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lunes, 20 de junio de 2016

Vuelve el champagne

El Veles e Vents se inauguró hace diez años; y ahí ha estado el pobre, como un ex presidente del Gobierno, o lo que es lo mismo: como un jarrón chino, nadie sabe qué hacer con él. La obra minimalista de David Chipperfield, con sus enormes cristales y terrazas de madera, cayó en desgracia con la crisis. Las tablas de madera de las terrazas se agrietaban, las paredes del interior necesitaban capas de pintura y hubo un tiempo en el que ni siquiera se podía pagar la vigilancia del edificio. Las penurias económicas trajeron consigo un cambio en la estética: de la vanguardia minimalista de grandes espacios blancos, pasamos a los ladrillos cara vista, las vigas de madera, las sillas de enea y el estilo rústico. El pueblo, el pueblo era un valor seguro y no esos macro edificios capitalistas desnaturalizados que no sabes si estás es Sidney, Tokio o Nueva York. Pero el tiempo lo cura todo, menos nuestras arrugas. Ahora, Heineken y La Sucursal han dado una segunda oportunidad al edificio. Lo han limpiado, reparado, acondicionado y redecorado con ambientes más amables y acogedores y han abierto allí tres restaurantes: uno de comida mediterránea, otro de alta gastronomía (La Sucursal) y una barra de cervezas. Además de una escuela de hostelería y un espacio cultural con exposiciones de fotografía de Jorge de Muñoz y de escultura de Miquel Navarro.
El nuevo Veles e Vents se inauguró el martes con una fiesta por todo lo alto: más de mil invitados, el presidente de Heineken España Richard Weissend, Javier Andrés, de la Sucursal y la plana mayor de la nueva política valenciana, desde el President Ximo Puig, hasta el alcalde Joan Ribó y el President de Les Corts Enric Morera, todos perfectamente integrados en ese escenario otrora tan pepero. La ocasión no era para menos. Que una cosa es ser podemita alavalenciana y otra renunciar a los más refinados placeres del hedonimos.
En el nuevo Veles e Vents hubo música en directo, cervezas a gogó, una organización muy profesional con gente como Corinna Heilman, y un catering que hubiese sido perfecto si en lugar de servirlo a las diez lo hubiesen hecho una hora antes, justo después de los discursos oficiales. Por lo demás, el evento recordó a aquellos fastos de la Copa América, pero la presencia de Joan Ribo y Ximo Puig sirvió para eliminar cualquier sentimiento de culpa. Si ellos han vuelto al Veles e Vents, cualquiera puede hacerlo.
La inauguración de la terraza de Marina Beach Club, este jueves, también nos transportó a los años de lujo y esplendor de la Copa América. La terraza se llama Sky bar y tiene unas vistas privilegiadas de la Malvarrosa. En la fiesta pinchó Bimba Bosé y hubo barra de champagne, de cócteles, de ostras fine declarie servidas por Andrés Soler, de Austrarium, jamoncito del bueno, catering abundante y una lista impecable de invitados, entre ellos Salvador Vila, Javier Monedero y Rosa Sanchís, Mónica y María José Duart, Marco Motta, Carmen Romero, Esperanza Vila, Alfonso Manglano y Eva Marcellán, el periodista Joseca Arnau, Esther y Laura Segura, Silvia Lafuente, Manuel Bueno, Juan Valero de Palma, Alejandro Ríos, Sonia Gómez-Luzón, Irina Manglano, Tomás Guillen, Toti Herrero, Cote Senabre, Nacho Ochoa, Paula Artés, Jose Cañizares, Pilar Lluquet, Reyes Trénor, Fran Bolinches y Susana Lozano, Nacho Gómez-Trénor, Carmina Ibáñez, Marisa Gallen, Paula Rincón de Arellano, Sergio Adelantado, Sara López Blanco, Noemí Carrasco, el interiorista Ramón Bandrés con Elena Meléndez, la diseñadora Amparo Chordá, Maite Sebastiá, Isabel Ruiz, Marta Puigmoltó, Alejandra Montaner, Marta Querol, María López-Trigo, Mayre Girona, Tania de la Torre e Isabel Bermejo. Vamos, una fiesta perfecta, de manual.

