miércoles, 11 de marzo de 2009

Jackie Kennedy no tenía que conciliar

Las mujeres de cuarenta y tantos nos lo hemos montado fatal. Queríamos trabajar y ser buenas profesionales… pues, ale, ya lo tenemos, trabajo en cantidad y mal pagado. Queríamos tener una familia como la de nuestras madres, y venga niños y marido y casa, todo para nosotras solitas. Y como encima hemos empezado tarde porque había que terminar la carrera y encontrar trabajo, pues aquí estamos, cambiando pañales a los cuarenta, cuando los niños deberían estar en la edad del pavo. Me río de la liberación de la mujer, ¡pero si no tenemos tiempo ni para ir a la pelos a tapar las canas!

Las diferencias entre la vida que llevamos ahora y la de otras épocas se notan mucho en la ropa. Ahora, el vestuario tiene que ser funcional, cómodo y práctico -¡qué aburrimiento!- para poder aguantar desde la reunión de la mañana hasta las papillas del bebé.

Me di cuenta de esas diferencias al ver el desfile del modisto Enrique Lodares. ¡Ay, qué ropa tan bonita! ¡Qué vestidos de cóctel tan ideales y qué poco aptos para la vida que llevamos! La ropa de Lodares no está hecha para mujeres estresadas o que tienen que conciliar. Tampoco está hecha para una mujer que sólo se arregla en las bodas bautizos y comuniones.

Lodares se imagina a una mujer de película. Una mujer que domina su cuerpo, que sabe andar con el tacón, que no se empeña en llevar ropa cómoda. “Cuanto más cómoda es la ropa –me decía Blanca Fitera, que estuvo en el desfile- más te destroza la figura, la ropa te debe impedir el relax, hay que saber llevar un cuello sin que se encorve la espalda ni escondas la cabeza; no se puede llevar un vestido al bies como unos vaqueros. Vestir bien exige una cierta disciplina, que hoy se ha perdido, da pena ver a la gente cómo va vestida por la calle”.

La colección de Lodares no es funcional. Al revés, te hace soñar y te lleva a las películas de los años sesenta con Grace Kelly como protagonista, “Atrapa a un ladrón”, por ejemplo. Es ropa para una vida lujosa y muy burguesa, con un punto decadente, como la Costa Azul, sin más ocupación que tomar el aperitivo a las doce o prepararte para el cóctel de la noche; son vestidos para una mujer extremadamente femenina, seductora y sofisticada, una mujer que sabe lo qué le sienta bien, que entiende la moda y adora el lujo. Una Jacqueline Kennedy, por lo menos.

Lodares diseña para ella un vestuario a medida: trajes de cóctel, de fiesta, para ir de compras, para viajar con un cargamento de maletas y sombrereras, de noche, para una recepción oficial… Un poncho de seda color butano, vestidos bordados con largo a la rodilla y coquetas manguitas media luna; camiseros de gazar; trajes de cóctel color verde esmeralda y rojo, un impresionante abrigo blanco con lunares negro y forro amarillo... ¡Uff, qué pasada! Y como complementos, los guantes con lazo y sombreros de paja de Marie Mercié, que Lodares se trae de la tienda parisina de St Germain.

El desfile del diseñador valenciano fue un homenaje a la costura de los años cincuenta y sesenta y a esas mujeres de película, de las que ya no quedan. La puesta en escena también recordó a los ateliers de los años cincuenta. En lugar de un desfile multitudinario, invitó a sus clientas a dos pases dentro de su tienda convertida en salón. “Quise hacerlo como en la costura en los años cincuenta, cuando los desfiles se hacían dentro de los propios salones, en un espacio íntimo; Vacié toda la tienda, puse dos filas de sillas blancas tapizadas y dibujé un círculo en el centro. Las chicas salían por el trampantojo de la tienda y daban la vuelta. Ambienté el desfile con una música de jazz tranquila y hice desfilar a las modelos como en los desfiles de antes, cuando eran maniquies. Las jovencitas nunca habían visto nada igual. Tuve que explicarles cómo desfilar así. Cuidé mucho la imagen, no es lo mismo ver a una chica en el teatro que a cincuenta centímetros, donde se aprecian hasta los detalles más pequeños. Como en la tienda sólo cabían 40 personas en cada pase, llegué a utilizar los escaparates de pasarela, la calle se llenó de gente mirando. Era la única forma de sacar partido al trabajo.”

miércoles, 4 de marzo de 2009

El pádel puede ser la solución

Hay búsquedas que las mujeres iniciamos a los diez años y seguimos en el empeño cumplidos los noventa. Por ejemplo, la del hombre que sepa cómo tratarnos cuando nos ve llorar sin causa aparente. Otra es la de un deporte al que aficionarnos; descartamos todos los que se practican en equipo, que eso es más cosa de hombres y de su antropológica necesidad de sentirse líderes de la tribu. Además, a partir de ciertas edades, nosotras aguantamos mal ciertas situaciones de tensión. Por eso ha triunfado Pilates, que es un deporte que se practica en grupo, pero no en equipo, y te permite echar unas risas y poner a parir a tu cuñada mientras esculpes los gluteos.

