lunes, 20 de mayo de 2013

Podemos vivir 120 años

Nos van a volver locas: la ciencia lucha por alargar la esperanza de vida y al mismo tiempo los cánones de belleza se empeñan en estigmatizar cualquier síntoma del paso de los años. Nuestras madres trataban de parecerse a nosotras, quizás nosotras algún día tratemos de parecernos a nuestras tataranietas.
Alfredo Bataller es el dueño del Sha Wellness Clinic, ya sabéis: esa clínica spa que está cerca de Benidorm y que frecuentan, entre otros, la jequesa de Qatar y Naomi Campbell. El jueves organizó una comida en el Westin: gazpacho de escarola (el tomate está prohibido en la dieta macrobiótica), tataki de atún con rissotto de hongos y de postre bizcocho de lima y helado de canela ¡sin un gramo de azúcar!


Bataller glosó las gracias de la comida macrobiótica que sirven en su spa y en una de aquellas nos dijo que nuestro cuerpo está preparado para vivir 120 años… Muerta matá, me quedé: ¡¡¡120 años, Dios mío!!! los fabricantes de botox se van a poner las botas como alarguemos la vida hasta los 120 años. ¿Cómo conservar la textura del cutis más de un siglo?, ¿Cómo frenaremos el crecimiento de las ojeras a partir de los noventa?; y el pelo, ¿qué me decís del pelo?, a ver quién es la guapa que para entonces mantiene una melena con una pizca de su color natural.

Ya me estoy viendo en el Casino de Agricultura jugando la XXXIX edición del torneo de parchís con un grupo de amigas que nos conocimos hace cuarenta años, cuanto teníamos ochenta y creíamos que aquella primera edición quizás sería la última en la que estaríamos todas juntas.

Pues Bataller está convencido de que con la dieta macrobiótica y terapias alternativas fusionadas con la medicina convencional podemos llegar a los ochenta en la plenitud de la vida y allá dónde va transmite convencido su descubrimiento.

En el almuerzo del jueves ejerció de anfitrión con su hijo Alejandro y con Carlos García-Calvo. Entre los invitados, Mayrén Beneyto con una chaqueta de Prada ideal, María Leon, Consuelo Císcar, Cuchita Lluch, delgadísima después de pasar por el doctor Sopena; Paola Dominguín, que no necesita ponerse a dieta, y su diseñador favorito, Francis Montesinos; Juan Andrés Mompó, que cada día corre tropecientos kilómetros y está ágil cual gacela; Presen Rodríguez, tan alegre que es como un antidepresivo; Nacho Gómez-Trenor, el diputado Toño Peral y el economista Luís Caruana.

Estuvo Verónica Montijano con su marido José Luis Vilanova, súper estilosos los dos, y la madre de Verónica , Ana García, habitual del Casino de Agricultura donde no se pierde su partidita diaria de bridge con sus amigas; y el estilista Víctor Alonso; y Lola Narváez, y José Cosme, tan gentleman como siempre, y las estupendas Carmen Altea, Amparo Lacomba, Carmen Topete y María Teresa Monsonís, Ana Varela de Chapeau, Esperanza Vila, Vicen Fernández y Cristina Aparici, y artístas como Nanda Botella, el escultor Miquel Navarro y el pintor Vicente Peris.

Al almuerzo fue Valentín Herráiz, que el miércoles presentó en su estudio su nueva colección de gala. Vestidos largos con bordados, chantillís, lentejuelas, tules, volantes y plisados en colores blanco y negro con beiges, nudes, oro y plata. Valentín expuso además la colección de pinturas "Pasarela" de Vicente Peris, un trabajo sobre la desfiles de moda con lienzos de gran formato, y las esculturas de Vicente Ortiz, de madera, mármol y hierro, con volúmenes tan especiales que dan ganas de acariciarlas.

El catering lo sirvió Carmen Topeté y el champagne fue Moët. Invitados, muchos de los que se encontraron al día siguiente en la comida del Westin, como Carlos García-Calvo y Cuchita Lluch, y otros que no: Charo Sainz, Amparo Royo, Emilio Carbonell, Agustín Morera, Merche Villar, Belén Aliaga, Eugenia y Conchita Cañamás, Sara Guazo y Chimo Serrano, Vicente Colom, Enma Amutio, María Ángeles Miguel, Lourdes López y Javier Verdeguer, de Patos, y Javier Monedero.

En fin, que os dejo pensando en cómo será vuestra vida dentro de 80 años. Puede que nuestro cuerpo esté programado para ello, pero eso supondría una revolución en las relaciones personales, para empezar en el matrimonio que como dice un amigo, es una institución pensada para cuando la esperanza de vida era de cuarenta años, ahora que es de ochenta hay que replanteársela… Así es que si llega a ser de 120, ni te cuento.

lunes, 13 de mayo de 2013

Boda de Juana Roig y Alvaro Otero

Una vez has elegido al novio, lo más difícil del día de tu boda es conseguir que todo, desde el vestido hasta la iglesia que elijas, sea acorde con tú personalidad. El sabado se casó la hija de Juan Roig, su amor por el ballet y por la tierra que la vio nacer impregnaron la ceremonia y su celebración.
El vestido de novia refleja bien la personalidad de una mujer. Cuando tomas la primera Comunión, tu vestido refleja la personalidad de tu madre; cuando te casas, si consigues imponer tu opinión sobre madres, suegras, cuñadas, hermanas y amigas, al final conseguirás que tu vestido diga mucho de ti.
Como dice la diseñadora de novias Noelia Navarro, el vestido se tiene que adaptar al físico pero sobre todo a la personalidad y eso no siempre es fácil. Hay novias aristocráticas como reinas, otras princesas de cuentos, las hay que parecen niñas de comunión y otras seductoras actrices; a algunas les gusta sentirse ligeras para poder bailar hasta el amanecer y otras prefieren tejidos sólidos y armados que les den seguridad y aplomo.

