martes, 26 de septiembre de 2017

Expertas en diseño, moda, arte, cotilleos…

La vida social valenciana es como una tómbola, nunca sabes lo que te depara mañana. Esta semana ha tocado el diseño de interiores.
Alguien debería impartir un máster en vida social. Suena frívolo, pero la verdad es que no es fácil estar siempre a la altura. Un día vas a una presentación de zapatos y se supone que debes tener algo que decir sobre las hormas y los cordones; otro te llevan a una exposición de arte, y algo tendrás que decir sobre el color y las formas. Hay citas para inaugurar una terraza de verano, en la que lo que se espera de ti es que sepas quién es el último novio de fulanita, ex novia de menganito que la dejó porque a su madre no le acababa de convencer la chica, ¡demasiado poco para su niño!, y ahora mira con quién sale: rico, joven, guapo y bien posicionado;  ¡habrá que ver la cara que se le ha quedado a la madre de menganito!… Y así un día tienes que ser frívola, otro intelectual; uno modosita, otro aguerrida feminista … En fin, una vida de locas.
Esta semana le ha tocado el turno al diseño de muebles, decoración, iluminación. Todo gracias a la Valencia Disseny Week y la Feria Hábitat, que ha llenado la ciudad de cócteles, presentaciones, aniversarios y todo tipo de eventos vinculados al mundo del diseño.
El miércoles, Adrián Salvador y Lucas Zaragosi de Estudio Savage abrieron las puertas de su estudio en Ruzafa y presentaron sus nuevos proyectos de diseño. Estos chicos hacen de todo: ropa, diseño de lámparas y hasta bolsos en ediciones limitadas que se rifan en Londres y NY. A su estudio fue Mayrén Beneyto, Meritxell Barberá e Inma García, de Taiat Dansa, la artista Nanda Botella, la doctora Amparo Zaragosí, el pintor Javier Calvo y la arquitecta María José Tatay.
Esa misma noche, Capdell celebró su cincuenta aniversario la empresa de mueble de Jesús Navarro. Fue en Coven Carmen, una vieja capilla reconvertida en espacio para eventos. Decoración de globos, catering del bueno y una música discotequera que se agradece en estas fiestas, donde a veces castigan con chill out soporífero. Allí estuvieron Carlos Tíscar, Luis Salinas, Isidro Ferrer, Pedro Díaz Cano, Vicente Carrasco, Fran Silvestre, Andrés Alfaro Hofmann, Mateo Climent y Sigfrido Serra, Isabel Rubio y Amparo Ros, Carlos Serra, Federico Varona, Chano Vernetta, el artista Claudio Zirotti con Trini García, Jarr, Amparo Ortuño, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, Laura Grande, Iván Martínez-Colomer y Ana García-Rivera, Vicente Gracia y Mónica Piñones, María Ferrando, Javier Martínez Rubio con su inseparable Coté Soler, que a ella le da igual que haya música ochentera que setentera, y Mónica Ibáñez.
Al día siguiente, el Colegio de Diseñadores de Interior celebró su aniversario en el Mercado de Colón. Fue un encuentro entre colegas, como Pepe Cosín, Antonio Salinas,  Sigfrido Serra, Mateo Climent, Carmen Baselga, Jorge Belloch, Ramón Bandrés, Juan Gallart, Tono Lledó, Juan Antonio Pascual o Susana Lozano.
Y la semana también dio para encuentros de moda. Carmen de Rosa reunió en el Ateneo Mercantil a Josep Lozano, Amparo Chordá y Mª Rosa Fenollar para hablar de diseño emergente, nuevos talentos y la situación del sector. 

Vuelve Maria Antonieta

Si María Antonieta no hubiese vivido la Corte dieciochesca de Versalles, tendría que haberlo hecho en el Sedaví del siglo XX. Con algún retraso, los valencianos supimos entender el gusto recargado de la Corte de Luis XVI, sobre todo en lo que afecta a los muebles. Tanto es así, que María Antonieta dio su nombre a un tipo de sillón.
Dos siglos después, la industria del mueble valenciana relanzó ese tipo de muebles y lo exportó a medio mundo. Firmas como Mariner y Mariano García decoraron los salones y dormitorios más elegantes del mundo y nos llenaron a todos de orgullo cuando los pusieron en series como Falcon Crest, Dallas o Dinastía.
Los muebles de usar y tirar llevaron a esa industria al borde del abismo. Pero puede que no esté todo perdido. El jueves, Verónica Montijano, nieta de Mariano García, presentó las dos primeras piezas de una colección que intenta recuperar el trabajo de ebanistas, restauradores y tapizadores: la Porter Chair y el Porter Love Seat Luis XV son dos réplicas de muebles artesanos de estilo francés.
La presentación se hizo en Cirilo Amorós con un cóctel que parecía sacado de la película Maria Antonieta, de Sofía Coppola. La mermelada fue una recreación de Verónica inspirada en la que tomaba María Antonieta, las bandejas de plata donde se sirvieron los dulces son de su madre Ana García y hasta las velas estaban hechas ad hoc.
Verónica estuvo acompañada por su marido, José Luis Vilanova, su madre y su tío, María José Lladró, que se ocupó del catering y Regina Cot de las flores. También estuvieron Laura y Blanca Fitera, José Miguel Martínez Medina y Antonio Almerich, la diseñadora Presen Rodríguez con su hijos José y Maribel Cosme, Amparo Lacomba, Mayrén Beneyto, el sastre Antonio Puebla, el doctor Murgui, Marta García con su marido Jorge García y su hermano Fernando, Lola Narvaez, Esther Barrera, María Cosín, el joyero Vicente Gracia, Toni Salinas, Pepe Picó, Chimo Escario y mucha gente del mundo del interiorismo y la decoración.

