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lunes, 13 de febrero de 2017

Déjà vu

Jueves noche. Palau de les Arts. Estreno de La Traviata. Sobre la alfombra roja desfila la Reina Sofía, el diseñador Valentino (productor de la ópera), la actriz Mónica Bellucci, la eterna Naty Abascal, Cary Lapique, Carlos Fitz-James Stuart, Luís Alfonso de Borbón con su mujer Margarita Vargas, Pia Miller, hermanísima de Marie Chantal Miller, la mujer de Pablo de Grecia, Giancarlo Giammetti, socio de Valentino. Todas ellas de largo y algunos de ellos de esmoquin, como corresponde a un gran estreno operístico.
La escena recordaba aquellos años gloriosos de la Copa América o la Fórmula 1. Más de un pepero debía estar revolviéndose en la silla pensando que le habían usurpado el sitio. El estreno de una ópera es la cita por excelencia de la burguesía y las clases pudientes, esas a las que el campismo sacó de casa antes de meterlas en los juzgados. Y el jueves, justo el día antes de que se dictase sentencia sobre una de las piezas del caso Gurtel, va y se estrena la Traviata en valencia: ¡hace falta tener mala leche!, debió pensar más de un conspicuo campista.
Y allí estaba nuestro querido alcalde, sin corbata pero esta vez con abrigo, como si alguien le hubiese dicho: “Joan, hui has d'anar guapo” y él hubiese rebuscado entre las fotos de Telva para encontrar una alternativa a su odiada corbata. Además de Naty y Cary, de Madrid vino el interiorista Pascua Ortega, la modelo Marta Ortiz, los relaciones públicas Carlos Martorell, María Fitz James, Eugenia Ortiz (hija de Bertín Osborne), Ana Gamazo, la directora adjunta de la revista Hola Belén Junco y Carmen Echevarría, mujer de Roberto Torretta y futura suegra de Marta Ortega (su hijo Carlos Torretta sale con la hija del dueño de Zara desde hace más de un año).
Entre el público valenciano, el presidente de Mercadona Juan Roig con su mujer Hortensia Herrero (con un vestido negro de Etro), el notario Carlos Pascual, Mayrén Beneyto (vestida de azul Klein de Marta de Diego) y Ramón Almazán, Lila Albanozzo (Il baco da setta), la relaciones públicas Rocío Bacharach, Emilia Segura, Menchu Trénor, Mayré Girona, Marisa Martín, José Tamarit y Ana Valero de Chapeau, Fernando Roig y Elena Negueroles, Pilar Trénor, María José Navarro, el doctor Murgui…
El despliegue político fue algo más austero que en los tiempos del PP. Además del Alcalde, el president Ximo Puig, que llegó al estreno acompañando a la Reina Sofía, algún que otro conseller y el delegado de Gobierno, Juan Carlos Moragues. Se echó en falta a Mónica Oltra. Ella representa ese nuevo glamour que no acaba de encontrar su sitio en estos saraos burgueses.
También estuvo la diseñadora Marta de Diego, contenta de que por fin un estreno de ópera tenga el rigor que corresponde a un estreno. “Por fin Valencia recupera un poco del glamour perdido durante estos años. Valentino con toda su comitiva le dio nivel al estreno y el hecho de que viniera la Reina todavía más”. Lo peor: que el Alcalde fuese sin corbata. “Me pareció una falta de respeto no solo a los invitados, sino a la orquesta, que está trabajando y van impecáblemente vestidos con traje y corbata”.
La dirección artística es de Sofía Coppola, una pena que no pudiera venir porque está terminando la producción de su última película, una versión de “El seductor” con un reparto femenino de lujo: Nicole Kidman, Kirsten Dunst y Elle Fanning.
La semana que viene el glamour valenciano cogerá el AVE a Madrid. Allí comienza el viernes la Mercedes Benz Fashion Week y el primero en desfilar será Juan Vidal. Ese día también lo hará Montesinos y el sábado Hannibal Laguna. Hasta aquí la representación valenciana en la pasarela madrileña. A ver si la próxima edición conseguimos alguno más.

