El comercio de lujo de Valencia necesita ayuda. La zona de Poeta Querol está de capa caída, las tiendas caras cierran y nadie viene a tomar el relevo. Le guste o no a los más conspicuos intelectuales, que suelen ser más progres que el mismísimo Pablo Iglesias, eso es un problema porque toda ciudad que se precie tiene una zona de tiendas de lujo. Perderla sería como quitar de tu armario los zapatos de vestir; estaría incompleto.
La realidad es que Poeta Querol ha dejado de ser la calle con más comercios de lujo por metro cuadrado: cerró Mont-Blanc, cerró Bulgari, que presumía de ser la joyería más grande que la firma tenía en España, cerró Ermenegildo Zegna, Tommy Hilfiger, Enrique Lodares, una de las dos tiendas de Loewe, Knack men, cerrará dentro de nada Nespresso, que va a abrir en el local de Colón que ocupaba Porcelanosa… En Poeta Querol lucen ahora más carteles de inmobiliarias que escaparates de lujo. Hasta la Plaza del Patriarca muestra síntomas de agotamiento. El local del restaurante La Terraza del Patriarca sigue sin ocupar y hay quien recuerda con nostalgia la coqueta tiendecita Bonpoint de Isabel Aliño, los escaparates que Alex Vidal montaba para Cavalli o los fabulosos vestidos de fiesta de Presen Rodríguez. Menos mal que abrió Patos, la tienda chic de Lourdes Verdeguer, Acosta y siguen otras como Il Baco da Seta, Hermès y Vuitton (Foto de Vicent Bosch).
Pero, chicas, tenemos un problema. La gente de pasta acabará yendo a comprar su caprichos caros a Madrid y aquí perderemos recaudación y puestos de trabajo. Y a muchos turistas no les va a hacer ninguna gracia aterrizar en una ciudad en la que no pueden darse un capricho de lujo.
Así las cosas urge hacer un llamamiento a los ciudadanos comprometidos con esta ciudad. Si hemos salvado la huerta, el Cabanyal y no sé cuántas cosas más, ¿por qué no salvar también al comercio de Poeta Querol? Podría liderar el movimiento la Vicepresidenta Mónica Oltra, ¿quién mejor que ella? Me la imagino subiendo al estrado en las Cortes, con traje de chaqueta y de pronto, así como quien tiene calor y se está agobiando, se quita su blazer y luce una camiseta de blanca de algodón ecológico, con unas letras bordadas en lentejuelas doradas: “Salvem Poeta Querol”.
El Presidente de las Cortes quizás le llamase al orden, los diputados de la oposición, los del PP, patalearían en señal de protesta, mientras los de su partido aplaudirían esta nueva iniciativa solidaria. Sería buenísimo. Las imágenes rodarían por todas las televisiones nacionales y quién sabe, quizás Pablo Iglesias y Carolina Bescansa, ávidos de ganarse la simpatía de Compromís, se dejasen fotografiar con bolsas de compras en medio de la Plaza del Patriarca, mientras enormes masas de simpatizantes de Compromís gritan “aturem l’atur, salvem Poeta Querol”.
Aunque no todo está perdido en esta ciudad. Colón, Cirilo Amorós, Jorge Juan, Sorní, y los alrededores del Mercado todavía mantienen el tipo y siguen abriendo tiendas. Entre las recién aterrizadas está la firma de joyas Aristocracy, en la calle Colón, que ha ocupado el bajo del histórico bar Líbano; la hija de Begoña de Sobrecueva ha abierto zapatería en Felix Pizcueta y la firma de moda infantil Macali, de Daniela Carbonell, ha desembarcado en la calle Sorní. Tienen ropa ideal: vestidos de corte canesú, blusitas de algodón y bombachos para bebés con un sello british actualizado.
El jueves también abrió tienda en la plaza de San Agustín la firma de vestidos de novia Penhalta de José Peñalta. No hubo cóctel, aunque sí desfile de la última colección. Pero la súper inauguración de la temporada será el jueves que viene. Rosa Morera inaugura su renovada Max Mara con un cóctel al que anticipo que irá media Valencia. Avisadas estáis.
lunes, 28 de septiembre de 2015
martes, 22 de septiembre de 2015
Los viejos rockeros nunca mueren
Simmons es el paradigma de que los viejos rockeros nunca mueren. Con sus sesenta y seis años sigue siendo todo un personaje. Ahora es protagonista de la vida social valenciana porque se ha hecho amigo de Francis Montesinos. Se entienden porque son dos artistas que han sobrevivido a modas y escándalos. Hay tenéis a Francis, que hace unos meses más de uno lo daba por muerto por un lio judicial que le pilló en medio del fuego cruzado de un divorcio. Si a eso le sumas la crisis del prêt-à-porter, incapaz de competir con las grandes cadenas low-cost, y la crisis económica, que nos ha hecho a todas reducir drásticamente el presupuesto, el resultado era previsible. Cerrada la tienda de Valencia, con un nuevo taller abierto, la firma más conocida que hemos dado en Valencia, o más bien a la única que hemos sido capaces de dar, tenía los días contados. Sin embargo, la vida es caprichosa y da muchas vueltas. Hoy estás arriba de la noria, saboreando las mieles del éxito y la fama, y al poco tiempo puedes estar hundida en lo más bajo, sin que nadie se acuerde de tu nombre. Lo importante es no rendirse. Un golpe de la fortuna se cruzó en la vida de Francis cuando el líder del grupo Kiss se interesó por sus diseños. Francis fue a Los Angeles, se hizo buen amigo del cantante, para el que está trabajando en un proyecto que todavía no se puede desvelar, y consiguió que cogiera un avión y se plantase en el front-row de la Madrid Fashion Week, convirtiéndose en la mayor atracción de una pasarela que tampoco tiene excesivos alicientes. Vamos, que pasa sin pena ni gloria.
Total, que aquí tenemos a nuestro Francis acaparando todos los flashes y sacando pecho en las fotos con Gene Simmons como padrino. ¡Me encanta, me encanta, me encanta! Junto al cantante de Kiss, se vio en el desfile a la incombustible Carmen Lomana, el clan Bosé al completo: Paola con sus dos hijos, Nicolás Coronado, que desfiló, y Alma, Lucía Bosé, Elio Benhayer, Paquita Torres, Arantxa de Benito, los valencianos Carmen Alborch, José Javier Alberni con su hija Cayetana, Elsa Martínez, Fuensanta Betoret y Josevi Plaza y todo el equipo de Gene Simmons con Estella Lamb, su mano derecha, hija de Matt Lamb, el pintor al que Francis dedicó una colección hace varias temporadas.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Travesuras de una niña mala
Imagina que te invitan a una fiesta de gala en Nueva York; ¡uff, qué nervios, qué tensión! Tardes y tardes de tienda en tienda probando modelos y pidiendo consejo, buscando en internet otras fiestas similares en las que inspirarte para eliminar tus mil y una dudas sobre qué ponerte, cómo peinarte, si coges o no el collar de perlas de tu suegra, si te maquillas un poco, mucho o nada… Y noches y más noches en vela. Cuando ya has medio contralado tus nervios y superado tus ochocientos treinta y seis complejos, te enteras de que a la fiesta va a asistir Irina Shayk, la modelo que fue novia de Ronaldo, y Sarah Jessica Parker, la protagonista de sexo en Nueva York. Ahora sí que la hemos hecho buena, no será fácil acaparar algún alago con semejante competencia, así es que mejor optar por algo discreto.
