domingo, 1 de junio de 2008

Parece que fue un sueño

El glamour valenciano no está atravesando sus mejores momentos; ¿quién nos ha visto hace apenas un año y quién nos ve ahora?... Aquellas fiestas de Prada, de Vuitton, de la Copa América; aquellas noches en el puerto con la terrazas a tutiplén rebosantes de mujeres ideales de la muerte y de caballeros que parecían sacados de un rodaje de James Bond. ¿Dónde están ahora?, ¿acaso estaban de paso y se han ido para no volver?; ¿será Valencia como aquellas blazer con hombreras que tuvieron su momento de gloria y nunca más se supo?, ¿o será como un pañuelo de Hermès que nunca pierde su elegancia aunque a veces pase temporadas olvidado en un cajón?.. “¿qui lo sá?”

En fin…, siempre nos quedará la Ópera. Servidora ha desistido de frecuentarla y no por falta de ganas, sino porque no estoy por la labor de dejarme la piel en el intento de conseguir entrada; que una no tiene cartera ni contactos para llegar a tan altas cumbres. Pero hete aquí que tengo un blog que es la repera, “malva y rosa” (www.elmundo.es/elmundo/blogs/malvayrosa/), y que no me sirve para ver y escuchar la Ópera, pero sí para enterarme de quién va y quién viene, y de cómo van y cómo vienen quienes supuestamente son lo más conspicuo de la sociedad valenciana. Con todo lujo de detalles me cuenta una lectora del blog que en el estreno de Turandot, y en presencia de la mismísima Reina de España, un caballero se presentó vestido con americana de lentejuelas doradas. ¡Uff!

Mi bloguera, a quien no conozco pero que parece enteradísima, dice que la más elegante de la noche fue la mujer de Agustín Morera, el presidente del Valencia, y destaca también a Paloma O´Shea:falda negra tubo a media pierna y una impecable chaqueta blanca entalladísima, con un volante rematando a cintura.” También cuenta que más de una iba ideal vestida de Zara. Y acaba su genial crónica contando una maldad, una catetada del público: resulta que cuando cambiaron las luces, el respetable, poco acostumbrado a codearse con la realeza, se puso en pie creyendo que entraba su Majestad, mientras que quien entraba era el maestro Zubin Mehta para tomar posesión de la batuta…. Uff, uff ¡qué bochorno!

¡Ay! Valencia, Valencia, no me mates, no me digas que ya no somos quienes éramos, que se acabó lo que se daba, que ya no habrá más glamour que el de las presentaciones falleras! Dime que es sólo una mala racha, fruto de la crisis económica; que no hemos sido flor de un día. Dime que es sólo una nefasta casualidad la noticia de que un grupo de ricachones, dispuestos a comprar a destajo firmas españolas de moda para comercializarlas por medio mundo, no hayan metido en la cesta a ninguna valenciana. Hablaron con Montesinos, el único que de entrada daba la talla para el ambicioso proyecto (¡uy! qué cosas, no hablaron con ninguno de los que participan en la Semana de la Moda Valenciana), pero a última hora también él se quedó fuera.

Así están las cosas, el público de la ópera poniéndose en evidencia delante de la reina y los grandes del diseño de la moda valenciana quedándose a la luna de Valencia. Vendrán tiempos mejores, volverán las terrazas del Puerto con señoras estupendas y caballeros impecables; volverán las fiestas glamurosas; sí, seguro que volverán, que ya está cerca la carrera de Fórmula 1; y volverá, como no, la Semana de la Moda Valenciana a servir de escaparate para que se lo pasen en grande cuatro amigos.

Nota: Dice mi bloquera que en el estreno de Turandot estaban, además, los políticos y habituales este tipo de saraos. Y la pregunta es, ¿por qué hay un grupo de gente que siempre tiene un sitio en los grandes eventos?, ¿será que pasan los días haciendo colas para conseguir abonos?

domingo, 25 de mayo de 2008

Entre snob y cateto

¡Ay, pero qué pesados se están poniendo con los dress code! Hasta hace poco, los códigos de etiqueta en el vestir eran A, B y C (largo, cóctel e informal) y se supone que el anfitrión los recomendaba para ayudarte a elegir vestuario. Pero ahora, con tanto evento y tanta fiesta, el dress code se ha convertido en una competición para ver quien es más creativo. Vamos, que en lugar de ayudar, te complica la vida. Ejemplos recientes: relaxed, glamorous, elegant, urban-chic … ¡Encima en inglés! Como si elegir ropa no fuera ya bastante difícil.

