miércoles, 27 de marzo de 2013

Hay que arriesgar

Para ser excepcional hay que arriesgar”; ¿es bueno, verdad? Podría ser la máxima de un empresario de éxito, de un artista o de un científico. También podría haberlo dicho algún político en la inauguración de un máster para jóvenes emprendedores o el entrenador de un equipo de fútbol después ganar un partido decisivo con una alineación polémica.


Pues no. La autora es Laura Fitera, matrona y asidua a fiestas, inauguraciones, cócteles y demás reuniones de la alta sociedad valenciana. “Si eliges para vestir un petit robe noire (el típico y soso vestido negro) y no te plantas un verde azulejo, seguro que no llamarás la atención, irás de lo más discreta y no fallarás. Pero si quieres ser excepcional tienes que arriesgar”.

Hace unos días, Laura Fitera casó a su hija Blanca y siguiendo su máxima lo hizo arriesgando. Desafió a la cansina tendencia al minimalismo y a los estereotipos dogmáticos que rigen en las bodas. Llenó la Iglesia del Carmen de terciopelos y brocados rojos y antiguas pasamanerías doradas, junto con escarapelas y centros florales realizados con espigas doradas y olivo. Una alfombra roja rodeada de murta evocaba la procesión del Corpus, creando a su vez un ambiente digno del Gatopardo de Visconti.

El modisto Juan Andrés Mompó diseñó el vestido de la novia, de estilo princesa y líneas Balenciaga en raso de seda natural, rematado por una cola de tres metros y medio, ¡sin medias tintas! El ramo, con 25 rosas rojas, espigas doradas y multitud de violetas, y la decoración floral fueron de su tía Yolanda Fitera.

Blanca, otra tía de la novia, artista y también enamorada del riesgo, le hizo una corona espectacular cuya pieza central era una reliquia de San Martín de Hoyos. También confeccionó el gran broche que sujetaba la cola, realizado con antiguas planchas metálicas del Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen de la Caridad del Cobre. Y en los zapatos de la novia, bordó la leyenda "Lamour duré sans fin". Blanca Fitera llevó un traje de Carven azul noche, adornado con uno de sus broches en tonos rubí.

La entrada se realizó en forma de cortejo, el del novio con su madre Antonia Serna, vestida de rojo con la tradicional teja y mantilla; y el de la novia, que entró del brazo de su padrino, el anestesiólogo Miguel Ágreda, precedida de sus primos, sus tíos, su hermana Cayetana de dama de honor, con un vestido en verde de Juan Vidal, y Laura Fitera del brazo del padre del novio, Luis Blanquer.

La música de la ceremonia fue un concierto de la orquesta de cámara Ciudad de Valencia, con piezas de Haendel, Wagner, Schubert y Luluy. La sorpresa vino de la mano del cantante Francisco, que cantó el Ave María de Schubert y el Nessun Dorma de Puccini.

La cena se celebró en la Vallesa de Mandor, decorada tan espectacular como la iglesia. Entre los invitados, Enrique Senís, Teresa Bas y Juan Viña, Javier Calvo, Matilde Conesa, María José Navarro, María José y Juan Antonio Murgui, El matrimonio Díaz Cisneros, Eloy Durá y Mamen Rivas, Ángeles Fayos, Mayrén Beneyto, Marisa Marín, Miguel Fitera y señora, el cantante Francisco, con su mujer Paca y su hija María, Juan Carlos Ramón e Inma Sobrino, Emi García-Cueco, Paula Escrivá, Mari Carmen y Mari Amparo Senent, Ramón Pascual Maiques, tío de la novia, y sus hijos Borja y Ramón Pascual, Carmelo Modú, secretario de estado de Guinea Ecuatorial, y señora, la familia Montesinos-Berry, Rafa Rodríguez y Sara Sáez, periodistas de El Mundo y Yo Dona, Catita Puchol y su hija Rocío, Nidita Guerrero, Elvira Catalá, Elvira Selva, Manuel Picazo, Emilio Moreno.

Vamos, que las Fitera montaron para una de sus hijas una boda que rompió con todos los cánones minimalistas con los que nos bombardean las revistas de estilismo e interiorismo. Innovaron, arriesgaron y triunfaron.

miércoles, 20 de marzo de 2013

¡Snif, snif, nadie nos quiere!

¿Qué hemos hecho para merecer esto?, perdemos las cajas, perdemos el banco, estamos a punto de perder el Valencia, se olvidan del agua, nos dan un cambiazo trilero con el Corredor Mediterráneo y antes de ayer, justo cuando nos estábamos haciendo los preparativos para olvidar nuestras penas durante cuatro días, nos envían a los inspectores de Hacienda para recordarnos que nos vigilan. ¡Snif, snif!, a mi me da que no nos quieren.


¿Irán los hombres de Montoro a pedir las facturas a las casetas de la Feria de Sevilla?, ¿tendrán lo que hay que tener para plantarse el Barcelona el día de Sant Jordi y pedírselas a las collas de castellers?...