Vale, ahora imagina que todo eso te pasa cuando ya tienes sesenta y cuatro años; entonces te tranquilizas, la batalla está perdida: “mira bonita, déjalo estar, ponte cualquier cosa porque nadie va a reparar en tu presencia”.
Eso es lo que me pasaría a mí, pero yo no soy Isabel Preysler. Isabel llegó a una fiesta en la Quinta Avenida con sus 64 añitos cumplidos y eclipsó a la modelo de moda, a la actriz y a toda la que se puso por delante. ¿Tiene o no tiene mérito lo de esta mujer?
Preysler y Vargas Llosa fueron sin duda el mayor atractivo de la mega fiesta de inauguración de la tienda de Porcelanosa en Nueva York. El arquitecto Ramón Esteve fue uno de los valencianos invitados. De Isabel dice que irradia un encanto único. “Tiene una habilidad social fuera de lo normal, estás hablando con ella y a los dos minutos estás cómodo y eso otra gente no lo tiene, hay modelos guapísimas que son intratables, y ella es amable, educada y muy agradable”.
La fiesta de Porcelanosa tuvo más atractivos además de ver a la pareja de moda. Los hermanos Colonques consiguieron que les cedieran el parque Madison Square para el evento, cosa nada fácil. “Tienes que estar muy bien considerado para poder usar un espacio público en el centro de Manhattan”, dice Esteve.
Allí, en el centro de la plaza, frente al flamante edificio Porcelanosa rehabilitado por Norman Foster, se levantaron unas carpas para la fiesta. “Eran transparentes, de forma que estabas protegido pero dentro del jardín, como si estuvieras cenando en una terraza. Los americanos dominan mucho la iluminación, tenue, perfecta para que la gente se encuentre favorecida”, cuenta Esteve.
Los invitados estaban citados a las 18:15 horas. No tenían ni que coger coche, porque habían sido alojados en uno de los tres hoteles cercanos a la plaza, entre ellos el Edition, de lo mejorcito de Nueva York. Allí, bajo la carpa, les esperaba un cóctel con delicatessen, jamoncito del bueno, música de jazz, flamenco… Poco después llegaron los vips, Preysler y Vargas Llosa, Sarah Jessica Parker, Carolina Herrera, Chelsea Clinton y el mítico Bono, pero no el cantante de U2, me refería a nuestro mítico Pepe Bono, nacido en Albacete. A las ocho comenzó a servirse la cena. Habló SJP, Richard Gere y también Silvestre Segarra, director general de Porcelanosa. A pesar de ello, la velada no se hizo pesada, dice Esteve, “parecía más una cena de celebración que de negocios".
Junto a la familia Colonques estuvo todo su equipo, entre ellos el director General de L´Antic Colonial, Mauricio Inglada, con su mujer Belén. También el arquitecto Fran Silvestre, el gerente de Vondom en EEUU, Toni Esteve, el interiorista Julio Guixeres (“nos trataron de una forma exquisita”, cuenta) y el cocinero Quique Dacosta, imagen de la firma. A las 10:15 terminó la fiesta. Los invitados recibieron de regalo un ejemplar de la novela “Travesuras de una niña mala”, una novela de amor del Premio Nóbel.
Vale, ahora imagina que todo eso te pasa cuando ya tienes sesenta y cuatro años; entonces te tranquilizas, la batalla está perdida: “mira bonita, déjalo estar, ponte cualquier cosa porque nadie va a reparar en tu presencia”.
Los invitados estaban citados a las 18:15 horas. No tenían ni que coger coche, porque habían sido alojados en uno de los tres hoteles cercanos a la plaza, entre ellos el Edition, de lo mejorcito de Nueva York. Allí, bajo la carpa, les esperaba un cóctel con delicatessen, jamoncito del bueno, música de jazz, flamenco… Poco después llegaron los vips, Preysler y Vargas Llosa, Sarah Jessica Parker, Carolina Herrera, Chelsea Clinton y el mítico Bono, pero no el cantante de U2, me refería a nuestro mítico Pepe Bono, nacido en Albacete. A las ocho comenzó a servirse la cena. Habló SJP, Richard Gere y también Silvestre Segarra, director general de Porcelanosa. A pesar de ello, la velada no se hizo pesada, dice Esteve, “parecía más una cena de celebración que de negocios".
Junto a la familia Colonques estuvo todo su equipo, entre ellos el director General de L´Antic Colonial, Mauricio Inglada, con su mujer Belén. También el arquitecto Fran Silvestre, el gerente de Vondom en EEUU, Toni Esteve, el interiorista Julio Guixeres (“nos trataron de una forma exquisita”, cuenta) y el cocinero Quique Dacosta, imagen de la firma. A las 10:15 terminó la fiesta. Los invitados recibieron de regalo un ejemplar de la novela “Travesuras de una niña mala”, una novela de amor del Premio Nóbel.
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martes, 8 de septiembre de 2015
Celia Montaner
Este verano nos ha dejado Celia Montaner. A algunas el nombre os dirá poco, pero si preguntáis a vuestras madres seguro que la recuerdan. Fue la mujer que revolucionó el comercio de moda en Valencia, que modernizó la forma de vestir de nuestras madres y de algunas de nosotras. Eran los años ochenta, la década en la que este país se europeizó y modernizó. Entramos en los ochenta teniendo miedo a que nos viesen besar un chico en la calle y enlutando a las viudas. Salimos de ella yendo a la Ruta del Bakalao y animando a nuestras abuelas a que viajasen y, si se terciaba entregasen su corazón a otro hombre.
En lo que al vestir se refiere, la década empezó con las mujeres haciéndose sus propios vestidos con telas que compraban en Julián López y acabaron poniéndose cinturones de Mosquino. Por el camino se dio el boom de las boutiques, la ropa de modista dejó paso al prêt-à-porter y a los diseñadores de renombre. Ahí es donde Celia Montaner jugó un papel decisivo en Valencia. En el 82 abrió su primera tienda en la calle Colón, que fue la entrada en Valencia de firmas tan arriesgadas entonces como Moschino, Thierry Mugler o Lolita Lempika.
La sociedad estaba cambiando. La mujer estaba decidida a vivir su vida como le gustase a ella y no como los demás esperaban que la viviese. Por fin se liberaba de la opresión del qué dirán, para vivir su vida a su manera. Eso había que trasladarlo a la forma de vestir, que debía ser trasgresora. Celia educó ese nuevo gusto en muchas valencianas, que buscaban nuevos referentes porque los que habían tenido hasta entonces no les complacían. Era, además, una década en la que había dinero y ganas de gastarlo porque se tenía confianza en el futuro.
Celia no lo tuvo fácil. A principios de la década, las grandes firmas internacionales tenían poco interés en implantarse en España, un país al que el resto de Europa miraba por encima del hombro. Cuenta Rosa Morera que su madre, Rosa Faet, otra de las pioneras de la moda valenciana con su boutique Angora, tuvo que luchar mucho para traer firmas extranjeras como Valentino. “En toda España apenas había diez tiendas que traían moda de importación”.
Celia comenzó en los años sesenta en el negocio con trajes de novia y ajuar y uniformes para los colegios Domus y Jesús y María. En su primera tienda han vestido varias generaciones de mujeres, abuelas, madres e hijas. Trajo colecciones de Armani, Etro, Kenzo, Versace, abrió una boutique Fendi en la Calle Jorge Juan y más adelante una segunda tienda multimarca con su nombre en Jorge Juan.