lunes, 23 de mayo de 2016

La Marina Real busca su sitio

Hay cosas que nadie se explica por qué no triunfan. Hace años, una famosa casa de coches sacó una moto con techo que, sobre papel, reunía todos los requisitos para arrasar en el mercado de los vehículos urbanos. A la hora de la verdad, fue un fiasco. Algo parecido le pasa a la Marina Real. Sobre el papel, todo es perfecto: el mar, el sol, la Malvarrosa con su inmensa playa de arena y sus restaurantes típicos donde se come la mejor paella del mundo, edificios hipermegaguays como el Veles e Vents, puentes móviles que cruzan el canal, autobuses marinos… y ahí está, nadie sabe qué hacer con ello. Los restaurantes no acaban de chutar. Los locales de copas abren y cierran porque no acaban de encontrar negocio. El alcalde Ribó está ahora buscando ideas, ¡qué Dios nos ayude! Conociéndole puede que llene aquello de parades de fruites ecològiques barcas de pedales y barquichuelas de vela latina tipo Albufera, guiadas por el Tio Paloma, perchando canal arriba, canal abajo. De fondo, concierto de dolcaina y tabalets con el Conseller Marza organizando trobades de vete tú a saber qué cosas, repartiendo besos y abrazos entre padres y niños vestidos con camisetas reivindicativas. Los gintonics serán sustituidos por mistelas; el chill-out dará paso al último éxito de Bajoqueta Rock… en fin, quién sabe, quizás así la Marina encuentre su sitio. Claro que también tendría que replantearse su nombre; eso de Marina Real suena demasiado pijo y aristocrático.
El 14 de junio se inaugura el nuevo restaurante de La Sucursal y Heineken en el Veles e Vents. Quizás para entonces, Ribó ya tenga su plan. Ya me lo veo en la terraza del Veles e Vents explicándole su proyecto a Mónica Oltra: “ací posarem les barques de vela llatina, allí al costat les tendes de fruites i més enllà l'esplana per a les trobades de Vicent. Y Mónica sonriente y asintiendo y diciendo: “açò és el que necessita valència i no casinos i negocis especulatius”.
A la espera de que las cavilaciones de Ribó den su fruto, Marina Beach Club es ahora mismo su principal punto de atracción. Entre semana, conviven usuarios de Meetic con comidas de empresas y algún que otro extranjero. Pero además, se ha convertido en uno de los sitios de moda para organizar fiestas privadas. El jueves, la Clínica Asensio Odontología y la joyería Marfil Joyeros reunieron a lo más granado de la sociedad valenciana con los últimos resquicios del poder pepero valenciano en una fiesta que recordaba a las de la Copa América, con música de Manolo Mínguez, vinito de Javier Monedero, quesos y jamoncito del bueno. Hubo desfile de joyas con zafiros de muchos quilates, diamantes y broches art decó y los profesionales de la Clínica Dental Asensio presentaron los últimos avances en estética dental, como All-onfour, Lumineers o Invisalign, que prometen dejarte la sonrisa como la de Blanca Suárez.
Entre los invitados, gente tan estilosa como Esperanza Vila, Angeles Casanova con Bruno Martín, Isabel Aliño, María Gómez-Polo, Mariola Dolz, Silvia González (Clínica Asensio), Isabel y Paula Rincón de Arellano, el arquitecto Ramón Esteve, Carolina Gil, el siempre elegante Antonio Puebla, Amparo Lacomba, Ana García-Ribera, Rosa María Samper, el diseñador Alejandro Resta, Conchita Solanes y Teresa Martínez Durbán, Javier García, Maribel Cosme, Encarna Roig (Acosta) y María Angeles Miguel (El vestidor).
Como anfitriones, la familia Marfil y los doctores José Luis Lanuza y Lucía Asensio, que llevó un vestido ideal de Adriana Iglesias, una diseñadora valenciana que está vendiendo en Puerto Banús, Monte-Carlo, Cannes. Sus vestidos, en sedas lujosas y estampadas, son perfectos para cócteles glamurosos como el del jueves.