martes, 19 de septiembre de 2017

Nueva renaixença

La sociedad valenciana vive un renacimiento. La crisis la dejó catatónica durante diez años, y ahora parece que por fin recupera el pulso. Pero que nadie se engañe, las cosas ya no son como eran.
Antaño el glamour valenciano se citaba en eventos frívolos y estetas, en los que la conversación más profunda era la que hablaba de la temperatura idónea para el champán. Ahora la alta sociedad valenciana se cita en galerías de arte y en exposiciones. Los cuadros y las esculturas han sustituido a los coches y los yates; las galerías de arte y los estudios a los hoteles lujosos que parecían sacados del mismísimo Dubai.
Así es que, chicas, ya sabéis: id desempolvando los apuntes de Historia del Arte de COU. Todo apunta a que a partir de ahora, el champán ya no lo tomaréis hablando del vestido que llevaba el otro día fulanita, comprado en la tienda de menganita y con arreglos de futanita. Ahora hay que estar preparada para mantener una conversación sobre la composición y el cromatismo en la búsqueda de un concepto rompedor de la imagen. Y claro, si alguien te viene con esas, no puedes quedarte mirando con sonrisa de pava, mientras piensas: “¡qué daño me están haciendo estos zapatos!”. Tendrás que responderle algo de tipo: “Si, tienes razón. Yo creo que eso obedece a una innegable evolución darwiniana de la estética formal.”
Para empezar, hay que ir pensando algún comentario sobre las berenjenas, alcachofas, limones y demás que jalonan estos días la ciudad. Si alguien, en algún evento, se acerca a ti con su americana negra tipo mercadillo, sobre camisa gris sin corbata, pelo mal peinado y una perilla, y te pregunta sobre la alcachofa que hay en la puerta de la Longa, ¿qué le dices?; ¿qué es una monada?, ¿que responde a la necesidad del arte por superarse a si mismo exaltando las formas banales como medio para crear un nuevo cosmos conceptual?, ¿o simplemente que a ti las alcachofas sólo te gustan en la paella?
El caso es que ahí está, esa enorme berenjena frente a la fachada barroca del Palacio del Marqués de Dos Aguas. Un poco más allá, en la Lonja, una alcachofa. En las Torres de Serrano un tomate y junto a la catedral un pimiento. Son reclamos para acoger una de las jornadas que se celebran estos días sobre alimentación sostenible. Y tú te quedas ahí, mirando el pimiento, e imaginándotelo frito con ajos y tu mojando media barra de pan en el aceitito. Pero tú, lo que llevas en el bolso es un batido que te ha dado tu nutricionista para sustituir la cena por ese mejunje.
A lo que íbamos. La vida social valenciana renace fundiéndose con el arte y la cultura. Esta semana galerías de arte han sido las protagonistas.

La cita más destacada fue la de Ana Joudí en su galería Shiras. ¡Qué pasada de inauguración! La sala donde exponía Antonio Girbès se quedó pequeña para tanto invitado: Mayrén Beneyto, Mariangeles Fayos, la pintora Helga Grollo con su marido Mario Pilato, Angel Villanueva y Laura Gallego, Mª Angeles Miguel, Eva Marcellán y Alfonso Manglano, María José Albert, Ana Joudí, María José Navarro y Pilar Millán, Mª Carmen Pérez, Carmen Alborch, Paloma de Miguel, Vicente Castellano, el doctor Zahrawi, Teresa Nuez del Rotary Club Valencia, Ana Ibañéz, Paco Fandos, Manuel Franco, Elena Dionís, Cristina Marsellan, Juan Beneyto y su mujer Feli. Julián Lopez y Maria José Peidro, Alejandro Betancourt, José Pedro Martinez (hijo del coleccionista Martínez Guerricabéitia), Maite Ibañez (La Nau), Encarna Roig, el arquitecto Carlos Salazar, el comisario de arte Boye Llorens, el los pintores Horacio Silva, Sebatián Nicolau, Ximo Amigó, Nuria Rodriguez, y el presidente del Círculo de Bellas Artes, Gerardo Stübing
Otra galería valenciana, Tapinearte, abrió con una exposición de Antonio Moya y allí estuvo el artista, apoyado por su amigo el pintor Vicente Colom y su mujer Susana Marichán, el empresario Francisco Corell y su mujer Salomé Quiles, Vicente Simó, un auténtico gentleman, y Nuria Vilarrasa.

