jueves, 29 de marzo de 2007

La Coca Cola envejece

Ayer estuve en la conferencia sobre antiaging. Lo resumiré lo mejor que pueda.

Según el doctor Antonio Marco, para calcular la expectativa de vida hay que multiplicar por 5 el tiempo que tarda en consolidarse el esqueleto:
Los perros tardan dos años, por eso pueden vivir hasta 15.
Los humanos tardan 25, con lo que podrían vivir hasta 125 (uff!!!)

¿Porqué nos morimos antes? Por enfermedad y por procesos que modifican negativamente nuestra edad biológica, vamos, que aceleran el envejecimiento. La principal es la mala alimentación, pero también están las causas genéticas (si tu padre envejeció pronto, es probable que tú también), la contaminación y el estrés (hay que trabajar menos...).

Atención a los alimentos que provocan envejecimiento prematuro:
  • La Cola (Coca-Cola, Pepsi y todas las colas). Según este médico son muy tóxicas porque llevan ácido fosfórico que afecta al calcio de nuestros huesos (forma fosfato cálcico con el calcio que, además de quitarnos el calcio que necesitamos, provoca cálculos renales y el hígado sufre porque tiene que desintoxicar más. Más toxinas = pérdida de energía.
  • Las carnes rojas (nada de abusar del entrecot)
  • Azucar y dulces: provocan envejecimiento e inflamación.
  • Colesterol: causa inflamación y degeneración celular.

No puedo contaros más conferencia porque me tuve que ir, pero nos regalaron muestras de unas pastillas de Coencima Q-10 que, según una amiga farmacéutica, son antioxidantes y no tienen efectos secundarios.

Este médico, junto con un gatinete de estética y un laboratorio, han creado una consulta de tratamiento "antiaging" donde te hacen análisis de sangre y te predicen, más o menos, de qué te vas a morir (es broma). Por lo visto anticipan los problemas que vas a tener y tratan de paliarlos con minerales, vitaminas y hábitos alimenticios.

domingo, 25 de marzo de 2007

¡Uff!, que llega la Copa América



El dieciséis de abril empieza la copa Louis Vuitton y, como no podía ser menos, la tienda de Valencia está dispuesta a sacar sus mejores galas, lo cual, tratándose del rey del lujo, da para mucho. Sólo con ver la invitación que ha enviado para asistir a la reinauguración de su tienda en Poeta Querol, el 29 de marzo, le entra a una un ataque de estrés: ¡Que cosa más coqueta!, escrita a mano, con una letra que apenas deben de saber hacer un par de personas en toda Europa, y una tinta, a saber de dónde habrán sacado, que brilla cuando la pones al sol. Vaya, y una se pregunta, ¿qué me pongo para ir a la fiesta más principal de la firma más lujosa en la ciudad más de moda, que envía una invitación como ésta? Y encima en esta época del año, que tan pronto estás a 8 grados como a 20, y con ese resfriado que no te quitas de encima en un mes…

Al evento se espera al mismísimo director general de la firma en España, Carlos Delso, que tiene elegante hasta el apellido; habrá que ver cómo se saluda a un hombre de tan alto copete; ¿se le dan dos besos?, ¿se le tiende la mano?, ¿o se espera una a ver qué hace él y se deja llevar? Por cierto, a ver cuando alguien consigue imponer una norma de cómo deben saludarse hombres y mujeres, para cuando el beso y para cuando la mano. La inauguración de la tienda será la tarde del jueves, a las ocho, y se espera a lo más conspicuo de la sociedad valenciana, que buenas clientas de la tienda son la Alcaldesa Rita Barberá, Mayrén Beneyto y muchas altas damas de la sociedad valenciana, que ya es sabido que desde que abrió tienda en Valencia no hay excusa para no lucir un Vuitton en ocasiones especiales.

