miércoles, 18 de noviembre de 2009

Chicas, seamos patriotas… ¡vayamos de compras!

Si todos los que tienen ahorros los sacasen del banco y empezasen a gastar, qué se yo, en zapatos, bolsos, ropa de fiesta, joyas, viajes, restaurantes… el consumo tiraría para arriba, las tiendas volverían a contratar gente, los bancos a prestar dinerito para comprar más y así todos más contentos que unas castañuelas.
Así pues, chicas, seamos patriotas: salgamos de casa pertrechadas con tarjetas de crédito y al grito de ¡¡¡todo por España!!! gastemos sin complejos, compremos sin miramientos en un acto de amor y entrega a nuestro país.
Empecemos por los pies, como los buenos ejércitos que de los primero que se aprovisionan es de buenas botas. Pues nosotras a por unos buenos Manolos de piel de cocodrilo. Hija, que bonitos. Unos manolos de coco son como un Birkin de Hermès o un Amazona XXL, eso que llaman una apuesta segura, una inversión, un valor en alza. A medida que envejecen, adquieren esa clase que sólo tienen los objetos antiguos.
Manolo Blahnick no tiene tienda en Valencia, pero la interiorista Verónica Montijano los trae a su estudio cada temporada invitando a una venta privada a amigas y clientas. Este mes se ha traído los zapatos de fiesta y de cocodrilo. La piel de cocodrilo es algo dura, pero las hormas son tan cómodas que son zapatos resistentes y fáciles de llevar. El precio, entre 1.900 y 3.000 euros, es lo de menos cuando se trata de ayudar a levantar la economía nacional. Cuando se habla de manolos, los modelos más vendidos son precisamente los clásicos: el Creola y el Carolina. Fíjate que hasta se pueden encargar a medida, como en el Birkin de Hermès, eligiendo entre un muestrario de pieles y color. ¿Puede haber algo más lujoso que un zapato personalizado? La pena es que haya que esperar de seis a ocho semanas para recibir el encargo.
Si hablamos de zapatos, hay tres firmas que están en el top: Christian Loboutin, Jimmy Choo y Manolo Blahnik. La tres tienen en común su precio, vamos, que no los encuentras por menos de 400 eurines. Bueno… corrijo, los Jimmy Choo se podían comprar ayer por 99 euros en la edición limitada que ha sacado H&M, pero a las dos horas de abrir la tienda, ya se habían agotado. ¡Qué fuerte, eso sí es consumo! Si los Choo destacan por modernos y megafashion, los Loboutin son el colmo de la sofisticación francesa y los Manolos un clásico elegante, muy del estilo de Isabel Preysler.
Los Manolos de Verónica Montijano comparten espacio con una minicolección de ropa de Azzaro que estará a la venta sólo el mes de noviembre. La firma francesa se hizo famosa por unos vestidos tipo fourreau, negro hasta los pies, y con escote en forma de ocho adornado con piedras brillantes. Chapeau los tuvo hace años. Las colecciones de ahora siguen dando protagonismo a los escotes sexies. También hay minivestidos con mangas de organza y túnicas cortas con incrustaciones de perlas y piedras, con un aire caftán de la firma que lució Rania de Jordania. Precios: los de cóctel, desde 1.000 euros, y los de fiesta, entre cuatro y cinco mil. Sobre el vestido, ideal un chaquetón de plumas de marabú color ciruela que me recordaba al de visón que tuvo Loewe hace una temporada, sólo que las plumas son más ligeras y divertidas. El marabú me lo enseñó Begoña Buqué, que ha colaborado con Verónica en el showroom. Allí también estaba Mª Angeles Miguel, de Hermès, intrigada por ver qué fotos habría seleccionado el Vogue de diciembre de aquella sesión de fotos con pañuelos en la Plaza del Patriarca. Pronto se desvelará el secreto.
Más sitios donde gastar sin complejos: las joyerías. Rabat invitó esta semana a un cóctel en su joyería de Colón, que amenizó con música del grupo Mondo Ritmic Trio. La noche “Jazz Diamonds” le sirvió de excusa para presentar sus joyas más espectaculares: gargantillas, colgantes, pulseras rivière, sortijas, pendientes… todos en oro blanco y brillantes. Umm…
Y los chicos bien de Modos, en un alarde de patriotismo impagable, tienen esta semana un super plan para gastar dinero y ayudar a Zapatero a salir del atolladero, una venta privada en Mont-Blanc. La marca internacional cerrará su boutique de Poeta Querol para conocer en exclusiva las novedades, ideales para regalos de Navidad.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Los "Vip Village" o "Las Aldeas del poderío"