El sábado18 de mayo se casó Juana Roig, con Álvaro Otero, hijo de Eduardo Otero, Jefe de Equipo de Cirugía Cardiovascular del Hospital Clínico. Lo hicieron en San Nicolás, lo cual ya dice mucho de la personalidad de los novios: eligieron una iglesia discreta, en el corazón de Valencia, que no hace ninguna ostentación de su belleza, de su valor artístico e histórico.

La novia eligió a la valenciana Marta de Diego para su vestido. Juana es aficionada al ballet desde niña y eso se notó en toda la boda, empezando por el vestido, entallado, de líneas puras y falda evase. El vestido era de tul de seda y gasa con bordados en cristal, nácar y unas finísimas cadenas de plata que daban relieve a la tela. Para su confección, Marta utilizó treinta metros de tul, dieciocho de encaje de Caláis y trescientas plumas, pero lo más espectacular era la espalda del vestido, con un recogido en forma de lazada de plumas, de donde salía la cola de gasa y tul.

El tocado de Antonio Romero era de plumas de cisne, como los que lleva la princesa del Lago de los Cisnes, bajo un moño de Tono Sanmartín. Los pendientes fueron el regalo de pedida de los padres del novio.

Marta de Diego vistió también a la madre de Juana, Hortensia Herrero, de largo, como todas las invitadas, con un vestido con mucho rigor en crepe de seda de un color verde azulado, de silueta marcada y con vuelo en la falda, con la espalda llena de chatones de swarovski en tonalidades degradé.

La boda fue un desfile de alta costura. La madrina, María Luisa Pérez, llevó un diseño de Lorenzo Caprile, mientras que la hermana del novio, María, uno de Alex Vidal. Hortensia Roig fue vestida de Marta de Diego y las otras dos hermanas de la novia, Carolina y Amparo, eligieron vestidos de Chapeau (un Valentino rosa nude espectacular) y Tot-hom. Verónica Montijano vistió a Maida Roig, una de las primas de la novia, con una falda y top de Etro en blanco y negro con estampado paisley. Y Elena Barber Gómez-Medeviela, consuegra de Juan Roig, llevó uno de alta costura de Presen Rodríguez.

Lo celebraron en l’Hemisfèric, y siguiendo con su particular homenaje al ballet, seis bailarinas del Conservatorio Profesional de Danza de Valencia, bajo la dirección de Gema Casino y Rafa Darder, daban la bienvenida a los invitados sobre plataformas levantadas en las piscinas de L’Hemisfèric. Jesús Barrachina sirvió el catering, flores Feliú decoró la Iglesia y l’Hemisfèric y Lorena Oliver, de Araventum, ayudó en la ambientación.

Entre los invitados, los tíos de la novia, Fernando Roig junto a su mujer, Elena Negueroles y Francisco Roig, junto a Magdalena Melchor; Trinidad Roig y Amparo Roig, junto a su marido, Andrés Morata; Paco Raga, Director General del Valencia Basket, junto a su mujer Teresa Ríos. Josep Terradellas, presidente de Casa Tarradellas, con su mujer, Anna Falgueras; el presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), Vicente Boluda, y Verónica Ceballos; el presidente de la Federación Empresarial de Agroalimentación de la Comunidad Valenciana, Federico Félix, acompañado de María José Lavech; Juan Manuel González Serna, presidente de Grupo Siro, junto a su esposa, Lucía Urbán; el empresario y presidente de EDEM, Manuel Palma; Francisco Pons, de AVE, junto a Bárbara Sancho.

martes, 7 de mayo de 2013

Rastrillos y mercadillos

Como las ventas están más bajas que una acción de Bankia, hay que echarle a la vida imaginación para levantar el ánimo del consumidor y sacarle las cuatro perras que Montoro le ha dejado en el bolsillo. Por ejemplo, un día estás en tu casa, frente a tu armario, viendo una y mil veces la ropa que cuelga de la percha y que ya tienes más vista que el torso peludo de tu marido: aquel que antaño te parecía una oda al erotismo y que ahora apartas a codazos para que te deje dormir. Miras las faldas, las camisas y las chaquetas y dices, pero qué harta estoy de vosotras, ojalá pudiese cambiaros a todas.


Pues he aquí que alguien ha inventado “De armario a armario”: tú dejas la que ya no utilizas y a cambio te llevas la que otros ya no se ponen, ¿a que es genial? Dice su promotora, Mariola Marcet, que se le ocurrió esta idea porque tenía muchas prendas sin poner prácticamente nuevas y porque siempre le había divertido compartir ropa con amigas o usar la antigua de su madre. “Inicialmente pensamos en cambiar directamente una prenda por otra, pero como es difícil coincidir en talla, vimos que era mejor canjear la ropa por puntos, para poder comprar otras prendas con ellos”.