En la nueva tienda de Vuitton se podrá ver la nueva colección de bolsos para esta primavera verano, aunque la inauguración no es precisamente el mejor día para fijarse en los bolsos, que hay mucho que cotillear: cómo viste fulanita, las joyas que lleva la señora de tal o lo rejuvenecida que está menganita. Lo de la colección de bolsos y zapatos, para otro día. De todos modos, como adelanto, el bolso más sorprendente de Vuitton para este verano es uno que imita las bolsas de plástico de cuadros que llevan los vendedores ambulantes (¡sí, las de 5 euros!) pero en piel y a un precio desorbitado. A Valencia no llegan estos modelos, que suelen lucir actrices y millonarias. Aquí llegan otros más normalitos, como el speedy o alma, en nuevos acabados y pieles. En cuanto a los zapatos, atención a la sandalia “Andalucía”, un pedazo de zapato.

La segunda cita de la semana será el martes, también a las 8 de la tarde, en la tienda de Alfredo Esteve de la Gran Vía Marqués del Turia. Esteve ofrecerá una copa de Moët Chandon con trufas y reinaugurará la tienda con bendición del “Páter” incluida. La tienda de Alfredo Esteve es al hombre lo que Chapeau a la mujer. Incluso las firmas coinciden: Prada, Balenciaga, Gucci, Lanvin, Dolce Gabbana… Vamos, de lo mejorcito de la ciudad para presumidos, caprichosos y amantes del buen diseño (muchos clientes son deportistas famosos). Esteve tiene mucha experiencia en esto de la moda masculina. Empezó trabajando en Oltra, luego pasó por Gran Style y hace exactamente quince años, un 25 de marzo, abrió su tienda en la Gran Vía. Las firmas de entonces poco tienen que ver con las de ahora. Entonces lo que pegaba era Kenzo, Versace o Moschino, mucho diseño italiano. Hoy, los franceses están empezando a ganar la batalla: Balenciaga, Lanvin y Dior son de lo mejorcito del pret-a-porter de hombre, con trajes discretos, de calidad, pero muy atractivos, que buscan el perfil de la imagen de un hombre elegante, que no quiere ni pasarse ni quedarse corto.

viernes, 16 de marzo de 2007

Más botox y menos bolsos


Con la llegada de la primavera, una amenaza se cierne sobre todas las mujeres: recibir una invitación de boda o comunión de una amiga de la infancia de la que casi ni te acuerdas. No puedes decir que no, sería una grosería, pero la invitación te va a costar un sueldo, entre el regalo, el modelito, la peluquería, la manicura… Desde luego, si vas tienes que dar la talla. Más aún, tienes que planificar hasta el último detalle para estar deslumbrante ese día. Allí te reencontrarás con todas tus amigas de la infancia y no puedes ir vestida de cualquier manera, porque ellas tampoco lo harán. Tienes que demostrar que has tenido éxito en la vida y estás más estilosa, joven, guapa y atractiva que nunca, ¡ahí es nada!

Ajustas de aquí y de allá y consigues sacar mil eurines para la dichosa boda. Vale. Hay que buscar un vestido supermegafashion con el impactes al primer golpe de vista. Elegante pero juvenil. Con personalidad. El problema es que, con ese presupuesto, para uno de Prada ya no te llega. Y para el de Chloé tampoco. Y Marc Jacobs y Loewe, ni soñarlo. Habrá que buscar alternativas, uno de Miu Miu o Marni podría ser. O igual buscar vestidos de otra temporada en algún outlet… pero los restos siempre son lo peor de cada colección y, además, se nota que es antiguo. No, de eso nada, mejor ir a por algo de este verano… ¡Qué dilema!

Lo de ponerte guapa cada día se complica más. Antes, el presupuesto se iba todo al vestido, pero es que ahora puedes elegir entre llevar un vestido fabuloso o marcar la diferencia con las demás con un tratamiento de belleza. Es decir, que si el presupuesto del vestido lo inviertes en un par de sesiones de botox, un tratamiento anticelulítico con LPG y algo especial para ese día de la boda, llegas al evento y quizá no deslumbres con tu vestido, pero todas se quedarán boquiabiertas al ver lo joven, delgada y guapa que estás y lo bien que te queda ese modelito de Zara.