El Mercado de Colón también inauguró exposición, esta vez sobre dragones, Resulta que un fotógrafo inglés de nombre Mark Sicon ha sacado fotos de los dragones esculpidos en las fachadas modernistas del ensanche y los ha reunido en una exposición sorprendente.
A la inauguración acudieron los hermanos Alfonso y Fernando Manglano, las hermanas Viki y Verónica Pons Soria, el doctor Mira y su mujer, Silvia Pardo, Fer Mata, Noemí Carrasco, Teresa Badía, Paula Todolí y Delia Barral.
La semana también tuvo un hueco para actos benéficos, que hacen mucha falta. El viernes, Manos Unidas Valencia celebró su tradicional cena de hambre con la Fundación Once. Una iniciativa en la que han trabajado, entre otros voluntarios, el presidente de Manos Unidas en Valencia Eladio Seco de Herrera, Pilar Máñez (Manos Unidas y Fundación ONCE) y José Manuel Pichel, delegado de la Fundación ONCE en la CV.

Por lo demás, la agenda social ha estado marcada por las pasarelas. Francis Montesinos presentó su colección el viernes en Madrid y subió a la pasarela a su modelo favorita, Sara de Antonio, y también a las hermanas Encarna y Toñi Salazar (Azúcar Moreno), que fueron la sorpresa de la tarde. Fueron a ver el desfile amigos e incondicionales como Josevi Plaza, Alex Quiroga, Amparo Panadero, Javier García alberni, Blanca Pons Sorolla y Rosa Martínez.
La Pasarela de Madrid empieza justo cuando acaba la de NY. Este año, un grupo de valencianos del Club Moddos se fueron así como quien no quiere la cosa  a Nueva York a ver uno de los desfiles. Josep Lozano, María Dolores Enguix y Marcelo Soto, María José García Padilla y su marido el empresario Enrique Duart, Julia y Cristina Pérez Broseta, Luz Agulló y Amparo Ortuño, el pintor JARR, Guillermo Martorell y Mamen Puchades, Begoña Albert, Julio Rodrigo y Alina Giorgeta. Vieron desfiles, visitaron la sede de Porcelanosa en Madison Square, cenaron en los sitios de moda como Cipriani Downtown, Buddakan o Bathazar y han provocado que más de una sienta ahora mismo envidia máxima.



lunes, 10 de julio de 2017

Verano del ochenta

¡Qué tiempos! Eran principios de los ochenta, y en Valencia había un grupo de música en cada garaje de los chalets que habían comprado nuestros padres, después de liquidar la escuálida hipoteca del piso de Valencia. Entrábamos en Europa, había dinero y confianza en un futuro mejor. Era un buen caldo de cultivo para una explosión cultural. Salieron grupos como Glamour, Betty Troup, Video. El tiempo acabaría echándolos al rincón del olvido, quizás porque no le pusimos nombre a todo aquello, como sí que hicieron los madrileños con la movida, y les fue mejor que a nosotros. En la radio sonaba escuela de calor, de Radio Futura; Gold, de Spandau Ballet; Don`t You, de Simple Minds; y también Dignity, de Deacon Blue.
Los más pijos iban a Cala o a Dreams Village y escuchaban funky. Otros iban a Barraca y Chocolate para escuchar pop guitarrero. Los modernos de todas partes se morían por vestir de Montesinos. En la plaza de toros actuaron los Cure; en Pacha, Depeche Mode e Inmaculate Fools. Valencia era la bomba. De aquella época salieron grupos como Seguridad Social, Comité Cisne o Presuntos Implicados. También los Inhumanos, un grupo de amigos de lo más gamberro que veraneaban juntos en El Perelló y que dieron el pelotazo con aquella canción tan naif sobre hacer el amor en un Simca 1000. 30 años después, Sergio Aguado, vocalista del grupo, Nacho Aguado y Roberto Herráiz, están empeñados en recuperar la memoria de todo aquello.
Hace dos años organizaron La Noche de la Movida Valenciana en la Feria de Julio, y este verano repetirán algo parecido en una discoteca de Javea. Allí sonarán en directo temas como la Chica de ayer, de Nacha Pop, la noche no es para mí (video) o Déjame (Los Secretos). Sergio no tiene demasiado apoyo de las instituciones públicas valencianas.
La gente de Compromís no se identifica demasiado con canciones con letras como “tu eres una foca” o “las chicas no tienen pilila”. No son cantautores que duermen a las setas, con letras reivindicativas que te hacen pensar en la fuerza de un pueblo que renace tras años de opresión. El jueves, en la terraza del Corte Inglés de la Avenida de Francia, se hizo la presentación oficial del concierto con un anticipo de lo que sonará en Javea en agosto. Además de los músicos participantes Quique López, Fede Frottoman, Eddy Suay, Guille León, Jorge Moreno, Raúl Celda y los tres abogados que forman parte de los DJ Funky Lawyers: Luís Jordana, Suso Frutos y Diego González.
Estuvo también el empresario Ricardo Rodríguez Alfaro con su mujer Maria Sánchez; Paula Blanco y Natalia Malillos, los abogados Vicente Rodríguez, Federico Moreno y Luis Pérez de Guzmán y Trénor, el empresario Pepe Parés, Álvaro Martinez-Medina, la interiorista Susana Lozano, Fran Bolinches, Irina Manglano, Francisco Catalá, Pedro Jiménez y Mariaje Recasens, el abogado Chimo Cuevas y su mujer la ginecóloga Eva Carvajal, Fernando Pontes, los farmacéuticos Eduardo Reyes y Beatriz Alcocer, Álvaro de Lanzas, Mariano García y Mariángeles Mallent, el doctor Juan Arago y el notario Paco Badía.

