Carolina Punset y Alexis Marí se casaron el domingo, en el Veles e Vents, ante lo más granado de la vida política valenciana. Joan Ribó ofició la ceremonia. No sonaron las campanas, porque no había; y si las hubiera, no procedía en una ceremonia civil; y si hubiera procedido, quizás se habrían enmudecido para no dañar con sus decibelios los delicados oídos de la corporación municipal valenciana.
Lo que le falta a Valencia es que la enmudezcan, que reine el silencio para mejor descanso de cuatro vecinos con mal dormir. Callan las campanas de San Nicolás porque superan la decibelios permitidos, es como si un vecino de Pelayo denunciase el ruido del mercadito de los martes: ¿cuántos decibelios hay en el grito de esa mujer que grita: a euro, a euro, guapa… bragas y calzoncillos a euro?
Ribó no ha calculado bien la reacción que puede provocar la medida. Ha herido el corazón de muchas mujeres de cierta edad, esas que nunca dicen nada, pero que cuando dicen no hay quien las silencie. Esas mujeres están firmando para pararle los pies a Ribó, veremos dónde acaba esto. Ni los desbarres de Pere Fuset con los vestidos de las falleras o los de Giuseppe Grezzi con el tráfico son comparables a este charco.
Pero sigamos con la boda. La novia monísima. Un vestido de encaje clásico de Pronovias. Y ese Alcalde, poco amigo de los ruidos estridentes, molesto con las campanas, le recitó sereno y calmado un verso de Benedetti: “Compañera, /usted sabe /que puede contar conmigo, /no hasta dos o hasta diez /sino contar conmigo…” El poema fue emotivo, bien elegido, dice en unos pocos versos, lo que habitualmente el cura dice en un sermón de media hora: que el matrimonio es estar ahí, siempre, en lo bueno y en lo malo, diría el cura; “es tan lindo/ saber que usted existe/ uno se siente vivo/ y cuando digo esto/ quiero decir contar/ aunque sea hasta dos/ aunque sea hasta cinco/ no ya para que acuda/ presurosa en mi auxilio/ sino para saber a ciencia cierta/ que usted sabe que puede/ contar conmigo”.
Entre los invitados, pocas sorpresas. Todo el elenco político valenciano: el Presidente Puig, el presidente de las Cortes Enric Morera, la vicepresidenta Mónica Oltra, el portavoz de Compromis Fran Ferri, Manolo Mata, el concejal del PP Eusebio Monzó, diputados, conselleres.
Mónica, tan coqueta como siempre desde que es presidenta, llevó zapatos de tacón azules, del mismo color que el vestido, y un abriguito de seda del estilo de los que lleva Doña Letizia. La vicepresidenta llegó acompañada del Conseller de Educación y Cultura Vicent Marzà, que lucía corbata. Como lo oís, chicas, Marzà con corbata. Es más, llevaba una chaqueta de traje y zapatos de vestir de caballero! Y no esas urban shoes y esas camisas de cuello panadero con las que nos tiene acostumbrados. Si no es porque la belleza de la novia le eclipsaba, él hubiese sido el foco de atención de todos los flashes. El mismo que para ir a ver a un ministro se puso una camisa sin cuello, para la boda de unos amigos se vistió como un marqués. Sólo el largo excesivo de la corbata denotaba su falta de costumbre. Si hubiese habido campanas, hubiesen ensordecido a la ciudad al verle aparecer de tal guisa.
Marzà dio a los suyos una lección de protocolo: llevaba la chaqueta abotonada en el botón que corresponde, y no como Ribó que se abotonó el que hay que dejar abierto.
Pero lo importante son los novios. Ahí estaban, acaramelados como dos quinceañeros que comunican a sus amigos que han empezado a salir juntos. Mónica Oltra les dedicó un poema de Luís Cernuda: "Tú justificas mi existencia: si no te conozco, no he vivido; si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido." Esa es nuestra Mónica. Todo corazón.
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martes, 7 de febrero de 2017
lunes, 17 de agosto de 2015
Entre Xàbia y Altea
Los periodistas sentimos una especie de atracción fatal hacia los políticos, aun cuando escribamos en secciones frívolas como esta. Nos ponemos mutuamente a caer de un burro pero no podemos vivir los unos sin los otros. Esa atracción es la que me lleva a seguir de cerca los pasos de Mónica Oltra y a fijarme en cosas tan banales como los zapatos que calza o los modelos que luce. Pero cuando pensé en buscar algún cicerone que nos recomendase sitios glamurosos para tomar un gintonic veraniego, no sé por qué, pero no pensé en Mónica, si no en Carolina Punset, espero que la vicepresidenta no me lo tenga en cuenta.
