martes, 25 de septiembre de 2012

Slow shopping

Las prisas son un horror, matan al disfrute, a la elegancia, a la felicidad. No es elegante, ni divertido, ni agradable ir por la calle corriendo porque llegas tarde a algún sitio. Todo lo haces deprisa: andas deprisa, te duchas deprisa, comes deprisa, compras deprisa...

Hemos acabado con los rituales y ahora todo puede hacerse de cualquier manera; comes un sanwich por la calle mientras vas al gimnasio porque no tienes tiempo para pararte, y cuando sales pilates, te vas corriendo a por los niños mientras miras los emails; si quieres un café, en el mejor de los casos te lo tomas en la barra del bar, mientras miras el reloj y te desesperas porque el camarero se ha ido a atender a otro cliente y no coge tu maldito café que ya está hecho en la cafetera: ¡venga, tío, que ya está hecho, cógelo de una puñetera vez!

Pero lo peor es que te acostumbras a ese ritmo y llega un día en que corres aunque nadie te espere. Ya no se te ocurre tomarte un rato para preparar un café, sacar las tazas de porcelana, el azucarero mono que heredaste de la abuela, las servilletas de hilo que tanto cuestan planchar, las pastas que compras en un horno que hay a media hora de tu casa, etc. Con lo cual, ya ha dejado de ser para siempre un momento de disfrute y se ha convertido, ya para siempre, en una rutina más que haces mecánicamente y deprisita.

Aplíquese esa endemoniada dinámica a todo lo demás: al baño, a la peluquería, a la comida, a la manicura y, en cuanto te descuidas, también a cosas más serias de verdad, como los achuchones que le das a tu chico cuando llegas a casa: dos besitos, y alé déjame que tengo que preparar los uniformes de los niños.

En fin, chicas, que nos hemos cargado lo mejor de la vida, que son esos momentos insignificantes que vividos con tiempo y cariño nos ayudarían a ser más felices. Quizás haya llegado el momento de replantearse todo esto.

En la calle Colón, han abierto Rituals, una tienda de productos de cosmética y belleza. Su objetivo es “ayudar a la gente a ser feliz, disfrutando de los pequeños detalles de la vida, una taza de té, un baño relajante, una crema de manos…” Es justo lo contario de un hipermercado en el que todo está pensado para que cojas lo que quieres y te largues cuanto antes para no marees y pueda entrar otro a comprar en tu lugar. A Rituals se va a hacer slow shopping, os lo digo porque usando este término vais a quedar de lo más intelectual entre el grupo de las mamás del colegio de tus hijos.

Rituals es una cadena de tiendas que ya está en muchas ciudades de Europa. La fundó un holandés en el año 2000. Raymond Cloosterman, que así se llama el colega, quiso convertir las rutinas de belleza en rituales. Han contratado antropólogos para que estudien rituales ancestrales y a partir de ellos crean productos que están pensados para hacernos disfrutar con cosas tan mundanas como darte un baño o aplicarte crema en las manos.

La modelo Verónica Blume estuvo el jueves en la inauguración de la tienda. Entre los invitados, la presentadora Maribel Vilaplana con su marido Xavier Carrau, Alfredo Esteve, el peletero Gabriel Seguí, Alex Vidal y su mujer Raquel Chillida, el artista Jarr, Javier Calvo, la concejal Beatriz Simón, Julio Guixeres, Vicente Genovés, Maire Girona, Mª Angeles Fayos y la directora de Ferragamo Mª Angeles Miguel.

Así es que chicas, ya sabéis, a partir de ahora hay que ir un poco más despacio por la vida. Y el que tenga que esperar que espere. Para ir entrenándonos, podiamos ir el domingo, paseando tranquilamente y disfrutando de la mañana, al Mercado de Colón a la feria solidaria que se montó a beneficio de la Fundación Pequeño Deseo. Había puestecitos de galletas como el de Isabel Landete, que hace unas tartas espectaculares. Y puedes probar las delicias que prepara Mónica Piñones, comprar un perfume de Santa María Novella, ropa de María Angeles Ferrando, una cartera de pitón de o encargar unas fotos estupendas a Juan Carlos Vega.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Chapeau

Por muy frívolo y consumista que pueda parecer, lo cierto es que las tiendas son el alma de una ciudad; sin ellas la ciudad se entristece, que es lo que les pasa los domingos. Supongo que mañana tendré mi twitter inundado de mensajes llamándome pija, consumista, superficial, vacua y demás, pero que levante la mano la que vaya a París y no reserve una tarde para pasear por los Campos Elíseos aunque sólo sea para echar una ojeada a los escaparates.