Album de fotos de Biel Alino para El Mundo

lunes, 8 de febrero de 2016

San Nicolás

Dicen que si vas tres lunes seguidos andando, en absoluto silencio y rezando, desde tu casa a la Iglesia de San Nicolás, se cumple el deseo que hayas pedido. ¡Quieeetas!, que os conozco; no vale pedirse la colección entera de Chapeau. No, tiene que ser un deseo inmaterial, que los santos no están para frivolidades. San Nicolás siempre ha sido una de esas joyas que los valencianos no acabamos de poner en valor. Entrabas y te asombrabas viendo el techo y las paredes, pero todo estaba oscuro, como si le faltase una luz que no podían darle el sol ni las bombillas. Así ha estado durante años, hasta que Hortensia Herrero se preguntó un día si no se podría hacer algo para resaltar esas pinturas. Habló con quien tuvo que hablar y le dijeron que la solución era compleja, que había que restaurar casi todo el templo porque había grietas en el techo por las que se filtraban humedades, cristaleras rotas y la fachada hecha una pena. Hortensia debió de pensar que ya iba siendo hora de que alguien hiciese algo por el bueno de San Nicolás. De eso hace siete años, cuando casó allí a una de sus hijas.
Y se puso manos a la obra. Primero arreglaron la parte arquitectónica y luego las pinturas. Esta semana hemos visto el resultado: la han bautizado como la Capilla Sixtina Valenciana. Y la verdad es que es una pasada. Es como si un modisto coge un vestido de Balenciaga que está muerto de pena en el armario de tu madre, mal planchado y amarillento, te lo arregla, te lo pones y de pronto lo ves con todo el esplendor que tuvo en su día. El jueves, lo más granado de la sociedad valenciana estuvo la Iglesia de San Nicolás para la puesta de largo de la restauración. Allí estuvo nuestro Alcalde Joan Ribó, el delegado de gobierno Juan Carlos Moragues, la directora general de Cultura y Patrimonio Carmen Amoraga, y toda la familia de Hortensia: Juan Roig sus cuatro hijas y yernos; también el arquitecto Carlos Campos y Pilar Roig, responsables de la restauración, el Párroco de la Iglesia Antonio Corbí y el Cardenal y Arzobispo de Valencia Antonio Cañizares. Para la ocasión, Hortensia llevó un traje chaqueta negro de Marta de Diego de crepé de lana italiano combinado con gasa, un conjunto muy de ceremonia que según la diseñadora utiliza para este tipo de celebraciones. Como se suele decir, elegante pero discreto. Vamos, como San Nicolás, que ya lleva ahí siglos siendo lo más elegante de Europa sin hacer ningún tipo de ostentación ni alarde.
Después de la misa, Hortensia invitó a un cóctel cerca de la Iglesia a los más íntimos, como el presidente del Valencia Basket, Vicente Solá, el empresario Miguel Burdeos con su mujer Amparo Andreu, Carmina García Petit, muy amiga de los Roig, Emilia Segura, el joyero Vicente Gracia, la diseñadora Marta de Diego y su socia Pepa Martí, Mayrén Beneyto, María José Albert, María José Navarro, Maríangeles Fayos, del Teatro Olympia, María José Pechuán y Ana Peris, entre otros.
Bueno, pues eso chicas, que la que no haya ido nunca, ya tarda en hacerlo. Vale la pena. Y si eres de las que creen en los milagros de los santos, pues ya sabes. Mañana es lunes, sales de casa y te vas para allí. Ten en cuenta que no puedes hablar con nadie, así es que si te cruzas con el mismísimo Brad Pitt, tú a la tuya, vista al suelo y a caminar. Claro que si en vez de Brad es la típica amiga pesada del colegio, a ver qué haces. Tú callada, y ella dale que te pego, y tú que te vas y ella que te mira como diciendo será estirada la muy pava. Pero da igual, no cedas a la tentación, todo sea porque se cumpla tu deseo. Quien sabe, quizás esta semana el Santo esté más generoso de lo normal.