No hay evento, deportivo, cultural o social, que se precie y que no tenga una zona VIP, ya se sabe: “Very important person”. La idea tenía cierto sentido cuando se inventó para que la gente con mucha fama y glamour no tuviese que codearse con la muchedumbre mundana. Pero la cosa ha ido evolucionando hasta alcanzar cuotas insospechadas de horterismo más o menos refinado. Por ejemplo, asistir a un concierto de rock sentado en cómodas butacas, bebiendo vino caro o champán y tomando canapés de salmón o cucharaditas de foie sobre un mil hojas al aroma de menta… Cuando todo el mundo sabe que los conciertos de rock se ven bebiendo cerveza en vaso de plástico y comiendo bocadillos de morcillas con habas; lo contrario es un snobismo hortera a más no poder.
El caso es satisfacer las ínfulas de grandeza y distinción de la aristocracia reinante. Una aristocracia que antaño formaban condes y duques, y que ahora es cosa de empresarios, políticos y de la pléyade de paniaguados más o menos pelotas que suelen acompañarles. Da la sensación de que, como en el antiguo régimen, la nueva aristocracia no se pudiera juntar con el común de los mortales que pagan hipoteca. Tienen que comer en sitios distintos, ver los eventos deportivos desde tribunas cerradas y acceder a zonas exclusivas donde te piden credenciales para entrar.
Ahora las zonas VIPS se llaman “VIPS Village”, que podríamos traducir como “pueblo de la gente con poderío” que incluyen zonas exclusivas con azafatas más o menos minifalderas –nunca tíos buenorros enseñando abdominales con forma de tableta de chocolate-. Una vez dentro, el VIP se imbuye inevitablemente en una estética repetitiva: estand de Rolex a la derecha, camareros con bandejas de jamón de bellota y cava; besitos por aquí, sonrisas por allá, y mucho chocamanos. Es la forma moderna de sentirse miembros de la corte. Ellos son siempre los mismo, ayer en el Open de Tenis, hoy en el Gran premio de motos.
En el Open de tenis, la zona vip está junto al Museo Príncipe Felipe. Se accede con pulserita roja y, como no, está el restaurante oficial del evento, que como no podía ser de otra forma se llama “Vip Pink”. Allí comen los tenistas, entrenadores, patrocinadores e invitados a los que las empresas quieren agasajar.
Además del restaurante, dentro del Village vip, hay una zona con stands de la Generalitat, Rolex, gafas de sol, el Hotel del Juan Carlos Ferrero y poco más… La estética de los stands, más de lo mismo: Sillones blancos, pantallas de plasma, catálogos y revistas oficiales … Uff, vamos, que son espacios de quita y pon de lo más aburridos..
Lo chocante es que pasados los años seguimos con el sillón minimalista y el catering fisnolis. Parece que no nos quitemos de encima ese complejo de pueblerinos que nos lleva a creer que todo lo de fuera es mejor. Y lo mismo con la música: que te pongan chill-out en un bar ibicenco, pues vale; pero que lo hagan un mes de noviembre mirando al estanque de la Ciudad de las Artes, pues qué quieren que les diga, es como si en banquete de una boda chic pusiesen mondadientes.
Por cierto, a ver si alguien se lo curra y mejora un poco los accesos a la Ciudad de las Artes; ni metro, ni taxis ni res de res. Cada vez que te invitan a algo tienes que echar la tarde en ir y venir. El viernes por la tarde, además del tenis, se celebró un congreso en la Ciudad de las Artes para hablar de conciliación familiar y de igualdad de oportunidades. Allí no hubo Vips Village, sólo un montón de gente currante con más o menos éxito en su vida profesional que se rebana los sesos para ver como demonios compagina el curro con los deberes de los niños. Estuvo, entre otras la directora de Yo Dona, Charo Izquierdo y la presentadora de Canal 9 Maribel Vilaplana, que han sabido conciliar las dos cosas. Se echó en falta la presencia de algún hombre que haya sabido compaginar sus reuniones de alto nivel con los pañales de los niños… seguro que ellos estaban en el Vip Village chocando manos para hacer méritos.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Lujo para ricos, lujo para pobres