Uno de los atractivos de Valencia es precisamente sus tiendas; tenemos más de una que no deslucirían en las grandes avenidas comerciales del mundo. La última incorporación a ese activo de la ciudad es la nueva tienda que ha abierto Chapeau en Hernán Cortes: justo enfrente de donde estaba hasta ahora, pero mucho más grande. Los dueños, Pilar Puchades y José Tamarit, saben lo que se llevan entre manos. Llevan 25 años trayendo a Valencia ropa de las mejores colecciones del mundo. Corría el año 1987, ¡uff!, cuando nosotras estábamos en la Universidad y ya habíamos colgado nuestros suéteres de Privata y nos volvíamos locas por un cinturón de Moschino. En Valencia florecían las tiendas de ropa multimarca: Don Carlos, Manía, 20 años, Celia Montaner…

Parecía que no había hueco para más, pero Chapeau se hizo un nombre con firmas que sólo veíamos en los anuncios de las revistas de moda: Jil Sander, Prada o Gucci. Luego vinieron Marni, Miu-Miu, Lanvin, Balenciaga, Celine, Stella McCartney...

Desde entonces, Chapeau es una de las mejores tiendas multimarca de Europa. En España, sólo Ekseption, en Madrid, puede medirse con ella. Pero las madrileñas tienen ese espíritu castellano que las hace muy clásicas y aquí somos más atrevidas y eso se nota en la ropa que traen las dos tiendas. Vamos, que Ekseption es más sosa.

Confieso que en mi próxima vida, no me importaría reencarnarme en Pilar Puchades: entras en su almacén y allí tienes ropa y más ropa, cardigans de cachemire, chalecos de piel, vestidos de Marni, complementos… Y lo mejor de todo es que la muy canalla se lo prueba todo como parte de su trabajo. ¡Jopé!, eso es un trabajo y no lo del ordenador. Imagínate que cada año te vas a Milán un par de veces a probarte lo mejor de la colección de Prada para ver si le encuentras una arruga o un corte poco favorecedor. Y luego, te vuelves a tu tienda y… ¡ale!, a vender.

Hace un año Pilar y Jose decidieron que Chapeau tenía que renovarse. El reto era hacer una tienda a la altura de otras que hay en Tokio, Nueva York, Londres o Milán. ¡Tonterías, las justas! Así es que cogieron el local que durante años ocupó una tienda de muebles y lo han convertido en paraíso sobre la vieja tierra del Turia para mujeres y hombres de buen gusto y mejor cartera.

La nueva Chapeau unifica las dos tiendas de hombre y mujer, pero cada una mantiene su entrada independiente y su propio espacio, para unirse en un área final donde está el lucernario del patio de manzana; esa luz natural da mucha calidez a la tienda, a pesar de ser una superficie limpia y geométrica tan grande.

El proyecto es del arquitecto Ramón Esteve. “Jose y yo nos conocemos hace muchos años, soy cliente suyo y entiendo la filosofía de la firma; nuestro reto era generar un entorno que reforzase y potenciara la calidad del producto, que tuviera fuerza pero que no restase protagonismo a la ropa y, además, conseguir una tienda que estuviese a la altura de otras tiendas internacionales de referencia, competir al mismo nivel que las grandes marcas”.

Esteve ha partido de la identidad de Chapeau, “he buscado una alta calidad arquitectónica y de diseño que potenciase los valores de la marca”. La tienda está llena de espejos y acero que juegan con los reflejos, la luz, las proporciones, el brillo y el mate, sin embargo, la combinación de todos estos materiales da lugar a un espacio cálido y que te arropa”.

La fachada es negra, “el negro tiene un efecto escenográfico –dice Esteve- genera un marco que da protagonismo lo que enmarca, a los escaparates que hace Jose, que son fantásticos”. El interior es sobrio, limpio, luminoso, geométrico, con materiales neutros y blancos y negros, vamos, muy Chapeau.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Tenemos nueva estrella: Juan Vidal


Un chico de Elda, crecido entre telas y modelitos de Moschino y Versace, va camino de convertirse en uno de los grandes diseñadores de este país. Juan Vidal, además de creativo y bueno, es un emprendedor como hay pocos en los tiempos que corren.