La alternativa de invertir en belleza en lugar de en trapitos ya se empieza a escuchar en las conversaciones de mujeres. La última vez que lo oí decir a alguien fue antes de comenzar la clase de Pilates (en los gimnasios se aprende mucho). Una colega argumentaba que si tienes todo en su sitio (vamos, el culo y el pecho y todo lo demás bien puesto), con cualquier pingajo de diez euros estarás ideal de la muerte. Si además tienes una piel cuidada, te quitas las arrugas de la frente con botox y te das un par de sesiones con peeling y oxígeno y colágeno y todo eso… pues ese día parecerás una jovencita diez años menor que tus amigas. ¿Habrá mayor satisfacción?

Si decides invertir en belleza, tampoco termina aquí el problema, porque las posibilidades de tratamiento no se acaban. Empiezas por el pelo y acabas por el dedo gordo del pie y por el camino te has gastado tres veces más de lo que costaba el vestido… Hay tratamientos para todo: aceites y mascarillas para el pelo; LPG para la celulitis (sólo con esa maquinita ya te has liquidado 900 euros); tratamientos para la piel de cara, para el cuerpo, manicuras y pedicuras… Antes los tratamientos eran cosa de médicos (seis años de universidad y varios de residencia), pero ahora, cualquier esteticista (un par de añitos de prácticas), te prescribe un tratamiento como si fuera el mismísimo doctor House.

Claro que en esto de los tratamientos siempre está lo último de lo último, el definitivo: un tratamiento antiedad que aseguran que previene el proceso de envejecimiento (se presenta en una conferencia el 28 de marzo en el Hotel Astoria). Vamos, que te presentas en la boda con diez o quince años menos y ahí sí que das definitivamente el golpe…

domingo, 11 de marzo de 2007

¡Ni una copia más, por favor!


Esto de las copias es peor que una maldición gitana. Vayas a la tienda que vayas, te encuentras con los mismos modelitos: que si una versión más o menos apañada de los vestidos de Chloé; que si otra camisola de seda con estampado sospechosamente parecido a los de Pucci (no confundir con Gucci, por favor); que si un maxibolso que parece, -esta vez sin disimulo- calcado del original; el inevitable abrigo con manguita abullonada estilo Burberry; los minishorts, los zapatos de cuña, los vestidos de colores ácidos… ¡ah! Y los leggins, por supuesto, que no hay tienda que no tenga un par de ellos en todos los colores….

Total, que vestir con ropa original y distinta a la de los demás, es cada día más difícil. Que las copias (perdón, influencias) campen a sus anchas tiene la ventaja de que puedes vestir a la moda sin dejarte un sueldo en cada compra. Lo peor es que acabas hasta las narices del vestidito sesentero, de la blusa con pechera y hasta del maxibolso de piel…

¿Se puede vestir con ropa original distinta a la que llevan todos? Pues sí, se puede. Sólo hay que salirse de las tiendas “¿dónde va la gente? -donde va Vicente” y descubrir otras nuevas con diseños originales y eso que ahora los modernos llaman “rollo” (tener rollo es ser chic, vamos, el equivalente al guay de toda la vida). En Valencia cada vez tenemos más tiendas alternativas para gente inconformista que no quiere vestir como todos, tiendas muy del estilo a las del barrio Chueca en Madrid.

Por ejemplo, el nuevo espacio-taller de Noelia Navarro (calle Pizarro 1, 12ª). La diseñadora, que ya vende su ropa en Valencia en Pin Up (Bolsería), inauguró la semana pasada su nuevo espacio NONA, donde puedes probarte –y comprar- su colección de verano, encargar un vestido de novia juvenil o pedir ese modelito exclusivo que nadie más que tú llevará. Las colecciones de Noelia tienen mucho colorido y siempre tienen un toque sorprendente: un pespunte por aquí, un frunce por allá, un dibujo con curvas. Los tejidos son frescos y cómodos: piqués, algodones, tules. Merece la pena pasarse por la tienda (aunque el portal esté cerrado, en el estudio siempre hay alguien) y probarse las camisetas con adornos de flores, los vestidos de tirantes, los shorts bombachos o las faldas de piqué en rojo y verde. El espacio NONA promete ser un sitio multiactividades: la diseñadora ya está pensando en organizar un mercadillo los domingos para vender a saldo colecciones de otros años.