lunes, 3 de julio de 2017

Con viento de poniente

¡Madre mía, qué calor hizo la semana pasada! Así no hay quien salga a la calle, y casi que mejor porque con estos sudores no hay forma de ir medianamente arreglada. Ser elegante en Bilbao o Gijón no tiene mérito. Allí se ponen un vestidito camisero y una rebequita por si refresca y, ale, sin arriesgar van de lo más monas. Ah, pero aquí quisiera verlas yo a ellas. Con treinta y cuatro grados y viento de poniente. Ahí es donde te la juegas, bonita, a ver qué te pones y cómo aguantas la compostura. Las chicas del norte piensan que la elegancia tiene que ver con la sobriedad. Hombre, claro. Si te pones un vestidito negro, gris o azul marino no cometerás ningún error combinando colores, pero resultarás de lo más aburrida. Lo difícil es llevar un vestido de pedrería sobre una seda de color y unos pendientes importantes y salir airosa de la faena. Ahí también te quiero ver. Con un maquillaje potente para que el vestido no pueda contigo, un peinado sofisticado y un par de taconazos. Aquí las quisiera ver, poniendo a prueba el maquillaje y la peluquería con una humedad del 70 por ciento. La fiesta de cumpleaños de María José García fue la constatación de que se puede ser elegante en una noche de calor sin caer en el aburrimiento del siempre socorrido negro.
María José es la mujer del empresario Enrique Duart. Cumplía setenta, pero estaba juvenil y radiante como si fuera una niña. Celebró la fiesta en Duna Puerto, en la Marina, acompañada por toda su familia, su marido Enrique y sus hijos Mónica, Enrique y Mª José, sus yernos Álvaro Mocholí y Juancho Pascual y sus nietos. La noche empezó con Moët y acabó con gintonics, como sucede en las mejores fiestas. Pero lo mejor fue la alegría mediterránea que se respiraba, los vestidos llenos de brillo y color, que recordaban a aquellos cócteles glamurosos de las pelis de los cincuenta. Mª José llevó un vestido rosa de su diseñadora favorita, Amparo Chordá, en crepé de seda malva con organza de seda natural tintada al tono y crinolina y unos pendientes chandelier de Sie7e hechos con corales y diamantes. Su hija mayor, Mónica, un vestido largo de tul de seda bordada con cristales y pedrería.
Allá donde mirabas la noche era una fiesta. Mamen Puchades iba con un vestido estampado verde lima, Ana García Rivera con uno de noche lleno de pedrería y escote halter, María Dolores Enguix, también de largo, compensó el gris con un chal rosa, Laura Fitera lució como sólo ella sabe un vestido rojo Valentino, y se atrevió con una flor en el pelo; Amparo Lacomba un verde lavanda de lo más refrescante y hasta Mayrén Beneyto, que suele vestir más discreta, eligió un vestido naranja de seda oriental con un impresionante collar de corales que sólo luce en contadas ocasiones y una cartera de estampado felino. El vestido también era de Amparo Chordá. A María José García la acompañaron amigos de la infancia, del colegio y de su pueblo, Benifaió, como Flora García, Mari Carmen Rovira, Victoria Serrano, Tere Bas y Mari Carmen Asins. También estuvieron sus hermanos Luís y Manolo con Aurora y Mari Carmen, Rosa Gumbau, Salvador Grau y Salvador Galdón. Además estuvo el grupo de amigas de la Orden del Querer Saber: Mercedes Fillol, Blanca Fitera y Laura, que vino con su novio Toni Jordán, Amparo y Vicente Lacomba, Marisa Marín, Marisa Torrijos y Agustín Díez Cisneros. Amigos de sus hijos como Andrea Villafañe, de verde aguamarina, y José Mª Buldú, María Serrano y Fran Rogero, Núria Gálvez y Rafa, Ana García-Rivera e Iván Martínez-Colomer, Marta García Gámiz, y Paloma Duart.
Josep Lozano compartió mesa con JARR, Mª Dolores Enguix y Marcelo Soto, Alfredo Esteve, que acababa de llegar de París, Mamen Puchades y Guillermo Martorell. También estuvo Daniel Moragues, Iñaki Verschraege, Hugo Navarro y su mujer Paula, Pilar y Vicente Vidal, Vicente Calatayud y Teresa Arcos y los periodistas Ángela Pla y Fernando Ferrando.