¡Esta sí que es buena! por fin un diseñador valenciano va camino de alcanzar la fama más allá del gran Montesinos. Se llama Juan Vidal… no, no seáis mal pensadas, que no tiene nada que ver con Don Alex, padre, madre, tío y abuelo de la Valencia Fashion Week. No, nuestro Juan Vidal es un chico de Elda, que desfiló dos años consecutivos en la pasarela valenciana y consiguió, eso sí, el premio a la mejor colección, y esta noche desfilará en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid.
A Vidal el oficio le viene de familia. Su padre era sastre y su madre tenía una tienda de ropa de primeras marcas. Se crio entre modelitos de Moschino, Gaultier, Versace y Dolce Gabbana. Estudio bellas artes y luego diseño de moda y se lanzó a diseñar su propia colección. Funcionó tan bien, que en 2005 sus padres decidieron cerrar su anterior negocio y dedicar el taller y la tienda a las colecciones de su hijo: esos son unos padres y no lo que hay por ahí.
A finales del verano pasado, casi sin buscarlo, Vidal tuvo un golpe de suerte. Estaba exponiendo en París en la feria Zip-Zone. Quiso el destino que los diseñadores Dolce & Gabbana, que estaban allí en busca de nuevos talentos para su tienda de Milán, pasaran por delante de su stand. Les gustó su ropa y le dieron cita para dos semanas después. Y ahora viene lo bueno. Juan y su equipo cargaron una furgoneta llena de ropa y se fueron para Milán, cual vendedores de mercadillo, a venderles a los mismísimos Dolce & Gabbana, que se quedaron prendados de la colección. Ese es el espíritu emprendedor que reclama este país y no lo de llorar por no recibir subvenciones públicas de una Generalitat que no puede con su alma.
Poco después, otra boutique hiper mega lujosa de Milán, Luisa Via Roma, lo seleccionó como firma invitada. Vidal está vendiendo muy bien en Italia; en Madrid también tiene dos puntos de venta, en Valencia no termina de cuajar. Linda Vuela a Rio (Gran Vía Marqués del Turia) compró la colección de verano -ahora la tiene de saldo- pero no repetirá este invierno. Es verdad que son prendas caras, entre 800 los vestidos y 2000 los abrigos de seda con apliques de cristal, pero el precio no puede ser menor, es un producto de lujo, confeccionado en su taller, con bordados, remates y piezas puestas a mano. Por eso dice Juan no puede hacer ropa de sport, “me encantaría, pero un camisero de algodón me saldría igual que uno de fiesta”.
Juan Vidal presentó el domingo en Madrid la colección del próximo verano. En primera fila, Marta Chavarri, Nieves Alvarez, Mayte de la Iglesia, Tania Yasera, Sara Vega –la hermana de Paz Vega- Lola Marceli, la mujer de Juanjo Puigcorve. Valencianas, ni una. A Maite Sebastiá, la directora de moda de Telva y una de las primeras en darse cuenta del talento de este chico, el desfile le pilló de vacaciones. Las hermanas Fitera, clientas habituales, tampoco pudieron ir.
Laura Fitera lleva varias temporadas encargándole vestidos y la semana pasada pudo cotillear en su taller de Elda la colección de invierno. “Es de lo más bonito que ha hecho nunca, el tejido es un estampado de impresión fotográfica de las lámparas Tiffany con bordados de crisantemos de rafia y piedras de cristal y los cortes son de alta costura, con tejidos maravillosos; Muchos diseñadores tienen buenas ideas, pero la factura es muy mala;  no es el caso de Juan”.
La colección de invierno se llama Candela y Juan Vidal dice que es la más latina de todas. “Es la sublimación de la figura femenina, una mujer hedonista que necesita salir de una realidad aburrida y evadirse, como las actrices Ava Gardner, Rita Hayworth o Bardot. Los colores de la colección son temperamentales y violentos, muy fauvistas, rojos intensos, amarillos mostaza, naranjas, negros…”
Pues eso chicas, que tenemos que ir haciendo un apartadito en el armario y otro en la cartera, para hacernos con algo de este chico, no vaya a ser que las italianas se lo queden todo.

lunes, 27 de agosto de 2012

A comer y a beber que ya queda poco


Se acaba el verano. Habrá que volver a casa, al trabajo, a los uniformes del colegio, a la dieta; ¡uf!, la dieta, ¡qué horror! El verano nos ha regalado un par de tallas de más y ahora hay que quitárselas a toda prisa para volverlas a recuperar en Navidad y luego vuelta a empezar. No es justo que el peso se gane kilo a kilo y se pierda gramo a gramo: te descuidas un mes, subes a la báscula y ¡zas!, tres kilos más; luego estás otro mes comiendo lechuga, subes a la báscula y quieres morirte, sólo has perdido ochocientos gramos.
En fin,  todavía queda una semana. Hay que aprovechar, comamos, durmamos y bebamos como si el mundo fuese a acabarse, que ya habrá tiempo de sufrir. Claro que hay una alternativa a la dieta y echarse el mundo por montera y abandonar este encorsetado canon de belleza que nos está amargando la vida. Hagámonos fans de Caritina Goyanes (www.telva.com/blogs). Eso sí que sería una revolución y no la pantomima de Juan Manuel Sánchez Gordillo. Caritina es hija de Cari Lapique y hermana de Carla, la ex novia de Fran Ribera Ordóñez. Utiliza la talla 46 por lo menos y es más feliz que un regaliz. Las chicas de Telva la han fichado para que haga un blog sobre cómo ser estilosa con una talla más allá de la treinta y ocho… Me encanta, me encanta, encanta.
El verano no es nada sin ciertas dosis de lujuria: cerveza, calamares a la romana y gintonics con cosas extravagantes, empezamos con las gotitas de fresa y al paso que vamos acabaremos poniéndole astillas de tronco de palmera para darle un aroma a oasis sahariano. A ver si Quique Dacosta, que es un genio en esto de hacernos comer sensaciones, inventa el gintonic definitivo y acaba con esta escalada de insensateces.
Quique estuvo el viernes en la II Muestra de Enoturismo y Gastronomía –Dolia- en el auditorio de Teulada, por cierto, qué auditorio, si alguien lo comprase a buen precio solucionábamos el problema de la deuda española y de la griega. Una maravilla, premio de arquitectura en Chicago por su diseño y por lo bien que se ha integrado en el entorno.
Allí, Quique nos enseñó, entre otras cosas, cómo podemos comernos la humedad de una mañana de invierno en Denia en un plato que ha llamado “bruma” o cómo se pueden convertir las rocas de la playa en un postre de panettone, chocolate y caramelo. Un crack, este chico, que pone en su sitio a esos pesados maridos que van por la vida de cocinitas y que lo único que saben hacer es gastarse una fortuna en el mercado, dejar la cocina hecha un desastre y preparar un arrocito más o menos pastoso.
Dice Quique Dacosta que para conocer un lugar tienes que comer los productos de su tierra. Pues ale, chicas, nos queda una semana para atiborrarnos de coques de esgarraet, arroz a la marinera, pastissets de boniato y bizcocho casero del mercado de Xàbia (recomiendo el de la Señora Pilar, entrando a mano izquierda, pero cuidado con su hijo que en cuanto te descuidas sale de la trastienda y te vende medio horno) y de postre vino moscatel de Teulada. El viernes presentaron una edición especial del Pitágora, un moscatel de aguja que es una maravilla para el paladar por cuatro euros de nada.
Total, chicas, qué más da tres kilos más que tres kilos menos, si decidimos sumarnos todas a la revolución Caritina y presentarnos este invierno en el Mercado de Colón con diez kilos más cada una para enseñarle a Sánchez Gordillo lo que es una revolución de verdad y acabar con la tiranía de los diseñadores.