Segunda inauguración de la semana: la nueva tienda de Mi Talón de Aquiles. Ya tenían otra en la calle Cuenca y ahora han abierto en Cirilo Amorós 82. Para la ocasión, organizaron un desfile el viernes en el Mercado de Colón, donde seleccionaron ropa de sus firmas habituales: Sybilla para Jocomomola, 2 de Josep Font, Julie Sohn, TCN, Monoplaza, Saga, Turnover…. Lo mejor de la tienda es su apuesta por nuevas firmas, como la danesa Whiite o la holandesa Turnover, las dos con ropa juvenil pero apta para todas las edades, de diseño fresco y moderno, como casi todo lo que viene del norte. La selección de firmas españolas también sigue un criterio coherente: Julie Sohn y la segunda línea de Font. Joseph Font es uno de los pocos españoles que desfila en París y su segunda línea tiene tanta fantasía y romanticismo como la primera. Más fichajes de Mi Talón de Aquiles: la bisutería de Sonia Despujol (quien, además, suele estar en la tienda); la piel de Saga Ibáñez, lavada y teñida de colores poco habituales como el azulón, naranja o verde y los bolsos con un punto alternativo de la parisina Catherine Parra (ideales los de niña). ¡Ah! Y no venden ni una sola copia.

viernes, 9 de marzo de 2007

El sastre de James Bond, en Valencia



Los caballeros más elegantes de Valencia tienen que anotar una cita importante en sus agendas: los días 21 y 22 de marzo, un “sartori” (sastre) de la firma italiana Brioni estará en la tienda de Luís Bodes, Hannover, para tomar medidas a los que encarguen un traje a medida (aviso: antes hay que llamar y pedir cita). Para los que no lo sepan, Brioni es una de las sastrerías italianas más famosas, capaz de competir hasta con los ingleses de Savile Row, que se dice pronto. La lista de famosos que han vestido de Brioni tampoco es cualquier cosa: Gary Cooper, Clark Gable y hasta el mismísimo James Bond, interpretado por Pierce Brosnan. Además, el sastre que vendrá a tomar medidas, Angelo Di Febo, es uno de los mejores maestros sastres del mundo. Dicho esto, que nadie ponga cara de susto cuando le digan que uno de estos trajes cuesta 3.000 euros, que el capricho lo vale.

¿Está justificado el precio de un traje de Brioni? Dicen que cuando te lo pruebas hasta te parece barato. En Hannover también tienen sastres en serie de la misma firma (cuestan un 15 por ciento menos que los hechos a medida). Una de las encargadas de la tienda me contaba que un cliente se resistía a probarse un Brioni por el precio, pero ella en un descuido (¡qué lista!) le coló uno en el probador junto a otros trajes de firmas conocidas. En cuanto se lo puso, dijo que ya no quería ver más. ¡Uff, qué peligro!

El secreto de estos trajes está en los tejidos ligeros y en la confección impecable. La especialidad de la casa es el traje de lana fría, que por otra parte, es la mejor opción para el clima de Valencia porque se puede llevar todo el año. El que se pruebe uno de estos trajes descubrirá que a pesar del tejido ligero, queda tan perfecto como un traje de invierno. Al andar, notará que la brisa recorre sus piernas, que la luz casi atraviesa la chaqueta y que las mangas son tan ligeras que hasta los puños de la camisa parecen rígidos. Se trata de unas lanas tan suaves que parecen telas de camisa pero que, a diferencia del algodón, no se arrugan. ¿A que ya no parece tan caro?

Los que puedan permitirse el lujo de encargar un Brioni a medida podrán elegir tejidos entre un amplio muestrario, escoger el corte, el largo de la americana, con dos o tres botones, el tipo de solapa, los ojales, la construcción del hombro (mejor con poca hombrera) e incluso el color del forro, que vendrá personalizado con el nombre del cliente al igual que la funda de algodón (qué detalle tan pijo). Una vez le hayan tomado medidas y tenga claro corte y tejido, ya no tendrá que realizar más pruebas. En un mes, el traje llegará desde Penne -una pequeña ciudad de la región de Abruzzo, al este de Roma-, listo para llevar y sin necesidad de retoques. La calidad de cada traje es tal que cada pieza se somete a más de 100 procesos manuales distintos, incluidos 40 planchados.