El tiempo lo dirá. Por lo pronto deberíamos ir haciendo algo para recuperar el cariño perdido. Se me ocurre que la Junta Central Fallera podría invitar mañana a Montoro a desfilar en la Ofrenda y para que no se sienta solo podría acompañarle alguna de las chicas influyentes en el Gobierno de Madrid. Es más que vengan las dos: Soraya y María Dolores y que se piquen entre ellas a ver quién desfila con más garbo.

A mi da que a la manchega le favorecerá más el vestido que a su eterno rival femenino, pero ¿quién sabe?; Soraya es muy capaz de sorprendernos a todos. Lo que no me perdería por nada del mundo es ver a Montoro vestigo de saraguey entrando en la plaza, bajo la mirada inquisidora del público asistente, mientras él calcula a ojo de buen cubero el número de ramos de flores que hay en el mantón de la Virgen y les aplica el correspondiente 21 por ciento de IVA, y sonríe mientras piensa: "¡Uff!, aquí hay una pasta, que vengan mañana los inspectores y que no dejen de contar ni una flor, quiero hasta el último céntimo. ¡Je, je!, de esta no os escapáis".

Luego que se vayan al castillo y ahí sí que quiero ver yo a las dos mandamases juntas: Soraya y Lola mano a mano en la terraza del Alameda Palace, bajo la escudriñadora mirada de los asistentes. Las dos reivindicando el protagonismo que merecen con su mera presencia. ¿Quién será la primera en ponerle la zancadilla a la otra?, ¿cuál de las dos desparramará disimuladamente la salsa de su plato sobre el vestido de la otra?, ¿quién pegará el codazo más fuerte en los riñones de adversaria para conseguir mejor sitio en la primera fila? Y mientras tanto Montoro sacando cuentas: tantos petardos a tantos euros el petardo, tanto de IVA, ¡je, je!, "Rita, quiero las facturas de cada gramo de pólvora y cada centímetro de mecha. Mañana mismo te mando a mis chicos".

Y el martes la cremá. A Montoro podría darle un mal viendo arder las fallas: ¡Altoooo!, no hagáis eso, ¿os habéis vuelto locos?, ¡vais a destruir las pruebas!, necesito saber cuántos kilos de cartón hay en cada falla, porque cada kilo vale una pasta y quiero el veintiuno por ciento de todo..¡altoooo!, no hagáis nada hasta que mis chicos lo hayan pesado todo. ¡¡¡Ritaaaaa, te ordeno que detengas esta insensatez!!!!

Mientras las otras dos, en el balcón sonriendo al público pero sin perderse de vista la una a la otra: ¡Ja, si te crees que te vas a poner tú más cerca de la Fallera Mayor que yo, vas lista, antes muerta. Ese es mi sitio guapa, que yo mando más que tú!

Luego, cuando por fin suene el himno, les cantaremos todos con fuerza emotiva aquello de "Per ofrenar noves glories a Espnya", quizás entonces se sientan un poco culpables y decidan querernos un poco.

lunes, 11 de marzo de 2013

Mascletà y paella para olvidar las penas


La burguesía tradicional valenciana no vive sus mejores momentos. Lo del Banco de Valencia ha sido un misil en la línea de flotación de sus finanzas. Pero bueno, ahora estamos en fallas, toca desconectar y eso es lo que hicieron buena parte de las mujeres de la alta sociedad valenciana el martes a la hora de la mascletá el martes pasado.