lunes, 26 de junio de 2017

Pese a todo, la gente sigue casándose

Francis Montesinos es como los juncos. Por muchos reveses que le da la vida, siempre vuelve a levantarse. Esta semana ha presentado su nueva colección de vestidos de novia.
Las bodas han hecho un viaje de ida y vuelta. Nuestras madres se casaban para tener una familia. Nosotras lo hicimos para vivir con nuestra pareja sin necesidad de ir escondiéndonos en viajes que decíamos hacer con nuestras amigas, cuando en realidad nos íbamos con el novio. Vivíamos en pecado a espaldas de nuestras madres que hacían la vista gorda. Ahora que ya nadie se esconde para vivir con su pareja sin haber pasado por el juzgado o la vicaría, la gente vuelve a casarse para fundar una familia. Cuando llega la hora de la verdad, cuando van a tener hijos, es cuando los jóvenes de ahora sienten la necesidad de oficializar su compromiso. Bien mirado es mucho más honesto. Antes se casaban para hacer “lo prohibido” sin cargo de conciencia. Nosotras nos casamos para hacerlo con libertad, de lunes a domingo y no sólo los fines de semana. Ahora ya no hay nada prohibido y los que se casan lo hacen sin otro apremio que el de pasar la vida juntos. Quizás todo esto haya llevado a una extremada sofisticación de las bodas; la celebración ya no es un trámite necesario, ya no hay prisa, no vale con cualquier cosa. Si no se hace este año, se hará el que viene. Si antes la decoración se limitaba a las flores, ahora son puestas en escena dignas de un director de arte. Aquí es donde entran en acción las wedding planners, que se ocupan de tematizar tu boda. Te encargan un logotipos con las iniciales de los novios, que se estampan en los tarjetones, las minutas y hasta las servilletas y manteles. Las mesas ya no se numeran del 1 al 20. Ahora suelen tener nombres alegóricos, ya sean de flores, óperas o tipos de viento. Aquellas cajitas de bombones que se daban de recuerdo son ahora regalos personalizados, zapatillas de esparto para que te quites los tacones y bailes. Por supuesto no falta la mesa con chuches (Candy bar), las guirnaldas, las flechas con corazones, los carteles de madera decapada y las frases románticas que tu Pepe no te susurra al oído desde hace unos veinte años más o menos. Todo ideal, pero que conste que las chicas de la EGB fuimos las primeras en revolucionar la estética del bodorrio. Nosotras fuimos las que empezamos a abandonar aquellos salones de bodas, banquetes y comuniones decorados al estilo Falcón Crest con arcos y columnas de escayola. Buscamos entornos más naturales: fincas y haciendas perdidas en el campo rodeadas de naranjos, en donde todo era mucho más bucólico y con ese aire hippy que habíamos mamado en la cuna.
Francis Montesinos ha visto pasar a muchas novias por los probadores de su taller. Desde aquellos años en los que trabajaba con Valentín Herráiz en el primer piso de la tienda del barrio del Carmen, ha tenido días gloriosos, como el desfile en la plaza de toros de las Ventas ante más de 15.000 personas y otros muy críticos, como cuando perdió su propia marca y casi tiene que empezar de cero. Pero ahí sigue, al pie del cañón, aunque cerró la tienda, abrió taller de costura a medida y presenta colección cada temporada en la Fashion Week de Madrid. Además, mantiene varias licencias, desde ropa de cama, hasta vino, muebles o fundas de móvil. Últimamente se ha embarcado en aventuras tan curiosas como diseñar una colección para Gene Simmons, el bajista del grupo Kiss, o prestar su imagen y dedicar su último desfile para una campaña del principado de Asturias. ¡Hay que verlo escanciando sidra y escuchando a los gaiteros! Y así, sin perder la eterna sonrisa, Francis presentó este jueves su colección de novias en la tienda Atelier. Allí estuvo su inseparable Kike León, que puso la decoración floral; el joyero Vicente Gracia, su amigo Josevi Plaza y la modelo que siempre cierra sus desfiles vestida de novia, Sara de Antonio. Los vestidos de novia de Francis son románticos. Los hay con cuello halter y palabra de honor, con tejidos clásicos como el mikado de seda o el tul y también de organza de seda, uno de los tejidos que el diseñador utiliza para crear delicadas mangas japonesas y faldas de capa con mucho vuelo y cola.

sábado, 24 de junio de 2017

De disco ochentera a beach club

Las discotecas abandonadas, como los centros comerciales que han cerrado, tienen un aire decadente que les da cierto atractivo, al menos para las fotos artísticas. Ahí tienes a la discoteca Chocolate, que se cae a pedazos, o Villa Adelina, The Face y Puzzle, convertidas en vertederos, ruinas o solares para supermercados. Las discotecas vivieron su momento de gloria en los ochenta y noventa y empezaron a decaer a principios de este siglo. Si al sur de Valencia estaba la ruta del bacalao, al norte florecían las discotecas de playa en el Puig, Port Saplaya o Massalfasar. Entonces no había tantas medidas de seguridad ni trámites para abrir una discoteca. Una de ellas se instaló en un avión DC-7 que se iba a desguazar y no sé sabe ni cómo acabó en una playa del Puig reconvertido en discoteca. Cuentan que por allí se paseaba Bruno Lomas provocando desmayos entre las mujeres. La discoteca Okey era una de esas reliquias de los ochenta. Llevaba más de diez años cerrada y ofrecía un aspecto deplorable. El Ayuntamiento sacó la concesión a concurso y esta semana acaba de abrir reconvertido en un estiloso beach club con el nombre de Cattaleya Mar.