lunes, 20 de agosto de 2012

De capa caída


La discreción unida a la falta de dinero es un cóctel explosivo para el glamour. Por eso, este verano Xabia está más aburrida que la sala de espera de un dentista. No hay dinero y el poco que hay se esconde para no llamar la atención. La verdad es que debe de ser una faena eso de tener pasta a raudales y no poder gastártela porque la gente dirá que estás provocando. ¡Qué faena!, imagínate que te toca una loto, tienes dinero para arrasar con la última colección de Prada, vas a Chapeau, cargas con veinticinco bolsas, llegas a tu casa, te lo pruebas todo, te ves de lo más mona, y cuando el viernes quedas a cenar, tú misma te das cuenta de que no puedes plantarte de esa guisa en la fiesta de turno porque dirán que eres una pija derrochona y acabarán haciéndote el vacío. Así es que dejas todo eso en el armario y acabas saliendo con tus clásicas bermuditas de Massimo Dutti.
Pues en esas estamos; por un lado mucho rico venido a menos, que ha colgado el cartel de se vende y se pasa la tarde mirando al móvil a la espera de la deseada llamada; por el otro mucho político valenciano dejándose ver lo menos posible y entre unos y otros, las familias bien de toda la vida, conocidos en la zona como los osea, haciendo la vida que han hecho siempre: mucha casa, mucho barco y de vez en cuando alguna cena, pero sin abusar, que la gente bien de verdad siempre ha sido discreta. Gente como de aquí, de siempre, son empresarios como Salvador Vila, Vicente Lacomba, Juan Noguera, Juan Carlos Gómez-Pantoja, el notario Carlos Pascual, los Casanova, los Ballester, políticos como Máximo Buch, Mayrén Beneyto, Rita Barberá o el ministro Garcia-Margallo.
Todos ellos, casi tan discretos como el Duque de Huéscar, que ha pasados unos días en Javea y sólo se le ha visto cenando en Veleta, un chiringuito que está cerca del Parador.
Ha sido casi tan discreto como François Hollande, que eligió Javea para descansar después de ganar las elecciones francesas y sólo se enteraron de su presencia su pareja, la periodista Valerie Trierweiler, y el servicio secreto francés. La flamante primera dama y el Presidente de Francia cenaron dos noches en Piri-piri, un restaurante con vistas a la Bahía de Javea.
La valencianía está de capa caída. El poder valenciano, aquel que antaño decidía los destinos de esta Comunidad e influía en los del país, está desaparecido. Hubo años en los que durante el verano, su epicentro estaba en La Marina, en Benidorm, en Altea, en alguna cala recóndita de Calpe o en el mismo Javea.
Ahora ya no hay epicentro de nada: ni político, ni empresarial ni muchísimo menos financiero. Así es que, desde el punto de vista del poderío valenciano, La Marina está en uno de sus momentos bajos. Quizás haya que decirle a los valencianos lo que algún miembro del gobierno de España dice a los españoles: no fuimos tan buenos cuando nos creímos buenos, ni somos tan malos cuando nos creemos malos.
A muchos kilómetros de aquí, en tierras gallegas, la interiorista Verónica Montijano (la dueña de VM the shop) organizó esta semana una cena valenciana. En Novavila, un hotelito con encanto que su marido José LuísVilanova tiene en las Rías Baixas, el crítico gastronómico Pedro García Mocholí preparó una fideua para lo más granado de la sociedad pontevedresa. No es moco de pavo porque por esa casa pasa gente de lo más ilustre y Verónica está convirtiéndola en una pequeña embajada de Valencia en la tierra que vio crecer a Mariano Rajoy. Dentro de unos días irá por allí Vicente Boluda, invitado por José Luís, que es presidente de la Federación de Empresarios de la zona, a un encuentro con empresarios gallegos.

lunes, 13 de agosto de 2012

…¡GUIRILANDIA!