¿Más razones para escoger un sastre de Brioni? Los trajes italianos, a diferencia de los ingleses, son ligeros, flexibles y con mucho estilo. Los italianos le dan mucha importancia al vestir (una milanesa que vive en Valencia me contaba que son capaces de no comer por tener un par de zapatos más). No les gusta pasar desapercibidos, una actitud opuesta a la del gentleman británico, que prefiere respetar las reglas más estrictas del protocolo. El inglés sólo quiere vestir correctamente; el italiano quiere destacar por su elegancia. Hecha esta distinción, parece que al valenciano le va más un traje italiano de lana ligera, elegante y coqueto, que uno inglés de tweed abrigado, que no parece lo más apropiado para un día de fallas ni para tomar el aperitivo en la terraza del Hotel Inglés...

lunes, 26 de febrero de 2007

El lujo de la costura a medida

La diferencia entre comprar ropa confeccionada y a medida es muy parecida a la de viajar en chárter o en busines (bisnis, para los guays). En un chárter lo único que quieres es llegar a destino ¡por favor, que termine ya este viaje que no se que hacer con mis rodillas!; Por el contrario, viajar en bussiness es un placer que disfrutas como en un spa: la atención de las azafatas –o azafatos- , película a la carta, cojín de plumas, las piernas en alto ¡qué bien!… En las tiendas de confección industrial, sobre todo del segmento bajo, comprar se parece mucho a un viaje en chárter: colas para entrar en el probador, colas para pagar, espacio mínimo en el probador… la experiencia de compra es como una comida rápida: coges la ropa, te pruebas, pagas y te vas. Está bien para todos los días, pero hay ocasiones que requieren algo especial, un lujo exclusivo, como una cena en un restaurante cinco estrellas, un viaje en business, dormir en el Ritz ¡o un vestido a medida!

Pensaba esto el otro día cuando entré en la tienda del modisto Enrique Lodares para hablar sobre su último desfile en el teatro Olympia. Se nota que no es una tienda de “ropa rápida”. Nada de música estridente, para que compres deprisa y te vayas cuanto antes ¡qué estrés!; aquí el tiempo es pausado, para saborearlo todo con calma. El propio Lodares te recibe como si estuviera en su casa y te invita a pasar a una sala para hablar. En la costura a medida, hablar es importante. El modisto tiene que conocerte, descubrir que colores van mejor con tu piel, saber algo de tu personalidad. Con él tienes que hablar como si fuera un amigo. A él le puedes confesar que quieres un modelito para volver loco a tu chico, para ser la más de la fiesta o para dejar boquiabierta a tu peor enemiga ¡qué momento!

La costura a medida exige que confíes en el modisto porque no puedes ver ni tocar el vestido, que sólo está en su cabeza. Si eliges vestirte de Lodares, nada de llevar la revista del corazón de turno y pedirle que copie el vestido de fulanita de tal ¡eso jamás! Al contrario, tienes que ponerte en sus manos y confiar que va a sacar lo mejor de ti misma, que te dará la seguridad que te falta o te convertirá en el centro de todas las miradas, si es lo que quieres, claro… Hay en Lodares un plus y es que le gusta vestir a señoras hechas y derechas. “Las niñitas me hacen gracia –dice-, pero ellas lo tienen más fácil, se pueden poner cualquier cosa. Es mucho más agradecido vestir a una señora con características físicas difíciles. Yo intento personalizar la costura, no tratar de que las clientas se metan en mi colección sino que la mujer esté por encima de la ropa, resaltar lo bueno y disimular lo demás”.