Los que la conocieron, dicen que tenía un gusto exquisito.
Alejandra Montaner, su sobrina, cuenta que los proveedores valoraban su tremendo olfato para seleccionar firmas. Arriesgaba y viajaba sin parar en una época en la que no era común que la mujer trabajara. “Recorría India, Japón, Africa, Sudamérica y siempre traía alguna pieza especial, era incansable”, recuerda. Por lo demás, los ochenta fueron una década apasionante para el comercio de moda de lujo en Valencia liderado por mujeres avanzadas a su época como Claudina Peris, que abrió Dodicci en la calle Salvá.
Y años antes, Concha y Mercedes Freixa y Consuelo Vidal, con la mítica boutique Piccola en Poeta Querol, que entre otras, introdujo la colección de Courrèges, con esos suéteres de canalé con el logo bordado en colores ácidos como el rosa, amarillo o azul turquesa y que ahora se pueden volver a encontrar en la tienda Patos de Lourdes Verdeguer. Celia se jubiló y cerró la tienda en 1996, cuando Yanes se enamoró del local y le ofreció un traspaso.
Ocho años después, su sobrina Alejandra abrió la boutique Alejandra Montaner.
Celia no lo tuvo fácil. A principios de la década, las grandes firmas internacionales tenían poco interés en implantarse en España, un país al que el resto de Europa miraba por encima del hombro. Cuenta Rosa Morera que su madre, Rosa Faet, otra de las pioneras de la moda valenciana con su boutique Angora, tuvo que luchar mucho para traer firmas extranjeras como Valentino. “En toda España apenas había diez tiendas que traían moda de importación”.
Celia comenzó en los años sesenta en el negocio con trajes de novia y ajuar y uniformes para los colegios Domus y Jesús y María. En su primera tienda han vestido varias generaciones de mujeres, abuelas, madres e hijas. Trajo colecciones de Armani, Etro, Kenzo, Versace, abrió una boutique Fendi en la Calle Jorge Juan y más adelante una segunda tienda multimarca con su nombre en Jorge Juan.
Los que la conocieron, dicen que tenía un gusto exquisito.
Alejandra Montaner, su sobrina, cuenta que los proveedores valoraban su tremendo olfato para seleccionar firmas. Arriesgaba y viajaba sin parar en una época en la que no era común que la mujer trabajara. “Recorría India, Japón, Africa, Sudamérica y siempre traía alguna pieza especial, era incansable”, recuerda. Por lo demás, los ochenta fueron una década apasionante para el comercio de moda de lujo en Valencia liderado por mujeres avanzadas a su época como Claudina Peris, que abrió Dodicci en la calle Salvá.
Y años antes, Concha y Mercedes Freixa y Consuelo Vidal, con la mítica boutique Piccola en Poeta Querol, que entre otras, introdujo la colección de Courrèges, con esos suéteres de canalé con el logo bordado en colores ácidos como el rosa, amarillo o azul turquesa y que ahora se pueden volver a encontrar en la tienda Patos de Lourdes Verdeguer. Celia se jubiló y cerró la tienda en 1996, cuando Yanes se enamoró del local y le ofreció un traspaso.
Ocho años después, su sobrina Alejandra abrió la boutique Alejandra Montaner.
lunes, 31 de agosto de 2015
La foto del verano
Estás tirada en tu tumbona, mirando al mar. Tu marido se ha ido a comprar el Marca (¿qué demonios tendrán que leer en verano, si no hay fútbol?). Los niños se han perdido, ¡bieeen!; así es que estás sola sin otra compañía que tus grupos de whatsapp. Decides hacer una foto para enviarla y un alarde de creatividad enfocas tus lindos pies sobre la tumbona con el mar de fondo y una copa que, como quién no, has puesto junto a tus piernas. Cuando ves la foto, ni tu misma te lo puedes creer: ¡Jope, que monas quedan tus piernas desde este ángulo!, nunca las habías visto tan largas y estilizadas. Esto no puede quedarse en tu móvil, tiene que llegar a los confines del mundo, así es que quemas tus grupos de whatsapp, te dan ganas de compartirla hasta con el del grupo de madres del colegio.
Conforme ha ido pasando el verano, a ti también te han llegado docenas de fotos de pies tomados desde el respaldo de la tumbona, con la misma copa estratégicamente situada junto a las piernas. Ha sido la foto del verano, los salones de belleza han debido de ponerse las botas esmaltando uñas de pies, nunca se habían visto por estos lares tantas pedicuras de revista.
Claro que no todo el mundo ha estado en Xàbia, Calpe o Formentera retratando sus falanges inferiores. Hay otros veranos; uno, curioso, ha sido el del diseñador Francis Montesinos, que se lo ha pasado en Los Angeles con el cantante de Kiss. A muchas el grupo Kiss os sonará a vuestros años de BUP y COU y no recordaréis más que un zumbao pintarrajeado que daba brincos sobre el escenario. Pero Kiss es una institución con miles de seguidores en todo el mundo. Tiene tres mil productos de merchandising, incluyendo máquinas tragaperras, preservativos y hasta ataúdes. ¡Qué bueno, imagínate que te encargas uno en secreto! Y el día D, todas tus amigas allí compungidas, rotas de dolor y apareces tú dentro de una caja decorada con llamas de fuego y el emblemático logo de los Kiss. ¡Ja, ja!, qué pena que entonces no puedas salir con tu Iphone y hacerles una foto, eso sí que sería creatividad y no lo de los pies en la playa.
Francis conoció a Gene Simmons, el cantante y bajista de los Kiss, a través de Matt Lamb, un artista al que dedicó una de sus colecciones hace cinco años. Al cantante le gustaron sus diseños y le propuso embarcarse en un proyecto en el que lleva trabajando seis meses. “California tiene mucho en común con el Mediterráneo por el clima, la cultura, la gente, tienen el arte muy presente y Gen se enamoró de mis dibujos porque adora las flores y los lunares del spanish kabuki”, dice Francis. El caso es que Montesinos se fue para allá y ha diseñado una colección inspirada en su música favorita, entre ellos Kiss, los Rolling, Beatles… La presentará el mes que viene en la Madrid Fashion Week. Si todo sale según lo previsto, en primera fila se sentará el cantante de Kiss con toda su tropa. ¡Yo no me lo pierdo! Gen es todo un personaje que va más allá de su disfraz de cantante de Kiss. “Es un caballero educado y amable, viste con vaqueros, botas negras y pañuelos de seda fabulosos. Ha tenido escarceos con Cher y Diana Ross y su mansión está llena de piezas de arte, antigüedades, discos de vinilo, pintura y miles de artículos de los Kiss. Es como un almacén enorme pero en Beverly Hills, todo con una estética muy kirsch”, cuenta Francis. A Gen no sólo le gusta el trabajo de Francis sino que lo respeta. En una ocasión le enseñé varios bocetos y le pregunté cual le gustaba más. Me respondió: usted es el artista, elíjalo. No sabes la diferencia con España, que en la fábrica más mediocre el dueño le pregunta a la modelo, “t'agrada o que xiqueta”.
