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martes, 9 de junio de 2020

En plan... en plan


Esta semana han reabierto dos de las sociedades con más solera de Valencia: el Casino de Agricultura y el Ateneo Mercantil. Ambos tienen salones nobles, techos con artesonado y paredes forradas de madera. Son de los pocos vestigios de una época en la que ordenanzas uniformados y con gorra te daban los buenos días hablándote de usted y añadiendo un Señor antes del apellido, como en los Ministerios. Antes un ministro también era un señor de una cierta edad, serio y circunspecto, con un lenguaje que denotaba un origen ilustre o de alto funcionario del Estado. Claro que eso era antes, ahora una ministra puede decir Jo tía como si fuera tu hija adolescente y no pasa nada, tía.
El lenguaje de la ministra Irene Montero no es más que un reflejo de un mundo de adultos que quieren seguir siendo adolescentes. Antes, hace años, las muletillas delataban con precisión milimétrica a que segmento de edad pertenecías. Por ejemplo, de jovencitas no había frase que no metiésemos la palabra “molar” o “jopeta”. Pero en cuanto comenzabas a trabajar y entrabas en el mundo adulto, dejabas de usarlas. Ahora cada vez es más frecuente escuchar a cincuentones decir “cómo mooooola” o “joooooooo” vestidos con las mismas deportivas que llevan sus hijos. Y no pasará mucho tiempo antes de que incorporemos la expresión “en plan”, esa que utilizan nuestras hijas tanto para un roto como para un descosido. Ejemplos: “Me he comprado un vestido ideal y súper bien de precio, en plan 15 euros o así”. O bien: “esta noche hemos quedo para cenar en casa, en plan tomar unas pizzas.

Afortunadamente todavía quedan templos guardianes de la tradición y las buenas maneras. Ahí están en Casino y el Ateneo, manteniendo las buenas maneras y la formalidad en el trato. No me imagino a Carmen de Rosa diciendo: “jo, tía, qué guay que vuelvan los socios en plan normalidad”.
Tampoco me veo a Sara Joudí, la directora de la galería Shiras, o a Susana Lloret, de Bombas Gens,  recibiendo a los visitantes de una exposición con expresiones del tipo: “cómo mola veros en la inauguración, o sea, es que mola mogollón”. A ninguna de estas mujeres es fácil pillarlas en un renuncio porque en su entorno más coloquial tampoco utilizan ese lenguaje.

Las galerías de arte y los museos son una parte importante de la vida social valenciana. Muchas de ellas abrieron de nuevo la semana pasada: Luis Adelantado con una exposición colectiva de Björn Braun, Alex Cecchetti, Julie C. Fortier, Helen Mirra y Jorge Peris; el galerista Vicente Torres el viernes con una expo de Cristina Chumillas; Bombas Gens con una de Ana Femenía y Sara Joudí con ‘Lockdown collective’ (confinamiento colectivo), con obras de Miquel Navarro, Rosa Torres, Horacio Silva, Juan Olivares, Cristina Gamón y Josep Tornero. No hay cócteles de inauguración, pero al menos empezamos a recuperar la agenda, que ya es mucho.

Esta semana también han vuelto a su actividad las hípicas. Javier Martínez Rubio pudo montar a su caballo Sombra después de semanas sin verlo. Normalmente lo tiene en la Hípica de Valencia, pero estos días estaba en Bétera. También la abogada especializada en marcas Carolina Sánchez Margareto se ha reencontrado con su caballo Nickel en una finca privada de Casinos.

La vida social valenciana se va recuperando semana a semana. De las comidas familiares, como la de Ximo Ros con sus padres Joaquín Ros Bonafé y Conchín Navasquillo, pasamos a las cenas con amigos, como la Patrick Landrix, Trinuca Larraz, Bea Castelló y el DJ Manolo Mínguez, que pinchará en la terraza del Casino de Agricultura en cuanto Fernando Aliño la tenga a punto, ¡qué ganas!


lunes, 6 de noviembre de 2017

Del Tenorio a los zombies

Querido ángel de amor, en esta apartada orilla, ni la luna brilla ni se respira mejor. Por la calle hay cuatro zombies que en cualquier momento llamarán a tu puerta para que les des caramelos.
Noche de difuntos, ni sombra de Don Juan Tenorio. Las calles atiborradas de gente con disfraces de demonios y calaveras. Y nosotras, las cuarentonas, una vez más descolocadas en este mundo que ha cambiado mientras nos hacíamos mayores. Sin sentirnos identificadas con aquella Doña Ines a la que Don Juan le recitaba lo de “¿No es cierto ángel de amor, que esta apartada orilla, más clara la luna brilla y se respira mejor?”. Si hace años, algún galán hubiese venido a nuestro balcón con semejante ocurrencia, probablemente le habríamos dicho: “anda tonto el haba, baja y trae un par de cervezas, que mis padres no me dejan salir porque dicen que hoy no es noche de juerga. Pero tampoco estoy yo para estas memeces”.  No, no somos nosotras mujeres que hayan soñado con galanes apostados a nuestros balcones. Claro que la alternativa también nos pilla un poco  a traspiés. El niño que llama a la puerta, vestido de bruja y preguntándote: truco o trato. Y tú que no sabes cómo reaccionar. Si fueses una americana de Kansas City, sabrías como escenificar un susto de muerte. Pero habiendo nacido aquí, lo único que se te ocurre es darle un beso al niño, sacarle cuatro caramelos y quedarte allí delante con cara de tonta, pensando: ¡Y ahora qué!

Tampoco entiendes por qué los disfraces han de ser de brujas y demonios con tridentes. Iría más acorde con nuestra educación de las monjas que fuesen vestidos de pastorcitos, de santos o de curas.
Pero en fin, las cosas vienen como vienen. La batalla de Don Juan Tenorio está perdida hace tiempo. A ver quién es la guapa que convence a su hijo pequeño y a sus amigos a que vengan a casa a ver a Doña Inés asomada al balcón. Así es que si no puedes con ellos, únete a ellos.
Es lo que hicieron el peluquero Rafa Moreno y su marido José Alandés, que llevan varios meses preparando Halloween. Cada año eligen su disfraz inspirándose en un personaje de película de terror. Si el año pasado recrearon a la malvada Cruella de Vil, este año ha sido la película It de Stephen King. Rafa fue el autor de todo el maquillaje de caracterización, tanto el suyo de payaso maligno como el de Jose vestido muñeca Anabel y el resto del grupo: Eduardo Peris, María Angeles Baldó, Geles Martínez, Diana Esteban, Victor Sánchez, Angel Adán, José Alandés, Arturo Rosaleñ y Ana María Delamo.

El artista fallero Salvador Dolz también organizó una fiesta en su taller con la temática “el circo del terror”. Hubo disfraces terroríficos, como el de Javier Martínez Rubio, y otros convincentes como el grupo que iba de la peli La Naranja Mecánica: Johny Florez, José Luis Canoves y Fabio Chiarini y Filippo Saltari, dos italianos de paso por Valencia a los que les está gustando tanto la ciudad que ya están planeando quedarse.