lunes, 22 de septiembre de 2008

Ostras y champagne en el Hotel de la Playa

En la fiesta de la revista Vanity Fair, le preguntaron a Alaska si le parecía bien que en plena crisis se presentase una revista de lujo y glamour. Y Alaska, mira que es única esta mujer, le respondió que claro que sí, que ahora más que nunca todos necesitamos algo de lujo en nuestras vidas. Vamos, que cuando llevas semanas oyendo hablar de crisis financiera, concurso de acreedores y quiebras millonarias, lo mejor que puedes hacer es tomarte una buena copa de champagne francés y olvidarte de la dichosa crisis, aunque solo sea por unas horas.

Pues eso precisamente es lo que hizo ayer mismo Voravins, una distribuidora de vinos valenciana. Escogió un lugar ideal a más no poder, el hotel de la Playa, un hotel boutique inaugurado hace un par de meses en Puebla de Farnals, y allí celebró la cata de su nuevo Champagne Pol Roger “blanc de Blancs” Chardonay con un desayuno con ostras, almejas e infusión de frutas. Uff, a mí esto de los desayunos con champagne y ostras me gusta cada día más. Y si el desayuno es en una terraza frente al mar, con la luz fresca de las diez de la mañana, música de Henry Manzini y en unos sillones blancos ideales, ya no se puede pedir más. Me río de los sitios glamurosos de Saint Tropez o Porto Cervo. El hotel de la Playa era lo que le faltaba a la Pobla para tener glamour. Abrió precisamente el fin de semana de la Fórmula 1 y tiene sólo 12 habitaciones, decoradas en blanco y con suelos de madera, y un restaurante con cocina de mercado. El interior es minimalista pero acogedor. Aún así, lo mejor son las vistas a la playa. Te podrías pasar horas mirando al mar en sus terrazas. Ha quedado tan coqueto, que Voravins decidió celebrar allí su cata de champagne.

Yo de vinos no entiendo, pero me aseguran que el Pol Roger está entre los diez mejores champagne. Al gerente de la empresa, le gusta tanto el cine que el desayuno de ayer estaba dedicado a la película desayuno con diamantes. De ahí la música de Manzini. Salvo los diamantes, estaban todos los ingredientes, hasta una cita de la película Breakfast Tiffany’s, cuando Audrey Hepburn le dice a George Peppard: “Se puede tener un día negro porque una engorda o ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe porqué. En esos momentos lo único que me viene bien es ir a Tiffany’s, porque nada malo me puede ocurrir allí”.

Entre los invitados, propietarios de restaurantes valencianos a los que la empresa distribuye vinos, estaba la modelo Sara de Antonio, recién llegada de la Pasarela Cibeles, donde ha desfilado sólo para Francis Montesinos. Le pregunto porqué no ha desfilado para otros diseñadores y me cuenta que este año lo han puesto muy difícil, que la mayoría de modelos son rusas o de países del este, todas con melena rubia, jonvencísimas, blaquísimas y de ojos claros. Muy monas, pero todas igualitas. De hecho, Sara me contaba que el casting de modelos no fue el más adecuado para Montesinos porque no le daban vida a la ropa, eran muy sosas desfilando y las colecciones de Francis son raciales, necesitan a una mujer latina, fuerte y con carácter, no una niña recién salida del colegio. Pero la moda es la moda y las modelos también van por tendencias. Por cierto, la colección de Montesinos para el verano que viene es ideal, muy lady y femenina y de líneas suaves hasta en los estampados. No lo digo yo sola. En las votaciones de la revista Yo Dona al mejor desfile del día, Montesinos quedó el primero del lunes, por encima de Elio Berhanyer, Miguel Palacio o Juanjo Oliva. Y eso que la colección de Juanjo Oliva se llevó el premio L’Oreal al mejor diseñador.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Cambio una de 40 por dos de 20

Lo peor de cumplir cuarenta no es que el presupuesto para cremas se duplique, que los hombres te dejen de mirar, o que necesites ir a pilates 5 veces por semana en lugar de dos; lo peor es que te ignoren todos: te ignoran los jovencitos, los mayores, que prefieren a dos de veinte que a una de cuarenta... pero lo que es más grave es que te ignoren hasta las tiendas y los restaurantes. Y pasa, vaya si pasa. Sin ir más lejos, el hotel Westin celebra esta semana su segundo aniversario. ¿Saben cómo lo van a celebrar? Pues han preparado un menú de 30 euros sólo para menores de 30 años. Cito textual, “los menores de 30 pueden celebrar un cumpleaños, una maravillosa velada romántica o una reunión con antiguos compañeros”. ¿Y los treintañeros y cuarentones? Ni nombrarlos.

Segundo ejemplo. Esta misma semana, la tienda que tiene Quiksilver en la calle la Paz ha presentado su nueva línea de ropa para mujer. Monísimo todo: cuadros escoceses, vestidos baby doll, pantalones pata de elefante, camisetas con mensaje y ese tipo de prendas pensadas para superponer unas encima de otras, ideales y estilosas. Según el comunicado de prensa, “Quiksilver Woman se dirige a una mujer de entre 20 y 30 años, independiente, moderna, aficionada a viajar y muy interesada en las tendencias pero sin perder su personalidad”. No lo dice, pero queda bastante claro que las de cuarenta ya no entran en el target. Como que la imagen de la firma es la cantante Charlotte O’Connor, monísima y jovencísima, de esas que visten pitillo, camiseta , chaleco hippy y melena con flequillo. Veinteañera, vamos.