Dicho y hecho. La próxima edición, ya van por la sexta, será en Boix Cosmetics, en Pascual y Genís. Las que quieran participar, pueden dejar la ropa los días 6 y 8 de mayo y el intercambio será el próximo sábado y domingo, de 5 a 9 de la noche.

Arantxa Botella fue de las pioneras en esto de la compraventa de ropa. Su rastrillo de la calle del Mar es un paraíso para las fashionistas con bajo presupuesto: tienes pradas, marnis, guccis, bolsos de Miu Miu… vamos, que media Chapeau acaba en el rastrillo de Arantxa, zapatos incluidos. Claro que no es lo mismo ver la ropa nuevecita, colgando espaciosa en ese espacio tan cuidado que es Chapeau, que verla usada y apelotonada como en un vulgar mercadillo. Pero, en fin, son cosas de nuestro tiempo. Por cierto, Chapeau sigue ahí, aunque para muchas sea ya casi como un sueño de la infancia. Pero hay que pasarse de vez en cuando por allí porque es como hacerlo por un museo de arte moderno, puedes ver los vestidos de Jil Sander, que por fin ha vuelto a diseñar para su firma y son la perfección de la línea, el corte y el tejido. O la última colección de Prada inspirada en Japón, con sus flores de ikebana cosidas a mano, capaces de emocionar tanto como una obra de arte contemporánea.

Si los rastrillos se están poniendo de moda, los mercadillos ya ni te cuento. La semana pasada, abrió uno en el Casino de Agricultura y este finde otro en la planta baja del Mercado de Colón. El primero se bautizó como Woman Shopping y a juzgar por el éxito seguro que repite. El del Mercado de Colón, instalado en la planta baja, ya va por su sexta edición, se llama Cool Market y lo organizan María Noguera y Paula Alcón. Puedes encontrar ropa de niños, vestidos y camisolas ibicencas, cestas de paja decoradas, collares, tocados, abalorios, bolsos tejidos a mano y tomar un aperitivo de Cocotte, el catering de Bárbara y Paula Jiménez de Laiglesia.

A los comerciantes los mercadillos les gustan lo justo, porque argumentan que compiten sin tener que mantener un local abierto todo el año, con sus impuestos, sus inspecciones y su personal, pero lo cierto es que seguirán abriendo porque son entretenidos, te pueden solucionar un domingo ocioso y encima tienen ese aire hippie ibicenco que tan de moda están poniendo las aristócratas. Ahí tienes a Tatiana Santodomingo, la futura nuera de Carolina de Mónaco, a la que le encanta vestir con ropa bohemia que parece sacada de los piriguachis. Si encima, lo que venden es barato, pues ale, mercadillos a tutiplén.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Así no hay quien viva


Juro por todas mis diademas de Hello Kity, que ya no aguanto más este estrés. Toda la semana oyendo decir que las cosas empiezan a mejorar, que ya hemos pasado lo peor, y de pronto el viernes nos dicen que tararí que te vi, que esto todavía va para largo. ¡Jopé!, así no hay quien planifique un fondo de armario. Ya no sabes si ha llegado el momento de ponerte más las prendas caras, porque pronto las podrás reponer, o si tienes que seguir reservándolas, porque todavía no se vislumbra el momento en el que tú banquero vuelva a activarte la tarjeta de crédito. De Guindos y Montoro deberían saber que este país no despegará mientras nuestros fondos de armario vivan en esa incertidumbre.
Mientras esos dos señores se aclaran, a nosotras no nos queda otra que soñar con tiempos mejores. Mayrén Beneyto, que sabe reconocer el talento, ha organizado una exposición con la obra de Juan Andrés Mompó en el Palau de la Música. La exposición se titula “Colgando de un hilo” porque los vestidos de Juan Andrés Mompó lucen sin maniquíes, suspendidos en el aire, y parecen esculturas flotantes. Mompó es un artista del volumen y las texturas. Mezcla rafias con sedas, pajas con tafetanes, espigas con tules y rasos lujosos con tela de saco. El resultado es inquietante pero exquisito. Te das cuenta de que estás delante de la obra de un artista.
En la exposición no sólo hay vestidos de Mompó. También y fotografías enmarcadas con detalles de los vestidos, bocetos de trajes y telas pintadas por él mismo. Hay bolsos y tocados que fuera de contexto parecen todavía más escultóricos, recortes de prensa y fotografías de su colección personal. Y por supuesto vestidos, más de uno cedido por clientas fieles, como Mayrén, que siempre se queda con las piezas menos convencionales, como la chaqueta confeccionada con cuerda.
La inauguración de la muestra fue el miércoles pasado. Allí estuvo Mayrén Beneyto con Juan Andrés Mompó y Ramón Almazán. Y entre los invitados, Elena García del Moral, María José Murgui, María Dolores Canós, Nanda Botella, Rappel, Laura y Blanca Fitera y Gadea Fitera, Charo Fontdemora, Jaime Brull y Lola Vega, con su hijo, Mercedes Carreras, Yolanda Iturraspe, Carmen Topete, Condesa de Altea; Marisa Monzonís, Ana Iborra, María José Navarro, viuda de Gómez-Ferrer, Maiti Moroder, Tono Sanmartín,Cristina Navarro, Pablo Noguera y Javier Monedero de las bodegas Hispano-Suizas. Fueron también artistas como Javier Calvo, Horacio Silva, Vicente Colom y José Cosme, que acompañó a su madre Presen Rodríguez.
Presen no se pierde un sarao, y menos si los organiza una amiga. El jueves estuvo en el cóctel que organizó Encarga Roig para presentar la nueva colección de Acosta en la tienda de la Plaza del Patriarca. A pesar de la lluvia, no se lo perdieron María Dolores Enguix, de la Optica Climent, Lila Albanozzo, de Il Baco da Seta, los joyeros Antonio Jordán padre e hijo y Vi Pamblanco.
Presen contó que tiene clientas que vienen desde Madrid para encargar sus vestidos. Con la de tiendas que hay en Madrid, ¿por qué buscar su vestido en Valencia? Porque se conocen de memoria las colecciones de las primeras firmas de lujo y buscan ropa distinta con la que puedan epatar en la próxima fiesta, sin temor a que alguien pueda repetir el modelito. Además, el plan no puede ser más chachi, cogen un AVE el viernes, se pasan a la prueba del vestido y ale, todo el finde a disfrutar del mar en el Hotel Las Arenas.
Presen está convencida de que aquí hay mucho talento pero que no nos lo creemos ni nosotros mismos. Y no va desencaminada. Ahí está el diseñador Juan Andrés Mompó, que si hubiera vivido en París o en NY sería considerado uno de los grandes creadores de la costura del mundo mundial. De Mompó todo el mundo habla bien. Así es que mientras esperamos que vuelvan las largas tardes de compras, siempre podremos apañarnos con cualquier cosa e ir a ver esa exposición.

