viernes, 27 de abril de 2012

Somos monísimas (Desfile de Marta de Diego)

Las pasarelas de moda tienen pendiente una revolución; algún día deberíamos todas levantarnos en armas y decirles a los diseñadores que ya está bien de que nos hagan sentir gordas, bajitas, pechugonas y mayores. Ya está bien de que esas modelos con cuerpos imposibles se impongan como modelo de belleza. Deberíamos hacer una huelga de tarjetas de crédito y forzarles a pedir perdón: ¿os imagináis a los grandes diseñadores poniéndose delante de la televisión y diciendo, como ha dicho el rey, lo sentimos, no volverá a ocurrir?
Ja, y entonces nosotras nos adueñaríamos de las pasarelas, bajaríamos de allí a todas esas jovencitas escuálidas y les diríamos ¡ale guapa, vete a comer unos pasteles que con ese cuerpo huesudo no tienes ningún futuro!
El viernes pasado, Marta de Diego organizó un desfile en el que las modelos fueron sus clientas habituales: mujeres como nosotras: altas, bajas; cuarentonas, veinteañeras; rellenitas, delgaditas… Todas estaban monísimas de la muerte. Y es que como dice Marta de Diego: “las mujeres tenemos que darnos cuenta de que no hace falta ser una supermodelo para estar estupenda”.
Chicas, somos monas, monísimas sólo tenemos que creérnoslo y encontrar el modelito que resalte nuestras grandes virtudes y disimule nuestros leves defectos. Ya está bien de decir eso de: “como me voy a poner yo eso si no mido uno ochenta y ya tengo y no tengo un par de piernas como las de Julia Roberts en Pretty Woman.
Por la pasarela de Marta de Diego desfilaron entre otras, Juana Roig, la hija de Juan, que abrió el desfile con un vestido de organdí corto con flores bordadas en verde y guantes a tono y lo cerró con un impresionante vestido largo color mandarina, con gran escote en la espada.
Eva Marcellán, la monísima nuera de su estilosa suegra Mayrén Beneyto –que también asistió al desfile-, lució unas piernas que ya las quisiera para sí más una de actriz de Hollywood que contrata dobles para las escenas minifalderas. Ángela Pla, de Ruzafa Show, también enseñó pierna, aunque su vestido azul marino era más discreto, salvo por el gran escote de la espalda.
La única que tenía algo de experiencia sobre la pasarela era Carmina Durán, que ahora tiene una agencia de modelos y hacía años que no desfilaba, aunque esta vez hizo una excepción por una buena causa. La recaudación del desfile era para la Fundación Dasyc.
Marta de Diego cuenta que en 1992 ya se organizó en el Casino Monte Picayo un desfile a beneficio de Asindown, con modelos de Loewe, Chapeau, Marta de Diego y Juan Izquierdo. Allí desfilaron también mujeres de la sociedad valenciana: Hortensia Roig, Elvira Catalá, Ángela Guillamón… y hoy, veinte años después, lo hacen sus hijas: Juana Roig, Elvira Selva, Marta López, Paloma Valero…
Desfilaron mamás, hijas y hermanas: María, Patricia y Amparo Montoro; Helga y Begoña Grollo –con un abriguito de cuadros glassé en tonos rosas y azules ideal-, Gracia y Marian Burdeos, y Cayetana y Casilda Moret, las hijas de Marta de Diego, que llevaron dos minivestidos de seda.
Laura Gallego, de la cafetería Belgravia, se atrevió con un vestido de gasa plisado con cuello halter con adornos dorados y Elena Melendez con uno de gasa en tonos corales y amarillos. Y María Cosín defendió el vestido de novia como una profesional.
Todas estaban ideales, desfilaron sin complejos en el flamante Museo de la Ciudad y además se lo pasaron en grande. Ellas y el público. Lo dicho, chicas, que somos monísimas, ¡sólo tenemos que creérnoslo!

miércoles, 18 de abril de 2012

Mi vida por un mono de flores

Atención chicas, se impone un cambio drástico en nuestro fondo de armario si no queremos parecer tan ñoñas y cursis como Doña Leti. Hay que tirar las aburridas americanas y las encorsetadas camisas de corte masculino; hay que desterrar los twin-sets y las faldas de tablas; tenemos que deshacernos de los pantalones rectos de lana fría y de los bolsos rígidos estilo lady.

La clave del estilo para este verano –memorizad, chicas- es hippie-boho-chic, ¡toma ya! O lo que es lo mismo, una mezcla entre Joan Baez, Pocahontas y Laura Enguels en la Casa de la Pradera. Prendas sueltas y coloristas, cortes relajados, caftanes ibicencos, monos de flores, estampados indios y, sobre todo, melenas largas y lacias al viento. La que tenga el pelo corto, siempre puede ponerse un pañuelo de seda a la cabeza, pero mejor si es de Hermès, que con eso nunca fallas aunque vayas de hippie. Y para redondear el look, hay que añadir un toque militar con un parka verde o unas botas. Así le das un toque de rockero y punky a un look excesivamente campestre. La moda es así, chicas, si te pasas por un lado, hay que compensar por el otro.