Me temo que al mercado ya no le interesan las de cuarenta. Tienen niños y se dejan el sueldo entero en colegios, supermercados y uniformes escolares. Las de veinte, aunque sean mileuristas, se lo pueden gastar todo en caprichos, en coches, viajes y en ropa. Me lo explicó una vez Guillermo Miralles, que tiene una tienda de ropa de hombre de lo más pija. Me contó que los hombres invierten en ropa cuando son jóvenes y solteros; luego se casan y con la hipoteca y los niños, ya no les queda para ropa de marca. Por último, cuando se separan, quieren rejuvenecer y vuelven interesarse por la ropa y las tendencias, se vuelven más coquetos.

Total, que a las de cuarenta sólo nos queda esperar a esa edad de oro, -no la de la separación, espero-, en la que se supone que los niños se independizan y puedes dedicarte a viajar, comer en restaurantes caros y salir de compras. Para ese tipo de mujer iba dirigida la segunda convocatoria de esta semana; el Corte Inglés de la Avenida de Francia invitó a un grupo de clientas a la presentación de una línea de joyería de las de mucho poderío. El propietario de Navas Joyeros, Raul Martín, que oficiaba de presentador, lo primero que dijo es que las jóvenes tenían que animarse a llevar joyas. No, si yo me animo ya mismo, pero no sé cuándo reuniré los 16.000 euros de la pulserita riviere de brillantes, que debe quedar ideal de la muerte con cualquier cosa ¡ay, qué bonita!.

Para el desfile de joyas, el Corte Inglés se trajo a Paloma Lago como madrina, pero lo mejor fueron las explicaciones de Raul Martín, que nos dió un curso intensivo sobre gemas y brillantes y dijo verdades como ésta: “Los hombres creen que comprar una joya es sencillo y cuando acompañan a su mujer y les explicamos los tipos de gemas, las diferencias de color y pureza de los diamantes, el engaste, las combinaciones de pavé, de color y la cantidad de estilos en joyería, desde clásica a moderna, se dan cuenta de comprar joyas es complicado y que la gente que lo hace ama la joyería”. Bueno, eso y que tengan marido rico o más de cincuenta.

lunes, 8 de septiembre de 2008

La segunda de dos

Patidifusa me dejó uno de los cotilleos que me contaron en la Semana de Moda de Valencia. Yo sabía que las chicas utilizaban pechugas de quita y pon para tener unos pechos más firmes y bonitos, pero no tenía ni idea de que los chicos se pusieran un calcetín para parecer mejor dotados; Se ve que lo hacen todos, hasta el famoso Jon Kortajarena, que dicen que además de ser guapo es un encanto. Y los que no usan calcetín, recurren a otras técnicas artesanales y primitivas para salir a la pasarela. ¡Ay, qué decepciones se lleva una!

La Semana de la Moda de Valencia es un poco como el “aparato” de los modelos: a juzgar por las apariencias, nuestra moda está tan bien dotada y firme como una roca. Pero si levantas un poco el bañador –en fin, en sentido figurado, vaya- ves que la realidad es más floja, que salvo excepciones, las firmas son endebles, que no hay empresa detrás, que todo es imagen, calcetín, vamos. De nada sirve una pasarela con ínfulas de grandeza, si luego las firmas valencianas que desfilan son pequeños talleres artesanales que se las ven y se las desean para salir delante de una temporada a otra. O eso, o no viven del diseño propio, sino de marcas ajenas. Y si encima no están todos los diseñadores valencianos que deberían estar, entonces más de uno se pregunta si la pasarela es lo mejor para la moda valenciana, o si sería mejor apoyar la creación de empresas de moda fuertes, buscar inversores, o qué sé yo. ¡Que todo fuera cerrar un telediario!

Por lo demás, ojalá dure cien años, que daño no le hace a nadie y más de uno se ha arreglado la vida con ella. Dicen que es la segunda de España, claro que sólo hay dos, y cierra los telediarios nacionales vendiendo Valencia a troche y moche. Además, qué demonios, a nuestros políticos les ha empezado a gustar, no sé si la ropa o las modelos, y se dejan ver por allí; alguien les ha debido decir que esa en una buena foto y este año se ha dejando ver hasta el mismísimo Paco Camps. Y mientras los que disfrutamos con la moda, pues ¡ale! a cotillear de estos de aquellos, porque encerrados en un pabellón de la Feria, de 11 de la mañana a 11 de la noche, con hora y media de descanso entre desfile y desfile, acabas poniendo de vuelta y media al primero que te cruzas. Que si a Clara Courel, la de la revista Elle, se la ve desmejorada; que si te has fijado en Ricardo Costa en el desfile de Miquel Suay, con lo pijo que es Costa… ¡me parto imaginándolo vestido con pantalón pitillo y chaqueta brillantosa de Suay!

Hombre, puestos a pedir, sería mejor que los desfiles se celebraran en la plaza del Patriarca en lugar de la Feria, así entre desfile y desfile se podría merendar o ir de shopping pijo. La Feria es bastante deprimente. Sólo tienes la sala de prensa como refugio, cuatro paneles con ordenadores, no vayan a pensar. Menos mal que hay un patrocinador de bebidas que regala latas de té frío, a elegir sabor manzana o pera. Al tercer té, ya estás de la pera y de la manzana hasta las narices.