Foto (Eva Ripoll): Mayrén Beneyto y Juan Andrés Mompó

martes, 23 de abril de 2013

La penúltima ceremonia


A lo largo de la vida hay pocas ocasiones en las que una es la protagonista de una fiesta ceremoniosa. En realidad hay tres o cuatro: tu comunión, tu boda, la comunión de tus hijos y la boda de tus hijos. Queda una quinta, como decían en “Cuatro bodas y un funeral”, pero de esa  mejor no hablar porque es la de tu último adiós y no estarás para juergas. Así es que de las cuatro ceremonias que nos reserva la vida, la mayoría ya nos hemos chupado dos y al paso que van cosas es muy probable que nuestros hijos no nos den la oportunidad de disfrutar la cuarta, porque muchos de ellos nunca se casarán y si lo hacen será con menos boato del que le pusimos nosotras. Vamos, que el que no decida vivir permanentemente en el pecado, se casará cuando ya lleve años conviviendo con su pareja y su boda consista en poco más que una comida familiar.
Sé que esto es una comida de tarro, pero qué queréis que os diga, me la dijo una amiga hace un par de semanas y desde entonces no me la quito de la cabeza cada vez que alguien me habla de la comunión de alguno de sus hijos. Moraleja: si tienes algún hijo que vaya a tomar la comunión, echa la casa por la ventana y vive el día intensamente, que probablemente sea la última ceremonia de tu vida en la que tengas cierto protagonismo. 
La parte más frívola de todo este lío es que se nos acaban las excusas para ponerle especial interés a comprar un vestido, unos zapatos o para atrevernos a salir de casa con un tocado. No sé, quizás por eso esté tan de moda celebrar las bodas de plata.
Estos días muchas tiendas de Valencia organizan saraos para enseñar sus colecciones de ceremonia. El jueves lo hizo VM The Shop, la tienda de Verónica Montijano y José Luis Vilanova. La fiesta fue en la terraza del Hospes Palau de la Mar, un hotel prácticamente desconocido hasta hace poco, al que su directora Patricia García está empezando a abrir a la sociedad valenciana.
En el cóctel, dos modelos jovencísimas, Cristina Duato y Araya Frasquet, desfilaron con vestidos de fiesta Beatriz de la Cámara, tocados del genial Philip Treacy, joyas de la sevillana Rocío Porres y los famosos zapatos manolos. Vamos, el estilismo perfecto para triunfar en una ceremonia.
Entre las invitadas, Esther Barrera y Alejandro Cerdá, Esther Simó con Mimi Puigmoltó, Liana Rios, Pilar Devesa y Mara Teresa Monzonis, Carmen Topete, Ana García Bernia y Nuria Vilagrasa, Pilar Lucas, Rosa Córdoba, Angeles Pascual y Jorge García, Ramón Puchades, María Cosín y Gonzalo García Miranda, Belén Gonzalez Barranca y Fernando Pascual, Amparo Lacomba, el grupito de Ana Brugger, Rocío Andrés, Carla Peiro y María González, Silvia Alonso y Rafa Aleixandre, Amparo Ortuño, Amparo y Ana Barrachina. Y las estilosas Silvia Escolá, Cuchita Lluch, Esperanza Vila, Juana Camps y Beatriz Pechuán.
Al cóctel fueron señoras estupendísimas como Elvira Catalá y Magui Alonso, Mai Noguera, Rocío Bacharach y señores tan elegantes como el sastre Antonio Puebla, Pedro García Mocholí, el periodista Carlos García Calvo, el diseñador Valentín Herráiz, Alberto Martínez, de Cul de Sac... También estuvo Yolanda Fitera y la bloguera Macarena Gea, José Moreno de Armando Martínez, Maite Sebastiá, de Telva, y Reyes Hellín, que distribuye los tocados de Philip Treacy en España
Se nota que Verónica y José Luis vienen del diseño porque no podía estar todo más cuidado: la música, el incienso perfumado, vinito Novavila y champagne, las mesas con bodegones de fruta, flores de Rovi, zapatos de Manolo Blahnik y detalles decorativos, el catering de Bárbara Amorós y hasta los corners con delicatessen de Deli Delit y jamoncito de Manglano.
La sorpresa de la fiesta fue la máquina smile you, un invento que distribuye Lola Narvaéz y que es como un fotomatón de diseño retro donde posas como una famosa y tienes tu foto al instante.