lunes, 12 de mayo de 2014

Arguimiro Balboa

Argimiro Aguilar es un icono de la sociedad valenciana. Un tipo hecho a sí mismo que empezó hace veinticinco vendiendo joyas a los bedeles de la facultad de Derecho y acabó montando una de las joyerías más emblemáticas de la ciudad. El año pasado le hicieron un butrón y le desvalijaron su joyería de la plaza del Ayuntamiento. Muchos creían que no levantaría cabeza; un golpe como ese en plena crisis debía de doler más que los derechazos que aquel ruso enorme le propinaba a Rocky Balboa en el ring. Pero Argimiro, como Rocky, se levantó y le plantó cara a su desdicha. El jueves su mujer, Sesé, y él inauguraron una nueva joyería en la calle Colón. Les arroparon buena parte de su clientela, que son también buena parte de lo más granado de la sociedad valenciana. Allí estuvieron el Presidente de Mercadona, Juan Roig, con su mujer Hortensia Herrero, el Conseller de Economía Máximo Buch, el presidente de la Cámara José Vicente Morata con su mujer Pilar Pons, el presidente de la empresa valenciana, José Bernardo Noblejas, y también el de los rotarios, Nacho Baixauli; Marisa Fayos del Teatro Olympia, Jose Tamarit y Ana Valero, de Chapeau, el director de Luanvi Vicente Tarancón y Laura, Vicente Aguilar, de Patatas Aguilar, y su mujer Toña Játiva, el presidente de la Magistral de Gastronomía José Luis Palencia, el pintor Enrique Senís, Antonio Meco y María José Albert, Laura Penadés y Jesús de Salvador, el futbolista Albelda con su mujer Vicen, el cardiólogo Joaquín Costa, Isabel Giménez, de la Bolsa de Valencia, María José Guillem, de Cuatrecasas, el periodista Eduardo Alcalde, Pepa Navarro, Julia Escribano y Luisa Bravo, además de un montón de gente de las fallas, como el presidente de Conde Salvatierra Vicente Fuster y el ex presidente de Convento Jerusalén, Jesús Barrachina, o la fallera mayor de Valencia de 1994 Laura Segura.
La verdad es que este hombre tiene una capacidad de convocatoria que ya quisieran para sí los candidatos a las elecciones Europeas, incapaces de mover a un alma si no es pagándoles el autobús. La joyería ocupa el local que dejó Yanes, un espacio que era excesivamente oscuro y recargado. Pero el interiorista Carlos Serra -que la semana que viene reabre El Mercader de Indias en la calle Taquígrafo Martí- lo ha reconvertido en una joyería más abierta y alegre, como su dueño. Las boisseries originales se han mantenido, pero con un nuevo lacado que va del blanco al roble original. Para contrastar, el mobiliario de vitrinas y de expositores es muy racionalista. Las mesas son de roble natural. Lo más impactante es la zona central de la joyería, con una bóveda cubierta de pan de oro y una escultura con plafones de latón dorado hechos a mano. Como buen anfitrión, Argimiro fue recibiendo uno por uno a los invitados, enseñándoles la joyería. La fiesta continuó después en el restaurante La Embajada, decorado estilo años 20 con globos dorados y plateados, cortinas de flecos dorados, teléfonos y gramófonos de la época y varias parejas vestidas con trajes de charlestón bailando a ritmo de jazz. “Argimiro nos contó que inauguraba una nueva tienda y después de veinte años en el oficio quería organizar una fiesta por todo lo alto, donde los invitaron quedaran fascinados”, cuenta Rosa Lorente, una de las organizadoras. La idea de recrear una fiesta como las de la película El Gran Gatsby le fascinó. Y “La Embajada”, ese palacete que está en la esquina de El Corte Inglés mirando al Parterre, era el espacio perfecto, con ese punto decadente de las viejas casas nobles.
Los suelos de mosaico, los techos altos y las lámparas de cristal, ayudaron mucho a recrear la mansión donde Gatsby celebraba sus fiestas para conquistar a Daisy Buchanan. No faltó de nada: barra libre con champagne, gin-tonics y cócteles de la época -manhattan y diamante-, dos espectaculares buffets de postres donde podías tomar marrón glacé, galletitas con el logo de Argimiro, bizcochos, mini merengues y vasitos de Red Velvet, música de jazz en directo y hasta un photocall con una cámara auténtica de años 20. La fiesta acabó con una coreografía y una lluvia de confetis dorados.