Y hablando del periodistas, ¿alguien me puede explicar porqué es tan floja la retransmisión de los desfiles en Punt 2? Valga de ejemplo el desfile de Alex Vidal, con García Calvo como comentarista estrella en el plató. Salen las modelos y la presentadora dice: “Carlos, estamos viendo una mezcla entre tradición e innovación, ¿verdad?; Respuesta de Carlos: “En moda está todo inventado, apenas hay innovación”. P: “Carlos, Alex ciñe mucho la cintura de las modelos…” R: yo diría que más bien lo contrario, la desestructura, no hay más que ver el cardigan vuelto del revés”… No sigo, pero si yo soy ella, acaba el programa y presento mi dimisión.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Mucho que comentar

A mí lo que más me gusta de las fiestas es el cotilleo de después, me decía una amiga. Pues claro, ¿qué íbamos a hacer sin comentar el vestido de fulanita y el peinado de menganita? Sin ir más lejos, una semana después de la fiesta de la F1 en Viveros, todavía sigue el cotilleo: que si Rita Barberá cenó con paraguas, que si Nieves Alvarez está pasadísima, que cómo baila el hijo de Rosa Conde, que si Marta Sánchez lloraba desesperada -¡como la canción!- la tarde del sábado porque le habían perdido las maletas en el avión y no tenía ni braguitas que ponerse. Dicen que su marido intentaba consolarla, pero ni aún así. Yo la entiendo, porque a mí me pierden una maleta con el vestido de Prada de tanto sudor y lágrimas me ha costado y… ¡uff!, no quiero ni pensarlo. Por no hablar de la bolsa de cosméticos milagrosa, donde tienes ese rojo de labios que ya no se vende o el fondo de maquillaje que compraste en NY; ¿Cómo vas a reponer todo ese tesoro en unas horas? Imposible, es misión imposible.

Pobre Marta Sánchez, pues claro que tenía motivos para echarse a llorar. A pocas horas de una fiesta y sin nada que ponerse, como si fuera tan fácil encontrar modelito. Y menos mal que en Valencia tenemos de todo: la cantante se fue de shopping, entró en Alex Vidal, no vio nada, luego cruzó a Chapeau y ¡oh, salvación!, se probó un vestido de la belga Ann Demeulemeester que le sentaba de miedo. Un minivestido negro con un toque algo gótico, como todo lo de esta diseñadora. Claro que depende de cómo lo lleves, puede quedar siniestro o chic. Ella lo combinó con unas sandalias de serpiente dorada de Roberto Cavalli, que compró después en la tienda de Alex Vidal. Vamos, que al verla por la noche nadie diría que horas antes estaba sumida en la más profunda desesperación.

Bueno, bueno, y no sólo se habla de la cena de Viveros. A falta de unos días para que empiece la Semana de la Moda de Valencia, me llama otra amiga cotilla para preguntarme si he leído lo que ha escrito Carlos García Calvo sobre la pasarela valenciana, copio y pego: “es triste pensar que Valencia, que siempre ha estado en la vanguardia del arte o la artesanía, vaya rezagada en moda. Su pasarela siempre ha sido excesivamente local y sus ecos de prensa no suelen llegar más allá de Utiel o Requena”.

Le contesto a mi amiga que si llego a escribir yo algo parecido me acusan de querer acabar con la moda valenciana, me prohíben la entrada en Feria Valencia y me dejan sin acreditación para ver los desfiles. Castigada, por mala. Pero seguro que a García Calvo se lo perdonan. Más les vale, porque si a pocos periodistas que vienen de Madrid los dejan afuera, apaga y vámonos. Uff, y mi amiga, que es una pesada, insiste: es que dice que nuestra semana de la moda debería estar a la altura internacional de la Copa América o la Fórmula 1 y que deberían desfilar grandes ausentes, como el genial Juan Andrés Mompó. Por una vez y sin que sirva de precedente, le digo a mi amiga que estoy totalmente de acuerdo con García Calvo. Vamos, que no sólo debería desfilar Mompó, sino también Presen Rodríguez, Javier y Javier, Marta de Diego, Francis Montesinos y Enrique Lodares y alguno más que se me olvida. Yo no sé que pasa en Valencia -le digo- para que los pocos valencianos buenos se queden fuera de la pasarela valenciana. Es de juzgado de guardia.

Total, que ya llevamos una semanita comentando lo mejor y lo peor de las fiestas de la Fórmula 1, y lo que te rondaré morena, porque como la Semana de la Moda de Valencia siga tan aburrida y tan pueblerina como dice García Calvo, habrá que seguir estirando el cotilleo de la Formula 1 un par de semanas más.

lunes, 25 de agosto de 2008

Una gran fiesta en la que sólo sobraron los famosos

En la fiesta oficial de la Fórmula 1, celebrada este sábado en Viveros, hubo mucho bueno y poco malo. Empiezo por lo malo, por eso de fastidiar un poco. Lo malo fue sin duda la presencia de un grupo de famosos que ni quitan ni ponen a la fiesta, que vinieron cobrando, que no se relacionaron con la gente y que, encima, tuvieron la desfachatez de irse en cuanto cayeron cuatro gotas. Mientras Rita Barberá, Ángel Acebes, Soraya Sáenz de Santamaría, Vicente Rambla , Ricardo Costa y empresarios como Rafael Ferrando, Alberto Catalá o Arturo Virosque aguantaban el chaparrón con sentido del humor y elegancia, tanto ellos como sus acompañantes, los que habían venido previo talonario se largaron de la fiesta antes del segundo plato. Es verdad que la cena era al aire libre, en un escenario idílico si no fuera por la inoportuna lluvia.