El beach club se inauguró el jueves y allí estuvieron, entre otros, empresarios como José María Colonques, Guillermo Soria, Juan Miguel Gaspar, Eva Velasco, Pascual Segura, Vicente Pechuán, Noelia y Silvia García Mora, Pilu Díez de Ribera, Carlos Muñoz o Cuca Vera; médicos como Juan Antonio Mira, Andrés Llobell, Teresa Badía o Verónica y Victoria Pons Soria; abogados como Elsa Andrés, Maria José Ordeig o Desampa Gil; asesores como Pedro Alonso o Jose Cañizares; directivos como José Díaz, Fer Mata o Carlos Gadea. Además periodistas como Vicente Ordaz, Fernando Ferrando, Jaime Navarro, Miguel Angel Pastor, Xavi Borrás, Lola Ruiz, Mario Beltrán, Mariángeles Miguel, de el Vestidor Vintage, Encarna Roig (Acosta) o Sandra Paniagua. También estuvo la alcaldesa de El Puig Luisa Salvador y el empresario gallego que ha montado el club, José Paz.
La interiorista Susana Lozano ha reformado la antigua discoteca con un estilo retro muy elegante, con tumbonas, hamacas de agua, sombrillas de junco y camas balinesas con un estampado a rayas en blanco y negro que recordaba aquellos balnearios de playa de los años 20.
La inauguración estuvo de lo más concurrida, y eso que esa misma noche había fiesta en el Hotel Astoria y Fernando Aliño inauguraba un nuevo espacio para eventos en el barrio del Carmen. A la cita acudieron Cristina Macho-Quevedo, Bárbara y Paula Jiménez de Laiglesia, Cristina de Salazar, Encarna Roig, Guillermo Puigmoltó, Eugenia Olmos, María García de la Riva, María Fedriani, Patricia Sánchez de León, Pilar Lluquet, Rafa Escamilla, Taita Marín y el diseñador Ricardo Alcaide.

En Cattaleya Mar puedes tomar un coctel, comer algo fresquito y fumar una shisha de sabores, todo ello con música chill en directo. Nada que ver con las viejas discotecas de los ochenta.

lunes, 19 de junio de 2017

Ciento cincuenta primaveras

Tenemos un problema serio que requiere nuestra atención. Los científicos andan buscando soluciones para retrasar el envejecimiento. Hay quien dice que para 2050 la esperanza de vida puede alargarse hasta los 150 años. Eso está muy bien para los niños, perdón, Consellera Montón, quería decir para las criaturas, que nacen ahora. Pero las chicas de la EGB que lleguen a 2050 lo harán con ochenta o noventa años. El problema es que los científicos hablan de detener el envejecimiento, no de retrotraerlo. Y claro, a ver qué demonios haces tú 60 años con tu cuerpo envejecido de noventa. No entramos en qué haces tú setenta años más aguantando las potras de tu Pepe, que si hoy ya empieza a ser un cascarrabias, cómo estará con ciento cuarenta años. Pero a lo que íbamos. Llegas tú mal que bien a 2050. Sobre tus espaldas décadas de lucha contra las arrugas, las canas, los implantes dentales, la dieta… Y ahí estás, con noventa años preguntándote cada día en el espejo quién te ha visto y quién te ve. Aparece entonces la noticia de que si te tomas cada día no sé qué pastilla, las cosas se quedan como están setenta años más. ¡Cómo que como están!, ¡con esta pinta! No, de eso ni hablar. ¡No podéis hacernos esta faena! La opción de pasar de la pastilla no es válida porque eso sería como renunciar a toda la colección de tu diseñador favorito porque no tiene tu talla, antes te embutes en la falda hasta descoserle la cremallera. Así es que nos quedan dos opciones, o confiamos en que la pastilla vaya acompañada de sesiones de rejuvenecimiento milagrosas, o multiplicamos la potencia de fuego contra nuestro envejecimiento.
En esa batalla hay muchos frentes abiertos, no entremos en detalles para no deprimir a nadie, pero ya os los podéis imaginar. Nada escapa al inmisericorde paso del tiempo. El cuidado de la boca es una de las batallas clave para ganar la guerra. De eso, de la estética dental, saben Lucía Asensio y Jose Luís Lanuza, que celebraron el jueves el veinte aniversario de su clínica Asensio Odontología en una fiesta en una terraza de la Marina. La actriz Carola Baleztena hizo de maestra de ceremonia y vino con su marido Emiliano Suárez, de los Suárez joyeros de toda la vida. Carolina llevaba un vestido con un escote en la espalda tan largo que casi deja de ser escote de la diseñadora Adriana Iglesias, que también estuvo en la fiesta, y Lucía Asensio una túnica de Alejandro Resta, su diseñador de cabecera. Lucía estuvo acompañada además por su padre Manuel Asensio y su mano derecha en la clínica Silvia González.
Fue una de esas fiestas de las que no te quieres ir. Estaba lo mejor de cada casa. En una mesa de la terraza, el grupo de las clásicas en estos eventos: Mayrén Beneyto, Merche Fillol, María José García, que pronto celebrará su fiesta de cumpleaños, Amparo Lacomba, Mayte Montagud, Marisa Torrijos, Eva Parra, Chelo García, Carmen Pocovi y entre tanta mujer, el imprescindible doctor Murgui, con look marinero de pantalón y camisa blancas y chaqueta azul marino. Si Murgui era de los más clásicos, el peluquero Alex Jordán fue centro de muchas miradas con un pantalón capri blanco y unas cangrejeras parecidas a las que uno se pone en la playa de roca de Xàbia, rematando la faena con una chaqueta torera.
Más chicos interesantes: Nacho Gómez Trénor, alto, gupo, rubio, ojos azules, con clase… qué más da lo que se ponga; el arquitecto Ramón Esteve (que ha diseñado la reforma de Bombas Gens, donde acaba de abrir restaurante Ricard Camarena), que estuvo con Isabel Rincón de Arellano y los hermanos Jordán, que da gusto lo simpáticos que son.
El joyero Vicente Gracia, que debe de haber tomado alguna pócima milagrosa en sus viajes exóticos a Cachemira, apareció con un tipazo de quitar el hipo y unos abdominales que podrían rivalizar con los de Ronaldo. Con él iba su hijo, que es un clon suyo, y parte de su cuchipandi, con Javier Martínez Rubio y Coté Soler, que no se pierden un sarao. La gente de Moddos estuvo prácticamente al complejo: Ana García-Rivera, María José Duart, Guillermo Martorell y Mamen Puchades, María Dolores Enguix con su marido Marcelo Soto, María José Duart, Amelia Delhom y Encarna Roig, con Mariángeles Miguel.