No hay más que darse una vuelta por las tiendas más chic de Valencia para ver cómo impera el estilo hippie-provenzal. La colección de Isabel Marant que ha traído José Tamarit a su tienda Tres, es de lo más ibicenca. “Hay camisolas anchas con estampados de flores, prendas tie dye (desteñidas) y monos; la colección está arrasando en Francia y la firma va camino de convertirse en una primera línea”.

Gran Vía 20, otras de las tiendas que marcan tendencia en Valencia, está llena de vestidos estampados con un montón de color, apenas hay negro. El fuerte de Isabel Ballester son las firmas francesas: Les Petites, Bash, Vanessa Bruno y Paul and Joe, que además tienen en común el mismo estilo setentero y bohemio.

De los setenta ha vuelto para quedarse una de las prendas más odiadas de cuántas han pasado por nuestros armarios: el mono. No es sólo que ha vuelto, no, es que encima es la estrella de la temporada. Los hay lisos y estampados, con manga larga y con escote atado al cuello, pitillo y con pata de elefante. ¡El mono se lleva hasta para la noche! “Los de Bash –dice Isabel- son de seda y resultan muy sofisticados con la espalda al descubierto”. Los monos sólo tienen un problema y es que, en ciertas circunstancias, obliga a desvestirte entera, pero por lo demás, ¡incluso estilizan!

Será difícil resistirse al mono porque los hay en casi todas las tiendas que pintan algo en Valencia. Tcn también los ha incluido en su colección de esta temporada. Su diseñadora, Totón Comellá, habla de un estilo nómada y hippie: flores, rayas, algodones deshilachados, estampados decolorados. Además, hay vestidos ligeros y muy románticos que se llevan como pareos, maxi vestidos de algodón de lo más fresquitos y juveniles y camisolas de algodón para llevar sobre el biquini sin perder un ápice de estilo en el dolce far niente veraniego. Hasta los bolsos son pequeños sacos de lino que parecen sacados de mercadillos ibicencos. Eso sí, con mucha clase, que una puede ir de hippie y bohemia pero con linos de primera calidad y sedas finas.

Claro que para bohemia de lujo, los vestidos de Etro que ha traído Verónica Montijano a su tienda VM The Shop; los hay con los clásicos estampados paisleys, pero también de línea con dibujos art decó en tonos pastel. Verónica también ha rescatado para esta temporada los famosos suéters de canalé de Courreges que llevaban nuestras madres y los bolsos de vinilo. Ah, y los zapatos Scholl, perfectos para llevar con los maxivestidos hippies. Ale, ya tenemos el armario completo.

Y la semana que viene, ¡más moda! El viernes 20 tenemos desfile de Marta de Diego en el Museo de la Ciudad. La entrada cuesta 30 euros, pero es por una buena causa, para la Fundación Dasyc, y lo mejor serán las modelos, de lo más especiales, clientas conocidas. La semana que viene contaré más, ¡que ésta me lo han prohibido!

miércoles, 11 de abril de 2012

Las pascuas ya no son lo que eran

Las Pascuas ya no son lo que eran. En realidad hace mucho que dejaron de serlo. Para nuestras madres eran las mejores vacaciones; se habían tirado toda la semana entre su casa y la Iglesia y por fin, hoy, se iban a merendar al monte y a echarle cuatro miraditas al chico que les gustaba. No sé siempre me las he imaginado allí comiendo la mona y más pavas que una novicia en una discoteca; jugando a la gallinita ciega y esperando a que el bruto de nuestro padre les dijese algo que les diese pié a pensar que se había fijado en ella. A ellos me los imagino con menos tacto que un erizo para hablar con las mujeres, y en el caso de que se lanzasen y le dijesen algo a la pava de nuestra madre, siempre sería una ordinariez en las antípodas de lo que ellas esperaban. Pero al final, ellas recuerdan estos días con un cariño envidiable.
Las cosas empezaron a cambiar con nuestra generación. Como en Semana Santa no nos encerrábamos en casa a rezar, no había mucho que celebrar en Pascua. Así es que éstas sólo eran unas vacaciones más, un preámbulo del verano que servía para estrenar unos Levi´s y unas zapatillas Paredes. A lo sumo, recuerdas algún novio pasajero con el que te perdiste un par de noches en una tienda de campaña o en un hotel perdido por las tierras de Castilla.
A nuestras hijas, pobrecitas mías, ya no les queda ni eso. Los vaqueros los estrenan diez veces al año y los novios los van cambiando cada quince días, así es que las Pascuas son para ellas unos días sin colegio y poco más.
Para colmo de males, este año nos está haciendo un tiempo de mil demonios en el que no sabes si salir con un plumas, chubasquero o ponerte camiseta en busca de cuatro rayos de sol que te den un poco de color. Y lo peor es este viento horroroso que sólo sirve para enredar nuestras lacias melenas y llenarlas de polvo del monte o de arena de la playa; así es que optas por encerrarte en casa, atiborrarte de pan quemaos con chocolate y ver Quo Vadis o Ben Hur, que es lo único que nos queda con genuino sabor pascuero.
Lo malo es que las vacaciones sosas acaban abocándote a la nostalgia y de ahí sólo hay un paso a la nefasta búsqueda del sentido de tu existencia; ¡Dios mío, no, sácame de ésta que por aquí me doy de bruces con la depresión, con el sentirme “plof” y echarme a llorar y comer más pan quemaos, más kilos, más nostalgia, más depresión…!
De pronto una voz en nuestro interior nos da la solución: “Tranquila hija mía, que todo tiene arreglo. Coge tu bolso, ponte lo más mona que puedas, y vete a comprarte cualquier cosa”. Uff, que poco místico suena todo esto, pero en fin, si no hay otro remedio, haremos caso a esa voz.
Para empezar habrá que dar una vuelta por la tienda de Alfredo Esteve que la semana pasada celebró su vigésimo cumpleaños. Para la ocasión, organizó un desfile con las firmas que tiene en su tienda: Gucci, Lanvin, Dolce Gabbana, Dior, Rick Owens, Dsquared… A la cita no faltaron las hermanas Laura y Blanca Fitera, siempre glamourosas; el interiorista Julio Guixeres; los televisivos Ximo Rovira, Ferrán Cano, Laura Grande y Eduard Forés, Sandra Climent, Jarr, Mayrén Beneyto, Presen Rodríguez, Antonio Romero y Javier Monedero, que trajo el Möet para acompañar a los chocolates de Carmen Topete.
Y después hay que pasar por la tienda Ele & Ese para ver la última colección del valenciano Ramón Gurillo, chaquetas tejidas a mano que parecen de Chanel y son tan exclusivas que seguro que no puedes encontrar una parecida en Zara, sobre todo porque la copia costaría casi tanto como el original. Hay que ver la serie tejida con gasas y tiras de saris antiguos que el diseñador compró en un mercado en India y restauró cuidadosamente. Artesanía de lujo para darle una alegría a nuestras insípidas Pascuas.