La tienda de Bulgari en Valencia tiene dos entradas. Por una puerta, se accede a una joyería de alto nivel, con guardia jurado; la otra puerta, da paso a la sección de complementos, bolsos, gafas, pañuelos, perfumes…. Los de Bulgari han bautizado este modelo de tienda como “twin store” porque se trata de dos tiendas juntas pero con públicos diferentes: por una puerta, entramos los que nos podemos gastar 120 euros en unas gafas de sol y por la otra, los que compran relojes o alta joyería. Lo más de lo más es el espacio reservado a clientes vip, una sala privada ubicada en el sótano donde se pueden comprar piezas exclusivas a salvo de miradas cotillas.
Ese tipo de tienda, que también está en Marbella, desmonta la teoría de que el lujo se ha democratizado. No es verdad que todos podamos comprar un collar de zafiros y brillantes de Bulgari. Lo que está al alcance de la mayoría es el perfume, no la joyería. Vamos, que el perfume sería algo así como el consuelo de los que no pueden comprar joyas.
Esta semana, Bulgari presentó su nuevo perfume, Blue II, en su tienda de Poeta Querol, acceso por la puerta de complementos, pero sin escatimar en lujo. Dos expertas llegadas de Madrid –hija sí, en Madrid es que tienen de todo- te acompañaban hasta el interior para invitarte a una cata de olores y descubrir los matices del nuevo perfume. ¡No me digan que no es sofisticado!
Sobre uno de los mostradores, en una bandeja de madera, ibas oliendo uno por uno cada ingrediente: extracto de pachulí, anís estrellado, ámbar y aroma de caramelo de violeta. Mientras, te agasajaban con champagne francés y con unos dulces de lo más originales preparados por Seina Cocotte: maíz tostado recubierto de oro, brocheta de mora, fresa y licor de cerezas y unas trufas de coco deliciosas. Ummm…
Salí de la tienda con el nuevo perfume cuidadosamente envuelto, dentro de una bolsa lujosa, y por un momento me sentí como Carmen Lomana tras llevarse media tienda de Dior. El collar de zafiros y topacios que luce Laetitia Casta en la publicidad del perfume y que tienen expuesto en una vitrina, ¡ay, qué cosa tan bonita! nunca será mío, pero el precioso frasco de perfume con tapón de plata personalizado es una pasada y como sustituto no está nada mal.
Loewe no entrada doble en su tienda, pero también ha puesto en práctica la teoría del lujo asequible. Por una parte ha abierto corners en El Corte Inglés, lo que le da acceso a las mujeres que no se atreven a entrar en las lujosas boutiques de la firma. Por otra, tiene una línea de bolsos que pueden ser tuyos a partir de 350 euros. Y para los ricos de siempre, mantiene las colecciones con pieles exóticas, como el bolso de avestruz mostaza diseñado por Stuart Vevers, el modelo “Calle” en tamaño XL, cuyo precio sobrepasa los 8.000 euros y que ¡oh sorpresa! me dijeron que contaron que ya estaba reservado para una clienta.
El corner de Loewe en El Corte Inglés de Colón abrió justo hace un año. Al principio, la tienda parecía metida con calzador en una zona de bolsos a 20 euros. Pero ahora está más integrada y me cuentan que funciona como un tiro. En el Corte Inglés más de una se siente como en casa; allí puedes cotillear los bolsos, preguntar el precio sin avergonzarte, pagar a plazos y hasta devolverlo si te arrepientes de la compra, ¡y nadie te mira con mal gesto!
Y hablando de El Corte Inglés, esta semana se inaugura en el centro de Ademuz la exposición "El Papel de la Moda a través de la historia", una muestra en papel y a tamaño natural que recoge la evolución del vestido femenino durante los últimos 4.000 años, organizada junto con Dimova, la Asociación de diseñadores más representativa de Valencia –y también crítica con la dirección de la Semana de la Moda- que preside Dolores Cortés. Además, con motivo del Primer Open de Moda de la Comunidad Valenciana, se celebrarán mesas redondas, desfiles y montón de actividades. Este finde también comienza el otro Open, el de tenis, megaevento que promete fiestas vip, invitados de relumbrón y mucho cóctel fuera de pista.

viernes, 30 de octubre de 2009

El chic parisino, en la plaza del Patriarca

Yo no sé qué demonios hacen las parisinas para resultar tan elegantes y sofisticadas. Se ponen unos vaqueros, una camiseta blanca y un pañuelo de seda al cuello y sin apenas maquillaje están monísimas de la muerte. ¡Cómo las odio! Si el secreto estuviera en la ropa o fuera tan sencillo como gastarte mil euros en un Lanvin o YSL… Pero no, ese chic parisino no se puede comprar ni en Hermès ni en Loewe, qué fastidio. O lo tienes, o no lo tienes. Es una forma de caminar y moverse, un encanto natural que desprenden y esa capacidad para manejar las armas femeninas de seducción, desde la mirada hasta el contoneo de caderas.
Los buenos modistos suelen soñar con ese tipo de mujer. Les gusta vestir a mujeres seguras de sí mismas, mujeres que caminan con los tacones como si llevasen zapatillas de andar por casa y que no se sienten extrañas con un tocado o sombrero en la cabeza. Al valenciano Enrique Lodares se le nota a la legua que le chiflan las mujeres así, sofisticadas, hiperfemeninas y algo inaccesibles. Como diría yo… como Bette Davis o Joan Crawford, las divas del cine clásico de los cincuenta.
Lodares inauguró este jueves su nuevo taller de costura –o debería decir atelier- en la calle La Paz, en un primer piso de un edificio centenario, rodeado de antigüedades, trampantojos y muebles clásicos. Ahora no tiene un punto de venta abierto al público, como antes en Marqués de Dos Aguas, pero a cambio podrá trabajar mejor en lo suyo, la costura a medida.
Para celebrar la inauguración, organizó un desfile como en los talleres de costura en el París de los años 50: dentro del nuevo taller y con sus clientas de toda la vida. Su desfile del jueves fue un recorrido por la costura clásica francesa, su obsesión favorita: trajes chaqueta remarcando cintura, abrigos de sedas lujosas, tocados, escotes, pamelas, lazos… Los tejidos, exquisitos, y la costura, impecable.
La mujer de Lodares es elegante, chic, y muy femenina. Con un punto distante, como inalcanzable; frágil subida a unos tacones de diez centímetros, pero con una personalidad fuerte que le hace caminar despacio, como para que la observen. Hija, sí, después de ver a las modelos de Lodares, te miras al espejo y piensas, uff, pero qué básica y simple que soy…
Lodares es tan parisino como un carré de Hermès. Precisamente esta semana, Hermès organizó un evento en su tienda de la Plaza del Patriarca para enseñar a llevar sus pañuelos de seda. María Angeles Miguel sacó un baúl lleno de chales, corbatas, pañuelos, fulares y a todo aquel que pasaba por la puerta le invitaba a sacarse una foto con uno de ellos. Una estilista de Vogue ayudaba a ponerse el pañuelo y posar y me cuentan que posaron niños, adultos, abuelitos y hasta un perro ¡qué fuerte! A cada uno le regalaron un “petit journal de la soie”, un desplegable con fotos de parisinas llevando carrés de Hermès, a cual de todas más estilosa, claro.
Me pregunto que harán con el pañuelo que le pusieron al perro y si alguna espabilada se fue con uno al cuello, como quien no quiere la cosa. ¡Vamos, como para devolverlo al cesto! Las fotos se han tomado en varias tiendas españolas de Hermès y las más chulas se publicarán en el Vogue de diciembre. Apuesto a que ponen varias de Valencia, porque la Plaza del Patriarca es ideal y además salió un día de sol precioso.
Ay, París, París. A Valencia le gusta París y eso se nota. Muy cerca de Hermès ha abierto Le Parisien, una panadería-pastelería que como su nombre indica no puede ser más francesa: baguettes, pan con pasas, tomate, castañas… umm, ¡très chic!
Desde luego, si hay una zona de Valencia comparable a la Rue Cambon o Saint Honoré es la plaza del patriarca y sus alrededores. Allí no sólo se concentra el mayor número de firmas francesas: Hermès, Vuitton, Bonpoint, Loewe -¡inaugurará algún día su nueva tienda, qué ganas!-, sino también tiendas valencianas con mucha clase, como Cristina, que acaba de reformar la fachada y ha quedado de lo más coqueta.