Pero Pilates es un complemento. Le falta el esfuerzo, el desgaste de un deporte…Hay que seguir buscando. El footing, descartado, sobre todo si usas más de una 90 de sujetador; nadar, podría ser, pero aparte de que te deja la espalda ancha -¡qué poco femenino!- es más aburrido que salir de compras por Sollana y además no te quitas de encima el olor a cloro en todo el día. Nada, descartado también.

El golf es pijito y podría ser la solución, pero requiere demasiado tiempo, y si ya es difícil compatibilizar trabajo y familia, ¡como para sacar una mañana entera para ir a pasear por el prado! Otra opción sería la bici, que está bien para dar un paseito por el cauce del río pero francamente, no me veo con el coulotte puesto para ir a la montaña ¡uff, no, qué poco glamour! Otra opción es el tenis, pero requiere una técnica muy depurada y quien no la domina se siente un poco ridícula en cuanto detecta que hay alguien mirando.

Por eso estoy emocionada desde que me he enterado que Yo Dona ha organizado un torneo de pádel. Definitivamente, el pádel puede ser la solución. Primero porque tiene un look mono: no es lo mismo ponerte una faldita blanca corta que un coulotte de ciclista, desde luego. La técnica según me dicen es más fácil de controlar que la del tenis y el ambiente es sin duda más agradable que el de una piscina, se presta a tomarte una cervecita al sol después de jugar. Además, desde que Aznar lo puso de moda entre los peperos, es un deporte pijito capaz de competir con el golf.
Y ahora viene lo mejor: la revista Yo Dona ha organizado un torneo femenino de pádel que empieza en Valencia el 2 de marzo, en el gimnasio K7 y donde puedes competir por parejas. Sólo hay que apuntarse en la web padelwomentour.com. Las novatas también nos podemos apuntar porque, además del torneo, dan clases para aprender los tipos de golpes y te enseñan trucos para el saque, golpe de pared o bolea ¡y es gratis!

No sólo el torneo empieza en Valencia, sino que la revista Yo Dona eligió Valencia para presentarlo. Organizó un cóctel ideal en el Hotel Las Arenas y se trajo como madrinas a la presentadora Mabel Lozano –con un Missoni monísimo- y a las deportistas Anabel Medina, número 1 del tenis femenino, y a la campeona de golf Itziar Elguezabal.

Charo Izquierdo, la directora de Yo Dona, explicó que el objetivo es que muchas más mujeres practiquen este deporte, tradicionalmente masculino. Y luego habló Marta Torrado que se declaró lectora incondicional de la revista y la sala se empezó a llenar de señoras estupendas, como las hermanas Fitera, Blanca (de Miu Miu) y Laura (de Prada), las diseñadoras Dolores Cortés y Noelia Navarro; la directora de Vuitton Valencia, Matilda Guerrero con el bolso último modelo -el speedy con graffiti fluorescente-, junto a Oscar Montecatini, Juana Ballesteros, Lidia Salinas, Lola Tortaja y María Jesús y Lola Frigols; la relaciones públicas Rocio Bacharach; las diseñadoras de alta costura Marta de Diego y Presen Rodríguez; la presidenta de la Asociación Dos Aguas Isabel Cosme y un montón de lectoras de la revista, que posaron divertidas en el photocall.

El cóctel que sirvieron el Las Arenas fue de lo más variado, una mezcla de cocina local -fideua de rape y marisco-, oriental –sushi y rollitos vietnamitas- y española -jamoncito del bueno, moldecitos de tortilla de patata-. De postre, mini tartas de queso y espuma de trufa con brunoise de naranja confitada. ¡Habrá que pedir hora para jugar al pádel, pero ya!

viernes, 27 de febrero de 2009

Siempre nos quedará Montesinos

Mientras los vestidos de la semana de la moda de valencia seguían colgados en el Corte Inglés de Pintor Sorolla, esperando que alguien se los llevase, Francis Montesinos conquistaba la Pasarela Cibeles con una colección enterita dedicada a Dali. La moda es así, no se sabe porqué, algunas cosas gustan y otras no, o por lo menos, no lo suficiente para sacar la maltrecha tarjeta de crédito. La última colección de Montesinos ha gustado porque no se parece a nada, es tan personal como de costumbre. Y en esta época de copias y réplicas, ser distinto ya es mucho.

Francis es, además, muy valenciano. No se contiene. Es excesivo como una falla; apasionado como una cremà; ruidoso como una mascletá y tan poco minimalista como un vestido de fallera. Vamos, que Montesinos es valenciano hasta médula y a sus mujeres les gusta seducir, ponerse moños y tocados como los que borda Tono Sanmartín y cubrirse de sedas, gasas, flores y grandes pendientes, ¡quant mes millor! Eso de quitar, se queda para los más puritanos, pusilánimes y acomplejados. Cuando una mujer tiene poderío, se lo echa todo encima, y la valenciana nunca ha destacado por su discreción, que le vamos a hacer, tendremos otras virtudes, pero no pasamos desapercibidas.

La colección que sacó ayer Montesinos está dedicada a Salvador Dalí. La misma pasarela era una réplica del famoso retrato de Mae West, presidido por una cortina en forma de pelo. El valenciano utilizó el surrealismo hasta en el orden del desfile: empezó por el final, por una espectacular novia-cisne, y acabó por lo más flojo, la ropa de calle. Toda la colección recordaba a Dalí en sus bordados, los peinados como los de Gala, y los estampados dalinianos. Los estampados contienen tantas imágenes y dibujos de Dalí, que para poder reproducirlos, Montesinos ha tenido que colaborar con la Fundación Gala-Salvador Dalí.