Arturo Valls fue de los pocos que tuvo un comportamiento decente y aguantó la lluvia con una sonrisa. También la novia de David Bisbal, Elena Tablada, con la que compartí confidencias en el baño: me contó que su chico tenía otitis y no había ido a la cena porque tenía que ponerse bueno para un concierto este jueves. Otros no tuvieron tiempo ni de ir al baño. La cantante Marta Sánchez, que llegó con cara de pocos amigos y apenas dirigió la palabra a sus compañeros de mesa, se largo en cuando empezó a llover, ni probó la cena. Y no fue la única. De entre los peores, un tal Asdrúbal, conocido por ser novio de Bibi Andersen, que llegó a la cena vestido por su enemigo, sin chaqueta, y miraba por encima del hombro como si la fiesta no fuera con él. Yo tuve la suerte de compartir mesa con otros llamados vips, como el actor Eloy Azorín, que no abrió la boca en toda la cena; María Pineda, más simpática, y la miss María Reyes, que habló algo más. Menos mal que también estaba el bailarín Rafael Amargo, que por lo menos contó un par de chistes y cotilleos y estuvo muy gracioso. Pero él también abandonó antes del postre. Me pregunto si hubiera hecho lo mismo si la fiesta se hubiera celebrado en su pueblo, Granada. A buenas horas se iba a largar a casa por cuatro gotas de agua. Conclusión, que esta gente famosa que viene para animar la fiesta bajo contrato, viene obligada, no muestra el mínimo interés ni por el motivo de la fiesta.

Y ahora, lo bueno, que fue mucho a pesar de los famosos. Por seguir con la gente conocida, hay que decir que los de aquí dieron la talla, se quedaron hasta el final a pesar de la lluvia y hasta el pianista Michel Camilo, que tiene varios premios Grammys detrás, fue capaz de actuar en condiciones que otros abrían rechazado, ya que por culpa de la lluvia el parque se quedó sin luz para la acústica y tuvieron que tocar y cantar sin amplificadores. El resultado fue espectacular, no se oía un murmullo, y mira que es difícil siendo una cena al aire libre y en Viveros. Pues aún así, emocionó escuchar el Himno a Valencia por el coro de Valencia y el grupo de Jazz de Ximo Tebar. Mayrén Beneyto, muy juvenil con un minivestido de seda negro y leggins, se levantó a aplaudir emocionada por la actuación. Y lo mejor llegó después, con el baile de Jacobo Espina Conde, hijo de Rosa Conde y bailarín del Circo del Sol. Nos contó que había estado trabajando muchos años en Las Vegas, con una carrera de éxito prometedora, pero se había cansado y prefería volver a Europa aunque su caché no fuera tan elevado. Había que verlo contorsionándose como si fuera una bailarina con la danza del vientre. Nunca había visto a un bailarín con la flexibilidad de este hombre.

A pesar del fallo eléctrico, la actuación de Gospel tampoco se fue al traste, el grupo inglés demostró profesionalidad y se lanzó a cantar a capella y sin más herramientas que sus potentes voces. Qué monstruos. La gente se puso a bailar a su alrededor y a dar palmas al compás del ritmo porque el grupo de voces negras eran capaces de poner en pie a un centro de la tercera edad enterito. Total, que la noche fue creciendo en diversión y buen rollito y los invitados estuvieron de lo más animados, poniendo al mal tiempo buena cara. Allí estaba lo más de lo más de la sociedad valenciana, empresarios, deportistas, actores, políticos… Entre ellos, la Presidenta de las Cortes Milagrosa Martínez; la Consellerera de Agricultura Maritina Hernández; el Presidente de Bancaja, José Luís Olivas; el de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus; Ángel Villanueva, de Bancaja; la concejala María José Alcón, Alicia de Miguel, Jorge Martínez “Aspar”, Fernando Roig con su señora; Pilar Puchades, de Chapeau, Cuchita Lluch… Vamos, media Valencia. Y los modelitos de las señoras, a la altura. Ví un Lanvin rojo fantástico, un Loewe estampado de seda precioso, un Matthew Williamson espléndido y un Montesinos espectacular.

La cena también fue un acierto, nada pesada ni escasa, con flan de foi y gelatina de ron, bogavante con ravioli de buey y una merluza deliciosa. Y después del concierto, las copas. Jaimote DJ tampoco pudo actuar porque la lluvia había empapado el suelo y los equipos peligraban. Los famosos se fueron –ellos se lo perdieron-, pero la gente de aquí estaba animada y bailo hasta las tantas, aunque no hubiera DJ estrella. Hasta la zona de copas se acercaron Rafa Pérez Higón, de Emporio Armani; José Cosme, el hijo de Presen Rodríguez; Maribel Vilaplana, la presentadora de Matí Matí, con un vestido de seda muy Pucci, y también los diseñadores Francis Montesinos y Alex Vidal. A estas alturas de la fiesta, poco importaba que no quedase ni un famoso en la fiesta: ni Nieves Álvarez, ni Paz Vega –delgadísimas las dos, por cierto- ni María Reyes ni Asdrúbal, desde luego. Menos mal que estaban los de aquí para dar la talla, gente como el actor valenciano que interpreta el papel de Don Víctor, el carismático marido de Asun en la serie “La Alquería Blanca” y que anunció que en septiembre se reanudaban los capítulos con la segunda temporada.