jueves, 22 de octubre de 2009

Yo quiero ser como Agatha

Los más conspícuos diseñadores valencianos, es decir los que por caprichos del destino y de alguien más no desfilan en la Semana de la Moda de Valencia, han montado esta semana un sarao en el IVAM para hacer socia de honor de su “club”, es de decir de DIMOVA, a Agatha Ruiz de la Prada; que para algo es una de las más conspícuas –me encanta utilizar palabra porque me da un aire de escritora de novelas profundas- diseñadoras españolas, además de buena amiga de Francis Montesinos que es lo más de lo más –traducción pija, tipo Ric Costa, de “conspicuo”- del diseño valenciano.
Agatha se presentó vestida de fachada de edificio: medias de color rosa con estampado de ladrillo cara vista, vestido de seda a juego y en el pelo una diadema con cuatro lazos de regalo. Confieso que a mi no se me pasaría por la cabeza semejante estridencia. Pero confieso también que a estas alturas de la vida me encantaría tener lo que hay que tener, que no sé lo que es, para enfundarme en uno de sus modelos.
Hace años esta mujer me sacaba un poco de mis casillas, porque lo suyo me parecía una frivolidad impropia de quienes queríamos elevar la moda a rango de arte. La moda es algo serio, pensábamos. Pero tras muchos años y cientos de desfiles, a esta mujer hay que reconocerle una rebeldía envidiable en un mundo que rara vez se sale de la norma que marcan unos pocos.
Con ella me ha pasado un poco lo que con el cine, que cuando eres jovencita entiendes que sólo las películas sesudas y lentorras de Bergman y compañía, tienen categoría de arte, mientras que las comedias de William Wyler son ocurrencias de quien no da para más. Pero pasan los años y acabas abrazando a quien te hace reír, a quien te transmite optimismo y una visión desenfadada de la vida. Y eso es lo que hace Agatha, poner color en un mundo gris y negro, y eso ayuda a convivir con esta endemoniada crisis que parece no acabar nunca. Por eso hago desde aquí un juramento solemne tipo Scarlatta O’Hara: “A Dios pongo por testigo que no me iré de este mundo sin presentarme en la recepción del 9 de Octubre, en el Palau de la Generalitat, con un vestido de Agatha Ruiz de la Prada”.
En la fiesta del IVAM estuvieron, entre otros, el conseller Rafael Blasco y su mujer Consuelo Císcar. También se dejó ver por allí Alberto Catalá, presidente de Feria Valencia, Silvia Ordiñaga, directora general de Comercio; la presidenta del Palau de la Música Mayrén Beneyto; la directora de la Ciudad de la Luz, Elsa Martínez, y los grandes del diseño valenciano: Francis Montesinos, Presen Rodríguez, Dolores Cortes, Miquel Suay, Valentín Herraiz, Javier Villajos, Juan Andrés Mompó Carlos Haro y Ramón Gurillo, una joven promesa de Picassent que acaba de desfilar en Londres y del que ha hablado el mismísimo New York Herald Tribune y el New York Times.
Por cierto, Enrique Lodares, que también estuvo en el cóctel de Dimova, inaugura esta semana su nueva tienda taller en la calle la Paz y ha preparado un desfile al estilo de los antiguos Ateliers franceses: con pocas clientas y dentro de la tienda. El último desfile también lo hizo en su tienda de Marqués de Dos Aguas. “Quise hacerlo como en la costura en los años cincuenta, cuando los desfiles se hacían dentro de los propios salones, en un espacio íntimo”. Lodares ambientó el desfile con música de jazz tranquila e hizo desfilar a las modelos como en los desfiles de antes, cuando eran maniquíes. Fue una pasada. No es lo mismo ver a una chica sobre la pasarela a cincuenta centímetros de distancia, donde puedes apreciar hasta los detalles más pequeños.
Lo que está claro es que en Valencia hay mucha moda más allá de la oficial Semana de la Moda. Sin ir más lejos, el martes se celebra otro desfile en el Palacio de Congresos de Valencia para presentar los últimos productos de peluquería de L´Oréal Professionnel. Las modelos llevarán diseños de Juanjo Oliva –uff, me encantan sus vestidos de fiesta, super sofisticados y elegantes- y estarán peinadas por Pelegrín y el salón de belleza Tony & Guy.