En la fiesta de inauguración de la terraza Brassa de Mar este jueves, en la Patacona, el dress-code era glamorous-fantasy. Lo de glamorous ya lo conocíamos de la fiesta de Prada. Pero el fantasy es nuevo y te deja descolocadísima, además de que se presta a muchas interpretaciones. Así pasó el jueves, que se vio de todo, gente muy bien y gente fatal. Además, con tantos invitados era difícil cotillear. De la comida y la bebida, mejor no hablar. Una, que ya está acostumbrada a estos saraos, tiene por costumbre llegar media hora después de la oficial, que es cuando empieza lo bueno. Así lo hice el jueves, pero me equivoqué. A las 9:30 de la noche, media hora después de la prevista, aquello era un campo de batalla lleno de bandejas y copas vacías. Para mí que la gente tenía ganas de fiesta y desbordaron las previsiones. Habrá que volver un día normal, porque el sitio promete: decoración de Nacho Moscardó, masajes a la luz de la luna y junto al mar, cócteles, comida mediterránea…

Justo antes de la inauguración de Brassa de Mar, la joyería Sofía invitó a una presentación de perlas australianas Kailis, las que anuncia Inés Sastre. Allí, los camareros también tuvieron dificultad en pasar las bandejas, porque la joyería es pequeña. Eso sí, las invitadas iban todas muy elegantes, se nota que son señoras con muchas horas de cóctel que ya saben cómo ir vestidas en cada ocasión. De eso precisamente estuve hablando con las hermanas Fitera. Me encanta hablar con ellas porque siempre tienen puntos de vista muy personales sobre la moda. Por ejemplo, ante la duda de si vestir o no de negro en una comunión, Blanca me respondió que la catetada era vestir siempre de color pastel. Vamos, que según ella, no hay motivo para no llevar un vestidito negro en esta ceremonia. Fue un alivio escucharla, la verdad, porque ya tenía mis dudas…

Total, que entre el lío de los dress-code y la conversación con las hermanas Fitera, me puse a pensar sobre cuándo se puede romper el protocolo, reflexión profunda digna de Carrie Bradshow, todo hay que decirlo. Llegué a la conclusión de que los dress code, como otras normas de protocolo, pueden saltarse cuando ya se tiene cierta experiencia o soltura en la vida social. Romper con lo establecido, vamos, con lo convencional, tiene su riesgo: puedes hacer el ridículo o ser el blanco de las críticas. Pero también seguir la norma a rajatabla, ir de encorsetado por la vida, puede resultar de lo más cateto.

Lo de saltarse las normas, también tiene que ver con la edad, cuando tienes tu propio criterio y puedes atreverte a ir contracorriente, sin perder la educación, claro. Por ejemplo, Rania de Jordania, que se puso de largo en la boda de Doña Leti y el Príncipe y fue un éxito. O aquí, en Valencia, el anfitrión de la fiesta de la Copa América, Ernesto Bertarelli, se vistió de traje cuando en la invitación exigía esmoquin. ¿Esnobismo, ganas de llamar la atención? Yo creo que cuando tienes una personalidad fuerte y estás muy seguro de ti mismo, te puedes saltar la norma. Vamos, que diga lo que diga el tarjetón, tú te vistes como te de la gana.

domingo, 18 de mayo de 2008

¡Qué suerte, tengo comunión!

No sé que es peor, si organizar una boda, una comunión o estar invitada a las dos

Que levante la mano el que no tenga que ir de comunión este mes. Me temo que pocos se libran. Si vas de invitado, todavía lo superas, pero como tengas que organizarla… No sé que es peor, si vérselas con una boda o una comunión. Si invitas a muchos, vas de fanfarrón; si invitas a pocos, puede quedar de lo más desangelado. Si regalas un detalle a los postres, mal; ni no regalas, peor. Lo de las fotos, tremendo, las pobres niñas con esos posados tan poco naturales, ¡ay, que penita me dan! Y luego está el vestido de comunión. Tantos años pensando en cómo vestirás a tu niña y cuando llega el momento te dice que ese vestido ni hablar, que ella lo quiere como el de su amiga, ¡con el mal gusto que tiene la madre de su amiga! Y un buen día te ves convenciendo a tu hija de que llevar guantes y bolso es un horror y que confíe en ti, que la vas a conducir por el camino del glamour. ¡Quien te lo iba a decir a ti!