Entre Calpe y Finestrat se extiende la tierra más cosmopolita de la Península. Demasiado valenciana para los alicantinos y demasiado alicantina para los valencianos. Estamos en  tierra de noruegos, alemanes, británicos, rusos… y ricos, muchos ricos y algún que otro famoso que viene “destrangis” a descansar en los mejores hoteles de Europa.  Bienvenidos a…¡Guirilandia!



Hay que ver lo que ha cambiado este país. Los años del boom económico han servido para que los españoles nos familiaricemos con el lujo y la buena vida. Hace veinte años, cuando hacíamos escapaditas con nuestros novios, el sumun del lujo era encontrarnos un albornoz en la habitación y una chocolatina antes de dormir en la mesita de noche. Lo más de lo más era bajar a la piscina y encontrarte un suelo de teca y unas hamacas que no chirriasen cada vez que dejábamos caer sobre ellas nuestros estilizados pompis.
Ahora, en Benidorm y sus alrededores, hay hoteles que ya los quisieran para sí en el mismísimo Saint Tropez. El Villa Gadea, el Asia Gardens, el Altea Hills o el Sha Wellness son lo más de lo más. En sus piscinas han mojado sus bronceadas pieles gente como Bruce Willis, Bruce Springsteen, Naomi Campbell, Kylie Minogue, Carine Rotfield, la que fuera directora de Vogue Paris, Francois Pinault, el suegro o marido que todas querríamos tener (propietario de Gucci, Balenciaga, Yves Saint Laurent…), Alejandro Sanz, Elsa Pataky, la primera dama rusa y un montón de famosos y royals, expresión muy de Carlos García Calvo, que esta semana está en Valencia con su familia y la que viene, como buen sibarita, pasará un par de días en Sha.
Allí el lujo va más allá del albornoz y la chocolatina. Es un lujo discreto, todo está pensado para que tú no tengas la más mínima molestia, para que no eches nada de menos, para que te sientas en el mejor de los mundos terrenales posibles. El albornoz ya no es uno cualquiera, sino uno esponjoso y mullido que parecen sacados del anuncio de Mimosín.
Lo malo es que cuando has conocido las mieles de la gloria, cualquier otra cosa te parece poco para ti. Así es que ahora tienes tres opciones. Una: que encuentres una vacuna contra la celulitis y te forres vendiéndola. Dos: que de la noche a la mañana heredes una fortuna. Y tres, quedarte en tu casa y consolarte con el viejo dicho de que como en casa en ningún sitio.
La verdad es que la costa alicantina se está convirtiendo en la nueva Costa Azul. Estos días, ha estado por aquí la Jequesa de Qatar, alojada en Sha Wellness, que es mucho más que un hotel de lujo, una clínica de bienestar en la que te dejan como nueva por dentro y por fuera. Vamos, si pasar unos días en esta clínica te garantiza el cutis de la jequesa, valdrá la pena hipotecar las cuatro próximas pagas extras, si no nos las quitan antes.
Dice Alejandro Bataller, el estiloso hijo del dueño del hotel, que cada vez les visitan más chefs famosos, como Ferrán Adriá, o los chefs franceses Joël Robuchon y Guy Savoy, que tiene su restaurante en el Hotel Cesar Palace de Las Vegas y se marchó del Sha la semana pasada. En fin, que algo bueno deben de tener las semillas de mijo y soja, base de la dieta macrobiótica.
Otro referente de la buena vida es el Asia Gardens, en Benidorm, concretamente en la  Avenida del Alcalde Eduardo Zaplana -¡qué cosas!-. Aquí se han alojado mogollón de famosos en busca de unos días de paz y relax, como Bruce Springsteen y Bruce Willis, que se sepa, y otros muchos más que ni hemos sabido ni sabremos.
Paseando por sus jardines una se siente una réplica de Isabel Preysler: lagos, flores, masajes tailandeses, baños, perfumes exóticos, almohadas de plumas… llamadme Isabel.
Cada semana, en torno a la fuente del hall principal se celebra la ceremonia de los deseos, una tradición asiática que consiste en depositar simbólicamente nuestros deseos con una vela encendida sobre el agua. Yo me pido que en mi próxima vida un esbelto Maharaja quede prendido por mis huesos, que ya me encargaré yo de decirle lo que tiene que hacer con su dinero.
Bueno, chicas, os dejo que esta vida, aunque está hecha para mí, no es la mía.