jueves, 15 de octubre de 2009

La revolución de los pobres

Los mil euristas hace tiempo que apenas se distinguen de los asquerosamente ricos en la forma de vestir. Antaño, si tu padre tenía pasta se notaba porque tú llevabas unos Levis etiqueta roja; si tenía un buen pasar, los llevabas etiqueta naranja; y si en casa iban justitos, le las arreglabas con los Quenk. Por eso Zara fue una revolución: porque ha conseguido que un cuatro chavos y mucho gusto, puedas ir la mar de mona sin que se note que no llegas a fin de mes.
Esa es una de las grandes revoluciones de nuestra época: la de que los ricos chinchen y rabien porque ya no hay que los distinga de las clases medias, y ahora andan montando clubs para al menos reconocerse entre ellos.
Esa revolución la empezaron los suecos de H&M y Amancio Ortega con Zara. Luego los de Ikea se la llevaron al mundo de los muebles. Y ahora Mercadona está llevándola al mundo de los potingues y las cremitas. Popularizar la calidad, esa es la meta; productos buenos a precios asequibles hasta para la hija de una divorciada mileurista mal avenida con su ex marido.
Lo último que ha lanzado Mercadona es una línea de productos para el pelo desarrollados por el peluquero Tono Sanmartín. La colección no tiene nada que envidiar a otras líneas que llevan nombres de peluqueros ingleses o franceses. Lo que pasa es que a veces somos tan snobs, hija, que nos parece que lo de fuera va a ser mejor. Mercadona y Tono Sanmartín se han ido a los proveedores de las mejores firmas de cosmética capilar, sólo que en lugar de comprar 10.000 kilos de queratina, por poner un ejemplo, pues han comprado varias toneladas, porque fíjate la de puntos de venta que tiene Mercadona. Y así han conseguido unos champús y lociones y acondicionadores que se venden por menos de tres euros, pero que tienen la misma calidad que otros productos que se están vendiendo por 30, con los mejores activos e ingredientes cosméticos.
La colección tiene productos para todo tipo de cabello: rizado, liso, dañados, rebeldes, sin volumen… Y los productos para niños son ideales, hay hasta gomina para niños a partir de 3 años. Lástima que los envases no sean más modernos, se nota que no han querido invertir mucho en diseño para ajustar el precio al máximo.
Y mira tú por donde, lo que ha hecho Mercadona con los ingredientes de las cremitas para el pelo es exactamente lo que hizo Amancio Ortega con materias como el cashmere. Antes, para encontrar un suéter de cashmere tenías que ir Prada, a Gucci o a firmas super elitistas y carísimas como Malo o Cruciani, que nunca bajaban de los 400 euros. Pero hete aquí que Amancio se va al mismo proveedor de cashmere de Cruciani y le dice que en lugar de los 1000 suéters que produce Cruciani al año, él va a producir un millón, y que si le rebaja considerablemente el coste, le comprará a él toda la materia prima. Con el volumen que maneja Amancio, puede bajar tanto los precios que hasta el cashmere pasa a estar al alcance de todos los bolsillos.
Los peluqueros están que trinan con los productos para el pelo de Mercadona. Se ha acabado eso de que vayas a cortarte las puntas dispuesta a gastarte 15 o 20 euros y, entre cotilleo y cotilleo, te dicen que necesitas una mascarilla de 25 euros porque tienes el pelo fatal y tú por no decirle que no a la cajera o por miedo a que te llamen tacaña, vas y te lo llevas y te acaban devolviendo el recibo del gas por culpa de la puñetera cremita para las puntas. Con los productos de Tono Sanmartín, que son una pasada, en lugar de 25 te gastas 3 euros.
La misma empresa valenciana que ha producido los productos de Tono Sanmartín, distribuye el último perfume de Francis Montesinos, que se presentó esta semana en su boutique de la calle Conde Salvatierra. El perfume se llama Alba y la presentación estuvo amenizada con una albà cantada por Mª José Peris, champagne con fresas, bombones y macaroons. todo tan goloso como el nuevo perfume, que huele a regaliz, vainilla, frutas y flores.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La princesa curranta