Por no hablar del sufrido papel de los papás de la comunión. Todavía me acuerdo de la foto de Isabel Preysler –por cierto, como está de joven en el último Hola- en la comunión de su hija Tamara, con un traje chaqueta beige de Chanel y zapato bicolor de la misma firma. Han pasado más de veinte años desde entonces y las mamás seguimos vistiendo igual, con el clásico traje chaqueta y zapatos de salón, ¡pero qué aburrimiento más total! Claro que cualquier intento de llevar la contraria te puede salir caro. Seguro que tu hija te reprochará durante años que no vistas como el resto de las mamás. ¡Un desastre!

Al final, no te queda más remedio que adaptarte a las circunstancias y tratar de sobrellevar la situación de la mejor forma posible. Eso sí, con los guantes y el bolso, no hay que transigir bajo ningún concepto. Como mucho, un tocadito en el pelo y que sea lo más natural posible. Y la sesión de fotos previa, ni hablar. El vestido se estrena el día de la comunión y no se hable más.

Y si sólo fuera la comunión de tu niña, pues lo llevas mejor o peor. Pero es que encima este mes no dejas de recibir invitaciones de comunión y para cada una tienes que poner a toda la familia de punta en blanco, sin repetir modelito. Ahí también tienes conflicto asegurado. Si vistes a tus niños con camisas del caballito, porque hay que ver qué pijos los vistes; si no estrenan ropa, porque los llevas de cualquier forma, con lo importante que es este día.

Menos mal que por lo menos en ropa de niños ahora hay mucho donde elegir. Me dan mucha envidia nuestras hijas, con la ropa tan chula que pueden vestir. Esta semana vi la colección de niños de Chloé y es para llevársela enterita. Vamos, que si hubiera talla de mayor, ya me hubiera quedado un par de faldas y vestidos, porque encima la ropa cuesta una décima parte que la de mayor, y son modelos idénticos a los de la colección del verano pasado. Ideales, la verdad. Y en Cristina tienen una ropa de locura para los más pequeños. Y en Bompoint, ni te cuento. Por cierto, que con esto de la crisis, hasta hay tiendas con descuento. Papos ya tenía un veinte de descuento la semana pasada, fíjate como deben estar las cosas.

Vamos, que a tus niños los puedes poner tan guapos como las gemelas de Tita Cervera. Eso sí, cuando termines las compras, entre zapatos, vestidos y peluquería infantil, apenas te quedará presupuesto para tu modelito. Gracias que existen los outlets, esas tiendas donde venden restos de colecciones anteriores. El que tiene Siete Mares en la calle Jorge Juan está fenomenal, tienes todo al 70 por ciento, hasta los vestidos de Chloé del verano pasado, esos de seda con falda de tablas y estampado sesentero. Monisimos y aptos para ir de comunión.

domingo, 11 de mayo de 2008

Para mí fucsia y con manga francesa

Hoy en día, tener un Vuitton o un Loewe ya no es para nada símbolo de estatus social. Desde que todos, hasta los más pobres, podemos comprar vuittones y loewes, llevar un bolso de marca, incluso puede resultar vulgar, ¡qué cosas! Las firmas de lujo lo saben perfectamente y tienen un problema: por una parte, necesitan vender bolsos a tutiplén; por otro, tienen que dar exclusividad a clientas que necesitan sentirse especiales con algo inasequible para el resto de mortales. Por eso, en Vuitton puedes encontrar bolsos de 400 euros y otros de más de 3.000. Todo el mundo puede comprarse unas gafas Bulgari de 200 euros, pero no todos un rejol de oro de seis mil. Y así van jugando, entre una orilla y otra, tratando de mantener el equilibrio. Si se pasan por abajo, la marca se vulgarizará. Si se pasan por arriba, sólo venderán a cuatro ricachonas, y el negocio también se vendrá abajo. Pero como estas firmas son tan listas, y tienen a muchos lumbreras en nómina, han dado con la solución: contentar a los pobres y a los ricos. Para unos, perfumes y gafas de sol; para los otros, bolsos hipermegaexclusivos con lista de espera de meses.