Nadie les echó de menos a los vips que se fueron a la primera de cambio. A ver si la próxima alguien se da cuenta de que los famosos, mejor en casa, sobre todo si no tienen nada que ver con el motivo de la fiesta, ni Valencia ni la Fórmula 1.

De perdidos al Hilton
Cuando la Fiesta de Viveros seguía vivita y coleando, ya sin lluvia, alguien dijo que tenía invitaciones para el Amber Lounge del Hilton. Vamos, el club mega privado con la fiesta más exclusiva y sofisticada de la Fórmula 1. Allá que fuimos esperando encontrarnos con Naomí Campbell o el Príncipe de Mónaco, por lo menos. Pues nada, aquello parecía una discoteca sin más, muy bien decorada, eso sí, y con una azafata que te llevaba hasta tu mesa, equipada con botella de Veuve Cliquot y varias bebidas para preparar cócteles. Me aseguraron que la mesa donde nos sentamos, para ocho personas, costaba más de 3000 euros. Yo no me termino de creer que toda la gente que había allí bailando hubiese pagado esa cantidad por acceder al Amber Lounge. Pero bueno, sí ellos lo dicen. De todos modos, se supone que la fiesta del sábado no era la vip, que lo fuerte sería ayer domingo y que hasta allí se acercaría más de un piloto. Eso sí, el DJ Jackie, una pasada, qué genio, pinchó muchos temas para cuarentones, desde Yazoo hasta Duran Duran y no dejó que la pista flojeara ni un solo minuto. Con razón dicen que se lo rifan en St Tropez, Rimini, Ibiza y Londres.

Se vende glamour

Las fiestas de Fórmula 1 han roto los esquemas de lo que se entiende por glamuroso. El glamour que rodea a la Fórmula 1 es un poco desconcertante, al menos para una chica de pueblo como servidora. Porque vamos a ver, que yo sepa a una fiesta glamurosa o invitas o te invitan; o eres anfitrión o eres invitado. Cuando alguien llega al pueblo y quiere hacerse notar, lo suyo es que invite al cura, al médico, al alcalde, al cabo de la Guardia Civil y al resto de fuerzas vivas. Otra opción es que sea el pueblo quien tira la casa por la ventana. Lo que no se ha visto nunca -excepto en las fiestas de noche vieja que de glamurosas tienen lo que la Berrocal de recatada- es que alguien llegue al pueblo, organice una fiesta y cobre por asistir. Para más inri, el dinero recaudado no se destina a una buena causa, sino que se lo tira alguien a la saca el organizador… "cosas veredes Sancho".

Pues en esas estamos. El sábado, en los Viveros, se celebró la "Fiesta oficial" del Circuito Urbano de Valencia. Y allí fuimos una servidora, que se coló de rondón, y quienes se supone que son lo más granado de la sociedad valenciana, previo pago de seiscientos euros. Como justificación al precio de la tarifa se anunciaba la presencia de gente como Paz Vega y Marta Sánchez, que deben saber de motores lo mismo que de física cuántica. Los pilotos no estaban ni se les esperaba porque ellos están citados a otra fiesta, la de esta tarde en el Hilton: siete mil euros para ocho personas y la caja a la saca de una tal Sonia Irving, la espabiladísima hermana de un antiguo piloto que se está forrando vendiendo glamour como quien vende terapias de yoga. Claro que lo de la tal Sonia es de aupa, resulta que a los chicos de la prensa nos invita a "presenciar los preparativos de la fiesta", que no a la fiesta, no vaya a ser que un cámara o un fotógrafo roce el hombro de los elegidos a asistir al evento y le contagie una septicemia… "cosas veredes Sancho".

Claro que hay en el mundo de la Fórmula 1 hay opciones más baratas para comprar exclusividad. Durante todo el fin de semana, en LÙmbracle se puede asistir, por 20 euros, a las fiestas que está organizando el club de Billionaire de Flavio Briatore. Pues eso, la que quiera sentirse distinguida no tiene más que pagar veinte euros… "cosas veredes…". Y no hay que olvidar las fiestas que se organizaron entorno al evento sin estar vinculadas directamente a la Fórmula 1. A destacar la de la cadena de Televisión Fashion TV. Un barco grande pero decrépito, que recordaba más a una antigua casa de citas que a un yate, amarrado en la Conchinchina, sin indicación alguna para llegar, con no más de cincuenta invitados, todos ellos con cara de víctimas en aquel ambiente "tóxico" que fue como lo definió mi amiga Esther. Y amenizando la fiesta, el dueño de la cadena, un tal Michael, que lleva en la barriga la producción de Heineken de un par de meses, ennoviado con una jovencita asiática de diecinueve con ambiciones de bailarina de ballet.