jueves, 29 de marzo de 2012

Palacios para eventos


Ser dueña de un palacete puede parecer un sueño de princesas, pero la verdad es que en según que circunstancias puede ser una faena. Imagínate entrando en tu palacio del siglo XVIII, en el que antaño vivieron tus ancestros, mientras recuerdas las historias que te contó tu abuela de su madre y de la madre de su madre dando fiestas y recibiendo a pretendientes. Caminas por los salones de tu vieja casa y sientes el calor de tu sangre azul bullendo por tus venas, cuando de pronto, ¡zas!, oyes un estruendo y es un azulejo isabelino que se cae de la pared. ¡Demonios!, eso te va a costar medio bolso de Vuitton…, adiós a tus planes de irte a esquiar en Semana Santa.
La primera vez quizás lo arregles, pero cuando al azulejo le sigue la persiana y luego la puerta del comedor y más tarde ves que las cañerías hacen más ruido que una verbena fallera empiezas a pensar a qué mala hora al bisabuelo de tu abuelo se le pasó por la cabeza hacer semejante caserón.
Hubo un tiempo en que la Generalitat compraba todos esos palacetes para albergar consellerías. Aquella era una buena opción: tú hacías caja y sabías que la vieja casa de la abuela estaría en buenas manos. Claro que si por aquel entonces la abuela seguía con vida, probablemente puso el grito en el cielo sólo con escuchar la sugerencia; así es que la casa se quedó en la familia y ahora estás tú ahí implorando al cielo que alargue la sequía para que las goteras no arruinen tú sueño de comprarte un Mini.
Ahora que la Generalitat no está para esas cosas, hay otra solución: convertir tu palacete en un salón, más o menos fino, para bodas, banquetes y comuniones. O si no quieres decirlo así, para eventos y actos sociales. Como la Duquesa de Alba lo está haciendo con sus palacios, tú tienes la conciencia más tranquila, sabiendo que si la abuela levantase la cabeza tendría que callar cuando tú le argumentases que sigues los pasos de la vieja Cayetana.
Buena parte de las masías que rondan Valencia ya hace tiempo que han pasado por la reconversión. Ahora le toca a los palacios del centro de Valencia. Hace unos días se inauguraba Caro Hotel, en el viejo palacio de los marqueses de Caro. Esta semana los tacones de media Valencia han pisado los suelos del Palacio que compró en los años cincuenta Vicente Garrigues, Vizconde de Valdesoto y Marqués de Castellfort. El palacete está en la esquina del Corte Inglés mirando al Parterre. En su interior hay un viejo claustro porque durante algún tiempo albergó un convento de monjas.
Últimamente estuvo algo descuidado, con techos de pladur y paneles adaptados a oficinas y despachos, hasta que el arquitecto Alfredo Burguera decidió alquilarlo y restaurarlo, recuperando pinturas, techos, cristaleras y todo el artesonado original. El palacete, bautizado como “La Embajada”, es ahora un espacio para eventos y actos sociales, donde además puedes comer de lunes a viernes o cenar el fin de semana con mantel de hilo y flores y catering de Carmen Topete.
Allí, en La Embajada, presentó su colección de verano tienda de niños Cristina. Lo hizo con un desfile a la antigua; como en las viejas casas de costura parisinas, los niños iban desfilando por las salas de estilo francés. Hubo ropa de baño, étnica, roquera, deportiva y como novedad, mucho color -vedes y azules turquesa, amarillo huevo…- y vestidos largos de aire bohemio. El desfile se cerró con la ropa de fiesta y un vestido de comunión de corte imperio, con mucha caída y manguita corta fruncida. Entre el público, Mercedes Carreras, ex directora de Loewe; la diseñadora Presen Rodríguez, Josep Lozano, Mª Angeles Miguel, de Salvatore Ferragamo, Ana García, de Moddos, y Elena Gutiérrez, de Scalpers.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Poderío fallero