Últimamente, algunas firmas están dando un paso más con servicios exclusivos para clientes vip. Ahí está Zegna con sus trajes a medida, Vuitton con sus encargos especiales tipo una funda para la correa de paseo de mi perro. Hermès con sus bolsos Birkin y Kelly, que puedes encargar en muchos tamaños y con pieles exóticas de todos los colores. O Loewe, que ha lanzado un catálogo especial de prendas piel que puedes personalizar a tu gusto. Un lujazo y, además, garantizado que no tropezarás con una chaqueta de piel idéntica a la tuya.

Esta semana, algunas clientas de Loewe han podido conocer el nuevo servicio Loewe Leather Collection, una colección de ropa de piel a medida que solo se hace por encargo. Ha sido la primera experiencia en Valencia. En Barcelona y Madrid –donde imagino que hay más demanda- ya lo llevan haciendo un par de años. Citan a sus mejores clientas a un hotel lujoso y allí les toman medidas, les enseñan las pieles, los distintos tonos de piel y la colección completa de piezas de napa, ligeras pero abrigadas, modernas pero de las que te duran varias temporadas.

He visto el catálogo y es una pasada. Son prendas muy básicas pero con el sello inconfundible de Loewe: pantalones de montar, faldas pitillo, chaquetas de visón rasado, saharianas y abrigos de piel vuelta, astracán, zorro y visón. Los colores, desde los básicos beige, negro, marrón, verde oscuro y blanco. Y los modelos, prácticos y funcionales, reversibles y muy versátiles. Vamos, que tienes la típica chaqueta que tanto vale para vaqueros como para un vestidito con tazones. O, al menos, es la justificación que utilizamos todas cuando queremos invertir en una pieza cara. ¡No, si me saldrá barato de las veces que me la pondré!

Bueno, y también hay colección de hombre. Elegante, como no. Desde luego, el modelo del catálogo está guapísimo, claro que con cualquier chaqueta de Zara también hubiera estado bien. Total, que lo de Loewe sí que es un lujazo máximo. Una prenda única e irrepetible, para ti solita. No como algunos bolsos de marca, como el Neverfull, que el año pasado estaba en lista de espera y sólo algunas afortunadas lo llevaban al hombro, y este año se ve tanto como el shopping de loneta de CH, ¡uff!

A mí lo de Loewe me parece lo más del lujo. Llegar a la tienda, sentarte cómodamente, ver pieles, elegir modelito y esperar a que un artesano confeccione a medida tu chaqueta y te la entregue el próximo invierno. En fin, por ahora me tendré que conformar con las gafas...

domingo, 4 de mayo de 2008

¡Chams, te necesito!

Primero fue el peluquero. Ninguna mujer podía vivir sin su peluquero de confianza, ese Rupert que Victoria Abril llamaba desesperada -¡ay, cuántos años!-, ese que te cortaba el pelo como ninguno; Luego vino el entrenador personal. ¡Cuántas mujeres –y cuántos músculos- estarían perdidos sin su entrenador! Y, ahora, lo que no te puede faltar bajo ningún concepto es un especialista en estética. No eres nadie sin ese médico que te conoce mejor que tu marido: aquí necesitas un pinchazo de mesoterapia facial, aquí unas sesiones de endermología y en este otro sitio, con un poco de botox, estarías ideal de la muerte, para que tus amigas se mueran de envidia.

Lo de los pinchazos en la cara, sin ir más lejos, está causando furor. Fíjate en el famoso Doctor Chams, que a pesar de la polémica, tiene la consulta llena cada vez que viene a Valencia con su maletín lleno de jeringuillas. Y son mil euros por sesión, nada menos. Esta semana pasada estuvo en Desirée pinchando y a cada cliente le entregaba una fotocopia de una entrevista suya en Hola, donde trataba de resarcirse del reportaje en el que Ángela Portero le acusaba de estafador. Yo de Chams no presentaría una entrevista en Hola como prueba de mi solvencia. Si la entrevista saliera en la revista Science, pues todavía, pero en una revista del corazón… Además, Chams no necesita contraatacar. La mejor prueba de que sus tratamientos funcionan es ver la piel que se les queda a sus pacientes. Muerta de envidia me tiene una amiga que con diez años más que yo parece tener diez menos. ¿Qué más pruebas se necesitan?