Buena parte de los apellidos bien de Valencia tenían repartidos sus ahorros en tres cestos: los campos de naranjas, los pisos en el centro de Valencia y, ¡tachán!... las acciones del Banco de Valencia. Durante décadas su estrategia financiera consistía en vivir de lo que honradamente ganaban con su trabajo (médicos, abogados, arquitectos…), sabiendo que cada año llegaría un pellizco, más o menos grande, con la venta de las naranjas. Con lo que se sacaba de la cosecha se renovaba lo que hubiese que renovarse: el coche, la reforma de la casa, el piso para los hijos, la boda de la niña… Y buena parte de lo que sobraba de todo eso se invertía, año tras año, en acciones del Banco de Valencia. Ahora el panorama es el que es: los campos cada vez valen menos, los pisos no hay quien los coloque y las acciones del Banco han acabado donde acabarán las fallas dentro de diez días. Así es que el desastre ha sido mayúsculo para las arcas de los apellidos que habitan el ensanche y el centro de Valencia.
Lo que parecía inamovible se ha movido, lo que parecía un paradigma de la seguridad financiera ha acabado esfumándose. Por eso se dice que ahora el dinero ya no está en la calle de las Barcas sino en los polígonos industriales, donde algún que otro hábil empresario mantiene una empresa rentable.
Con ese panorama llegan las fallas de 2013, que este año más que nunca podrían materializar la simbología de quemar el pasado y empezar de nuevo con la vista puesta en el próximo año. Y las fallas para buena parte de las mujeres de la alta sociedad valenciana, afectada o no por el maremoto financiero, empezaron el martes pasado en el Ateneo de Valencia. Allí fueron, a ver la mascletá y comer, más de trescientas mujeres titulares de los apellidos valencianos más conspicuos, convocadas por María José Albert con la noble excusa de echar una mano a la Fundación Valenciana para la Neurorehabilitación –Fuvane-.
La lista de la distribución de las mesas ya evidenciaba el poderío reunido y al entrar al salón,  os lo podéis imaginar: trescientas cuarenta mujeres juntas, sin más hombres que los camareros y los tunos que amenizaban la fiesta. Mujeres de toda edad y cuna: altas, bajas, mayores, jóvenes, solteras, viudas, casadas, separadas, aspirantes a estarlo (casadas, digo, que no separadas, aunque también).
María José Albert pensaba que la convocatoria tendría éxito pero no tanto, ¡trescientas cuarenta mujeres! Junto a María José Albert, las autoras de la proeza son Susana Perez-Manglano, Mayayo Gómez -Lechón, Amparo Moreno, Pilar Pons, Santi Aguilar, Begoña Ciscar y Beli Botella. La capacidad de convocatoria de estas mujeres no tiene rival, seguro que más de una empresa las fichaba para el departamento de marketing.
A la comida fueron Cuchita Lluch, Paloma y Cristina Serratosa, Mª José Solaz, Marta y Susana Pérez-Manglano, Beatriz Pechuán, Marisa Martínez-Medina, Irina Manglano, Rocío Andrés, Esther Barrera, Margarita e Isabel Gómez-Ferrer, Carmen de Rosa, la hermana de Fernando de Rosa y futura presidenta del Ateneo.
Mujeres de poderío, como Amparo Lacomba, que ayer noche recibió un premio de la Plataforma de Mujeres Empresarias de Alicante, y Rosa Morera, que la semana pasada invitó en Max Mara a sesiones de maquillaje de la firma Mac. Verónica, la maquilladora, es una artista y te deja la cara como la de una quinceañera, luminosa y sin que parezca que vayas maquillada.
A la cita en el Ateneo acudió también la mujer de Juan Roig, Hortensia Herrero, Elena Bordills, Amparo Picó, Fina Valera, las hermanas Cañamás, Ana Colomer, Amalia de Gregorio, Belén Corell, Mª Ángeles Fayos, del teatro Olympia, la encantadora María José Navarro y también las hermanas Fitera, Blanca y Laura, que ayer casó a su hija por todo lo alto.
Al acabar la comida, Mª José Albert dio las gracias y dijo que con el apoyo de todas habían desbordado todas las expectativas, y dio las gracias por ayudar a una función que trabaja para que la vida de los niños y de sus padres sea un poco más fácil.

martes, 5 de marzo de 2013

Timba de póker para chicas

El Casino Cirsa ha montado para el miércoles por la noche una timba de póker femenino. Puede que sea divertido pero la verdad yo lo veo como muy de tíos, no sé; piensas en póker y lo que te viene a la cabeza es habitación cerrada, poca luz, mucho humo, whisky y hombres, muchos hombres. En todo caso alguna que otra chica con cara y ropa de llanero solitario. Pero nunca te imaginas a un grupo de nosotras, hipermegamonas de la muerte, con nuestra última falda de Gucci y las uñas recién arregladas diciendo con cara seria: “Voy”, y la otra que le suelta: “veo los tuyos y cincuenta más”. Mientras tanto, el resto de la mesa, seria y en silencio pendiente sólo de lo que ocurre sobre el tapete. Vamos, esto último ni de coña, ya me veo a toda la mesa gritando, riéndose y haciendo cábalas de lo que lleva cada una:

- Esa lleva un trío.

- Qué trío, pero ¿qué es un trío?

- ¿Es más que full?

- Que no hija, que el full va detrás del póker.

- Qué dices, primero full luego póker.

- Que no, que yo tuve un novio sueco que jugaba mucho y me acuerdo

Y ale, a llamar al marido de alguna para que aclare la situación.

En fin, ya veremos cómo queda. A lo mejor funciona y para cuando nos quedemos viudas en vez de quedar para jugar a la brisca y beber mistela, nos jugamos los ahorros de nuestro Pepe al póker entre chupitos de bourbon.

El día antes, martes, habrá otro planazo femenino: comida de mujeres para ver la mascletá en el Ateneo. Lo que se recaude será para la fundación Fuvane, que ayuda a niños con parálisis cerebral y ya se han apuntado trescientas cuarenta. El viernes día de la mujer y también se han montado varios saraos, entre ellos uno en el Museo de la Ciudad. Será una exaltación del poder femenino: la cantante de ópera, Carmen Bou, descenderá del techo cantando con un vestido diseñado ex proceso por Francis Montesinos y una “joya poema” de Vicente Gracia.

Vamos, que tenemos una semana de lo más femenina. Para que luego digan de nosotras que sólo sabemos hacer planes para salir de compras. Que dicho sea de paso, no tiene nada de malo. Tanto es así, que una empresa ha creado una ruta de compras para turistas. La idea no es nueva, porque se hace en otras ciudades y en Valencia ya llevan dos años haciéndolo con grupos pequeños. La novedad es que esa empresa ha llegado a un acuerdo con El Corte Inglés y la ruta se va a hacer todos los viernes. El que se quiera apuntar pagará dieciocho euros, les llevarán por las calles más comerciales de Valencia y les enseñarán también el comercio tradicional, productos de artesanía, diseñadores valencianos como Marta de Diego y Francis Montesinos, y también franquicias españolas como Bimba y Lola.