Dice Montesinos que “la colección parte de la estampación de la obra daliniana en la que recoge principalmente a su musa y mito, Gala. Sus elefantes, sus ocas, el busto de la mujer con pan y otros aspectos más mediterráneos y surrealistas. Del color pasa a la estampación para llegar a la parte más surrealista de su alma, el blanco y el negro o los negros y las transparencias. Los insectos y sus moscas divinas.”

Tan valenciano como Montesinos es Tono Sanmartín. Esta semana, enseñó sus peinados en el IVAM con modelitos de Amparo Chordá y debió de utilizar varios botes de laca, porque menudas esculturas: un moño en forma de lazo enorme, otro tocado sesentero de medio metro de altura… El mismo Tono me decía -¿no querían lujo? pues se lo demostré con un derroche de barroquismo, abalorios, estilismo, música cantada por Catherine Deneuve, la Via en Rose de Donna Summer, todo de lo más rebuscado, como las heroínas de los fotógrafos de finales de los 70, con Veruschka como musa o Marisa Berenson en Pucci. ¡Dí que sí! Como escribió Jordi Labanda en uno de sus dibujos: “El fondo de armario es para las cobardes”. Pues claro, la chaqueta azul marino y los sosos vestidos negros son para las que no se atreven a decir “aquí estoy yo, con mis labios rojos, mi melena al viento y mis taconazos”.

No hay más que ver las fallas para darse cuenta que nuestro carácter no tiene nada que ver con el de otras ciudades más frías y serias. La valenciana es alegre, extrovertida y le gusta enseñar el canalillo, sin perder la imagen decente, claro. Los del norte, tan estirados ellos, siempre han dicho que en Valencia somos horteras por vestir con tanto desenfreno y que algunas parecemos árboles de Navidad. Nosotras seremos árboles de navidad, con tanto abalorio, pero ellas son más aburridas y sosas que dos desfiles seguidos de Larrainzar. ¡Un poco de emoción, por favor! No, definitivamente Montesinos no sería el mismo si en lugar de criarse en Valencia lo hubiera hecho en Ávila o Bilbao. Y tampoco Vicente Gracia crearía las mismas joyas, exuberantes, coloristas, tan mediterráneas y pasionales.

jueves, 19 de febrero de 2009

Las ricas de siempre

Había que hacer algo. No era posible que la secretaria del marido de la condesa llevase el mismo Vuitton que la mismísima condesa. ¡Hasta dónde podíamos llegar! Menos mal que la crisis financiera ha puesto las cosas en su sitio, vaya que sí, ahora la condesa seguirá comprando en Vuitton, ¡pues claro! y la secretaria en Zara o en las rebajas.
Desde luego, la clase media es la más tocada por la crisis. Los ricos de siempre siguen teniendo pasta, ¡que mal me caen! Y aunque ahora se están cortado un poco para guardar las apariencias –no está bien visto gastar 1.500 eurines en un bolso cuando otros no tienen ni la mitad para pasar el mes- dentro de unos meses volverán a gastar como antes, dejando claro que siempre ha habido clases y que una secretaria no puede ir a las mismas tiendas que la mujer de su jefe.
El problema es que las tiendas de lujo necesitan a los pobres de clase media para que les salgan las cuentas. Está bien vender un bolso de 3.000 euros, pero si vendes 100 de 300, la cosa irá mucho mejor. Por eso muchas tiendas han empezado a bajar el listón. Un ejemplo: Siete Mares traía la colección lujosa de los zapatos Scholl, a 500 euros el par. Pero para este verano, los han reemplazado por una línea más asequible de la misma firma, tanto que por 100 euros tienes unas sandalias de tacón ideales de la muerte. ¡Ay, qué alivio! Será la única forma de que las pobres podamos mantener las apariencias, porque lo de comprar zapatos con el presupuesto de comida del mes, me temo que se va a acabar. Lo que no entiendo es porqué los sindicatos no protestan. Para una vez que habíamos conseguido igualarnos con los ricos y eliminar las diferencias de clase, llega la crisis y nos separa definitivamente…
Más ejemplos de cómo el lujo ya no está al alcance de todos y las tiendas tienen que adaptarse para no perder clientes: esta semana, el joyero Antonio Romero presentó en su tienda de Poeta Querol una nueva colección de joyas y relojes de la firma italiana Rosato. Para que se hagan una idea, los relojes cuestan 230 euros y los collares 150. Los brillantes, los pelucos que lleva el bigotes y los megajoyones, siguen ahí, pero más escondidos. El objetivo no es conquistar a los ricos, sino recuperar a la clase media. Eso sí, en la presentación del jueves, las señoras brillaron con sus joyas. Los cócteles en joyerías tienen esa particularidad: la gente saca de la caja fuerte toda la artillería pesada para que note dónde está el poderío.
Las joyas de Rosato están distribuidas en España por la empresa Le Cadó, la misma que produce las joyas de Antonio Pernas, Angel Schlesser o Roberto Torretta. Los best-seller de Rosato son las pulseritas con charms, tipo la que lleva Doña Leti, donde lleva colgantes con las iniciales de sus hijas. Si no tienes hijas, siempre puedes colgar un zapato de Ferragamo en miniatura, una barra de pan que representa París, un helado símbolo de Milano o una manzana símbolo de Nueva York. Por España no pregunten, porque todavía no tiene charm, y me temo que tardará años en conseguir el glamour necesario…
Además de la ropa y joyas baratas, las rebajas son otro remedio para que el fondo de armario mantenga el nivel. Ayer mismo pasé por varias tiendas pijitas que tenían saldos a 30 euros y descuentos del 70 por ciento en tiendas megapijas que hace años ni pasaban del 50. Bueno, y en Burberrys tienen los trench al 60 por ciento, cosa insólita, porque la firma inglesa siempre ha sido para señoras bien y no ha tenido necesidad. Por cierto, lo que se vende en España de Burberrys es una línea fabricada en Barcelona, nada que ver con lo que se vende en otros países europeos, ¡qué cosas!
A pesar del bajón general, hay tiendas que mantienen el tipo y se niegan a igualarse por abajo. Es el caso de Hermès, la quintaesencia del lujo. Hermès es de los pocos reductos que quedan para ricas herederas, ricas por matrimonio o ricas con título, de las de toda la vida. Ay, con Hermès no se puede hablar de democracia, Hermès, por desgracia, nunca será para todos…