lunes, 12 de junio de 2017

Dinero femenino

A lo largo de la historia, pocas cosas han quedado al margen de la lucha entre sexos. Hasta esta semana, una de ellas había sido el dinero. Ese canalla nos gusta igual a nosotras que a ellos. Pocas cosas te unen más a un hombre que un buen puñado de billetes para gastar, sabiendo que cuando se acaben llegará la despedida: “me lo he pasado fenomenal, guapito. Ya nos vemos otro día” y te vas a tu casa cargada de bolsas de zapatos. El dinero no entiende de edad, de raza, de religión ni de sexo. Bueno, al menos hasta esta semana, porque la Universitat de València ha anunciado la creación de una Cátedra de Economía Feminista. ¡Córcholis, eso qué es lo que es! ¿Querrá eso decir que las mujeres vamos a tomar el control de los grandes parqués bursátiles? Eso estaría bien, desechar de una vez por todas la imagen de ese yupi repelente con los pies puestos encima de la mesa y sustituirla por la de una mujer estilosa recomponiéndose las medias, mientras la de la mesa de al lado la mira y piensa: ¡qué bien le sienta ese color de pelo a la muy…! Mírala tiene más celulitis que mi cuñada pero da el pego que te pasas. Y al otro lado del teléfono, la clienta esperando: venga bonita, dime en que invierto este par de miles de millones de euros, que me tengo que ir a hacer la manicura.
No, no es eso. No vayamos de un estereotipo a otro. La Cátedra de Economía Feminista, en palabras de Mónica Oltra responde a una necesidad porque, “O feminizamos la economía o las generaciones futuras tendrán problemas”. Y tanto que tendrán problemas, el día que nosotras controlemos los dineros, los futbolistas tendrán que buscarse un pluriempleo. “Esta Cátedra es un paso para feminizar todos los ámbitos de la vida”, continúa diciendo Mónica. A no, eso sí que no, hay algunos ámbitos de la vida de los que no queremos saber nada, por ejemplo los chistes verdes, esa cosa soez y de mal gusto está bien donde está. ¿Cómo será una economía feminista?, sólo Mónica Oltra lo sabe y el tiempo nos lo dirá. Quizás lleguemos a un mundo en el que los mercados sean más humanos.
Por el momento, esta semana las mujeres hemos feminizado más de un campo reservado tradicionalmente a los hombres. Cuatro de los siete premios Jaime I han sido para mujeres: la física Susana Marcos, la bióloga Anna Maria Travaset, la empresaria Alicia Asín y la economista Carmen Herrero. Los premios Max también fueron de lo más femeninos. Y el Gremio de Sastres y Modistas acaba de dar su Premio Joia a la indumentarista Amparo Gómez.
La excepción a este despliegue feminista han sido los premios de la Asociación de Diseñadores, que se entregaron el jueves en el Rialto. Aquí perdimos, chicas. De los 42 premios, la mayoría fueron para hombres. La gala se hizo un poco pesada porque había tantas categorías que algunos diseñadores, como Ibán Ramón, subieron al escenario hasta ocho veces. El estudio de Nacho Lavernia se llevó otros cinco premios y Borja García, tres. Otros premiados fueron: Álvaro Sanchís, Vicent Martínez, Alejandro Benavent, Rubén Saldaña, Dídac Ballester, María Pradera y Lorena Sayavera, Clara del Portillo y Alex Selma, Vicente Luján, Ricardo Alcaide, Josep Gil, Carlos Tíscar, Ximo Roca, Antonio Mateo y Mariola Reyna y Ramón Arnau. Pepe Gimeno se llevó el premio a la trayectoria profesional.
A la gala fue la mujer de Ximo Puig, Amparo Panadero, el director de actividades del Patronato Martínez Guerricabeitia, José Pedro Martínez; los diseñadores de moda Adrián Salvador y Lucas Zaragosí, el periodista Tonino Guitián, el empresario Antonio Almerich, Andrés García Reche, que entregó uno de los premios, como la teniente alcalde Sandra Gómez, la directora general de cultura Carmen Amoraga y el concejal Pere Fuset.