Carla Royo Villanova, esposa de Kubrat de Bulgaria y Princesa de Panagyurishte, estuvo esta semana en Valencia para presentar su nueva línea de cosmeticos, Carla Bulgaria Roses Beauty. Cuando recibí la invitación, pensé que Carla vendría hecha un pincel y posaría delante de un photocall sin mezclarse con el populacho. Nada más lejos de la realidad. La princesa llegó a las 8 de la mañana al hotel Hospes, donde se presentaban los productos. Vestida con pantalón y camiseta de algodón, se arremangó y empezó a poner cremitas a todas las señoras que se le ponían a tiro. ¡Qué fuerte! Vamos, es que la gente estaba alucinada, no se lo podía ni creer. “Hija, si es que hasta me ha dado un masaje en las sienes, y además lo hace fenomenal”.
Entre las asistentes, Clara Paya, Maria Angeles Miguel, Belita Botella, Maria Angeles Fayos, Maria Jose Pechuan, Esther Barrera, Carmina Durán, Mayte Sebastía… Todas escucharon sin pestañear las explicaciones de la princesa. Y es que Carla está tan convencida de las bondades de sus cremas y lo transmite tan bien, que más de una se fue directa al Corte Inglés a por el lote completo. Desde luego, esta chica es el mejor marketing para su producto.
Carla rompió el tópico de que las princesas viven del cuento. Estuvo todo el día explicando las bondades de la rosa de Bulgaria, contando cómo sus cremas calmaron una picadura de medusa a su hijo pequeño; atendiendo las preguntas de las pesadas de la prensa y volviendo manos a la obra: aquí te desmaquillo, aquí te pongo un antiojeras y aquí un tónico facial, mientras repetía incansable lo fantásticos que son sus potingues. Vamos, que la pobre ni paró para comer: de verdad de la buena que un sándwich club con unas patatas pachuchas se quedó esperando en una mesa. ¡Qué dura es la vida de las mujeres!
La vida moderna es así, hasta las princesas tienen que ponerse a trabajar para ayudar a mantener a la familia. Por cierto, las cremas no están nada mal. El gel calmante tiene un efecto lifting inmediato y te deja la piel de lo más fresca y rosada. Según Carla, la rosa de Bulgaria tiene efectos calmantes, hidratantes, reafirmantes, antiinflamatorios, cicatrizante, antioxidante, antiséptico, antibacteriano y antiestrías y un montón de propiedades más.
Junto a las cremas de Carla, se presentó en el mismo hotel una web de alquiler de vestidos de lujo. Como lo oyen. En http://www.24fab.com/ puedes alquilar vestidos de fiesta de Marchesa, Alessandro dell’Acqua, y tocados del famoso Philip Treacey. La web funciona de la siguiente manera: entras y eliges hasta cuatro vestidos. Te los envían a casa previo pago de una fianza de 200 euros –que luego te devuelve, claro-. Te pruebas los vestidos, eliges el que se gusta y se necesita algún arreglo de largo o de manga, lo señalas tú misma con unas agujas que te envían en el mismo paquete. Lo devuelves y te lo envían de nuevo perfectamente adaptado y listo para lucir en una boda, fiestón o un evento social donde tengas que impactar. Sólo una pega: la talla más grande es la 42 y abundan las 38.
El precio de alquiler suele ser un 10% del precio de venta del vestido. Por ejemplo, un vestido de Josep Font –del que por cierto, Carla es imagen- de 1.100 euros, se alquila por 185. La mayoría de los vestidos que se alquilan son de esta temporada. Los de otras temporadas se rebajan y se venden como en cualquier otra tienda online.
La idea de esta web de alquiler es de Anabel Zamora, una mujer de medidas impresionantes que conoce bien el mundo de la moda; fue directora de moda de la revista Elle y directora de comunicación de Loewe, además de trabajar en consultoras de moda. Anabel dice que la idea está funcionando muy bien. En seis meses han alquilado 240 vestidos y sólo han tenido una incidencia: un vestido que devolvieron en condiciones desastrosas, con manchas de vino, licores y comida. “Debió ser una noche loca”, cuenta Anabel. Fue un caso excepcional, porque las mujeres suelen cuidar los vestidos. Luego se llevan a la tintorería, y ¡listos para volver a alquilar!

A vender muebles por soleares

Cuatro chicas provocativas enseñando más de lo que permite el buen gusto puede que siga siendo suficiente para atraer a los hombres -¡¡¡qué básicos Dios mío!!!- pero ya no sirven para atraer a los compradores en una feria. Ahora el negocio se ha sofisticado. Si quieres vender, tienes que dar mucho más: estilo, carácter, seducción, un barniz cultural y, desde luego, mucha emoción.
En la Feria del Mueble se han dado cuenta y han decidido renovarse o morir. Para empezar, han cambiado de nombre: Antes, feria del mueble –¡uff, qué simplón!-; ahora, ‘ideas y pasión’, un concepto de lo más glamouroso. Los autores del cambio han sido los chicos de Cul de Sac, que se lo tienen un poco creído, pero con razón. Suya fue la inauguración de una tienda Bulgari en Milán, el proyecto de la joyería de Trini Gracia y la inauguración de HM en Colón.
La feria ha cambiado el nombre y también de logotipo. Tras mucho darle vueltas, los creativos han llegado a la conclusión de que no podemos ganar a los italianos en el diseño, ni a los franceses en la sofisticación y elegancia… Si en algo destacamos los españoles es en el genio, la pasión y la raza, ¡ole que sí! Fíjate cómo son las cosas: tantos años despreciando la España cañí, gitana y flamenca, y ahora resulta que lo más moderno del mundo mundial es el toro de Osborne
Otro de los cambios que necesitaba la feria era sacarla del recinto ferial y acercarla a la ciudad. Desde luego, es más divertido pasear frente a los escaparates de Vuitton que del Hotel Feria. Solución: escogieron la Plaza más pija de Valencia, la del Patriarca, para la fiesta de inauguración, a la que llamaron “Noche Española”. Cubrieron toda la plaza con una carpa y la ambientaron con música y baile flamenco. Los guitarristas tocaban desde uno de los balcones de la Iglesia del Patriarca, mientras las bailaoras actuaban sobre una pasarela a cuatro metros de altura: la cola de sus vestidos eran las cortinas que iban descubriendo el espacio. Vamos, nivelazo de fiesta.
El público, distinto al habitual: compradores, expositores, modernos y muy pocos políticos. Un ambiente más serio y menos petardo que otras fiestas. Bueno… salvo excepciones. ¿Qué pintaba Rappel en una fiesta tan glamourosa? Me quedo tranquila cuando me explican que acompañó al presidente del colegio de arquitectos, al que le une amistad gracias al club de rotarios. ¡uff, menos mal!
La fiesta española no fue la única de la semana. El lunes, una de las firmas valencianas de mueble más internacionales, Andreu World inauguró una exposición en el Mercado de Colón. Esta gente de Andreu, de Torrent de toda la vida, empezó a innovar cuando muchos creían que eso consistía en cambiar a la mujer por la secretaria y ahora exportan el sesenta por ciento de sus sillas, así es que la crisis les afecta pero menos. Allí estaba el heredero de la saga, Melchor, “super-melchor” para los amigos, un poco mosca porque había canapés hechos con tinta de calamar y pensó que eso podía ensuciar los dientes de sus invitados… No me digan que eso no es estar pendiente de los más mínimos detalles.
Las fiestas se han sucedido durante toda la semana: el estudio de Verónica Montijano organizó una exposición denominada “Rojo” con piezas de diseño español de Javier Mariscal, Dalí, Patricia Urquiola, Vicky Martín Berrocal, Manolo Blahnik, Rafael Catalá y Jaime Hayón para Lladró. Todo muy ibérico, hasta el jamón.
El jueves, Martínez Medina –Mobisa- organizó un Culturelab en su tienda de Marqués de Dos Aguas. La idea era reunir a un pintor, un escultor, una diseñadora y un arquitecto a modo de experimento creativo. “Las ideas chocan entre sí, creando las sinergias que calman las mentes más inquietas”, dicen los que saben de esto. La convocatoria fue un exitazo. Lleno total.