lunes, 6 de agosto de 2012

Juntos pero no revueltos


La sociedad valenciana y la alicantina son como el agua y el aceite; se tocan, pero no se mezclan. No lo hacen ni siquiera en verano, cuando buena parte de los niños bien de Valencia pasan sus vacaciones en la provincia de Alicante, pero ellos no bajan más allá de Calpe o Moraira, y los alicantinos no suben más allá de Benidorm.
Somos así, qué le vamos a hacer: nos pasamos el invierno viendo siempre las mismas caras, y cuando llega el verano lo único que hacemos es cambiar de sitio, pero no de amistades. No es que haya ningún tipo de animadversión, es simplemente que pasamos los unos de los otros.
El viernes por la noche hubo dos fiestas: una en Altea y otra en Denia. El diseñador alicantino Pepe Botella presentaba su colección de fiesta y novia en Altea Hills. Entre el público, mucho ruso y mucho alicantino, pero los valencianos se contaban con los dedos de la mano. A la misma hora, sólo unos kilómetros más abajo, Fernando Aliño y Carlos Gadea daban una fiesta de lo más chic en una de esas casas que todas querríamos tener: Casa Santonja. Jardines, árboles centenarios, estanques, muebles y cuadros antiguos, una torre cubierta de hiedra y hasta una capilla propia donde tu bisabuelo confesaba sus penas a un cura amigo de la familia.
La casa es una de esas que los ricos alcoyanos construyeron a mediados del siglo XIX y allí, sentada en el porche, una piensa que se equivocó de lugar y de año de nacimiento, que lo suyo hubiese sido nacer rica a principios del siglo XX y pasar largos veranos sentada en aquel porche sin más ocupación que encontrarle un buen partido a tu hija y discutir con el arquitecto cómo iba a hacer la casa que te estaba construyendo en Cirilo Amorós para ti y tu descendencia. Un siglo después, buena parte de los biznietos de aquella señora estaban en la misma casa, tomando gintonics y mojitos, comiendo hamburguesas y bailando a ritmo de Madonna. Familias de las que veranean toda la vida en Javea y Denia como los Mataix, los Zaragozá, los Millet, los Cañamás, los Manglano (Alfonso y su hermana Irina), José Luis de Quesada, el notario Ricardo Montllor, el fiscalista Carlos Romero, Miguel Franco Corell, el doctor José Mª Ricart con su mujer Carolina Hinojosa, José de Miguel, Nuria Costa… ah, y Marta Pons, la estilosa mujer de Fernando Aliño. En fin, habrá que hacer un apartadito para cuando casemos a la niña organizar allí la fiesta.
Mientras tanto, en Altea Hills Pepe Botella enseñaba sus diseños ante un centenar de rusos que han ocupado buena parte de la urbanización Altea Hills, la urbanización que promovió Zaplana con los Ballester, los Lladró y Julio Iglesias cuando tenían el sueño de convertir la Comunidad Valenciana en el Miami Europeo y cuando todavía teníamos un sistema financiero que permitía hacer estas locuras.
Altea Hills la están tomando los rusos. Lógico, si eres ruso y te has hecho rico abrazando el capitalismo, no tiene mucho sentido que te pases los largos inviernos encerrado en tu casa de Moscú o San Petersburgo, con aquellas noches gélidas y eternas. Así es que lo mejor que puedes hacer es comprarte una casa en Altea Hills y pasarte aquí diez meses al año, que por algo tienes hasta una Iglesia ortodoxa en la puerta por si quieres redimir tus pecados por haber traicionado los principios marxistas. Y así, en lugar de pasarte la tarde encerrada en casa tomando vodka, te tomas un mojito en la piscina del hotel tumbado en una de las chaise longue que tiene el lounge, o te das un baño con jacuzzi en la terraza de tu habitación mientras ves al fondo el mar y la playa de Benidorm.
Los rusos son geniales, tienen un toque de nuevo rico, pero son divertidos. En realidad son la envidia de cualquiera de nuestros hombres: conducen unos coches que te pasas, llevan ropa de marca y tienen unas novias que provocan un incesante babeo entre los machos ibéricos. Lo siento chicos, ¡las veréis pero no las cataréis!

jueves, 2 de agosto de 2012

Un toque british

Las Olimpiadas dan un poco de pereza; ¡uff!, nuestros hombre ahí echando horas y horas delante del televisor para ver como un cachas hace lo que ellos nunca han hecho ni harán. Pero les encanta la competición, ver quién es más fuerte, más rápido, más hábil… Y mientras, nosotras esperando a que acabe la carrera de turno para cambiar de canal y ver cómo acaba la bronca entre la duquesa de Alba y Fran Ribera.
Menos mal que este año las Olimpiadas son Londres y lo british siempre tiene un punto glamuroso y entre carrera y carrera las cámaras enfocan a la gradas en busca de un Windsor o de cualquiera de los tropecientos aristócratas que pueden dejarse ver por allí.
Reconozcamos que estos ingleses hacen bien algunas cosas: la ginebra, las casas de campo, los Barbour y las ceremonias. Pocas cosas hay más finas y elegantes que una boda inglesa, con su Iglesia en medio de la campiña, sus pamelas, sus chaqués… La semana pasada se casó allí Javier García-Lliberós, hijo de la diputada autonómica Alicia de Miguel, con su novia Rachel Gilbert.