Cuando San José cae en lunes, Valencia se nos llena de madrileñas: “¿sabesss?, la dije a mi amiga que si nos íbamos a las Fallas, ¿sabesss?, y nos fuimos.” Y ala, se vienen aquí hipermegamonas de la muerte a vivir una aventura; ya se sabe que los castizos de verdad entienden que más allá de la M-30 se pierde la perfección y se adentra uno en el mundo de lo mediocre, la improvisación, lo vulgar; vamos, que se juega en otra división.
El caso es que este fin de semana han venido en tropel. Volverán a casa diciendo que se lo han pasado fenomenal, “¿sabesss?”, y que es una pena que las quemen, “¿sabess?”, que comieron paella por la noche, que la mascletá es de locos; y, en fin… Si a alguna le da por filosofar y ponerse profunda, creerá ver en las Fallas un reflejo de nuestra tendencia a malgastar y a quemar el dinero, y eso le dará para una tertulia en la calle Velázquez en la que por un rato se sienta la heredera de Ortega y Gasset.
Sólo la que tenga la suerte de tener alguna amiga fallera, puede que se vaya de aquí sabiendo que una Falla no es sólo, ni muchísimo menos, el monumento de cartón que se quema. Que en torno a los casales se desarrolla una parte importante de la vida social valenciana durante todo el año. Hay fallas de barrio, que no aspiran a ser otra cosa que un punto de encuentro para cenar, tomar una copa y jugar a las cartas. Y otras son auténticos foros de poder económico, político y social.
La Falla Convento Jerusalén es sin duda la catedral del poderío valenciano. Allí están buena parte de las familias más influyentes, de hecho el cupo de admisiones está cerrado y sólo se puede entrar si queda alguna vacante. Ríete de los clubes privados ingleses. En el casal de Convento te puedes encontrar al mismísimo Juan Roig, que es muy fallero, todas sus hijas han sido falleras mayores, y a otros empresarios de renombre como Arturo Virosque, Vicente Blasco, Jesús Barrachina –presidente de la falla desde hace años y su nieta fallera mayor infantil-, los Sáez Merino, los Zamorano, los Lladró, interproveedores de Mercadona… También políticos como Pedro Agramunt. “Es la falla de más solera, señorío y tronío”, dice el joyero Arguimiro Aguilar, que se encarga de diseñar los aderezos y las peinetas exclusivas de las falleras de Convento.
Por esta falla pasa cada año la gente más principal de España: actores, cantantes, empresarios, políticos… Es, junto al balcón del Ayuntamiento y la barrera de la plaza de toros, la visita obligada de la gente importante: el año pasado estuvo allí Mariano Rajoy y ayer, sin ir más lejos, comió allí nuestro flamante ministro de Exteriores García-Margallo, después de ver la mascletá en el balcón del ayuntamiento y antes de ir a los toros.
Si Convento es la falla con más solera y poderío, Grabador Esteve-Cirilo Amorós es la más chic y estilosa. A esta falla pertenecen los hijos de Mayrén Beneyto, Irina y Alfonso Manglano, además de otros apellidos ilustres: Rocío Andrés, Angie Calero, Juan Prefaci, Lucía Gómez Trenor, Bárbara de Prat, Cuchita Lluch y su hermana Begoña, Alberto Corell, los Royo…
Al casal de Grabador Esteve no te puedes presentar con blusón de fallera y mucho menos con un polar, ¡qué horterada, por favor! Tienes que ir muy perfecta y arreglada porque lo que en otras fallas se pasa por alto, aquí no está bien visto.
Pasar la noche fallera sin que se te mueva un pelo del sitio no siempre es lo más divertido, por eso más de uno emigra de su falla a otras más marchosas, como la de Conde Salvatierra. Gonzalo Ravelló asegura no hay otra falla más divertida, tanto que “hasta los de Grabador y Convento se vienen a vernos”. La falla del Mercado de Colón, como la llaman algunos, es una mezcla entre gente del barrio, hijos de tenderos del mercado, y burguesía valenciana de lo más discreta.
Otra falla relevante en la sociedad valenciana es la de la Exposición. Allí está el presidente de la Cámara de Comercio, José Vicente Morata, la hermana de la Alcaldesa Totón Barberá, el conceller Máximo Buch. “Es una falla tradicional, de empresarios y abogados, donde hay familias que ya empezaron los abuelos y siguen los hijos y los nietos”, dice la fallera María José Albert.
En fin, que Fallas hay muchas, casi más que naranjas, y las hay para todos los gustos. Mañana las quemarán, las madrileñas se volverán a casa con el AVE que es super cómodo, ¿sabesss?; ¡Hasta luego chicas, nos vemos en la Verbena de la Paloma!, ¡uff!...