Menos mal que los desfiles de Presen Rodríguez y Javier & Javier, lo mejorcito de la moda valenciana, dieron a la noche un toque de elegancia y buenas maneras. En fin, os dejo que es sábado por la tarde y tengo que ir a ponerme mona para la fiesta de Viveros. Ya os contaré como queda, si no cojo una pulmonía, porque voy a ir monísima de la muerte con un vestido de lentejuelas de Javier & Javier pero amenaza frío y lluvia, y creo que mi viejo Barbour desentonaría un poco. Con todo y con ello, qué demonios, la Fórmula 1 ha despertado a una ciudad a la que ya se le había pasado la resaca del Copa del América y necesitaba un revulsivo como este. Tenemos glamour y si no puede ser gratuito, lo tendremos que pagar. ¿Qué se le va a hacer?

martes, 19 de agosto de 2008

¡Que vienen los ricos!

Es injusto, tremendamente injusto, que la Fórmula 1 llegue a Valencia cuando la economía del ciudadano medio está más negra que el futuro de la Baronesa Thyssen como decoradora (véase el último número de Hola… ¡qué horror!). Los yates de los megaricos de medio mundo atracando en la Malvarrosa y las pobres mundanas como yo estirando la tarjeta para comprar un cinturón de cien euros, si es de cincuenta mejor, que le dé un nuevo aire al modelito que estrené el año pasado en la Copa del América y que ya está más visto que las piernas de la Obregón.

Uff, y mientras tanto, las tiendas fashion de Valencia sacando novedades a tutiplén para ver si le venden algo a las ricachonas rusas, porque una vez admitida la crisis hasta por Zapatero, los de aquí no tenemos ni para tabaco; los restaurantes con reservas hechas desde hace meses; en los hoteles no cabe un alfiler, y hasta Casadecor, la feria de la decoración, abrirá justo antes del Gran Premio en el edificio Docks, al ladito del circuito urbano. ¿Se acercará Anita Aznar con su señor marido Alejandro Agag para redecorar su casa pija en el barrio londinense de Chelsea? ¿Elegirá Raquel del Rosario, señora de Fernando Alonso, interiorista para su nidito de amor en Asturias? ¿Veremos a Elisabett Gregoraci, casada con Flavio Briatore, eligiendo colcha con estampado de leopardo? ¿O al propio Flavio buscando ideas para la decoración de su club Billionaire en Porto Cervo? ¿Veré a Ana Botella intercambiando impresiones sobre azulejos de cocina con Nuria González, señora de Fefé?

Esto de que Valencia se parezca cada vez más a Mónaco me trae loca. No sé cómo organizar mi agenda para no perderme detalle, con tanto vip suelto por la ciudad. Lo mejor será establecer el centro de operaciones en la Plaza del Patriarca, si alguien sale de compras seguro que pasa por Hermès, Vuitton o Loewe. Y del shopping al Paddock Club, el sitio megavip para ver la F1. Allí da igual que caiga un sol de justicia, porque el espacio está acristalado y con aire acondicionado. Vamos, que no es lo mismo ver la carrera desde una tribuna 22, con 40 grados a la sombra a las 2 del mediodía un 24 de agosto, que fresquito en el paddock club, con servicio de catering y plaza de parking privado. Llegas como una señora, te sientas en tu asiento cómodo y pides que si un poquito de jamón o un vinito bueno para animarte, y ya pagará alguien, que eso del dinero es cosa de los que se han quedado afuera. Y cuando termina el Premio, te vuelves a tu hotel de cinco estrellas, llámese Hilton, Las Arenas o Westin, y te arreglas para salir de fiesta por la noche con un ejército de asistentes personales, desde peluqueras a maquilladores.

Y por la noche, ale, al desenfreno. Las fiestas de la Fórmula 1 son del estilo a las que organiza Flavio Briatore en su club Il Billionaire en Porto Cervo, Cerdeña, y donde se reúne gran parte de la jet set durante los veranos italianos: actores, jeques árabes, deportistas famosos, y por supuesto, modelos, muchas de ellas ex novias de Briatore: Naomi Campbell, Heidi Klum, Elle Macpherson, Eva Herzigova o la actual Elisabetta Gregoraci), diseñadores como Valentino, empresarios e industriales de éxito, herederas como Fiona Swarovski, músicos, y también millonarios rusos, como Tariko Roustam, propietario de Vodka Imperia. «Billionaire es más que un club, es un estilo de vida», decía Alessandra Cicogna, la jefa de prensa de esta discoteca. Bueno, pues nada, yo mañana me voy a trabajar duro, a ver si de aquí al sábado que viene me gano los seiscientos euros para entrar en la fiesta de Viveros o al Amber Lounge del Hilton, lo más parecido al Billonaire en Valencia.

lunes, 11 de agosto de 2008

De cena por 600 euros

Creo que el fin de semana de la Fórmula 1 me voy a quedar sin fiesta. Por lo pronto, no puedo pagar los 600 euros que cuesta el cubierto de la fiesta oficial. Ni siquiera los 250 de la barra libre. Tampoco me llega para los 195 euros la cena en el restaurante del Hilton, ni los 3.280 por cabeza que cuesta el acceso al Paddock Club. Lo de los 7.000 euros la mesa de ocho personas del Amber Lounge, ni me lo planteo. ¡Está la cosa como para invitar a los amigos!… Ay, cómo echo de menos la Copa America, allí las fiestas eran con invitación, algo más elegante que cobrarte 600 euros el cubierto. Si Prada o Vuitton organizaban una fiesta, sólo necesitabas el tarjetón. Aquí, la tarjeta sólo te sirve si es de crédito. A no ser que seas familia de Ecclestone, tendrás que pagar religiosamente por la mesa, el mantel y las copas. Yo creo que tiene que ver con la Fórmula 1, que digan lo que digan es mucho más macarrilla que la Copa América.