Claro que no todo el mundo ha estado en Xàbia, Calpe o Formentera retratando sus falanges inferiores. Hay otros veranos; uno, curioso, ha sido el del diseñador Francis Montesinos, que se lo ha pasado en Los Angeles con el cantante de Kiss. A muchas el grupo Kiss os sonará a vuestros años de BUP y COU y no recordaréis más que un zumbao pintarrajeado que daba brincos sobre el escenario. Pero Kiss es una institución con miles de seguidores en todo el mundo. Tiene tres mil productos de merchandising, incluyendo máquinas tragaperras, preservativos y hasta ataúdes. ¡Qué bueno, imagínate que te encargas uno en secreto! Y el día D, todas tus amigas allí compungidas, rotas de dolor y apareces tú dentro de una caja decorada con llamas de fuego y el emblemático logo de los Kiss. ¡Ja, ja!, qué pena que entonces no puedas salir con tu Iphone y hacerles una foto, eso sí que sería creatividad y no lo de los pies en la playa.
Francis conoció a Gene Simmons, el cantante y bajista de los Kiss, a través de Matt Lamb, un artista al que dedicó una de sus colecciones hace cinco años. Al cantante le gustaron sus diseños y le propuso embarcarse en un proyecto en el que lleva trabajando seis meses. “California tiene mucho en común con el Mediterráneo por el clima, la cultura, la gente, tienen el arte muy presente y Gen se enamoró de mis dibujos porque adora las flores y los lunares del spanish kabuki”, dice Francis. El caso es que Montesinos se fue para allá y ha diseñado una colección inspirada en su música favorita, entre ellos Kiss, los Rolling, Beatles… La presentará el mes que viene en la Madrid Fashion Week. Si todo sale según lo previsto, en primera fila se sentará el cantante de Kiss con toda su tropa. ¡Yo no me lo pierdo! Gen es todo un personaje que va más allá de su disfraz de cantante de Kiss. “Es un caballero educado y amable, viste con vaqueros, botas negras y pañuelos de seda fabulosos. Ha tenido escarceos con Cher y Diana Ross y su mansión está llena de piezas de arte, antigüedades, discos de vinilo, pintura y miles de artículos de los Kiss. Es como un almacén enorme pero en Beverly Hills, todo con una estética muy kirsch”, cuenta Francis. A Gen no sólo le gusta el trabajo de Francis sino que lo respeta. En una ocasión le enseñé varios bocetos y le pregunté cual le gustaba más. Me respondió: usted es el artista, elíjalo. No sabes la diferencia con España, que en la fábrica más mediocre el dueño le pregunta a la modelo, “t'agrada o que xiqueta”.
lunes, 24 de agosto de 2015
Sociología de un náutico
Los clubs náuticos son un microcosmos en el bullicio veraniego de la Marina que dan para el típico análisis sociológico de tumbona, toalla y gintonic. Aquí convive el hombre mayor que toda la vida ha estado pescando y que sale con su barquito a ver si pilla algún llobarro, con la jovencita pareja del ricachón ruso sesentón que lleva puesto encima siete veces lo que vale la barca del pescador. Tienen su punto glamouroso y refinado, aunque no faltan las extravagancias propias de los nuevos ricos, con barcos ostentosos en los que sus dueños no acaban de encontrarse.
Luego están los náuticos de toda la vida. Estos son más de navegar a vela y se pasan el día hablando de vientos, de cabos y de ceñidas. Visten zapato náutico, polo blanco, bermuditas y gorra marinera con un toque hippy, barbita de dos días y un cierto desaliño. Y admitámoslo, chicas, en este mundo de la náutica nuestro papel es más de figurín que de patrón. Que no se enfade nadie, seguro que tú eres una experta en navegar con el viento de popa, pero la inmensa mayoría de nosotras creemos que el llebeig es la traducción de “ya veo” al valencià normalitzat. Lo nuestro es tomar posesión de una tumbona, en un chiringuito con música chill-out y analizar sociológicamente el entorno, que es la forma fina de definir lo que siempre se ha llamado cotilleo.
Por lo demás, ir de náutico en náutico es una buena forma de conocer la marina.
La ruta empieza en Denia, en El Portet: restaurantes, sitios de copas con Möet, música relajante y aquí te tiras el día haciendo lo que quería Zapatero en su retiro, controlar cómo las nubes atraviesan el Montgo.
El siguiente puerto en nuestra ruta marinera es Xàbia. Antes de salir, los hombres, y alguna que otra mujer no se vaya a enfadar ninguna, debaten sobre el momento propicio para hacerse al mar porque han convertido el Cabo de San Antonio en su particular Cabo de Hornos, toda una heroicidad que requiere cierta pericia. Mientras nosotras, la mayoría que no todas, pensamos en qué atuendo es el adecuado para combinar la travesía con el desembarco en Xàbia, porque a ver, que alguien me explique qué zapatos te pones para no hacer el patán en la cubierta del barco y al mismo tiempo estar mona en La Siesta, el chiringuito más chic de Xàbia.
Nuestro siguiente destino es Moraira ¿A quién te encuentras allí? Pues imagínate que coges la urbanización Santa Bárbara de Valencia con un helicóptero y la dejas caer en el Cabo de la Nao, allí están todos.
Conforme vamos bajando al sur aumenta el calor y el número de extranjeros, sobre todo ingleses, alemanes, franceses, nórdicos y rusos, cuya presencia nunca pasa desapercibida, y menos en este mundo de la náutica porque estos rusos se gastan unos barcos que solo para salir del puerto han chupado más gasolina que un Mini en treinta años.
Más al sur nos quedan Calpe y Altea. Aumenta aún más el calor y el bullicio, sobre todo en Calpe.
Elsa Martínez, que se ha criado aquí, me pasa unas cuantas direcciones chic para cuando tu chico haya amarrado el barco y deje de pedirte a gritos que le pases el muerto, que resulta que es una cuerda que hay que amarrar al barco ¡y tu pensando en lo peor! Bueno, a lo que íbamos: para empezar, un desayuno en la terraza del Hostal Terra de Mar, con unas vistas increíbles desde el casco histórico de Calpe; después un paseo por la zona y alguna comprita en la tienda Ibiza o las que tengan más presupuesto en Pau. Para comer, Audrey’s, súper estiloso y lo último de chef de la zona, Rafa Soler. Al atardecer, una caminata por el Peñón de Ifach, un baño en cala de la Fossa y de premio un gin tonic en la Champagneria del hotel Solimar.
La ruta empieza en Denia, en El Portet: restaurantes, sitios de copas con Möet, música relajante y aquí te tiras el día haciendo lo que quería Zapatero en su retiro, controlar cómo las nubes atraviesan el Montgo.
El siguiente puerto en nuestra ruta marinera es Xàbia. Antes de salir, los hombres, y alguna que otra mujer no se vaya a enfadar ninguna, debaten sobre el momento propicio para hacerse al mar porque han convertido el Cabo de San Antonio en su particular Cabo de Hornos, toda una heroicidad que requiere cierta pericia. Mientras nosotras, la mayoría que no todas, pensamos en qué atuendo es el adecuado para combinar la travesía con el desembarco en Xàbia, porque a ver, que alguien me explique qué zapatos te pones para no hacer el patán en la cubierta del barco y al mismo tiempo estar mona en La Siesta, el chiringuito más chic de Xàbia.
Nuestro siguiente destino es Moraira ¿A quién te encuentras allí? Pues imagínate que coges la urbanización Santa Bárbara de Valencia con un helicóptero y la dejas caer en el Cabo de la Nao, allí están todos.