jueves, 15 de marzo de 2012

Paula Sanz y otras chicas con mucho talento

Ahora que está de moda criticar el día de la mujer trabajadora, se me ocurre que nosotras, mujeres chic de nuestro tiempo, podríamos reivindicarlo aunque sólo sea para llevar la contra. Es más, propongo un plan para el año que viene: nos ponemos todas monas, ideales de la muerte, con look anti sindicalista a más no poder: bolsos de Prada, chaquetones de Loewe, zapatos de Louboutin y nos plantamos todas, de esa guisa, en la cabeza de la manifestación. Y reivindicamos lo que hay que reivindicar que es un horario de trabajo un poco más europeo que nos deje las tardes libres para salir de compras, tomar café con las amigas y, de vez en cuando, pero sólo de vez de en cuando, estar en casa con nuestros maridos.
Se me ocurría todo esto el jueves por la tarde después de atiborrarme de copas de capa en sendas fiestas. Una en el Parterre y otra en la tienda muebles Martínez Medina. Las protagonistas de ambas eran mujeres y entre las invitadas, qué puñetas, la verdad es que a ciertas edades, y un poco desinhibidas, nosotras somos mucho más divertidas que ellos.
En la tienda de Martínez-Medina, había una exposición de Paula Sánz es un artista valenciana de cuarenta y pocos que se rifan las mejores revistas de moda del mundo, desde Telva hasta Vogue USA. Sus dibujos de mujeres estilosas, de escenas llenas de glamour y personajes refinados, son como las ilustraciones de Jordi Labanda pero mucho más sofisticados. Paula parte de dibujos que va simplificando hasta dejarlos en líneas muy básicas, que luego rellena con retales de telas a los que da volumen y movimiento. Después, añade un montón de detalles –pendientes, zapatos con lazos, moños, tocados y bolsos- para dar realismo a las escenas.
Paula vive entre Nueva York, Roma y viene de vez en cuando a Valencia. Esta semana lo hizo para inaugurar su exposición de cuadros en la tienda Mobisa-Martínez Medina en Marqués de Dos Aguas. Los hermanos Martínez Medina, Amparo, Marisa y José Miguel, prepararon para la ocasión un cóctel de lo más chic con amigos y clientes. Santiago, Paloma y Lucia del Portillo, Lorenzo Remohi, Pepa Gil, Toya Cuñat, el arquitecto Ramon Esteve, el doctor Juan Antonio Murgui, Jose Gandía¸ Carmen Alfonso, Ramiro Verdejo, Pilar Garcia Goyeneche, Cristina Enguídanos, Javier Navarro, Felipe García del Real, Juan Manuel Romero, Rosa Peiro.
También estaba por allí Alicia de Miguel con su chico Angel Villanueva; ella divertidísima, él sin quitarle ojo de encima: vamos, como dos quinceañeros. Y todos de lo más alegres y sin parar de darle al rosado Tamtum Ergo, que trajo Javier Monedero y que según dicen los que saben es el mejor del mundo.
El mismo jueves, día de la mujer trabajadora, otra joven con talento, Rosario Puñales, presentaba en la galería de Arte 33 Gallery, su colección de lencería. Rosario es una alicantina afincada en Barcelona, pero lo mismo podría haber nacido en París, porque sus culottes y tops de encajes son de lo más sofisticado. Están hechos a mano con encajes delicados, gasas, puntillas, blondas, volantes, lazos de raso y pasacintas. Vamos, un capricho para las más coquetas, que solo se puede comprar en Valencia en la tienda de lencería Mº Teresa en la calle la Paz.

El jueves también se inauguró la tienda de ropa infatil Lio Lio en la plaza Alfonso el Magnánimo (se accede por Poeta Quintana). Otras dos mujeres jóvenes y emprendedoras, Pepa Sanz y Mónica Vilamar, han abierto una tienda de ropa infantil que va a ser fondo de armario para los niños con mamás estilosas: vestidos de piqué para niñas con lazos y puntillas y un aire vintage, boleros tejidos a mano y una colección ideal para los bebés. ¡Para presumir de niños mientras tomas el té en el Mercado de Colón!