La misma noche, el estudio del arquitecto Ramón Esteve convocó a gente de la alta sociedad valenciana, la arquitectura y el diseño para mostrar sus últimos proyectos. Por allí pasaron: Carmen Alborch, Maria José Lladró, Fede Serratosa y su mujer, el futbolista Iván Helguera; el diseñador Nacho Lavernia y Lucía y Alberto, de Cul de Sac, que no han parado en toda la semana.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Moddos pijos

¿Para qué sirve el dinero cuando ya te has comprado toda la colección de zapatos de Prada y todavía te queda saldo en la tarjeta?, ¿de qué te vale tener un fondo de armario digno de Beverly Hills si no tienes fiesta donde lucirlo y cuando sales a cenar en la mesa de al lado hay un mileurista vestido con ropa de Kiabi incapaz de apreciar la belleza de una horma diseñada por Miuccia Prada? Es más, ¿para qué te vas a poner esos zapatos si el mileurista que tienes al lado no sabe que cuestan mil euros? Y, ¿con quién vas a comentar tu último viaje a París, NY o Londres?
Para dar solución a este problema tan complejo y trascendental, un grupo de niños bien de Valencia ha montado un club para pijos, es decir, para ellos mismos. El resto de los mortales, esos mundanos preocupados por el recibo de la hipoteca, les han puesto a caer de un burro: que si son unos hijos de papá, que si con la que está cayendo cómo se les ocurre montar un club para ricachones, que si no les da vergüenza… eso los comentarios más finos. Otros dicen que tendrían que haber bombardeado la fiesta de presentación con huevos podridos. Si por ellos fuera, les hubieran puesto a collir carchofes todo el día.
Pero la verdad es que, desde que el mundo es mundo, uno de las aspiraciones de la gente bien ha sido relacionarse con la gente bien, con lo más principal de la tribu. Esa era la vieja filosofía de las sociedades estamentales del Medioevo, de los clubes británicos del XIX o de los colegios elitistas del XX. Moddos es la versión moderna del viejo club inglés. Un lugar donde reunirse con otros iguales, compartir aficiones, juegos, viajes o comentar las últimas adquisiciones patrimoniales.
Cuando Cuchita Lluch, una de las socias de Moddos, me explicó lo que iban a hacer, la primera reacción también fue de rechazo: uff, un club exclusivo para niños pijos, ¡qué mal suena! Pero…si lo piensas bien, no es más que una agrupación de la que se benefician todos: los socios, porque amplían sus relaciones sociales y profesionales; y las empresas asociadas, porque acceden a un grupo de consumidores con poder adquisitivo.
A Moddos sólo se puede acceder con invitación. Recibes una clave de acceso y te das de alta en moddos.es. Para ello, tienes que rellenar un cuestionario: estudios, lugar de trabajo y puesto en la empresa, vivienda –adosado, chalet o piso- y segunda vivienda, número de hijos, marca de coche… De ahí pasamos al capítulo de ocio: comida preferida, cuánto gastas en copas o restaurantes, deportes que practicas, destinos de viaje preferidos, cuánto dinero gastas en ropa, en joyas, en relojes, en decoración, si inviertes en cultura, en salud y belleza… Todos los socios tienen que responder a este cuestionario, aunque la información no se hace pública.
Este semana el club Moddos se presentó en sociedad. Lo hizo en una fiesta de etiqueta en el Hotel Westin. Ellas de largo, ellos con esmoquin: David Lladró, Nacho Gómez-Trenor, Isabel y José Cosme, la empresaria Mónica Duart, la arquitecta Macarena Gea, Mario Mariner jr, la interiorista Verónica Montijano, la diseñadora Trinuca Larraz; José Tamarit, de Chapeau; Angela Pla de Ruzafa Show, Encarna Roig, de Mont-Blanc; Mª Angeles Miguel, de Hermès; Marta Vilar, Ana Portaceli, Rafa Pérez Higón (Armani) y los Zamorano, los Manglano, los Maldonado, los Pechuán… En fin, todo Valencia.
Hasta el momento, Moddos tiene 500 socios. Ivan Martínez Colomer –fundador del club- dice que el objetivo es llegar a 4.000. El problema es que no hay 4.000 ricos en Valencia de entre 30 y 45 años y dispuestos a asociarse. Además, a diferencia de los clubes ingleses, Moddos no tiene una sede social, un lugar coqueto donde reunirse y organizar tardes de té o partidas de dominó, siguiendo el esquema de los clubes británicos. En su lugar, Moddos tiene una página web que es un punto de encuentro virtual, con chat y foros para debatir sobre moda, tecnología o cultura.
El drama de estos sitios es que tienden a popularizarse. El día que un tal Pérez y Pérez vaya a la cena, los niños bien se buscarán otro club privado. Hasta entonces, Moddos será un referente de la alta burguesía valenciana.