Tanta envidia me daba, que me fui rauda y veloz a ver a una amiga que pincha algo parecido a lo del doctor Chams para que me informase hasta el detalle. Ursula Sopena me lo contó todo, todo, todo. Por partes. Para empezar, lo que hace Chams –y ella también, como otros médicos especialistas- se llama mesoterapia facial, un tratamiento antienvejecimiento. Consiste en inyectar en la piel del rostro, con una aguja muy fina -¡uff, que yuyu!- un cóctel de sustancias: vitaminas, aminoácidos, coenzimas, minerales, antioxidantes y ácido hilaurónico. El resultado es que mejora la hidratación profunda de la piel, que se vuelve más luminosa y uniforme, además de reafirmada. El número de sesiones depende de cómo esté tu piel de estropeada. Lo normal son dos o tres para empezar, y luego un mantenimiento cada seis meses.

Ahora viene el truco. Cuando ya has cumplido los cincuenta, el óvalo de la cara se desdibuja y se vuelve flácido. ¡Ay, que horror! Entonces, además del cóctel de vitaminas + hilaurónico, hay médicos que pinchan otra sustancia llamada sculptra. Su nombre lo dice todo, su función es dar volumen en zonas deprimidas. Con sculptra, la cosa de los pinchazos se complica, porque con el relleno corres el riesgo de que se queden pequeños bultitos en la cara. Es lo que denunciaban algunas pacientes de Chams en el reportaje de Tele 5, los bultitos. La duda con Chams es que como no sabes lo que inyecta, porque ahí está precisamente su secreto, pues siempre queda la duda.

Y ahora, el precio. ¿Porqué Chams cobra mil y otros la mitad? La diferencia está en la experiencia, el prestigio y la fama de cada uno. Pero, vamos, lo que se inyecta es lo mismo, porque son sustancias aprobadas por el Ministerio de Sanidad. Otro tema sería que algún médico inyectase en la piel sustancias aprobadas por sanidad para uso tópico y no para inyectable, -uff-. Total, que después de hablar con la doctora Sopena lo que me queda muy claro es que no puedes ponerte en manos de cualquiera. Si no lo haces con tu pelo, con mayor motivo con tu cara bonita, vamos.

domingo, 27 de abril de 2008

Alex & Dior

¡Menuda fiesta organizó Alex Vidal en su tienda de Hernán Cortes! El motivo: presentar la nueva colección de ropa y complementos de Dior, que Alex tiene en exclusiva en Valencia desde esta temporada. Lo de Dior con Alex Vidal era una alianza previsible y natural. La ropa de Dior, diseñada por Galliano, es perfecta para la mujer que viste en Alex Vidal, que no es la misma, por poner un ejemplo, que la que viste en Chapeau. Si a la de Alex Vidal le gustan los trajes chaqueta sexys, marcando talle, con tacones y bolso lady, la que viste en Chapeau prefiere las bailarinas, los vestiditos sueltos y el bolso grande y práctico. Nada que ver la una con la otra. Vamos, que Dior pega bien con el resto de las firmas de Alex Vidal, como Valentino, Blumarine, Cavalli, Ralph Lauren. Y, al revés, desentona bastante con Marni o Miu-Miu, por seguir con el ejemplo. A las ricas rusas les chifla Dior. A las pijas neoyorquinas, Prada. La mujer Dior es clásica y aristocrática; la otra, moderna y chic. Llevado al extremo, una pecaría de cursi y la otra de fashion victim. Pero vamos, no es el caso.

Fíjate como son las cosas, que Chapeau ya se trajo la colección de Dior hace varias temporadas, pero no convenció a su público, que busca ropa más juvenil y con otro rollo. Tanto es así, que se la dejaron. Después, Alex Vidal empezó con los complementos de Dior, y ahora ha conseguido también la colección completa de prêt-à-porter. En la tienda de Alex, Dior estará como en su propia casa. A sus clientas les gustará el estilo Dior, que recuerda un poco al de Lady Di de sus últimos años, -¡pobrecita, qué final tan trágico!-, con vestidos que se ajustan al talle, muy femeninos y sastres sofisticados.