martes, 10 de febrero de 2009

Ha nacido otra falla… la de la Pasarela

¿En que se parece la Semana de la Moda de Valencia a una Falla?… En que las dos nacen, viven un par de días y mueren en el mismo sitio que las vio nacer. Seis meses preparando la pasarela y cerca de un millón de euros invertidos, para que, al día siguiente, los organizadores, digan lo mismo que los falleros: “…y mañana a trabajar para la del año que viene”.

Pero la Semana de la Moda debería ser otra cosa: debería servir para promocionar la moda valenciana más allá de Benimaclet. Claro que para eso haría falta que alguna de las grandes tiendas de París, Londres, Madrid o Barcelona enviasen a su jefe de compras; y para eso habría hecho falta que alguien les hubiese invitado, o que la fuerza de la marca les hubiese atraído. Porque, ¿de qué sirve todo el boato y el dispendio que hemos visto esta semana, si luego no hay quien encuentre una sola prenda de las que han desfilado en ninguna de las grandes tiendas, no ya del mundo, sino de Europa?, ¡qué digo de Europa, de España!; ¡qué digo de España, de la mismísima Valencia!

¿A qué vienen esos políticos, con la que está cayendo?, ¿a lucir coches oficiales y trajes de largo?, ¡pero si ninguno de ellos lleva una sola prenda cosida entre el Senia y el Segura! Ay, de verdad, yo no me explico por qué nadie dice nada. Lo normal, en cualquier pasarela que se precie de serlo, es que a un lado se sienten los compradores de las tiendas y justo enfrente la prensa especializada. Pero aquí, en Valencia, no hay ni lo uno ni lo otro. A un lado, familiares de los diseñadores y de las modelos, políticos locales y alguna clienta. Al otro, un ojeador chino –dando cabezazos-, periodistas de aquí y amigos de los periodistas que se acreditan para pasar el rato. Ni rastro de compradores ni de prensa especializada en moda. Bueno, sí, salimos en el suplemento de Vogue, pero previo pago de un talón y bajo el nombre de “promovogue”, ¡vaya mérito!

Y cada edición es peor: menos prensa especializada, menos repercusión nacional, menos negocio, misma subvención de la Generalitat. La última edición, Carlos García Calvo escribió: “es triste pensar que Valencia, que siempre ha estado en la vanguardia del arte o la artesanía, vaya rezagada en moda. Su pasarela siempre ha sido excesivamente local y sus ecos de prensa no suelen llegar más allá de Utiel o Requena”. Esta vez, el periodista ni tan siquiera se ha dejado caer por Valencia y los ecos no han ido más allá de Benimaclet.

Si la primera fila de periodistas daba pena, del front-row de enfrente, el de los famosos, mejor ni hablar. Aquí los famosos no vienen ni con un talón bajo el brazo. Y si vienen previo pago, como Laura Ponte, apenas están unas horas. Andrés Velencoso estuvo desfilando, pero su novia, la cantante Kylie Minogue (sí, la de la imagen de Tous), aunque estuvo en la ciudad, no se acercó a la feria. Si tan interesante e internacional fuera la moda valenciana, ¿porqué no iba a sentarse esta mujer en primera fila para ver desfilar a su chico y de paso fichar un par de modelitos? Y luego están las celebrities valencianas que se acercan a ver los desfiles, vestidas de Prada, Lanvin o Dior. Ninguna dice que va vestida de Sáez de la Torre o Alex Vidal…

Dicen los organizadores que se esfuerzan mucho y que se trabaja mucho, pero si el esfuerzo es inútil y no da resultados, más les valdría encontrar otra fórmula para promocionar la moda valenciana antes que invertir un millón de euros en una pasarela subvencionada casi en su totalidad, que cada vez tiene menos interés y que apenas sirve para el lucimiento personal de un par de diseñadores, que, además, ni tienen estructura empresarial, ni más de tres puntos de venta, ni generan puestos de trabajo ni distribuyen su ropa más allá del Júcar.