miércoles, 7 de marzo de 2012

Noche de Marquesa en Caro Hotel

Xerea es uno de esos barrios por los que sólo te asomas de vez en cuando y normalmente en Fallas. No hay tiendas, cines, ni nada que te obligue a pasar por allí. La mayoría de nosotras, mujeres de sangre roja y con dificultad para orientarnos, nos movemos por allí con torpeza creyendo que es la primera vez que nuestros lindos tacones pisan aquellas calles.
Pero la gente bien de toda la vida, las de sangre azul y título nobiliario, conocen bien ese barrio porque allí es donde se criaron ellas o sus abuelas. Allí están buena parte de las casas blasonadas valencianas que todavía se mantienen en pie. Pasas por la puerta y ni te fijas, te parecen todas iguales, edificios viejos y cerrados que algún día alguien demolerá.
Uno de esos palacetes, que no da pistas de lo que alberga en su interior, está en la calle Almirante 14, justo detrás de capitanía y junto a una comisaría. Seguro que alguna vez has pasado por la puerta y lo único que has pensado ha sido: “Uff, por fin, ahí está el río, ya sé dónde estoy”.
Ese palacete es el del Marqués de Caro y dentro tienen salones con frescos en el techo, artesonados rococós, una escalera medieval, azulejos góticos e incluso restos de la muralla árabe de Valencia y mosaicos romanos de hace dos mil doscientos años.
Todo eso ha salido ahora a la luz: el miércoles se inauguró allí Caro Hotel: cinco estrellas, veintiséis habitaciones y un gusto exquisito para hacer cómodo lo antiguo.
Santiago Máñez, Luís Bellvís y los hermanos Juan Emilio y Gustavo Bru compraron el palacio a la familia Caro y han estado ocho años trabajando en su rehabilitación sin escatimar un céntimo en gastos. Y la verdad es que es un gustazo pasar una tarde allí, aunque sólo sea en la cafetería. Que nadie espere sentirse allí como una marquesa del siglo XVIII porque la decoración no da para ello. El mobiliario es moderno a más no poder, sobrio, geométrico y muy funcional, nada que ver con el gusto rococó que debía de tener la señora marquesa de Caro. Pero claro, la señora marquesa seguro que tenía un ejército de sirvientes que no miraban el reloj para irse a casa; tenían aquello como los chorros de oro aunque alguien tuviese que dedicar una semana al año a limpiar la plata.
Las habitaciones son todas distintas y la suite del marqués es la idónea para una locura romántica: ocupa el frontal noble del palacio y el dormitorio es hoy lo que antes era el salón de baile de los señores marqueses. Mientras concilias el sueño acurrucada en los brazos de tu chico, miras el cielo y ves algo casi mejor que las estrellas: los frescos del techo, que son una alegoría del campo valenciano. Y entonces allí, cierras los ojos y sueñas con una vida de marquesa; mañana será otro día, ya pensaremos cómo vamos a compensar el gasto de esta noche para poder llegar a fin de mes.
El caso es que Caro Hotel va a ser una referencia de los hoteles de lujo en Valencia. En la inauguración hubo poco colorín y mucha gente del mundo de la empresa que, por ahora, sigue siendo un mundo más de corbatas que de collares: José Vicente Morata, presidente de la Cámara de Comercio; Rafael Aznar, presidente del Puerto; Alberto Catalá, presidente de la Feria; Salvador Navarro, de la CEV; Luis Lobón, Secretario Autonómico de Turismo; Eloy Durá, de la Asociación de constructores.
Entre las mujeres: Esther Barrera, hermana del torero, Mayren Beneyto, presidenta del Palau de la Música, que puso el toque de glamur. También estuvieron la diseñadora Presen Rodríguez y su hija Isabel Cosme que encarna la muy exigua cuota femenina en el poder empresarial valenciano, como presidenta de la Confederación de Empresarios del Comercio.

lunes, 27 de febrero de 2012

Valencia en la Semana de la Moda de París

Estos días se celebra la Semana de la Moda de París, todo el que es alguien en el mundo de la moda, y los aspirantes a serlo, se paseará estos días por las orillas del Sena. Diseñadores, modelos, industriales, comerciantes, escaparatistas, caza tendencias, periodistas y demás fashion people irán y vendrán a cenas, cocteles, desfiles, showrooms, etc. Para haceros una idea, es la semana en la que la malvada Meryl Streep en la película “El diablo viste de Prada”, acude a dejarse hacer la pelota por medio mundo, mientras su asistenta decide dejarla tirada en la puerta de su lujoso coche..
Este año París tendrá un nuevo punto de encuentro, el hotel “W Ópera París”, recién inaugurado cerca del teatro de la Ópera. Será un hervidero de fashion people yendo y viendo, porque esta cadena de hoteles es lo más de lo más para el mundo de la moda.
Pues bien, allí, en el hotel más de moda, de la ciudad más de moda de esta semana, ¿a que no sabéis quién va a exponer sus creaciones?...; ¡Tachán!, los diseñadores valencianos de Dimova, vamos los que no desfilan nunca en la Valencia Fashion Week.
Ja, ja, no me digáis que no es genial: ese es el espíritu valenciano que hay que recuperar, el del naranjero de Burriana que liaba la manta al coll y se iba a Liverpool a vender sus naranjas; el de la gente que no llora lágrimas de cocodrilo y echa la culpa de sus desgracias al resto del mundo: a los políticos, a los periodistas, a los impuestos, y vaya usted a saber qué. Como dijo Miquel Suay, el Vicepresidente de Dimova, “lo que hay que hacer es ir a donde están los mercados y luego vender”. Y el mercado de la moda está en París, en Londres, Milán y Nueva York, no en el viejo cauce del Turia, donde desfilan otros.
En el hotel W Ópera París expondrán sus trabajos Francis Montesinos, Dolores Cortés, Miquel Suay, Presen Rodríguez, Hannibal Laguna, Elisa Palomino, Juan Andrés Mompó, Ramón Gurillo, Carlos Haro, Pepe Botella y Paco Roca. Agasajarán a sus invitados con Agua de Valencia nitrogenada y canapés de Quique Barela, el chef del Grupo El Alto, y Sergi Arola que es el responsable de la cocina del hotel. Los invitados serán compradores, prensa internacional y profesionales de la moda de medio mundo. Se servirá
Como les vaya bien y se hinchen a vender, va a ser la monda: ya me veo a los de la Valencia Fashion Week con cara de circunstancias, mientras los de Dimova se recrean en su éxito y ponen cara de: “chincha y rabia chaval”.
Al mundo de la moda le gustan los hoteles glamurosos; Loewe eligió Caro Hotel para presentar esta semana su colección Made To Order en Valencia. Un hotel que es la bomba y que se inaugura oficialmente el miércoles de esta semana. La lista está cerrada, chicas, así es que si no os han invitado, otra vez será. Siempre podéis confiar en que vuestro hombre sepa estar a la altura de las circunstancias y os lleve allí a pasar una noche de ensueño en un viejo palacete, donde no se ha escatimado un céntimo para convertirlo en un referente del lujo y la elegancia.
Lo de Loewe estuvo bien, Made To Order es un servicio para que la gente con muchos posibles se sienta exclusiva de verdad: tu elijes la prenda, la piel y el color; te toman medidas, entregas un 30 por ciento a cuenta y al cabo de unos meses te lo entregan. Una forma de acabar con lo que más preocupa ahora a la gente que va muy sobrada: nadie verá tu prenda en otro sitio que sobre tus esbeltos hombros, nadie podrá comprar una imitación por cuatro chavos y competir contigo en el próximo coctel.
Lo dicho, que cuando las cosas están mal, lo que hay que hacer es innovar, arriesgar, ser creativo y vender. Vamos, lo que hacían los naranjeros valencianos hace cien años.