Total, que Alex Vidal estaba tan contento con tener Dior en su tienda, que quiso celebrarlo por todo lo alto. Los de Dior también estaban por la labor, por eso se vino un equipo desde París para poner la tienda a punto y vestirla de arriba a abajo con la imagen de Dior. En la fachada, una pantalla proyectaba desfiles de la firma francesa; la planta baja estaba casi toda panelada con imágenes de la colección y en el primer piso, donde Alex tiene la zona de alta costura, además de los paneles dispusieron tres o cuatro mesas coquetas con las clásicas sillas Luis XVI que tanto admiraba Christian Dior. Resultado: parecía que estabas en la mismísima tienda de Dior en la Avenue Montaigne. Hasta las cerillas con las que encendieron las velas decorativas eran de Dior (ni que decir tiene que acabaron en el bolso de alguna respetable invitada, pero no digo más).
Lo de las sillas con mesita camilla era tan tentador que más de una se sentó a cotillear de esto y de lo otro. Mientras, los camareros llenaban las copas de champagne francés e iban pasando bandejas del catering de El Alto de Colón. Buenísimo todo, la verdad: sushi, espuma de huevas de salmón y patata, bolitas doradas de foie, jamoncito del bueno (¡¡¡¡sí, sí, sí!!!!) y algunas exquisiteces más, como las bolitas de queso con remolacha o los crujientes de morcillita. Umm. Por la tienda fueron pasando amigos y conocidos: Josep Lozano, contando novedades de la Pasarela Cibeles; Mara Calabuig, que se fue del grupo en cuanto empezamos a hablar del Comité de selección de la Semana de la Moda de Valencia (hizo bien, porque menudo temita); Javier Calvo, saludando a Blanca Fitera, (¡ay que monos sus tacones art decó de Prada!), Cuchita Lluch con sus pendientes de Vicente Gracia y hasta la Alcaldesa Rita Barberá y Mayrén Beneyto (en la foto con Vidal), que no se dejan ver en cualquier evento así porque sí, posaron para la foto. Mayrén, tan puesta en moda, llevaba un sastre. De Dior, claro.

domingo, 20 de abril de 2008

Yo diseño, tú vendes

Me encantan las parejas formadas por un diseñador y un empresario. Son como el agua y el aceite, pero no pueden vivir el uno sin el otro. Los diseñadores –por lo general- poco saben de cuadrar un balance, redactar un plan de marketing o negociar con el banquero. ¡Qué palabras tan feas, marketing, balance y banquero! Ellos, tan creativos, prefieren hablar de cosas más livianas y estéticas, como los linos, volúmenes, sedas…. Un amigo diseñador me decía: pues claro, el dinero para gastar, pero hablar de dinero es un horror. Por eso, lo normal es que un diseñador acabe asociándose con un empresario.

En ocasiones, la unión es tal que llegan a ser pareja. Es el caso de Miuccia Prada y Patricio Bertelli. Ella creativa y él una bestia para los negocios (feo pero listo). O Yves Saint Laurent con su socio Pierre Bergè, que también era su pareja sentimental. O el de Totón Comella y Josep Mª Donat, la diseñadora y el presidente de TCN, casados y socios desde hace más de veinte años. El matrimonio estuvo en Valencia la semana pasada para inaugurar su nueva tienda de Cirilo Amorós 49. Invitaron a un grupo de periodistas a comer en El Alto de Colón y allí pudimos charlar un buen rato con los dos, cada uno con su tema.

Totón es creativa total. Lo primero en lo que se fijó fue en el tamaño de las servilletas de lino del restaurante. Ella creció entre telas y máquinas de hilar porque su padre se dedicaba al negocio textil. Nos contó que empezó a estudiar bellas artes y por circunstancias familiares tuvo que dejarlo y hacerse cargo de las empresas. Fue un desastre, claro. Al final, vendieron el negocio y ella decidió empezar de cero, con 22 añitos, diseñando una colección de baño en un pequeño local. Ella sabía diseñar pero de empresa no tenía ni idea. En esa época conoció a Donat, que venía del negocio de la joyería y algo sabía de números. Y, ¡tachán! Así nació TCN, una firma en plena expansión, que ahora tiene colecciones de prêt-à-porter, baño, lencería, niños y una red de once tiendas en España.

El alma de TCN es Totón, que si la ves en persona es la viva imagen de su ropa. Vestida con una camisola blanca de popelín, mini rebequita de algodón, unos vaqueros desgastados y, en lugar de collares, el móvil y las gafas de ver, transmite toda las claves de la ropa de TCN: comodidad, sencillez, frescura, calidad, y sobre todo, naturalidad. Ni maquillaje, ni mechas, ni operaciones de estética (tan antiestéticas) ni perfumes agresivos, ¡me encanta! Tanto la tienda como su ropa es así, te apetece entrar y probarte, te imaginas con uno de sus vestiditos en un fin de semana de playa, o en el barco tomando el sol o simplemente relajada en la mecedora de una casa de campo. ¡Qué bien!