martes, 1 de abril de 2014

Cumpleaños en la ópera

Desde que Julia Roberts le agradeció de antemano a Richard Gere que le llevase a La Traviata, en aquella cursilona escena de Pretty Woman, más de una estamos esperando que nuestro chico nos regale un collar de perlas, nos dé crédito para ir de compras y nos lleve a la ópera por la noche. No es justo, nosotras tan buenas, tan sufridas, tan correctas, y ella tan pelandrusca y tan macarra, y al final a ella la llevan a la ópera y a nosotras a los cines ABC Park. Cuando abrieron el Palau de Les Arts, muchas pensamos: ahora sí, él lo hará; cualquier día de estos, cuando menos me lo espere, me sorprenderá. Incluso tenemos interiorizado aquel comentario de Gere: “La reacción de la gente la primera vez que ve una ópera es muy espectacular, o les encanta o les horroriza. Si les encanta, será para siempre, si no pueden llegar a apreciarla pero jamás les llegará al corazón.” Ni que decir tiene que todas y cada una de nosotras somos del primer grupo, no vamos a ser nosotras menos que aquella mujer de la calle, y si ella lloró cuatro lágrimas, nosotras estamos dispuestas a dejar caer el Nilo sobre el viejo Cauce del Turia. En fin, seguiremos esperando, confiemos en que alguien nos lleve antes de que Julia Roberts interprete a la vieja Miss Daisy. Claro que muchas sí que han ido y van con cierta regularidad. El jueves, sin ir más lejos, buena parte de los cliente de Giménez Joyeros fueron a ver a Plácido Domingo y Guanqun Yu interpretando Simon Boccanegra, de Giuseppe Verdi, en el Palau de Les Arts. La ópera tiene mucho en común con la joyería: dos artes a los que apenas han afectado las revoluciones tecnológicas, sociales o económicas de los últimos siglos. Una ópera, igual que un collar de perlas, es lo que siempre fue y la reflexión de Richard Gere le sirvió igual a nuestras tatarabuelas que a nuestras bisnietas. Giménez está celebrando su 125 aniversario. Cuenta Carlos Giménez que hace unos meses, cuando se enteraron que estaba programada la ópera de Plácido Domingo, vieron la oportunidad de invitar a sus clientes vips a una velada a la altura de sus expectativas. “Domingo es embajador de Rolex desde hace más de 30 años y eso nos permitió contar con él; invitamos a la ópera a 125 clientes”... ¡suerte que tienen algunos! Entre otros, Juan Roig con su mujer Hortensia Herrero, Mayrén Beneyto, Vicente Boluda y su mujer Verónica Ceballos, Emilia Segura. Los expresidentes del VCF Paco Roig y Pedro Cortés, médicos como el Doctor Vicente Guillém y su hermano Miguel Guillém, Ramón Llosá, el constructor Ramón Miguel. También estaban invitados Enrique Ponce y Vicente Barrera, no fueron ninguno de los dos; Enrique porque no está para estas juergas después del susto que le dió un toro en Fallas y Vicente Barrera porque está en México.
Hablando de toreros, Sebastián Palomo Linares, que cambió el estoque por los pinceles y la muleta por los lienzos, ha estado esta semana en Oliva Nova clausurando una exposición de sus últimas pinturas. Lo hizo coincidiendo con la competición internacional de salto de obstáculos Mediterranean Equestrian Tour. Volviendo a la ópera. Cuchita Lluch aprovechó el estreno de Boccanegra en el Palau para hacer patria y se trajo a una representación de Asociación de Amigos de la Real Academia de Madrid: Rafael Ansón con su mujer Inmaculada Quintana, Alfonso Cortina con su mujer Miriam Lapique, Carlos Falcó, Leopoldo Rodes y Javier Chico de Guzmán, de la, vinieron en AVE, comieron en el restaurante de Quique Dacosta, luego fueron a la ópera y acabaron el plan cenando en Contrapunto. Según Cuchita, la flor y nata madrileña quedó impresionada y según dijeron aquí se come muy bien y la producción de la ópera del Palau de Les Arts es mejor que la del Teatro Real. Mira que si va a tener razón Alberto Fabra y Valencia vuelve a despegar. Por lo pronto ya nos hemos llevado la medalla al Premio Turístico, que se lo han dado a Alejandro Bataller, presidente Sha Wellness de Alfaz del Pi… ¡Despejen la pista, que los valencianos vuelven a calentar motores!