miércoles, 17 de abril de 2013

Colón ya no es lo que era

Un bolso es a la mujer lo que un coche al hombre. Es una seña de identidad, un fin en sí mismo, la mejor forma de gastar el dinero que no se necesita para lo más básico. Ellos, cuando van a comprar el coche, hacen sus números: consumo, precio de combustible, años de vida y unos cuántos rollos más con los que tratan de atraer nuestra atención para que les ayudemos a elegir modelo. Y ahí estamos nosotras, tratando de interesarnos por la diferencia entre los cilindros en “uve” o en línea. A ellos les pasa lo mismo con nuestros bolsos, son incapaces de diferenciar un “neverfull” de un bolso de playa. Los años de matrimonio sirven, entre otras cosas, para que al final ellos compren el coche y nosotras los bolsos sin consultarlo el uno con la otra y viceversa.


El caso es que nosotras, cuando vamos a comprar, también hacemos nuestros cálculos. Nos cuesta menos achicharrar la tarjeta de crédito comprando un bolso que comprando un vestido; ¿por qué?, pues porque nos lo ponemos más veces, cada puesta nos sale más barata. Es una verdad de Perogrullo que rara vez te dice un diseñador de moda. Ellos están más a las tendencias y a la inspiración. La única explicación que encuentran a la falta de venta de sus productos es que el público no les entiende o que no saben apreciar lo bueno.

Pero hay algún que otro diseñador que sabido complementar su alma creadora con ciertas dosis de visión empresarial. A ellos suele acompañarles el éxito. Un buen ejemplo es Javier Simorra, que vende su ropa por medio mundo y que estuvo el jueves en Valencia para inaugurar su tienda de Jorge Juan. Se ha ido de Colón porque dice que ésta es una calle muy de paso, muy tipo Oxford Street donde lo que funciona es un producto popular de venta rápida tipo Zara, HM, Mango y demás. Mientras que Jorge Juan es más tipo New Bond Street, con tiendas de firma, compras más relajadas y un público más fiel a la marca. Ese cambio, según Simorra, se ha producido en muy pocos años.

Conoce a su público tanto o más que el jefe de marketing de una firma de coches, por eso dice que el target femenino no depende de su edad, de su estilo ni de su interés por la moda, sino simple y llanamente del límite de la tarjeta de crédito.

Para inaugurar su tienda, Simorra montó una gran fiesta con más de trescientos invitadas, había algún que otro hombre que parecía tan arrastrado a la fiesta como si su chica estuviese en la presentación de un motor de seis cilindros en uve.

Entre las invitadas, Nuria March, que lleva la comunicación de la firma; Cristina Vivíancos, Loreto de Rojas, Esther Barrerá, Cristina Cisneros, Coté Maldonado, Marta López Ana Brujer, la estilosa Sonsoles Gómez-Torres, Elena Rabello, Salomé Corell, Marta Faunell, Tita Senent, Tina Rautenstrauch, Sara Giménez, Esther Barrera, las hermanas Rosa y Lorena Oliver, de Araventum, Laura Fitera, Amparo Giménez, Juana Roig y María Cosín. Suerte que la tienda es amplia y el catering de las hermanas Jiménez de la Iglesia fue abundante, porque trescientos invitados ya es cosa seria.

Estuvo también Verónica Montijano, que ha organizado para el jueves que viene un cóctel en el Hotel Hospes. Presentará la nueva colección de fiesta de Beatriz de la Cámara, las joyas de Rocío Porres, los tocados de Reyes Hellín y Philip Treacy y los zapatos de Manolo Blahnik. Vamos, las firmas top para vestir perfecta en la temporada de bodas y ceremonias que empieza desde ya.