martes, 8 de septiembre de 2009

La Semana de Alex

La Semana de la Moda de Valencia –SMV- está que echa chispas, cosa absolutamente previsible a poco que se dé una ojeada a los diseñadores que van a desfilar y se compruebe que por enésima vez los pocos creadores valencianos que tienen algún renombre más allá de Massamagrell no van a desfilar. La situación venía siendo insostenible desde hace varias ediciones y sea porque ha cambiado el Conseller de Industria, o por la crisis, o por vaya usted a saber, el caso es que esta semana los grandes de la moda valencia han dicho que hasta aquí hemos llegado.
Más o menos lo que han venido a decir es que la Semana de la Moda, que pagamos todos los valencianos, es en realidad la Semana de Alex Vidal y que el modisto de la alcaldesa hace lo que Mariñas dice que hace la Cantudo: maltratar a quien pueda hacerle sombra hasta que provocar la discusión y posterior despedida del molesto contrincante.
La cosa viene de lejos. El precursor de la SMV fue la Pasarela del Carmen, una idea de Montesinos para apoyar a los jóvenes y promocionar un poco lo que se estaba haciendo por aquí. Una buena idea con una enorme debilidad: por mucho que se promocionase el diseño, la moda valenciana nunca saldría de la terreta mientras no se crease un tejido industrial y comercial adecuado. La Pasarela era algo así como un escaparate sin tienda.
Las cosas cambiaron cuando el Gobierno Valenciano decidió apostar fuerte por la idea. Muchos creyeron que ese apoyo se aprovecharía para “montar la tienda”, es decir para crear redes de distribución. Pero las cosas tomaron otro rumbo, y en vez de apostar por la tienda, se apostó por dar más boato al escaparate: Alex Vidal sustituyó a Francis Montesinos, y la SMV abandonó aquel tono progre y cultureta propio de Montesinos, y pasó a ser algo mucho más pepero: mucho marketing, mucha celebritie, mucho campaña mediática y ¡ale! a decir que la SMV competía con Cibeles. La realidad es que los diseñadores que desfilaban no tenían ni puntos de venta ni tiendas propias ni tan siquiera estructura para empezar a ponerlas en marcha.
Pero el problema no era tanto que el tejido industrial y comercial de la moda valenciana siguiera siendo el que era, es decir, ninguno o casi ninguno, sino que buena parte de los pocos creadores conocidos fuera de Valencia o nunca desfilaron o fueron abandonando la pasarela: Francis Montesinos, Javier y Javier, Enrique Lodares, Juan Andrés Mompó, Valentín Herráiz, Marta de Diego, Presen Rodríguez… los últimos en abandonar han sido Dolores Cortes y Hannibal Laguna, con lo que la lista de conocidos se reduce a uno.
Desde hace varias ediciones la estrella indiscutible de la SMV es Alex Vidal que acapara las mejores modelos -Esther Cañadas, Nieves Alvarez…-, los mejores horarios, la mayor cobertura mediática y, como no, la compañía de todo el establishment político valenciano. Él es el director, su jefa de prensa es también la relaciones externas de la SMV y hasta las reuniones del Comité de Selección se han celebrado en su despacho de la calle Hernán Cortés. Según los más críticos, Alex utilizado la pasarela para potenciar su nombre y su marca a través de la SMV.
Confiemos en que este enfrentamiento sirva para que las dos partes hagan las paces. Dimova –la asociación de diseñadores donde están Dolores Cortes, Presen Rodríguez y Montesinos- no sólo pide una participación activa en la organización de un evento “que pertenece a todos los valencianos”, sino “una gestión profesional, ecuánime, imparcial y transparente”.
Lo que tendrán que hacer entre todos es redefinir el proyecto; ¿Qué se quiere hacer? ¿Diseño valenciano? Pues que se vayan los diseñadores vascos y madrileños. ¿Diseño joven? Pues que se renueven las caras y también los nombres, que no vale con que el papá Alex le pase el relevo a la sangre de su sangre, es decir a su joven hijo. ¿Se quiere dar nombre a la moda valenciana? Pues habrá que recuperar a los nombres fuertes del diseño valenciano. O eso, o especializarse: en zapatos, en baño, en alta costura…Desde luego, si lo que se quiere es gastar sin ton ni son y que la moda valenciana siga sin cruzar las fronteras, que lo dejen todo como está.