lunes, 28 de marzo de 2016

Monas de Pascua

Todas las pascuas lo mismo. Nuestros chicos rescatan del armario las Stan Smith y la cazadora de borrego de Levis y se sienten como si tuvieran dieciséis años. Y no vas a quitarles la ilusión, claro. Pero te dan ganas de decirles que ese no es el camino, que esa estética tan estebina (por Esteban González Pons) no les convierte en pimpollos que vayan a acaparar las miradas de las amigas de sus hijos. Es como si nosotras nos pusiéramos uno de aquello petos vaqueros que tanto nos encandilaron en la década de los ochenta y pensásemos que así íbamos a provocar un accidente masivo en una pista de skeaters. Ya pueden pasar los años que hay tópicos pascueros que se repiten una y otra vez: los vaqueros y las zapatillas son uno de ellos. Como el panquemado y la mona de pascua.
Dice Pedro García Mocholí, que de buen comer sabe un rato, que los mejores panquemados de Valencia están en la Rosa de Jericó (Hernán Cortés), Dulces Pérez (Micer Mascó), Paco Roig (Pintor Maella y Mercado Central) y Pastelería Monplá (Pizarro). Lo bueno de los dulces pascueros es que todavía no han sido abducidos por la industria del horneo, como sí le ha ocurrido a los cruasanes y las ensaimadas. Y claro, cuando te enfrentas a ellos y valoras si vale la pena echar por tierra dos semanas de dieta y bicicleta estática por medio minuto de placer, no tienes ninguna duda. La vida es así; el peso se pierde gramo a gramo y se gana kilo a kilo. Cada pueblo, cada zona de veraneo, tiene un maestro hornero que parece estar ahí esperándonos para que nuestro peso vuelva al punto de partida. Es como el pobre Sísifo, sube la roca y cuando la tiene arriba, se le vuelve a caer, y ¡ale!, otra vez para arriba. La Pascua es muy mediterránea. Bien pensado, tiene mucha lógica celebrarla más que la Semana Santa. Tierra adentro celebran la pasión y muerte de Jesucristo, aquí que somos más de echarnos a la calle para celebrar lo que haya que celebrar, festejamos su resurrección. Eso nos une a los catalanes y mallorquines, con lo que Mónica Oltra y los suyos deberían hacer algo para reivindicar la mona de Pascua como un elemento integrador de la cultura festiva y de la identitat del nostre poble. Con la mona de pascua no han podido ni los donuts ni los bagels. Prueba de que aquí celebramos más la Pascua que la Semana Santa es el éxito de Marina Beach, el club de playa que acaba de abrir junto a la playa de Las Arenas, en la Marina Juan Carlos I. Imposible comer o cenar sin reserva estos días. ¡Y eso que todavía no se ha celebrado la inauguración! Será a mediados de abril y promete ser la fiesta de la temporada. Marina Beach es lo que le faltaba a la ciudad para terminar de acercase a sus playas.
El concepto es similar a los Nikki Beach de Marbella, Ibiza o Saint Tropez: piscinas de láminas de agua, restaurante con comida internacional, terrazas chill-out, hamacas y sombrillas de diseño, cócteles pijitos y hasta un bar pool como los de los grandes hoteles de playa. La diferencia con los clubs de Marbella o Ibiza son los precios, que no están pensados para millonarios con megayates. Claro que aquí tampoco vienen tantos ricos con megayate a quien endosarles botellas magnum de Moët o Dom Pérignon… El caso es que es un buen sitio para comer o tomarse un gintonic frente al mar. Lo de ponerse en traje de baño a tomar el sol se queda para las más atrevidas, aunque las que estén dispuestas a hacerlo que sepan que el agua de las piscinas está climatizada para que se puedan utilizar desde ya mismo. Las que estéis en Valencia aprovechad para ir antes y así podéis contárselo a las demás cuando vuelvan de vacaciones. Va a ser la atracción del verano, ¡avisadas estáis!