Es más, si la pasarela valenciana emocionase, no haría falta traer a famosas previo talón, ni pagar publicidad en Vogue. Cuando algo es bueno, acaba atrayendo a las tiendas, a los famosos y a la prensa especializada. Pero aquí ya llevamos seis ediciones y nada de eso ha sucedido. Para eso, mejor montamos una falla, la quemamos, nos divertimos y ¡hasta el año que viene!

martes, 3 de febrero de 2009

La Semana de la Moda es genial

Hagamos un esfuerzo patriótico, centrémonos, pensemos cosas buenas de la Semana de la Moda Valenciana, olvidemos la crítica fácil. Vamos, venga, un poco más, ya sale… Lo tengo, la Semana de la Moda de Valencia es genial porque, porque, porque… ¡Uff, cómo cuesta!

Sí, ya lo tengo… es genial porque, ¡van a venir unos periodista chinos y brasileños! “Las principales voces de difusión y crítica de la moda internacional”; “la prensa internacional expectante”, “una cita destacada en el calendario internacional de la moda”–citas textuales del comunicado de prensa de la organización.

Bien, por fin, ya era hora. Años de esfuerzo y millones de dinero público invertido por fin dan sus frutos. Valencia ya no será conocida sólo por la paella, las fallas, las mascletás y la Ciudad de las Artes. Ahora, con plumas de reconocido prestigio internacional como las brasileñas Mauren Motta y Nereide Michele; la china Liu Fei Fei y Ruigao Feng y Xiaolu Zhao; la mejicana Emma Hilda y las rusas Galiana Kuznetsov y Alexey Ivanov de no se qué revista rusa, seremos los números uno en la moda internacional.

Pero, ¡un momento! Yo pensaba que lo más de lo más del periodismo de moda eran Carine Roitfeld (del Vogue París), la famosa Anna Wintour (del Vogue USA), y la lista de Suzy Menkes del International Herald Tribuney, por no hablar de la personalísima Franca Sozzani, del Vogue italia.
Ay, no, no hablaré mal de la Semana de la Moda de Valencia….

Seguro que Liu Fei Fei es una eminencia en China y consigue difundir el trabajo de nuestros diseñadores por medio mundo. He buscado su nombre en google y no la encuentro, pero sin duda es alguien muy importante en el universo fashionista chino. Lo que no termino de comprender es para qué porras vienen las revistas chinas y brasileñas a la Semana de la Moda de Valencia. Como los chinos se pongan a hacer pedidos a tutiplén estamos muertos, porque aquí no hay nadie capaz de dar abasto; la mayoría de los que desfilan tienen pequeño talleres, incapaces de suministrar grandes pedidos. ¿No sería más sencillo empezar por el mercado nacional? O por el europeo, y que vinieran periodistas de París, Londres y NY, que también es un mercado apetecible…
…¡uff, uff, uff! Que se me escapa, no, no hablaré mal de la Semana de la Moda….

Es más, con tanta prensa internacional, habrá que empezar a preocuparse por los modelitos que hay que lucir los tres días de pasarela. Si vamos a salir en el Fashion Report de Moscú o en una revista de Shangai, hay que estar a la altura, ¡que no se diga! Yo si fuera Mayrén Beneyto me pondría mis mejores galas y sacaría toda la artillería pesada, desde bolsos de Hermès a las camelias Chanel, que los chinos sepan cómo visten las valencianas, que aquí a poderío no nos gana nadie. Aunque no sé qué interés pueden tener las chinas y brasileñas por ver a Mayrén Beneyto o a las hermanas Fitera.
Ay, no, no, no, no hablaré mal…

¡Ah, bueno! Si también viene la Fashion TV a cubrir la pasarela. Fashion TV es un canal de TV que sólo emite programas de moda: desfiles, entrevistas con diseñadores, pasarelas… antes se podía ver en una plataforma digital, pero ahora sólo es de pago. Este verano, el barco de Fashion TV vino a Valencia a la Fórmula 1 y organizó un sarao en cubierta que todos recuerdan como una pesadilla. Resulta que empezó a llover a cántaros y aquello era como un barco fantasma y cutre, con una decoración setentera y un ambiente de antro, si no algo peor. Y el director de Fashion TV era de todo menos glamouroso, con esa barriga cervecera y esa camisa llena de lamparones…
Pero, ¡qué digo! Está fenomenal que vengan a Valencia. No, no hablaré mal…

Si además la pasarela valenciana apoya a los jóvenes valores valencianos como Alex Vidal, Miquel Suay o Hannibal Laguna. ¡Uff, no esos no son jóvenes! Es decir, apoya a diseñadores valencianos como Hoet, Yiyi Gutz y Mónica Lavandera, ¡ay no, si esos no son valencianos!
No, no hablaré mal de semana de la moda de Valencia, no hablaré mal… Pero mejor lo intento otro día, que hoy no me sale.

domingo, 25 de enero de 2009

Y de la Semana de la Moda ¡¡¡Qué!!!

Era el día de San Vicente y los sastres y modistas valencianos celebraban su patrón con una procesión cívica, Misa y comida en el Astoria, vamos uno de esos planes en los que estás tres días buscando la excusa perfecta para escaquearte. Pero hete aquí que donde menos te lo esperas salta la liebre, y lo que prometía ser más aburrido que un desfile de Javier Larrainzar acabó convirtiéndose en uno de Prada.