Total, que no podré ir a ninguna de las fiestas de la Fórmula 1 porque en todas es igual, olvídate de entrar sin pagar. La noche del sábado 23 habrá overbooking de fiestas y cualquiera de ellas será una pasada porque nadie se atreve a hacer algo mediocre con la Fórmula uno. Esa noche se celebra en Viveros la fiesta oficial de Valmor, la empresa que gestiona el circuito en Valencia. Para asistir, sólo necesitas los 600 eurines de la cena, preparada por Seina Cocotte, o los 250 de la barra libre. Actuarán el pianista Michel Camilo y los grupos Naturally 7 y uno de Gospel. La música les ha quedado un poco fallera, porque eso de mezclar el himno a Valencia y el de Europa en clave de jazz, gospel y clásica suena un tanto rocambolesco. Si a eso le sumas la actuación de DJ Jaimote, pues no se yo qué decir… Pero bueno, allí estarán todos los vip y será la fiesta con más gente de Valencia, por eso de que los que la organizan son de aquí.

Además de la de Viveros, se celebrarán otras organizadas por empresas - BMW o Volkswaguen-, otra en L'Umbracle y, ¡ay!, las que montarán ricos venidos de medio mundo en sus megayates atracados en el Puerto para presumir ante sus invitados. Esas serán de aquí te espero, uff, que guay, además en esos yates, fresquitos y con servicio a tutiplén, es donde mejor se ven las carreras, a menos de seis metros de distancia. ¿A qué fiesta irá Bernie? Dicen que él, y alguno más, irá yendo y viendo de una fiesta a otra con su chófer, algo habitual en la Formula uno.

Pero la fiesta más vip del finde será la que se celebre en el Hilton la noche del domingo, un fiestón que es ya tradicional en todas las ciudades con premios de Fórmula 1, como Barcelona o Mónaco. El Hilton se transformará en el Amber Lounge, un club vip que va allá donde hay Fórmula 1 y que tiene hasta su propia decoración, de manera que al Hilton no lo reconocerá ni su director. El nuevo local tendrá distintos ambientes y zonas, desde restaurantes a lugar de copas. Para acceder, habrá que pagar a tocateja los 7.000 euros que cuesta la cena buffete para ocho personas - irán por la jero los pilotos y algunos vips o famosos-. Y dicen que la fiesta tiene tanto tirón, que todo el mundo paga sin rechistar. El fiestón durará todo el fin de semana, pero el momento fuerte será la noche del domingo 24, después de la competición, y allí estarán todos los pilotos, patrocinadores, Ecclestone como no, y seguro que el Presidente Camps y Rita Barberá se acercarán a saludar. No faltarán tampoco los accionistas de Valmor, como Fernando Roig y mucha gente vip de la que está en los Paddocks Club, donde por unos 3.200 eurines de nada puedes codearte con el padre de Hamilton y otros super vip. Vaya, ¡tampoco me llega!

domingo, 3 de agosto de 2008

Veranito de mis amores

El verano tiene un lado feo: antes o después acabas encontrando un rato para cuestionarte tu existencia. Primero valoras si tu vida es lo que querías y, si no pasas ese examen, apaga y vámonos; mejor llamar al trabajo y exigir la inmediata suspensión de las vacaciones. Si superas la prueba, si crees que pese a todo tu vida no está del todo mal, llega la segunda parte: durante las largas horas de tedio y ocio acabas yendo al espejo más de lo normal; y ahí si que no se escapa ninguna: el tiempo pasa, te guste o no, y este año tienes uno más que el pasado. El pilates, la dieta y el fondo de armario apuntalan mal que bien lo que el tiempo se empeña en destruir, y ahí estás tú, una y otra vez mirándote al espejo y preguntándote para qué demonios te has gastado la paga extra en ropa si llevas un mes con bañadores y vestiditos de andar por casa. Las pocas veces que sales a cenar acabas poniéndote cualquier cosa, “total con el calor que hace, ¿qué más da?”

Además, es que en la playa no puedes salir arreglada y con tacones, queda de pueblo total. Lo que mola es el desaliño estudiado, el rollo ibicenco con vestidos sueltos, sandalias de dedo y melenas al viento. Vamos, si hasta para ir de boda hay que vestir hippie. Véase si no la boda de Caritina Goyanes en Ibiza, el look triunfador fue el maxivestido estampado, sin más complementos que unos enormes pendientes. Así iban Nieves Alvarez, Vicky Martín Berrocal, Nuria González, señora de Fefé; Mónica Silva, idem de Pepe Barroso. ¿Se habrían llamado antes por teléfono para ponerse de acuerdo? De todos modos, lo suyo no vale, porque sus vestidos están firmados por Gucci, Missoni, Blumarine y Fendi. Menudo morro. ¡Así cualquiera!