Dice María Cosín, que trabaja en esto desde hace años, que los mejores clientes son los rusos, que no paran de comprar: vamos algo así como los españoles de haces ocho años, que llegábamos a Nueva York y cargábamos media ciudad. Además, a los rusos le chifla la estética recargada valenciana, vamos un chollo de clientes. Los japoneses y los chinos buscan mucho las marcas como Loewe (la semana pasada presentó su nueva colección a medida en el Hotel Caro); y los alemanes e ingleses son los más comedidos, les gusta Custo y los zapatos pero antes de sacar un duro se lo piensas siete veces; ¿será que la influencia de Merkel ha calado más de lo que parecía? Yo la verdad es que esa mujer sería la última compañera que elegiría para salir de compras, uff, con ese look tan luterano y austero, seguro que todo lo ve caro y te acaba convenciendo de que es pecaminoso gastarse más de veinte euros en un bolso.

lunes, 25 de febrero de 2013

Vamos a darle color a la vida

Esto no puede seguir así, tenemos que hacer algo para cambiar el triste color de este país, y ya se ve que en la Carrera de San Jerónimo no acaban de encontrar los pinceles. Menos mal que llega la primavera, el pistoletazo de salida que necesitamos las españolas para llenar de color las calles. Adiós a este largo y ventoso invierno que ya no hay quien lo aguante.


La primavera está a la vuelta de la esquina. Y en el último número de Telva ya nos avanzan que viene muy colorida, con muchos amarillos y naranjas. Es justo lo que necesitamos las españolas para cambiar la negritud que ha invadido este país. Tenemos un deber para con nuestra patria, así es que recortemos nuestras faldas, guardemos nuestras bufandas, alarguemos nuestros escotes y vistamos de naranja y amarillo. Salgamos así a la calle y devolvámosle la alegría a este país. La primera cita de nuestra revolución pueden ser las mascletás, así es que, ¡ale!, a llenar de color la Plaza del Ayuntamiento.

La que quiera ir haciéndose a una idea de por dónde va a ir nuestra revolución puede darse una vuelta por las tiendas de Valencia. Salvatore Ferragamo ha sido de las primeras en sacar las colecciones de verano. En cuanto entras en la tienda de Poeta Querol, te topas con tres maniquíes vestidos de color naranja. Si alguna no tiene estos colores en su carta de color, siempre puede llevarlos en los complementos. Este verano habrá carteras, bolsos, zapatos (de tacón y bailarinas) y pañuelos en naranja y amarillo a tutiplén. En Chapeau zapatos también viene mucho color en accesorios: además del naranja y amarillo, verdes, rosa palo y azul cielo.

TCN, otra de las tiendas que ya ha sacado la ropa de verano, también tiene naranja, aunque en la variedad mandarina: rebequitas, pantalones y vestidos. Las más atrevidas, pueden probar con toques de naranja flúor en los botines de ante e incluso hay combinaciones lenceras en seda naranja y verde flúor. El resto de la tienda está llena de color: azul lavanda, verde esmeralda, aguamarina, mucho coral, oliva y tonos pastel como el té verde y el amarillo vainilla.

Los jeans de colores también darán mucha alegría al verano. En TCN los tienen en colores vivos como el verde esmeralda, el coral y el azulón. Y Alejandra Montaner tiene todo un burro lleno de pantalones pitillo de colores vivos de Twenty8T, en amarillo, fresa, rojo… ella aconseja combinarlos con una camisa vaquera de Berenice, una marca francesa que firma sus prendas con un logotipo de alas de ángel. De hecho, el vaquero es otra de las tendencias para este verano y las camisas vaqueras se llevan hasta con falda tubo y zapatos de salón.

La tienda más lujosa y chic de Valencia, Chapeau, todavía no ha sacado las colecciones de verano, lo hará la semana que viene; allí estarán las piezas más emblemáticas de las colecciones de Marni, Prada, Gucci, uff, ¡qué locura! Dice Pilar Puchades que también viene bastante color y que a las mujeres nos gusta verlo pero luego no nos atrevemos a llevarlo y vamos a las piezas más neutras. Por lo pronto, hay que ver las camisetas de algodón de Drug Money Art, una firma que causa furor en los Hamptons, la costa más glamourosa del mundo, donde veranean los neoyorkinos más pijos. Son perfectas para Semana Santa, como las de Alexander Wang, el diseñador que va a sustituir a Nicolás Ghesquierè en Balenciaga. A Ghesquierè lo van a echar muchas mujeres de menos, entre ellas Maite Sebastiá, la valenciana redactora jefe de moda de Telva adora al diseñador y dice que su despedida fue magistral.