Todo empezó en la comida. Tras la paella de verduras y el postre de chocolate, llegaba el turno de los discursos. Primero habló Valentín Herráiz, Maestro Mayor del Gremio, de lo más elegante con su chaqué gris; luego Silvia Ordiñaga, la Directora General de Comercio, que acudía en representación de su jefa, la Consellera Belén Juste, nombrada Clavariesa del Gremio. Total, que Ordiñaga estaba dando su discurso sobre el buen hacer de los sastres y modistas, el valor de la artesanía y la costura a medida… cuando de repente, en medio del discurso, se oye una voz alta y potente que dice: “Sí, y la Semana de la Moda ¿qué?” Silencio absoluto y caras de tierra trágame.

El osado caballero que alteraba la monótona paz de la sala no era otro que el conocido como “Sastrecillo valiente”, es decir Don Vicente Moret, sastre valenciano de los de toda la vida, que le recordaba a la directora general que ellos, los sastres y la costura, no pueden desfilar en la pasarela. Menos mal que Ordiñaga, mujer con muchas tablas y seductora sonrisa, respondió que claro, que la Consellería iba a trabajar para mejorar la Semana de la Moda de Valencia.

La protesta de Vicente Moret, el Jiménez Losantos de la sastrería valenciana, refleja el enfado de muchos diseñadores de aquí, que no pueden desfilar en la Semana de la Moda porque, según sus organizadores, lo que hacen no es pret-a-porter sino costura a medida. El problema es que más de uno no ve la diferencia entre lo que hace Alex Vidal y lo que hacen, por ejemplo, Presen Rodríguez, Marta de Diego, Juan Andrés Mompó, Enrique Lodares o el mismo Valentín Herráiz, quienes además, visten a lo más granado de la sociedad valenciana.

Y, claro, si Alex es el director de la pasarela, cargo remunerado, por cierto, y encima se reserva la mejor hora para desfilar y las modelos más cotizadas y encima su desfile se emite en directo en Canal 9 y para colmo –dicen los malpensados- se quita de encima a todo aquel que pueda hacerle sombra, Francis Montesinos incluido, pues se entiende que el resto se coja un cabreo de aupa y monte un pollo a la mínima de cambio.

Si ya lo dijo el torero: “lo no puede ser, no puede ser y además es imposible”, y lo que no puede ser es que un museo de Dallas haya expuesto un modelo de Marta de Diego para deleitar a lo más conspicuo de la moda del mundo mundial, y el día en que Valencia pretende mostrar al mundo su moda, ella se quede en casita viendo la telenovela, porque su sitio lo ocupa un joven diseñador ¡de 50 años! que no habrá vendido diez trajes en su vida.

Incidentes aparte, la celebración fue de lo más entrañable. Valentín Herráiz está intentando sacar adelante un gremio valenciano y antiguo donde los haya, ¡tiene 762 años! y su objetivo es recuperar tradiciones como la procesión con teja y mantilla el día del patrón ¡yo me apunto! y recuperar la figura del maestro sastre para que forme a jóvenes aprendices en algo tan nuestro como la sastrería.

Según Herráiz, eso de que todas las señoras, hasta las más humildes, tengan sus buenos pendientes y su buena pieza de seda sólo pasa en Valencia, donde antaño las mujeres compraban el retal y lo bordaban con sus propias manos. Durante la comida también supe que al Presidente Camps le sientan mal las chaquetas porque tiene los hombros caídos, ¡ay, ay, ay!, un defectillo que un sastre corregiría en un plis plas. Y así transcurrió la sobremesa, entre patrones, telas, con la conversación elegante de Juan Andrés Mompó, la retranca de Presen Rodríguez, el sentido del humor de Javier Villajos y la lengua tan afilada como sus tijeras de Vicente Moret, vamos, ¡que estoy esperando que llegue la próxima!

lunes, 19 de enero de 2009

Se acabó el sueño

Esta puñetera crisis de los demonios aburre más que el culebrón de la Pantoja con Julian Muñoz. Con lo bien que funcionaban antes las cosas: ibas al banco, pedías tres, te daban cinco, y ¡ale! a comprar en París, en Madrid o en Cirilo Amorós. Luego pagabas poco a poco y cuando te quedabas sin un duro, volvías al banco pedías otros seis, te daban nueve, pagabas el crédito antiguo… y ¡ale! a las rebajas de Nueva York, no sin antes comprarte en Valencia un modelito para lucir en el avión. No acabo de entender qué es lo que ha cambiado. Mañana, en la Fnac, Leopoldo Abadía presentará su libro “la crisis de los Ninja”, será cuestión de ir a ver si alguien nos aclara por qué no volvemos a hacer lo mismo. Endeudarnos, comprar, volvernos a endeudar y volver a comprar…

Se acabó la fiesta. El caso es que se ha acabado el sueño, como se han acabado las largas noches de lujo, glamour y fiestas. No me extraña que Rita Barberá diga que, si por ella fuera, firmaba hoy mismo para que volviera la Copa América. Por lo menos le daría algo de vidilla a la ciudad, volverían los regatistas bronceados, los patrocinadores con pasta y las fiestas hasta las mil; la gente compraría modelitos para las fiestas, las tiendas volverían a vender, las peluquerías a hacer horas extras, ¡ale botox a tutiplén!, los catering a contratar gente, las agencias y publicistas a trabajar como locos y los ricos de medio mundo a gastarse la pasta en restaurantes, tiendas, hoteles, joyerías…