Conforme vamos bajando al sur aumenta el calor y el número de extranjeros, sobre todo ingleses, alemanes, franceses, nórdicos y rusos, cuya presencia nunca pasa desapercibida, y menos en este mundo de la náutica porque estos rusos se gastan unos barcos que solo para salir del puerto han chupado más gasolina que un Mini en treinta años.
Más al sur nos quedan Calpe y Altea. Aumenta aún más el calor y el bullicio, sobre todo en Calpe.Elsa Martínez, que se ha criado aquí, me pasa unas cuantas direcciones chic para cuando tu chico haya amarrado el barco y deje de pedirte a gritos que le pases el muerto, que resulta que es una cuerda que hay que amarrar al barco ¡y tu pensando en lo peor! Bueno, a lo que íbamos: para empezar, un desayuno en la terraza del Hostal Terra de Mar, con unas vistas increíbles desde el casco histórico de Calpe; después un paseo por la zona y alguna comprita en la tienda Ibiza o las que tengan más presupuesto en Pau. Para comer, Audrey’s, súper estiloso y lo último de chef de la zona, Rafa Soler. Al atardecer, una caminata por el Peñón de Ifach, un baño en cala de la Fossa y de premio un gin tonic en la Champagneria del hotel Solimar.
lunes, 17 de agosto de 2015
Entre Xàbia y Altea
Los periodistas sentimos una especie de atracción fatal hacia los políticos, aun cuando escribamos en secciones frívolas como esta. Nos ponemos mutuamente a caer de un burro pero no podemos vivir los unos sin los otros. Esa atracción es la que me lleva a seguir de cerca los pasos de Mónica Oltra y a fijarme en cosas tan banales como los zapatos que calza o los modelos que luce. Pero cuando pensé en buscar algún cicerone que nos recomendase sitios glamurosos para tomar un gintonic veraniego, no sé por qué, pero no pensé en Mónica, si no en Carolina Punset, espero que la vicepresidenta no me lo tenga en cuenta.
El caso es que aquí estoy, en la terraza del Goa Lounge, en Altea, sitio que me ha recomendado la lideresa de Ciudadanos. Con un inmenso y calmado mar al frente, el peñón de Ifach a la izquierda y el parque natural de Serra Gelada a la derecha, el lugar perfecto para tomarse un gintonic una tarde de verano. Para romper el hielo con el camarero, le digo que el sitio me lo ha recomendado Carolina Punset, y él me mira con cara de póker y me dice, ¿quién?... ¡Glub!, resulta que Carolina es menos popular de lo esperado, no sé si debo entender eso como un cumplido hacia ella o todo lo contrario.
Altea rivaliza con Xàbia por su encanto costero pero tiene un punto más rebelde, más hippy. No olvidemos nunca que Xábia es feudo de familias valencianas de estricta moral católica, en las que no falta algún que otro rebotado que se pasa de frenada. Altea es más cosmopolita, sobrada de rincones bucólicos perfectos para dejar a los niños en Xàbia con la abuela y escaparte con tu chico.
Después del gintonic en el lounge de Carolina, os perdéis por el pueblo, seguís dándole al gintonic y os vais al El Jardín de los sentidos, un hotelito rural escondido en medio de un jardín exótico con puentes de bambú, plantas tropicales y peces de colores, ¡y que sea lo que Dios quiera!
Yo no llegué a tanto y del lounge me volví a Xàbia a la fiesta que Fernando Aliño montó en la discoteca La Hacienda. Estas fiestas remember, que empezaron siendo de cuarentones, ahora lo son de cincuentones. Actuaron los Tweeters. Lleno total, chicos y chicas de Xàbia de toda la vida, como Alberto Clérigues, que tiene una hermana que se llama Begoña pero no soy yo, con su mujer Isabel Aliño, Nacho Guerra y Paty de la Viña, Miguel de Vicente y su sobrina Fátima Alcalde, Mayte Gómez, Macarena Campos, Susana Lozano, Pablo Serratosa y Silvia Escolano, Antonio Soler y María Vázquez, Tana Manglano y Asier Larga, Pancho Sapena y Carmeta Maldonado, Javier Carpi y Betty Llixiona, Alejandro Corell y María Fernández de Córdoba, Gonzalo Pascual y Carolina Alemany y David Lladró y Marta Aliño.
Para perderse en Altea
Alejandro Bataller vive en Altea desde hace ocho años, cuando se trasladó con su familia para montar Sha Wellness Clinic, en el Albir. “Me encanta la luz tan especial, los 330 días de sol al año, la brisa mediterránea, la naturaleza…”.
Alejandro recomienda dar un paseo por el camino al faro, en el parque natural de Sierra Gelada, disfrutar del atardecer desde el Portet, dar un paseo por el casco antiguo y buscar los talleres de artistas y los puestecitos de artesanía. Aparte de Shamadi, el restaurante de gastronomía saludable de SHA, sus favoritos son El Mercadito, en el casco antiguo, y La Bruschetta. Para tomar algo al atardecer, You chic, un chiringuito en la Olla de Altea. Y de compras la tienda de decoración La Cambra. ¿Y para conocer gente guapa? El Puerto de Campomanes. Fantástico para comer (Saltea), tomar el aperitivo (Bay Club) o hacer deportes náuticos (Maremoto)”.
El caso es que aquí estoy, en la terraza del Goa Lounge, en Altea, sitio que me ha recomendado la lideresa de Ciudadanos. Con un inmenso y calmado mar al frente, el peñón de Ifach a la izquierda y el parque natural de Serra Gelada a la derecha, el lugar perfecto para tomarse un gintonic una tarde de verano. Para romper el hielo con el camarero, le digo que el sitio me lo ha recomendado Carolina Punset, y él me mira con cara de póker y me dice, ¿quién?... ¡Glub!, resulta que Carolina es menos popular de lo esperado, no sé si debo entender eso como un cumplido hacia ella o todo lo contrario.
Yo no llegué a tanto y del lounge me volví a Xàbia a la fiesta que Fernando Aliño montó en la discoteca La Hacienda. Estas fiestas remember, que empezaron siendo de cuarentones, ahora lo son de cincuentones. Actuaron los Tweeters. Lleno total, chicos y chicas de Xàbia de toda la vida, como Alberto Clérigues, que tiene una hermana que se llama Begoña pero no soy yo, con su mujer Isabel Aliño, Nacho Guerra y Paty de la Viña, Miguel de Vicente y su sobrina Fátima Alcalde, Mayte Gómez, Macarena Campos, Susana Lozano, Pablo Serratosa y Silvia Escolano, Antonio Soler y María Vázquez, Tana Manglano y Asier Larga, Pancho Sapena y Carmeta Maldonado, Javier Carpi y Betty Llixiona, Alejandro Corell y María Fernández de Córdoba, Gonzalo Pascual y Carolina Alemany y David Lladró y Marta Aliño.
Para perderse en Altea
Alejandro Bataller vive en Altea desde hace ocho años, cuando se trasladó con su familia para montar Sha Wellness Clinic, en el Albir. “Me encanta la luz tan especial, los 330 días de sol al año, la brisa mediterránea, la naturaleza…”.