A este ritmo, el Hospes Palau de la Mar va a reemplazar a otros ilustres hoteles en cócteles glamourosos. El fin de semana pasado, en la terraza del hotel se celebra el mercadillo benéfico de la Fundación Dasyc. Treinta puestos donde podías comprar desde gafas de sol, collares, cosméticos, ropa y complementos de Lexter, ropa infantil, collares, fulares… ¡y por una buena causa!

lunes, 8 de abril de 2013

De sexo en NY a Dowton Abbey


La firma de cosméticos Kiehl’s acaba de inaugurar tienda en la calle Colón. La fiesta de inauguración da para hacer un ensayo sociológico sobre cómo hemos cambiado. Hace cinco años, para inaugurar su tienda de Conde Salvatiera, levantó una enorme carpa junto al Mercado de Colón, invitó a más de cien personas y se trajo a Ana Torroja de madrina. Como Kiehl’s es neoyorkina, el cóctel se inspiró descaradamente en la serie Sexo en NY: treintañeras con taconazos y cuarentones con traje chaqueta sin corbata y aires de triunfador tomaban cosmopolitans jugando a ser Carrie y Mister Big. En aquel entonces, en abril de 2008, con la resaca de la Copa América, todavía nos creíamos el centro del glamour mundial.  Habíamos cambiado el carajillo por el Moet y el almuerzo por el brunch. Era el último coletazo de un sueño; aquél en el que creímos que Valencia había dejado de ser la capital de la Huerta para convertirse en una réplica de Nueva York a orillas del Mediterráneo.
La de inauguración de esta semana fue muy distinta; todo fue mucho menos yanqui y mucho más british. En vez de inspirarse en un capítulo de Sexo en Nueva York con treintañeras coqueteando en un bar de Manhattan con yupis de dinero fácil, recordaba a una tarde tomando el té en Dowton Abbey, con gente bien de toda la vida, de los de dinero viejo y modales clásicos. Fue una fiesta mucho más familiar, evidenciando que el desastre financiero valenciano no ha arramblado con todo.
El anfitrión fue Carlos García Calvo, embajador de la firma, junto con Blanca Corrales, la responsable de Kiehl’s en España. Entre los invitados, amigos suyos como los diseñadores Juan Andrés Mompó y Valentín Herráiz, la interiorista Verónica Montijano y su marido José Luís Vilanova, de VM The Shop, Ana Varela, de Chapeau, el diputado y alcalde de Vilamarxant Vicente Betoret, la siempre elegante María Teresa Monsonís, Conchita Cañamás, la directora del IVAM Consuelo Císcar, el crítico gastronómico Pedro García Mocholí, Vicen Fernández, mujer de Albelda, el creativo Nacho Gómez Trenor o el estilista Víctor Alonso.
También estuvo Antonio Puebla, el sastre de cabecera de los peperos valencianos en aquellos años gloriosos en que atábamos los perros con longanizas. Puebla se ha aficionado a Facebook y da consejos para vestir con tanta elegancia como un Lord inglés. Dice que las camisas de sport han de ser algo más amplias que las de vestir y que los gemelos se pueden usar en cualquier camisa, hasta en las de sport, siempre que se lleve corbata. Para que la corbata siente bien, la separación de las palas de los cuellos de camisa debe ser de uno a dos centímetros, así el nudo de la corbata encajará hasta arriba. Además, los puños de la camisa deben quedar con poca holgura en las muñecas. Y las rayas tienen su dresscode: gruesas para las mañanas; medias para la tarde y finas por la noche.
La nueva tienda de Kiehl’s tiene una decoración similar a la de Conde Salvatierra: suelos de madera, una mesa de consulta como en la farmacia y una lámpara de araña, un interior cálido y acogedor para probarse con calma las cremitas.
La semana que viene, más citas clásicas. La fundación Dasyc ha organizado para el fin de semana un mercadillo benéfico en el jardín del Hotel Hospes. Estará abierto de viernes a domingo. Cuenta Cristina Blanc que será un mercadillo muy primaveral: habrá collares hechos a mano, gafas de sol, pareos, toallas, capazos playeros, ropa de Lexter, tocados, cremitas, camisetas, cursos de natación y hasta treinta puestos para pasar un rato de compras solidarias. Además, actividades infantiles para que las mamás puedan comprar o tomar el Bruch mientras los niños se entretienen.