Claro que detrás de Totón está Donat. Listo, catalán, empresario y un poco chulo. Me dice: “fíjate, un diseñador cambia cada temporada su colección, pero yo digo que hay que fabricar de nuevo las prendas que han funcionado bien, el fondo de armario, eso se seguirá vendiendo, seguro”. Donat también me habló de la Pasarela Gaudí, de la que sabe bastante porque la estuvo dirigiendo durante tres años, antes de que el tripartito la liquidara definitivamente. “Se han cargado la moda catalana” afirma rotundo y cabreado. Donat me dio un punto de vista muy distinto al que yo tenía de las pasarelas: a él le da igual que una colección sea creativa o innovadora; si la pasarela sirve para vender y promocionar la colección, es suficiente, siempre que haya una empresa detrás. En su opinión, una pasarela que subvencione diseño sin empresa, no sirve para nada. Si le preguntan lo mismo al diseñador, ¿Qué apostamos a que opina lo contrario?

domingo, 13 de abril de 2008

Sexo en el Mercado de Colón

Como si fuera la periodista de la serie Sexo en Nueva York, así me sentí el otro día en la inauguración de la perfumería Kiehl’s en Valencia. Por si alguien no lo sabe, la serie cuenta las aventuras de cuatro mujeres sofisticadas, liberadas y de alto poder adquisitivo en Nueva York. Carrie, la protagonista, escribe cada semana una columna en el New York Star sobre el romance y la pasión, inspirándose en las historias que le pasan a ella misma y a sus amigas. La serie tuvo éxito, entre otras cosas, por el impresionante vestuario de las chicas y por dar una imagen de mujer urbana, liberada, independiente y profesionalmente poderosa (¡si señor!). Por cierto, que pronto veremos la peli y siento decirlo pero la megaindependiente Carrie acaba rindiéndose a los encantos de la estabilidad emocional. No digo más para no desvelar el final.

Total, que en la inauguración de la tienda Kiehl’s, supongo que deliberadamente, todo tenía un cierto aire a la serie, empezando por el cóctel con que el que te recibían, el cosmopolitan y acabando por el póster collage que hay dentro de la tienda, donde en una de las fotos se ve a la mismísima Carrie, subida a sus manolos, paseando con Samantha con su bolsita de Kiehl’s, la goodie bag amarilla, que es donde meten las muestras de cremas que regalan a las clientas. Kiehl’s es famosa por regalar muestras de producto, seas o no clienta, y por sus envases sencillos y reciclables.

Y vamos, lo del cosmopolitan, es que no puede ser más de Sexo en NY. Fue precisamente la serie la que puso de moda ese cóctel dulzón que combina vodka, cointreau, zumo de arándanos y lima. Según un amigo que entiende de esto, hasta que llegó Carrie, aquí no bebía cosmopolitan ni el barman, entre otras cosas porque en Valencia, los cuatro gatos que toman combinados lo hacen, por cultura y horarios, al salir del trabajo o después de cenar o una fiesta. Y en esas ocasiones encajan mejor los combinados más blancos. Total, que aunque el cosmopolitan resultó demasiado dulzón para las 8 de la tarde, compensó lo bueno que está el catering de Seina.

Hasta la carpa que montaron junto al mercado de Colón recordaba a los clubs neoyorkinos, todo en negro, con blues en directo y, por supuesto, la propia perfumería Kiehl’s, que conserva la decoración de la antigua farmacia del East Village: ladrillo cara vista, mostrador de anticuario, lámpara araña de cristal y en la fachada, esas banderolas típicas de las tiendas de NY. De hecho, la decoración de la tienda de Conde Salvatierra es la misma que la del Soho de Londres o Le Marais de Paris. Sólo falta la Harley Davidson, que en la tienda de Valencia no cabía (en Madrid y Barcelona sí hay moto). Lo de la Harley debe ser porque el fundador era aficionado y digo yo que igual tu chico puede entretenerse con la moto mientras tú pruebas cremitas. En Valencia, ¡qué pena!, lo único que queda de la Harley es la chapa que llevan las dependientas, con un escudo que recuerda al de la famosa moto.