Alejandro recomienda dar un paseo por el camino al faro, en el parque natural de Sierra Gelada, disfrutar del atardecer desde el Portet, dar un paseo por el casco antiguo y buscar los talleres de artistas y los puestecitos de artesanía. Aparte de Shamadi, el restaurante de gastronomía saludable de SHA, sus favoritos son El Mercadito, en el casco antiguo, y La Bruschetta. Para tomar algo al atardecer, You chic, un chiringuito en la Olla de Altea. Y de compras la tienda de decoración La Cambra. ¿Y para conocer gente guapa? El Puerto de Campomanes. Fantástico para comer (Saltea), tomar el aperitivo (Bay Club) o hacer deportes náuticos (Maremoto)”.
lunes, 10 de agosto de 2015
Preysler, Xàbia y sus secretos
Hoy vengo a hablaros de Xàbia y de unos cuantos rincones curiosos que me han chivado Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, los diseñadores de Siemprevivas. Pero hablando de mujer a mujer, quería haceros una pregunta a ver si entre todas encontramos la respuesta. No es una pregunta frívola al uso de esa sección, es algo de mucho calado, algo que afecta a toda la cultura occidental, si me apuráis a la esencia misma de la naturaleza humana, a lo más profundo de la antropología. Allá va, ¿qué técnica secreta utiliza Isabel Presley para doblegar a los hombres?, ¿cómo consigue la filipina atraparlos en sus redes y obligarles a bailar al son de música cual quinceañeras enamoradas ante su amado? Si el machismo es la supremacía del hombre sobre la mujer, el feminismo debería ser lo opuesto y no la igualdad entre sexos. La filipina debería ser la patrona de quienes aboguen por un mundo femenino, donde el hombre se someta a la mujer. Y ahí es donde ella debería dar conferencias internacionales descubriendo sus secretos. Todas sabemos cuál es el punto débil de los hombres, pero ese ya no puede ser el secreto de una mujer que ha pasado los sesenta, y ahí está ella, arrastrando a Mario Vargas Llosa a los eventos que más le convienen.
Pero bueno, nosotras a lo nuestros que bastante tenemos con torear lo que tenemos en casa. Como todos los años, buena parte de la vida social valenciana y alicantina se traslada a la costa. Muchas de vosotras estáis o vais a estar en Xàbia, ya sabéis que allí hay dos grandes grupos, los que veranean allí de toda la vida, y los que llegaron anteayer; claro que estos últimos tienden a esconder su advenimiento a estas tierras. Así es que, tanto los unos como los otros, dicen que son de allí de toda la vida. Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, nietos de veraneantes de Xábia, me cuentan algunos rincones para presumir de conocer la zona como si hubieseis estrenado allí vuestros primeros chupetes.
Para un día de playa, el Portixol, Ambolo o la cala del Moraig. Para un baño rápido, Cala Blanca. Hay que ver la Iglesia de Nuestra Señora del Loreto, un ejemplo de arquitectura brutalista. Y la galería Set Espai DʼArt, donde siempre descubres artistas interesantes. De compras, El Zaguán, en pleno casco histórico, y la tienda de decoración Indigo. Para comer, varias opciones: bocadillos en el Austriaco, en el Arenal; para una cena desenfadada con pescado recién llegado al puerto, La Cantina, pared con pared con la lonja de pescadores. A unos pocos minutos del pueblo, en la encantadora Tasca de Jesús Pobre, los domingos por la tarde montan un mercadito gastronómico de productos de la zona; Chez Angel, un clásico al que siempre apetece volver, como la terraza del Parador de Jávea y los arroces de La Perla. Para los más snobs, uno de los mejores Pad Thai del mundo en el restaurante Monsoon Thai en el Arenal. Carnaval Café para un antojo de comida mexicana. Un chateaubriand en la barra del restaurante Los Remos nunca falla. Las mejores tapas en Estapati. Y si quieres darte un capricho, el restaurante Bon Amb del chef Alberto Ferruz. Las copas, en alguno de los chiringuitos que ocupan el primer Montañar, desde Saona, La Siesta o Montgo di Bontgo. ¿Y qué te pones para salir en Xàbia?
La mujer de Xàbia es sencilla y discreta. Lleva vestidos largos de seda con rayas irregulares, kaftanes, camiseros y sandalias de Castañer con o sin tacón y para la noche algún vestido a medida para las fiestas que se celebran en las espectaculares casas diseñadas por Ramón Esteve, como Casa Sardinera, o María José Tatay y Juan Blat.” ¿Complementos? Su compañero de día es un maxi capazo en el que quepa todo lo necesario para pasar un intenso día en el mar. Por la noche lo sustituye por un micro bag que le permita bailar mucho, porque aquí en Jávea, en verano, somos de bailar.
Pero bueno, nosotras a lo nuestros que bastante tenemos con torear lo que tenemos en casa. Como todos los años, buena parte de la vida social valenciana y alicantina se traslada a la costa. Muchas de vosotras estáis o vais a estar en Xàbia, ya sabéis que allí hay dos grandes grupos, los que veranean allí de toda la vida, y los que llegaron anteayer; claro que estos últimos tienden a esconder su advenimiento a estas tierras. Así es que, tanto los unos como los otros, dicen que son de allí de toda la vida. Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, nietos de veraneantes de Xábia, me cuentan algunos rincones para presumir de conocer la zona como si hubieseis estrenado allí vuestros primeros chupetes.
Para un día de playa, el Portixol, Ambolo o la cala del Moraig. Para un baño rápido, Cala Blanca. Hay que ver la Iglesia de Nuestra Señora del Loreto, un ejemplo de arquitectura brutalista. Y la galería Set Espai DʼArt, donde siempre descubres artistas interesantes. De compras, El Zaguán, en pleno casco histórico, y la tienda de decoración Indigo. Para comer, varias opciones: bocadillos en el Austriaco, en el Arenal; para una cena desenfadada con pescado recién llegado al puerto, La Cantina, pared con pared con la lonja de pescadores. A unos pocos minutos del pueblo, en la encantadora Tasca de Jesús Pobre, los domingos por la tarde montan un mercadito gastronómico de productos de la zona; Chez Angel, un clásico al que siempre apetece volver, como la terraza del Parador de Jávea y los arroces de La Perla. Para los más snobs, uno de los mejores Pad Thai del mundo en el restaurante Monsoon Thai en el Arenal. Carnaval Café para un antojo de comida mexicana. Un chateaubriand en la barra del restaurante Los Remos nunca falla. Las mejores tapas en Estapati. Y si quieres darte un capricho, el restaurante Bon Amb del chef Alberto Ferruz. Las copas, en alguno de los chiringuitos que ocupan el primer Montañar, desde Saona, La Siesta o Montgo di Bontgo. ¿Y qué te pones para salir en Xàbia?
La mujer de Xàbia es sencilla y discreta. Lleva vestidos largos de seda con rayas irregulares, kaftanes, camiseros y sandalias de Castañer con o sin tacón y para la noche algún vestido a medida para las fiestas que se celebran en las espectaculares casas diseñadas por Ramón Esteve, como Casa Sardinera, o María José Tatay y Juan Blat.” ¿Complementos? Su compañero de día es un maxi capazo en el que quepa todo lo necesario para pasar un intenso día en el mar. Por la noche lo sustituye por un micro bag que le permita bailar mucho, porque aquí en Jávea, en verano, somos de bailar.
lunes, 3 de agosto de 2015
Oltra y Marzà: creadores de tendencia
Francis Montesinos vistió a Carmen Alborch, Rita nunca se lo perdonó. A ella, a Rita, la vestía Alex Vidal que gracias a esa clienta, convertida en amiga, alcanzó gloria dentro y fuera de su tienda. La llegada de Compromís al poder valenciano pueden ser una oportunidad para un diseñador avispado, incluso mejor dos: uno para ellos, otro para ellas.