Dice la revista que los estampados africanos serán otra de las tendencias del verano. Si se cumple el pronóstico, Alejandra Montaner se va a quedar sin vestidos, porque ha traído un montón de vestidos estampados de la firma francesa Antik Batik. Alejandra acaba de llegar de un viaje a India y está acentuando el estilo bohemio y chic de su tienda: pashminas bordadas a mano, bisutería artesanal, piezas de macramé y los bolsos de World Family Ibiza.

Lo dicho, chicas, a la revolución; quién sabe, a lo mejor los políticos nos siguen y entre todos conseguimos cambiar el triste panorama de la vida pública española. Ya me estoy viendo a Rajoy, este verano, con un traje naranja y unos zapatos amarillos haciendo un llamamiento a la nueva España que nace llena de color y alegría.

lunes, 18 de febrero de 2013

Cosas de chicas

Dicen los hombres que nosotras no tenemos hobbies y que por eso nos ponemos pesadas cuando ellos nos anuncian que van a salir con sus amigotes para hacer algún plan sólo de hombres. Hay que reconocer que algo de razón tienen, quién no ha tenido una bronca con su chico por eso y él le ha contraatacado diciendo: “pues sal tú sola con tus amigas cuando quieras que yo no te diré nada”; en ese momento juras venganza, pero la puñetera verdad es que ese día nunca llega porque rara vez consigues agrupar a tu cuchi pandi.


Ellos han sabido reservar mejor que nosotras sus espacios: el fútbol, el póker, el dominó, el almuerzo de los sábados… Son lugares en los que nuestra presencia, si no prohibida, al menos sí resulta embarazosa: ¡qué demonios pinta cualquiera de nosotras en uno de esos almuerzos llenos de griterío, cacaos, aceitunas chafadas, bocadillos de fritanga con all i oli, vino peleón y carajillos! Y ahí estás tú, tomándote un bocadillo de calamares para no desentonar, los muy condenaos se repiten más que las exclusivas amorosas de Carmen Martínez-Bordiu, pero aguantas el tipo y te acabas el bocadillo. Intentas entrar en la conversación y no hay manera. A los quince años pensabas que eso te pasaba porque eras una sosa, ahora crees que el problema no está en ti, sino en ellos que son un trogloditas involucionados que hablan de las mismas cosas a los dieciséis que a los cuarenta y cinco.

A nosotras nos quedan pocos de esos espacios reservados y cuesta entenderlo porque la verdad es que suelen ser más divertidos. No cabe duda que una clase de Pilates pierde la mitad de su gracia cuando metes allí a un par de tíos que para lo único que sirven es para estropear las conversaciones y para cortarte cuando toca abrir las piernas para ejercitar los abductores…¡uff, qué pereza dais, chicos!

Otro de esos espacios femeninos sigue siendo el de los preparativos de una boda. Por ahora, ellos siguen asumiendo su papel segundón. Nosotras nos ocupamos de encargar los vestidos, de organizar la cena de la pedida de mano, de las flores, los regalos, la música, las invitaciones, los detalles para los invitados… vamos, de todo. Y en eso es en lo que están ahora las hermanas Fitera, musas incuestionables de la sociedad valenciana. Una de las hijas de Laura, Blanca Gadea Fitera, se casa el nueve de marzo con Jorge Blanquer. El vestido de la novia y de su madre los está diseñando Juan Andrés Mompó, pero por lo pronto la semana pasada se celebró la fiesta de la pedida de mano. Blanca hija llevaba un cuerpo de Prada, una falda bordada por su abuela con flores de seda y un collar diseñado por su tía Blanca. La madre y la tía eligieron vestidos de Juan Vidal, uno de los diseñadores valencianos con una trayectoria más sólida y prometedora. Su colaboración con Peronda Cerámicas le ha llevado a desfilar este mes en Ucrania, ¡nada menos! con su colección “Candela”. Vidal salió el sábado en uno de los editoriales de moda del Yo Dona de ayer como una de las jóvenes promesas del diseño español.

Y hablando de planes de chicas. el 5 de marzo, en el Ateneo Mercantil hay un súper plan de chicas con mascletá, comida y sorteo benéfico a beneficio de Fuvane, la Asociación que ayuda a los niños con parálisis cerebral por la que se están dejando la piel un montón de gente liderados por el periodista Eduardo Alcalde.

¡Uy, perdón que tanto hablar de mujeres me había olvidado de Francis Montesinos!, hoy presentará en la Mercedes Benz Fashion Week su colección del próximo verano. Allí estarán sus chicas incondicionales: Daniela Bose y Paola Dominguín, Ana Fernández y también Beatriz de Orleans, María Reyes, Marcos de Quintos y Carmen Lomana.

lunes, 11 de febrero de 2013

La austeridad cambio el frasco, no el perfume

¿Alguna vez te ha pasado que has tenido que ir a una cita o una fiesta con un vestido que ni fu ni fa porque no te llegaba para el que tú querías?, ¿te has puesto una y mil veces delante del espejo de tu habitación, con la puerta cerrada y has tratado de convencerte de que no estás tan mal? Sales de la habitación y en la primera mirada de tu chico detectas que él piensa lo mismo que tú, pero sonríe y te dice que estás monísima. Probablemente él lo dice de verdad porque a sus cuarenta y muchos todavía no distingue un cashmere de un acrílico, pero tú crees que miente piadosamente. Te sientas en el coche y quieres que la fiesta acabe cuanto antes, para volver a casa a enfundarte en tu pijama y perder de vista lo que llevas puesto.