La puesta en escena a lo Sexo en Nueva York funcionó bien, salvo por algunos detalles que no encajaron, como dar excesivo protagonismo a Vicen Fernández de Albelda -casada con el jugador del Valencia-, un estereotipo bastante alejado al de la chica Sexo en NY, perfil de compradora al que se dirige Kiehl’s. Eso y referirse a ella en el comunicado de prensa como uno de los rostros más conocidos de la sociedad valenciana -¡uff!-. Pero bueno, hay que decir que tanto ella, como el resto de invitados vip y Ana Torroja, madrina del evento, contribuyeron al proyecto de Kiehls de apoyo a un programa de investigación de oncología pediátrica de La Fe. Las cosas como son.

lunes, 7 de abril de 2008

De cháchara en el Westin

Ahora entiendo porqué el Westin pidió que fuéramos vestidas “relajadas” a la inauguración de su terraza. Si es que la fiesta no pudo ser más agradable: con música soul en directo, silloncitos blancos rollo ibicenco, champagne Veuve-Clicquot a tutiplén, sushi… ¡sólo faltó el jamoncito del bueno! Y claro, con esos ingredientes, no es extraño que hasta la compañía fuera buena y la conversación no digamos, que cuando estás a gusto se te pasan las horas de cháchara y, además, “te ponen al día en todo”.

Para empezar, alguien me explicó la diferencia entre un spa y un wellness, que yo pensaba que eran lo mismo, ¡pues no! Un spa es un balneario en el que puedes darte masajes y baños en el circuito termal, y un wellness es un gimnasio que también te ofrece relajación y ocio. Precisamente el regalito del Westin para las chicas (los chicos tarjetero de Loewe personalizado) fue un bono regalo para su Carola Health Club, fundado por el italiano Angelo Caroli y de lo más elitista (tiene centros en Madrid -Serrano-, Porto Cervo o Saint Moritz). Es más que un gimnasio, es un club que ofrece entrenamiento y dietas personalizadas, clases meditación, masajes, estética, fitness… un lujazo. Bueno, y el regalo es para un tratamiento corporal “Reyes del Nilo” que promete “la relajación más intensa y el bienestar de reyes y reinas”. ¡Habrá que probarlo!

Hablando, hablando, me enteré de más cosas: que las fantásticas sillas estilo Luis XV de una de las galerías de acceso a la terraza están diseñadas por una empresa valenciana que ya las fabricaba idénticas hace treinta años. Hay que verlas, son muy peculiares, con un respaldo en forma de huevo y tapizado brocado, contrastando con el resto del mobiliario, más moderno. El interiorismo es obra del estudio Cota Cero. Una de sus diseñadoras me contó que como el edificio del Westin es del Ayuntamiento, Rita Barberá les pidió que, en la medida de lo posible, los proveedores de muebles y lámparas fueran valencianos ¡esa es nuestra alcaldesa! Y así fue. El resultado, genial, el hotel tiene un toque inglés que me encanta y los muebles de la terraza son ideales, hay que tumbarse en las chaise longe blancas para sentirse como una reina, que da nosequé poner los zapatos encima. Menos mal que me dijeron que no pasa nada, que es polipiel y que están hechos para eso. Al principio te puedes sentir un poco cohibida tumbándote a la bartola en público, pero en cuanto te has tomado una copita, ya te da igual tres que treintaytrés.

El viernes, la gente no se llegó a tumbar, porque la verdad es que hacía fresco y casi todos acabamos cerca de la barra de bebida (¡ale, a beber!) y en cuanto te tomas un par de copas empiezas a hablar por los codos que da gusto. Por eso también me enteré por Mª Ángeles Miguel que tenía que ver su escapare de Hermès sin falta, porque había quedado precioso. ¡Qué envidia me da todo el día rodeada de objetos tan bonitos como los de Hermès! Dicho y hecho. El sábado pasé y tenía razón, la decoración es exquisita, un homenaje al colorido de la India. Y, claro, si me dieran a elegir, no sabría con qué quedarme. Menudo vestido caftán de piel blanca bordada, y qué bolsos… ¡Hasta las bolsas de tela para hacer la compra en el mercado tienen glamour! No se yo si me atrevería a meter los puerros y las cebollas en ellas, me daría pena, la verdad…

Total, que aunque no éramos muchos los invitados – se echaron en falta más caras conocidas - la reunión fue como el dress code: relajada, divertida (genial Cuchita Lluch contando cómo se había llevado de fiesta a un directivo de Disney a la inauguración de la discoteca Mya, que está junto a la terraza del Umbracle) y, sobre todo, nos dio para mucho que hablar.