martes, 19 de noviembre de 2013

En busca del origen

Imagínate que estás en la India, en Rajasthan, sentada a la sombra de templos milenarios; atardece y tú allí, escuchando el sonido de una fuente cercana y pidiéndole al cielo que haga callar al plasta de tu marido que te está contando no sé qué demonios sobre la Ruta de la Seda. A tí eso te suena a Marco Polo, un tipo del que lo único que sabes es que viajó más que el baúl de la Piquer. Mientras tu chico sigue dale que te pego, tú decides ocultar tus ojos tras tus gafas de sol y jugar a imaginar tu vida habiendo nacido en Rajasthan; serías la hija de un Rajah y por supuesto guapísima de la muerte, te habría llevado a estudiar a Londres, allí habrías conocido al guapísimo hijo de otro príncipe….
Media hora después vuelves a la realidad,  tu marido sigue con lo de Marco Polo… ¡qué pesado, Dios mío! Abres los ojos para hacerle un poco de caso y mira tú por donde en la mesa de al lado acaba de sentarse una joven india que lleva unos pendientes idénticos a los que lleva tu abuela en la foto del día de su boda. ¡Uy, qué curioso!
Probablemente, tú no le dieses más importancia a lo de los pendientes de tu abuela, pero Vicente Gracia, joyero, valenciano y apasionado del arte, la historia y el folklore, le dió vueltas y más vueltas hasta que encontró un vínculo entre los pendientes de la chica india y los de tu abuela. En un viaje a Rajasthan, investigó el parecido entre los pendientes tradicionales indios y los valencianos. “Eran de racimo, como los pendientes de fallera, con perlas, balconcillos, diseños florales y filigranas. Pense que no podía ser casualidad. En Valencia la joyería tradicional no se parece a la de ninguna otra región de España y empecé a preguntarme por qué.”
La respuesta la encontró en la ruta de la seda y en el comercio con piedras preciosas, sedas y perfumes. “Rajastán, Samarcanda, Damasco… todos los lugares por donde pasa la ruta de la seda tienen la misma iconografía. Como el comercio lo mueve todo y es muy abierto, -cuando vas a hacer negocios con alguien no preguntas su religión, le aceptas con sus diferencias- la influencia era evidente.”
Mucha de nuestra iconografía proviene de Asia central, de Afganistán, de Persia....Dice Gracia que el espolín del traje de valenciana le debe mucho a Damasco, ciudad en donde nació el famoso adamascado, la técnica para tejer con hilos de oro y plata. Otros elementos de la cultura valenciana también llegaron a través de la ruta de la seda: pólvora, arroz, cerámica, joyería, seda.... A Vicente Gracia le fascinó tanto este descubrimiento, que gran parte de su obra está dedicada a la relación entre oriente y occidente
Su última exposición ahonda en las influencias artísticas entre ambas culturas. “En busca del origen” es una colección de siete piezas de joyería inspiradas en la iconografía que llegó a Valencia desde oriente, acompañadas por piezas de cerámica medieval que han inspirado las joyas y un texto de un poeta místico.
El marco de la exposición es la planta noble del Palacio del Marqués de Dos Aguas. Allí, entre salones lujosos, porcelanas finas y decoraciones suntuosas, las piezas de cerámica y joyería reposan con los poemas místicos dentro siete vitrinas, un número sagrado para algunas religiones.“Sin ala y sin pluma, detrás de tí vuelo”, dice uno de los poemas caligrafiados a mano por Vicente Gracia. “Eres mi doctrina y mi fé; eres mi hierba y mi jardín, eres mi paraíso”, reza otro de los poemas escritos por Runi y Ibn Yubair, este último nacido en Valencia en la edad media y uno de los viajeros y poetas hispanoárabes más destacados.
“Hemos intentado que la relación entre poemas, cerámica y joyas sea sutil. Los poemas de los místicos inspiran toda una concepción del mundo que refleja la cerámica y la joya”, dice Gracia.

En la inauguración de la muestra, el pasado jueves, el joyero estuvo acompañado por el empresario Juan Roig y toda su familia, la presidenta de Unicef Nidita Guerrero, la presidenta del Palau de la Música, Mayrén Beneyto, y la CEO de ArtinGroup, Sara Pérez Roselló, organizadora de la exposición, entre otros invitados.
(Foto David Poliakoff)