Pues más o menos esa era la sensación de decepción que se vivía en al entrar en el palacio de la Exposición durante la última edición de la Valencia Fashion Week. Allí estábamos los de siempre, sonriéndonos como siempre y haciéndonos las mismas preguntas triviales de siempre: ¿qué tal?, ¿cómo vas?, ¡que mona te veo!... Mirabas a tu alrededor y sentías la crisis circular por tu venas. No había gente Vip y glamurosa del mundo de Jorge Javier Vázquez, tampoco docenas de coches oficiales ni ejércitos de cámaras de televisión. Todo eso se ha ido en cuanto ha menguado el presupuesto: ¡valientes y fieles amigos de la moda valenciana, que nos han abandonado en cuanto no les podemos llenar los bolsillos!

Las que no fallaron fueron las incombustibles hermanas Fitera que se toman muy en serio lo de ir a un desfile y llevan unos vestidos ideales, uno distinto para cada día. También se dejó ver Jesús Mariñas.

Por lo demás, arriba, en la pasarela, si cerrabas los ojos a lo que giraba a tu alrededor, la verdad es que no había gran diferencia con ediciones anteriores. Vamos que ha cambiado el frasco, no el perfume. Hubo desfiles buenos como el de Javier Villajos, elegante pero con ese punto gamberro, vistiendo a sus chicas yeyé con lanas tejidas a mano, brocados de seda natural, creps, tules, pedrerías y lentejuelas. Pepe Botella con sus vestidos joya y sus novias entubadas; Amparo Chordá, una clásica de la buena costura valenciana, Juan Andrés Mompó, que lleva años vistiendo de gala a la burguesía valenciana. Sin estar en el cartel se notó la presencia de Antonio Beltrán, un zapatero de Petrer, que vistió los pies de las modelos de Chordá y Botella.

Entre los más jóvenes destacó el trabajo de Miguel Vizcaino y Aurelia Gil. Y entre lo más rompedor, Anillarte, una firma muy vanguardista que viste a las modelos con pantalones de latex de estética sadomaso y con tops de una malla confeccionada con piezas metálicas. Lo de esta diseñadora recordaba mucho al Paco Rabanne de los setenta, con sus propuestas futuristas.

Al final, como siempre en esta pasarela, hubo mucho de todo, un totum revolutum: clásico, vanguardista, novia, fiesta, costura… y dos huevos fritos. Y quizás sea precisamente esa variedad la que impide a la Valencia Fashion Week hacerse un hueco en el mercado de las pasarelas: “un producto para todos es un producto para nadie”, decía un viejo profesor de marketing. Probablemente haya que reinventarse para encontrar ese hueco en el competitivo mundo de la moda, habrá que especializarse en algo.

jueves, 7 de febrero de 2013

Distrito 10, Montesinos y la movida valenciana

Los viernes salías del colegio, te habías puesto tus Levi’s etiqueta roja con botones y el último suéter de Privata y subías en el autobús para ir a Distrito. Te preocupaban dos cosas: una, si te dejarían pasar porque todavía no tenías los dieciséis; dos, y más importante, qué le dirías al chico que te entrase. La última vez fue un desastre, no supiste hacer otra cosa que reírte e ir a cuchichear con tu amiga. El chaval se fue y debió pensar que eras una pava de armas tomar. Lo peor es que todas tus amigas aseguraban que ya habían besado a un chico y tú seguías sin comerte un colín aunque, claro, eso sólo lo sabías tú. El caso es que si alguien te entraba tenías que saber reaccionar, lo habías ensayado toda la semana, pero entonces no había internet, ni Tuenti ni ninguna otra fuente de la que beber el saber del coqueteo. Así es que andabas más perdida que Manolete en una conferencia de Ortega y Gasset.


Una vez dentro, aquellas luces, aquella oscuridad, las escaleras, la música y tú sin saber qué pedir porque el alcohol te echaba para atrás, pero no ibas a ser tú la única que pidiese un sanfrancisco. Buscabas al chico con el que habías cruzado cuatro miradas el viernes anterior y que no te habías quitado de la cabeza en toda la semana. Y al final siempre acababas en la pista, bailando Alaska, La Mode, Los Inhumanos y demás.

¡Qué tiempos!, seguro que hubo ratos malos, muy malos, pero sólo nos acordamos de los buenos, por eso hay nostalgia de los ochenta. Por eso y porque fueron años muy creativos, España se modernizaba, se europeizaba, se expulsaba sus complejos. Dejábamos de ser un país diferente, adiós a la mojigatería, al machismo y a los miedos pueriles. Todo eso se tradujo en buena música y en nuevas formas de divertirse. Era la Movida.