Vicent Marzà podría ser el primer cliente de nuestra nueva promesa de la moda masculina. Mueren las corbatas, los trajes, las americanas y los zapatos ingleses, vamos la antítesis de los gentleman tipo Eduardo Zaplana, Manuel LLombart o el actual Ministro de Educación Íñigo Méndez de Vigo. Por cierto, ¡qué foto!; el Ministro tan puesto, tan aristócrata él, tan “todo en su sitio”, con chaqueta de botones dorados y ni un solo pelo descolocado, ni si quiera los de su elegante barba plateada. Junto a él nuestro flamante nuevo Conseller: camisa cuello Mao, chaqueta azulona arrugada, pelo y barba desaliñados, vaqueros negros y unos zapatos que el Ministro no se hubiese puesto ni para ir a las caballerizas de alguno de sus amigos aristócratas.
Marzà podría vestir de Miquel Suay, que acaba de desfilar en la pasarela de hombre de Barcelona. Probablemente el Conseller entienda que esto es una frivolidad, que el hábito no hace al monje y que él no tiene por qué cambiar su fondo de armario. Pero lo bien cierto es que vestir de un diseñador es apostar por la moda de un territorio. A Doña Letizia se le ha criticado más de una vez que haya acudido a actos oficiales con ropa de diseñadores extranjeros. De hecho ya no lo hace. Y cada vez que se calza uno de los zapatos Magrit de Elda, hace que suban las ventas. Los cuatro días que el Conseller lleva en su cargo ya se empieza a notar que sin quererlo crea tendencia: las camisas con cuello Mao o Panadero empiezan a proliferar en los actos oficiales; las corbatas han desaparecido y los trajes almacenan polvo en los armarios. Por cierto, chicas, hay que ir aprendiendo la diferencia entre un cuello Mao, que tiene forma de collarín, de uno Panadero, que es como el anterior pero con solo tres botones que llegan unos centímetros más abajo del cuello.
El otro foco de atención sería Mónica Oltra, que puede llegar a tener tanta capacidad de crear tendencia en Valencia como Doña Letizia en España. Tendrá que buscarse un diseñador. Descartada la posibilidad de que fraternice con Alex Vidal, supongo que antes preferiría verse con harapos que con una chaqueta rojo Rita. Francis Montesinos tampoco es su estilo. Demasiado floreado y estampado para una mujer tan clásica como Mónica. Porque Mónica, aunque progresista y poco pepera, es clásica en su atuendo.
A Mónica Oltra le vendría como anillo al dedo el estilo de Juan Vidal: vestidos femeninos, poco estampados, con la dosis justa de coquetería, y de corte bastante limpio. En su ropero también encajaría algún vestido de Siemprevivas, perfectos para recepciones oficiales y reuniones de gobierno. Por cierto, que Juan Vidal ha recibido esta semana dos premios gordos: el Premio Nacional de Moda del Ministerio de Industria y el Premio Telva Moda al Mejor diseñador nacional, ¡toma ya! La redactora jefe de moda de Telva, Mayte Sebastiá, fue de las primeras en reconocer su talento y apoyar su trabajo. “Tiene la técnica de Cristóbal Balenciaga y la capacidad de sorprender de Miuccia Prada”, dice de él.
Mónica podría hacer mucho por la carrera del diseñador de Elda. Ella es la musa de las mujeres progres de toda España, que bien podrían imitarla impulsando así la moda valenciana de la mano de Juan Vidal. Ya me veo la próxima convención de mujeres podemitas, todas ellas vestidas con la ropa del alicantino. Nunca comentarían sus últimas colecciones, porque eso les sonaría a frivolidad pepera, pero sin citarlo competirían a ver cuál de todas lleva el vestido más oltriano y eso sería bueno para la moda valenciana
Marzà podría vestir de Miquel Suay, que acaba de desfilar en la pasarela de hombre de Barcelona. Probablemente el Conseller entienda que esto es una frivolidad, que el hábito no hace al monje y que él no tiene por qué cambiar su fondo de armario. Pero lo bien cierto es que vestir de un diseñador es apostar por la moda de un territorio. A Doña Letizia se le ha criticado más de una vez que haya acudido a actos oficiales con ropa de diseñadores extranjeros. De hecho ya no lo hace. Y cada vez que se calza uno de los zapatos Magrit de Elda, hace que suban las ventas. Los cuatro días que el Conseller lleva en su cargo ya se empieza a notar que sin quererlo crea tendencia: las camisas con cuello Mao o Panadero empiezan a proliferar en los actos oficiales; las corbatas han desaparecido y los trajes almacenan polvo en los armarios. Por cierto, chicas, hay que ir aprendiendo la diferencia entre un cuello Mao, que tiene forma de collarín, de uno Panadero, que es como el anterior pero con solo tres botones que llegan unos centímetros más abajo del cuello.
El otro foco de atención sería Mónica Oltra, que puede llegar a tener tanta capacidad de crear tendencia en Valencia como Doña Letizia en España. Tendrá que buscarse un diseñador. Descartada la posibilidad de que fraternice con Alex Vidal, supongo que antes preferiría verse con harapos que con una chaqueta rojo Rita. Francis Montesinos tampoco es su estilo. Demasiado floreado y estampado para una mujer tan clásica como Mónica. Porque Mónica, aunque progresista y poco pepera, es clásica en su atuendo.
A Mónica Oltra le vendría como anillo al dedo el estilo de Juan Vidal: vestidos femeninos, poco estampados, con la dosis justa de coquetería, y de corte bastante limpio. En su ropero también encajaría algún vestido de Siemprevivas, perfectos para recepciones oficiales y reuniones de gobierno. Por cierto, que Juan Vidal ha recibido esta semana dos premios gordos: el Premio Nacional de Moda del Ministerio de Industria y el Premio Telva Moda al Mejor diseñador nacional, ¡toma ya! La redactora jefe de moda de Telva, Mayte Sebastiá, fue de las primeras en reconocer su talento y apoyar su trabajo. “Tiene la técnica de Cristóbal Balenciaga y la capacidad de sorprender de Miuccia Prada”, dice de él.
Mónica podría hacer mucho por la carrera del diseñador de Elda. Ella es la musa de las mujeres progres de toda España, que bien podrían imitarla impulsando así la moda valenciana de la mano de Juan Vidal. Ya me veo la próxima convención de mujeres podemitas, todas ellas vestidas con la ropa del alicantino. Nunca comentarían sus últimas colecciones, porque eso les sonaría a frivolidad pepera, pero sin citarlo competirían a ver cuál de todas lleva el vestido más oltriano y eso sería bueno para la moda valenciana
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lunes, 27 de julio de 2015
Feria de Julio
Pocas fiestas populares alteran tan poco la vida del pueblo como la Feria de Julio de Valencia. Muy pocos reparan en ella, quizás sólo los aficionados a los toros. Así es que lo único que le faltaba a la pobre es esta fiebre antitaurina que nos ha traído las nuevas tendencias políticas.