Lodares viste a medida pero también tiene otra colección que vende en la tienda y que es precisamente la que presentó en el desfile. Ahora es el momento de verla, porque está toda expuesta y con un poco de suerte hasta él mismo te la puede enseñar. Da gusto escucharle porque es un hombre culto, sabe de arte, de cine, de música… y por supuesto de moda. Es genial oírle hablar sobre telas: gasa, muselina, crêpe, batista, chantilly, guipur, shangtung… ¿no suena a música? El resultado de combinar telas y colores, con la técnica, la creatividad y un punto de locura es la colección que presentó esta semana, más de sesenta modelos con referencias a la época dorada del cine y a la costura de los cincuenta y sesenta, sobre todo Pertegaz y Balenciaga. Si me dan a elegir, me quedo con el conjunto de pitillo de encaje y pedrería con camisola de organza y el vestido largo con falda de gazar de seda. ¡Qué bonitos! Y que pena no tener más de una ocasión especial para lucirlos…

miércoles, 21 de febrero de 2007

Periodista ante el peso de la verdad



Reportaje escrito en primera persona sobre la medición en la máquina que está obteniendo las tallas medias de las mujeres españolas. Publicado en el suplemento CRONICA de El Mundo.

domingo, 18 de febrero de 2007

Un valenciano en The Sartorialist



Si te gusta la moda, lo mejor que te puede pasar es que el fotógrafo Scott Schuman te saque una foto en su web The Sartorialist. Es el no va más para cualquier aficionado a la moda, casi tanto como salir en Vogue. Sólo los más elegantes, los que llevan la ropa de forma personal, con estilo propio, los que saben mezclar colores y estampados, saltándose las normas con inteligencia, sólo esos salen en esta web. Todos los días hay fotos nuevas, siempre geniales. A veces son estilistas que van a la última, gente que trabaja y vive de la moda, pero otras son estudiantes o jubilados. Lo único que tienen en común es su elegancia innata. Aquí no vale gastar millones en ropa. Para entendernos: Victoria Beckham jamás saldrá en su página.

Que Scott te saque en su blog no es fácil. Como vive en Nueva York, casi siempre fotografía neoyorquinos, a menudo por la calle. Últimamente, también salen europeos que van a los desfiles de Milán, Londres o París. Scott empezó como aficionado, pero tuvo tanto éxito que Vogue USA lo contrató para que sacara fotos en las principales fashion-weeks, por eso ahora viaja por las ciudades más chic, tiene sitio privilegiado en los desfiles (¡qué envidia!) y, por supuesto, sigue colgando las fotos de todo aquel que le parece interesante, sea o hombre o mujer, de cualquier edad. Tiene un ojo que no falla y por eso cada día le siguen más.

¿Por qué hablo del blog de este chico? Un poco de paciencia, que ahora lo cuento. Hasta ahora, The Sartorialist sólo había publicado una foto de un español. Como no podía ser otro, fue Jaime de Marichalar, al que inmortalizó en un desfile de Dior. “The Duke of Lugo”, escribió después de recibir un montón de mensajes aclarándole que Marichalar no es francés, como el había supuesto, sino español y marido de Infanta, ¡toma ya! Desde Marichalar, ningún otro español había salido en al web de Scott… hasta hace unos días, cuando una de las fotos me recordó a alguien…

¡Si es Vicente Torres, de Torres Gastón! En una de las fotos, aparece muy elegante, de paseo por Florencia, con un pañuelo de seda en el cuello y gafas de sol. Sobre la foto, el titular de Scott: My Favorite Shot From Pitti Uomo (mi foto favorita de los desfiles Pitti Uomo). Al fotógrafo le había chiflado el pañuelo de seda y cashmere. “Después de ver a este caballero –escribió en la web- me di cuenta inmediatamente que necesitaba un par de pañuelos estampados de seda en mi armario”.

Yo de Torres estaría muy orgulloso de haber salido en esta web. Por la parte de valenciana que me toca, yo sí lo estoy. ¡Me encanta que un neoyorquino se fije en la elegancia de un valenciano! Claro que Torres juega con ventaja porque tiene una tienda de ropa de hombre y es lógico que tenga buen gusto y sepa llevar y combinar la ropa. Aún así, no hay que quitarle nada de mérito y espero que no sea la última foto de un valenciano en la web más fashion del mundo mundial. Por cierto: la bufanda de Torres es de la firma Nick Bronson, pero no vayan corriendo a por una porque me temo que están agotadas. Son especiales porque combinan la seda por un lado con el cashmere por el otro. Además, su chaqueta también es de cashmere cien por cien (por eso el color es tan profundo), con dibujo de espiga azul marino. El estilo de Torres es clásico pero no rancio. Esto se consigue con prendas de calidad, como las de toda la vida, pero que tengan un corte más moderno, huyendo del pijo aburrido de pantalón azul marino. Una chaqueta algo más estrecha, un detalle con colorido, como la bufanda… por ahí van los tiros para ser el próximo valenciano en la web de Scott. ¿Quién será el afortunado?