Aquella creatividad de la Movida se echa de menos y quizás por eso vivimos un momento de revival ochentero: a finales de este mes se presentará en Madrid el musical “A quien le importa”, producido por José Luís Berlanga en homenaje a sus hermanos Carlos (el autor de la canción de Alaska) y Jorge. El vestuario es de Francis Montesinos, que además saldrá en un audio poniendo voz a Dali. Francis está que no para, dando los últimos retoques a la colección que presentará el 18 de febrero en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid (¡uff, ya podrían acortar el nombre!).

El viernes por la noche, buena parte de los cuarentones y cincuentones que en los ochenta iban a Distrito 10 se reunieron en el Alameda Palace para recordar viejos tiempos en una de las fiestas remember que organiza Fernando Aliño. Media Valencia estuvo en la fiesta, Francis Montesinos incluido.

Distrito 10 abrió al principio de los ochenta, unos años en los que todo estaba por hacer. En Madrid tendrían su movida, pero aquí, a modernos no nos ganaba nadie. “Salías de copas y te encontrabas con Francis Montesinos, Valentín Herráiz, Mariscal, Antonio Alvarado, toda la gente de la moda”, dice Santi Martínez, relaciones públicas de Distrito. Pero también a gente como el Doctor Murgui, Mayrén Beneyto o al constructor Salvador Benlloch, uno de los promotores de la discoteca junto con Carlos Vila (de Don Carlos), Jonchu Ugarte, de Ugartesa, y el anticuario Manolo Otero. Debieron pasárselo pipa con el proyecto, porque recorrieron las mejores discotecas para inspirarse, incluida la famosa Studio 54 de NY, que inspiró el nombre alfanumérico.

No escatimaron en nada. Ficharon a los mejores DJ de la época, crearon los premios 10 que recibió desde Miguel Bosé a Pepe Navarro, Joaquín Prats, Lydia lozano, Juan José Millas, Victoria Prego, o Pedro Almodovar e innovaron con el one point cash system, una tarjetita con la que pagabas las copas al salir. En la década de los ochenta, Distrito vivió momentos de gloria, ¡en un fin de semana podían pasar hasta diez mil personas! Después llegó la crisis del 93 y Distrito cerró, pero siempre nos quedará el recuerdo.

Foto de Santi Martínez (55 Polo Club)

jueves, 31 de enero de 2013

Triste y sola se queda el Agora

La Valencia Fashion Week abandona El Ágora y se va al Palacio de la Exposición. El antepenúltimo proyecto faraónico del campismo despide así a uno de sus pocos clientes, alguien debería convocar un concurso en colegios y universidades buscando ideas sobre qué hacer con él, a ver si poniendo toda la materia gris de esta Comunidad al servicio de la causa conseguimos darle un uso. Conste que cuando nos lo dieron, nos dijeron que era un edificio multifuncional, vamos que servía igual para un roto que para un descosido; así es que, ¡ale chicas!, a pensar a ver si alguna se le ocurre algo. Mientras tanto ahí seguirá, azotando la conciencia de una ciudad que no supo ser rica.

Mientras El Ágora llora su soledad, la Valencia Fashion Week abandona sus sueños de grandeza; adiós a la pasarela internacional que aspiraba a codearse con las grandes, la que dijo ser la segunda de España, la que alardeaba de traer a Valencia a lo más granado de la crítica de moda internacional, la que veía año tras año el desfile de Alex Vidal entre decenas y decenas de coches oficiales, la que decía que marcaba tendencia, la que aseguraba ser una fuente incesante de ingresos para Valencia y la que iba a crear una industria de la moda que haría palidecer la mismísima París.

Después de ocho años de grandeza el balance es el que es, (¡huy!, que rajoniano me ha quedado esto de “es el que es”) dieciséis ediciones (dos cada año), varios millones de euros públicos invertidos y ni una sola firma que haya despuntado en todos estos años, ni una sola industria que haya generado empleo considerable, ni una sola marca que haya exportado el nombre de Valencia más allá de Contreras.

El dinero público sobredimensionó un evento que no tenía detrás una industria que lo soportase. Creyeron que poniendo una buena guinda, el pastel ser haría solo, que haciendo grandes desfiles y gritando que éramos los mejores, llegarían los pedidos a raudales y que entonces se crearía una gran industria de la moda. Pero no fue así.

Ahora volvemos a los orígenes, una Pasarela más modesta que estará a la medida de un sector que sigue siendo artesanal y que mayoritariamente vive del mercado local. Desfilarán, entre otros, Amparo Chordá, Javier y Javier, Juan Andrés Mompó, Pepe Botella… Los Vidal, tanto el padre como el hijo, dicen que reservan sus fuerzas para ir a los showrooms de Madrid y Milán. Así es que los chóferes de la Generalitat tendrán una noche menos de trabajo.

Menos mal que hay gente que sabe crecer sin alimentarse en el abrevadero público. Esta semana, la Academia Valenciana de Gastronomía entregó sus premios y uno de ellos fue para Dacosta por su tercera estrella Michelín. En persona es un tipo encantador, muy emprendedor y nada divino. Trabaja más que una peluquera en Fallas y él solito está vendiendo Valencia por medio mundo (¡hasta el New York Times le sacó en una de sus portadas!).