La boda fue muy sencilla, apenas cien invitados entre familia y amigos, y se celebró en el condado de Cambridge, en un pueblecito en plena campiña inglesa, vamos, como en “cuatro bodas y un funeral”.  Entre los invitados, una representación de la sociedad valenciana, amigos de toda la vida de la madrina: Rafi Alonso, la decoradora Tatiana Monsonís, Marisol Hernández, Magui Alonso, Isabel Clara Alonso… todas ellas de lo más estilosas, con tocados y sombreros, dejando bien alto el pabellón valenciano en las tierras de Robin Hood.
Alicia se empeñó en saltarse el rígido protocolo inglés y dijo que eso de que el novio entrase a la iglesia acompañado de su mejor amigo sólo ocurriría por encima de su cadáver. Así que llegó a un pacto e impuso el protocolo valenciano de la madrina y fue ella quien llevó al altar a su hijo con un tocado rojo y un abrigo estampado “animal print” de Patos. Eso sí, el best men, Santiago Manent, el mejor amigo del novio, también tuvo un papel protagonista como corresponde en las bodas british: llevar los anillos, ser testigo y dar el famoso discurso en el banquete de boda.

Los tocados de las hermanas de Miguel –Alicia, Carmen y Paloma- eran de Peggy Rosemore, la firma de Marta Flores, una jovencita de veintipocos que aprendió el oficio en un taller de costura, se marchó a Londres a perfeccionar la técnica y va camino de convertirse en la Philip Treacy valenciana. Por su taller de la calle Sorní ya han pasado casi todas las mujeres elegantes de valencia.
Lo dicho, hay que ponerle un toque british a la vida. Quedaríamos de lo más monas este verano, con nuestras pamelas y vestidos de flores Liberty en alguno de los restaurantes de la zona de Xabia. Allí, con el paisaje de la Marina, que tienen ese aire entre toscano e ibicenco, podríamos incluso hablar en inglés, que tal y como están las cosas en este país nos vendrá bien refrescarlo. Y allí, sentada en hamaca, y después de haber hecho mentalmente la traducción siete veces, le suelta a tu amiga: “I like your hat” y si a ella se le ocurre contestarte en inglés, tu ya cambias al español, que como broma está bien, pero tampoco hay que ponerse en evidencia.

Por cierto, que no se me olvide daros un aliciente para ver las olimpiadas: los bañadores de nuestro equipo de natación sincronizada los ha diseñado la valenciana Dolores Cortés. Hay dos modelos, uno por coreografía. El primero en colores flúor y el segundo, con escamas reflectantes, para una coreografía que recrea el mundo acuático. Dolores dice que este bañador es de lo más innovador porque simula el cuerpo de un animal marino. Para conseguirlo, ha utilizado un material reflectante que dibuja las escamas sobre un tul transparente en el cuerpo de las nadadoras. Oh my God, I’can’t belive it! you are great, Dolores, and your swimsuit are wonderful.

jueves, 26 de julio de 2012

Que nos quiten lo bailado


La visita relámpago y medio clandestina de Doña Letizia a Valencia da que pensar ¿Por qué demonios nuestra flamante princesa viene y se va sin apenas dejarse ver?, ¿será que no quiere que la vean con nosotros?, ¿será que tiene miedo a que se le cuele en la foto alguno de nuestros tropocientos imputados en casos de corrupción?, ¿será que Valencia no vende buena imagen?.

En cualquier caso, la verdad es que eligió mala semana para pasarse por aquí: los falleros cabreados porque les cambian la fecha de la cremá, Canal 9 en pie de guerra, Paco Camps recibido a huevazo limpio en Javea cuando iba, con esa falsa sonrisa eternamente dibujada en el rostro, a hablar de responsabilidad social en la política; el Consell pidiendo el rescate; … Pero ¿a quién se le ocurre, Dios mio?; Doña Leti en medio de este berenjenal, como si no tuviese ella bastante con la que tiene en casa con su cuñado y su abuela.

La cosa está mal, muy mal, tanto que dan ganas de huir. Meter en la maleta los cuatro conjuntos monos que nos quedan de las épocas doradas y largarse a Formentera a ver el atardecer a la sombra de un olivo con un par de gintonics aromatizados con pétalos de petunia, servido por un cachas morenazo con acento caribeño. Y allí, viendo las estrellas, esperar a que te entre la risa tonta cada vez que alguien te hable de la prima de riesgo o del recibo de tu hipoteca.

Al día siguiente, si el dolor de cabeza te lo permite, te levantas y te vas a la playa; vuelta y vuelta al sol sin otro contacto con la realidad que las cuatro coñas que pongas en tu twitter. Y así un día tras otro hasta que llegue septiembre. Quizás entonces algo haya cambiado, y si no siempre te quedará el consuelo de los crápulas: “¡que me quiten lo bailao!”.

Formentera está de moda, buena parte de la sociedad valenciana broncea allí sus pieles: Cuchita LLuch, presidenta de la asociación valenciana de gastronomía; Begoña Serratosa y Quique Martín Navarro, Esperanza Vila y Rafa Peris, Beatriz Pechuán y Caco Gómez-Lechón, Germán Ros y Amparo López, Sofía Carpi y Chimo Maldonado, Mónica Aliaga y Manel Casanova, Ángeles Casanova, de los Casanova de toda la vida; Michi Lleó García-Ontiveros, Tano López Llobet, amigo de todo el que se mueve en la noche valenciana; Pascual el peluquero, los Bover, Arturo Valls y su mujer Patricia, y en general cualquiera que tenga un barco medianamente grande.