domingo, 11 de febrero de 2007

Quinceañeras a los cuarenta


Houston, tenemos un problema. La ropa que viene para el verano es cortita, cortita, e incluso super cortita. Sube el dobladillo de la falda mucho más arriba de la rodilla, casi hasta perder la vergüenza. Los vestidos son minivestidos; las bermudas, microshorts o maxibragas; las faldas, minifaldas. Vamos, que hay que tener un par de piernas como Claudia Schiffer para ponerse los modelitos de la temporada. Y lo peor es que los vestidos son monísimos, ideales de la muerte, coquetones y femeninos ¡para una cría de 18 años! Desde luego, si has rebasado los treinta, con cualquiera de esas minis corres el riesgo de parecer disfrazada de colegiala, como las inglesas cuando van de fiesta loca.

No es justo. Todos esos vestiditos tan chic, tan años sesenta, ideales en las modelos con melena rubia y bolsito de charol, a lo Catherine Deneuve en Belle de Jour… dan ganas de ir corriendo a la tienda a por el vestido, el bolsito, el tacón cuadrado y hasta la peluca rubia. ¿Por qué será que cuantos más años cumples más te gusta la ropa de jovencita? Es como si pensaras, bueno, ya que me acerco a los cuarenta, aprovecharé los años que me quedan antes de que me empiecen a llamar señora (¡crisis total!). Nos pasa a todas. En una tienda de ropa me contaban que da igual que tengas tres que treinta y tres. Cuantos más años cumples, más te apetece rejuvenecer tu vestuario. No falla.

Sin embargo, sólo las muy atrevidas como Anita García Obregón se lanzan de cabeza, y sin pensar en su edad, a por lo último de lo último, sea minifalda, chaqueta de leopardo o botas de mosquetero. Ella se lo pone todo, hasta un novio cachas (y stripper) de veintipocos que Montesinos acaba de fichar para la próxima Pasarela Cibeles. Un acierto del diseñador, que se las sabe todas. Si quieres que tu colección salga en todos los periódicos y revistas, lo mejor que puedes hacer es contratar a algún famosillo (lo de la modelo enseñando pechuga ya no vende). Si el famosillo se llama Derek (¡qué buena la parodia de Los Morancos con la música de Boney M), tienes foto garantizada. Y si encima la Obregón va a tu desfile, para qué contar. Además, a Montesinos le gustan los modelos con abdominales tableta de chocolate y Derek encaja en el tipo de chico que viste Montesinos.

Las que sean atrevidas o no tengan vergüenza, como la Obregón, pueden ir preparando la lista de compras para el verano. Casi todas las firmas tienen minivestidos. Los de Chloé son ideales, muy sesenteros hasta en el detalle de los botones, enormes. Eso sí, preparen la tarjeta de crédito. Loewe también tiene una buena colección de minivestidos de algodón y de seda, ideales para jovencitas, aunque tampoco aptos para el bolsillo de recién licenciadas con contratos basura. Otras opciones más asequibles son las de Antonio Pernas o Torretta. ¿Más pruebas de que este verano vamos a enseñar pierna? En el desfile de Prada no se vieron partes de abajo, sólo shorts minúsculos y tops importantes. Miuccia dijo al finalizar que sólo le habían gustado las partes de arriba (¡sólo ella puede hacer algo así, es la más!). En Chapeau me contaban que por eso este año han traído muy poca ropa del desfile y la mayoría son básicos.

Total, que la que no quiera renunciar a ir a la moda, ya puede empezar con las sesiones de masajes, aparatos contra la celulitis, clases de step, pilates y cualquier otro invento o mejunje que ponga en forma la parte de nuestro cuerpo que vamos a enseñar. Que no nos vaya a pasar como a una señora, que se puso un supermodelazo para una boda, un vestido sin mangas, pero como ya tenía una edad se le veían todas las mollitas del brazo y no podía quedar peor. ¡Fatal, fatal!

domingo, 4 de febrero de 2007

PARÍS, MILAN... ¿Valencia?