Directo Valencia-NY. ¡Ay, qué tiempos los de la Copa América! Y encima, precisamente ahora, va y abren el vuelo directo Valencia-NY. ¡Como si la economía estuviera para irse de rebajas a NY! Aunque igual es al revés, y son las pijas de Manhattan las que vienen de shopping a Valencia. No sé, tengo mis dudas. Si aterrizan en Valencia y se encuentran con las mismas tiendas Vuitton, Hermès y Bulgari que en la Quinta Avenida, pero más pequeñas y con menos bolsos, ¿porqué iban a pasar ocho horas en un avión? La respuesta me la dio Alberto Martínez, del estudio Cul de Sac, en la inauguración de la joyería de Trini Gracia: “La mejor forma de que vengan –dijo-, es que la ciudad tenga un carácter diferenciado, así es como vendes un valor añadido; Valencia bulle, crece y debería hacerse presente en el mundo, pero sin perder su identidad”. Los de Cul de Sac conocen bien lo que les gusta a los ricos. Su estudio está en Valencia, pero desde aquí han proyectado tiendas tan vip como las de Lladró en Manhattan y Tiffany en Milán. También es suyo el interiorismo de la joyería Trini Gracia (ahora hay dos joyerías Gracia, la de Trini y la de Vicente Gracia).

A vender trajes de fallera. La interpretación de andar por casa de la teoría de Cul de Sac es que en Valencia hay que vender trajes de fallera a las millonarias de NY. ¿Hay algo más diferenciado que un vestido de fallera con una tela de Rafael Catalá o un aderezo de valenciana? Me imagino a la pija neoyorquina presumiendo de pendientes de valenciana mientras toma el té con sus amigas para recaudar fondos benéficos. Además, con eso de que hasta Miuccia Prada ha sacado pendientes grandes en sus desfiles, los de fallera van a estar más de moda que nunca.

El bolso de Sofía. Hablando de objetos exclusivos y diferenciados, los bolsos que ha diseñado Sofía Coppola para Vuitton no llegarán a Valencia ni a ninguna ciudad española ¡qué desastre! Según Bolola Lana, la jefa de prensa de Vuitton, se trata de una colección cápsula limitadísima!!! He aquí un ejemplo del nuevo lujo del que hablan en Cul de Sac, ediciones super limitadas, sólo aptas para clientas megavip. Vamos, que no lo consigues, ni cogiendo el primer vuelo a NY. No deja de ser un consuelo, porque aunque el bolsito de marras estuviera en Valencia, la economía no está para vuittones…

domingo, 11 de enero de 2009

Funny sex

Quién nos ha visto y quién nos ve. Nosotras, las hijas de aquellas señoras que asistían a reuniones en casas de amigas para comprar ollas, sartenes o los famosos tuppers, que luego enseñaban a sus maridos, nuestros padres, como lo más de lo más en los avances tecnológicos. Ahora somos nosotras las que tomamos el café; pero la vendedora ya no tiene el pelo de color caoba, ni viste falda plisada a la altura de las rodillas, ni tampoco vende tuppers para guardar la paella que sobró el domingo. Ahora la señora lo que nos vende son consoladores en forma de lápiz de labios que se pueden camuflar en el bolso y que, según dicen, más de una ya ha utilizado para matar el aburrimiento en un atasco. ¡Toma castaña!; y los maridos en casa, viendo el fútbol –ellos siguen siendo como sus padres- y creyendo que estamos tomando el té con unas amigas, igual que hacían sus madres.

Sí chicas, sí, los juguetes eróticos ya no son cosa de hombres. Adiós a aquellos antros sórdidos, los sex-shop, a los que jamás se nos hubiese ocurrido entrar a una de nosotras, que al fin y al cabo, seguimos siendo hijas de los colegios de monjas. Ahora el sexo se vende en la Gran Vía Germanías (Play Sex) o en la de Fernando El Católico (Condoms and Co), dos tiendas “hiper-monas”, en las que el sexo se presenta como algo divertido, que nada tiene que ver con la pornografía, ni nada que se le asemeje.

Allí lo que nos venden son perfumes capaces de devolver a la lívido de nuestros hombres aquel esplendor perdido hace siglos o aceites afrodisíacos que hacen maravillas. También hay vibradores con diseño escandinavo que encajan a la perfección dentro de un bolso de Prada o en la guantera de un Cayanne. ¿Os acordáis de aquel capítulo de Sexo en Nueva York en el que la asistenta de Miranda le encontraba un consolador en la mesita de noche, y ella no se sonrojó en ningún momento? Aquella escena, según dicen los responsables de Lelo, que es la firma más chic de este negocio, resume bien lo que ha pasado en los últimos años.

