el Papa. Si en el mismísimo Vaticano una niña encarna a un Rey Mago, ¿qué no podría pasar en esta Valencia riboniana? Vayámonos preparándonos para el año que viene. La verdad es que la Consellera de Igualdad Carmen Montón sería una buena Reina Maga. Otra buena candidata sería nuestra vicepresidenta Mónica Oltra. Tiene cara de buena gente, encarnaría bien a Melchor. Y si a la Virgen la hemos sacado en bicicleta, a las reinas habrá que buscarles otro vehículo ecológico, no sé, por ejemplo un skate. Y ya puestos, cambiemos eso del oro, el incienso y la mirra. Porque el oro está por las nubes y no es un regalo adecuado en estos tiempos de crisis; el incienso huele a mercadillo hippy y la mirra nadie sabe qué es. Podrían llevarle al niño arrop i tallaetes, arnadí y unas espardenyes de esparto monas como las que tiene Dolores Boronat junto a la Plaza del Collado. Una tienda ideal que puede ser una solución para la que ande falta de ideas para los regalos de Reyes Magos. Claro que quitarle los camellos a los Reyes Magos sería como quitarle los renos y el trineo a Papa Noel, ponerlo a dieta para que se parezca a Mario Casas y sustituir a los Elfos por niñas para que no se sientan agraviados ni los bajitos ni los gorditos. Luego todo esto habrá que explicárselo a los niños. A ver cómo les explicas que la Virgen María iba en bicicleta aunque hace dos mil años todavía no se había inventado. ¡Ay, chicas, esto de modernizar la Navidad está costando muchos sofocos! En fin, a la espera de ver dónde acaba esto, nosotras a lo nuestro. Ya sólo quedan un par de comilonas y el roscón de Reyes y luego a volver a la realidad con varios kilos de más. Pero luego vendrás las fallas. A ver qué se inventa la gente de Compromís para mitigar el impacto de la Virgen en la ofrenda. Estamos preparados para cualquier cosa.
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