jueves, 23 de febrero de 2012

Ricas por un día

Atención mujeres asalariadas, madres de familia y con marido currante de los que ganan lo justito para ir tirando; ha llegado el día en el que por fin vais a poder ir de compras a Chapeau, que como todas sabéis es una de las tiendas más exclusivas de España.
Preparaos para la ocasión, poneos monas, con lo más fashion que den de sí vuestros amortizadísimos armarios, sacad los mejores zapatos, esos a los que ya les habéis cambiado siete veces las tapas del tacón, armaos con vuestro desgastadísimo bolso de Vuitton o de Prada, aquel que os regaló el padre de vuestros hijos cuando todavía os hacía la corte y quería demostraros que algún día llegarías a vivir sin estrecheces.
Luego sólo necesitaréis cinco euros para darle a vuestro look un toque de lo más chic porque eso es lo que vale una pulsera Cruciani, que no es ni más ni menos que una pulserita de encaje macramé, vamos de algodón mondo y lirondo como el que utilizan los hippies para hacer las suyas. Pero la pulsera Cruciani ha causado furor en Italia y todo apunta a que va a pasar lo mismo en España: ya sabéis que españolas e italianas compartimos mucho más que una prima de riesgo desaforada: somos apasionadas, explosivas, coquetas, seductoras, vividoras, latinas….
En Italia hubo colas durante sesenta días seguidos en una de las tiendas de esta firma, con gente esperando noche y día para hacerse con una. Dicen que la pulserita da suerte, que se te concede un deseo por cada uno de los siete tréboles de cuatro hojas que tienen; claro que eso suena más a camelo comercial que a otra cosa.
Hay que darse prisa, no sea que se agoten antes del miércoles que es cuando en el Westin se va a celebrar una subasta ropa, joyas y complementos de tiendas valencianas de lujo: una cita que viene que ni pintada para lucirla. Ya me veo allí a más de una de nosotras, con nuestra pala en la mano, dispuesta a pujar por un bolso o una falda, levantando la mano, debidamente arremangada para que todo el mundo vea lucir en nuestra muñeca la pulsera de Cruciani. Yo casi que me pondría una en cada mano, no vaya a ser que me equivoque y levante la pala con la mano que no debo y no pueda darme el farde. ¡Uff, que desastre!
La subasta del Westin será a las ocho y media de la tarde; no me digáis que no es otra idea genial para hacernos sentir ricas por un día, como esas señoras de las películas que se van a Christie´s o a Sotheby´s. Ellas llevan pulseras de diamantes o perlas, nosotras nuestra Cruciani de cinco euros; ellas pujan por un jarrón, un mueble o un cuadro que en su día podrían haber comprado por cuatro perras y ahora pagan millones; nosotras pujaremos por un bolso que en su día no pudimos comprar en la tienda y que allí lo sacaremos más barato. La idea de la subasta es exactamente esa, sacar a la venta restos de las tiendas a un precio mucho más bajo del original. Por ejemplo, un bolso de Verónica Montijano que valía seiscientos euros, tendrá un precio de salida de cien. También habrá joyas de Sally Corell, complementos de Diseño al Cubo y ropa de Ele&Ese.
De todas formas, la que no pueda ir a la subasta porque tiene obligaciones más mundanas, tales como ayudar a hacer los deberes a su hijo o acompañar a la niña a su clase de tenis, siempre podrá lucir su pulsera Cruciani en el Mediterranean Equestrian Tour que se está celebrando en Oliva Nova hasta el once de marzo. También es un buen sitio para sentarte a tomar un aperitivo, siempre debidamente arremangada para que a nadie se le escape que estás al día de las últimas tendencias. Allí te puedes codear con los Rothschild, la princesa Lama de los Emiratos Árabes y quien sabe si con Marta Ortega, la hija de Amancio, con su flamante marido Sergio Álvarez, Athina Onassis, Ainhoa Arteta y Jesús Garmendia...