lunes, 1 de abril de 2013

Bistrós y gastrobares


Aviso para hombres que quieran deslumbrar a una mujer: mirad, chicos, lo de llevarnos a un restaurante de lujo, con camarero de almidonado vestido de negro y pajarita, está un poco desfasado.  Ahora lo que toca es que os gastéis la pasta en un  bistró o a un gastrobar. Ojo, que lo de que pagáis vosotros sigue en plena vigencia, porque la revolución feminista es otra cosa que no tiene nada que ver con la cuenta de la cena. Dad gracias porque los gastrobares son más baratos, en realidad son la versión asequible del restaurante de autor. Con la crisis, a los grandes chefs les ha pasado como a los diseñadores de moda, han tenido que abrir líneas más asequibles con menús más sencillos. El éxito ha sido tal, que más de un cocinero puede mantener el restaurante de lujo con lo que saca de los gastrobares. Lo mismito que las firmas de moda.
Dice Cuchita Lluch, que de esto sabe un rato porque para algo es presidenta de la Academia Valenciana de Gastronomía, que estos nuevos formatos han hecho que los grandes cocineros pongan los pies en el suelo, “utilizan todo su saber hacer aplicando técnicas nuevas a cocina sencilla y tradicional, a las tapas, a platos menos sofisticados”. Es como el punto intermedio entre un restaurante y un bar, producto de mucha calidad pero menos elaborado, puedes tomarte unas sencillas croquetas, un plato de pescado o carne pero con las técnicas más novedosas.
Los gastrobares también se adaptan a un nuevo estilo de vida. Eso de ir a un restaurante fisno donde tienes que ir elegante y apenas puedes levantar el tono de voz resulta cada vez más aburrido, es como un plan de nuestros padres. Lo que apetece es ponerse vaqueros e ir a un restaurante informal, donde puedes contar un par de chistes con tus amigos sin que se escandalice la mesa de al lado. Ricard Camarena le llamó “Canalla Bistro” precisamente por eso, porque son sitios con un punto canalla más juvenil, pero con comida para adultos.
Uno de los pioneros en esto del gastrobar fue Quique Dacosta, que abrió vuelve Carolina para tomar tapas de las buenas; luego vino Canalla Bistró, de Ricard Camarena, y el último en abrir ha sido Valen&Cia, de Valentín Sánchez  Arrieta, el chef de Leisuri.
La inauguración de Valen&cía reunió a más de cuatrocientos invitados, entre ellos Cuchita Lluch, Alfredo Esteve, Javier Monedero, Bea Pechuán, el director general de Llanera, Kako de Pachá, Alfred Garcia de Torremar, Tonino, Juana Camps, Gabí Marí, Bernardo y Mónica de la joyería Rabat, Merche Brandez de Arrocería Duna, Toni Testón, Carmina Baraja, de Unidad Editorial, Natalia Segrelles con Pablo Olmo, Coté Soler y Juan Carlos Ferrero, que estos días anda con líos en su hotel porque se le va el cocinero Paco Morales.
En la fiesta hubo música de jazz y barra de cócteles con Ivan Talens preparando gin tonics con Ginebra N Gin Vlc, mojitos y champagne Moet Rosé de Dicoval. La noche acabó con Manu Sánchez pinchando música de la época de Distrito 10
En el menú de Valen&Cía, decorado por Gerardo Almenar, hay platos de atún rojo de almadraba, verduras ecológicas traídas directamente del campo, hamburguesas de carne vacuna gallega y una selección de arroces a mediodía. “Cocina sincera, producto esmerado y las mejores materias primas”, dice Valentín.
El último paso en la democratización de la alta gastronomía es la barra de bar de diseño. Quique Dacosta ha abierto El Mercat, donde puedes comer un menú de lo más apañadito por 15 euros, y Ricard Camarena ha abierto Central Bar en el Mercado Central, donde puedes tomar gambas, ostras, esgarraet y otros productos del mercado con el sello de un gran cocinero, vamos, la sofisticación barata. Y el no va más son las hamburguesas de autor. El dueño de Café Alameda, Tico Corrons, acaba de abrir Valenburguer en la calla Guardia Civil con hamburguesas gourmet hechas de la mejor carne gallega.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Hay que arriesgar

Para ser excepcional hay que arriesgar”; ¿es bueno, verdad? Podría ser la máxima de un empresario de éxito, de un artista o de un científico. También podría haberlo dicho algún político en la inauguración de un máster para jóvenes emprendedores o el entrenador de un equipo de fútbol después ganar un partido decisivo con una alineación polémica.


Pues no. La autora es Laura Fitera, matrona y asidua a fiestas, inauguraciones, cócteles y demás reuniones de la alta sociedad valenciana. “Si eliges para vestir un petit robe noire (el típico y soso vestido negro) y no te plantas un verde azulejo, seguro que no llamarás la atención, irás de lo más discreta y no fallarás. Pero si quieres ser excepcional tienes que arriesgar”.

Hace unos días, Laura Fitera casó a su hija Blanca y siguiendo su máxima lo hizo arriesgando. Desafió a la cansina tendencia al minimalismo y a los estereotipos dogmáticos que rigen en las bodas. Llenó la Iglesia del Carmen de terciopelos y brocados rojos y antiguas pasamanerías doradas, junto con escarapelas y centros florales realizados con espigas doradas y olivo. Una alfombra roja rodeada de murta evocaba la procesión del Corpus, creando a su vez un ambiente digno del Gatopardo de Visconti.

El modisto Juan Andrés Mompó diseñó el vestido de la novia, de estilo princesa y líneas Balenciaga en raso de seda natural, rematado por una cola de tres metros y medio, ¡sin medias tintas! El ramo, con 25 rosas rojas, espigas doradas y multitud de violetas, y la decoración floral fueron de su tía Yolanda Fitera.

Blanca, otra tía de la novia, artista y también enamorada del riesgo, le hizo una corona espectacular cuya pieza central era una reliquia de San Martín de Hoyos. También confeccionó el gran broche que sujetaba la cola, realizado con antiguas planchas metálicas del Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen de la Caridad del Cobre. Y en los zapatos de la novia, bordó la leyenda "Lamour duré sans fin". Blanca Fitera llevó un traje de Carven azul noche, adornado con uno de sus broches en tonos rubí.

La entrada se realizó en forma de cortejo, el del novio con su madre Antonia Serna, vestida de rojo con la tradicional teja y mantilla; y el de la novia, que entró del brazo de su padrino, el anestesiólogo Miguel Ágreda, precedida de sus primos, sus tíos, su hermana Cayetana de dama de honor, con un vestido en verde de Juan Vidal, y Laura Fitera del brazo del padre del novio, Luis Blanquer.