Por ahora no han llegado nuestros políticos ni nuestros financieros, algo que dadas las circunstancias da un valor añadido a la isla, no fuera a ser que justo cuando estás embobada viendo la puesta de sol apareciese por allí alguno y se liase una batalla de huevos que diese al traste con la paz hippy que se respira en la isla.

Claro que también hay quien ve Formentera como un destino para ganarse la vida. Maijo Martí (la hija de Pepa Martí, familia de los dueños del cine que llevaban su nombre y socia de Marta de Diego) y su amiga Rosma Mollá acaban de inaugurar en Formentera, en Es Pujols, una tienda de ropa de baño. Pepa cuenta que su hija estaba enamorada de la isla y aunque es ingeniera, vio que allí había hueco para una tienda de baño de hombre. Así que, ni cortas ni perezosas, diseñaron ellas mismas la colección, buscaron un fabricante y ya tienen una primera colección con mucho colorido y a buen precio. La tienda se llama DOSSAE y lo de la ropa de baño es un acierto, porque en la isla el dresscode más adecuado es biquini, pareo y cesta de paja para la crema y la toalla. Todo lo demás sobra.

La que no pueda irse, la que no tenga barco y su visa esté más abatida que el ánimo de Doña Letizia, siempre pasarse por Javea, que se empieza a animarse en la medida de lo posible.

jueves, 19 de julio de 2012

#faltanmelenasenelgobierno

Ya sabíamos que Montoro y De Guindos gastaban más bien poco en peluquería, pero lo que no podíamos imaginar es que nos iban a hacer la faena de subirnos el IVA de la pelos del 8 al 21 por ciento. ¿En qué país vivimos?, ¿dónde estaba Soraya cuando se tomó semejante decisión? La peluquería es una cosa muy seria, ¡a ver quién es la guapa que va motivada al trabajo con un pelo lleno de canas y las puntas hechas un asco! A ellos las canas les hacen parecer interesantes, a nosotras nos envejecen, nos deprimen y nos hunden en la apatía. Vamos, que si no las cubrimos, bajará la productividad del país, caerá nuestra competitividad, habrá más déficit, subirá la prima de riesgo, tendrán que hacer nuevos recortes, nuevas subidas de impuestos, más canas, más depresión y vuelta a empezar. Y todo porque a dos señores con poco pelo se les ocurrió subir el IVA de las peluquerías. Podríamos inundar el twiter con consignas del tipo #faltanmelenasenelgobierno, #mechaspúblicasydecalidad o #menosrecortesennuestrasmelenas.

En fin, menos mal que el bueno de Amancio Ortega ha decidido no repercutir la subida del IVA en el precio de la ropa de su imperio: Zara, Pull&Bear, Massimo Dutti, Oysho, Uterqüe... Isak Andic, el dueño de Mango, ha tardado horas en decir que él tampoco es menos, y no nos castigará con la subida.

Mientras llega la subida, y antes de que se acabe la paga extra (en Navidad más de una ya no tendrá extra para ir de compras), lo mejor es darse un paseo por las rebajas, que este año están llenas de chollos. Nunca se sabe si serán las últimas rebajas, porque como sigan así los recortes, la vida entera será una rebaja en busca de una despistada que ose entrar en una tienda.

En Sandro, Claudie Pierlot, COS y muchas otras, ya lo tienen todo al cincuenta por ciento, cosa que antes no pasaba hasta bien entrado agosto. Y lo mismo en otras tiendas con mucho pedigrí, como Marta de Diego -The Living-, Chapeau o Verónica Montijano, que hace semanas que lo puso todo a mitad de precio. Más de una aprovechó para quedarse con uno de los vestidos estampados de Etro, ideales para las noches de fiesta en Javea.

El jueves fue un día para estrenar modelito. La revista Hello celebró su fiesta de verano en la terraza de l’Umbracle. Entre los invitados, Pilu Diez de Rivera, de Lester, Macarena Alegre, los diseñadores Miquel Suay, que acababa de llegar de China y contaba que no había tanto negocio como pensaba, y Valentín Herráiz, con un look en negro y rojo de lo más moderno; el Secretario Autonómico de Cultura, Rafa Ripoll, con su mujer Elena Martos, los fotógrafos de moda Gerardo Ortiz, Juan Carlos Vega y Jose Luis Abad y Adolfo Almagro, del hotel Westin.

Alejandra Montaner, asidua de cualquier sarao, estaba por allí poniéndonos los dientes largos a más de una cuando nos contó que acaban de llegar a su tienda los capazos Marta Anastasia Formentera. Alejandra también vende los auténticos Kikois africanos y las botas Howsty, hechas artesanalmente con piel y kilims –alfombras marroquíes- antiguas, y los bolsos World Family Ibiza, tejidos a mano y perfectos para un look bohemio. Alejandra vivió durante muchos años en Ibiza y tiene un estilo hippie, la antítesis de los vestidos arrepretujaos que tanto se ven últimamente en las noches mediterráneas.