A juzgar por lo que se ha dicho esta semana sobre la Pasarela del Carmen, el prêt-à-porter valenciano está a la altura del de Milán, París o Nueva York. Se exagera tanto que da vergüenza ajena. Y no sólo con los diseñadores, sino hasta con las modelos. El jueves entrevistaban en Canal 9 a Marisa Jara (más conocida por ser la novia de Joaquín Cortés que como modelo): “Después de desfilar en Milán, París y las mejores pasarelas, ahora te tocaba Valencia, ¿verdad?”. La chica se queda mirando con cara de alucinada y responde: “Bueno, desfiles he hecho pocos; me he dedicado más a comerciales y anuncios publicitarios” (tierra trágame). En este empeño por decir que somos lo mejor del mundo mundial, nos pasamos más de tres pueblos…

¡Ojalá la Pasarela del Carmen fuera como Milán o Nueva York! ¿Dónde hay que firmar? La realidad es que ya quisiéramos parecernos a Cibeles o Barcelona, al menos por el nivel de los que desfilan. Para que se entienda mejor: entre todos los diseñadores del Carmen, que son más de quince, no suman ni la décima parte de los puntos de venta o facturación que tiene uno solo de los que desfila en Cibeles, llámese Antonio Pernas, Angel Schlesser, Roberto Torretta o Agatha Ruíz de la Prada. No se trata sólo del talento del diseñador, sino de su capacidad para crear una empresa de moda con un producto que se vende y da beneficios. Salvo excepciones, como Dolores Cortés o Hannibal Laguna, la mayoría de nuestros diseñadores de prêt-à-porter son jóvenes (o no tan jóvenes) que cuentan con pocos medios y tienen que sacar adelante cada desfile con muchísimo esfuerzo.

Esta misma semana, en otro programa de Punt Dos entrevistaban a un diseñador del Carmen. Pregunta: ¿Dónde se puede comprar tu ropa? Repuesta: “Umm, bueno, en Valencia tengo algo en la tienda de mi amiga Tonuca y también vendo fuera de Valencia, en Catarroja…”. Pasa un ángel. La presentadora sigue esperando y el diseñador ya no sabe por dónde salir. ¡Tierra trágame otra vez!

En la respuesta a esa pregunta tan de cajón está la madre del cordero: nuestros diseñadores apenas tienen puntos de venta porque casi no se conocen (ni en Valencia), no tienen estructura empresarial suficiente para crear marcas potentes, red de distribución, marketing, etc, etc. La Pasarela del Carmen está para ayudarles y esa es su principal misión, apoyar al diseño emergente. El Carmen no es una pasarela de firmas consolidadas como Madrid o Barcelona y si nos obcecamos en decir lo contrario estamos haciendo un flaco favor a estos diseñadores, que lo que necesitan es subsanar sus carencias, vamos, vender a mogollón, crecer y tener empresas fuertes, no que les digamos lo extraordinarios y fantásticos que son, que de la vanidad no se come. Menos mal que alguien pone un poco de sensatez en todo este desatino. La secretaria autonómica de cultura, Concha Gómez, al preguntarle si Valencia es un referente consolidado en el mundo de la moda, responde: “a mí me gusta ser muy cauta en estas valoraciones”.

Si en el prêt-à-porter (confección industrial) no podemos presumir de ser los más altos y guapos, en los desfiles de alta costura sí que hemos dejado el listón bien alto. La colección homenaje a la costura clásica de Marta de Diego era para llevársela enterita. Y la de Juan Andrés Mompó, en su línea de siempre, tan sensible y delicada. Y la de Presen Rodríguez, juvenil y fácil de llevar que dan ganas de tener una boda para ponerte cualquiera de los vestidos “chica ye-ye” de los sesenta. Los desfiles del viernes noche dejaron claro que la alta costura valenciana –a diferencia de la confección industrial- no tiene nada que envidiar a los grandes de la Haute Couture de París. Esta vez, sin exagerar.