El caso es que aquí estoy, en la terraza del Goa Lounge, en Altea, sitio que me ha recomendado la lideresa de Ciudadanos. Con un inmenso y calmado mar al frente, el peñón de Ifach a la izquierda y el parque natural de Serra Gelada a la derecha, el lugar perfecto para tomarse un gintonic una tarde de verano. Para romper el hielo con el camarero, le digo que el sitio me lo ha recomendado Carolina Punset, y él me mira con cara de póker y me dice, ¿quién?... ¡Glub!, resulta que Carolina es menos popular de lo esperado, no sé si debo entender eso como un cumplido hacia ella o todo lo contrario.
Altea rivaliza con Xàbia por su encanto costero pero tiene un punto más rebelde, más hippy. No olvidemos nunca que Xábia es feudo de familias valencianas de estricta moral católica, en las que no falta algún que otro rebotado que se pasa de frenada. Altea es más cosmopolita, sobrada de rincones bucólicos perfectos para dejar a los niños en Xàbia con la abuela y escaparte con tu chico.
Después del gintonic en el lounge de Carolina, os perdéis por el pueblo, seguís dándole al gintonic y os vais al El Jardín de los sentidos, un hotelito rural escondido en medio de un jardín exótico con puentes de bambú, plantas tropicales y peces de colores, ¡y que sea lo que Dios quiera!
Yo no llegué a tanto y del lounge me volví a Xàbia a la fiesta que Fernando Aliño montó en la discoteca La Hacienda. Estas fiestas remember, que empezaron siendo de cuarentones, ahora lo son de cincuentones. Actuaron los Tweeters. Lleno total, chicos y chicas de Xàbia de toda la vida, como Alberto Clérigues, que tiene una hermana que se llama Begoña pero no soy yo, con su mujer Isabel Aliño, Nacho Guerra y Paty de la Viña, Miguel de Vicente y su sobrina Fátima Alcalde, Mayte Gómez, Macarena Campos, Susana Lozano, Pablo Serratosa y Silvia Escolano, Antonio Soler y María Vázquez, Tana Manglano y Asier Larga, Pancho Sapena y Carmeta Maldonado, Javier Carpi y Betty Llixiona, Alejandro Corell y María Fernández de Córdoba, Gonzalo Pascual y Carolina Alemany y David Lladró y Marta Aliño.
Para perderse en Altea
Alejandro Bataller vive en Altea desde hace ocho años, cuando se trasladó con su familia para montar Sha Wellness Clinic, en el Albir. “Me encanta la luz tan especial, los 330 días de sol al año, la brisa mediterránea, la naturaleza…”.
Alejandro recomienda dar un paseo por el camino al faro, en el parque natural de Sierra Gelada, disfrutar del atardecer desde el Portet, dar un paseo por el casco antiguo y buscar los talleres de artistas y los puestecitos de artesanía. Aparte de Shamadi, el restaurante de gastronomía saludable de SHA, sus favoritos son El Mercadito, en el casco antiguo, y La Bruschetta. Para tomar algo al atardecer, You chic, un chiringuito en la Olla de Altea. Y de compras la tienda de decoración La Cambra. ¿Y para conocer gente guapa? El Puerto de Campomanes. Fantástico para comer (Saltea), tomar el aperitivo (Bay Club) o hacer deportes náuticos (Maremoto)”.
El caso es que aquí estoy, en la terraza del Goa Lounge, en Altea, sitio que me ha recomendado la lideresa de Ciudadanos. Con un inmenso y calmado mar al frente, el peñón de Ifach a la izquierda y el parque natural de Serra Gelada a la derecha, el lugar perfecto para tomarse un gintonic una tarde de verano. Para romper el hielo con el camarero, le digo que el sitio me lo ha recomendado Carolina Punset, y él me mira con cara de póker y me dice, ¿quién?... ¡Glub!, resulta que Carolina es menos popular de lo esperado, no sé si debo entender eso como un cumplido hacia ella o todo lo contrario.
Yo no llegué a tanto y del lounge me volví a Xàbia a la fiesta que Fernando Aliño montó en la discoteca La Hacienda. Estas fiestas remember, que empezaron siendo de cuarentones, ahora lo son de cincuentones. Actuaron los Tweeters. Lleno total, chicos y chicas de Xàbia de toda la vida, como Alberto Clérigues, que tiene una hermana que se llama Begoña pero no soy yo, con su mujer Isabel Aliño, Nacho Guerra y Paty de la Viña, Miguel de Vicente y su sobrina Fátima Alcalde, Mayte Gómez, Macarena Campos, Susana Lozano, Pablo Serratosa y Silvia Escolano, Antonio Soler y María Vázquez, Tana Manglano y Asier Larga, Pancho Sapena y Carmeta Maldonado, Javier Carpi y Betty Llixiona, Alejandro Corell y María Fernández de Córdoba, Gonzalo Pascual y Carolina Alemany y David Lladró y Marta Aliño.