En los años dorados del PP, la barrera de la plaza de toros era un punto de encuentro de los políticos y con ellos de buena parte de la sociedad valenciana, que competían a ver quién llevaba el puro más largo, la merienda más gourmet y, en el caso de las mujeres, el vestido más flamenco. Pero los políticos son pelotas, serviles y algo tacaños, por eso en cuanto sus líderes han abandonado la Plaza, ellos han decidido masivamente que hay cosas mejores que rascarse el bolsillo para pagar la entrada de los toros, así es que por allí no aparece ni un aspirante a concejal.
Mónica Oltra podría darle una vuelta a todo esto, si mañana ella decidiese que su vida son los toros, la barrera de la Calle Xàtiva volvería a ser lo que fue y ejércitos de jóvenes promesas de la política correrían a comprar El Cosio para conocer el reglamento del arte taurino. Luego se darían codazos para conseguir un abono en la mejor barrera, desde la que juzgar la faena de Morante de la Puebla. Pero no me veo yo a Mónica enflamencada echándole a Finito de Cordoba un ramo de flores mientras él le ofrece la oreja del toro recién cortada. Total, que a la fiesta nacional le toca ahora cruzar el calvario que en su día atravesaron las chaquetas de pana y los discos de Raimon u Ovidi Montllor.
La única que mantiene visible su afición es Mayrén Beneyto. Ella ha estado allí siempre y sigue estándolo, vayan o no los presidentes, ministros, alcaldes o estrellas del corazón. Eso es afición y lo demás era una pura pantomima.
Yo, que no voy nunca, fui el viernes. Hacía más calor que durmiendo debajo de un plástico, pero no quería perderme a Morante de la Puebla. Toreó fatal, al menos eso decían los entendidos, pero a mí eso me importaba bien poco, él es un mezcla de Carlos Gardel, Oscar Wilde y Manolo el de los Chunguitos. Yo quería verle de cerca y allí que me fui, ojalá Mónica Oltra hubiese estado en la plaza, ver a mis dos ídolos juntos hubiese dado sentido a mi vida entera. No pudo ser, me falló Mónica, pero al menos estuvo Mayrén con su marido Ramón Almazán. No había ningún otro famoso, qué se le va a hacer, son cosas de la política.
La semana ha dado poco más de sí; una exposición de Quique Dacosta en el Muvim, mucho calor y una cena en una barraca de la Albufera organizada por el Club Moddos, Josep Lozano y su inseparable socio Lluis Nadal. La barraca es la misma donde se rodó la serie Cañas y Barro y allí, sobre el mismo césped que pisaron Neleta y el tío Paloma, ahora Fernando Aliño, de El Alto, organiza eventos que quedan espectaculares viendo la puesta del sol sobre la Albufera.
Jopé, si en un marco tan valenciano se pudiese organizar una corrida de toros, a lo mejor arrastrábamos hasta allí a Mónica Oltra y a Morante de la Puebla. Ver a mis dos ídolos allí, mientras el sol se pone entre agua y las cañas de la Albufera, daría sentido no a mi vida, sino a siete vidas que viviera. A la cena de Moddos, con paseíto en barca incluído, fueron Fernando Giner y su majísima mujer, recibidos por Fernando Aliño como buen anfitrión, Luz Aguiló, Alfredo Esteve, Juan Antonio Murgui, Encarna Roig, Amparo Ortuño, el arista Juan Antonio Rodríguez Roca (Jarr), Alina Giorgeta y Julio Rodrigo, el joyero Guillermo Martorell, Jorge Alcocer, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, Cristina y Julia Pérez-Broseta, Anna de Blas y Fermín García, Amparo Muñoz, Carlos Alapont y Fernanda López, Sandra Abramovici o Sefa Ferrer.
En los años dorados del PP, la barrera de la plaza de toros era un punto de encuentro de los políticos y con ellos de buena parte de la sociedad valenciana, que competían a ver quién llevaba el puro más largo, la merienda más gourmet y, en el caso de las mujeres, el vestido más flamenco. Pero los políticos son pelotas, serviles y algo tacaños, por eso en cuanto sus líderes han abandonado la Plaza, ellos han decidido masivamente que hay cosas mejores que rascarse el bolsillo para pagar la entrada de los toros, así es que por allí no aparece ni un aspirante a concejal.
Mónica Oltra podría darle una vuelta a todo esto, si mañana ella decidiese que su vida son los toros, la barrera de la Calle Xàtiva volvería a ser lo que fue y ejércitos de jóvenes promesas de la política correrían a comprar El Cosio para conocer el reglamento del arte taurino. Luego se darían codazos para conseguir un abono en la mejor barrera, desde la que juzgar la faena de Morante de la Puebla. Pero no me veo yo a Mónica enflamencada echándole a Finito de Cordoba un ramo de flores mientras él le ofrece la oreja del toro recién cortada. Total, que a la fiesta nacional le toca ahora cruzar el calvario que en su día atravesaron las chaquetas de pana y los discos de Raimon u Ovidi Montllor.
La única que mantiene visible su afición es Mayrén Beneyto. Ella ha estado allí siempre y sigue estándolo, vayan o no los presidentes, ministros, alcaldes o estrellas del corazón. Eso es afición y lo demás era una pura pantomima.
Yo, que no voy nunca, fui el viernes. Hacía más calor que durmiendo debajo de un plástico, pero no quería perderme a Morante de la Puebla. Toreó fatal, al menos eso decían los entendidos, pero a mí eso me importaba bien poco, él es un mezcla de Carlos Gardel, Oscar Wilde y Manolo el de los Chunguitos. Yo quería verle de cerca y allí que me fui, ojalá Mónica Oltra hubiese estado en la plaza, ver a mis dos ídolos juntos hubiese dado sentido a mi vida entera. No pudo ser, me falló Mónica, pero al menos estuvo Mayrén con su marido Ramón Almazán. No había ningún otro famoso, qué se le va a hacer, son cosas de la política.
La semana ha dado poco más de sí; una exposición de Quique Dacosta en el Muvim, mucho calor y una cena en una barraca de la Albufera organizada por el Club Moddos, Josep Lozano y su inseparable socio Lluis Nadal. La barraca es la misma donde se rodó la serie Cañas y Barro y allí, sobre el mismo césped que pisaron Neleta y el tío Paloma, ahora Fernando Aliño, de El Alto, organiza eventos que quedan espectaculares viendo la puesta del sol sobre la Albufera.
Jopé, si en un marco tan valenciano se pudiese organizar una corrida de toros, a lo mejor arrastrábamos hasta allí a Mónica Oltra y a Morante de la Puebla. Ver a mis dos ídolos allí, mientras el sol se pone entre agua y las cañas de la Albufera, daría sentido no a mi vida, sino a siete vidas que viviera. A la cena de Moddos, con paseíto en barca incluído, fueron Fernando Giner y su majísima mujer, recibidos por Fernando Aliño como buen anfitrión, Luz Aguiló, Alfredo Esteve, Juan Antonio Murgui, Encarna Roig, Amparo Ortuño, el arista Juan Antonio Rodríguez Roca (Jarr), Alina Giorgeta y Julio Rodrigo, el joyero Guillermo Martorell, Jorge Alcocer, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, Cristina y Julia Pérez-Broseta, Anna de Blas y Fermín García, Amparo Muñoz, Carlos Alapont y Fernanda López, Sandra Abramovici o Sefa Ferrer.
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