Esas tiendas no tienen nada que ver con los antiguos antros. Play-sex tiene un logotipo chulísimo, está decorada toda en color rosa y antes parece una tienda de Hello Kitty que en una para mayores de 18 años. Una vez dentro, ni rastro de películas pornográficas, sino vibradores sofisticados, aceites de masaje de Shunga y aparatitos con miles de funciones de Fun Factory. Lo mismo pasa en la franquicia Condoms and Co, donde Isabel y Ana intentan normalizar la venta de estos productos eróticos. Todos los artículos están a la visa, no hay nada que esconder.

Aún así, las que tengan reparo en ir a estas tiendas, tienen la opción de las tupper sex que ofrecen en las mismas tiendas. Se necesita una anfitriona que preste su casa y se encargue del café y las pastas o los canapés. La anfitriona es la que llama a sus amigas y se pone en contacto con la asesora. Una vez concertada la cita, llega la asesora con una maleta cargada de productos a tutiplén. Primero empieza por la cosmética erótica, luego pasa a la juguetería, vamos, los vibradores, ¡que dicen que se prueban en la nariz! Finalmente la lencería. Terminada la presentación, se hacen los pedidos, que llegarán a casa de la anfitriona con bolsitas personalizadas.

El negocio promete, porque buena parte de las potenciales asistentes a las Tupper Sex o las tiendas, todavía somos fruto de un tiempo en el que disfrutar del sexo era cosa de fulandrangas, y por muy liberadas que estemos, ya se sabe que quien tuvo retuvo; y no quisiera yo verme en el papelón de Miranda. Pero las jovencitas de ahora, y aún más las que están por venir, no van a tener tanto reparo.

miércoles, 7 de enero de 2009

Ser pija no se lleva

Uff, uff, uff. Acabo de leer en mi blog Malvayrosa un comentario demoledor de uno de mis lectores. Dice lo siguiente:”El lujo y el glamour eran una tendencia en sí mismos y ya han pasado de moda. Todo eso es más del 2000 que del 2010. Ser pija no se lleva nada en absoluto y seguir las tendencias y llevar ropa cara es un símbolo de mal gusto y de falta de imaginación. Términos como trendsetter o coolhunter son totalmente de los noventa y los números de las revistas de moda "especial colecciones" son para perdedoras y gente vacía. Los ídolos del siglo XXI son elegantes por su forma de ser, su inteligencia y su educación y de su aspecto solo se tendrá en cuenta la elegancia de la discreción. La cirugía y los tratamientos estéticos caros no pueden competir contra una madurez digna y sabia. Todo lo demás solo es la pataleta de unos malcriados o el capricho de unos ignorantes. Feliz 2009.”

Si mi lector tiene razón, a esta sección le quedan dos telediarios, la hora del té tiene los días contados y a partir de ahora tendré que escribir sobre la baja Edad Media o el pensamiento kantiano. Tendré que frecuentar bibliotecas en lugar de quioscos de prensa y escucharé lecturas de tesis doctorales, en lugar de ver desfiles de Montesinos. Uff, qué negro veo mi futuro; claro que el de las tiendas pijas todavía lo veo peor. Después de la crisis, sólo faltaba que vestir de firma estuviera mal visto…

Si la profecía de mi lector se cumple, a mí me dejará fría un vestido de Prada o unos taconazos de Louboutin. En un futuro no tan lejano, pasaré por delante del escaparate de Hermès y pensaré, - uff, ese bolso es totalmente un símbolo de mal gusto y de falta de imaginación. Voy a casa a tejer uno de ganchillo que eso sí es personal y barato y discreto. Llegado el caso, sería un alivio para mis bolsillos, eso sí, pero por mucho que lo intento, tengo mis dudas. No soy capaz de imaginarme esa situación.

Fuera bromas, el comentario tiene muuuucha miga. Creo que en el fondo plantea si se puede comprar la elegancia. Y la respuesta es no. Ir vestida de ropa de marca de arriba abajo no te garantiza el estilo ni la elegancia ni la personalidad, ni siquiera el atractivo. Es más, vestir toda de Gucci o de Chloé puede ser síntoma de nueva rica, sobre todo si te plantas lo último de lo último, si pareces un anuncio andante o si te crees a pies juntillas la tontería de las tendencias. Pero en lo que no estoy de acuerdo es en que vestir ropa cara sea síntoma de mal gusto. Sé de muchas mujeres con muchísima personalidad que visten de Prada sin que se note, que interpretan lo que hace cada diseñador a su manera, que llevan vestidos de hace diez años y son elegantes hasta cuando hablan por el móvil, que ya es difícil. Sin ir más lejos, la misma Miuccia Prada encaja perfectamente en la definición de mujer inteligente, educada, discreta y con una personalidad que ya quisieran muchas, y además, no ha pasado por quirófano.

En cuanto a la cirugía estética, pues lo mismo. Hay señoras que se hacen arreglitos imperceptibles y están estupendas, no tratan de parecer quinceañeras, ni se ponen pómulos de manzana, como la Obregón. Tampoco se quedan con la frente congelada como la Preysler o con la mueca extraña de la Baronesa Tyssen. Sólo mejoran el tono la piel o buscan el corte de pelo adecuado y tratan de mantener su cuerpo en forma. Lo que tengo claro es que la elegancia está en la inteligencia. Puedes llevar 6.000 euros puestos en ropa y ser una petarda; y puedes llevar esa misma cantidad de dinero encima y ser la más interesante de la fiesta. No, no creo que el pijoterío haya muerto. ¡Más me vale!