Entre los premiados triunfó el dresscode habitual en el mundo del diseño: vaqueros, camiseta y zapatillas. Pocas chaquetas, todavía menos camisas y ninguna corbata. ¡Menos mal que estaban las chicas para dar algo de glamour!

lunes, 5 de junio de 2017

Maridos y maridajes

El maridaje es la unión íntima o armoniosa de dos cosas entre sí. Desde hace algún tiempo se habla mucho de maridajes porque los han puesto de moda los aficionados al vino. Se juntan con un buen montón de botellas y otros tantos platos. Y así pasan la tarde, o la noche, dale que te pego: que si este espumoso marida bien con el queso, que si este blanco le va que ni pintado a las gambas de Denia, que si el tinto, que si el dulce.
Cuando vas por la quinta combinación de vinos empiezas a echar a volar tu imaginación. Estaría bien maridar ciertas relaciones personales para adaptarlas a las circunstancias. Y así, por ejemplo, ir cambiando de cuñada según sean las circunstancias: para nochebuena, la quiero alegre y chistosa; para cuidar a mis hijos, hogareña y con un toque de autoridad; para ir de compras, cambiar por una amiga; para poner a escurrir al resto de mis cuñados la quiero como es.
A la décima cata, la imaginación se desboca, y mientras escuchas de fondo la voz del enólogo de turno hablándote de retro paladar, tu cabeza está en otras cosas: maridaje…, marido… ¡qué idea!, ¿y si pudiésemos adaptar al marido a cada situación?: uno para traer dinero a casa, otro para animarte a gastarlo, uno para que te cuide cuando te duele la cabeza, otro para ir a la tutoría del colegio del niño, otro para acompañarte a la ópera, y otro para una semana en Ibiza. Uff, vamos a dejarlo estar, que nos traigan un café  que esto se nos va de madre y ni la más díscola de las antiguas alumnas del colegio de monjas donde crecimos está en disposición de asumir semejante despropósito.
Esta semana, la bodega Enate, de Somontano, organizó una cata de vino maridada con un menú del cocinero Sergio Giraldo en un restaurante de la Marina. La comida empezó con un rosado acompañado de un tartar de atún; siguió con un blanco de aroma floral, perfecto para el ceviche; después, un tinto reserva para el steak de vaca vieja y luego otra vez blanco para acompañar a un plato de mollejas y gamba roja. “El chardonay tiene notas a frutas tropicales y piña”, decía Oscar Valle, el encargado de explicar la cata. Pero a esas alturas de la comida, después de cuatro copas de vino, una ya no sabía si el vino tenía aromas a regaliz, flores o piña tropical. Y todavía quedaban seis platos con sus vinos.

A la comida fue Mónica Duart, que contó que estaba preparando la fiesta del setenta cumpleaños de su madre; Ana García Rivera, del Club Moddos, con un nuevo corte de pelo a lo garçón que le queda de lo más mono; También el sastre Antonio Puebla, un gentlement con pañuelo de lino estampado en la solapa. El hijo de Mayrén Beneyto, Alfonso Manglano, fue con su mujer Eva Marcellán y con un matrimonio de Hong-Kong, que debieron pensar que aquí en Valencia tenemos una curiosa forma de celebrar comidas. Y Angeles Casanova, con el ecijano Bruno Martín, una de las parejas que mejor vive del mundo mundial. No sólo no se pierden ni una sola cena ni un concierto. Es que en cuanto te descuidas se van con su moto de fin de semana a Ibiza o con un todo terreno acondicionado con techo elevable con el que se meten en los sitios más recónditos e indómitos. 
A la comida también fue María Dolores Enguix con su marido Marcelo Soto, el crítico gastronómico de Provincias Pedro García Mocholí, Pilar Genovés, Javier Monedero, Jordi Bruixola, Andrea Vilafañe, Nacho Tello y Frank Esquiu, además de uno de los fundadores de la bodega, Jesús Sesé.

La semana ha dado para más saraos. El martes, la asociación valenciana de Dj’s entregó unos premios en la sede de la SGAE. Allí estaban algunos de los DJ míticos de la época dorada de la música valenciana. José Conca (Chocolate), Fran Lenaers (Spook), Arturo Roger (ACTV) y Carlos Simó, también de Barraca. Los premios sirvieron para recordar una época que nada tiene que envidiar a la movida madrileña. Ellos presumen mucho y lo han sabido vender, pero aquí éramos muy buenos y venían DJ´s de Londres a escuchar lo que pinchábamos. Sólo nos falta creérnoslo.