jueves, 16 de febrero de 2012

Luz al final del túnel

Quedan esperanzas, chicas, que nadie tire la toalla, hay luz al final del túnel oscuro en el que había entrado la vida social valenciana, pequeños brotes verdes en el secarral en que se había convertido nuestra agenda. Esta semana, Ayre Astoria Palace, al que todo el mundo sigue llamando Astoria, inauguró el “Astoria and Friends”, un club que según el director del hotel Juan Serra, conseguirá que el hotel vuelva a ser el centro de la vida social valenciana con un montón de actividades: exposiciones, networking, música en directo, cine…
Detrás del proyecto están los chicos de Cul de Sac, que ponen ese toque creativo a todo lo que hacen. La noche de la inauguración, ambientaron la plaza Rodrigo Botet con luces de colores, globos y una banda de jazz en directo. Para acceder al hotel, los invitados tenían que pasar por una alfombra roja flanqueados por paparazzis ficticios. Y luego podías posar delante del photocall como si fueras un actor de Hollywood. Cul de Sac son buenos en eso que llaman crear experiencias y que no es otra cosa que marketing emocional: primero te seducen y luego te venden la moto o lo que sea. Pero por lo menos te hacen pasar un buen rato.
A pesar del frío, la fiesta se llenó, casi cuatrocientos invitados entre ellos Presen Rodríguez con su hija Maribel Cosme, el Secretario Autonómico de Turismo Luis Lobón, el director del MuVIM Joan Gregori, Marisa García Forte y Pedro Hernández de El Picaporte, Mª Ángeles Miguel, de Salvatore Ferragamo, Nidita Guerrero de Unicef y Gemma Sastre, directora de La Rambleta, Laura Grande y el arquitecto Ramón Esteve con Maite Sebastiá.
La cena se sirvió en la terraza del hotel, que tiene una de las mejores vistas de la ciudad. El menú: saquitos de tomate con albahaca, conos de salmón con papaya, burbujas de ensalada, jamoncito del bueno y de postre, muffins, tiramisú, copita de queso con mango y piruletas de chocolate. Al acabar la fiesta, todos los invitados recibieron una tarjeta de socios del Club Astoria & Friends, ¡a ver si el club ayuda a animar la ciudad!
No fue el único sarao de la semana. El viernes, el famoso arquitecto de los famosos, Joaquín Torres, inauguró en Valencia una exposición de su estudio A-Cero y el IVAM se llenó de clientes famosos: Borja Thyssen, con su mujer Blanca, Ana Rosa Quintana –con un visón espectacular-, Fernando Hierro, Lolita y su hija Elena Furiase el diseñador Angel Schlesser, el jugador Cañizares, la presentadora Cristina Tárrega –compitiendo con el visón de Ana Rosa-, y su marido Mami Quevedo, Isabel Gemio, la Duquesa de Fernandina y Víctor Luengo, el futbolista Aitor Ocio, Patricia Olmedilla y Gonzalo de la Cierva, Duques de Terranova, ¡uff, no se veían tantos famosos desde la Copa América, menuda capacidad de convocatoria!
Ana García Siñeriz fue una de las más estilosas, con falda y top negro y labios rojos; Carmen Lomana lució tipazo y posó en el photocall como una experta, vamos, que está encantada de haberse conocido; también estuvo Gema Ruíz, la ex de Álvarez Cascos, que era una niña monísima pero se ha pasado con el retoque en la cara; lo mismo que el nadador David Meca, que se ha pasado con rayos UVA. Entre los más elegantes, el hijo de Naty Abascal Luís Medina y Jaime Peñafiel con chaqueta de terciopelo y entre los menos, el bailarín Poty, que escogió vaqueros para una noche de gala.
Alberto Fabra y Rita Barberá encabezaron la representación valenciana. Además estuvo Consuelo Císcar con Rafael Blasco, Mayrén Beneyto, la familia Colonques, Rafael Ripoll con su mujer Elena Martos, Juan Lagardera con Ángela Pla, el cocinero Quique Dacosta, el diseñador Francis Montesinos, Alejandro Cerdá y Esther Barrera, el Presidente del Puerto Rafael Aznar con su mujer Maguy Stuyck, Enrique Lucas, Laura Fitera… La cena fue de El Alto. Fernando Aliñó preparó un catering tradicional porque el arquitecto lo quería todo muy sencillo: arroz de setas, pollo y foie, bombón de foie, tapa de carrillera, barra de copas a tutiplén… ¡para más de 800 personas! Vamos, que para los tiempos que corren, la fiesta no estuvo nada mal.