Para perderse en Altea
Alejandro Bataller vive en Altea desde hace ocho años, cuando se trasladó con su familia para montar Sha Wellness Clinic, en el Albir. “Me encanta la luz tan especial, los 330 días de sol al año, la brisa mediterránea, la naturaleza…”.
Alejandro recomienda dar un paseo por el camino al faro, en el parque natural de Sierra Gelada, disfrutar del atardecer desde el Portet, dar un paseo por el casco antiguo y buscar los talleres de artistas y los puestecitos de artesanía. Aparte de Shamadi, el restaurante de gastronomía saludable de SHA, sus favoritos son El Mercadito, en el casco antiguo, y La Bruschetta. Para tomar algo al atardecer, You chic, un chiringuito en la Olla de Altea. Y de compras la tienda de decoración La Cambra. ¿Y para conocer gente guapa? El Puerto de Campomanes. Fantástico para comer (Saltea), tomar el aperitivo (Bay Club) o hacer deportes náuticos (Maremoto)”.
lunes, 6 de julio de 2015
El Westin inaugura el verano
El jueves la terraza del Westin estaba más concurrida que el balcón del ayuntamiento desde que Joan Ribó es alcalde. Allí estaba lo más chic de Valencia, pisando las mismas baldosas por las que ha paseado lo más conspicuo del glamour internacional: George Clooney, Kevin Costner, Bruce Springsteen, Claudia Schiffer o Elle Macpherson.
En el centro de la terraza, una gran escultura que reproduce un enorme osito de gominola. Alrededor, camareros sirviendo exquisiteces como sushi de Komori, saquitos de marisco, ceviche de corvina o mini croquetas de boletus. Todo presentado con ese estilo ya típico de los cocteles elegantes, en los que ya ni siquiera te dan una tapa, sino un bocadito de la tapa; cualquiera de nuestros abuelos hubiese creído que le estaban tomando el pelo. Claro que la gente, por muy elegante que sea, hace tiempo que perdió la vergüenza y aborda al camarero hasta arramblar con la bandeja. En definitiva, lo que popularmente se conoce como un ambiente fino y elegante a la par que discreto.
Entre los asistentes, debía de haber pocos votantes del PSPV, casi ninguno de Compromís, y de Podemos ya ni hablamos. Cuando el PP era el PP y no la sombra de lo que fue, en una de estas fiestas te encontrabas a medio gobierno y siete docenas de aspirantes a ser amigos suyos; iban allí, a hacerse el encontradizo, a ver si con suerte el conseller de turno le daba tres minutos de conversación.
Ahora el cuento ha cambiado, y ardo en deseos de encontrarme con Mónica Oltra en alguno de estas fiestas. Antes o después tendrá que ir, porque seguro que la invitan, y no podrá negarse eternamente.
¡Ay!, me cambiaría por ella sin dudarlo un segundo: allí entraría yo, con mis sandalias planas, mi vestido con un aire hippy, y mi porte rebelde.
Entraría por la puerta, dejándome agasajar por el anfitrión de turno, con más cara de pepero que el mismísimo Aznar; y esculpiría en mis labios esa sonrisa suya contagiosa, que no sabes si se está riendo de ti, porque ha enviado a los tuyos a las mazmorras de la oposición, o es que es simplemente es una mujer feliz.
Todo llegará, quién sabe, a lo mejor entre toda esa gente fina y elegante hay más votantes de Mónica de lo que nos creemos. Bueno, el caso es que el Westin celebró el jueves su ya tradicional fiesta de inauguración de la terraza, que viene a ser al verano, lo que la Cridá a las Fallas, y encima con mucho, pero que mucho, “caloret”.
Entre los invitados, Alejandro Solvay e Iñigo Parra, de APD; Juan Grima, de Cuatrecasas; Ricardo Díaz, de Deloitte; Pedro Novella, de Everis; Carlos Serrano, de Cárnicas Serrano; Enrique Belenguer, de la Fundación ÉTNOR; Andreu Miquel, del IVI, Gonzalo Trénor de Ramafrut o Fidel García-Guzman, del grupo Guzmán. Mucho ejecutivo y empresario y ningún político. Entre las mujeres, mucho estilo, como el de Paula Sánchez de León, monísima con un vestidito lencero de seda, o Verónica Montijano, que estuvo con su madre Ana García, y su marido José Luis Vilanova, que pronto dejará Valencia para pasar los meses de verano en las Rías Baixas, ¡qué envidia!