A la fiesta fueron el presidente de la Real Academia de Gastronomía española, Rafael Ansón; y su vicepresidente, el Marqués de Griñón, Carlos Falcó, la presidenta de la asociación en Valencia, Cuchita Lluch, Jose Carlos Capel de Madrid Fusión, Julia Pérez de el Mundo y Alejandra Ansón de Elite Gourmet. Este año también se estuvieron en los premios el presidente Fabra y el conseller Máximo Buch, aunque no se quedaron a la comida que se celebró después en el restaurante La Embajada.

¡Aja, lo tengo!, montaremos en El Ágora una escuela de cocina internacional. Le llamaremos la Valencia Internationtar Kitchen, ¡sí, llupi! Y llevaremos conselleres, muchos conselleres, y ministros y famosos del programa de Jorge Javier, y pagaremos a famosos del mundo mundial para que vengan a comer y televisiones y blogueros y ¡ale! A gastar dinero público. ¿Y quién cocinará?, gente nueva que no conozca nadie y que no tenga un restaurante famoso. Dacosta no, ese no, que ese le quitará protagonismo al Director de la Academia…

Pie de foto: El presidente de la Real Academia de Gastronomía Rafael Ansón, el presidente Alberto Fabra y la presidenta de la Academia Valenciana Cuchita Lluch

martes, 29 de enero de 2013

UKE: el éxito está en el producto, no en el autor

Uke suena a un modelo de sofá de Ikea, pero es una firma de moda. La crearon hace dos años una pareja de jóvenes valencianos y ya están vendiendo en Milán, Tokyo y Nueva York. Nadie sabe quién hay detrás (ahora luego os lo cuento) porque esos dos jóvenes entienden que lo importante es el producto y no el autor: ¿os imagináis a Armani en sus buenos tiempos vendiendo ropa con un nombre distinto al suyo?, ¿o alguno de los grandes divos de la moda ocultando su nombre y apellidos tras una marca comercial?. No, ellos no actúan así: ellos crean y tratan de vender lo que crean, si no lo consiguen echan la culpa a la ignorancia del consumidor, a la incapacidad de las costureras, a la falta de ayudas públicas o al lucero de alba.

En fin, el caso es que Uke está triunfando. Los padres de la criatura son Nancy Tarrasó y Álvaro Cano, dos jóvenes valencianos que con poco más de treinta años decidieron montar una empresa de moda, algo que teniendo en cuenta cómo están los tiempos, no deja de ser una heroicidad. Nancy llevaba mucho tiempo metida en el mundo de la moda, había trabajado como coolhunter en el departamento de tendencias de Engloba, una empresa de comunicación, y su marido Álvaro en Sáez Merino, entre otras empresas. A los dos les apasiona la moda, le dieron vueltas y montaron su propia firma.

Eligieron el nombre de Uke porque significa “semana” en noruego y querían diseñar ropa práctica para toda la semana, que dure varias temporadas y que sea fácil de combinar. Defienden el Slow fashion (menos cantidad y más calidad) y el smart shopping (invertir en valores seguros).

En su firma no hay un diseñador estrella, sino ropa para un consumo inteligente, atemporal y versátil. Nancy y Álvaro tampoco quieren desfilar en pasarelas. Dice Nancy que “muchas marcas de autor hacen un gran show en pasarelas pero detrás no hay industria ni tiendas. Teníamos súper claro que queríamos ser empresa de moda, hay que unir el show con la venta, si no vendes no puedes seguir”. Y vaya si lo han hecho. En apenas dos años, han conseguido vender en Opening Ceremony, una de las tiendas más influyentes del mundo, también están en Isetan (El Harrods japonés) en Tokio, en total tienen 5 puntos de venta en Japón, 2 en China, 5 en USA (en NY, en las míticas Madison Avenue y Mulberry Street, en Chicago…) Además de en Milán y Zúrich. En España tienen 15 puntos de venta, uno de ellos en Valencia, en la tienda Patos de Redención. En Madrid se vende en Yube, junto con firmas como See by chloe, Paul & Joe o Vanessa Bruno.

“Al principio fue duro –cuenta Nancy- íbamos tienda por tienda enseñando el muestrario; ahora ya tenemos showroom en Madrid y llevamos dos ediciones en la feria de París, allí es donde Opening Ceremony contactó con nosotros, les encantó la colección y ahora somos la única firma española que vende allí, imagínate!

Desde luego, las nuevas generaciones están imparables. Otra pareja valenciana, Jorge Grau y Raquel Quiles, fotógrafos de moda, inauguraron hace poco su nuevo estudio en Doctor Zamenhof. Jorge Grau es hijo del periodista Paco Grau y aunque solo tiene 23 añitos, ya ha trabajado con las agencias de modelos Carmen Duran y Richy Maroe, en Valencia, y con importantes agencias internacionales de Londres como IMG Models, M+P y First Models.  A la fiesta de inauguración asistieron amigos, modelos y profesionales del sector.