Conseguir el look desarreglado y natural sin tirar de visa… ahí te quiero ver. Eso de que con un kaftan de mercadillo y unas pulseritas puedes ir mona funcionará a los 18, pero a los cuarenta ni de casualidad. Además, estoy harta de los puestos callejeros, donde supuestamente encuentras vestiditos ideales por diez euros. Mentira cochina. Raquel, una de mis blogueras preferidas, contaba en su blog (raquel-gratistotal.blogspot.com) que en una playa valenciana se encontró el típico puesto de pareos, caftanes y pendientes presuntamente étnicos y se quedó alucinada cuando vio que todo era Made in China. Vamos, que de artesanal tenían lo que la Pantoja de moderna…

Y así, entre mercadillos y pulseritas hippies, van pasando los días y una tarde descubres que tu problema no sólo es el fondo de armario, sino el pelo, ese maldito pelo con el que estás condenada a convivir: primero lo querías liso, luego lo querías corto, luego pensaste que mejor largo y entre tanto aparecieron las primeras canas y con ellas llegó el desastre. Primero las tapaste, fatal, se notaba a la legua; luego decidiste ponerte mechas; peor, acabaste con un pelo que ni era rubio ni moreno; luego pensaste que lo mejor sería recobrar el color original pero ya era tarde, las raíces y las puntas se pegaban de patadas como unos zapatos de tacón y unos calcetines blancos. Y ahí estás visitando peluquerías: Pascual, Llongueras, Toni & Guy, y al final, la de debajo de tu casa, que cobra 12 euros, acaba siendo la mejor, sólo comparable a Jacques Dessange en Claudio Coello de Madrid, sólo que allí te sacan 35 pavos por lavarlo y otros 35 por un champú que no atreves a rechazar por si piensan que eres pobre. Y te vas de allí con la misma cara de idiota que se te quedó el día en el que un pequinés asqueroso decidió hacer pipí sobre tu bolso de Vuitton mientras su estúpida dueña te pedía perdón con una sonrisa. Vaya, que sí, que me encanta el verano, veranito de mis amores…

sábado, 2 de agosto de 2008

Xabia, Denia, Cullera y Gandia

Que la operación de Villalonga en el Valencia haya salido mal tiene un efecto colateral muy grave: no vendrá su mujer, Adriana Abascal, la actual diva del glamour hispano y digna sucesora de la Presley. Hubiese estado bien saber donde hubiese puesto su palmito en verano, porque mira que es estilosa esta mujer, no hay más que ver los modelitos que luce en la exclusiva que dio en Hola la semana pasada. Y dicen que en vivo y en directo todavía impresiona más. Y menudo tipazo que tiene después de dar a luz tres niños. Total, que ahora que Villalonga no se queda en Valencia, nos quedamos sin saber qué lugar de vacaciones hubiera elegido su señora. ¿Xabia, Denia, Cullera?

El glamour valenciano no acaba de encontrar su sitio en agosto. Aquí hace mucho calor y el sudor es al glamour lo que una riñonera al buen gusto. Xabia, Denia y Moraira apuntan maneras de sitios glamurosos, pero les falta algún famoso que las llene de paparazzis. Por lo demás, son pequeñas, están masificadas, hay soportar colas para comprar el pan, no hay comercio pijo, la gente suda, el sudor abrillanta la cara de las mujeres y corre a goterones por las sienes de los hombres; hay atascos para entrar y salir, terrazas mal atendidas, pero eso es algo común a la mayoría de sitios pijos –y no pijos- de playa un mes de agosto. Sí, están las familias valencianas de toda la vida, los hijos de la burguesía que están que trinan porque ellos “que van allí de toda la vida” se sienten acorralados por advenedizos con ínfulas de grandeza y políticos de quinto orden que necesitan estar donde hay que estar incluso en el mes de agosto. Como si el hecho de que tu bisabuelo se comprase una casa a los pies del Montgó te diese algún plus para pasear este verano por la playa del Arenal. A ellos les hubiese gustado que Denia y Xabia fuesen el St. Tropez español. Todo llegará….

La alternativa es saltar en barco a las islas, allí con el rey y su gente, pero tampoco, porque no hay amarres y los que van acaban durmiendo en el barco y llegando a tierra a bordo de una mini zodiac, uff, que poco glamour eso de arribar al puerto en patera remangándote la falda y sacando los zapatos de una bolsa de Mercadona. Además, a mí lo de dormir en el barco, por muy pijo que sea el barco, siempre me ha parecido como dormir en una caravana…

Queda el campo, pero ¿qué campo?... Fontanares sería a Valencia lo que Puigcerdá a Barcelona. Pero no es lo mismo, al fin y al cabo en Fontanares están los Serratosa y cuatro amigos de la familia que se prodigan más bien poco por las calles del pueblo. Habrá que ver si esa urbanización fisna que están montando en Siete Aguas cubre las expectativas del glamour valenciano, pero a priori parece más bien difícil que la hija de la duquesa de la alta cuna deje de ir a Mallorca o Sotogrande y se pase el verano en los montes de Siete Aguas.

Así es que ya puestos habrá que ir pensando en solidarizarse con el alcalde de Benidorm; ¡qué demonios!, al menos por allí se deja ver Belén Esteban y Manolo Escobar, algo es algo. Cullera, El Perelló, Gandía, Benicasim, Burriana o la Pobla de Farnals tampoco parecen malos destinos, al menos ya vas mentalizada a que el bolso de Prada, el vestido Lanvin y los zapatos de Louboutin van a tomarse unas vacaciones y de paso te ahorras una pasta en ropa y en peluquería, que con la que está cayendo es sin duda un valor añadido a tener en cuenta. Y encima, como no tienes tiendas pijas, no caes en la tentación de comprarte un abrigo de piel de cabra en pleno mes de agosto. Claro que no veo yo a Adriana Abascal haciendo cola en el ascensor de uno de los complejos de Florazar.