También estaba Pedro García Mocholí, que descubrió una barra de champagne Perrier Jouët abandonada en medio del jardín a la que hacían menos caso que a Alberto Fabra en una convención de nuevas promesas de la política.
El mismo jueves, los dueños de Lotelito, la cafetería de moda en Valencia, abrían un nuevo restaurante en la Malvarrosa. Se llama Portolito y está decorado en blanco y madera con suelo de barro cocido que le da un toque valenciano que a Carolina Punset (Caroline Punto Siete como la llama Xavi Castillo) le hubiera parecido propio de L’Alquería Blanca. Por allí se dejó ver Teresa Badía, Nati Altarriba, el estilista Rafa Moreno, Carmen Martínez y las periodistas Elvira Graullera, Eva Montesinos, Mariola Cubells e Isabel Goyanes.
En el centro de la terraza, una gran escultura que reproduce un enorme osito de gominola. Alrededor, camareros sirviendo exquisiteces como sushi de Komori, saquitos de marisco, ceviche de corvina o mini croquetas de boletus. Todo presentado con ese estilo ya típico de los cocteles elegantes, en los que ya ni siquiera te dan una tapa, sino un bocadito de la tapa; cualquiera de nuestros abuelos hubiese creído que le estaban tomando el pelo. Claro que la gente, por muy elegante que sea, hace tiempo que perdió la vergüenza y aborda al camarero hasta arramblar con la bandeja. En definitiva, lo que popularmente se conoce como un ambiente fino y elegante a la par que discreto.
Entre los asistentes, debía de haber pocos votantes del PSPV, casi ninguno de Compromís, y de Podemos ya ni hablamos. Cuando el PP era el PP y no la sombra de lo que fue, en una de estas fiestas te encontrabas a medio gobierno y siete docenas de aspirantes a ser amigos suyos; iban allí, a hacerse el encontradizo, a ver si con suerte el conseller de turno le daba tres minutos de conversación.
Ahora el cuento ha cambiado, y ardo en deseos de encontrarme con Mónica Oltra en alguno de estas fiestas. Antes o después tendrá que ir, porque seguro que la invitan, y no podrá negarse eternamente.
¡Ay!, me cambiaría por ella sin dudarlo un segundo: allí entraría yo, con mis sandalias planas, mi vestido con un aire hippy, y mi porte rebelde.
Entraría por la puerta, dejándome agasajar por el anfitrión de turno, con más cara de pepero que el mismísimo Aznar; y esculpiría en mis labios esa sonrisa suya contagiosa, que no sabes si se está riendo de ti, porque ha enviado a los tuyos a las mazmorras de la oposición, o es que es simplemente es una mujer feliz.
Todo llegará, quién sabe, a lo mejor entre toda esa gente fina y elegante hay más votantes de Mónica de lo que nos creemos. Bueno, el caso es que el Westin celebró el jueves su ya tradicional fiesta de inauguración de la terraza, que viene a ser al verano, lo que la Cridá a las Fallas, y encima con mucho, pero que mucho, “caloret”.
Entre los invitados, Alejandro Solvay e Iñigo Parra, de APD; Juan Grima, de Cuatrecasas; Ricardo Díaz, de Deloitte; Pedro Novella, de Everis; Carlos Serrano, de Cárnicas Serrano; Enrique Belenguer, de la Fundación ÉTNOR; Andreu Miquel, del IVI, Gonzalo Trénor de Ramafrut o Fidel García-Guzman, del grupo Guzmán. Mucho ejecutivo y empresario y ningún político. Entre las mujeres, mucho estilo, como el de Paula Sánchez de León, monísima con un vestidito lencero de seda, o Verónica Montijano, que estuvo con su madre Ana García, y su marido José Luis Vilanova, que pronto dejará Valencia para pasar los meses de verano en las Rías Baixas, ¡qué envidia!
También estaba Pedro García Mocholí, que descubrió una barra de champagne Perrier Jouët abandonada en medio del jardín a la que hacían menos caso que a Alberto Fabra en una convención de nuevas promesas de la política.
El mismo jueves, los dueños de Lotelito, la cafetería de moda en Valencia, abrían un nuevo restaurante en la Malvarrosa. Se llama Portolito y está decorado en blanco y madera con suelo de barro cocido que le da un toque valenciano que a Carolina Punset (Caroline Punto Siete como la llama Xavi Castillo) le hubiera parecido propio de L’Alquería Blanca. Por allí se dejó ver Teresa Badía, Nati Altarriba, el estilista Rafa Moreno, Carmen Martínez y las periodistas Elvira Graullera, Eva Montesinos, Mariola Cubells e Isabel Goyanes.
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