La música de la ceremonia fue un concierto de la orquesta de cámara Ciudad de Valencia, con piezas de Haendel, Wagner, Schubert y Luluy. La sorpresa vino de la mano del cantante Francisco, que cantó el Ave María de Schubert y el Nessun Dorma de Puccini.

La cena se celebró en la Vallesa de Mandor, decorada tan espectacular como la iglesia. Entre los invitados, Enrique Senís, Teresa Bas y Juan Viña, Javier Calvo, Matilde Conesa, María José Navarro, María José y Juan Antonio Murgui, El matrimonio Díaz Cisneros, Eloy Durá y Mamen Rivas, Ángeles Fayos, Mayrén Beneyto, Marisa Marín, Miguel Fitera y señora, el cantante Francisco, con su mujer Paca y su hija María, Juan Carlos Ramón e Inma Sobrino, Emi García-Cueco, Paula Escrivá, Mari Carmen y Mari Amparo Senent, Ramón Pascual Maiques, tío de la novia, y sus hijos Borja y Ramón Pascual, Carmelo Modú, secretario de estado de Guinea Ecuatorial, y señora, la familia Montesinos-Berry, Rafa Rodríguez y Sara Sáez, periodistas de El Mundo y Yo Dona, Catita Puchol y su hija Rocío, Nidita Guerrero, Elvira Catalá, Elvira Selva, Manuel Picazo, Emilio Moreno.

Vamos, que las Fitera montaron para una de sus hijas una boda que rompió con todos los cánones minimalistas con los que nos bombardean las revistas de estilismo e interiorismo. Innovaron, arriesgaron y triunfaron.

miércoles, 20 de marzo de 2013

¡Snif, snif, nadie nos quiere!

¿Qué hemos hecho para merecer esto?, perdemos las cajas, perdemos el banco, estamos a punto de perder el Valencia, se olvidan del agua, nos dan un cambiazo trilero con el Corredor Mediterráneo y antes de ayer, justo cuando nos estábamos haciendo los preparativos para olvidar nuestras penas durante cuatro días, nos envían a los inspectores de Hacienda para recordarnos que nos vigilan. ¡Snif, snif!, a mi me da que no nos quieren.


¿Irán los hombres de Montoro a pedir las facturas a las casetas de la Feria de Sevilla?, ¿tendrán lo que hay que tener para plantarse el Barcelona el día de Sant Jordi y pedírselas a las collas de castellers?...

El tiempo lo dirá. Por lo pronto deberíamos ir haciendo algo para recuperar el cariño perdido. Se me ocurre que la Junta Central Fallera podría invitar mañana a Montoro a desfilar en la Ofrenda y para que no se sienta solo podría acompañarle alguna de las chicas influyentes en el Gobierno de Madrid. Es más que vengan las dos: Soraya y María Dolores y que se piquen entre ellas a ver quién desfila con más garbo.

A mi da que a la manchega le favorecerá más el vestido que a su eterno rival femenino, pero ¿quién sabe?; Soraya es muy capaz de sorprendernos a todos. Lo que no me perdería por nada del mundo es ver a Montoro vestigo de saraguey entrando en la plaza, bajo la mirada inquisidora del público asistente, mientras él calcula a ojo de buen cubero el número de ramos de flores que hay en el mantón de la Virgen y les aplica el correspondiente 21 por ciento de IVA, y sonríe mientras piensa: "¡Uff!, aquí hay una pasta, que vengan mañana los inspectores y que no dejen de contar ni una flor, quiero hasta el último céntimo. ¡Je, je!, de esta no os escapáis".

Luego que se vayan al castillo y ahí sí que quiero ver yo a las dos mandamases juntas: Soraya y Lola mano a mano en la terraza del Alameda Palace, bajo la escudriñadora mirada de los asistentes. Las dos reivindicando el protagonismo que merecen con su mera presencia. ¿Quién será la primera en ponerle la zancadilla a la otra?, ¿cuál de las dos desparramará disimuladamente la salsa de su plato sobre el vestido de la otra?, ¿quién pegará el codazo más fuerte en los riñones de adversaria para conseguir mejor sitio en la primera fila? Y mientras tanto Montoro sacando cuentas: tantos petardos a tantos euros el petardo, tanto de IVA, ¡je, je!, "Rita, quiero las facturas de cada gramo de pólvora y cada centímetro de mecha. Mañana mismo te mando a mis chicos".

Y el martes la cremá. A Montoro podría darle un mal viendo arder las fallas: ¡Altoooo!, no hagáis eso, ¿os habéis vuelto locos?, ¡vais a destruir las pruebas!, necesito saber cuántos kilos de cartón hay en cada falla, porque cada kilo vale una pasta y quiero el veintiuno por ciento de todo..¡altoooo!, no hagáis nada hasta que mis chicos lo hayan pesado todo. ¡¡¡Ritaaaaa, te ordeno que detengas esta insensatez!!!!

Mientras las otras dos, en el balcón sonriendo al público pero sin perderse de vista la una a la otra: ¡Ja, si te crees que te vas a poner tú más cerca de la Fallera Mayor que yo, vas lista, antes muerta. Ese es mi sitio guapa, que yo mando más que tú!

Luego, cuando por fin suene el himno, les cantaremos todos con fuerza emotiva aquello de "Per ofrenar noves glories a Espnya", quizás entonces se sientan un poco culpables y decidan querernos un poco.